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El libro de hechizos de su madre le había traído muchos beneficios a Lena. De partida, había servido de salvavidas en esos primeros días luego de que se enterara de que tiene poderes mágicos, ya que cuando su mente estaba repleta de pensamientos, leer un par de hojas del libro y empaparse de su historia, la calmaba.
También, le había proporcionado los hechizos exactos que necesitaron para detener a Lex y Nyxly, lo que les vino como anillo al dedo para evitar que el mundo como lo conocían se fuera al carajo. En esa pasada, Lena y su magia solo fueron un eslabón en la cadena de fuerza que ella y los Superamigos plantaron frente a sus dos enemigos, y en conjunto sacaron la tarea adelante.
Pero para Lena su beneficio favorito de tener poderes y además un libro lleno de hechizos era, por lejos, el de descubrir que podía hacer pequeñas cositas con su magia que le sacaban carcajadas o grititos de felicidad a Esme. Lena no tenía idea en qué momento esa niña se robó su corazón, pero lo cierto es que no le importaba mucho.
Tenerla como ahijada era un privilegio, y Lena estaba dispuesta a sacarle el mayor provecho posible y ayudar a hacer la vida de Esme una experiencia maravillosa.
Por eso, intentaba siempre tener un hechizo nuevo para mostrarle a la pequeña cada semana. A Esme le encantaba esa rutina, y cada viernes por la noche cuando llegaba al departamento de Kara para su pijamada con sus tías, corría hacia Lena y le preguntaba qué hechizo iba a mostrarle ese día.
Lena, riendo y abrazando a la pequeña, le decía que esa sorpresa la verían luego de cenar y de que se pusieran todas sus pijamas. Esme se resistía un poco, más por costumbre que por otra cosa, pero siempre terminaba aceptando la propuesta de su madrina. Kara solo las observaba en silencio con una enorme sonrisa en su rostro.
Desde que ambas se habían sincerado con la otra sobre sus sentimientos, parecía que no podían dejar de sonreír. A Lena le encantaba, y a Kara también. Toda la familia había tomado el cambio en la relación de ambas como algo natural y con una felicidad inmensa. La más contenta era Esme, porque decía que el hecho de que sus dos tías favoritas en todo el mundo fueran novias, significaba que en el futuro podría tener un primo o prima que se convertiría en su favorito y jugarían a toda clase de cosas.
Lena no entendía muy bien el razonamiento de la pequeña, pero sí tenía muy en claro que tanto ella como Kara no estaban listas todavía para pensar en hijos. No lo descartaba en lo absoluto, porque conociéndose, seguro ella y Kara terminaban teniendo más hijos que cualquiera del grupo, pero aun no era el momento. En el futuro sí, por ahora eran felices malcriando y regaloneando a Esme.
Como ahora, por ejemplo. Donde Lena estaba a punto de mostrarle un nuevo hechizo a la más pequeña de la familia quién no dejaba de saltar y sonreír de emoción.
Kara las observaba desde el otro lado del sofá, sonriendo mientras bebía su taza de té. Lena sabía que ella igual disfrutaba de verla hacer magia, pero que le gustaba todavía más ver como la pelinegra y Esme hacían una actividad que solo las envolvía a ambas.
Sonriendo también, Lena susurró las palabras del hechizo en latín, hizo el movimiento correspondiente con sus manos y…
-¡TÍA LENA, TIENES CHISPITAS EN TUS DEDOS!
El grito de emoción de Esme y sus ojitos brillantes lograron que Kara y Lena se rieran a carcajadas. No conocían a una niña más feliz que su sobrina, y les encantaba poder aportar aunque sea un poquito en su felicidad.
-Sí, cariño.- respondió Lena acercando su mano a Esme.- Las descubrí esta semana mientras leía junto con tu tía Nia. ¿Quieres tocarlas? Te prometo que no hacen daño.
-¿Estás segura?- preguntó Esme y Lena le asintió.- ¿No se siente feo?
-No, mi vida.- dijo Lena riendo.- Prometo que se siente como cosquillas sobre tu piel. Casi como cuando caminas sobre el pasto sin tus calcetines.
-Bueno, me gusta el pasto.- respondió Esme sonriendo y estiró sus deditos hasta tocar las chispitas brillantes que estaban en la mano de Lena.- ¡Hacen cosquillas!
-Te lo dije.
Las risas y sonidos de asombro de la pequeña llenaban toda la estancia del departamento de Kara, y las dos mujeres no podían dejar de sonreír. Estaban donde siempre quisieron estar.
Jugaron un rato con el nuevo hechizo, hasta que Esme comenzó a bostezar y a restregarse con un puñito el ojo. Esa era la señal de que era hora de lavarse los dientes y llevar a la pequeña a la cama.
Kara acompañó a Esme a cepillar sus dientes mientras Lena recogía las pocas cosas que quedaban en la mesa de café y las llevaba a la cocina. Las lavó y secó en un minuto, y luego se dirigió a la habitación. Las primeras veces que hicieron una pijamada con Esme, una de las dos dormía en el sofá, solo para despertar con un pequeño cuerpecito recostado sobre el suyo.
No tenían idea cómo lo hacía, pero Esme siempre empezaba durmiendo al lado de una de ellas y despertaba con la otra. Así que luego de conversarlo con Alex y Kelly y obtener la aprobación de la pareja, decidieron que lo mejor era dormir todas en la cama de Kara y así evitar que la pequeña se desvelara al cambiarse por la noche.
Lena acaba de sacar su pijama de abajo de la almohada cuando la puerta del baño se abrió y Kara y Esme se unieron a ella. La pequeña seguía media adormilada, por lo que Lena se apresuró a abrir las mantas y permitirle recostarse ahí. Kara se acercó a Esme y dejó un beso en su frente, deseándole buenas noches. Lena iba a hacer lo mismo, pero la vocecita de su ahijada la interrumpió.
-Tía Lena…¿me rociarías con tus chispitas antes de dormir?
-¿Eso quieres?
-Mhm.- asintió la pequeña con los ojos casi cerrados.- Así tu magia me cuida por si tengo alguna pesadilla.
El corazón de Lena se apretó y sus ojos se humedecieron un poco. Con una gran sonrisa, abrigó mejor a Esme bajo las mantas, volvió a recitar el hechizo y dejó caer chispitas sobre la pequeña, y luego le dejó un beso sobre la frente.
-Buenas noches, cariño. Te quiero.
-Yo también te quiero, tía Lena.- respondió Esme adormilada.- Buenas noches.
Con una pequeña sonrisa en su rostro, Esme se quedó dormida. Lena la observó durante unos segundos en silencio. Era increíble como alguien tan pequeñita podía entregar tanto amor.
Lena sintió unos brazos rodeando su cintura y se apoyó contra el pecho de Kara, sonriendo.
-Eres una tía y madrina maravillosa ¿lo sabías?
-Aprendí de la mejor.
Lena sintió la sonrisa de Kara sobre su mejilla y volteó un poco el rostro para unir brevemente sus labios a los de su novia.
-Gracias.- dijo al separarse.
-¿Por qué?- preguntó Kara con confusión.
-Por permitirme entrar en tu vida, por nunca rendirte conmigo…por dejarme ser parte de tu familia.
-Lena…todo eso lo hiciste tú y solo tú.- respondió Kara sonriendo.- Eres una persona asombrosa y esta familia estuvo incompleta hasta que llegaste a ella, al igual que sucedió con Esme. Ambas eran parte de nosotros antes de alguno lo supiera.
Los ojos de Lena volvieron a llenarse de lágrimas. Nunca dejaba de asombrarla la suerte que tuvo y tiene de poder estar aquí, en este preciso momento entre los brazos de Kara. Se dio vuelta dentro del abrazo de su novia y le pasó los brazos por el cuello.
-Te amo muchísimo ¿lo sabías?
-Si se acerca un poco a lo que siento yo por ti, mmm…puedo hacerme una idea.- bromeó Kara rozando las narices de ambas.- Yo también te amo, Lena. Muchísimo.
Compartieron un pequeño beso donde demostraban todo el amor que sentían y luego se quedaron abrazadas durante largos segundos.
Lena no necesitó de su hechizo para sentir las chispitas de magia que le recorrían todo el cuerpo, y en especial su corazón, y que siempre brotaban al estar junto a Kara.
Ese tipo de magia no formaba parte de ningún libro de hechizos existente y a Lena le parecía estupendo.
