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Language:
Español
Collections:
Shipp O Travesura Octubre 2022 (Geis En El Espacio)
Stats:
Published:
2022-10-01
Words:
976
Chapters:
1/1
Kudos:
4
Hits:
47

Si algo debe de pasar...

Summary:

Y está aquí, nuevamente frente a el.

Hay algo malo, no debería ocurrir.

Pero si algo debe de pasar, está bien si está entre sus brazos.

Día 1 del: #ShippOTravesura2022
Prompt: Resurrección

Notes:

Espero les guste.

Work Text:

El sonido de unos pies al arrastrarse despierta a Obi-Wan.

Está hecho un ovillo en el suelo, con las manos aferradas al manto de su maestro, sus extremidades rígidas por no cambiarse de posición en horas, y los ojos hinchados por las lágrimas.

Teme que alguien de la Orden lo vea de esta manera. Respetan el luto y entienden que un padawan suele ser más susceptible a las emociones, sin embargo, si lo vieran en su actual estado, sabrían que el vínculo entre el y Qui-Gon había sido diferente.

El corazón de Obi-Wan pesa de tal forma en el interior de su cuerpo, que apenas si puede levantar la cabeza hacia el lugar de dónde viene el ruido. Le toma demasiado voltear el rostro para fingir que duerme y ocultar todo lo que ha llorado.

Los pasos siguen avanzando hacia el, lentos e inconexos. Es un andar cansado y tambaleante que confunde al joven padawan, quien, aún así, se niega a mirar.

— Obi-wan… — al escuchar aquella voz, todos sus sentidos se encienden y, súbitamente, parece menos difícil moverse.

Puede sentir la forma en que su cuerpo se agita con los temblores de quién está en presencia de lo inaudito, así como el miedo que le produce mirar y darse cuenta de que es otra jugarreta cruel de su mente.

— Obi-Wan — repite la voz, sacándole un sonido estrangulado al chico. Su garganta arde demasiado como para hablar, pero un gemido logra abrirse paso entre sus labios. La voz gruñe suavemente.

Es el.

No hay nada en su memoria, nada que le indique cómo actuar en esa situación tan inverosímil. Aún así, gira su cabeza hacia lo que bien podría ser una alucinación por el dolor.

No.

Su maestro está de pie, observándolo. Sus ojos muestran una profunda confusión y parece recién salido del fuego.

Qui-Gon se acerca arrastrando los pies, hasta el, mientras los sentidos de Obi-Wan dan una voltereta al ser inundados por el olor a quemado. Casi puede volver a escuchar el crepitar de las llamas durante el funeral de su maestro.

La mirada del joven examina de pies a cabeza al mayor, quien susurra su nombre en un trance. Está recién salido de la tumba, de la forma más estúpidamente literal.

Obi-wan aprieta los dientes al notar la gran herida en el estómago de Qui-Gon, aquella producida por Maul que le provocó la muerte.

¿Nadie más lo vio llegar? ¿Nadie lo vio salir?

La imagen mental de su maestro saliendo de la tumba le provoca un escalofrío.

Para comprobar que no ha enloquecido de dolor, se levanta, con el cuerpo rígido y con poca disposición. A cada paso que da, los recuerdos de ese día amenazan con hacerlo caer, mientras su maestro espera frente a el con una inaudita fealdad.

Obi-Wan toca su cabello como primer instinto. Está enmarañado y enmarca al hombre resucitado cómo una melena.

Y aunque sucio por el humo, es la misma cabellera que Obi-Wan gustaba de cepillar.

— Maestro…— logra articular sin tartamudear, sus manos viajan desesperadas hasta el rostro del hombre, sosteniendo sus mejillas cubiertas de ollin y sintiendo lo presente que está.

— Estás bien — observa Qui-Gon, sosteniendo las manos de su padawan para después besarlas suavemente.

Obi-wan no sabe que pensar. No sabe si este fenómeno imposible que está experimentando es algo correcto, no sabe de quién es obra y no sabe si su maestro realmente está vivo para reanudar su estancia y deber. Lo único que sabe con certeza es que debe besarlo, debe tocarlo y debe volver a la seguridad de sus brazos para comprobar que en verdad ha vuelto.

Qui-Gon, aún tambaleante, lo besa con la desesperación que no pudo expresar mientras la vida se esfumaba de sus ojos. Piensa en Anakin y en todo lo que dejó inconcluso y ahora tiene oportunidad de arreglar, pero los enormes orbes azules que adornan el semblante de Obi-wan, le hacen apartar esas cuestiones de su mente.

Sigue besándolo a pesar de sentirse tan ajeno en su propio cuerpo. Aún así, es el olor de su joven y amado padawan lo que le dice que no debe preocuparse, no de momento, pues aquellas manos aferradas a su cabello son todo lo que importa.

Obi-wan se separa del beso, tan placentero como extraño. Comprueba entonces que la herida que le dió muerte a su maestro, sigue ahí. No se ha esfumado desde el último vistazo que le dió y no parece dispuesta a desaparecer.

No hay sangre, no hay carne, parece ser solo un agujero inoportuno, y no algo que le costó la vida.

Qui-Gon dirige su mirada al mismo lugar y algo parece cobrar sentido en su mente, algo en su mirada se torna aborrecible y, por primera vez, Obi-wan está aterrado del hombre al que ama.

Recuerda el calor perdido cuando recargo su frente contra la de su maestro, recuerda su rostro frío y la forma en que su cuerpo se transformó en una tabla entre sus brazos. Recuerda el dolor agónico en su corazón, el tener que enterrar todo el sufrimiento para cumplir su deber con la orden y con el niño, y entonces, todo miedo se esfuma de forma momentánea.

La felicidad de estar con Qui-Gon nuevamente, hace que Obi-wan no piense de forma correcta, que no sea prudente e ignore cuan incorrecta e incluso, maligna, puede ser está situación.

Puede ser la decisión más estúpida de su vida, pero el aferrarse una vez más a esas manos que otrora le hicieron sentir y amar tanto, vale la pena.

Ambos saben que hay algo mal en toda esta situación, que tarde o temprano algo destrozara esta burbuja de dulce reencuentro.

Pero todo lo terrible queda de lado cuando Qui-Gon lo vuelve a besar, susurrando su nombre como la más dulce letanía.

Por qué, si algo debe pasar, aquí, en sus brazos, es donde desea permanecer.