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Durante bastante tiempo, Kara creyó que para Lena iniciar las mañanas no era complicado debido a su extraño y demandante horario en el trabajo. Pensaba que Lena era una de esas personas que se iba a la cama tarde, dormía un par de horas y se levantaba como si nada a iniciar un nuevo día a las 5 de la mañana. Todo debido a que su cuerpo estaba acostumbrado a ello, claro.
Toda esa creencia cambió cuando la amistad de ambas evolucionó a un lazo más cercano, cuando se llamaron “mejores amigas” por primera vez y comenzaron a compartir fines de semana y mañanas luego de haber dormido bajo el mismo techo.
En ese tiempo, Kara descubrió que Lena necesitaba partir su día con una taza de café negro bien cargado porque de no ser así, su humor era pésimo durante toda la jornada y estaba más propensa a cometer errores mientras trabajaba.
Fue como si un nuevo mundo se abriera ante los ojos de Kara. Lena Kieran Luthor alias una de las mejores CEO del mundo, necesitaba de algo que la estimulara a despertar por completo para poder partir su día. Francamente, Kara lo encontraba adorable.
Antes de que Lena supiera su secreto, Kara se empeñaba en aprovechar cada mañana que empezaban juntas para tenerle una taza de café lista sobre la encimera cuando la pelinegra por fin salía de la habitación y se sentaba a hacerle un poco de compañía. La sonrisa que Lena le entregaba al notar el gesto y que además había mucho más café en la cafetera, era el pago que Kara buscaba.
Luego, cuando Lena supo sobre sus poderes y estuvieron distanciadas, Kara extrañaba poder hacer aquello con su mejor amiga. Despertar primero, ir a la cocina, poner la cafetera y esperar a que Lena despertara para servir el café en su taza favorita, calentarla un poco con su visión de rayos láser y, finalmente, entregarla a la pelinegra que le sonreía como si sostuviera las estrellas y el universo para ella.
Fue una de las cosas que más extrañó Kara durante ese fatídico periodo y una de las costumbres que primero recuperó cuando ella y Lena hicieron las paces. Sabía que no solo para ella era significativo, para Lena también había algo especial en el hecho de que Kara supiera que no podía iniciar el día sin una taza humeante de café. La primera vez que volvió a hacerlo después de que Lena se quedara a dormir una noche en su departamento, Kara juraría que vio los ojos de la chica humedecerse un poco. Y mentiría si dijera que a ella no le pasó algo parecido mientras encendía la cafetera.
De ahí en adelante, el ritual del café se volvió una costumbre, solo que Kara lo llevó a otro nivel. De vez en cuando, le gustaba sorprender a Lena con un envase grande de café de sus tiendas favoritas alrededor de todo el mundo, y con sus dulces preferidos, claro está. Kara amaba poder poner esa idea en práctica después de años postergándola porque Lena no sabía sobre sus poderes, y la enorme sonrisa que le entregaba Lena y que parecía estar dirigida solo para ella, era muchísimo más agradecimiento de lo que alguna vez esperó.
Lena obtenía su café y Kara recibía un vistazo de su sonrisa favorita del mundo a primera hora de la mañana. Era un trato justo.
Kara siempre creyó que nada se compararía con el hecho de recibir esa sonrisa de agradecimiento por parte de Lena, pero estaba muy equivocada. Desde hace aproximadamente un año que comprendió que había otra recompensa mucho más bonita de experimentar al entregarle su café a Lena que solo una sonrisa.
Nada se comparaba con el hecho de ver a Lena caminar semi-dormida hasta el encimera de la cocina con el cabello todo alborotado y los ojos medio cerrados, usando solo una vieja camiseta de Kara que le quedaba lo suficientemente larga para cubrirle hasta medio muslo y deseándole buenos días.
Luego de eso, Kara ponía la humeante taza de café frente a la pelinegra, quien le entregaba una gran sonrisa, tomaba un sorbo de la bebida y después se levantaba de su lugar para ir a echarle los brazos por el cuello a Kara y darle un largo beso de buenos días.
-Buenos días para ti también, cariño.- respondía la rubia en tono de broma.
-Buenos días, mi persona y superheroína favorita en todo el universo.- contestaba Lena abrazándose con fuerza a Kara y escondiéndose en el hueco de su cuello.
Con los años, Kara descubrió que Lena no solo necesitaba café para iniciar bien sus mañanas, sino que también precisaba de mimos y besos por parte de su novia para que el día empezara perfectamente.
Y ella estaba más que feliz y dispuesta de ser quién se los proporcionara. Es más, hasta lo agradecía.
