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Isagi es el último híbrido omega de la manada. Su especie solía proteger al bosque de los cazadores y peligros del exterior por generaciones debido a sus habilidades sobrenaturales.
Único hijo entre el cruce de un humano y un lobo de sangre pura de las montañas. Al nacer como omega, tenía que aparearse con un alfa que tuviera los mismos rasgos para conservar su linaje.
—Encontramos un híbrido salvaje en la frontera sin su manada, es un alfa.
—Yocchan, debes contraer nupcias con él para dar a luz nuevas crías, es nuestra única opción o todos aquí pereceremos. —Su madre comenzó a sollozar, por supuesto, su padre había sido asesinado cuando apenas era un niño debido a su naturaleza.
Si Isagi no supiera que con el cruce de dos lobos híbridos nacerían cachorros con poderosos atributos como la superfuerza, agilidad, velocidad, resistencia e incluso la inmortalidad, ya se hubiera escapado y dejado a la suerte a todos ahí.
Pero en la pequeña tribu donde vivía, había muchos niños huérfanos y los humanos normales no eran capaces de enfrentarse a las bestias del bosque ni conseguir suficiente comida para sus familias.
Al transformarse en un lobo de abundante pelaje negro y ojos azules, Isagi tenía la capacidad de cazar y proteger a su manada de los peligros que los acechaban.
—¿Cómo lo atraparon? —Preguntó al entrar a la pequeña carpa. El invierno ya había llegado y las corrientes gélidas hicieron que la nariz y mejillas del omega se pusieran completamente rojas.
—Lo encontramos inconsciente sobre la nieve, si lo dejábamos tirado en aquel lugar, iba a morir.
—Tiene sentido, un alfa los hubiera destrozado tan solo usando sus garras y colmillos, ¿está herido?
—No. Solo llevaba meses sin comer ni beber agua y terminó colapsando por inanición, parece que toda su manada fue aniquilada por los humanos del exterior.
El omega sintió algo de pena por el alfa que se encontraba descansando frente a él.
—Pronto recuperara la conciencia, asegúrense de retenerlo o nos matara. Es un lobo de pelaje blanco, mucho más grande y fuerte que yo, no soy rival para él.
Los aldeanos hicieron caso a la orden del último líder e híbrido de la manada. Al día siguiente le informaron a Isagi que el alfa había despertado, cuando entró a la tienda, el lobo se encontraba atado a una silla de pies y manos, sus ojos azules se encontraron con los suyos y el omega sintió un escalofrío recorrer su espalda.
—Quiere matarme…
—No lo hará. Por eso le pusimos ese bozal y está bien atado, señor.
—¿Tengo que hacerlo...?
—Solo móntate en su polla y haz que te anude. —Su mejor amigo lo empujó dentro y todos salieron para darle privacidad. Más tarde le daría un buen golpe a Bachira por avergonzarlo frente a los demás.
El hombre frente a él tenía el pelo completamente rubio, largo y hecho un desastre. Cuando Isagi se acercó, este inmediatamente le gruñó, sacando sus colmillos y garras, agudizando sus pupilas y preparándose para atacar.
—No voy a hacerte daño.
El omega creyó que aquel alfa no lo podía entender, qué equivocado estaba.
—Si me dejas ir no masacraré a ningún ser vivo de tu clan.
—¡Sabes hablar! —Isagi tomó una silla del rincón y la acomodó en el centro para sentarse frente al alfa.
—¡Quítame este maldito bozal y estas cuerdas de mierda!
—Mi nombre es Isagi Yoichi, el último híbrido omega de este lugar a cientos de kilómetros. —El omega se levantó y acarició el cabello del alfa con curiosidad. —Necesitamos asearte correctamente, alfa.
—No me interesas omega, solo quiero largarme de aquí y…
—¿Y morir? —El omega se inclinó a la altura del alfa para mirarlo a los ojos. —Toda tu manada pereció, eres el único sobreviviente, estoy seguro que eres consciente de que como tú y yo hay pocos en el mundo.
—No estoy interesado en formar una nueva manada, mucho menos contigo.
—Es una lástima, porque no te pregunte. —El omega usó sus garras para desgarrar las prendas superiores del alfa y vio un bonito tatuaje en su cuello. Eran dos rosas azules con lianas y espinas que adornaban todo su brazo izquierdo, probablemente era el líder de su tribu antes de perderla. —Hagamos un trato, mmm… ¿Cómo te llamas?
—Michael… Michael Kaiser.
—Bien, este será nuestro trato Kaiser, no nos morderemos ni marcaremos, pero tendrás que darme cinco cachorros y luego podrás largarte. Estás de suerte, es luna llena y pronto entraré en celo.
—¿Solo quieres que te folle y te llene de crías?
—Exacto. Luego podrás irte a morir y lamentarte donde quieras.
—Que cruel.
Isagi liberó de sus ataduras al alfa sin quitarle el bozal por seguridad. Por primera vez en su vida se estaba apareando con alguien. Ninguno de los dos salió de aquel lugar por días hasta que el omega estuvo seguro de que habían concebido al primer cachorro. Eventualmente, Kaiser dejó de usar el bozal porque el omega estaba seguro de que no lo mordería ni que tampoco se escaparía.
Con el tiempo, Michael se fue adaptando al lugar y a la gente que vivía ahí, aunque los omegas híbridos eran bastante fértiles, sus celos solo ocurrían como máximo una o dos veces al año. Yoichi lo empezó a llevar a sus cacerías y a enseñarle todo lo que sabía, poco a poco él también se fue abriendo y le contó todo sobre su pasado.
Sin quererlo ambos se estaban enamorando del otro profundamente.
A veces los dos se transformaban en lobos y hacían competencias de caza juntos, cuando su primera cría nació, el alfa supo que nunca podría dejarlo ni a él ni a su pareja jamás.
Por eso después de casi dos años, el alfa y el omega decidieron unir sus vidas en cuerpo y alma con una mordida. No solo tuvieron cinco cachorros, vinieron muchos más y estos encontraron su propia felicidad en otras manadas años después. Isagi y Kaiser permanecieron juntos por varias décadas hasta que llegó el momento de irse, cosa que también hicieron como pareja.
Quizá no se habían conocido de la mejor manera, pero el omega le había dado una razón de vivir al alfa quien creía que ya no tenía nada más por lo que luchar y Michael estaba completamente agradecido con Yoichi por ello.
Ojalá volvieran a encontrarse en otra vida para empezar una vez más.
