Chapter Text
Silencio casi absoluto.
Lo único que lo interrumpía era el sonido del reloj que se escuchaba en el fondo, llevaban así por largos minutos, no habían dicho ni una sola palabra desde que llegaron.
Splinter se hallaba sentado y con una expresión de molestia reflejada en su rostro por el simple hecho de estar aquí, su acompañante, por su lado, estaba haciendo lo mismo con la diferencia de que este además traía los brazos y piernas cruzadas mientras balanceaba una de estas al son del tic tac.
— Entonces, ¿ninguno de los dos va a decirme qué fue lo que pasó? — la pregunta de un tercero resonó de pronto.
Momentos atrás, el más pequeño de la familia los trajo a regañadientes, había comenzado su charla acerca de las “discusiones de pareja”, hasta estaba vestido para la ocasión, tenía una presentación completa y este era la parte donde se supone que tenían que empezar a explicar cuál fue el problema, estaba escrito en letras gigantes detrás de él en la diapositiva.
Ese par se dirigió la mirada por unos segundos para volver a ignorarse después, realmente no pensaban decir nada.
— Cuánto más tiempo pasen callados, más tiempo nos quedaremos en esa habitación — añadió de una manera algo pasivo-agresiva moviendo el delgado palo que traía en manos.
— Ehhhh Mikey-
— Dr. Corazón — corrigió el menor.
— Dr. Corazón… lo que sucedió es… algo complicado, no podemos solo ¿saltarnos este paso? digo, creo que ya hemos estado sentados por un largo rato y-
— En realidad — interrumpió la oveja — estaba a punto de contarlo y a diferencia de ti, yo sí puedo decir exactamente la razón de todo este conflicto, creo que mi perspectiva sería la más acertada — el tono egocéntrico y orgulloso de Draxum se hizo notar bastante, lo que fastidió al roedor.
— Adelante — respondió la tortuga dándole pase para que hable.
— ¡Espera! ¿al menos puedo ir al baño primero?
— Papá no me hagas traer al Dr. Toque Delicado — el susodicho entendió la indirecta hundiéndose enojado en su asiento, su excusa no iba a funcionar — por favor, continúa — dijo amablemente al ovino, este se aclaró la garganta.
— Ayer era día de hacer la limpieza semanal en la guarida, debo decir que me tomo muy en serio esta tarea, por lo tanto es algo en lo que todos deben de apoyar, dicho esto, ahí fue donde comenzó el problema…
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Unas fuertes risas salían de la rata, la cual veía relajado su programa favorito en el proyector de la sala como era costumbre a esa hora, cuando de la nada algo bloqueó su vista.
El alquimista se puso en frente de él, traía una bandana que le cubría la parte superior de la cabeza, un gran mandil blanco, al costado suyo aquellos tentáculos, cada uno traía distintos artículos de limpieza, desde escobas, hasta desinfectantes en spray, esponjas, trapos, en fin, el científico estaba bien preparado.
Splinter sentía que esa expresión en su rostro lo juzgaba.
— ¿Es que te vas a quedar sentado en el sofá todo el día? — dijo el mayor, el susodicho antes que siquiera pensara en una respuesta, el otro continuó — Hay muchas cosas que limpiar en la casa, los chicos de hecho están haciendo su parte en este momento aseando sus habitaciones, sólo faltas tú — lo señaló con uno de sus tentáculos.
— Bien, bien, ahhh ¿qué tal la cocina?
— ¿Qué? ni hablar, nadie tocará esa cocina más que yo — él debía de ser el único digno de esa labor.
— Mmmm ¿nuestro cuarto?
— No, de eso me encargaré personalmente.
— Oh, ¿y qué te parece la ropa?
— Bueno, supongo que podrías encargarte de eso — admitió, no se le hacía una tarea tan complicada para él — recuerda que no debes de mezclar la ropa blanca con la de color en la máquina para lavar ropa y ten un especial cuidado con mis prendas, necesitan ser lavadas a mano y con meticulosidad, meterlas con el resto solo hará que se desgaste o peor aún, que se encoja y también-
— Si, si, si, yo puedo con esto, confía en mí — respondió en tono seguro y despreocupado.
— Necesito que lo hagas ahora — la rata asintió de forma obediente.
El ovino, aunque todavía tenía sus dudas, prefirió guardarse sus palabras conformándose con lo que le decía su pareja y se fue, lo que Splinter aprovechó en continuar con lo estaba haciendo antes.
— Y con “ahora” me refiero a ¡AHORA! — no sin antes añadir eso último, quitándole el control de las manos de golpe, que ni se le ocurriera volver a prender la televisión.
— Oh claro que lo haré — dijo el sensei para sus adentros viendo como Draxum se alejaba a la distancia — cuando haya terminado el siguiente capítulo primero — para volver a sentarse en su sillón, sacando un control remoto de repuesto de debajo de su asiento, siempre tenía uno por si las dudas, nada se interpondría entre él y su programa preferido.
Pasó un buen rato y el mutante obviamente tuvo que olvidar su tarea pendiente entre las risas que soltaba frente a la pantalla, de no ser porque de pura casualidad sus ojos llegaron a divisar el reloj ni siquiera lo hubiera recordado dando un respingo de la impresión.
Ay no, esto era malo, MUY malo, no tenían ni idea de como era Draxum cuando en verdad estaba molesto y nada lo enojaba más que ver que no seguían con su órdenes, la oveja era bastante estricta para este tipo de cosas, nadie lo sabía mejor que su pareja.
Apagó la proyección de inmediato pasando saliva, tenía que apresurarse, pero ni bien se bajó del sofá para dar el primer paso escuchó al yokai hablar detrás de él.
— Terminaste más rápido de lo que creí — su voz lo dejó helado.
— Sí ah claro… la ropa, por supuesto… — sonrió de forma muy nerviosa volteando a verlo, el aludido aún lo veía con cierta sospecha, como si supiese claramente que escondía algo.
— No olvides que tienes que planchar y doblar toda la ropa también — pues no fue exactamente un regaño por haberlo descubierto, no todavía.
— ¿Eh?
— Iré a ordenar nuestra habitación — añadió dejándolo de nuevo solo, fantástico, justo lo que necesitaba, aún más trabajo.
Splinter suspiró en cansancio, tenía que hacer esto rápido o las cosas se pondrían feas, en la lavandería le esperaban varios cestos de ropa sucia en pilas, no estaba prestando demasiada atención, el tiempo era oro y había gastado mucho por descuidado, metió todas las ropas que pudieron entrar en la máquina y echó lo que quedaba del empaque de detergente.
Cerró la puerta de la lavadora con fuerza para dejarla hacer su trabajo, luego se limpió las manos con orgullo como si hubiera hecho el mejor trabajo del mundo, con esto no tendría tanta culpa cuando regresara a ver otro capítulo más de su novela.
Había transcurrido cerca de otra hora y como lo había predispuesto, se fue de nuevo a sentarse en la sala, solo que se quedó dormido esta vez, lentamente en un momento sus ojos volvieron a abrirse, despertando de porrazo al recordar lo que debería de estar haciendo.
¿Cuánto tiempo pasó?
Fue hasta su cuarto para cerciorarse de manera discreta que su novio todavía siguiese ahí limpiando, lo estaba, qué alivio, al menos estaría a salvo, aunque quizás no por mucho.
Corrió desesperado hasta la lavandería para sacar toda la ropa limpia y terminar con su obligación, iba sacándola de manera alborotada, estuvo a nada de caer dentro en una oportunidad, debía darse prisa, pero en eso estuvo a punto de pegar un grito del susto por lo que encontró.
La yukata de Draxum…
La echó junto a las otras, no solo parecía malgastada, sino que se había achicado como 3 veces su tamaño original, hasta fácilmente podría quedarle de lo pequeño que se había puesto, no, tendría que esconder la evidencia.
Salió del cuarto de lavado y cerrando con cuidado la puerta quiso llevarse todo el cesto de ropa limpia escondiendo la yukata muy en el fondo, sin embargo, al instante de girar la presencia de alguien más lo alarmó, por supuesto que tendría que ser.
— ¡Draxum! ¿qué haces… tú… aquí?
— Quería preguntarte si habías lavado una de mis yukatas, no la encontraba dentro del armario
— Oh ¡OH!… ehhh nope… si hubiese lavado tu yukata tal y como me lo dijiste lo hubiera recordado bien, quizás siga en el cuarto, deberías de buscarlo mejor, porque no hay nada por acá — ocultó el cesto tras su espalda mientras le entregaba una mirada confianzuda, era claro que el alquimista no se iba a tragar esa respuesta.
— Déjame ver — pidió queriendo que le entregase el cesto de ropa, cosa que Splinter se negó aferrándose al cesto.
No sirvió, porque usando uno de sus tentáculos se lo quitó de sus manos de tomas formas para sorpresa del roedor, quien veía venir la tormenta, fue cuestión de segundos para que el otro terminase por encontrar la yukata, que supuestamente no lavó, con las otras ropas limpias.
Su expresión se iba volviendo cada vez más irritable conforme más veía la reacción de la rata.
— Jejeje el lado bueno es que sí me quedaría, podríamos hacer juego con nuestras yukatas ja…jajaja…ja…
Sip, estaba muerto.
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— Y así fue como terminé durmiendo en el sofá anoche — dijo con amargura como para terminar de explicar la historia del otro.
— Te lo merecías — agregó Draxum sin siquiera dirigirle la mirada.
— ¡Dije que lo sentía! ¡como 5 veces! — se le oía más furioso, aunque su acompañante solo se encerró más en su posición, estando seguro de que hizo lo correcto — además… ¿no tenías más yukatas como esa? ¡no era para tanto!
— Ese no es el punto, te pedí que tuvieras especial cuidado con mi ropa, pero ni siquiera puedes respetar mis pertenencias lo suficiente como para escuchar una simple orden — esta vez volteó para verlo con desdén.
— ¡Si te estaba oyendo! ¡pero…! pero…
— Pero lo que pasa es que eres un irresponsable sin remedio — eso llegó a dolerle un poco a la rata pues frunció más el ceño.
— ¡¿Y qué hay de ti?! — Splinter se paró en su propio asiento apuntando con su garra al mayor.
— ¿De mí?
— ¡Sí! Tú ahh, tú siempre… ¡siempre te llevas toda la manta cuando dormimos! — Draxum se confundió un poco, no sabía que tenía que ver una cosa con la otra — ¿tienes ideas de las veces que no pude dormir por el frío?
— Quizás eran las mismas veces de cuando TÚ roncabas ¡y tampoco me dejabas dormir!
— ¡¿Roncar?! ¡¿acaso te has escuchado en las noches?!
— Yo no ronco — haciendo un ademán con la mano.
— Oh, ¡¿quieres apostar?!
Los gritos y acusaciones continuaron por un poco más hasta que ambos acabaron por verse detenidamente con desprecio, aquella tensión que se forjó en medio de ese par se podía cortar con el filo de un cuchillo, una especie de relámpago entre sus miradas.
— Rata holgazana.
— Oveja mandona.
— Bien, ya estamos progresando — dijo finalmente el menor mientras apuntaba unas últimas cosas en su cuaderno, su voz solo hizo que esos dos, con indignación, dejaran de mirarse — ahora que soltaron todo ese odio y malas vibras, es tiempo de continuar con el siguiente paso, ¡cumplidos!
La tortuga pasó la diapositiva en la pantalla que ponía la palabra “CUMPLIDOS” en letras mayúsculas y lleno de colores.
— Quiero que le digan un cumplido al otro, puede ser algo que les agrade mucho de su pareja, hasta la cosa más pequeña cuenta, lo importante es que lo digan con sinceridad ¿listos?
— Eso no va a pasar — respondieron al unísono.
— Tan solo estamos a unos pasos de poder acabar y este es uno MUY crucial para conseguirlo, pronto verán que todo este problema será cosa del pasado, el Dr. Corazón les garantiza que para cuando finalicemos la sesión ¡su relación quedará como nueva! — entregándole al roedor una hoja que contenía un dibujo que hizo mientras veía a sus padres discutir.
Estaba pintado de forma muy colorida y se trataba de los mayores tomados de las manos, con corazones por todos lados y un arcoiris detrás. Splinter veía el dibujo con cierta molestia, sentía que este era el peor momento de todos para empezar con esta actividad.
— Pueden comenzar cuando quieran.
De nuevo el silencio, ninguno se iba a animar a siquiera pronunciar una palabra, el resentimiento todavía prevalecía con fuerza, aunque eso solo hacía que esto se volviese más eterno, el sensei lo sabía, gruñó por lo bajo guardando el dibujo, las cosas que tenía que hacer para contentar a su hijo.
— Bien, supongo que empezaré yo — su respuesta ni siquiera hizo que Draxum se inmutara — pienso que tu comida… no es tan horrible.
— Vaya, que reconfortante saberlo — contestó sarcásticamente — la tuya tampoco me provoca tantos deseos de vomitar — el mencionado lo vio con fastidio.
— ¿Qué fue eso? — preguntó el de naranja.
— Un cumplido.
— ¡Vamos, lo pueden hacer mucho mejor que eso! ¡se supone que son una pareja! ¿en serio no tienen nada bueno que decirse? — los mayores no respondieron más que con un “psss” de parte de Splinter — ¡Oh ya sé! que tal si recuerdan qué fue lo que les enamoró del otro la primera vez ¿eh? o ¿por qué razones decidieron ser una pareja en primer lugar? o ¿por qué cuando-
— ¡Okay, okay! no necesitamos ir más allá… — la rata lo detuvo antes de esto comenzara a ponerlo más incómodo como a su compañero y exhaló profundamente — A mí… tal vez… si me agrada cómo remodelaste nuestro cuarto — cerró los ojos evitando contacto visual con el mayor.
Draxum mentiría si dijera que no llegó a asombrarse tan siquiera un poco, no tanto por saber que tenía buenos gustos, si no porque el roedor se había negado a admitirlo por todos estos meses que llevaban conviviendo, quizás parecería una nimiedad, pero esto era algo que sí le importaba de manera muy personal.
Desde aquella vez que Splinter le propuso mudarse, pasó más de medio año, esto de instalarse en las alcantarillas fue de por sí un desafío inmenso, hubieron algunas quejas por parte de sus hijos, particularmente del quelonio de bandana azul, pero no importaba cuántas veces el chico le suplicara que lo pensase mejor, esto era algo que estaba fuera de discusión.
Con el alquimista en casa algunas cosas cambiaron, antes todo tenía una particular forma de hacerse, una forma que sin duda el Barón no iba a permitir ni un segundo más, si iba a vivir en esta guarida, empezaría a poner orden a este lugar.
Y así lo llevaba haciendo, fue todo un proceso largo el tener que adecuarse a las exigencias del nuevo miembro de la familia, no podían decir que se habían adaptado del todo, era más tolerarlo durante estos meses, él tenía otra manera de hacer las cosas, por lo que las discusiones por ver quién tenía la razón era algo común desde que llegó.
Discusiones que por lo general siempre acarreaban a estos dos, Splinter muchas veces trataba de dejar pasar muchas situaciones en la medida de lo posible en un intento por no causar más conflicto, incluso creía que todo comenzaba a mejorar, sin embargo en estos momentos no podía decir lo mismo.
Si hasta su hijo más joven se encontraba dándoles terapia a ambos ¿así de mala se veía su relación?
Con todo eso, escuchar esas simples palabras de su pareja tenía cierto valor para Draxum, una clase de sensación de acogida dentro de este sitio al que eventualmente pudo llamar hogar.
— Te lo dije, esos colores si combinaban bien con el tapizado — contestó tomándolo con “aparente” desinterés, el roedor esta vez no intentó refutarle.
— Te toca — dijo Splinter y las miradas cayeron sobre el ovino quien solo se cohibía más por eso.
— Yo… puede que …no odie tus películas, de hecho podría ser que las encuentre… — se detuvo e inhaló como si estuviese a punto de confesar el mayor secreto de su vida — buenas… lo dije ¿esta bien? — evitando a toda costa ver la reacción de su pareja.
— Dime algo que no sepa — este solo se cruzó de brazos con orgullo, sabía que tenía que admitirlo en algún momento — ¿película favorita?
— … “Tallarines por siempre”.
— Hmm interesante — contestó acariciando su barba, sin duda le parecía una elección curiosa.
— Ahora es tu turno de nuevo — resopló con algo de molestia por la situación y al notar claramente la cara de satisfacción en la rata.
— Okay — respondió con bastante confianza, aunque a los dos segundos esa expresión decayó un poco — A mí… me gusta… lo dedicado que eres en lo que haces, sé que no ha sido un camino fácil el tener que adaptarte a todo esto, ni a tu vida en la superficie — sus dedos juguetearon un poco con el cojín antes de proseguir — no lo he dicho lo suficiente, pero… en serio aprecio todo lo que has hecho para llegar hasta aquí.
El semblante de Draxum también había cambiado, su vista paseó por el cuarto para finalmente dignarse en verlo a los ojos, dándose cuenta que el otro lo esperaba con un rostro atento que solo lo puso aún más nervioso.
— Gracias — musitó solamente volviendo a desviar la mirada.
Ni siquiera se le pudo ocurrir una contestación astuta a eso, al ver la cara del roedor y se sintió acorralado de inmediato por la sinceridad con la que habló, así que lo único que pudo hacer era contestarle de igual forma.
— Draxum — lo llamó su hijo — ¿necesitas un minuto?
Y el susodicho esperaba no escucharlo, porque sabía exactamente lo que quería decir.
— Yo…
Esos ojos persiguieron la mirada de Splinter de manera involuntaria y luego la apartó pasando algo de saliva.
— Yo siento mucha admiración por tí, no es por tus increíbles cualidades de luchador, bueno, no totalmente, siento admiración por tí por todo lo que has conseguido, a pesar de las situaciones horribles que tuviste que pasar en tu vida, has logrado superarlo y salir adelante, en ocasiones incluso…
En aquel instante se detuvo para pensar bien en lo siguiente que iba a decir o si siquiera se atrevería a decirlo.
— …Tomé inspiración de ti para continuar… y creo que eso es lo que en verdad te hace un guerrero.
Otra vez el silencio invadía la habitación, pero no era un tenso, era más reflexivo.
Splinter estaba impresionado, jamás le había confesado algo así en todo el tiempo que llevaban juntos y menos esperaba que lo dijera en este momento.
Sus miradas se habían conectado durante un instante para después alejarse pensando en las palabras del otro, un ligero rubor apareció en ambos, ni siquiera ellos mismos creían haber dicho todo esto cuando hace un rato se estaban insultando, aunque tampoco era tan raro de ver viniendo de este par.
— ¿Lo ven? ¿no se sienten mejor? — intervino Mikey con una gran emoción anotando unas últimas cosas en su libreta.
Ninguno de los dos quiso contestar a esa pregunta que tal vez podía contestarse sola, así que prefirió darle a la pareja un momento, porque sabía que posiblemente querían intercambiar algunas cosas extra.
Por fin parecía que todo este asunto de la terapia estaba ayudando y la tortuga no podía sentirse más orgulloso de su progreso, ahora ya solo faltaba terminar la cita con el último paso.
— Pensé que te gustaba más “Jitsu por justicia” — comentó el maestro en voz baja.
— La historia fue atractiva, pero… no soy fan de los tropos románticos en tus películas de acción — confesó el otro con la mayor naturalidad que podía.
— Ya veo…
Un pequeño gesto sonriente le siguió recordando que esa fue la primera película donde presentaron una pareja para Lou, en este caso su vieja amiga Tang Shen, entonces no era de extrañar por qué el alquimista no le gustara tanto.
— ¿En serio te agradó el decorado de la habitación? — preguntó de manera casual.
— Admito que no es muy de mi estilo, pero… para ser sinceros, me gusta como se ve nuestra habitación — recibiendo otra sonrisa complaciente del mayor.
— Y espera a que veas lo que tengo planeado ahora que me deshice de esas cajas que tenías en un rincón — Splinter rió un poco.
— ¿De qué hablas? — estaba algo confundido.
— Esas cajas solo malgastaban espacio en el dormitorio, me deshice de ellas cuando estaba haciendo la limpieza de ayer, tan solo era un montón de basura.
— ¿Basura? — su tono había cambiado a uno más indignado.
— Ummm papá, creo que-
— Sí, no sé por qué te empeñabas tanto en conservarlas, las revisé y eran objetos totalmente inservibles, nada que fueses a extrañar en realidad, como digo, basura vieja.
— ¡Pero era “MI” basura vieja!
— ¿De qué te quejas? te hice un favor — esta vez el indignado parecía ser él.
— ¡Ni siquiera me preguntaste!
— No tenía que hacerlo, sabía que no ibas a aceptar que las tirara, pero vele el lado bueno, podría dejarte hacer unos cambios ya que tenemos más espacio.
— Oh por supuesto que voy a hacer algunos cambios — miró de forma amenazadora a la oveja.
— O-oigan ¿qué tal si olvidamos todo esto y completamos el último paso?— el más joven intentaba detener esta discusión, pero de nuevo lo ignoraron.
— Es gracioso como estabas pidiendo respeto por tus cosas ¡pero no te importa en lo absoluto lo que le pase a las mías!
— Eso es un asunto totalmente distinto.
— ¡Es exactamente lo mismo! — exasperado, lo acusó con el dedo — pero al menos lo mío fue un accidente, lo tuyo-
— ¿¡Accidente!? ¡Lo tuyo fue por un descuido! ¡te pedí específicamente que tuvieras cuidado! ¿¡pero lo hiciste!?
— ¡Tal vez lo hubiera tenido si también tuvieras cuidado con mis cosas!
— ¡Okay! ¡basta ustedes dos! — gritó Michelangelo separando a ambos que para estas alturas se habían levantado del sofá en posición defensiva, la tortuga suspiró del estrés — bien, vamos a calmarnos un poco y repetir el paso anterior ¿de acuerdo?
— ¿Sabes cuál es tu problema? siempre crees que eres el jefe de tooooodos aquí y que debemos de seguir tus órdenes al pie de la letra ¡pero no es así!
— ¡Papá!
— Por favor, esta casa estaba hecha un desastre antes de que llegara, es un alivio que haya venido a poner un poco de orden.
— ¡Lo ves! ¡ahí está de nuevo! ¡no eres más que una vieja oveja mandona con aires de superioridad! — el susodicho entrecerró los ojos pisando con firmeza mientras unos tentáculos empezaban a emerger detrás suyo.
— Simplemente… estoy tratando de ayudar a esta familia — dijo resistiendo el impulso de explotar en ese preciso instante.
— ¿¡Y quién te pidió que lo hicieras!?
Esto debió ser detonante perfecto para que sucediera, sin embargo algo detuvo a Draxum, la mirada llena de terror en los ojos de su hijo más pequeño que se ocultaba detrás de uno de sus tentáculos y lo sostenía como si quisiera detenerlo antes de que cometa una locura.
Los músculos tensos de la oveja se soltaron, haciendo desaparecer las raíces, aunque la expresión de desprecio en su rostro seguía muy presente y terminó exhalando casi en un bufido.
— Nadie — se resignó — por eso lo mejor es que me vaya de esta guarida lo más antes posible — sin siquiera esperar una respuesta de parte del otro el alquimista decidió marcharse.
— ¿Qué? ¡espera! ¡Pa! — el de naranja intentó alcanzarlo, pero no pudo avanzar al notar que su otro padre también estaba dejando el lugar en una dirección distinta — esperen…
Se quedó con el dilema de a dónde ir, siendo abandonado por ambos y quedándose a solas frente al proyector que ponía como paso final el darse un gran un fuerte “abrazo”.
No se supone que esto tenía que pasar, todo estaba yendo tan bien hasta este último punto, era increíble cómo las cosas cambiaron de manera drástica en un abrir y cerrar de ojos, a los pocos segundos Mikey también notó que una hoja de papel medio arrugada se hallaba a unos metros de él, al recogerla se dio cuenta de que era su propio dibujo, el que había hecho de sus papás.
La sesión había acabado.
Esa tarde el barón se dedicó a sacar todo lo que le pertenecía de la habitación y el resto de la casa, desde su ropa, cualquier artículo místico, de alquimia u objeto que dejase algún rastro de su presencia en la guarida, todo, aunque no pudiera llevarse consigo el decorado que tanto trabajo le costó realizar.
La capacidad de teletransportarse fue bastante práctico en este caso, no era tampoco como si pudiese ir a pedir un taxi en medio de la noche en este momento, de todas formas sabía donde conseguir un techo en el cuál estar, los chicos le explicaron la manera en que funcionaba el alquiler junto con el dinero humano cuando todavía vivía en el mismo departamento de Abril, tenía los ahorros de su trabajo como señora de la cafetería, sería suficiente.
Cuando estaba por irse unas manos lo detuvieron, se trataba de su hijo más joven quien se aferró a uno de sus brazos, poniendo la cara más desconsolada que pudo en súplica de que por favor se quedara, con un dolor en su pecho, Draxum acarició su cabeza un par de veces para después soltarse de su agarre, realmente nada iba a hacerlo cambiar de parecer.
El menor solo pudo verlo irse a través del portal llevándose sus cosas con él, el quelonio en eso sintió el repentino toque en su hombro, sus hermanos estaban ahí.
— Tienes que darle su espacio, Mikey — habló la tortuga de bandana roja el cual estaba haciendo lo posible por darle algo de consuelo a su hermanito.
— Tan solo quería ayudarlos — respondió este estrechándose en uno de sus enormes brazos, su hermano de morado también se encontraba a su lado y lo reconfortaba con la ayuda de sus extremidades robóticas.
— Hay que verle el lado bueno, por lo menos ahora podremos dormir en paz en las noches — mencionó su otro hermano del antifaz azul recibiendo una expresión cansada por parte de Donnie y Raph — ¿Qué? ¿en serio soy el único que va a quejarse al respecto? — se defendió cruzándose de brazos.
Pero nada de eso iba a hacer que obviaran el hecho de que la oveja se había ido.
Splinter estuvo lejos todo este tiempo, así que al darse cuenta de la ausencia del alquimista, pudo regresar a su cuarto, de verdad se había llevado todo, entonces se burló.
— Por fin puedo usar toda la cama justo como quería — dijo subiéndose al colchón y usando todo el espacio que podía ocupar.
Ya no más pelearse por el espacio en la cama ni por la manta, ya no más compartir la pieza con un tipo egocéntrico sin respeto por sus cosas, ya no más tener que aguantar todas sus reglas y órdenes, esto era perfecto.
El sensei se regocijaba entre carcajadas, hasta que un crudo silencio hizo que la sonrisa en su rostro se desvaneciera y sus manos recorrieron con desilusión las sábanas, este sitio se encontraba un poco más vacío desde la última vez, regresó a ser la vieja rata de antes.
Ya no más Draxum.
