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-¿No te parece raro que Lori no haya despertado aun de su siesta?- preguntó Kara con confusión a su esposa.- Generalmente, a esta hora ya estamos recostadas en el sillón viendo una película de Disney mientras se toma su juguito de frutas.
Lena aguantó las ganas de reírse con eso último pero no pudo evitar la sonrisa que se formó en sus labios al escuchar y ver a Kara tan triste porque su hija había decidido dormir un poco más de tiempo, alterando su rutina diaria.
-Seguro el correr toda la mañana junto a Esme la dejó más agotada de lo normal, cariño.- respondió Lena tendiéndole un vaso de jugo a Kara y sentándose a su lado.- Ya verás que cuando despierte llena de energía, recuperarán esta media hora en que estuviste extrañándola.
-No sé, Lena…Lori es como un relojito con sus horarios. Digna hija tuya, si me permites decirlo.- dijo Kara riendo y luego volviendo a poner cara de preocupación.- ¿No crees que esté enferma, verdad? Quizá agarró algún virus estacional y no nos dimos cuenta.
-Kara, mi vida.- dijo Lena dándole una sonrisa tranquilizadora a su esposa.- Lori es inmune a esos virus. Puede que sus poderes aun no se hayan desarrollado, pero su ADN sigue siendo mitad kriptoniano, cariño.
-Pero…¿y si se siente malita?
Kara le dirigió uno de sus demoledores pucheros y Lena suspiró. Jamás podía decirle que no a ese gesto.
-¿Te sentirías más tranquila si subimos a verla y revisarla?
-Sí, mucho.
-Pues entonces, vamos allá.
Kara se levantó de un salto y le tendió la mano a Lena. Moviendo su cabeza de un lado a otro, la pelinegra entrelazó sus dedos y permitió que su esposa la guiara desde el primer piso hasta el segundo donde se encontraban las habitaciones. En cuestión de segundos, se encontraban frente a la puerta del cuarto de Lori y Kara abrió con delicadeza, dejándolas ingresar a ambas a la estancia.
Sus sonrisas se esfumaron de un porrazo al notar que la cuna de Lori estaba vacía.
-¡KARA!
Lena se acercó con rapidez a la cuna de su niña y notó que las mantas seguían tibias, lo que significaba que no hasta hace mucho, Lori estuvo durmiendo ahí.
Es imposible que alguien hubiera entrado en la casa a llevarse a su bebé. Tenían el mejor sistema de seguridad existente en el planeta, además Kara lo habría notado o escuchado, y Lena dudaba que existiera alguien en el mundo que pudiera contra sus hechizos de protección.
Intentó calmarse y pensar un poco en frío, pero se le hizo imposible. Su niña, su bebé no estaba donde la habían dejado.
Kara se acercó con rapidez al lado de su esposa y le pasó un brazo por sobre los hombros, trayéndola de vuelta al presente. Luego, observó con detenimiento la habitación para ver si encontraba algo fuera de lo normal y…efectivamente, esa ventana de ahí no había estado abierta cuando acostaron a Lori.
Soltándose de Lena y con el corazón casi saliéndosele por la boca, se acercó a la ventana y encontró una escena con la que no sabía si reír o llorar.
-Uh…¿Lena?
-¿Qué? ¿Qué pasó?- preguntó desesperada la pelinegra acercándose de Kara.- ¿La encontraste?
-Sí, pero quiero que recuerdes lo que me dijiste hace un rato allá abajo antes de ponerte peor ¿sí?- dijo Kara sonriéndole con nerviosismo a su esposa y sin despegar la vista de Lori.- Ya sabes, lo de que Lori es mitad kriptoniana y eso…
-¡Kara! ¡Ya dime dónde está Lori!
-Uh…está, bueno…está aquí afuera. Flotando y riéndose porque un pájaro está volando a su alrededor.
-¡¿QUÉ?!
Lena apartó de un empujón a la rubia de la ventana y miró hacia afuera. La tranquilidad que le produjo saber que a Lori no le había sucedido nada y que continuaba ahí con ellas, se vio rápidamente reemplazada por un pánico enorme de ver a su niña flotando a unos buenos 10 metros del suelo.
Así no era cómo esperaba enterarse de que los poderes de Lori se habían desarrollado.
-Kara, ve por ella.- le dijo a su esposa haciendo uso de toda la fuerza de su cuerpo para mantener la calma.- Ve por ella antes de que chasquee mis dedos, traiga mi libro de hechizos y busque uno que me haga volar para ir y bajarla yo misma.
-Voy.
En menos de cinco segundos, Lena vio como Kara salía por la ventana, tomaba entre sus brazos a su hija y regresaban ambas sanas y salvas a la habitación. Lori, ajena a todo el estrés por el que había hecho pasar a sus madres, solo se limitó a reír y abrazarse a Kara mientras la llenaba de besitos como hacía cada vez que la veía al despertar.
Poco a poco, el corazón de Lena volvió a su ritmo normal y sus facciones se relajaron. Lori estaba perfecta. No le había sucedido nada. Nadie había intentado atacar a lo que más amaban en el mundo, ni tampoco habían traspasado sus infinitos sistemas de seguridad.
Todo estaba bien.
-Inah, sé que volar es entretenido, pero tu mami y yo apreciaríamos que no nos infartaras mientras lo haces.
-¿Jeju y mami tristes?- preguntó Lori en su vocecita infantil.
-No, mi vida.- respondió Lena acercándose a ambas.- Solo tuvimos un poquito de miedo.
-¿Mami feliz?- consultó la pequeña estirando sus bracitos a Lena para que la cargara.
-¿Contigo aquí? Mami siempre es feliz, mi amor.- respondió la pelinegra besando la mejilla de su pequeña y abrazándola fuertemente.
Kara las observó en silencio durante unos segundos y luego sonrió con sus ojos un poco húmedos.
-No puedo creer que ya esté volando.- dijo moviendo su cabeza de un lado a otro.- Creo que tendremos que adelantar la instalación de las luces de sol rojo que teníamos planeadas.
-Sí, tienes razón. No quiero otro susto como el de hoy.- respondió Lena sonriendo un poco.- Mi idea de descubrir que los poderes de Lori ya habían comenzado a desarrollarse no contemplaba morir de un infarto debido a ello.
-La mía tampoco, si te soy sincera.- dijo Kara riendo.- Me esperaba algo como supervelocidad al correr por el jardín o marcas de rayos láser en el techo luego de un berrinche, pero no que saliera flotando por la ventana mientras dormía su siesta.
-Bueno, el lado positivo es que ahora tengo más argumentos para decir que también es digna hija tuya.
-¡Hey!- respondió Kara fingiendo falsa molestia.- Lo de salir volando de nuestra habitación al dormir solo me sucedió UNA vez.
-Y despertaste al chocar con una de las ramas del árbol del jardín, cayendo directa a la piscina…en invierno.
-Déjame en paz.- dijo la rubia cruzándose de brazos y haciendo un puchero.- Igual no me pasó nada. Ni siquiera sentí el frío.
-Obvio que no.- rió Lena y se acercó a besar el puchero de Kara mientras Lori jugaba con su collar.- Pero sí fue gracioso verte regresar a las 5 de la mañana toda mojada y refunfuñando directa a la ducha.
Kara iba a responder, pero la vocecita de su hija la interrumpió.
-Jeju…¿juguito?
Lena rió mientras veía a Lori estirar sus bracitos hacia Kara, mirándola con un puchero demoledor en el rostro.
-¿Quieres tu juguito de frutas, inah?- preguntó la rubia acomodando a Lori sobre su cadera y al observar como le asentía continuó.- ¿Qué te parece si vamos a prepararlo y luego nos quedamos en el sofá viendo una de tus películas favoritas?
-¡Siiii!
Lori aplaudió con sus manitas y se colgó con más ganas del cuello de Kara. Lena rió al ver la enorme sonrisa que se desplegó en el rostro de su esposa y empezó a seguirlas hacia el primer piso cuando emprendieron camino para allá.
Después de todo, todavía tenían una rutina que cumplir.
