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Make a Wish SL

Summary:

"¡Make a Wish, donde los sueños se hacen realidad!" Bueno, aquel era un buen eslogan. Komi creía que era el mejor y a Sarukui le parecía un poco falso, pero Konoha solo podía pensar en que todo aquel dinero iría para su universidad. Y una vez puestos a cumplir los deseos de todo el mundo ¿por qué no cumplir los suyos propios? Konoha desea una novia que no le deje, Sarukui olvidarse de Komi y Komi... Komi comprender sus propios sentimientos, tal vez sería suficiente, aunque él sea más ambicioso.

Notes:

Llevo pensando en este desastre mucho tiempo, pero hay gente que dice que es una obra de arte. Seguramente sea muy largo y no sé cuándo se hará update. Pero bueno, es un SaruKomi. Y mil ships más porque no sé. Es muy probable que salgan muchos Ocs, porque les he dado forma al entorno familiar de los personajes, y si ya salen ellos poco en Haikyuu imagínate la familia.
Evidentemente está relacionado con La princesa y los cinco sapos, El Culto a la Marihuana y Hanako-san, Hanako-san, cúmpleme mi deseo (este último es posterior a esta historia). No hace falta leerlos, pero dan contexto de alguna cosa y también hay puns relacionados. Esta era la única historia que iba a existir en un principio pero me enrollé cual persiana en el AU.
En fin, no sé, a mí lo que me gusta es ser una piedra. Disculpa los posibles typos.

(See the end of the work for other works inspired by this one.)

Chapter Text

A Komi Haruki el tonto de Kuroo Tetsuro le gustaba tanto como la sopa hirviendo en pleno mes de julio. Es decir cero mil cero cientos cero. Pero si Komi valoraba algo en la gente, era la astucia y podía decir que Kuroo, detrás de sus tonterías y risas de vieja encurtida con intención de impresionar, en realidad algo de astuto si tenía.

Y es que Make a wish SL, se había iniciado como una empresa escolar gracias a una idea de aquel imbécil que a Komi no acaba de convencerle. Todo se inició como un puestecillo de típico de los festivales de verano, pero se acabó convirtiendo en una forma de ingresos casi pasivos para Komi. Y es que si podía dejar que otros trabajaran para él…

Sarukui evidentemente, desconocía que la idea original era de Kuroo. Porque de bien era sabido que prefería comer cristales a aguantar el gilipollismo de Kuroo…Y el amor era mutuo. Aunque todo podía radicar en que siempre acababan discutiendo. Konoha tenía la firme convicción, de que un día Sarukui besaría a Kuroo y acabaría comiéndole la polla en un armario, pero como a Konoha no le gustaban los hombres solía no pensar en ello. Lo más irónico del asunto, era como ambos gritaban “no homo, no homo” como si aquello les hiciera parecer menos homosexuales. Y por lo menos en el caso de Konoha Akinori aquello escondía algo de verdad, pero no era igual para Sarukui.

Todo surgió en una hora de la comida en una conversación entre Kuroo y Konoha.

— No, pero yo pagaría porque alguien que consiguiera que Tsukishima y Kenma se hicieran amigos  — dijo Kuroo entre risas. Había tardado más de tres meses en presentarlos, porque ellos básicamente no querían. Después de aquello, tan solo habían intercambiado un hola y un adiós decepcionando al de tercer año.

—Pero… ¿Cuánto me pagarías? — contestó Konoha pensado en el potencial negocio que podía crear. No podía ser tan difícil, Komi, Sarukui y él se pasaban la vida manipulando a la gente para sacarles lo que quisieran y cotillear. Aquello solo era llevar su especialidad al mundo profesional. Estaba seguro de que sus dos colegas aceptarían el reto y más por dinero, aunque no lo necesitaran —. Yo creo que podríamos hacerlo…

Kuroo se quedó mirando sorprendido pensado en si iba en serio o no.

— A ver, ¿millones de yenes? — dijo al tun tún Kuroo. Konoha le miró de reojo —. Bueno, ¿qué te parece 3.000 yenes?

Y es que Konoha Akinori, acostumbrado a rehusar la ropa de su hermano mayor, hecha jirones, los libros de texto y a veces hasta los bolígrafos, necesitaba tener fe en el mundo capitalista. Un negocio, lo que fuera, que le dejase creer que podía tener un nivel de vida similar a los de sus muchos compañeros de clase.

Su mente organizó rápidamente. Yukie podía hacer la publicidad. Komi era el comercial, podía vender humo con la facilidad con la que se le robaba un caramelo a un niño y la gente le creía capaz de todo por su actuación en los retos de primer curso. Así mismo Sarukui, sociable y observador sabía a quién pedir ayuda, mientras que Konoha tenía el súper poder de hacer mover los números, siendo el contable perfecto.

El caso es que llevaban más de tres meses en el negocio, pero aquel primer encargo seguía pendiente. Tsukishima Kei y Kozume Kenma a lo sumo se daban los buenos días, si estaba nublado, llovía y Kuroo aparecía sin paraguas.

Estaban sentados en el comedor de la casa de Sarukui, pensado en aquel encargo sin encontrar solución posible. La casa estaba vacía, sus hermanas estaban de extra escolares, su madre en la peluquería y su padre trabajando.

— Pues que le cunda, como si me importaran él y el soso de su novio — argumentó Sarukui. Estaba estirado en el sofá, poniéndose las patatas de bolsa en la boca como su fuera un pato y mirando el techo. Estaba asqueado con que estuvieran allí, él quería ver su drama tailandés de lesbianas.

Komi también miraba el drama, le parecía pésimo y necesitaba que la rubia de bote se sacara una teta para creerse la escena. Pero a pesar de que la telenovela era un poco subida de tono, no llegaba a esos puntos. Por lo que finalmente Komi se centró en jugar con la cobaya de Kiyo, una de las hermanas de Sarukui. Parecía muy mona, pero vaya que si mordía la cabrona.

—Son 3.000 yenes y para vosotros significa papel de váter — comentó Konoha suspirando hondo—. Pero es dinero y además publicidad, Kuroo nos puede hundir el negocio.

—Mira, yo no hablo becado — le contestó Komi metiendo el dedo entre las barras de la jaula de la cobaya, haciendo que se aproximara y apartando el dedo justo antes de que le mordiera—. Te has intentado liar con mi hermana, y eso tío, eso sí es hundir una amistad…

—Hitomi es bollera — dijo Sarukui.

— El caso es que lo ha intentado y encima tiene novia, ser pobre te vuelve imbécil se ve — Komi gritó. En su tercer intento metiendo el dedo entre las barras de la jaula la cobaya le había mordido. Su dedo indicie empezó a sangrar y se lo metió en la boca.

—Clasista de mierda — le dijo Konoha molesto.

—Pobre— contestó Komi sin quitarse el dedo de la boca y con tono condescendiente.

— Eres un imbécil de mierda.

— ¡Ah! Creía que nos estábamos describiendo…

Sarukui paró el drama y se les quedó mirando, cansado de que convirtieran su casa en un gallinero.

— ¿Es que no veis que estoy viendo la tele? — se quejó Yamato.

— Mira, es solo hacer el intento, nos pagan igual y si no sale os podéis reír de Kuroo — volvió al tema Konoha. Sabía que tampoco tenía nada que hacer.

— ¿Y qué quieres que hagamos? ¿Los encerramos en un ascensor? Si uno es un tieso y el otro solo quiere jugar al Genshin Impact como un enfermo —. No era que Komi no quisiera hacerlo, que no quería, pero ni siquiera se le ocurría cómo hacerlo.

— A ver, pues es una idea, pero no es del todo muy ético porque si la cagamos igual la palman dentro, y yo no quiero esa mancha en mi expediente…

Komi bufó. El becado quería tener su expediente perfecto, para ir a la Todai y creerse listo. No iba a entrar igual…

— La idea dejó de ser ética cuando le rajamos las ruedas del patinete eléctrico a Hanamaki porque le debía dinero a Matsukawa — argumentó Saru, dejando las patatas a un lado—. Pero tengo un contacto que sabe de ascensores, así que es una opción. 

Aquello le hizo recordar lo mucho que le ponía Matsukawa, al que había decidido hacerle aquel trabajo gratis y había terminado por pagar él la parte de Yukie, Komi y Konoha que se negaban a trabajar solo porque Sarukui fuera un salido. Aunque inmediatamente le dijo que no era porque le gustase, que era porque le caía bien repitiendo su mantra de “No homo, bro” que a Komi le daba la risa floja.

En aquel momento Konoha y Komi, mientras Yamato se evadía pensando en lo mucho que le gustaría comerle la polla a Matsukawa en los baños del instituto, se miraron intensamente para ver cómo podían llevar a cabo el plan. Desde fuera, parecía una telenovela turca de estas eternas que no entiendes cómo o por qué los capítulos duran 3 horas y las temporadas son de 20.000 capítulos.

—Vale, es una idea pésima pero es una idea — dijo finalmente Konoha.

Dicho aquello Sarukui salió del comedor, dejando solos a los demás.

— ¿Se va a llamar a Matsukawa?

— No creo que le contestase— se rió Komi, aunque en el fondo le molestaba la existencia de aquel tío y quizá también fantaseaba con ahogarle en los baños del instituto de un modo nada sexual.

Komi empezó a comerse las patatas de Sarukui y pusieron play a la telenovela esperando que la rubia de bote se sacara la teta. Poco probable, ya, pero siempre quedaba la esperanza.

La verdad, no tenían ni puta idea de que iba el drama, porque solo habían visto como la morena había besado a la rubia de bote y poco más. Pero tampoco es como que Komi viera los dramas por la trama. Normalmente veía los dramas coreanos porque siempre solía salir Suzy o IU y solo por verles la cara. Porque si, los dramas coreanos eran de todo menos explícitos.

— Oye, Konoha, ¿de casualidad no tendrás un fetiche con las hermanas mayores? — preguntó Komi, metiéndose un puñado de patatas en la boca. Ya casi no quedaban en la bolsa, solo las migajas del fondo —. ¡Saru, trae más patatas cuando vuelvas!

Sarukui sacó entonces la cabeza de la cocina, con el móvil pegado a la cara, para tirarle una bolsa nueva de patatas y volver a meterse dentro, sin mediar palabra. Komi cogió las patatas al vuelo y las abrió, negándose a compartir con Konoha.

— ¿A qué coño viene eso? — La indignación de Konoha era evidente en el tono que utilizaba, así como la confusión.

— Es que, estaba pensando. ¿No te intentaste liar con la hermana mayor de Kageyama también? Y cuando saliste con la hermana de Terushima y te llevaste una paliza porque resultaba que ella tenía novio o algo así…. 

— Es que las chavalas del instituto no quieren follar ¿sabes?

La cabeza de Sarukui salió de la puerta de la cocina tapando el teléfono móvil.

— Tampoco follas con las de fuera del instituto, pringao — Le gritó Sarukui recordando la última vez que le contó que llevaba varios meses con Alisa y esta no le dejaba ni tocarla por encima de la ropa.

A Yamato aquello le había pasado con la única chica que había intentado salir, pero como tampoco le interesaba especialmente solo fue triste que le dejara por una cuestión de ego.

—Yo creo que son tus mommy issues — añadió Komi antes de recibir un cojinazo de Konoha, que evidentemente devolvió con intensidad.

Sí quizá tenía un fetiche, pero estaban siendo muy pesados para ser un gay reprimido y un pansexual que no le entraba a nadie porque tenía miedo a desarrollar sentimientos humanos, y además estaba enamorado de Sarukui sin darse puta cuenta.

—Y yo creo que os escapasteis del hospital psiquiátrico…

En aquel momento Sarukui salió de la cocina y se sentó en el sofá, robándole la bolsa de patatas a Komi y echando para atrás la telenovela con el mando a distancia.

—Futakuchi nos hace un apaño el jueves en el ascensor del ala este, a la hora de comer — aclaró Yamato, volviéndose a poner las patatas en forma de pato.

Komi y Konoha se miraron, asustados de darse cuenta de por primera vez en su vida quizá habían compartido una sinapsis neuronal.

— ¿Tú te fías de ese? — arqueó las dejas Komi.

—Me fio de ti, puedo fiarme de cualquiera — Añadió Sarukui.

—Si la lía…— Komi podía imaginarse a Kenma y a Tsukishima muertos en el ascensor. Pero bueno, si era así con un poco de suerte verían a Kuroo llorar­—. Yo llevo a Ken-chan, Akinori te encargas del tieso con el palo en el culo.

Konoha suspiró… siempre le tocaba comer mierda. Aunque siendo sinceros, tampoco le hubiera gustado gestionar el asunto con Kenma.

El rubio suspiraba para sus adentros. Él ponía los precios en aquel negocio, buscaba el punto medio, pero en aquel momento solo podía pensar que no le pagaban lo suficiente.

¿Cómo se suponía que debía influir sobre Tsukishima? Si ni siquiera se conocían más que de vista en la fiesta de Halloween casi, y era casi no porque bebiera en exceso en aquella fiesta. Es que técnicamente habían asistido a muchas más fiestas con la presencia de aquel rubio larguirucho con cara de palo. Necesitaba conectar la neurona con Bokuto, Akaashi o Kuroo. No podía plantarse delante de Tsukishima y meterle en un ascensor a la fuerza.

Parado en el pasillo, Akinori repasaba mentalmente las clases de la clase de Bokuto… Ni idea. Suspiró instantes antes de que el universo le regalara la bella presencia de Akaashi Keiji.

— Akaashi, ¿tienes un momento? Os necesito a Bokuto y a ti — Gritó Konoha mientras cruzaba el pasillo a toda pastilla y casi se caía de bruces. Esperaba que no se lo contara nunca a Sarukui o a Komi o le tocarían la moral el resto de la semana con que no sabía ni caminar.

Akaashi le sujetó antes de que se comiera el suelo. Con su sonrisa cordial gesticuló indicándole que se calmara.

— Bokuto-san va a ser difícil ahora, a los de la Clase 1 les dan tiempo extra en los exámenes. No va a estar libre hasta el segundo descanso — Le recordó Keiji. Y es que cuando la mente de Akinori colapsaba, olvidaba que Bokuto, para según qué cosas, tenía las neuronas justas para no cagarse encima. Especialmente si se trataba de matemáticas —. Pero si quieres tengo tiempo libre ahora.

En cualquier caso, como aquello que te pertenece va a ti de forma natural, la ayuda que Akinori necesitaba estaba frente a sus ojos: Akaashi Keiji.

— Tu eres amigo de Tsukishima y tengo un problema que no sé cómo solucionar con respecto a él.

— ¿Vamos fuera y me lo explicas mejor? — Preguntó Akaashi, señalando desde la ventana lo poco que se veía de unas mesas de picnic que habían colocado hace siglos y ya prácticamente nadie usaba a menos que quisieran chismear. 

El que más frecuentemente las usaba era Tendo Satori cuando se dedicaba a tirar las cartas. Por 1000 yenes, podías saber que debías hacer con respecto a tu crush, por 1500 que iba a pasar en tu futuro próximo y, a veces, por 2000 Tendo se compadecía y te aconsejaba sobre amarres y otros hechizos para aprobar exámenes.

Nunca se manchaba las manos, solo daba la receta y te dejaba morir solo.

Pero lo cierto es que las mesas estaban bastante bien ubicadas, la mayoría las tapaba el gimnasio central del instituto y, el que hubiera tan poca gente que las frecuentara, lo convertía en un lugar bastante tranquilo. Aunque también turbio, para que negarlo.

Así pues, y tras que Konoha comprara un par de latas de la máquina expendedora junto al gimnasio, se sentaron en una de aquellas mesas desgastadas a causa de la temporada de lluvias. No era que a Akinori no le molestara gastar dinero, pero Akaashi y su ayuda lo merecían. Intentaba pensar en que solo eran unas monedas, por más que le doliera.

— Necesito convencer a Tsukishima para que haga algo que tal vez no quiera hacer, pero yo no le conozco y…

—¿Es para el negocio que tienes con Sarukui y Komi? — Preguntó Akaashi sujetando la lata de zumo de coco, pero sin llegar a abrirla. Konoha asintió —. Digamos que el método de Kuroo y Bokuto siempre estaba en retarle a hacer las cosas, pero no de forma directa…

Akinori se dejó caer sobre la mesa.

— Que agotador, no sé por qué hago caso a Komi — pensó en voz alta —. Está bien, gracias te besaría pero a Alisa no le gustaría y en verdad a mí tampoco.

Akaashi arqueó las cejas y se le quedó mirando fijamente.

— No sería la primera vez — dejó la lata de zumo de coco sobre la mesa y se levantó — Tengo unos ejercicios de matemáticas que repasar, intenta no sufrir con tu negocio.

El rubio le miró confundido ¿No sería la primera vez? No sabía que quería decir con aquello.  Él no había besado nunca a nadie después de empezar a salir con Alisa… Que él recordase, y aún no tenía demencia senil.

Bueno, el caso era claro. Debía centrarse en Tsukishima ¿Dónde pasaban el rato los estirados como él? Quien sabía, pero de seguro que no en el ala este para facilitarle el asunto. 

Caminó hasta el aula de la clase uno y esperó a que Bokuto saliera. Estaba llorando a moco tendido, quien sabe si por la emoción de quizá aprobar o simplemente porque era un cateado de primera.

—Oye Bokuto, espero que te haya ido bien — dijo Akinori con un falso interés en el asunto.

Bokuto dibujó una vaga sonrisa, que se amplió cuando el chico le entregó la lata de zumo de coco que Akaashi ni había tocado.

—Me ha ido mal, pero no es como si eso fuera una sorpresa — aclaró abriendo la lata al momento y vaciando su contenido en la boca sin más.

Matsukawa salió del aula y saludó a Konoha, que se hizo el sueco y lo ignoró.

—¿Me ayudarías a llevar a tu amigo el patata frita a la ala este? — dijo pensado en que quizá Bokuto podría hacer la faena por él. Se replanteó en contarle el plan, además que Kotaro no era tan listo como para pedir dinero a cambio, pero era capaz de ser tan bocazas de soltarlo todo. Así pues, cuando menos supiera, mejor.

— ¿A Tsukki? — preguntó Bokuto y se quedó rumiando—. Pero si no es su cumpleaños.

Semi salió de la clase con cara de pocos amigos, tratando también de saludar a Konoha, que literalmente le giró la cara. Era el novio de su hermana, por ende le caía mal porque ya tenía que aguantarlo en casa, sentado en el sofá e intentado manosearla mientras ella decía que quería ver la película.

—Tarado — soltó Konoha cuando lo vio alejarse.

— A mí me cae bien, tiene estilo para vest…— Konoha le puso un dedo en la boca a Bokuto para no dejarle terminar. No le gustaban los novios de Meiko, todos eran unos capullos engreídos. Y él era claramente un clásico sexista que no podía soportar que se acercaran a su hermana, lo asumía.

—Es un gilipollas, pero al asunto — atajó el rubio —. Me vas ayudar con Tsukishima ¿verdad?