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Flor de invierno

Summary:

Los Hatake nunca se unieron a ninguna aldea, eran un clan nómada que funcionó de esa forma por generaciones. Prosperaron sin afiliación con las aldeas, pero durante el invierno siempre repetían su viaje hacia las cercanías de Konoha.

Durante un invierno Kakashi conoció a un niño de aquella aldea y esos encuentros se volvieron una costumbre que comenzó a esperar con ansias el resto del año mientras se mantenía junto a su clan.

Pero cada clan tiene sus reglas y los niños no pueden seguir siendo niños por siempre.

Notes:

(See the end of the work for notes.)

Chapter Text

Kakashi odiaba el invierno. Todo lo malo ocurría durante esa época del año y nadie iba a hacer que pensara lo contrario. O al menos así pensaba a la edad de cinco años.

Su madre murió durante el invierno. Su embarazo había sido complicado y durante esa estación del año su estado debilitado la hizo más susceptible a contraer una enfermedad respiratoria de la cual no se pudo curar. Kakashi no tenía recuerdos de ella y sabía que casi no estuvo a su lado después de su nacimiento porque temían que él enfermara también.

Pero veía en cada invierno la tristeza de su padre aumentar. Le dolía el darse cuenta de la falta de su madre. Pero no por extrañarla, porque no podía extrañar a alguien que no recordaba, sino por el sufrimiento que esa pérdida le causaba a su padre.

Y además... durante esa época del año su Clan debía asentarse en un horrible bosque.

Sus primos le habían dicho que acampaban en lo que fue un cementerio de los clanes Senju y Uchiha que murieron durante sus batallas. Ellos le aclararon que el sonido que escuchaba por la noche no era el viento ni los animales salvajes, sino que se trataba de los lamentos de almas en pena.

Así que también odiaba el invierno por verse obligado a vivir en ese lugar lleno de fantasmas. Dormir por las noches se le dificultaba por esos ruidos que antes no le importaban, pero ahora que sabía qué eran sí lo hacían.

Tampoco ayudaba que esta temporada su primo Daiki le advirtiera sobre dormir sin taparse bien los pies y mantener sus manos debajo de las cobijas... porque sino invitaba a los fantasmas a arrastrarlo hacia el bosque.

Pero dejando a un lado los fantasmas, también aprendió que pescar era más difícil durante el invierno. Lo cuál apestaba porque su padre estaba otra vez enfermo este año y no se levantaba de la cama.

Cuando su padre se ponía así Kakashi debía encargarse de colaborar con el clan de alguna forma para recibir buenas raciones de comida.

El jefe del clan le había enseñado a pescar hace más de un año y su esposa a cultivar hierbas medicinales y condimentos para intercambiar por otras cosas. Con aquello podía pasar las semanas en las que su padre se enfermaba sin molestar a nadie.

Pero en invierno pescar era más difícil, en especial porque se mantenían muy lejos de la parte del río donde sabía que habrían peces y romper la capa de hielo era muy complicado. Éste año la capa era muy gruesa y perdió la tarde del día anterior sin lograr pescar nada porque no logró romper el hielo con las rocas que recolectó.

Así que hoy fue a pedir prestada una herramienta al jefe del clan, porque por más que preguntó muchas veces su padre no le respondió si podía tomar algo de sus cosas. Sabía que no debía tocar herramientas o armas sin permiso y también que hoy era "uno de esos días" y Sakumo no tendría fuerzas para hablarle o siquiera mirarlo.

—¿Otra vez vas al río?— Keiko, la esposa del jefe del clan, le preguntó entregándole un kunai sin filo pero que serviría para romper hielo o al menos eso esperaba.

—Sí, ayer solo pude dar algunos condimentos pero hoy voy a intentar traer pescado— contestó con el kunai ya guardado en su bolsa y encaminándose hacia fuera de la tienda de Keiko y Takeshi.

—Sabes que vas a recibir comida aunque no des nada. No me gusta que te alejes tanto del campamento... Eres demasiado orgulloso para solo ser un niño— Kakashi solo se encogió de hombros ganando un resoplido de la mujer —Ten cuidado, no te quedes hasta la tarde como ayer.

—Esta bien, Keiko-san— asintió recordando la amenaza de Takeshi de prohibirle alejarse del campamento si volvía a irse por tanto tiempo.

Hoy tenía que lograr romper el hielo. No quería pedir ayuda al jefe y hacerlo perder el tiempo cuando estaba tan ocupado con cosas mas importantes.

Era cierto que él recibiría comida y otras provisiones, pero también lo era que a muchos les molestaba que su padre recibiera cosas aunque no colaborara con nada durante el tiempo que pasaba enfermo y sin salir de su tienda.

Por esa razón había intentado comenzar a pescar por su cuenta y luego, cuando no tuvo suerte y se frustró en su primer día, decidió pedirle a Takeshi que le enseñara a hacerlo bien. El jefe del Clan le había dicho que cuando éste invierno terminara comenzaría a llevarlo a cazar para que fuera aprendiendo.

Kakashi no podía esperar a que acabara el invierno, quería aprender más.

Caminó casi sin guiarse por las marcas que había en los árboles y llegó al río para encontrar el lugar donde ayer había intentado hacer un agujero para poder pescar. Solo prestó atención por si había algún animal salvaje cerca, lo cual no era probable porque ellos se alejaban cuando ellos llegaban a ésta zona.

Supo que no sería tan sencillo cuando comenzó a sudar a pesar del frío y no logró romper mucho de la capa de hielo. Con el kunai fue más fácil y rompió más de lo que logró con la roca puntiaguda que encontró el día anterior pero aún así... Supuso que tal vez hoy sí lograría hacer el agujero pero no podría quedarse a pescar. Lo cual no sería bueno porque no le quedaban muchos condimentos para dar.

No se lo había dicho a Keiko, pero se había distraído unos días jugando unos juegos tontos con unos primos de su edad y olvidó cuidar sus plantas. Kakashi no era irresponsable, desde que tuvo uso de razón supo que no podía dejarse llevar como los demás niños. Pero de vez en cuando era difícil resistirse cuando lo llamaban para jugar o pasar el rato.

Y la última vez que se dejó llevar en cuando recordó sus plantas fue demasiado tarde. Algunas se habían secado y otras fueron atacadas por insectos. Solo le quedaron las que había separado ya para preparar los condimentos y había entregado una parte ayer.

Se preguntó si éste invierno su padre se la pasaría enfermo o si se levantaría algunos días y podría ir a cazar o ayudar en otras cosas.

O si... aunque sea lograría tener una conversación con él y que saliera de la tienda un poco.

Kakashi negó con la cabeza, si pensaba en su padre se pondría triste y así no podría acabar con lo que se propuso hacer hoy.

Estaba por volver a golpear una roca contra el mango del kunai cuando escuchó el sonido de pisadas y se quedó quieto. Se bajó la máscara para no tapar su nariz y olfateó el aire comprobando que no se trataba de un miembro de su clan. Se sintió inquieto pero se controló cuando volvió a subir su mascarilla, guardando luego el kunai en su bolsa.

No sabía si se trataba de algún shinobi de la aldea y no quería darle razones para que lo atacaran. Sabía que salir corriendo no sería de ayuda si se trataba de un shinobi. Solo le quedaba parecer inofensivo y esperar no tener problemas.

Pero por el poco cuidado al no intentar hacer ruido esa persona no debía ser un shinobi o al menos no uno muy bueno. Y al ver a un niño aparecer sin usar esas bandas que usan los ninjas de Konoha se relajó.

El chico vestia una campera que parecía ser grande para él y usaba una bufanda naranja que tenía los bordes chamuscados al igual que algunas partes de su abrigo. Caminaba dando pisotones contra la nieve hasta llegar al río, maldiciendo por lo bajo y muy concentrado en sus pisadas. O en quién estuviera en su mente dirigiendo esos insultos que salían de su boca hasta que se percató de Kakashi y dejó salir un grito.

—¡Maldita sea, pensé que eras un fantasma!— El chico se llevó una mano al pecho de una forma exageradamente dramática.

—Aqui no hay fantasmas— dijo dándole un vistazo en busca de algo que lo hiciera pensar que estaba en peligro. Al no encontrar nada volvió a sacar el kunai y siguió intentando hacer el agujero.

Pero frunció un poco el ceño esperando que lo que dijo fuera cierto. Sus primos no le habían dicho nada sobre fantasmas en el río. Y no quería preguntar porque si le decían que sí ya no le gustaría estar solo en este sitio. Aunque no tenía opción, su padre no vendría y no quería molestar a Takeshi. Y sus primos eran muy ruidosos y espantarían los peces.

—Uhm... ¿Sabés que si rompes el hielo te vas a caer al agua, verdad?— escuchó esa pregunta tonta y no la dignificó con una respuesta. Lo vio de reojo acercarse para mirar lo que estaba haciendo más de cerca, hasta que se agachó frunciendo el ceño sin entender —¿Por qué quieres romperlo?

—Tengo que pescar— contestó antes de fruncir de nuevo el ceño, amonestadose en su mente por hacerlo.

Se suponía que no debía acercarse a extraños y mucho menos hablarles.

—Vas a tardar años hasta que puedas romperlo así— Kakashi rodó los ojos, eso era muy exagerado —¡Yo puedo hacerlo más rápido!

Eso hizo que Kakashi lo mirara poco impresionado por su seguridad al afirmar aquello. El chico sí era un poco más alto pero no parecía ser muy fuerte. De todos modos Kakashi se alejó cuando le insistió que lo hiciera porque haría algo "genial".

Pudo reconocer las señas que usaban algunos en su clan para hacer jutsus, pero ese niño no era tan rápido y cuando dijo "gran bola de fuego" Kakashi levantó las cejas por la pequeña flama que hizo. Esperaba algo más grande y no era el único por la cara del chico, pero vio que había logrado derretir un poco el lugar que quería romper y se animó.

Ese niño parecía un poco tonto, pero al parecer no era mentiroso. Si seguía haciendo eso podría pescar hoy y no mañana. Y cuando volvió a hacer esa pequeña flama hasta que se formó un charco más profundo sonrió antes de quitar el agua para que volviera a hacer su "gran flamita".

Porque no había forma de que Kakashi dijera que eso que hacía fuera una gran bola de fuego. Nunca vio alguna, pero estaba convencido que no debía verse así.

Cuando se formó un círculo deforme con una capa de hielo muy fina, en vez quitar el agua que se derritió, la golpeó con el kunai logrando romperla. Siguió haciéndolo hasta que se deshizo de todo y después preparó la caña con la carnada para luego lanzarla en ese sitio y sujetar bien para no perderla.

—Gracias— dijo decidiendo que no estaba mal agradecerle, pero decidido a ignorarlo después de hacerlo para no tener problemas.

—De nada... Uhm no me dijiste tu nombre.— cuando Kakashi solo asintió pero no habló pudo sentir la mirada contraria fulminando su cara —Como sea... Soy Obito Uchiha. Voy a estar entrenando por allá, así que no me molestes enano desagradecido.

Kakashi frunció el ceño por lo que dijo y miró como se iba hacia el otro lado del río, el lado que tenía prohibido pisar.

Pasaron las horas y no pudo evitar mirar hacia el otro lado hasta que dejó la caña enterrada cerca de la orilla y caminó hacia la fuente de los ruidos. No cruzó el río... pero caminó hacia la otra orilla para ver más de cerca los nuevos intentos de niño, Obito, de hacer una gran bola de fuego. Falló una y otra vez, era un poco lamentable verlo.

—Lo haces muy mal— dijo ganándose una mala mirada. Antes de recibir una réplica por su comentario le mostró los sellos manuales que estaba haciendo mal.

Conocía los sellos porque Takeshi había comenzado hace poco tiempo a hacer que lo practicara junto con otros niños que podrían hacer jutsus cuando crecieran.

Se suponía que su padre tendría que haber comenzado a enseñarle pero no pudo hacerlo. Hasta ahora solo pudo jugar con los demás niños en lo que su primo le explicó que en realidad era un especie de entrenamiento para ver sus habilidades de rastreo y sigilo. Luego de esos juegos su padre tendría que haberle enseñado los sellos manuales y explicado todo sobre el chacra, pero aún no lo había hecho.

Y de igual forma Kakashi, aunque era curioso y quería aprender, estaba más preocupado por hacer que su padre saliera de la tienda y obtuviera comida.

Pero aún así recordaba bien lo que aprendió de los sellos y había practicado mucho para ser felicitado por el jefe del clan.

Y de tanto observar a Obito ahora sabía el orden para este jutsu en particular. Le mostró cómo era la posición correcta de los dedos y el balance con la muñeca. No sabía aún sobre el manejo del chacra, pero si Obito estuvo logrando hacer esas pequeñas flamas se suponía que esa parte ya la tenía entendida.

Cuando lo vio acercarse para mirar más de cerca sus manos e imitó sus movimientos sin quejarse volvió a notar su ropa chamuscada y entendió por qué estaba así.

—¿Eres un shinobi?— negó con la cabeza y lo dejó practicar los sellos, volviendo a su orilla para sacar al pez que se había enganchado al anzuelo.

Sonrió preparando otra carnada esperando llevar más pescados. No quería perder su pequeña reserva de condimentos tan rápido.

Volvió a prestarle atención después de un rato, cuando lo escuchó gritar de nuevo el jutsu que intentaba completar desde hace horas. Ésta vez no fue una pequeña flama, el fuego se formó en una pelota no muy grande, pero tenía más parecido con lo que quería lograr por la alegría que demostró en su expresión y sus gritos.

Kakashi se encogió de hombros poco interesado en el festejo de Obito por su logro y verificó que el kunai y las carnadas sobrantes estuvieran en su bolsa. También que los pescados no se cayeran de la bolsa de red que trajo para transportarlos.

No se había dado cuenta que había pasado mucho tiempo en éste lugar y pronto podría empezar a nevar. No quería ser regañado de nuevo y que su permiso para venir hasta aquí fuera revocado.

—¿Ya te vas?— escuchó cerca de él y frunció el ceño dando unos pasos hacia atrás por no haberlo escuchado acercándose. Por lo bullicioso que fue no pensó que podría llegar a ser silencioso para moverse. —No te he visto en la academia. ¿De qué Clan es ese símbolo?

Kakashi lo miró molesto, aunque se había alejado Obito se acercó otra vez sin percatarse de que no lo quería cerca. No quería hablar con él, antes no lo había pensado cuando lo ayudó porque la curiosidad le había ganado. Pero ahora estaba preocupado porque tendría que dar explicaciones por haber tardado en volver al campamento.

No quería tener que admitir que bajó la guardia frente a un extraño y que además estuvo hablando con él. Le habían repetido desde que comenzó a tener uso de razón que no se fuera con extraños o les hablara, ni siquiera si se trataban de niños de su edad.

—Eres raro...— lo escuchó decir y apretó los labios evitando hablarle. Eso hizo que Obito frunciera el ceño y se acercara parándose derecho y demostrando que era más alto. Kakashi no retrocedió y lo miró sin disimular que estaba molesto por su cercanía —¿Por qué me ignoras? ¿Acaso te crees mejor que yo por saber hacer bien los sellos o qué?

Kakashi lo ignoró luego de mirarlo de mala manera y cerrando su bolsa se giró para irse. No sentía que le debía nada a ese niño y quería irse de una buena vez. Pero en cuando levantó uno de sus pies para pisar las piedras cubiertas de nieve en la orilla un tirón en el hombro lo hizo perder el equilibrio y el pie que estaba sobre el hielo se resbaló haciendo que cayera sobre su trasero.

Por impulso su mano libre había intentado amortiguar la caída, pero eso no ayudó. Sintió dolor en su muñeca, haciendo que la otra mano soltara la bolsa con los pescados y haciendo que quedaran todos esparcidos.

Parpadeó rápidamente sintiendo sus ojos humedecerse antes de poder evitarlo, no sabiendo si era porque le dolía mucho la muñeca y el trasero por la caída o porque sinceramente no esperaba ser sorprendido con aquel tirón y se asustó un poco. Aunque probablemente era una mezcla de susto con vergüenza porque no era como si no se hubiera golpeado alguna vez.

Desde que había comenzado a jugar con los demás niños pequeños del clan en el bosque se había caído de los árboles, fue tecleado por los más grandes y terminó enganchado con trampas lastimándose un poco. Nunca lloró por terminar lastimado, le habían dicho que tenía bastante tolerancia al dolor.

Pero ahora sentía que sus ojos se humedecieron  e intentando controlar sus lágrimas miró hacia abajo para que no fuera visible su rostro. No quería llorar frente a nadie y menos frente a este niño idiota.

—¡N-no te empujé tan fuerte!— lo escuchó gritar luego de lo que parecieron horas. Sintió manos en sus hombros haciendo que por instinto se encogiera sobre sí mismo apretando la muñeca lastimada contra su pecho.

De pronto recordó por qué le advertían cada vez que se acercaban a pueblos o a ésta aldea el no irse con extraños aunque fueran niños y se preguntó si Obito fingió ser un niño tonto.

"Hay shinobis de corta edad. Pero no dejes que te engañen, ya no son niños, no como tú. Piensan como adultos y sabes que no debes acercarte solo a un adulto desconocido" fue lo que le dijo su primo Daiki en el último verano cuando se acercaron a un pueblo y vieron a un grupo de niños de entre diez y catorce años con los símbolos de Konoha en las bandas que llevaban en sus frentes. "Algunos parecen inofensivos pero pueden ser igual de maliciosos que un adulto"

Keiko no había dejado que le dijera que les pasaba a los niños que eran llevados por aquellas personas maliciosas, pero no era tonto y entendió que no era nada bueno.

Y en realidad solamente le dejaban alejarse del campamento cuando acampaban en estas tierras. Cada vez que se quedaban cerca de otros pueblos o en los asentamientos que parecían estar en medio de la nada siempre que se alejaba estaba acompañado.

Siguiendo el consejo de su primo de parecer inofensivo si llegara a encontrarse en un aprieto, aunque sinceramente lo era y lo sabía, se quedó quieto y en la posición encogida sobre si mismo. Dejó que las lágrimas cayeran a pesar que no le gustaba llorar. Tenía que esperar ser subestimado y que bajara la guardia para poder correr hacia el bosque e intentar perderlo.

Le habían enseñado a esconderse bien en el bosque. Pero sus planes de escape se quedaron en blanco cuando olió los pescados y miró hacia arriba para ver la bolsa de red con los pescados dentro frente a su cara.

—Ten— lo escuchó decir y miró su cara para ver que estaba incómodo. No agarró la bolsa, buscando alguna señal de que estaba intentando engañarlo. —Ehh... no quise lastimarte ni asustarte, lo siento mucho.— se disculpó llevando su mano libre a la parte de atras de su cabeza y mirándolo avergonzado —No llores, no soy un matón. Solo quería ayudarte a levantarte porque te caíste por mi culpa, no iba a hacerte nada malo. ¿Te duele mucho?

Kakashi asintió aunque no dolía lo suficiente para justificar sus lágrimas. Le dolía más el orgullo por haberse asustado e imaginado terminar como esos niños desaparecidos o muertos en medio de la nada por confiar en un extraño amistoso.

Ahora creía que realmente se dejó llevar y que el niño frente a él no era una amenaza, solo era un idiota.

—¿Cuántos años tienes? Ahora que te veo bien pareces de cuatro...

—Cumplí cinco hace un mes— lo interrumpió frunciendo el ceño mientras se limpiaba las lágrimas del rostro con la mano que no le dolía.

—Uhm... Bueno. Supongo que por eso no empezaste la academia este año, el año que viene seguro irás. Si sabes de sellos te están preparando para que te acepten. Aunque hay un niño que parece que no puede hacer ninjutsu y lo aceptaron igual...

—No voy a ir a la academia— volvió a interrumpirlo de su divagación, satisfecho con que su cara estuviera libre de lágrimas.

Aceptó la mano que apareció frente a él para levantarse por costumbre antes de darse cuenta que no se trataba de alguno de sus primos. Lo soltó rápidamente en cuanto estuvo de pie.

Molesto consigo mismo por estar en esta situación no pudo ocultar su molestia.
Estiró la mano en silencio para que le entregara su bolsa después de dar un paso atrás para que no estuvieran tan cerca. Pero frunció el ceño mirándolo a la cara cuando no se la entregó. Estaba siendo observado como si fuera una cosa rara.

—Si puedes hablar entonces usa tus palabras— sonó extrañamente como lo hacen los ancianos cuando regañan a sus primos.

—No tengo permitido hablar con extraños— soltó aún con la mano extendida y el ceño fruncido.

Lo que dijo desconcertó a Obito un momento antes de estirar el brazo y entregarle la bolsa. Pero no la soltó cuando Kakashi la agarró, solo llevó de nuevo su otra mano hacia la parte de atrás de la cabeza y le sonrió.

—Oh... Mierda, pensé que me ignorabas porque eras un idiota. Lo siento, tuve unos muy malos días y ya no puedo aguantar a nadie más siendo un imbécil conmigo por hoy. Y no es como si vaya golpeando niños pequeños. Pensé que eras más grande, no golpeo niños por muy idiotas que sean. Aunque de verdad no quería hacerte caer ni golpearte, solo quería gritarte un poco por ignorarme como si fuera basura...— Kakashi lo miró aún con el ceño fruncido y tiró un poco de la bolsa en un pedido silencioso para que se la diera, pero solo hizo que dejara su discurso y lo mirara sonriendo amistoso. —¿Te acompaño a tu casa?

—No debo seguir a extraños— repitió de forma automática lo que le dijeron desde que comenzó a caminar y volvió a tirar de la bolsa, está vez sí se la dió.

—En realidad yo te estaría siguiendo... Pero bueno sí, tienes razón.— dijo volviendo a pararse derecho, solo que está vez sin la intención de intimidarlo y solo lo señaló con el dedo —No lo hagas, no te vayas con extraños. ¡Es peligroso!

"Es lo que acabo de decir" pensó viéndolo como si fuera un tonto y se encogió de hombros dándose la vuelta. Más cauteloso que la primera vez por si de nuevo se le ocurría al otro tirar de su hombro.

—Uhm... Ese camino te lleva al bosque.

—¡No me sigas!— le gritó mirándolo de nuevo molesto. Obito claramente tenía la intención de caminar detrás de él.

—Pero te estás yendo al maldito bosque, tu casa queda hacia el otro lado. ¡Si mañana amanezco con la noticia de que un niño se congeló en el bosque me sentiré muy culpable!— gritó moviendo los brazos exageradamente —¡Y ya me siento culpable por haber hecho llorar a un niño pequeño!

—¡No soy pequeño!— grito también, arrepintiéndose de haber dejado que sus lágrimas salieran antes. Debió saber que estaba tratando con un niño tonto y no con un shinobi malvado o un secuestrador. —¡Y tú también eres un niño, así que no me des sermones!

Obito debía tener la edad de Daiki, el primero de sus primos en advertirle de los fantasmas y el que le recordaba siempre las reglas cuando se acercaban a los pueblos o aldeas. Así que debía tener ocho o nueve años.

—¡Pero yo voy a ser un shinobi! ¡Y seguro en un año o dos lograré graduarme!— replicó como si eso le agregara años de vida —Tú eres un civil.

Kakashi rodó los ojos, no lo conocía pero a simple vista dudaba de que un año o dos hicieran a éste chico un shinobi. Y estaba por decírselo cuando escuchó el sonido de ligeros pasos cerca y reconoció que se trataban de los lobos del clan.

—Vas a meterme en problemas, vete— dijo fulminando con la mirada a Obito antes de correr hacia donde divisó a Yuki, el lobo de Keiko. Y si él estaba cerca Yasu, el lobo de Takeshi, también debía estar no muy lejos.

Ya debía estar en problemas y si lo veían con ese niño sería peor.

El lobo blanco, Yuki, era más grande que él y lo olfateó en cuanto lo tuvo cerca. Kakashi acarició su cabeza cuando le lamió la mano que se lastimó. Miró hacia atrás sintiéndose aliviado cuando no vio a Obito, pero en cuanto volvió la vista al frente el alivio se esfumó. Keiko y Daiki estaban caminando hacia él con Yasu trotando detrás de ambos.

Sintió alivio cuando notó que no era el jefe del clan quien fue a buscarlo. Y aunque Keiko era la esposa de Takeshi prefería ser regañado por ella. Sería mas probable que la convenciera de no prohibirle volver a alejarse del campamento. Takeshi era más firme.

Keiko estaba con el ceño fruncido pero su mirada demostraba alivio por encontrarlo. Kakashi suspiró mirando hacia su primo y lo miró de mala manera cuando se percató de aquella sonrisa burlona después de que le leyera los labios y entendiera que le dijo sin usar palabras "estás en problemas".

—Creí que te había quedado claro que no podías alejarte por tanto tiempo del campamento— Kakashi asintió avergonzado por haberla preocupado y hacer que dejara sus tareas para ir por él —Tu ropa está húmeda...

La dejó sacar los restos de nieve y escarcha que le quedó en la ropa cuando se cayó y tardó en levantarse del hielo. Ella olvidó cualquier regaño que tuviera preparado mientras lo limpiaba y miraba más detenidamente, fijando si mirada en como mantenía su mano contra su pecho y luego en su rostro.

Kakashi no tenía idea de qué vio en su rostro, pero ella le dio una mirada rápida a su primo y luego volvió a mirarlo a él con el ceño fruncido por la preocupación. Daiki se alejó de ellos junto con uno de los lobos.

—¿Te encontraste con alguien en el río? ¿Qué te pasó en el brazo?

"Oh... Se dió cuenta" pensó mirando hacia abajo. Sabía que no debía mentir pero miró la bolsa con los tres pescados que logró pescar decidió hacerlo. Le preocupó perder la oportunidad de seguir consiguiendo raciones y suministros para su padre.

—No. Tardé mucho en romper el hielo y quería lograr pescar algunos pescados ya que ayer no pude. No me di cuenta que pasó tanto tiempo— le sorprendió que se sintiera mal mentirle a Keiko.

Nunca antes lo había hecho y no le gustaba hacerlo ahora, pero no quería empeorar las cosas para su padre así que decidió no mencionar a Obito.

—¿Y por qué estuviste llorando?— se sobresaltó por la pregunta antes de poder contenerse. No pensó que se daría cuenta de eso y comenzó a sentir su cara calentarse recordando lo que pasó.

—Yo no lloro— esa mentira salió más fácil y la repetiría sin problema alguno.

En realidad era muy bueno conteniendo las lágrimas cuando se lastimaba lo suficiente para humedecer sus ojos o cuando se sentía triste por su padre. Y sus tías le habían dicho que cuando era un bebé fue uno muy tranquilo, así que nunca fue un llorón y no comenzaría ahora.

—Uhm...— Keiko sonrió ligeramente, dejando pasar esa mentira y Kakashi lo agradeció aceptando sin quejas la caricia que recibió en su rostro con la palma de la mano contraria. —¿Y qué pasó con tu mano?

Kakashi suspiró decidiendo no mentir completamente. El dolor en la muñeca no estaba mejorando, al contrario le dolía más que antes y terminaría buscando ayuda de Keiko de todos modos para que lo curara.

—Me caí— masculló estirando el brazo para que pudiera ver su mano y la muñeca, siseó cuando el movimiento hizo que su muñeca palpitara. Keiko lo revisó con el ceño fruncido de concentración y luego lo miró haciéndole saber con la mirada que quería saber cómo pasó. Kakashi no era un niño torpe o descuidado después de todo —El hielo estaba muy resbaloso y no presté atención cuando me apresuré para volver al campamento. Fui descuidado...

—Está bien, no es tan grave— se relajó aunque no entendió si se refería a su descuido que lo llevó a caerse o que otra vez se quedó hasta tarde en el río. —Volvamos para poder curarte.

Asintió contento porque sabía que su permiso para volver al río no estaba revocado. Y miró hacia atrás mientras avanzaba solo cuando escuchó que su primo los estaba alcanzando. Rodó los ojos cuando Daiki volvió a sonreír burlonamente y evitó suspirar aliviado porque él no corrió a decirle a Keiko sobre Obito.

Porque por aquella sonrisa burlona sabía que Daiki debió encontrar algún rastro del otro niño, pero que no debió decir nada porque no lo consideró una amenaza.

Kakashi esperaba no volver a ver a ese niño. Obito tal vez no era una amenaza y tampoco un chico malvado, pero tuvo el presentimiento de que se metería en problemas por su culpa. Así que aunque volviera a verlo está a decidido a ignorarlo.