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Kurenai cierra su libro y suspira, recargándose en la banca del parque mientras las escenas llenas de amor y de sensualidad que acaba de leer todavía flotan en su mente.
Icha-Icha no fue tan malo como esperaba y por un momento casi se siente como la protagonista, casi desea ser como la protagonista. Largo cabello sedoso y brillante, elegantes y sensuales curvas, una melodiosa y tierna voz y, a su lado, un hombre fuerte y de brazos anchos que pueda sostenerla contra su impenetrable pecho.
Kurenai se muerde el labio inferior, visualizando la imagen fantasmal de un hombre corpulento y atractivo subiendo sobre su cuerpo, mirándola, tocándola, abriendo su carnosa boca lentamente para decir...
— ¡Qué tengas un excelente y maravilloso día y que las virtudes más bellas del mundo caigan sobre ti, mi querida Kurenai! — Gai grita a su lado y levanta la mano en un saludo, corriendo lo que probablemente es su última vuelta alrededor del parque al mismo tiempo que su voz inunda sus pensamientos como la pelota perdida de un partido de fútbol que se estrella directamente contra su cara.
De pronto, el hombre de su fantasía se convierte en Gai, y de pronto, lo que el hombre le está diciendo es una de esas frases súper motivacionales.
"Espero que podamos tener un fabuloso momento juntos en la cama hasta que nuestros espíritus hayan recobrado su flamante juventud."
La voz de Gai en sus pensamientos la hace sentir un escalofrío lleno de terror, y luego, una pequeña sensación de náuseas la hace inclinarse al frente.
— Argh, Gai, no me interrumpas cuando estoy leyendo — Kurenai gruñe y aparta el rostro para ocultar su expresión llena de incomodidad de su amigo, tratando de borrar la fantasía de su mente lo más rápido posible porque lo último que quiere en la vida es imaginar el monólogo de Gai a mitad del sexo.
— Ah, lo siento mucho, Kure, ¡no era mi intención perturbar tu valiosa lectura! — Gai dice con la misma intensidad y emoción, guiñándole un ojo amistosamente y haciendo que Kurenai vuelva a imaginar a Gai en el lugar del protagonista, lo que solo arruina más los diálogos súper candentes que terminan convirtiéndose en exagerados ánimos dichos con un tono de voz que jamás puede ser modulado.
"¡Tocaré en el punto más noble y dulce de tu cuerpo!"
El rostro de Kurenai se pone azul, y luego tiene que cerrar los ojos para no seguir enfrentando el rostro bonachón de su amigo porque ahora casi se siente como una pesadilla.
— Sí, está bien, Gai, solo... cuídate — Kurenai hace un ademán de despedida hacia él, sintiéndose aliviada cuando su viejo compañero se aleja de ella incluso si su voz permanece pegada como chicle en sus oídos. — Maldición, tenía que abrir la boca en el peor momento.
Kurenai siente el mismo escalofrío recorriendo su columna vertebral, y luego, vuelve a abrir su novela como si esperara borrar esta horrible experiencia al releer algunos diálogos candentes del libro y retomar su fabulosa fantasía con el varonil y seductor protagonista.
Sin embargo, ahora cada diálogo tiene la voz de Gai y Kurenai arroja el libro al bote de basura más cercano porque no cree que pueda recobrar la inspiración después de eso y porque probablemente no podría volver a leer ese libro sin pensar en un montón de frases motivacionales a mitad de las escenas más buenas.
— De todos modos, sé a dónde podría ir para eliminar esa voz de mi cabeza — Kurenai dice para sí misma, comenzando a caminar hacia la aldea para buscar a Asuma y para pedirle que le diga un par de esas frases desprovistas de romanticismo.
Y no es que a Kurenai realmente le gusten las palabras asperas de su novio en la intimidad, pero definitivamente lo prefiere sobre cualquier cosa que Gai podría decir en su cabeza.
[...]
Anko se puede masturbar casi con cualquier cosa. Si a Yugao se le cae el café en su camiseta y resalta sus pezones, se tocará. Si Genma arregla su cabello con las dos manos, se tocará. Si Ebisu se quita los lentes a mitad de una junta, ella definitivamente se tocará.
Así que cuando un vistazo de piel bronceada y bien formada aparece en su mirada periférica, Anko prácticamente salta del árbol y babea, perdiéndose en ese abdomen plano y ese torso musculoso que va al descubierto porque aparentemente su dueño se sentía incómodo con el exceso de sudor y necesitaba refrescarse.
Y claro, sin nada de ropa cubriendo esa piel, el sudor escurre entre sus enormes pectorales como un rio en el que Anko quiere poner la lengua. Todo se ve tan bien formado, tan firme, tan duro, tan violento, tan delicioso que Anko se pregunta porque sigue parada ahí como una tonta y no ha corrido a los brazos de ese hombre para hacerle una proposición sexual.
Sin embargo, cuando Anko levanta el rostro y ve el rostro cincelado de aquel hombre... su deseo sexual baja a cero.
Y no es que Gai no se atractivo. Dios, el bastardo tiene un rostro tan candente y seductor como su cuerpo. Lamentablemente, cada vez que Anko ha iniciado una fantasía con Gai en la calurosa soledad de su habitación...
— ¡Mi hermosa flor de primavera! — Gai grita hacia ella y levanta una mano. — ¡Veo que sigues tan agraciada y primosa como siempre!
...Gai tiene que abrir la boca.
Anko gira los ojos y frunce el ceño, sintiéndose como en una de sus fantasías en las que su amigo finalmente la mira con otros ojos y la lleva a su apartamento para desnudarla.
Lamentablemente, Anko tiene tan buena imaginación que incluso en su mente Gai habla como Gai, y todo lo que dice cuando la desnuda y la azota en su cama es un halago anticuado y extravagante que la hace sentir rara y vieja como una anciana.
"Bésame, hermoso capullo de sol."
La voz imaginaria de Gai suena en su oído y Anko hace un puchero de asco, sintiendo un escalofrío incómodo atravesando su cuerpo de los pies a la cabeza.
— Hola, Gai — Anko dice y aclara su garganta, mirando con anhelo sus músculos firmes y su rostro extremadamente masculino, casi deseando que se su imaginación esté equivocada y que Gai realmente pueda decir otro tipo de halagos cachondos. — Y gracias. Veo a qué ti la vida también te trata muy bien.
Anko guiña un ojo y se ríe entre dientes, mordiendo el palito de sus dangos de forma insinuante y sugestiva, esperando que su amigo finalmente caiga bajo sus encantos y diga algo que no sea una basura ñoña que debió aprender leyendo jeroglíficos porque nadie en los últimos cien años ha usado las palabras que él usa.
Por desgracia, bueno, Gai nació siendo un anciano.
— ¡Muchas gracias por tus cordiales palabras, mi estimada amiga! — Gai levanta el pulgar y se ríe con inocencia, agitando su mano hacia ella como si fueran dos niños en el parque. — ¡Aunque insisto en que la vida debe tratarte mejor a ti, tu aura portentosa es inigualable!
Gai dice con emoción, como si no acabara se decir una basura inentendible para la gente normal y como si no hubiera enviado todo su libido hasta el suelo.
Y claro, la idea de convencerlo de acercarse sexualmente vuelve a arruinarse por completo y su fantasía calurosa se vuelve una pesadilla.
"¡Tus bellas manos y tu núbil cuerpo se siente como el sereno de la mañana para mí corazón!"
Anko presiona los dientes para evitar vomitar ante esa perspectiva, así que todo lo que hace cuando Gai se despide de ella es agitar la mano insistentemente para que ya se largue de aquí y deje de tentarla con ese perfecto cuerpo que no puede tocar porque no combina con su boca de anciano pensionado.
— Tsk, ¿por qué no puedo conseguir un hombre que tenga todo lo que me gusta? — Anko gruñe y se cruza de brazos, pensando en ir a casa para tratar de arreglar su fantasía tanto como sabe que todo lo que pasará es que terminará pensando en más palabras anticuadas que Gai podría usar para hacer el amor.
Y quizá, ahora mismo es lo último que quiere.
— Aunque conozco un hombre que sí puede darme sexo duro. — Anko se ríe entre dientes, metiendo todo el palito vacío de su banderilla de dangos a su boca para masticarlo ansiosamente antes de correr hacia la oficina de Ibiki, sabiendo que el bastardo a veces puede ser demasiado duro y demasiado grosero, pero que definitivamente es mejor que las palabras raras que Gai podría decirle en la intimidad.
[...]
Espiar no es un delito... o al menos no lo es si nadie se da cuenta. Así que Ebisu cierra un ojo y se asoma al baño termal de mujeres, tratando de aclarar su vista para poder darle un vistazo a las hermosas chicas que se ríen del otro lado de la pared.
Sin embargo, antes de que el vapor se quite y antes de que Ebisu pueda mirar un solo centímetro de piel, una fuerte mano lo toma de la parte posterior de la cabeza y lo hace girar bruscamente, alejándolo de la rendija que Ebisu habían encontrado con mucho trabajo en la pared luego de buscar durante casi todo el día.
Y aunque la intención de Ebisu había sido ver un poco de desnudez el día de hoy, cuando mira a la persona semidesnuda frente a él en realidad no está nada feliz. De hecho, Ebisu quiere sacarse los ojos.
— Argh, Gai, ¿qué crees que estás haciendo? ¡Me lastimas! — Ebisu aclara su garganta y se sacude para que Gai lo suelte, fingiendo que simplemente estaba disfrutando del Onsen y no espiando el baño de chicas porque no quiere que su amigo comience a sermonearlo.
Por desgracia, Gai es demasiado moralista, demasiado correcto y demasiado puro. Dios, probablemente el hombre nunca ha visto a una mujer desnuda ni siquiera en su imaginación así que obviamente Gai frunce las cejas y lo mira como si quisiera regañarlo por horas.
— ¡Sé que estabas tratando de ver a las chicas que se están bañando detrás de esta pared! — Gai dice y pone la mano en esa misma pared, acorralando a Ebisu entre su desnudo pecho y la madera.
— Eso no es verdad, Gai, sabes que yo... — Ebisu comienza a lanzar pretextos, callándose cuando Gai se inclina hacia él para intimidarlo porque todo lo que está usando es una delgada toalla alrededor de su cintura, algo que lo deja ver todo su cuerpo con tanta claridad que por un instante siente muy celoso.
Si Gai pusiera todo ese potencial en acción, probablemente ni siquiera necesitaría espiar a nadie; las mujeres definitivamente irían detrás de él como moscas.
— Te conozco bastante bien, Ebisu, ¡y sé la clase de cosas inapropiadas y completamente incomprensibles puedes hacer! — Gai da un asentimiento rápido, salpicando la cara de Ebisu con agua y residuos de shampoo floral con el que Gai acaba de bañarse para limpiarse todo el sudor de su entrenamiento.
Y aunque Ebisu quiere seguir defendiendo su honor y negando que estaba dando un vistazo al baño de chicas, las palabras de Gai lo hacen levantar una ceja y mirarlo como si estuviera un poco loco.
— ¿Crees que ver a una chica desnuda es incomprensible, Gai? — Ebisu pregunta, jadeando cuando Gai se sonroja y asiente como si fuera obvio.
— ¡Jamás le faltaría el respeto a una mujer, Ebisu! ¡La virtud de mi corazón está más allá de cualquier deseo egoísta y jamás tendría la malicia para mancillar su intimidad! — Gai dice a gritos justo delante de él, llorando un mar de lágrimas como si su discurso hubiera sido hermoso.
Sin embargo, la mente de Ebisu solo puede preguntarse e imaginar una sola cosa: cuando Gai está con alguien en la intimidad, ¿entonces qué se supone que hace?
Obviamente, la desnudez de su amigo no ayuda a hacerlo sentir menos nervioso, pero lo anima bastante a imaginar a su amigo en una situación sexual con una chica, llevándola a su casa, invitándola a cenar, y cuando ella lo lleva a la habitación...
Bueno, según sus cálculos y su detallado análisis, Gai no la tocaría nunca.
De hecho, Ebisu cree que él escaparía de la habitación en cuanto la chica comience a quitarse la ropa.
"¡Jamás cometería la locura de ensuciar tu honor!"
El discurso súper moralista y vergonzoso de Gai es demasiado fácil de imaginar, tanto que Ebisu se pregunta si esa es la razón por la que Gai nunca ha tenido una novia.
Puede que Ebisu sea un pervertido con mala reputación entre las mujeres, pero quizá Gai ni siquiera es una opción para ellas porque su amigo es tan bueno y santurrón que nunca tendría el valor de acostarse con nadie por miedo a ofender su nombre.
"¡No necesitas quitarle la ropa para que pueda amarte!"
Ebisu siente un escalofrío lleno de algo que jamás sintió antes: lástima, incomprensión, terror, desesperación e incredulidad absoluta.
— Gai, cuando hay una chica atractiva frente a ti, deberías imaginarla quitándose la ropa — Ebisu dice como una realidad, pero también, como una trampa para observar la reacción de su amigo.
Y justo como lo imaginó, Gai se sonroja y cierra los ojos como si ya hubiera una chica desnuda delante de él y se negara a faltarle al respeto al mirarla.
Maldición, Gai definitivamente morirá virgen si todo lo que dice son cosas moralista y decorosas.
Aunque, ahora que lo piensa, todo lo que Gai dice todo el tiempo está lleno de respeto y decencia, así que seguramente Gai es un hombre casto. No hay una sola posibilidad ni un solo escenario en el que su amigo haga algo pervertido.
Ebisu agita la cabeza para tratar de alejar la idea de su amigo en una situación sexual, concentrándose nuevamente en su interrupción y en el hecho de que ahora que sabe que Gai jamás podría hacer algo pervertido, se siente mucho menos intimidante.
— Como sea, de todos modos, no estaba espiando — Ebisu levanta el rostro y le da un suave empujón al cuerpo de su amigo que jamás será acariciado por una mujer mientras él tenga ese escudo de virginidad con cada palabra ultra respetuosa que dice. — En realidad, estaba a punto de irme a mi casa.
— ¡Bien, en ese caso podemos irnos juntos! — Gai grita y luego rodea sus hombros para arrastrarlo junto a él y evitar que vuelva a espiar a las chicas que se bañan y se ríen a solo unos pocos metros de distancia.
Y aunque Ebisu suspira con anhelo por ellas, camina con resignación al lado de Gai y cuadra los hombros con un repentino sentimiento de orgullo al saber que al menos él tendría mejores cosas que decirle a una chica en la cama que los discursos recatados y decentes de su amigo.
[...]
— Él es guapo — Tsunade dice y levanta las cejas, señalando a un jounin que camina frente a la Torre Hokage y que ella puede ver perfectamente bien desde el enorme ventanal de su oficina. — Lamentablemente, tiene fama de mujeriego, así que le doy un tres.
Tsunade se cruza de brazos y chasquea la lengua, haciendo un puchero enfadado solo con observar por más de dos segundos a ese hombre que le ha sido infiel a cada novia que ha tenido.
A su lado, Shizune asiente de acuerdo, coincidiendo con su calificación antes de girar a otro lado y señalar a un chunnin que camina hacia la Torre Hokage con una pila de papeles en la mano.
— Ese de allá no es el hombre más guapo de Konoha — Shizune dice y se encoge de hombros. — Pero he oído que es muy romántico y siempre da todo en una relación, así que le doy un siete.
Shizune agita la cabeza con decisión y Tsunade levanta el pulgar para aprobar su opinión sobre ese muchacho. La fidelidad y los sentimientos siempre tienen mucho más valor en esta competencia silenciosa y privada, algo que Tsunade y Shizune hacen a veces para relajarse luego de un día difícil.
— Mira a ese de allá — Tsunade señala al ANBU que está parado en la esquina de la calle, escoltando el edificio como un buen soldado que cumple con su deber. — Puede que siempre le vaya mal en el amor y que tenga ese rostro promedio, pero... ¿lo has visto sin camisa? Dios, sus músculos son increíbles. Yo le doy un ocho.
Las dos mujeres asienten muy de acuerdo con esa calificación y se ríen con picardía, ambas girando la mirada al mismo tiempo cuando otro hombre aparece en el fondo de la calle, caminando con la espalda recta y el cabello peinado y limpio, algo que combina muy bien con su ropa perfectamente planchada.
— Veamos — Tsunade tararea y sonríe. — Lindo cuerpo, buen rostro, una sonrisa masculina y una voz muy gruesa y sensual.
— Amable, dulce, considerado, tierno, cariñoso y sin duda un romántico empedernido — Shizune suspira soñadoramente y se recarga en el ventanal para ver mejor.
— Sí, además, se nota que es uno de esos tipos fieles a morir — Tsunade agrega y ella también se recarga en el vidrio para ver la forma en la que el hombre saluda animadamente a cada persona con la que se cruza. — Alguien leal a sus promesas.
— ¡Ah, sí, yo también creo eso! — Shizune se emociona y abraza dolorosamente a Tonton. — ¡Gai definitivamente es un diez!
Shizune sonríe con cariño y gira la mirada al otro lado de la calle como si ese fuera su veredicto final y como si quisiera ver al siguiente hombre en la fila. Sin embargo, Tsunade da un bufido áspero y niega con desagrado a lo que Shizune acaba de decir.
— En realidad, no creo que Gai sea un diez — Tsunade se cruza de brazos y se aleja un poco del ventanal para mirar a Shizune como si este tema fuera mucho más importante que cualquier asunto que pudieran tratar en la oficina Hokage. — Quiero decir, ya sabes que Gai es un bobo cabeza hueca que está obsesionado con hacer ejercicio.
Tsunade frunce el ceño y gruñe, pero Shizune simplemente la mira con confusión porque en realidad tener tanta determinación en los entrenamientos no es un punto negativo. Gai ha llegado a ser el shinobi que es gracias a su esfuerzo y su dedicación en sus ejercicios diarios. Es un hombre entregado al trabajo duro y Shizune nunca le ha dado una calificación tan alta a otro hombre en la aldea porque definitivamente no hay otro hombre como Gai.
— Lo siento, Lady Tsunade, pero no creo que su adicción al ejercicio sea un problema en un noviazgo. ¡En realidad, yo creo que eso es lindo! — Shizune sonríe y gira el rostro para ver a Gai otra vez, observando su sonrisa destellante que a Shizune no le molestaría ver en su cama cada mañana.
— No seas tan ingenua, niña — Tsunade bufa y angosta los parpados en ese gesto gruñón y amargado que últimamente hace hacia todo el mundo. — Puede parecer que es perfecto, pero estás olvidando la parte más importante en una relación.
— ¿El amor? — Shizune pregunta y parpadea con ilusión, algo que inmediatamente se desvanece cuando su tía vuelve a abrir la boca.
— El sexo.
Tsunade sonríe con perversión y la mira con arrogancia y sabiduría, algo que inmediatamente la pone nerviosa y la hace sonrojar porque Shizune no tiene experiencia en nada de eso y en realidad no tiene idea de cómo asumir cosas sexuales de sus compañeros y amigos.
— ¿Quieres decir que Gai... probablemente es malo en la cama o algo así? — Shizune se sonroja mucho y cubre su rostro con el cuerpo de Tonton, bastante abochornada solo con pensar en su viejo amigo en una situación calurosa e íntima.
— No en realidad — Tsunade tararea como si Gai estuviera sobre el promedio, lo que honestamente tendría sentido por su intensidad y su destreza física. — Pero, ¿has pensado lo que diría en la cama?
Tsunade afila los ojos y la mira de una forma completamente seria, como si estuviera absolutamente segura de lo que va a decir por qué ya lo ha fantaseado muchas veces.
— Sin duda, Gai contaría en voz alta el número de embestidas que te está dando.
Shizune jadea con impresión y horror ante sus palabras porque obviamente no había pensado en eso y porque justo en ese instante su cerebro comienza a pensar en un escenario muy gráfico que de alguna manera puede imaginar fácilmente.
"¡Daré mil flexiones sobre ti, Shizu-chan, así que espero que estés lista!"
— ¡Dios, qué horror! — Shizune niega y se aferra a Tonton como si quisiera escapar de sus propios pensamientos. Un discurso así a mitad de la intimidad definitivamente no es nada sexy y nada saludable para una persona que no está loca por el ejercicio como él.
— Aunque probablemente la peor parte serían sus retos autoimpuestos — Tsunade chasquea la lengua y vuelve a mirar a Gai. — El tipo está tan loco que estoy segura de que tomaría el sexo como ejercicio adicional a su rutina, y por lo tanto, obviamente aplicaría las mismas reglas.
Shizune pasa saliva, pensando en las rutinas exhaustivas de Gai y en el hecho de que siempre sale con una tontería extra que solo incrementa sus posibilidades de ser un demente.
"¡Te haré venir diez veces en una hora, Shizu-chan, y si no puedo, entonces daré mil vueltas a la aldea con los ojos cerrados usando solo mis dedos meñiques!"
Shizune chilla por el horror de imaginar una situación tan surrealista y luego un escalofrío la hace tambalearse y alejarse del ventanal, incapaz de seguir mirando a su amigo sin que ahora piense que está completamente loco.
— Yo... ¡creo que he reconsiderado mi calificación, Lady Tsunade! — Shizune dice a toda prisa y se encoge como si ahora tuviera miedo de que Gai salte hacia la Torre Hokage para hacer un desafío sexual con ella. — Yo... ¡le doy un seis!
— Uh, eres valiente para darle una calificación tan alta — Tsunade chasquea la lengua y luego mira a Shizune con el mismo rostro lleno de experiencia. — Yo le doy un cero.
Shizune jadea con incredulidad porque esa es la peor calificación que Lady Tsunade le ha dado a alguien y porque cree que Gai no merece eso.
— Pero, Lady Tsunade...
— Si soy honesta contigo, Shizu, prefiero que me sean infiel a que me digan que haremos el amor parados de manos solo porque sería un gran desafío — Tsunade se encoge de hombros y gira la mirada hacia Gai. — Pero si tú eres lo suficientemente valiente para acostarte con él, tienes que contármelo todo.
Lady Tsunade comienza a reír como si ese escenario fuera muy divertido, algo que la hace sonrojarse y asomarse nuevamente por el ventanal, sintiéndose extremadamente incómoda cuando Gai se da cuenta de sus miradas y levanta el rostro, saludándolas efusivamente.
— No, definitivamente no podría — Shizune suspira hondo, respondiendo el saludo de su amigo incluso si solo puede imaginarlo diciendo cosas raras en la cama.
[...]
El sonido de la puerta abriéndose lo hace levantar el rostro y mirar ansiosamente el pasillo, tan nervioso como cada vez que su amigo regresa de sus entrenamientos para hacer "su revisión".
— ¡Kakashi! — Gai grita con muchos ánimos y camina casualmente hacia el sofá en el que Kakashi está sentado, tan familiarizado y acostumbrado a su apartamento como si vinieran juntos. — ¡El clima es precioso afuera, pero definitivamente prefiero la frescura revitalizante de tu casa!
Gai suspira muy hondo y sonríe con más alegría y emoción, siempre feliz de ver a Kakashi tanto como siempre está feliz de ayudarlo y apoyarlo incluso si se trata de esta clase de cosas, algo muy vergonzoso considerando que Kakashi es un hombre adulto.
— Mhn, sí — Kakashi carraspea y se encoge contra los cojines como si quisiera hacer espacio para Gai incluso si el resto del largo sofá está vacío.
Pero Kakashi conoce muy bien a su amigo y, justo como lo pensó, Gai se sienta muy cerca de él, chocando su enorme muslo contra su pierna en un toque que lo pone aún más emocionado y nervioso.
— Bueno, veo que estás listo, Rival — Gai dice con la voz modulada y gruesa, tan suave e íntima que Kakashi no puede mirarlo a los ojos y solo se queda quieto cuando Gai se inclina hacia él.
Su aliento fresco agita su cabello y sus gruesas y cálidas manos tocan su rostro, y luego... luego Gai revisa su cuello y sus hombros, palpando sus músculos antes de suspirar y sonreír.
— ¡Bien hecho, Rival! — Gai dice con mucho entusiasmo y guiña un ojo. — La inflamación en tu cuello disminuyó considerablemente, ¡me alegra que hayas estado tomando el desinflamante que te di y que realmente hayas disminuido la tensión en tus hombros justo como te dije! ¡Aunque todavía creo que lo mejor para tu salud es ir con un médico!
— Maa, maa, ya te dije que no quiero oír los regaños de Lady Tsunade, por eso te pedí que me ayudaras a cuidar mi lesión— Kakashi tararea y pone un rostro cansado, honestamente harto de la forma en la que la honorable Quinta no deja de regañarlo por ser imprudente y por llevar su cuerpo más allá de su límite. — Además, me siento mejor y más tranquilo haciendo lo que tú me dices.
Su comentario es natural y automático, algo que honestamente siente porque, incluso si Lady Tsunade es la mejor médico de todo el mundo, Gai conoce su cuerpo más que nadie. Gai siempre lo ha ayudado a sanar. Y, a veces, parece que solo él puede ayudarlo incluso si Kakashi debería poder cuidarse él solo.
Sin embargo, Gai siempre ha tenido ese poder sobre él y Kakashi asiente a sus propias palabras antes de recargarse en el respaldo del sofá, listo para comenzar a hablar de otra cosa con la intención de apaciguar sus nervios y para alejar los pensamientos raros que últimamente inundan su cabeza.
Lamentablemente, antes de que pueda decir cualquier cosa, la enorme mano de Gai vuelve a sujetar su rostro, levantando su barbilla con el pulgar en un movimiento tan firme y autoritario que Kakashi no puede resistirse y simplemente lo mira con un gesto lleno de expectación.
— Me gusta cuando me obedeces, Kakashi— Gai dice con la voz grave, como un rugido, como un animal hambriento, algo tan íntimo y sensual que cada hueso en el interior de Kakashi tiembla como dos barras de metal golpeándose una con la otra.
Y claro, no sabe si la intención de Gai es provocarlo, no sabe si de verdad está hablando en doble sentido o si simplemente esa es la forma en la que Gai le habla normalmente a las personas cuando están a solas.
Pero cuando los oídos de Kakashi escuchan esa voz, no puede evitar fantasear, no puede evitar pensar en lo bien que Gai se escucharía en la cama.
"Solo quédate quieto y deja tu cuerpo en mis manos, Kakashi, confía en mí."
Un escalofrío lleno de excitación recorre su cuerpo, haciéndolo sudar y jadear, temblando tanto que ni siquiera podría tener la capacidad de ponerse de pie ahora mismo.
— Te has portado muy bien — Gai tararea con aprobación y se inclina un poco más hacia su rostro. — Eres un buen chico.
Debajo de la máscara, Kakashi se sonroja al límite y se muerde el labio inferior, sosteniendo la respiración para no gemir y salivando tanto que necesita pasar saliva para no ahogarse.
Gai tiene una voz hipnotizante, e incluso si la mayoría del tiempo habla de forma entusiasta y feliz, esa potencia sensual está ahí todo el tiempo. Solo un tonto no lo notaría. Solo un sordo no se daría cuenta del modo en el que Gai siempre eleva exageradamente su voz para ser amable o para resaltar sus emociones.
Solo alguien que tiene mal gusto no notaría el timbre áspero y animal detrás de cada una de sus palabras, solo alguien que no lo conoce no notaría el hecho de que Gai lo oculta a propósito, de que todo el tiempo dice más de lo que necesita decir adrede, de que en la intimidad sabría perfectamente qué palabras usar porque no hay duda de que es un maestro del lenguaje verbal y corporal. De que lo sería siempre, en todo sentido.
Pero Kakashi cree que sin duda todo el mundo lo ha notado. Quizá, incluso él es el último en darse cuenta del tono cautivador que usa en la privacidad más íntima. De su erotismo nato. Del coqueteo sucio en cada una de sus frases. De lo increíblemente bien que sonaría gimiendo y gruñendo durante su éxtasis. De lo habilidoso que sería al provocar un orgasmo solo con hablar.
Y claro, eso lo hace volver a su fantasía, esa que últimamente lo hace perder la cabeza y lo deja sin aire cada vez Gai está a su alrededor.
"Lo estás haciendo bien, Kakashi, solo resiste un poco más. Eso es, buen chico."
Kakashi jadea muy bajo, abriendo la boca para poder respirar mejor justo cuando Gai angosta los parpados y lo observa con tanta intensidad que por un momento Kakashi casi espera que lo haga, que continúe, que le enseñe todas las cosas increíbles que podría susurrarle al oído durante la desnudez.
Sin embargo, Gai solo guiña un ojo y acaricia tiernamente su mentón antes de soltarlo y apartar la mirada.
— ¡Por cierto, Rival, hoy me pasaron algunas cosas increíblemente particulares! — Gai grita con emoción y luego comienza a contarle su día, hablándole con esa voz intensa, pasional, sensual, sucia, tierna, delicada, amorosa, atrevida, pervertida, animal, carnal, erótica e increíblemente seductora.
Esa voz que Kakashi no puede dejar de imaginar en la cama.
Esa voz que Kakashi no puede esperar a oírla en su cama.
