Chapter Text
La lluvia caía con fuerzas una noche en la ciudad de Shibuya. Era sonora por cada parte de la urbe, ya vacía.
Las calles ya no eran transitadas por ninguna persona, por el clima y por ser ya las altas horas de la noche. A excepción de dos hombres vestidos de trajes elegantes. Pero uno de ellos llevaba sus prendas sucias y parte de ellas desgarradas, cuyo motivo fue que lo golpearon y quemaron parte de su rostro.
Unos tipos lo tenía; lo estaban torturando. Afortunadamente este logro escapar de ellos y huyo; Sin embargo, solo uno le dió alcance.
Vaya que aún después de recibir esa acción de sufrimiento y dolor podía correr.
El rostro de aquel hombre no es reconocible, parte del lado izquierdo estaba quemada en su totalidad, la otra parte tenía una que otra quemadura de segundo grado.
Más que corría y corría con todas las fuerzas que aún le quedaban, el hombre que lo seguía lograba dar con su ubicación, a pesar que se escondía, era encontrado.
La respiración del hombre del rostro quemado era ya agitada, subía y baja rápido su pecho al intentar respirar correctamente, pero eso le era imposible porque no se daba unos minutos para detenerse y descansar. Sus piernas le dolían de tanto correr, sentía que muy pronto se debilitarían y caería al pavimento mojado. Y eso pasó, sus extremidades le temblaban que resbalo y azoto contra el suelo, intento levantarse, pero sus brazos perdieron fuerzas y volvió a caer al suelo. Ya no tenía escapatoria.
Jadeos y quejidos salían de su boca, quería recuperar la respiración, además los otros sonidos que producía eran por los fuertes dolores que ya no soportaba en su cuerpo.
Comenzo arrastrarse en el suelo con los brazos temblandole. Sus intentos por escapar fueron frustrados por el fuerte impacto de un pie que se le puso encima de la espalda. Aquel hombre solto un quejido de dolor por ese acto contra él.
— ¿A dónde crees que vas, Kisaki?. — habló el hombre, presionó más la espalda contraria, dejando inmóvil al anterior nombrado — Tienes que pagar tu deuda por traicionar al líder. — su voz se escucha seria, pero amenazadora para Kisaki. Él hombre sacó una pistola y apuntó dirección a la cabeza del contrario que volteó de reojo — Sabías lo que les pasa a los traidores y aún así decidiste traicionar a la organización. Si que tenías agallas. — el hombre que permanecía contra su voluntad en el suelo, con una expresión de terror miraba al que lo apuntaba con esa arma de fuego — Muere, maldito traidor.
El hombre jalo del gatillo y disparo contra Kisaki, la cabeza de este cayo de inmediato al suelo. Enseguida la sangre comenzo abandonar su cuerpo.
— Estás son las consecuencias por fallarle a la Tokyo Manji. — no le quitaba la mirada al ya muerto, mientras guardaba su pistola en una funda especial para ese tipo de armas
Así fue como esa noche acabó la vida de Kisaki Tetta, integrante y ahora traidor de la más grande y temida organización criminal: "La Tokyo Manji Gang".
Desde hace años Kisaki trabajaba para esta organización, una poderosa y llena de fortuna. No obstante, parecía ser que no estaba del todo satisfecho con lo que ganaba y los beneficios que tenía estando ahí, así que comenzó a involucrarse con las otras mafias: "Tenjiku", "Con los hermanos Haitani de Roppongi" y "Valhalla", las siguientes tres grandes organizaciones reconocidas del país.
A cada organización les brindaba su ayuda en las mercancías ilegales: Drogas y Armas. También con los negocios turbios: Lavado de dinero, asesinatos, trata de personas, venta de drogas y armas, fraudes, entre más cosas.
Todo esos servicios eran a cambio de grandes cantidades de dinero, su avaricia era muy grande que llegó a meterse con mafias las cuales no pertenecía, decidiendo traicionar a cada una, ya que también vendía información sobre los movimientos que hacían, las vendía con los contrarios, algo que estos no sospechaba, hasta ahora.
Nunca se puso a pensar sobre que pasaría si una o todas las organizaciones se enteraban que era un soplon de información, creía que nunca lo descubrían porque cada uno de sus movimientos los elaboraba a la perfección y que calculaba antes de actuar.
No sabe como fue que la Tokyo Manji supo de su traición. Es una duda que ahora se ha llevado a la tumba.
...
Los relámpagos iluminaban las nubes, y el sonido de los truenos eran auditivos para las personas que aún se mantenían despiertas.
En un departamento ubicado casi en el centro de la ciudad, una mujer de cabellos negros largos, de ojos color azules como el mar, permanecía sentada en un sillón. Una expresión de preocupación en su rostro se podía visualizar al instante. Aunque intentara dormir no podía, ¿Cuál era el motivo? resulta que esa mujer de nombre Takemichi Hanagaki, es la esposa de Kisaki, este le dijo que volvería antes del atardecer, sin imaginarse que ya no regresaría a su hogar, con su dulce esposa.
Un matrimonio de dos años se ha ido al carajo por la ambición del hombre. Solo queda esperar que la pelinegra reciba la noticia que su esposo murió.
— ¿Por qué tardas tanto?. — se susurró en pregunta así misma, con su voz confundida, pero a la vez con preocupación. Algo dentro de ella le decía que nada estaba bien, sentía como la angustia comprimía su pecho, provocandole incomodidad
Takemichi aún sentada en ese mueble acolchonado, de asientos de piel, miro hacia la ventana, podía notar el brillo de los relámpagos y como aún continuaba la lluvia.
Se acomodó más en el sillón quedando casi echa bolita, mientras que, con una cobija se cubría su cuerpo al sentir un poco de frío.
Le era muy extraño que Kisaki aún no regresara, él siempre cumple con su palabra, no le ha fallado.
Solo espera que el pelicastaño de ojos morados se encuentre bien.
…
A la mañana siguiente, Takemichi casi no pudo descansar lo que debía, estaba esperando la llegada de su esposo, solo se daba pocos recesos para dormir, y los demás se quedaba despierta, mirando hacia la puerta de su hogar con las esperanzas que fuera abierta y se dejara ver al hombre.
Después de darse un baño y vestirse, la pelinegra estaba terminando de arreglarse, ya que se iría a trabajar.
Viste un vestido evase con estampado florar, de manga corta, su calzado son unos zapatos slippers de color azul marino. Y peina una coleta, con fleco.
Aproximadamente lleva tres años como educadora de preescolar.
Un oficio que desde pequeña tanto anhelaba lograr y lo consiguió gracias a todos los esfuerzos que hizo.
Aunque no pudo dormir lo necesario, no faltaría a dar sus clases como cada día de la semana lo hace. Espera que logre concentrarse en la escuela, hará el mayor de los esfuerzos. Solo que el pensar dónde pueda estar Kisaki, no se lo podrá quitar de su cabeza.
Takemichi ya llevaba más de veinte veces que le marcaba al número de teléfono de Kisaki, pero no eran contestabas las llamadas, ni siquiera los mensajes que le enviaba a su móvil.
Un suspiro ligero salio de los labios de Takemichi
— "Solo me falta mi bolso para irme." — pensó. Con la mirada buscó su bolso. Cuando lo encontró, lo tomó y se dirigió a la puerta de la vivienda para irse
Al salir del edificio, se encontro con dos conocidos; Hinata Tachibana y Naoto Tachibana.
La pelinegra se sorprendio por ver a los hermanos esperándola afuera. No le era extraño que la pelirosa haya ido, ya que es constante que fuera hasta donde vive para irse juntas. Ambas trabajan como educadoras de preescolar y en la misma escuela. Pero... ¿Por qué está acompañada del azabache?. Además, ¿Por qué tienen esas expresiones de pena mostrándose en sus rostros?. Varias preguntas se hizo, sin encontrar una respuesta.
— Hina-chan, Naoto-kun, ¿Qué hacen aquí?. — preguntó sin quitar su mirada a las dos personas
Los hermanos voltearon su cabeza para mirarse y después volver a ver a Takemichi, quien no comprendía porque ellos dos se comportan extraño.
— ¿Qué pasa?.
— Ah, Take-chan... bueno... — Naoto no sabe que palabras usar para darle la noticia a la pelinegra que su marido; Kisaki, lo hallaron muerto en una calle.
El pelinegro de ojos azules fuerte, es detective de la policía de Shibuya. Él junto algunos compañeros de trabajo, fueron por el cuerpo, después de recibir una llamada que un hombre yacia en el suelo malherido.
Cuando fueron al lugar y levantar el cuerpo, lo llevaron a la morgue para practicarle el examen de autopsia.
Le entregaron la identificación a Naoto, este al saber de quién se trataba, se asombró mucho y no lo podía creer.
Naoto le preocupa la reacción que tendrá Takemichi. Pero aunque no quiera debe de decirle, ya que ella tiene el derecho por ser la esposa de Kisaki.
— Que bueno verte, Naoto-kun. — dijo la pelinegra. El mencionado se sorprendió un poco al escuchar lo que ha dicho la contraria — No sé nada de Kisaki desde anoche y eso me preocupa mucho. — confesó, colocó su mano derecha en su pecho, y expresó en su rostro intranquilidad — Estaba por llamarte a tu teléfono, para pedirte que me ayudarás a buscar a Kisaki.
Naoto espero a que Takemichi dejará de hablar, para él hacerlo.
— De hecho... a eso venía. Se donde está Kisaki. — se mostró severo, tenía que mantenerse así ante la noticia que está por dar
Takemichi se inquieto más.
— Take-chan... debes ser fuerte.
— ¿"Fuerte"?. ¿A qué?. — sentía como el cuerpo le temblaba por los nervios. Algo le decía que no va a recibir una buena noticia. Y está en lo cierto
— Anoche recibimos una llamada en la estación de policía, para informar que se hallaba el cuerpo de un hombre en la calle. Fuimos al lugar, pero cuando llegamos el hombre ya había fallecido. Lo llevaron a la morgue, y me entregaron la identificación para contactar a los familiares... pero... — hizo una pequeña pausa, soltó un suspiro y siguió contándole lo demás a la ojiazul —, resultó ser... resultó ser tu esposo, Take-chan. — informó afligido
La pelinegra quedó estática. Eso no podia ser, Kisaki ¿Muerto? eso es imposible ¿O no?.
— No... Eso... es mentira, ¿Verdad?. Es un mal entendido.
Naoto negó con la cabeza — No es un mal entendido, Take-chan. — expresó pena — Lo siento mucho.
Los ojos de Takemichi se llenaron de lágrimas, su respiración era pesada al sentir un nudo en la garganta. Quedó en shock, intentando asimilar lo dicho, pero era imposible.
Cuando cayo en cuenta, sintió que todo le daba vueltas, perdiendo fuerzas en su cuerpo y estuvo apunto de caer al suelo, pero no pasó al ser sostenida por Naoto.
— Take-chan. — exclamó Hinata con preocupación, acercándose a la ojiazul
— Kisaki murió. — su voz se escucha solloza
Naoto abrazó a Takemichi, trasmitiendole que está con ella, que no la dejara nunca sola. Y ahora más que ha perdido a su pareja.
La pelinegra sintió un gran dolor por la muerte de Kisaki, que ya no pudo contener su llanto y comenzó a llorar con desesperación, aferrandose al azabache.
— Esto no puede estar pasando. Kisaki no pudo haber muerto, no pudo, no pudo. — su voz era entrecortada por el llanto
Hinata, gran amiga de Takemichi, no soporto el no llorar y también lo hizo. No le gusta ver a la ojiazul en ese estado, mucho menos Naoto.
Él desde hace tiempo a sentido algo por Takemichi, pero a mantenido ese secreto muy guardado en su mente y corazón, al notar que no podrá corresponder a los sentimientos y corazón de la chica. Se conforma con tan solo verla feliz, algo que en esos momentos no lo está.
Mientras tanto, en un penthouse.
En la oficina de ese lugar estaba sentado en una silla movible enfrente del escritorio, un hombre de cabellos negros cortos, de ojos color negro, sin ningún brillo en ellos. Tiene un dragón tatuado en la parte izquierda de su cuello. Viste una camisa roja carmesí de manga larga, un chaleco formal, pantalones y corbata de color negro. Calza unos zapatos Derby.
A la oficina entró un hombre de cabellos rosados largos, ojos color azul cielo, con cicatrices en las comisuras de los labios.
Viste igual que el pelinegro, solo que cambia el color de prendas.
El recién llegado se paró frente del hombre de ojos negros e hizo una leve reverencia.
— Terminaron con el trabajo. — habló el pelirosa, con la mirada fija hacia el contrario — Kisaki esta muerto. — informó
— ¿Le sacaron la información que quiero?. — preguntó con seriedad
— No. Él no dijo nada.
El pelinegro enojo porque su orden no se cumplió y con fuerzas azoto su mano derecha contra el escritorio. Eso hizo que el pelirosa se estremeciera y comenzará a sentir miedo.
— ¡Era un trabajo simple de hacer y no pudieron cumplirlo!. — reclamó
— Lo siento, Mikey.
— Tus disculpas no me sirven para nada. ¿Ahora como diablos vamos a recuperar esas cuentas bancarias y la información que ese maldito bastardo nos robó?. — alzó la voz
El hombre de las cicatrices no dijo nada, y agachó un poco la cabeza.
— Quiero todo lo que les he ordenado, de lo contrario... iré matando uno por uno de los estúpidos que les encargue hacer el trabajo. Eso te incluye a ti Sanzu. — sentenció Mikey
El mencionado se sobresalto y trago grueso, al sentir los nervios de punta.
— L-Lo que órdenes, Mikey.
El ojinegro estiró su brazo hacia el lado izquierdo, tomó una copa de alcohol y bebió de la bebida.
Ya no dijo nada el pelirosa y salió de la oficina, dejando de nuevo sólo al hombre de ojos negros, pero con un semblante que si tuviera a todos los que fracasaron con la orden que dió, los asesinaría sin tener piedad.
Pasaba del medio día, Takemichi se encontraba sentada en una silla en la sala de espera del hospital.
Naoto la llevo allá para que reconocería el cuerpo de su pareja, también para que firmara los papeles de defunción y por último, recoger los restos del hombre. Ahora solo se mantenía hay sentada a la espera del azabache.
Hinata no se encontraba al ir por comida para la ojiazul.
Naoto se dirigió hasta donde está Takemichi. Al llegar a ella, se sento a su lado.
— En unos momentos nos entregarán el cuerpo de Kisaki. — informó. Takemichi solo mantenía la mirada hacia abajo
— Aún no puedo aceptar esto. — confesó. Apretó sus puños sobre su vestido, intentando contener sus lágrimas y sollozos — Ese hombre no puede ser Kisaki.
— Puede que no se reconozca en su totalidad porque la mayor parte de su rostro se encuentra quemado. — dijo Naoto
Cuando entro a reconocer el cuerpo, Takemichi decía y repetía que ese no era Kisaki, que no se parecía en lo absoluto.
Naoto le contestaba que era imposible reconocerle por todas esas quemaduras. Además de realizarle la autopsia, le practicaron una examen de ADN para dar una respuesta segura, eso lo hicieron antes de darle la noticia a la pelinegra. No solo los resultados de los exámenes lo confirmaba, también las pertenencias que llevaba con él, en el momento que fue asesinado.
Takemichi solo estaba callada.
— Ya se abrió una carpeta de investigación. Daremos con los responsables de su muerte. — prometió Naoto
No se llevaba bien con el difunto, pero si hacia todo eso era solo por Takemichi.
— Muchas gracias, Naoto-kun. — la pelinegra miro al contrario y le sonrió, pero su expresión está decaída
El azabache se acercó a la ojiazul y la abrazó.
— No agradezcas nada, Take-chan, sabes que yo siempre me mantendré a tu lado, y ahora lo estaré más. — confesó, dándole un delicado abrazo a la contraria
A la sala de espera llegó Hinata con sandwich y café para Takemichi, encontrándose con ese abrazó que le está dando Naoto.
La pelirosa sabe de ese amor secreto que tiene su hermano hacia la ojiazul, ya que lo ha visto por las acciones y el cómo habla de ella. Además, Naoto se lo confesó, pero Hinata le dijo que Takemichi era una mujer casada, que eso lo tenía que aceptar y respetar.
— Aquí tienes Take-chan. — dijo Hinata, obteniendo la atención de ambas personas, que se dejaron de abrazar
La mujer de ojos azules miró a su amiga, mientras que está le entregaba lo que le llevo.
— Gracias, Hina-chan. Pero no tengo hambre.
— Debes comer un poco, sino enfermaras por no alimentarte.
— Tiene razón mi hermana, Take-chan. Come un poco, por favor. — pidió Naoto
Solto un suspiro Takemichi, y solo asintió.
— Ah, Take-chan... — la mujer de cabellos rosados llamo a la ojiazul —, me tomé el atrevimiento de llamarle a Koko-kun e Inupi-kun.
— ¿Por qué lo hiciste?. — preguntó Takemichi, en tono de sorpresa
— Fue decisión de los dos. — dijo el azabache
— No quisiera molestarlos. Deben estar demasiado ocupados con sus negocios.
— Los chicos me dijeron que cualquier cosa que esté relacionado contigo les avisara.
Los dos hombres mencionados son conocidos de Takemichi, Hinata y Naoto, son amigos de estos últimos, porque para la ojiazul son como sus hermanos mayores.
— Me dijeron que probablemente lleguen mañana o hasta pasado. — avisó Hinata
— Está bien. — es lo único que dijo la ojiazul
Ahora pasando en un edificio, Sanzu estaba sentado en un sillón, esperando por la información que le ha encargado a uno de los integrantes de la ToMan; Mitsuya Takashi, uno de los amigos del líder de la organización.
— Estás tardando demasiado. — bufo el pelirosa, mientras tiene los brazos cruzados
— Solo espera un poco más, pronto tendré la información de ese traidor. — pidió e informó el peliplata de cabellos largos y de ojos morados, quien está sentado frente a una computadora. El hombre es experto en buscar información de cualquier persona. Ahora está buscando informes sobre la vida que llevaba Kisaki Tetta, hasta que dió con lo que quería — Está listo. — avisó
Sanzu se levantó del sillón y se acercó hasta donde está Mitsuya, aún con los brazos cruzados.
— Que bueno. Por un momento pensé que fallarias en esto. — comentó el hombre, eso provocó irritación para el peliplata, que decidió no decir nada, para evitar que se pelearán — Ahora necesito que imprimas cada una de la hojas dónde está la información de ese maldito.
— Lo haré. Pero... ¿Por qué te urge la información de Kisaki?. — preguntó con curiosidad. Sanzu no le dijo el porque necesita esos datos, simplemente le pidió que los buscará, que diera con el más mínimo detalle
— Es para salvar mi pellejo. Me vale una mierda la de los demás, pero mi vida está en juego sino doy con esos documentos y cuentas bancarias que ese infeliz nos robó. — Sanzu tiene temor por lo que le puede hacer Manjiro — Leeré cada párrafo hasta dar con algún pista que lleve hasta lo que necesito. Le informaré a Mikey para que el actúe como el quería. — comentó, bajando sus brazos
Mientras Sanzu le explicaba a Mitsuya lo que tiene como plan, este imprimió la información.
— Aquí tienes. — Mitsuya tomó las hojas y se las entregó al contrario — Espero que puedas encontrar algo valioso para salvar tu pellejo, sino, me dió mucho gusto conocerte y trabajar a tu lado. — bromeó, pero eso no le hizo gracia al pelirosa
— Pudrete, idiota. — gruño
Sanzu comenzó a leer esa información. Y lo hizo como lo dijo, leyó cada uno de los párrafos. Hasta que uno llamo su atención y siguió leyendo.
— ¿Kisaki estaba casado?. — preguntó confundido
— Eso no lo sé. Él era muy reservado en su vida personal.
— ¡Claro!. — exclamó
— ¿Qué?. — Mitsuya no entiende porque el hombre reacción así
— Ahora entiendo porque Kisaki no abrió la boca, es porque estaba protegiendo de esta mujer, porque ella sabe de los documentos y las cuentas bancarias. Por supuesto. — llegó a una errónea conclusión
— ¿Y crees que esa mujer este involucrada con Kisaki?. — preguntó teniendo duda
— Claro que debe estar involucrada, es la esposa de ese traidor. — afirmó Sanzu — Le informaré a Mikey. Él que tome cartas en este asunto y yo estaré a su lado para apoyarlo. Pero por mi parte la torturaria primero, hasta que me diga dónde están los documentos y las cuentas bancarias, la dejaré de tortura, pero para enseguida matarla.
Mitsuya con un poco de sorpresa veía a Sanzu. Este se dirigió a la puerta, para salir e ir otra vez con Manjiro.
— ¡Oye, espera un momento!. — exigió el peliplata, y el contrario lo volteó a ver — Espero que me pagues por este favor que te hice. Te he salvado la vida, Sanzu.
El mencionado sonrió burlón y le enseñó el dedo medio al presente.
— Aquí está tu paga. — sin más, salió de la habitación, dejando a Mitsuya sorprendido
— ¡Tragatelo, maldito drogadicto!. — le gritó
Sanzu va dispuesto a darle esa información a Mikey. Pero está seguro que el ojinegro acabará con la vida de aquella mujer.
