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Summary:

De seguro Nagi no había notado que pulcramente se había acomodado el cabello de modo que la cantidad perfecta de mechones se lograra sostener por detrás de su oreja derecha, algo que le dejaba descubierto el costado del cuello, cosa que el mismo Nagi había elogiado la tarde anterior. De igual modo, Reo estaba seguro de que tampoco había logrado percibir los pequeños gestos de coquetería que aquel día, a su parecer, eran necesarios para cimentar el ambiente una vez se encontraran solos.
Y ahora se encontraba pegoteado a ese juego de computadora.
Reo odiaba eso.

Notes:

Hi ✌

Necesitaba unirme al cliché del chico gamer y ya saben qué... Más aún después de quebrarme(nos) la cabeza y rallar con esta idea por eones.

No hay mucho contenido aquí la verdad, avisadxs~ pero si buscan NagiReo horny para despejar la mente de todo el angst que nos entregan, este es el lugar.

Besos ♡♡♡

(See the end of the work for more notes.)

Work Text:

Clic, clic, clic.

 

CLICCLICCLIC.

 

Reo podía escucharlo a medida que se acercaba por el pasillo, de todos modos, el hogar de Nagi era bastante pequeño así que el hecho de poder escuchar el cliqueo incesante del mouse no debió ser algo inesperado para él. Mucho menos viniendo del propio Nagi, un ermitaño adicto a los videojuegos y más aún dentro de su cubil. Se apoyó con el hombro contra el marco de la puerta de la habitación, allí efectivamente se encontraba Seishirou Nagi, sentado con absoluta concentración frente a la pantalla del computador, con una mano en posesión del mouse y la otra sobre el teclado a pesar de que su espalda encorvada y deshecha sobre el asiento lo dejaban en una posición que claramente podría causarle varias contracturas, por último, los cascos de los fonos calzados en las orejas. Estaba absorto, podía apreciarse a simple vista en las pupilas moviéndose solo dentro del marco de la pantalla, enviando señales a su cerebro para que como autómata presionara los botones correctos.

 

Demasiada concentración en algo que no era él, a juicio de Reo, más aún cuando había sido él mismo quien lo había invitado a su hogar por primera vez y bajo el importante concepto de que sus padres no se encontraban en casa.

 

Reo se deslizó dentro de la habitación y caminó en dirección a Nagi, las tablas crujieron bajo su peso y aún así el muchacho ni siquiera dejó ver el más mínimo gesto que indicara que había notado su presencia, o tal vez sí lo había notado pero lo había ignorado en pos de continuar sus hazañas cibernéticas.

 

Reo odiaba eso.

 

De seguro Nagi no había notado que pulcramente se había acomodado el cabello de modo que la cantidad perfecta de mechones se lograra sostener por detrás de su oreja derecha, algo que le dejaba descubierto el costado del cuello, cosa que el mismo Nagi había elogiado la tarde anterior. De igual modo, Reo estaba seguro de que tampoco había logrado percibir los pequeños gestos de coquetería que aquel día, a su parecer, eran necesarios para cimentar el ambiente una vez se encontraran solos.

 

Por fuera de la casa se escuchó un vehículo presuroso de motor rugiente y metal chirriante, para Seishirou Nagi no existió.

 

Reo suspiró con gesto cancino, levantando una ceja y frunciendo un momento el labio. Al parecer Nagi tenía una escala de prioridades bastante egoísta e hilarante. Estiró la mano hasta alcanzar el borde de la puerta y con un poco de fuerza la empujó contra el marco haciéndola cerrar con un golpe innecesariamente brusco, sin embargo, el estado de la puerta de su propia habitación no pareció ser un problema para Nagi. Reo lo observó atento, Nagi continuaba concentrado absolutamente en la pantalla mientras pulsaba frenéticamente los botones del teclado, de los cascos lograba escucharse una mezcla de sonidos propios del videojuego entremezclados con maldiciones y voces lejanas.

 

Un juego en línea antes que él. Sus ojos pegoteados a seres 2D y sus oídos escuchando voces sin cara en lugar de mirarlo y escucharlo a él. Inaceptable.

 

Pero Reo Mikage siempre obtenía lo quería, y se sentía malditamente mejor si aquello representaba un reto. Como en este caso.

 

Reo dio un paso en dirección a Nagi y apoyó con suavidad la mano sobre su hombro, el muchacho le dedicó un fugaz vistazo y luego volvió a lo suyo, sin inmutarse. Le deslizó la mano por el hombro, haciendo un par de círculos lentos con el pulgar sobre el hueso antes de bajar hasta el codo y volver a subir y repetir. Nagi no se inmutó, los dibujos de la pantalla continuaban reflejándose en sus ojos y las luces continuaban bañando su rostro, azul, blanco, azul, rosa, azul otra vez. Los ojos violeta de Reo brillaron, más decidió no mostrar algún tipo de emoción con su rostro. Diablos, Nagi ni siquiera se había quitado la chaqueta del uniforme. Había tenido el descaro de pedirle un momento para conseguir la recompensa diaria de ese estúpido juego y había echado raíces aceptando una partida en línea.

 

Pero él siempre conseguía lo que quería, esta no sería la excepción.

 

Le apoyó la otra mano sobre el otro hombro, los círculos con el pulgar se repitieron en ambos costados esta vez, ascendiendo hasta el cuello, masajeando el centro de las vértebras, lento y suave. Nagi relajó sus hombros bajo su tacto y en cuestión de segundos enderezó la espalda. Perfecto. Nagi no lo ignoraba, se había mostrado dócil bajo esos pequeños toques, pero aún así no estaba enfocado en él. Reo prosiguió con su jugarreta. El masaje sobre los hombros continuó, estirando ahora ambos índices hasta alcanzar el hueso de la clavícula sobre la camisa del uniforme, amoldando la tela a la línea recta a medida que sus dedos iban y venían. Reo entrecerró los ojos y dejó descansar el borde del mentón contra la sien de Nagi, pensando en lo fabuloso que sería deslizar por allí la yema de los dedos si ese trozo de tela no existiera. Aspiró el olor que desprendían los mechones revueltos de su cabello, ladeando el rostro para alcanzarlos con la punta de la nariz, el olor del shampoo y el sudor de Nagi se adentraron por sus fosas nasales, cosquilleándole en onda sinuosas, relajándolo y erizandole la piel por igual.

 

Reo dejó las clavículas y los hombros de Nagi para bajar hasta su pecho, apartando las solapas de la chaqueta escolar y los cordones de la sudadera que llevaba debajo de modo que toda su palma pudiese llegar hasta el centro, luego hacia arriba nuevamente, luego hacia el centro, hasta el sube y baja de su respiración y los bombeos suaves de su corazón.

 

Supuestamente esta treta para obtener la atención que se merecía estaba arrastrándolo a la perdición más a él que al mismo Nagi, sin embargo, continuó.

 

Depositó un par de besos allí en donde había tenido apoyado el borde del mentón y la nariz, abarcando con un par más toda la piel que la cinta de los audífonos le permitía y, al separar sus labios de la sien, Nagi acercó la cabeza en busca de más. Reo sonrió. Perfecto, perfecto. Se alejó medio paso y se quedó observando a Nagi fijamente, éste le dedicó una mirada, más que fugaz esta vez. Se despegó los cascos de la oreja derecha y se humedeció los labios antes de hablar.

 

‒Dame solo un momento.

 

Y esa fue la muestra que Reo deseaba. Nagi hablando en un susurro, bajo y arrastrado, mientras desviaba la mirada desde sus ojos a sus labios y volvía a subirlos. Esa era la reacción que deseaba desde que habían puesto un pie dentro de esa casa y se había quitado el primer zapato. Los ojos de Nagi solo sobre él, luego sus manos y sus labios, todo de él volcado sobre sí. Reo asintió, con una sonrisa pequeña, solo la línea de sus labios curvándose. Nagi volvió a calzarse el casco y se centró en la pantalla.

 

Reo decidió que no le creería. Decidió en cambio estirar aún más su pequeña artimaña.

 

Estiró la mano hasta alcanzar un par de mechones rebeldes y blanquecinos que colgaban indistintamente sobre la frente de Nagi, haciéndolos a un lado con dulzura y, luego deslizó la punta de los dedos por el borde del pómulo y la mejilla hasta llegar al mentón, al dejar el tacto, nuevamente, Nagi lo buscó instintivamente y Reo sintió el cosquilleo de su piel en las yemas, como cediendo a ese encuentro, sin embargo, y a pesar de que gustosamente continuaría acariciando la tibieza de su rostro, no lo hizo. Alejó la mano lentamente, dejándola descansar ahora sobre el brazo semiestirado de Nagi y la mantuvo allí un momento, sintiendo las contracciones musculares bajo la ropa ante los movimientos con el mouse a medida que descendía. Hizo una primera parada en la hendidura del codo, presionando adrede de forma circular, Nagi le dio otro vistazo, específicamente a las acciones de su mano, luego volvió a la pantalla.

 

Reo se humedeció los labios, este juego estaba gustándole bastante. Llevó la mano más hacia abajo, dejando los dedos resbalar por el hueso marcado de la muñeca de Nagi y luego hasta sus dedos, dándole una caricia superficial con toda la mano, el muchacho estiró el dedo índice, devolviéndole el toque por un segundo. A Reo le pareció tierno, probablemente sí hablaba en serio cuando le pidió un momento más para terminar su partida, y estuvo a punto de continuar allí, jugueteando sus dedos sobre los nudillos y las hileras violáceas de sus venas sobre el dorso de la mano, hundiendo su elasticidad y dejando que Nagi le mimara con pequeños roces con los dedos, pero había algo dentro de sí, corriendo por debajo de su piel, que le impulsaba a continuar y buscar y tener.

 

Reo dejó que sus dedos índice y medio se escurrieran por la mejilla de Nagi hasta el mentón, disfrutando el tacto tibio y levemente rasposo del barbijo afeitado y haciendo un poco de presión intentó acercar sus labios a los suyos. Por un segundo los ojos de ambos hicieron contacto, el esmeralda de los ojos en Nagi contra el brillo amatista en los ojos de Reo.

 

Sus labios se rozaron superficialmente, Reo entreabrió los suyos dispuestos a atrapar los del otro, anda Nagi, mírame. Mírame y bésame, pero solo fue un leve roce, la sombra de los labios de Nagi contra los suyos, el aroma del dulce que había terminado de comer justo antes de entrar a la casa contra su nariz y el fantasma de sus ojos aún clavados en los suyos antes de girar de nuevo hacia la pantalla. A Reo le hirvió un poco la sangre, solo hasta que Nagi le respiró contra la palma de la mano y depositó un beso pequeño en el centro.

 

‒Ya te dije, dame un momento.

 

Del otro lado de la línea se escuchó una voz sin cara preguntando algo como “¿Qué? ¿Un momento para qué?”, Nagi lo ignoró completamente, antes de darle una mirada de reojo a Reo y darle esta vez un roce con la punta de la lengua en el mismo sitio en donde antes le había besado. Reo se sobresaltó un poco, ¿Cuánto más tendría que esperar? Aquello lejos de tranquilizar sus ansias las había aumentado. La punta húmeda de la lengua contra su piel, la deseaba en su propia boca.

 

Lo quiero lo quiero lo quiero.

 

Un deseo creciente y abrumador.

 

Mírame mírame.

 

Como una corriente de adrenalina inundándole todas las venas y consumiéndole toda la sangre. Desde la punta de los dedos hasta la punta de los pies.

 

Tócame. Ahora.

 

Con un solo movimiento de la pierna contra la base móvil de la silla, Reo hizo que el cuerpo de Nagi y toda la silla giraran un poco, fue solo un momento, un instante en el que el cuerpo del muchacho se desalineó de su cuello, pero fue el suficiente para zambullirse completamente debajo de la mesilla y posicionarse entre sus piernas. Reo apoyó ambas manos en las rodillas de Nagi y volvió a hacer rotar su cuerpo, alineando su cabeza que jamás dejó de estar de frente a la pantalla con el torso y las piernas. Nagi lo observó un momento, sobresaltado, alternando la vista entre él y la pantalla, con los labios entreabiertos y una incógnita pintada en las pupilas. Reo lo observó de vuelta, desde abajo, con una sonrisa indescifrable y la cabeza ladeada. Con sus ojos violetas relucientes y las pestañas caídas en un parpadeo lento y seductor.

 

Del otro lado del auricular se escucharon algunas explosiones y gritos de personas, Nagi murmuró una escueta disculpa, casi un susurro mientras la nuez iba de arriba a abajo y sus ojos desde la pantalla a Reo y de Reo a la pantalla. El muchacho acarició sus rodillas, ascendiendo hasta los muslos con las yemas y las uñas, y luego hacia abajo nuevamente hasta las rodillas, la tela del pantalón sonó aguda bajo su toque, todo sin dejar de observar a Nagi y su debate entre él y la pantalla y sus labios entreabiertos y la nuez subiendo y bajando.

 

Reo jamás había estado en esa posición, ni con Nagi ni con nadie. Sin embargo, en ese momento, estar allí arrodillado entre las piernas de Nagi le producía una sensación nueva y extasiante, una que podía sentir abrirse paso por todos sus poros y posicionarse en el centro de su pecho haciéndole que le costara respirar el calor que se gestaba en sus pulmones y en su vientre, enviando corrientes altamente estimulantes hacia abajo, bajo el pantalón y los calzoncillos.

 

Continuó deslizando sus manos, de rodilla a muslo y de muslo a rodilla, frotando las rótulas con los pulgares, observando cada gesto en el rostro de Nagi. Por su parte él seguía con su jueguecito, clic clic, tecleo tecleo a pesar de echarle vistazos hacia abajo de vez en cuando con ojos brillantes y expectantes.

 

Para Reo no fue remotamente suficiente. Aquellas sensaciones despertando más y más con el paso de los segundos y la atención dividida de Nagi le hacían querer explotar.

 

Apoyó la mejilla sobre la rodilla de Nagi mientras subía las manos por la parte externa de sus muslos y luego lentamente las dirigía hacia el borde interno. La musculatura se contrajo bajo el contacto y Reo pudo notar como Nagi contenía la respiración a medida que sus manos subían. Por un momento el sonido del cliqueo cesó y segundos después Nagi emitía una disculpa, baja, atropellada, casi sin sentido.

 

El cuerpo de reo vibró completo ante aquella reacción.

 

A pesar de ello Reo no sabía muy bien como proseguir, sabía lo que quería, podía visualizarlo dentro de su cabeza e incluso sentir como su paladar lo deseaba, pero era algo que no había hecho jamás. Entre él y Nagi habían habido besos mojados y manos corriendo libres por sus cuerpos, desde la espalda baja al vientre y a la entrepierna, hasta hacerlos sentir explotar en calor, pero claro, por sobre la ropa. Reo tragó y respiró un par de veces, lo quería, realmente lo quería.

 

Nagi se sobresaltó y retrajo el cuerpo hasta apoyarse completamente contra el respaldo de la silla cuando Reo esta vez comenzó a subir con la mano derecha por el muslo interno, con la palma completamente abierta hasta llegar a la concentración de tela arrugada en la unión de la pierna y el tronco. Reo no dejó de mirarlo en ningún momento, no se perdió ni un solo segundo de la mutación que había ocurrido en el rostro pálido del muchacho. Había pasado de una expresión plana y fija en la pantalla a una desconcertada y luego al encontrar ambas miradas, el inicio del bigbang.

 

Se escucharon gritos desde el ciberespacio, unos que sonaron desesperados en medio de varias explosiones. Nagi juntó los labios un momento, ocultándolos parcialmente el uno con el otro y dejándolos volver hacia afuera humedecidos. Su mirada esmeralda centelleante parecía emitir su propia luz. Reo la conocía y la adoraba, era aquella mirada que le dedicaba solo a él dentro de su cuarto con las cortinas a medio cerrar y la puerta con la llave echada. Aquella que llevaba esperando desde que habían arribado a su morada.

 

Nagi sacudió la cabeza y parpadeó un par de veces, retomando el control de su cuerpo y volviendo al teclado con una velocidad que a Reo le pareció inhumana.

 

No. No. Mírame a mí, solo a mí.

 

Y, con la misma velocidad con la cual había retomado sus funciones en pos del juego, volvió a abandonarlas una vez Reo depositó suavemente la mano justo en el centro de sus pantalones cogiendo el tirador del cierre y llevándolo hacia abajo. Nagi volvió a hundirse contra el respaldo de la silla, de no haber tendido el peso de Reo por delante haciendo pasar el botón del pantalón por el ojal con abrumadora agilidad, las ruedas le hubiesen hecho desplazarse hacia atrás con violencia.

 

El tecleo cesó otra vez, se escucharon voces lejanas enfebrecidas repitiendo el nombre de Nagi hasta el hartazgo, y otras varias provenientes de la calle. Sus miradas volvieron a encontrarse, pupilas brillantes y dilatadas. Nagi observando hacia abajo, con las manos lejos de la computadora, aferradas a los brazos del asiento mientras su respiración hacía subir y bajar su pecho con pesadez. Reo observando hacia arriba, con la mejilla aun aplastada contra la rodilla de Nagi, sus párpados caídos y sus pestañas proyectando una sombra misteriosa y seductora a todo su rostro, con la mano aún sujetando el tirador del cierre de sus pantalones totalmente hacia abajo.

 

Se mantuvieron en silencio mientras el juego aún estaba en marcha y el equipo continuaba requiriendo la presencia de Nagi.

 

Y Nagi se sentía hervir, se sentía quemar allí en donde Reo tenía la mejillas y las manos. Y Reo sentía vibrar todos los vellos del cuerpo y toda la dermis al percibir a Nagi duro bajo su mano, un sentimiento extasiante al sentirlo tal cual él se sentía en medio de los pantalones.

 

Nagi tragó, espeso y caliente, sin dejar de respirar con esfuerzo por entre los labios, despegó una de sus manos de la abrazadera de la silla y robóticamente la llevó en dirección a la computadora, escuchándose luego el sonido seco de la pantalla al cerrarse. La luz verde en los cascos se apagó. Reo sonrió.

 

Al fin Nagi solo para él.

 

Sólo para mi.

 

Reo le besó la rodilla, dos veces de forma sonora, luego levantó la cabeza y estiró ambos brazos hacia arriba, arrastrando las manos por las piernas de Nagi hasta su cintura, allí hundió los índices en la pretina del pantalón, tirando hacia abajo. Nagi torpemente llevó las manos al centro, intentando abrir la hebilla del cinturón. El muchacho se humedeció los labios y resopló un “mierda” al sentir los dedos lánguidos y temblorosos como jalea demorar en una tarea tan fácil. Reo esperó paciente, el hecho de que Nagi le ayudase con su propio cinturón era símbolo de que también lo quería, quería esto tanto como él.

 

Una vez la cinta del cinturón pasó por la hebilla ambos volvieron a mirarse, Reo tiró suavemente del pantalón desde la pretina y Nagi elevó la pelvis para darle espacio a que la prenda pasara por debajo de sus glúteos hasta la mitad de los muslos.

 

Aquella imagen de Nagi con los pantalones a medio retirar, la camisa desordenada sobre su abdomen y sus calzoncillos grises abultados mientras parpadeaba lentamente en su dirección para Reo era intoxicante, y el tener encima su mirada expectante y reluciente le intoxicaba aún más.

 

Y teniendo aquel pensamiento en bucle dentro de la cabeza, el hecho de no saber que hacer comenzó a hacerse trizas y a desmoronarse, dando paso a una sensación más poderosa primando por sobre cualquier otro pensamiento. Reo se humedeció los labios, pudo apreciar como Nagi bajaba las pupilas hasta ellos y observaba aquella acción. Definitivamente adoraba tener la atención de Nagi sólo para él. Volvió a ascender con las manos, reptando con lentitud hacia arriba, hasta la boca del estómago, sintiendo por sobre la sudadera negra los botones de la camisa del uniforme y deslizándolas de nuevo hacia abajo, reposando esta vez sobre la pretina de los calzoncillos antes de tirar de ellos hacia abajo. Esta vez Nagi no se levantó para dejarlos bajar, solo dejó escapar un suspiro por entre sus labios al sentirse libre de la tela. Reo hizo lo mismo una vez pudo apreciar el miembro duro de Nagi en frente.

 

Le picaron las manos y la lengua.

 

Reo sintió el calor ascender de golpe hasta su rostro una vez volvió a encontrarse con las esmeraldas en los ojos de Nagi, y bajar hasta quemarle el vientre una vez sintió los dedos largos del muchacho sobre los cabellos de su frente y luego sobre la mejilla.

 

Un permiso silencioso y una súplica sutil para continuar.

 

Reo, entonces, acercó su mano lentamente hasta la entrepierna de Nagi, palma y dedos abiertos ascendiendo desde abajo, abriéndose paso entre el vello antes de envolver toda la longitud con la mano. El pene de Nagi se sacudió contra su palma y el suyo hizo lo mismo dentro de sus pantalones. Reo abrió un poco más las piernas y acomodó las rodillas en el piso, el pantalón ajustado le molestaba y le aliviaba igualmente. Tragó, lava en la garganta cuando comenzó a mover su mano de arriba a abajo y Nagi pronunció su nombre en un susurro entrecortado.

 

Fue intoxicante, hechizante y Reo lo sintió a través de los poros y los huesos, a Nagi desarmándose poco a poco mientras lo masturbaba. Y a él mismo dejándose turbar la mente con los jadeos de Nagi y con los suyos propios, con sus pantalones incómodamente apretados y poco a poco húmedos.

 

Continuó el sube y baja con su mano, lento, gentil, suave, arrastrando la piel consigo, descubriendo el glande rosa y ayudándose de la humedad propia que emanaba del centro y ¡Dios! Reo estaba seguro que el escozor creciente en la lengua y las encías iban a matarlo si no lo probaba con la boca. Miró hacia arriba, Nagi lo observaba como ido, humedeciéndose los labios con la lengua de vez en cuando, abriendo la boca en busca de bocanadas de aire a la vez que fruncía las cejas.

 

Hermoso, hermoso y mío, todo mío.

 

Reo se impulsó con las rodillas, soltó un quejido suave al sentir el roce del cierre de los pantalones en la entrepierna, se incorporó hasta que su nariz pudo rozar la barbilla de Nagi y luego sus labios. Su mano trabajando aún de arriba hacia abajo, Nagi y su aliento con aroma a golosina chocando contra su rostro. Reo lo quería, quería más. Lo quería con sus manos, con su boca y con su todo. Y necesitaba con urgencia saber que Nagi quería lo mismo a pesar de tenerlo deshecho reclinado sobre el asiento, necesitaba confirmarlo.

 

‒P-puedo… ‒Habló entre roces de sus labios contra la barbilla de Nagi‒ ¿Quieres?

 

Nagi sostuvo sus mejillas con ambas manos, ahuecando las palmas y elevándole el rostro. No respondió. De cualquier modo su cabeza liviana no le había dejado hilar algún sentido para aquellas palabras sueltas por parte de Reo, en cambio, lo besó. Atrapó su labio superior y volvió a abrir perezosamente la boca para soltarlo y atraparlo de nuevo y repasarlo con la punta de la lengua. Reo correspondió, igualmente lento y húmedo, a ojos cerrados, respirándose, sin dejar el movimiento ahora enlentecido de su mano. Apartó el rostro un poco, abandonando los labios de Nagi para escurrirse por su mejilla, atrapando con suavidad la piel a su paso, haciendo ondas con la punta de la nariz por el camino, hacia abajo, por la mandíbula y el cuello, por el borde de la sudadera y el hombro, besando la tela con cariño. Reo dio un pequeño mordisco al género a la altura del abdomen antes de continuar bajando hasta llegar al centro del cuerpo, allí en donde el movimiento de su mano continuaba calmo y constante.

 

Reo abrió los ojos y elevó la mirada hacia Nagi, él lo observaba fijo, el celeste de sus ojos siempre calmo convertido en supernova y sin dejar de mirarse Reo abrió la boca y Nagi sintió como el terciopelo caliente se envolvía en su entrepierna. Gimió, dejando caer el peso de la cabeza hacia atrás y apretando las manos en las abrazaderas de la silla. Reo gimió también, mientras sus labios bajaban, solo un poco y luego volvían a subir. Respiró hondo y abrumadoramente caliente. Sobre la lengua un nuevo sabor de Nagi.

 

Volvió a inclinarse con la boca abierta, un leve roce con los dientes al bajar, pero controlado al subir, una vez y otra más, de a poco más abajo, de a poco más adentro, hasta que su respiración logró coordinarse y su nariz de hundió en el vello y la tela de la camisa abultada en el abdomen de Nagi y dentro de la boca tuvo la saliva mezclada con sal espesa y los sonidos quedos emitidos por Nagi se unificaban con los suyos propios en medio de la succión y de los aspavientos circulares de su propia pelvis y, de pronto, la mano de Nagi sobre su frente empujando hacia atrás.

 

Reo abrió la boca abandonando su trabajo, aturdido y jadeante ¿Acaso Nagi no estaba disfrutándolo tanto como él?

 

Al alzar la mirada toda interrogante capaz de haberse abierto paso entre la neblina de su excitación se hizo polvo. Nagi lo observaba en medio de una respiración violenta, mejillas carmín, los cabellos húmedos a los costados de la frente y la mirada hambrienta. Reo sintió algo derretirse en su vientre y viajar hacia abajo haciéndole vibrar los pantalones.

 

Nagi empujó la silla hacia atrás, las ruedas sobre el suelo chirriaron y un sonido sordo y hueco inundó la habitación cuando el respaldo chocó contra el escritorio que se encontraba detrás de la cama, tomó a Reo por ambas mejillas acercándolo hacia su cuerpo, éste por inercia siguió el pequeño tirón hasta que sus bocas se unieron en un beso profundo y desesperado. Reo se aferró a Nagi, empuñando la chaqueta del uniforme entre las manos, luego la mesa al seguir el trayecto de Nagi al moverse un poco más hacia arriba y hacia atrás, entre una enmaraña de pies, piernas y brazos hasta llegar a la cama.

 

Ventajas de tener una habitación pequeña el solo dar dos pasos de la silla a la cama.

 

Reo se sostuvo del borde del edredón y se afianzó allí antes de acomodarse sobre la cama, bajo el peso de Nagi y bajo sus besos. Labios lentos pero indolentes sobre la boca y la barbilla, en el espacio entre los labios y la nariz, en la comisura de la boca, respirando a cuestas el uno contra el otro sus alientos y sus ganas. Reo introdujo ambas manos por debajo de la camisa de Nagi, tirando hacia arriba y gruñó al no poder hacer mucho, él le sonrió contra la boca irguiéndose luego con los brazos cruzados a la cintura y al siguiente momento alzándolos junto a la sudadera. Reo hizo lo propio. Torpe y un poco obtuso intentando abrirse los botones de la camisa hasta la mitad, optando luego por retirarla por sobre la cabeza.

 

Ambos se miraron, inhalando y exhalando ruidosamente. Se estudiaron y se sonrieron. Eran solo ellos a medio vestir, oídos sordos al mundo exterior. Flotando entre sus miradas galaxias enteras.

 

Nagi volvió a inclinarse sobre Reo, hasta que sus narices se tocaron y sus labios se rozaron suavemente, no era un beso sino un toque ligero y cariñoso, arrastró los nudillos por la mejilla de Reo apartando los cabellos desordenados tras la lucha con su camisa y deslizó después la mano hacia abajo, Reo estaba tibio y erizado y húmedo y agitado, tanto como él, Nagi pudo notarlo cuando deslizó sus dedos por el costado, por la contracción en sus costillas y, al llegar al pantalón Reo llegó en su auxilio abriéndose el cinturón y haciendo pasar el botón por el ojal. Nagi estiró la lengua y lamió entre sus labios, Reo dejó que el músculo dejara una huella de su saliva y de su sabor dentro de su boca ahogando un gemido cuando la mano del más alto se escabulló bajo su ropa y se apretó contra su miembro. Duro, caliente. Los vellos del pubis le cosquillearon en los nudillos cuando lo envolvió con la mano y ejerció ligeramente presión.

 

Para Nagi fue una especie de epifanía, Reo húmedo y pegajoso emitiendo un gemido bajo su toque hizo que se le enderezasen todos los vellos del cuerpo.

 

Volvieron a besarse, lánguido y ensalivado, aumentando el ritmo cuando Nagi fue aumentando el ritmo de su mano.

 

Y de la garganta de Reo emergió un coro, erótico y ronco, lleno de “síes” y “Nagis” y “Seishirous” mientras buscaba fricción contra la palma de Nagi y, éste le repartía besos por el cuello, la barbilla, las orejas y los hombros, bamboleando las caderas como un perro en busca de más frotación.

 

Si Nagi hubiese estado en sus cinco sentidos, o en cuatro, o incluso en dos, estaría seguro que las paredes de la casa no soportarían las frases sin sentido que Reo estaba lanzando al aire ni el golpeteo de la cama contra la pared,sin embargo, su prioridad era otra. Reo bajo su cuerpo, duro contra su mano. Reo agarrándolo del cabello con una mano y con la otra aferrándose a la almohada como si la vida se fuera en ello. Reo con el torso transpirado y las costillas en relieve al esforzarse en respirar y pedir más.

 

Dentro de la cabeza de Nagi solo existía Reo. Reo Reo Reo. Su sudor contra la lengua y el olor de su perfume caro anclado a su nariz. Hacer un esfuerzo no le resultaba molesto si la recompensa era Reo arrastrando sus gemidos contra su oreja.Y toda corriente de pensamiento para Reo era Nagi. Nagi Nagi Nagi. Aplastándolo con todo su peso mientras le masturbaba y le empujaba con todo el cuerpo para magrearse contra él. Y entre todo el caos delicioso dentro de esa burbuja Nagi sintió una corriente violácea y electrizante, el mismo Reo dentro de su columna hasta hacerlo explotar en miles de pedacitos, dejándose ir sobre su abdomen y los pantalones mientras Reo impulsaba las caderas entre gemidos entrecortados hasta correrse en la palma de su mano, espalda arqueada como un gato erizado y la boca abierta y temblorosa.

 

Se mantuvieron un momento tal cual, uno sobre otro, resollando.

 

Reo rió, una risa ahogada y ronca, de garganta magullada.

 

‒Estoy sucio.

 

Nagi le besó en la mejilla y en el borde de la boca.

 

‒También lo estoy.

 

Reo rió de nuevo, esta vez aclarándose la garganta en el proceso. Acarició el cabello de Nagi con la punta de los dedos. Ambos acompasando sus respiraciones agitadas en descenso.

 

‒¿Papel higiénico?

 

Nagi asintió como si Reo pudiera verlo al tener la cabeza casi enterrada en su cuello. De no estar sucio permanecería allí sobre Reo, con los brazos enrollados alrededor de su cuerpo como un verdadero koala.

 

‒Baño. Yo lo traigo‒ Se incorporó a cuestas, entre maniobras que lucían ridículas para un cuerpo tan largo como el suyo para evitar manchar de semen también la cama y el resto de la ropa. Reo lo observó, mejillas pintadas de rosa y el cabello pegoteado a su frente. Nagi lo observó de vuelta, con las mejillas y el cuello enrojecidos y el cabello blanco imposiblemente más desordenado que de costumbre. Reo se humedeció los labios y los abrió luego, un pequeño sonido emergió de su garganta. No fue necesario que lo repitiera ni que lograse juntar letras y palabras. El violeta dentro del iris podía transmitirlo y Nagi podía sentirlo como no lo había sentido de nadie más antes. Nagi se inclinó, aun con la mano suspendida y sucia alejada de su cuerpo y le depositó un beso suave a Reo sobre la cabeza.

 

‒… También yo.

 

Sus ojos volvieron a encontrarse, fijos y brillantes, creando nuevas constelaciones.

 

También yo te quiero.

 

Notes:

No thoughts only Reo attention whore ♡