Chapter Text
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Megumi siempre supo que el clan Zenin era una mierda, una escoria que se escudaba detrás del hecho de pertenecer a uno de los tres grandes clanes del jujutsu, algo que siempre les daba la oportunidad de a lastimar a quien sea sin preocuparse por las consecuencias.
Pero esto… Le parecía demasiado.
— ¡Aléjate de mí! — le gritó con fuerza el pobre Omega que se encontraba en una de las esquinas de la habitación. — Atrévete a tocarme y mi hermano te matará. — le dijo a modo de amenaza, para que la simple idea de abusar de él no pasará por su cabeza.
La habitación huele fuertemente a durazno, es claro que el Omega pelirosa se encuentra en celo, y que es cuestión de tiempo para que empiece a rogar por la polla de un Alfa.
Megumi cierra los ojos mientras trata de no pensar en el asunto, solo tiene que esperar a que pase la noche para poder irse, solo tiene que controlarse para no cometer un acto tan jodido como lo es abusar sexualmente de alguien que apenas puede defenderse. A pesar que su clan espera que se folle al Omega, que lo humille y lo ponga en su lugar, porque desde que lo trajeron ha sido una pequeña mierda molesta.
Yuji Itadori pertenecía al clan Itadori, un clan aparentemente insignificante a simple vista, pero que últimamente había llamado la atención de los Zenin, todo debido a la fuerza sobrehumana que solían tener sus integrantes. No tenían buenas técnicas malditas; el único con verdadero talento era la antigua cabeza del clan, Sukuna Itadori, quien era un Alfa fuerte y testarudo, que bien pudo ponerse al tú por tú con los más fuertes de cada clan existente.
Pero como no les servía, los Zenin ingeniaron un malvado plan para sacarlo del camino, y así poder quedarse con los Omegas del clan Itadori, en un intento de engendrar a una nueva generación de Zenin llenos de talento y fuerza.
Ningún otro clan se interpuso en sus acciones, ni el clan Gojo, con quienes tenían una rivalidad que se extendía desde hace cientos de años atrás. Así que destruyeron a los más fuertes del clan Itadori con mucha facilidad, el hecho de tener técnicas malditas fue una clara ventaja sobre la fuerza bruta de los Itadori, quienes lo dieron hasta el último momento.
Algunos decidieron quitarse la vida antes de ser llevados por los Zenin, otros, intentaron luchar hasta no poder más, pero todo resultó inútil. Todo lo que quedó del clan fueron cenizas y un rastro de sangre que seguiría a los Zenin por el resto de la eternidad.
— No te preocupes, que no pienso hacer nada. — el usuario actual de las diez sombras responde, mientras se sienta en el suelo, cruzando los brazos y cerrando los ojos para no caer en la tentación de sus impulsos. — Por la mañana me iré, ya si alguien más quiere tomarte, no es asunto mío. — agrega fingiendo que no le interesa en nada la situación actual del Omega.
Siente una enorme pena que le revuelve terriblemente el estómago, pero no hay mucho que él pueda hacer por esa persona. No piensa ir en contra de su clan, a pesar de que las decisiones que se toman son más que desagradables desde su criterio.
— Los odio, los odio a todos. — fueron las palabras hirientes del Omega, que con cada momento qué pasa se siente peor que el anterior. — Mi hermano acabará con todos ustedes, rogaran piedad por lo que han hecho. — dice, aún con la esperanza de que su hermano no esté muerto, cómo es que le han dicho para burlarse de él y de la situación actual de su clan, desistiendo de algún modo en seguir luchando. — Sukuna es el más fuerte, y los matará a uno por uno. — asegura, mientras hace todo lo posible para no retorcerse del dolor.
Megumi no parece molestarse ante su atrevimiento, realmente no le importa lo que dice. Lo único que le interesa es que sea de día para marcharse de la habitación, es por eso que pretende aparentar que no está en la misma habitación que el Omega. Sin embargo, el aroma que aquel emana es más que exquisito, puede oler la excitación en el aire, que llega a sus pulmones con demasiada facilidad.
Pero decide ser fuerte y resistir la tentación de ponerle una mano encima al pelirosa.
— Mgh. — es el primer gemido audible que escapa de los labios de Itadori, quien ha llegado a su punto límite de resistencia. — Hermano. — solloza, llevando sus manos hacia su vientre. — ¿Dónde estás? — se pregunta, antes de que el infierno se desate.
La habitación se inunda de gemidos, jadeos y llamados especiales que un Omega suele hacer para llamar la atención de su Alfa. Megumi se tensa ante aquellos sonidos, pero aun sigue dispuesto a ser fiel a sí mismo y no romper con la promesa que se ha hecho.
— ¿Pero qué demonios pasa? — ahora es él quien hace una pregunta, porque empieza a escuchar cómo se arma un escándalo afuera.
Escucha pasos apresurados seguidos de gritos de dolor y maldiciones al aire, no tiene la mínima idea de lo que pueda estar pasando, pero lo qué se escucha es más que suficiente para que sepa qué hay algo que anda mal. Se mueve con dificultad de donde se encuentra para salir, y lo primero que recibe cuando da unos cuantos pasos afuera, es la cabeza del líder del clan que ha sido desprendida de su cuerpo.
La simple imagen le produce náuseas y antes de que pueda hacer algo, una mano lo sostiene por detrás antes de estrellarlo contra el duro piso de madera.
— ¿Con que tu eres el usuario de la técnica de las diez sombras? — escucha una voz sombría, que le produce un fuerte estremecimiento por todo el cuerpo. — No pareces ser tan fuerte. — comenta, antes de tomar con fuerza a Megumi por el cabello, para después volver a golpearlo en repetidas ocasiones hasta que su rostro se vea bañado en sangre. — Los Zenin son unos hijos de puta mal nacidos. — dice, antes de obligar a Megumi a verlo a los ojos. — Ahora dime, ¿tú también le pusiste las manos encima a mi hermano y a mi clan ? — pregunta, pero antes de que Megumi pueda decir algo, un gemido proveniente de la habitación llama la atención del intruso, quien lo deja tirado en el suelo para después entrar y salir al poco tiempo con el Omega entre brazos. — Mi lindo Yuji, me alegra saber que estás bien. — comenta, antes de depositar un suave beso sobre los labios del Omega, que corresponde ansioso al contacto, chillando de felicidad por tener a su Alfa de una vez con el.
— Alfa~ — lo llama ansioso una vez que el beso entre ambos ha terminado. — Volviste por mí. — celebra, a lo que Megumi tiene que reprimir un sonido lleno de sorpresa, porque esto es algo que realmente no esperaba.
— Por supuesto que volví, estos bastardos no son lo suficientemente fuertes como para matarme. — Sukuna ríe de manera altanera, antes de enfocar su mirada en Megumi, que se encuentra en shock como para poder defenderse. — Pero antes de irnos, déjame acabar con el último Zenin que queda. — indica, a lo que Megumi niega rápidamente con la cabeza.
No por piedad ni nada por el estilo, si no porque le es imposible creer que una sola persona ha acabado con todo un clan en cuestión de segundos.
Era imposible que solo él quedará como el último miembro de los Zenin.
— Espera, por favor, déjalo vivir a él. — es el pedido extraño que Yuji le hace a su hermano/amante que lo mira inconforme por sus palabras. — Por favor. — suplica, a lo que Sukuna bufa descontento, para después asentir.
— Bien, pero me aseguraré que no pueda utilizar su técnica ritual nunca más. — acepta la petición de su hermano con una condición. Y antes de que Yuji pueda replicar, Sukuna le cortó de un solo movimiento la mano derecha a Megumi, quien grita de dolor ante la falta de su extremidad. Yuji prefiere desviar su mirada ante la escena, aunque sabe que la muerte es lo que merecen todos los Zenin por lo hicieron con su clan, siente un poco de pena por lo que su hermano acaba de hacer.
Pero ya es demasiado tarde para lamentarse, nada ni nadie podría traer de regreso a la vida a quienes murieron injustamente por las decisiones egoístas de alguien más.
