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Una eternidad junto a ti

Summary:

Sus pulmones iban a reventar de la cantidad de sangre caliente que corría por sus venas, la cual no era suficiente para calentar sus ateridas extremidades, escuchaba a los enardecidos lobos detrás de sí anhelar su carne. Justo cuando se iba a dar por rendido y aceptar su mala suerte, pudo apreciar un imponente castillo en mitad del bosque.
Quizá no era la mejor de las ideas pero le podía salvar la vida por el momento, ¿no es así?

Notes:

(See the end of the work for notes.)

Chapter 1: Capítulo 1

Chapter Text

Peter corría a través de la noche, dejando huellas en la nieve y formando vaho alrededor de su boca mientras respiraba desesperadamente. Sentía que sus pulmones iban a estallar en cualquier momento y el sudor se agolpaba debajo de su ropa abrigada, aunque sus manos estaban completamente heladas. Era capaz de escuchar las patas de los frenéticos lobos detrás de él, no quería mirar hacia atrás porque sabía que si lo hacía se iba a quedar paralizado de pavor.

Por lo menos tenía un objetivo y no estaba corriendo sin rumbo en medio del bosque, lo cual hubiese sido su perdición al final, corría en dirección a un castillo de aspecto extravagante que había visto en la distancia. Viró violentamente con la esperanza de ganar unos pocos segundos contra sus acechadores y por fin pudo contemplar por completo el castillo, no tenía ninguna verja alrededor, sólo la imponente puerta delantera.

-Por favor, Dios, que esté abierta…-murmuró ahogadamente mientras los ojos le escocían del aire frío y los pies se le calaban por la nieve. Subió las pocas escaleras que habían antes de la puerta principal casi de un salto y, cargando con su hombro derecho, se abalanzó contra la puerta, la cual se abrió sin oponer resistencia.

Sorprendido por su suerte, se levantó con rapidez del suelo y cerró la puerta, echando la pesada tabla de madera que hacia de cerrojo. Pudo escuchar y sentir como los lobos se estampaban estruendosamente contra la puerta y, hambrientos, la arañaban. Peter se alejó de la puerta, todavía mirándola, caminando hacia atrás.

Tras unos segundos, tuvo el valor suficiente para dejar de mirar la entrada y dirigir su atención hacia la estancia en la que había irrumpido. Un gran salón con unas portentosas escaleras dobles, unas se dirigían hacia la izquierda mientras que las otras hacia la derecha, y en el medio de ellas, un hogareño fuego crepitaba en una chimenea inmensa. En cada pared de la sala habían dos puertas, todas ellas cerradas a cal y canto. El castillo estaba decorado por muebles góticos y rococós, creando un ambiente particular pero al mismo tiempo exquisito.

-¿Hola? ¿Hay alguien en casa?-Inquirió Peter mientras se quitaba la empapada ropa de la carrera y él frío, quedándose únicamente en ropa interior, la dejaba encima de uno de los sofás y se acercaba a la chimenea para sentir la calidez del fuego.-Me llamo Peter P. Barker, estoy aquí porque una manada de lobos tenía hambre y querían invitarme a la cena. Sólo me quedaré esta noche, hasta que hayan encontrado a un mejor bufé libre.

No se dio cuenta de que no estaba solo en el castillo hasta que alguien estaba detrás de él y le olía el desnudo cuello.

De un chillido bastante masculino por su parte, se adelantó unos pasos y giró sobre sí mismo, tapándose la zona expuesta. Ante él vio a un hombre al cual podía ver perfectamente porque las llamas le ilumaban. Alto, robusto, intimidante, con una camisa blanca remangada que dejaba entrever parte de su pecho, un ajustado chaleco negro, unos pantalones del mismo color y unas gafas plateadas que colgaban un poco por el puente de su nariz. Nunca antes había visto unos ojos como los suyos, rojos como la escarlata o los rubíes, rojos como el sol crepuscular.

Peter pudo darse cuenta, dejando de lado el agotamiento, el frío y el terror, que los lobos habían dejado de arañar la puerta y ya no parecían estar ahí. Ante la mirada perforante de aquel desconocido, no fue capaz de articular palabra, probablemente porque tenía dos formas de acabar esa noche:

a) Siendo devorado por los lobos.

b) Siendo devorado por aquel extraño por allanamiento de morada.

-Con que Peter, ¿eh?-El hombre se quitó las gafas, las dobló y las enganchó en su camisa. Los ojos del aludido no se perdieron ni un sólo movimiento y pudo vislumbrar el pelo castaño de su pecho. Se acercó un poco más a él al mismo tiempo que Peter retrocedía, pero al estar delante de la chimenea hubo un momento donde tuvo que dejar de retroceder para no abrasarse.

-Perdone por haber entrado en su casa de esta forma…yo, em, estoy muy lejos de mi hogar y, bueno, ya sabe.-En un intento de relajar el ambiente, Peter enseñó los dientes e hizo un gesto con la mano como su fuese una garra para ilustrar, de forma bastante patética, a la familia de carnívoros que le esperaba.

Lo que no se esperaba era que aquel desconocido fuese a responder a su broma enseñándole sus dientes. Dientes no. Colmillos. Genial, ahora estaba en la mansión de un hombre lobo.

-Soy Miguel O´Hara. Puedes quedarte esta noche pero con dos condiciones. La primera es que no me molestes en ningún momento, ¿entendido? Me da igual que te estés muriendo, no me avises.-Peter asintió frenéticamente, tenía miedo de escoger la opción incorrecta y que le comiese con aquellos colmillos que ahora también podía ver mientras hablaba.-La segunda es…que te tapes.

El hombre, ahora sabía a sabiendas de que se llamaba Miguel, le lanzó a la cara una manta que había encima de uno de los sofás.

-Buenas noches.-Comentó por último el más alto al tiempo que se daba la vuelta y se marchaba hacia la planta superior.

Peter, quien tenía la manta entre las manos, se arropó con ella y se echó a descansar en el sofá donde había dejado su ropa. Prefirió no hablar en voz alta ya que le disgutaba la idea de que Miguel volviese a aparecer en su espalda y le echase a la calle pero, antes de dormirse, pensó en que aquel hombre era muy extraño.