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I don't Feel it Anymore

Summary:

La familia Argent vuelve a ampliarse con la llegada de una prima de Allison. Algo parece ocultar la nueva integrante de la familia de cazadores y todo se vuelve aún más extraño cuando viejas rencillas Argent-Hale renacen con la llegada de la nueva cazadora. Mientras Stiles, por primera vez, siente que nada ni nadie podría hacerle daño, sin saber que quien causa esta sensación es, precisamente, quien le abrirá los ojos a la verdad.

Chapter 1: Prólogo

Chapter Text

La muchacha entreabrió los ojos con debilidad, sintiendo que todo el cuerpo le pesaba como si estuviera hecho de acero. La habitación estaba fuertemente iluminada, por lo que sus ojos castaños tuvieron que tomarse un tiempo para acostumbrarse a la luz. Y cuando por fin pudo abrirlos sin temer quedar ciega, miró alrededor, intentando ubicarse.

 

Era claramente la habitación de un hospital y Kharma gimió quedamente al sentir un extraño cosquilleo en el abdomen. Movió su mano derecha, no sin cierta pesadez, y palpó el vendaje que cubría casi todo su torso.

 

Intentó acomodarse, pero el cuerpo le dolía demasiado, así que sólo giró la cabeza, buscando algún ser viviente cercano que pudiera decirle cómo había ido a parar a un hospital si lo último que recordaba era… su corazón se estremeció al recordar su última memoria.

 

Había ido corriendo al bosque, casi quedándose sin aliento, para intentar prevenirlo de los planes de su tía y su abuelo. Pero él la había ignorado. Ni siquiera “simplemente” había desoído sus palabras. La había llamado insulsa y envidiosa. Cuando lo único que había querido hacer era contarle de los pérfidos planes de su propia familia.

 

Unos ojos color miel escrutándola desde el ventanal que daba al pasillo llamó su atención y ella sonrió débilmente. El chiquillo, de unos ocho años, se ocultó enseguida al verse descubierto, pero su curiosidad fue más fuerte y volvió a levantarse para mirarla a través del cristal.

 

-Hola- murmuró Kharma, sintiendo la voz seca y rasposa.

 

El chiquillo pareció envalentonarse y se acercó a la puerta, desde donde la observó dudoso.

 

-¿Por qué estás aquí?- preguntó, meciéndose sobre sus propios pies, sin dejar de mirarla intensamente.

 

-Quisiera saberlo- suspiró la muchacha y miró hacia la mesilla de noche a unos metros de ella, fijando sus ojos en la jarra de agua. El chico, sin siquiera mediar palabra, se acercó y sirvió un vaso, el cual le alcanzó- Gracias- susurró ella, incorporándose dolorosamente y bebiendo un sorbo- ¿Qué haces tú aquí?

 

-Mi mamá está enferma y debe venir a veces- contestó él, mirando alrededor con total detenimiento como si nunca antes hubiera estado en una habitación de hospital- ¿Qué te pasó a ti?- preguntó entonces, fijando la vista en las vendas que cubrían su cuerpo.

 

Kharma suspiró pesadamente y sacudió la cabeza.

 

-No lo recuerdo- musitó, devolviéndole el vaso, el cual él dejó sobre la mesilla de noche, justo en el momento en que su madre entraba a la sala.

 

-KHARMA! Dios santo.. estás bien… llamaré al doctor- gimió Eloíse, saliendo de la sala de inmediato

 

-¿Te llamas Kharma?- musitó el chiquillo, mirándola como si nunca hubiera oído un nombre más absurdo. Ella sonrió, ya estaba acostumbrada a esa reacción a su peculiar nombre, y asintió quedamente- Mi nombre es aún más extraño- rió él- Pero puedes llamarme Stiles- repuso, esbozando una gran sonrisa.

 

Kharma se quedó mirándolo dubitativa. Probablemente se lo habría imaginado, probablemente era algún efecto secundario de lo que fuera que estuviera cayendo por una vía hacia su brazo. Pudo haber sido cualquier cosa. Pero podría jurar que cuando vio esa sonrisa algo dentro de ella se removió. Algo cálido. Algo calmante. Algo tan lleno de paz que se sintió mareada.

 

Dos semanas después Edward Argent se marchaba de Beacon Hills junto a su esposa Eloíse y su única hija, Kharma, jurando que jamás volverían a pisar el condado, mientras un sonriente Gerard Argent los despedía desde la mansión Argent, sacudiendo la mano derecha, con su hija menor, Kate, a su lado, la cual le sonreía especialmente a Kharma de forma maliciosa, como si le dijera “No lo has logrado. Nuestro plan sigue en marcha. Tu amor imposible morirá esta misma noche”.

 

Kharma llegó a vivir junto a sus tíos Chris y Victoria a San Francisco y jamás volvió a saber de Beacon Hills. Ni siquiera llegó a escuchar a hurtadillas –como solía hacer cada noche cuando no podía dormir- la conversación en la sala de estar donde Chris le comentaba a Edward sobre el incendio que había consumido la casa Hale días atrás. Kharma no volvió a saber de ningún Hale. Ni de Laura, ni de Peter y mucho menos de Derek. Pero el recuerdo de los tres se disolvió en su mente, al igual que la sonriente cara de un chiquillo de ocho años que le decía “Pero puedes llamarme Stiles”.