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and this love came back to me

Summary:

Podía ocultarle tantas cosas, pero el brillo en sus ojos le delataba. Y él era débil ante eso.
Álvaro necesita la ayuda de Paul. Paul es incapaz de decir que no.

Notes:

¡Hola! ¡Dios que vergüenza!

Llevo toda la edición queriendo escribir sobre mis dos favs y por fin lo hago. No sé cuanto alargaré esto, ni si va a gustar, ni si voy a ser capaz de continuarlo. Pero aquí está.

Un beso <3

Chapter 1: Open up the door and say “Are you insane?”

Chapter Text

Unos maullidos rompieron el silencio que reinaba en aquel apartamento. Paul despertó poco a poco, acostumbrándose a la luz que entraba por la ventana. Cuando sus ojos ya se habían adaptado, vieron frente a él un esbelto gato negro con unos brillantes ojos amarillos que le devolvía la mirada. Paul sonrió mientras acariciaba la cabeza del felino.

- Buenos días, Pato. - el nombrado volvió a maullar en modo de respuesta.

Se estiró antes de levantarse de la cama. Se puso sus gafas y miro a su alrededor en busca de sus zapatillas. Pato se colocó en el reposo frente a la ventana abierta. Levantó una de sus patas delanteras y comenzó a lamerla con cuidado, como si estuviera dedicando un momento especial a su aseo matutino. Paul rebuscó entre su armario y se colocó la primera camiseta que alcanzó. Aquella había sido una noche especialmente calurosa que le había hecho prescindir de alguna que otra prenda de ropa. Tras colocarse la camiseta, volvió su vista al felino que había abandonado su tarea de acicalarse y ahora miraba fijamente a la ventana de enfrente. Paul desvió también su vista a ese punto.

Después de estar unos segundos buscando algún indicio de movimiento, desistió. Era demasiado temprano para que en el piso de enfrente hubiera movimiento. Se giró para salir de la habitación.

-¡Vamos a desayunar! - El felino desistió al igual que su amo y le siguió por el pasillo directo a la cocina.

Paul decidió primero prepara el bol de pienso del gato, para seguidamente ponerse con su desayuno. Puso en la tostadora un par de rebanadas de pan, mientras s’acaba algo de embutido de la nevera y dejaba el brick de zumo de naranja en la encimera. Pato mientras se entretuvo devorando el cuenco de pienso.

Se dejó caer en el sofá para poder degustar lo que había preparado. Al sentarse, noto que lo había hecho sobre algo. Su teléfono móvil. Después de que anoche casi se quedara dormido viendo una película, había olvidado por completo que lo había dejado ahí. Por suerte aún tenía algo de batería. Miro sus mensajes. El grupo con sus amigos había estado muy activo la pasada noche. Lo miro por encima, no hablaban de nada relevante, más de que esta noche tenían planeado quedar para cenar y salir de fiesta.

Paul dio los buenos días al grupo, mientras aceptaba la oferta de salir a cenar y rechazaba la idea de salir de fiesta. No es que le disgustara salir, pero no le apetecía mucho. No tardaron las repuestas en aparecer. Naiara fue la primera que, tras devolverle el saludo, le insinuó que no iba a aceptar un no por respuesta a su plan. Lucas y Alex apoyaron a la chica. Paul se río. Dio el último bocado y se despidió del grupo dejando caer que a lo mejor se lo pensaba.

Dejo el plato dentro del lavavajillas y miro el reloj que se encontraba en la estantería de la cocina, aún tenía tiempo antes de entrar a trabajar. Se encaminó directo al baño para darse una refrescante ducha. Cuando acabo se encaminó con una toalla rodeando su cintura hacia su habitación. Pato en ese rato había vuelto a la repisa de la ventana. Paul por inercia miro de nuevo hacia la ventana de enfrente. Seguía sin haber signos de vida.

Se vistió con una camisa blanca y un pantalón negro, sé peino y perfumo. Pillo las llaves y su móvil. Se despidió del felino antes de salir por la puerta directo a trabajar.

Paul trabaja en una cafetería a pocas calles de su piso. No era el trabajo de sus sueños, pero le permitía ganar el suficiente dinero para vivir. Cuando llego al establecimiento, ya se había formado una cola de gente fuera, esperando poder hacer su pedido. El acento británico característico de su compañera le recibió nada más poner un pie dentro.

- Good Morning Paul!

Chiara, o Kiki como la llamaban sus amigos, le sonrió mientras acaba de preparar las cafeteras. Paul le sonrió de vuelta lanzándole un beso desde la distancia.

-¿Preparada para un nuevo día en este apasionante trabajo? - Dijo Paul mientras se colocaba su delantal.

-Of course! - le contestó la joven alegremente - Aunque tengo que pedirte un favor - el tono en su voz había cambiado por completo.

-¿Qué ocurre? - Paul le miro expectante. Llevaba ya un tiempo trabajando con ella para saber que si tenía que pedirle algo, era porque realmente era importante.

-Sé que hoy es tu tarde libre y seguramente ya tengas planes, pero unos amigos han organizado una cena para anunciarnos algo y de verdad que me gustaría poder llegar a tiempo. Sé que es muy egoísta pedirte que me cambies el turno, pero me harías un favor enorme.

-Lo haré

-¿En serio? De verdad que si no puedes, no pasa nada, pero …

-Kiki, tranquila - interrumpió Paul antes de que pudiera seguir su discurso. - No tenía nada planeado para hoy, así que no tengo ningún problema en cambiarte el turno.

Paul mentía. Bueno, no es que tuviera ningún plan con nadie, pero sí que quería dedicarse la tarde para sí mismo. Dedicarla a recorrer las calles de la ciudad mirando tiendas de segunda mano en busca de películas que añadir a su colección. Pero no es como si no pudiera ir otro día.
Kiki daba saltos de alegría tras la barra mientras no dejaba de agradecerle y prometiéndole que le devolvería el favor. Paul giró el cartel de la cafetería, dejando leer a los clientes que por fin habían abierto sus puertas. Un día más empezaba.

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Era tarde cuando Paul acababa de salir por la puerta. No se imaginaba la cantidad de trabajo que iban a tener. La cafetería era pequeña, no es que pudiera acoger a muchos clientes, pero a la gente le gustaba el sitio. Era muy acogedora. El punto ideal para ir a coger fuerzas para afrontar el día o para pararse a descansar después de una larga jornada laboral.

Miro su teléfono, tenía un montón de mensajes sin leer de su grupo de amigos hablando del plan de la noche. Además de otros de Kiki, agradeciéndole una vez más el favor que le hacía y diciéndole que mañana tenía fiesta, que ya lo había hablado con Cris. Cuando llegó a su portal una llamada hizo sonar su teléfono. Era Naiara. Paul iba a saludarla, pero la maña no le dejo hablar.

-¡PAUL TU TE VIENES CON NOSOTROS DE FIESTA Y NO ACEPTO UN NO COMO RESPUESTA!

-Hola a ti también Nai, estoy genial, gracias por preocuparte por mí ¿Tú qué tal estás? - dijo sarcásticamente mientras se adentraba dentro de su edificio. - No me apetece mucho la verdad, estoy muy cansado.

- ¿No habrás vuelto a cambiarle el turno a tu compañera? - el silencio le delataba. - Paul, tienes que dejar de ser tan majo con todo el mundo y pensar un poco en tus prioridades.

-No pasa nada de verdad, no me molesta ayudar a los demás. - Naiara resoplo al otro lado del teléfono.- Gracias por preocuparte siempre de mí.

-¿Al menos vendrás a cenar?

-Puedes contar conmigo

-¡Perfecto! Te recojo en 20 minutos en la puerta de tu casa - exclamo emocionada la maña antes de colgar. Paul sonrió mientras entraba en casa.

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La cena se había alargado más de lo que le hubiera gustado. Hacía bastante que no se reunían los cinco. Su mesita uno. Había que aprovechar cada minuto. Las risas no faltaron y Paul llegó a casa más tarde de lo que había querido. Se dejó caer en el sofá, Pato salto sobre él reclamando atención. El moreno se durmió mientras acariciaba al felino que se había dormido en su pecho.
El fuerte ruido del timbre le despertó de golpe a ambos. Paul miró al reloj. Quien en su sano juicio llamaba a la puerta de alguien a las cuatro de la mañana. El timbre volvió a sonar. Aún medio dormido se acercó a abrir la puerta. Se despertó de golpe cuando unos brazos le rodearon los hombros abrazándole. El olor a perfume mezclado con el aroma del tabaco y alcohol inundo sus fosas nasales. Paul no entendía nada.

-Pero si es mi maravilloso novio.- El sujeto en cuestión hablo. Su tono de voz sonaba embriagado.- Perdón si te he despertado

-¿Álvaro?