Chapter Text
Su espalda choca contra la pared del edificio del hospital y sus pies se deslizan hacia la oscuridad como diminutos ratones, huyendo de la luz de las lámparas mientras las palabras del doctor se repiten en sus oídos como la estática de un televisor viejo.
"Puede que Gai-San no vaya a despertar nunca."
Sus ojos se entrecierran, intentando darle formas a las palabras incluso si no puede hacerlo. Ya perdió a Neji. Ya perdió mucho. Y para ser honesto, Rock Lee cree que nació perdiendo desde que llegó a este mundo siendo un huérfano y sin el poder de controlar el chakra.
No puede perder más cosas.
No puede perder a Gai.
Sus dedos tocan la pared detrás de él, deslizándose por la rugosidad de la superficie antes de que su mano encuentre el camino hacia la bolsa de su pantalón.
El pequeño cilindro está ahí, y Lee lo saca lentamente y con dificultad, como si fuera la pelusa vieja que escarba desde el fondo de la ropa en el invierno.
Es un cigarrillo simple. Un poco de nicotina y otras cosas. Lee no lo sabe con precisión porque nunca le interesó fumar y porque estaba demasiado ocupado intentando hacerse fuerte y entrenando con sus compañeros de equipo y siguiendo a Gai-sensei por todas partes como si ellos fueran todo lo que siempre había querido tener en su vida.
Ellos son lo que Lee siempre había querido en su vida.
Por eso es que no puede ignorar la ausencia de Neji tanto como no puede dejar de sentirse angustiado por el coma de Gai.
Si Lee no calma estos nervios, va a volverse loco.
Su mano da una vuelta y el cigarrillo gira entre sus dedos, luciendo tan anormal en su mano como en el instante en el que Shikamaru se lo dio cuando se cruzaron en el hospital.
"Me ayudó cuando Asuma-sensei se fue." Shikamaru dijo y extendió la cajetilla hacia Lee. "Te hará sentir menos preocupado."
La nicotina tiene ese efecto de aliviar el estrés, Lee lo escuchó un par de veces como se oye el oleaje a la distancia: sin un interés real en probar o saber o entender. Era información absurda que sabía porque sí. Era como motas de polvo o basura al final de su cerebro.
Pero ahora Lee está en la basura, literal y metafóricamente hablando. Ya no le importa lo que alguna vez creyó. La angustia lo está volviendo loco. Llorar todas las noches lo está volviendo loco. Saber que Neji no volverá y pensar en la posibilidad de que Gai-sensei no va volver tampoco le está rompiendo el corazón.
Lee necesita esto.
Sus dedos acarician el cigarro y finalmente lo pone en su boca, balanceándolo suavemente con los labios mientras prueba el sabor seco y ligero de la colilla y mientras saca el encendedor de su bolsillo izquierdo, listo para comenzar a fumar.
— Maa, estoy seguro de que realmente no quieres hacer esto — La voz de Kakashi-sensei suena a su lado y Lee gira hacia los botes de basura del callejón en el que está, tensándose cuando siente la mano de Kakashi en su muñeca antes de que siquiera pueda verlo a los ojos.
— ¿Kakashi-sensei? — Lee parpadea y se quita el cigarrillo de la boca con su otra mano como si quisiera esconderlo de Kakashi. Y no es que lo quiera hacer realmente. No es que importe realmente. — ¿Qué está haciendo aquí?
— Lo mismo te pregunto, Lee, ¿qué estabas haciendo? — Kakashi se desliza desde la cúspide del bote de basura hacia su lado, soltando su mano y dejando que Lee guarde el encendedor otra vez, aunque él no lo hace.
— Solo... estaba experimentando algo nuevo de la vida, Sensei — Lee intenta sonreír.
No hace falta que le diga sobre Gai-sensei porque ahora Kakashi-sensei se volverá el Hokage y porque no ha parado de visitar a Gai con la misma frecuencia, solo esperando a que algo que nunca podría cambiar finalmente cambie.
— Sí, eso lo noté — Kakashi se encoge de hombros y se recarga justo al lado de Lee, guardando sus manos en sus propios bolsillos. — La pregunta es por qué quieres hacerlo.
Lee frunce las cejas, acariciando el cigarrillo como si intentara buscar tranquilidad solo con tocarlo porque la angustia es demasiado grande para soportar.
— El doctor dijo que Gai-sensei podría no despertar jamás — Lee repite las palabras que no han abandonado su cabeza, que lo hicieron quedarse quieto delante de la habitación de Gai-sensei por lo que parecieron horas, que lo hicieron sentirse mareado, cerca del abismo, cerca de caer.
Lee necesita urgentemente aferrarse a algo.
— Estoy seguro de que despertará — Kakashi-sensei dice y se encoge de hombros incluso si no luce mejor que Lee. — Tal vez no lo conoces tanto como yo y por eso estás tan angustiado, pero Gai nunca se rinde. Ni siquiera por esto.
El cigarrillo se desliza en los dedos de Lee, dando una pirueta como si fuera un arma ninja, siguiendo el ritmo lento y casi extinto que hace la máquina cardiaca de Gai.
Apenas algo. Apenas vivo. Lo hace recordar al cadáver de Neji cuando lo envolvió en una sábana y lo cargó todo el camino hacia aquí mientras esperaba que al menos Gai-sensei sobreviviera.
— ¿Y si no lo hace? — Lee suspira hondo y comienza a respirar con un poco de asfixia. — ¿Si no despierta nunca? ¿Si se queda así para siempre? ¿Si muere? ¿Si Gai-sensei finalmente se rinde?
Sus ojos miran a Kakashi buscando... algo. Desde que Gai-sensei abrió la octava puerta y quedó en coma la mente de Lee se nubló por completo. Se siente confundido. Errático. Y cada discurso fabuloso y motivacional que quiere decir se pierde entre la maraña de sus pensamientos que solo empeoran con la ausencia de la voz de Gai-sensei. Ese hombre le ha indicado y ha marcado casa paso de su vida que ahora es como haber perdido el camino, como si el piso en el que está parado fuera demasiado borroso como para seguir de pie. No puede formar un solo pensamiento coherente y probablemente no podrá hacerlo hasta que Gai vuelva. Si es que vuelve.
Pero, lógicamente, Kakashi-sensei no hace nada. O en realidad sí; hace que Lee extrañe aún más a Gai-sensei. Hace que el silencio sea más silencioso de lo que ya lo era. Hace que necesite desesperadamente la sucesión de algo más.
— Shikamaru dijo que me ayudaría — Lee dice como conclusión y frunce el ceño, recargándose otra vez en la pared y levantando el cigarrillo hacia sus labios.
Sin embargo, antes de que sus labios puedan presionar la colilla, Kakashi-sensei lo detiene de nuevo, y esta vez su mano presiona fuertemente su muñeca. Vagamente, se da cuenta de su piel es muy fría.
— No te va a ayudar, Lee. Créeme — Kakashi dice y se encoge de hombros con un aire lleno de sabiduría dolorosa, y luego, sorprendentemente, sonríe. — También, no puedo dejar que lo hagas. Eres mi responsabilidad. Y además, Gai me mataría si despierta y se entera que no cuide bien de sus niños.
Kakashi se ríe como si fuera una idea graciosa y vuelve a recargarse en la pared, mirando al cielo con nostalgia a pesar de que sigue presionando fuertemente la mano de Lee.
— ¿Su responsabilidad? — Lee dice con voz muy baja, preguntándose si Kakashi-sensei está hablando de su nueva posición como Hokage, pero la idea de que cuide de que uno de sus shinobi no fume es absurdo.
Si fuera así, Kakashi tendría que evitar que Shikamaru y que cientos de shinobis más no lo hagan. A Kakashi-sensei no debería importarle esto. No es su responsabilidad. Lee ni siquiera fue su alumno.
Sin embargo, Kakashi está aquí, y sigue impidiendo que Lee mueva el cigarro hacia su boca.
— ¿Sabes? — Kakashi tararea y frota un poco la muñeca de Lee, como si también estuviera buscando consuelo. — Gai y yo hicimos una promesa hace mucho tiempo. Prometimos cuidar las cosas preciosas del otro si alguno de los dos no podía hacerlo alguna vez. Así que no puedo dejar que te hagas daño de esta manera, Lee. Ahora mismo, es mi deber cuidar de las personas que Gai ama con todas sus fuerzas.
Lee hace un puchero, mirando las manchas amorfas de grasa en el piso mientras el cigarrillo tiembla en su mano, preguntándose si es el viento o si es Kakashi-sensei o si es él mismo quien lo agita.
— Tengo miedo, Sensei. Si Gai-sensei no despierta...
— Mhn, incluso si le lleva mucho tiempo, sé que lo hará — Kakashi asiente y presiona la mano de Lee con más intensidad, como si quisiera detener los temblores. — Y hasta que él despierte, ustedes son mis hijos. Los cuidaré como los cuidaría él, Lee. Así que no estás solo.
Kakashi gira el rostro en la pared, mirándolo fijamente, con una sonrisa pequeña en sus labios.
— Así que no lo hagas, Lee. Por favor — Su mano se envuelve en su puño y los temblores finalmente se detienen. — Si lo haces, Gai no estaría feliz. Yo no estaría feliz.
Los ojos de Kakashi se ablandan y, por un momento, Lee puede sentir la mirada de Gai-sensei en esos ojos. Una parte de él vive ahí. Una gran parte de sus sentimientos está ahí. Es como si el corazón Gai-sensei y Kakashi-sensei realmente estuvieran conectados.
Lee puede sentirlo.
Y ese pequeño destello de Gai-sensei, el verlo ahí, delante de sus ojos y sosteniendo su mano a través de la preocupación y del cariño de una promesa que se hace con honestidad y con pasión, Lee obtiene la suficiente claridad para crear un discurso motivador para sí mismo.
Incluso si la esperanza es mínima, todavía es esperanza. No puede renunciar a eso. ¡Gai-sensei no renunciaría a eso! Y también, Gai-sensei no permitiría que un ser amado se dañe a sí mismo ni se falle a sí mismo por la desesperación y la ambigüedad de una situación difícil. ¡La verdadera juventud es enfrentar los problemas con el rostro en alto y con una fe inquebrantable!
¡No hay duda de que Gai-sensei volverá!
Lee tiene que creer en él. ¡Debe confiar en que la juventud de Gai-sensei sigue latiendo y debe confiar en que, pase lo que pase, la juventud de Gai seguirá latiendo en las personas que lo quieren!
Gai-sensei seguirá a través de Kakashi-sensei y a través de sí mismo. No hay duda. No le fallará a su sensei.
— ¡No lo haré! — Lee sorbe los mocos y se limpia las lágrimas que no se dio cuenta de que estaba derramando. — Si Gai-sensei despierta esta noche, ¡no podría verlo si huelo a humo! ¡Así que definitivamente no puedo hacerlo!
Lee asiente y se aleja de la pared, extendiendo la mano hacia Kakashi y dejando ver el pequeño cigarrillo sobre la luz amarillenta de las lámparas que rodean el callejón detrás del hospital.
— Kakashi-sensei, ¿podría regresarle esto a Shikamaru, por favor? — Lee dice y se para firme. — Lo haría yo mismo, ¡pero en este momento debo reanudar mi entrenamiento y debo agregar otras mil vueltas a la aldea solo por haber pensado en fallar a las enseñanzas de Gai-sensei, así que tardaré toda la noche!
El rostro triste de Kakashi se alegra un poco, al menos lo suficiente para que gire los ojos con cariño y nostalgia, levantando la mano para recibir el cilindro diminuto en donde Lee definitivamente no encontraría a Gai-sensei ni tampoco encontraría la respuesta a sus inquietudes, solo otro callejón sin salida como en el que ahora mismo está parado.
— Bien — Kakashi dice y guarda el pequeño cigarrillo en la bolsa de su pantalón. — Si Gai despierta esta noche, le diré que vendrás a verlo cuando salga el sol.
La promesa lo motiva fuertemente, como si la idea de un nuevo amanecer lo hiciera estar seguro de que su sensei realmente despertará, y no como si solo fueran promesas vacías.
— ¡Asegúrese de decirle que he estado entrenando en su nombre, así que no debe preocuparse por nada y solo debe descansar! — Lee da un guiño y un asentimiento, pasando el nudo en la garganta que también desata todas las demás preocupaciones. — ¡Lo veré después, Kakashi-sensei!
Su mano se levanta en una despedida, pensando en decir un "gracias" o alguna otra cosa que lo ayude a trasmitir lo mucho que realmente le sirvió esto.
Sin embargo, Kakashi-sensei levanta un pulgar y Lee puede ver a Gai-sensei otra vez, justo ahí, en ese gesto, como si estuviera parado justo al lado de Kakashi-sensei como una inamovible sombra.
Y entonces la motivación de Lee aumenta y no puede frenar sus piernas, comenzando a correr a toda velocidad hacia el horizonte.
