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Cuando recibió el correo estuvo a punto de eliminarlo con el resto de publicidad, pero leer el remitente la detuvo. Llevaba meses haciendo pesquisas en la red y círculos referentes a la ortopedia. En esas búsquedas el nombre de aquella asociación “JenTeb” había aparecido con frecuencia siempre con excelentes críticas, pero ella no había querido ahondar porque francamente sonaba demasiado bueno para ser real.
Y no estaba para fraudes.
Especialmente ahora, cuando después de años de lidiar con una osteoporosis que se presentó demasiado temprano, finalmente la desesperación la alcanzaba a medida que sus pasos se volvían más lentos por una cadera dañada.
Tan dañada que la cirugía de reemplazo era completamente necesaria y sin embargo su ejecución era imposible, el desgaste era mucho, sus huesos ya no la sostendrían.
Lunas habían pasado desde la fatídica noticia, aún reacia a caer en resignación, la antigua líder de gimnasio había elegido (cómo toda su vida) el camino de la investigación.
Pero las respuestas no habían cambiado.
En un arrebato, abrió el link de la invitación y se encontró en una página que enumeraba un sin fin de tratamientos con las más novedosas tecnologías, adicional contaba con un apartado de teoría de la medicina y, por si fuera poco, una sección de orígenes históricos y mitológicos de los tratamientos tan detallada que, un estudiante bien podría citarla y referenciarla para su tarea.
Sólo después de leer esta última fue cuando encontró el pequeño botón que anunciaba "invitaciones personales" y al clickear, accedió a una página de fondo color arena (desprovista completamente de la estética del resto del sitio) con solo un box dónde imaginaba, debía escribir el código recibido. Se veía en la necesidad de asumir esto último, porque no había instrucción ni botón alguno más. Solo esa pequeña caja en aquel desierto.
Era extraño, no sólo el link de la mencionada invitación no te llevaba directamente al portal (algo que pensó era un error inicialmente) Si no que, además, estaba en una sección completamente secundaria, ya ni siquiera en la página principal.
Tamborileo un par de veces sobre el mouse, tal vez fuera porque recién había leído sobre los mitos del desierto ancestral dónde había trabajado en un par de proyectos, pero su sentido aventurero bullía.
La analogía podía parecer absurda, sin embargo, para alguien que estaba condenándose paulatinamente a una silla de ruedas (después de haber dedicado cuerpo y alma a la arqueología de campo). Un correo personal no solicitado y una página escondida parecían un misterio digno de explorarse.
Y eso hizo.
Escribió el código y solo entonces apareció un botón que decía "aceptar". Antes siquiera de meditarlo de nuevo, su dedo ya había clickeado.
"GRACIAS"
La palabra era todo cuánto había aparecido y Aloe había contemplado la pantalla decepcionada por al menos 5 minutos, preguntándose si su antivirus sería capaz de detectar y neutralizar los malware que seguramente ya había instalado en la computadora.
Y entonces ocurrió.
Tocaron a la puerta. El sonido fue claro e inusualmente solemne, resonando tanto en la estancia que la hizo brincar de su asiento.
La brusquedad del movimiento le pasó factura inmediatamente, pero ni siquiera el dolor la disuadió de acercarse a la puerta y abrirla. En el umbral le esperaba una joven, en cuanto cruzaron mirada la muchacha realizó una pequeña reverencia.
—Saludos Líder Aloe, es un placer servirla, por favor acompáñeme, su cita en "JenTeb" es ahora.
Pronunció con amabilidad la joven, dejando a la mujer impresionada.
"Sospechoso"
Era de principio la palabra que le describía la situación, pero eso no le restaba ni pisca de emoción. El misterio prevalecía y con ello en mente tomo inmediatamente el morral que usaba cuando salía y estaba preparado con el contenido adecuado para tal efecto.
Corroboró que sus pokebolas estaban completas y garabateo una nota para que cuando Vero volviera supiera a dónde había ido.
En este punto se detuvo.
—Disculpa, exactamente ¿a dónde vamos?, necesito dejarle la dirección como referencia a mi esposo.
Sonrió pendiente de la reacción de la joven, pero no hubo nada anómalo en ella, le respondió con un suave "sí, desde luego" y procedió a entregarle una tarjeta. No le sorprendió leer una dirección de Ciudad Porcelana, en especial cuando sobre el arroyo vehicular frente a su casa, ya había un taxi volador con dos braviarys acicalándose las plumas.
Dejó la tarjeta junto a la nota y cerró la puerta tras de sí.
—Entiendo su escepticismo, pero vuelvo a asegurarle que, le ofrezco una cura, no un tratamiento.
Pronunció determinantemente una mujer unas dos horas más tarde mientras conversaban en lo que parecía una sala de juntas. Usaba un largo vestido color hueso y una túnica oscura por encima, esencialmente la misma ropa que su enviada, pero con un toque que denotaba jerarquía. Aloe rebufó ante sus palabras.
Desde el momento en que la habían recibido y guiado por las instalaciones (permitiéndole contemplar de primera mano todo cuanto se anunciaba en su página) la palabra “cura” aparecía reiterativamente en el discurso de las mujeres que al parecer daban por hecho que la tomaría. Esto lejos de tener un efecto positivo en la arqueóloga, únicamente había conseguido aumentar su irritación cada vez más, hasta que solicitó le mostraran la salida.
Porque si algo sabía perfectamente Aloe, era que su mal, no tenía cura y que quisieran convencerla de lo contrario era una falta de respeto.
Fue en ese momento que apareció aquella mujer, dijo llamarse Neyen y por la forma en que las otras se retiraron supo que era sin duda quien daba las ordenes ahí.
La invitó a la mencionada sala y comenzó a hablarle de la historia de la asociación, su compromiso con la salud y el bienestar de las personas. De como las fundadoras habían iniciado dedicándose a los orfanatos, pues sentían un apego especial hacia los pequeños sin madre. Que su altruismo pronto evoluciono hacia los enfermos pues habían sido alejados de una de las fuerzas más importantes en la vida: la salud.
Le hablo del preferentismo que sentían hacía el pueblo de Unova, cuya zona desértica guardaba más ruinas de las que hasta el momento se habían descubierto, un hecho que muchos cuestionaban, pero era real, tan real como la cura que le ofrecían.
La molestia de Aloe se había intensificado en ese momento, pues la analogía no tenía nada que ver. No había punto de comparación entre una cura milagrosa y las ruinas sin descubrir en el desierto y así se lo expresó.
Fue cuando Neyen reiteró su postura y tras el bufido de Aloe, se permitió alargar la mano y tocarle el brazo.
—En ambos casos no hay ni un sólo documento que lo avale, pero las personas con conocimientos y fe: sabemos.
Le sonrió, Aloe se notó titubear por primera vez en la conversación.
—Esta es la propuesta: recibes nuestra cura, compruebas su veracidad y sólo entonces te pediremos un favor a cambio. Este favor no será económico y bajo ningún tipo de circunstancia atentará contra tus principios, tu integridad o tu moral.
Concluyó la mujer y le extendió el contrato. El citado documento, detallaba lo que en esencia le había ofrecido. La encargada del museo se descubrió sopesando la idea, no parecía haber trampas y si resultaba una farsa, la única perdida sería solo un poco más de su esperanza.
“Personas con conocimientos y fe” había dicho Neyen y Aloe se descubrió firmando el documento.
Recién levantaba el bolígrafo del papel cuando la puerta se abrió y a la sala ingreso una vullaby que fue directamente hacía la antigua líder de gimnasio y comenzó a darle golpecitos con sus alas en las piernas como pidiéndole que se levantara.
La peliazul decidió cumplirle el capricho, una vez que estuvo de pie, la avecita comenzó a dar saltitos en una clara invitación a seguirla. Divertida, Aloe echo a andar, pero al dar el primer paso se vio obligada a detenerse, hasta que fue capaz de asimilar el ramalazo de dolor que lo acompaño.
Neyen acudió en su ayuda y ofreció traerle asistencia, pero la morena se negó, aquello solo era más de lo que había estado viviendo día a día, eso a lo que no le había permitido detenerla aún.
Con calma fue recorriendo el camino que la vullaby le mostraba hasta que llegó a una nueva sala, había ahí un diván y al lado de este, un buró donde la avecita picoteaba una charolilla con un pequeño vial cerrado. La morena volteó a ver inquisitivamente a Neyen que le respondió asintiendo con la cabeza.
Paso a paso llegó hasta el asiento y se tumbó en él, no era la mejor postura, pero asumió que no la mantendría demasiado tiempo o en todo caso, una vez curada ya no importaría.
Con este último pensamiento se permitió una sonrisa sardónica, todo aquello parecía una trama sacada de película de espías, ¿era acaso ella el agente infiltrado buscando demostrar el fraude, o solo un paciente consumido por la desesperanza? Aún no lograba definirlo porque sus sentimientos oscilaban entre ambos personajes.
Y solo cuando le ataron el tronco al diván con un arnés de seguridad fue que la alarma y el miedo se hicieron presentes. ¿Qué había estado pensando hasta entonces? Estaba ahí, sola. Una mujer que apenas podía moverse con funcionalidad, en una de las ciudades más grandes de la región, ¡sin que nadie lo supiera!
Su primer impulso fue tomar una de su pokebolas, después de todo el arnés solo sujetaba su torso, pero sus extremidades estaban libres. La pequeña vullaby se acercó a su mano, la cual ya sujetaba la esfera y le hizo cariños con sus alas como si intentara disuadirla, al mismo tiempo Neyen también le puso una mano en el hombro.
—Tranquila, esta es una medida de seguridad porque la primera vez suele ser muy impresionante y, las reacciones son muy intensas, pero es completamente seguro.
Pronunció calmadamente con amabilidad. Ciertamente su el tono transmitía calma y había algo más, un detalle flagrante pero que hasta ese momento no había notado, las ropas que usaban todas eran del color del plumaje de vullaby y mandibuzz. Sabía que el detalle era importante, pero de momento se le escapaba la relevancia.
Resignada, devolvió la pokeball a su lugar y acepto el vial, cuyo contenido apuro de un trago. No tenía ni sabor ni olor y por un momento se imaginó que solo era agua.
Pero no era así.
Lo primero que notó fue la ausencia de dolor y la sensación fue tan abrumadora que cerró los ojos para no marearse, era como si hubiese vivido en una habitación llena de ruido por tanto tiempo hasta acostumbrarse y de repente el silencio se hubiera hecho.
Lo siguiente que notó fue una sensación curiosa, como el resbalar de una falda (pese a que traía pantalón) seguido de una especie de ligereza de la pelvis hacia abajo, la misma sensación se repitió en sus brazos y fue el sonido del vial cayendo al suelo lo que la hizo entender de golpe lo que sentía.
O mejor dicho lo que no sentía, porque al abrir los ojos asustada descubrió que efectivamente ya no tenía piernas ni brazos.
Gritó, su alarido de terror resonó en las paredes de la sala mientras se debatía tratando de liberarse, poco pensaba en ese momento sobre exactamente cómo iba a moverse en su estado. La idea solo era huir.
La vullaby se echó sobre su pecho entonces y le propino tremendo picotazo en la frente que casi estuvo segura que le había hecho sangre. Pero el golpe sirvió para centrarla, con trabajo comenzó a normalizar su respiración, tenía los ojos llorosos y su visión estaba anegada.
Miro a su alrededor y el estómago se le revolvió al descubrir sus extremidades tiradas al pie del diván como si fuesen ropa sucia.
No había sangre ni dolor, pero la visión le dio arcadas. Sólo entonces Neyen volvió a acercársele, parecía haber estado dándole espacio.
—Ya le advertí que la primera vez era muy impresionante.
Pronunció con calma acercándole a la nariz una infusión cuyo aroma le despejó la mente, Aloe contuvo las ganas de soltarle una dentellada ante el comentario.
— ¿impresionante? A esto solo le llamas ¡¿IMPRESIONANTE?!
Exclamó con rabia, pero la mujer siguió sosteniendo la infusión bajo su nariz sin inmutarse, la vullaby comenzó a dar saltitos sobre su pecho.
Aquello era irreal.
—Primero que nada, quiero felicitarte, estás curada, has aceptado un pacto con una deidad antigua y su poder te ha sanado. A cambio solo te pide velar por los infantes del territorio al que perteneces y en tu caso particular proteger con tu vida a la pequeña alma de realeza que está por nacer.
—¡¿Qué?!
Neyen exhaló resignada y dejó la infusión en el buró, la vullaby hizo amago de darle otro picotazo, pero Aloe la fulminó con la mirada, había dejado de parecerle tan tierna.
—Estoy segura que estás familiarizada con los mitos de Volcarona y Mandibuzz. En particular de esta última, la sagrada ave maternal que vela por el Rey y protege los nacimientos.
—Por supuesto que conozco los mitos, incluso en una región existe una versión en qué la misión divina se torna maldición y estás aves visitan a los infantes por las noches para beber su sangre.
Gruño la morena ante el tono condescendiente con el que Neyen había empezado a hablarle, parecía mentira que eligiera aquel momento para darle una lección sobre conocimientos que manejaba perfectamen...
Su cerebro parecía ir desfasado con su explicación y la mención de la última oración fue lo que la detuvo, La mujer frente a ella pareció notar que, al fin había comprendido y asintió solemne, la vullaby en su pecho la miro acusadoramente pero también pareció confirmarle el pensamiento.
En la región de la que hablaba, había mujeres malditas por su fecha de nacimiento que se quitaban las piernas y los brazos para convertirse en aves. Como ya había mencionado, estos seres recorrían los poblados por las noches buscando la sangre de los bebés. "Brujas" las llamaban.
Palideció.
—Por Arceus ¡no! No voy a dañar a nadie.
Neyen y la vullaby comenzaron a negar frenéticamente.
—No, no, esa es la versión oscura del mito. Sí, nos despojamos de nuestras extremidades y sí, buscamos a los infantes en nuestro territorio, pero es para protegerles. A saber, la sarta de niños que perderíamos solo con los litwick si no estuviéramos ahí para evitarlo.
—Entonces no es ¿permanente?
—¿Lo de las extremidades? No, ya te lo dije es muy impresionante la primera vez, pero al acostumbrarte es como cambiarte la ropa.
Aloe le dedicó una nueva mirada a sus piernas en el suelo y prefirió regresarle la atención a la vullaby enojada antes de que las náuseas retornarán, su mente evaluaba de nuevo todo aquello.
—Entonces… ¿adiós. a eso de dormir?
—No, como seguro puedes imaginar, no eres la única en el territorio, tenemos un rol de guardias que ha demostrado ser eficiente.
—Entiendo. Y ¿a qué te referías con "un alma de la realeza"?
Neyen está vez le acercó la infusión a la boca para que bebiera.
—Seguro recuerdas a la Heroína Touko. Pronto dará a luz a su primer vástago con Natural Harmony nuestro joven y heroico rey. Pese a la ambición y blasfemias de Ghechis, había algunas verdades en sus palabras. Si nuestra vieja monarquía aún tuviera un lugar en este tiempo, N y Touko serían quienes portarían esas coronas. Así que esa nueva vida será tu tarea más sagrada líder Aloe.
La infusión poseía la temperatura adecuada para seguir su recorrido por el cuerpo hasta el estómago, era una sensación agradable tras la montaña rusa de emociones a las que se había sometido en las últimas horas. Aloe se dejó llevar por aquella tibieza, vullaby se removió en su pecho y entonces la notó cubriéndole la cabeza con el cráneo que portaba, aún estaba tibio.
La sensación ya no fue extraña, de hecho, descubrió que compararlo con una muda de ropa no era del todo descabellado, pues justo la transición se sentía como una caricia de tela.
Aloe contemplo a Neyen con sus nuevos ojos, la mujer le dedico una amplia reverencia tras lo cual aparto los cortinajes para abrir un enorme ventanal.
—Vuela, diosa de la noche, los llantos te guiaran a tus hijos. Y al final de tu jornada, el cráneo volverá a su dueña hasta tu siguiente guardia—. Pronunció solemne.
Con un graznido, Aloe la Mandibuzz echó a volar hacia la noche sin luna.
