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I’VE ALWAYS PROTECTED YOU

Summary:

Eddie Munson siempre ha sentido que tiene un vacío que no puede entender. A veces sueña con un chico de pelo naranja, sonrisa risueña y ojos azules con mirada perdida, como si estuviera enfermo. Aunque Eddie despertará con una profunda tristeza. Jamás le dio tanta importancia... hasta que llegó al pueblo, la familia Kalivoda y se da cuenta que el hijo menor es increíblemente parecido al chico de sus sueños.

Notes:

//Los personajes y los nombres de las películas no son de mi propiedad//

Es mi primer fanfic asi que realmente espero que les guste ;3

Chapter 1: capitulo 1

Chapter Text

Desperté de golpe, con lágrimas en los ojos y un dolor tan profundo que me hizo querer llorar sin cesar. Pasaron unos segundos hasta que pude calmarme y repetirme que solo había sido uno de esos sueños en los que él aparecía. Al recordarlo, una tristeza me invadió, así que me resistí a dejar que esas imágenes se apoderaran de mi mente.

Me quedé mirando la pared, pensando que este día sería como todos los demás, como aquellos en los que mis sueños se convertían en pesadillas. Ya no sentí sueño, así que me levanté de la cama y fui al armario. Al ver mi ropa, supe exactamente qué ponerme: unos jeans rotos, una chamarra de mezclilla y, por supuesto, mi playera del "Hellfire Club", mi club de juego de mesa favorito.

Ya vestido, salí de mi habitación y, al ver el reloj en el pasillo, me di cuenta de que apenas eran las 3:50 de la mañana. Mis clases no empezaban hasta las 8:00, así que, con fastidio, fui al pequeño comedor donde vivo con mi tío. Busqué el cereal en los muebles, me senté y comencé a comer en silencio. Pero no pasó ni un minuto antes de que de que me arrepintiera de mi decisión: pequeñas risitas comenzaron a surgir de todas partes.

Lo normal en estos casos sería sentir miedo, pero no fue así. Lo que sentí fue una furia tan grande, acompañada de una impotencia profunda, esa sensación que te invade cuando pierdes a alguien importante y, al pasar por las etapas del duelo, te encuentras con algo que te recuerda a esa persona: su risa, su voz, sus fotos... y, al escucharlo o verlo, sientes que te consume en rabia y tristeza, algo muy raro, pero real.

A medida que esas risas resonaban, me di cuenta de que no las reconocía, hasta que, de repente, me vino a la mente el chico de mis sueños. Esa risa aguda… era la suya. Al reconocerla, sentí un pinchazo en los oídos y en el corazón.

Enfurecido, me levanté de la mesa, fui a mi cuarto y tomé mis audífonos con mis canciones favoritas. Me los puse sin pensarlo dos veces, y, al ver el plato de cereal casi intacto, decidí dejarlo allí. Miré nuevamente el reloj: las 4:15. Ya no sabía qué hacer. Así que, sin pensarlo más, decidí salir de la caravana en la que vivo con mi tío.

Cuando salí, el aire fresco de la madrugada me tocó la cara, y, curiosamente, me sentí libre de todo el peso que llevaba encima. Caminé un rato y terminé frente a la casa abandonada, pero me di cuenta de que ya no parecía tan abandonada: había un coche estacionado, cajas de mudanza y una luz encendida. Me dio curiosidad, pero decidí no darle demasiada importancia.

Tras una larga caminata, pensé que ya era hora de regresar a casa para darme una ducha y estar listo para la escuela. Al llegar, miré el reloj: eran las 7:30. Me sorprendí, porque eso significaba que había caminado durante tres horas, pero no me sentí ni cansado ni sudoroso (aunque probablemente eso se debía al frío). Fui directo al baño, me quité toda la ropa (incluso los audífonos), abrí la llave de la ducha y, antes de entrar, me miré en el espejo. Por un breve instante, no vi a mi reflejo; en su lugar, frente a alguien idéntico en el rostro, pero a la vez diferente. Su cabello era corto y naranja, sus ojos azules, y su expresión mostraba un cansancio evidente. Al verlo, me eché hacia atrás de un salto, casi cayéndome. Me tomó unos segundos calmarme antes de meterme a la ducha, aunque aún sentía la inquietud en el pecho.

Cuando terminé de bañarme, me volví a poner la ropa (ya que no había sudado, no olía mal), pero aún así me puse un poco de perfume. Al salir, miré el reloj y eran las 7:45. "Perfecto", pensé, "así puedo ir por Chrissy y llegar a la escuela a tiempo". Me puse en marcha.

Llegué a la puerta de la casa de los Cunningham, toqué el timbre, y en lugar de ser recibido por una de las mujeres más guapas de la historia, me abrió su desagradable padre.

—Hola, señor Cunningham, no sabía que usted madrugaba —dije, intentando ser amable. Él me miró con irritación y se dio la vuelta para gritar:

—¡Chrissy, tu perro está aquí!

Me quedé callado, pero todo mi ser me gritaba que lo mandara al diablo. Justo cuando estaba por hacerlo, alguien gritó desde dentro:

—¡Papá, qué mierda! Pensé que ya lo habías aceptado.

Al oír la voz de Chrissy, pensé que todo mi enojo se disipó de inmediato.

—¡Carajo! Ya acepté que a mi hija le gustan los raritos pobrestones, ¿qué más quieres de mí? ¿Acaso quieres que sea amable con todos los pobres con los que quieres acostar? —respondió su padre, y yo me quede callado sabiendo que el ojo que pensé que se había disipado simplemente volvió.

—Solo cállate —dijo Chrissy mientras se acercaba a mí. Cuando estuvo junto a mí, me agarró de la mano y dijo—: Ya vámonos, Eddie.

No voy a mentir, mi corazón se aceleró. Llevábamos siendo novios dos meses, y aunque me estaba acostumbrando, aún me ponía nervioso en momentos como ese. Aunque sabía que a Chrissy tampoco se sentía cómoda, porque, cuando salimos del alcance de su padre, soltó mi mano y se sonrojó de vergüenza y enojo.

— ¿Qué le pasó? ¿Qué se cree para tratarte así? —me dijo, molesta.

La miré y me di cuenta de que ella solo había agarrado mi mano para molestar a su padre, no porque lo sintiera realmente. No supe qué sentimiento me invadió primero: ¿decepción o admiración?

—Gracias —le dije, intentando calmarme.

—¿Por? —me miró confundida.

—Por intervenir. Ya iba a decirle sus verdades en la cara, y obviamente, él se iba a enojar, diría algo más, yo me enojaría y acabaría golpeándolo.

Chrissy soltó una risa divertida y me miró con una expresión cómplice.

Caminamos un rato hasta llegar a la escuela. Al entrar, vimos a nuestros amigos. Aunque somos novios y nos amamos mucho, cada uno tiene su propio grupo de amigos, el mío no tendría problemas en aceptarla, pero el de ella cada vez que me acerco me miran como si fuera el mismo diablo, así que siempre nos separamos para irnos con nuestros amigos. El primero en saludarme fue Henderson. Después de su saludo, el siguiente, fue Gareth, quien me recibió con un comentario:

—Soy yo, ¿o has estado llegando más temprano desde que empezaste a salir con Cunningham?

—Tienes razón —respondió Jeff, otro miembro del club.

—A mi hermana le pasó algo similar, pero con Jonathan —comentó Mike, uno de los nuevos miembros del club. Aunque es un novato, al igual que sus amigos (Will Byers, Lucas Sinclair y Dustin Henderson), son muy buenos jugadores. Creo que me había contado que jugaban en el sótano de Mike cuando eran más pequeños, así que, aunque son nuevos, no los tratamos como inexpertos, sino como diamantes por pulir.

Estábamos charlando con normalidad cuando sonó la campana, indicando que era hora de ir a clase. The Party (como se llaman los diamantes sin pulir) son un año más pequeños, así que nunca nos tocara juntos (claro si logro aprobar los años) en clase, al igual que Jeff y Conell. Aunque realmente no me quedaba completamente solo, ya que Gareth estaba en mi salón. Y, pensándolo bien, aunque no estuviera Gareth, tampoco estaría solo, porque me tocaba con unos “nuevos” que logre hacer gracias a los nuevos integrantes del club, Jonathan Byers y Nancy Wheeler.

Cuando nos íbamos a separar, Conell se dio la vuelta y nos dijo:

—¡Oigan! Se me había olvidado contarles, mis primos se mudaron ayer y hoy vienen a la escuela. Creo que a ustedes les toca Dingus… no sé. Bueno, me dicen después de clases. ¡NOS VEMOS! —gritó al final, se dio la vuelta y se fue junto con Jeff a su clase.

Me pareció raro, y, además, pensé que qué apodo tan tonto, "Dingus". Pero algo en mi mente empezó a recordar un nombre muy parecido. Cuanto más me acercaba al recuerdo, más me enojaba, y creo que mi enojo era evidente, porque Gareth me agarró del hombro y me preguntó si estaba bien.

—Sí, estoy bien —respondí—. Solo tuve una mala noche, eso es todo.

— ¿Otra vez esos sueños con el chico pelirrojo? —asentí a su pregunta—. Hombre, en serio, me muero por saber qué es lo que fumas para tener ese tipo de sueños. Soñar con un chico pelirrojo que parece estar drogado, y no solo eso, sino que además lleva una corona de laurel de oro como si fuera un romano… ¡Jajaja! muy fumado, si me preguntas.

—Primero que nada, yo no fumo mi mercancía, no me gusta. Y segundo el chico pelirrojo no parece drogado, y ya te lo he dicho miles de veces…parece enfermo— Me miro levantando una ceja, quería defender al pelirrojo. Aunque, si soy sincero, no me tendría que molestar que se drogara, después de todo, las vendo por algo. Pero pensar en ese chico con una mirada tan frágil, fumando un porro, de alguna manera me causa mucha incomodidad justo cuando iba a hablar, Gareth me interrumpió.

—¿No has pensado que podría ser tu alma gemela?

—¿De qué estás hablando? —Lo miré confundido, y entonces comprendí lo que quería decir.

Estaba hablando de esa absurda teoría de que cuando sueñas repetidamente con alguien, es porque esa persona es tu alma gemela. Al darme cuenta, me enfurecí.

—¡OYE!, que no te acuerdas de que tengo novia.

Gareth no dijo nada, solo se encogió de hombros.

—Yo solo te estoy dando ideas— Se detuvo y señaló la puerta de nuestro salón—Ya llegamos.

Entramos, y en ese momento vi a Jonathan y Nacy sentados. Al vernos, nos saludaron al mismo tiempo. Estaba a punto de acercarme a hablarles, pero en ese instante entró el maestro, y nos ordenó que nos sentáramos.

—Bien, chicos, hoy tenemos un nuevo compañero en la escuela —dijo el maestro, y Gareth y yo nos miramos, esbozando una pequeña sonrisa—. Pasa, por favor.

En ese momento, entró un chico, y tan pronto como lo vi, toda mi piel se erizó. Sentí una necesidad inexplicable de correr hacia él y abrazarlo, pero, claro, no podía hacer eso, así que me encogí en mi asiento.

Su cabello era rubio, peinado de lado, con ojos azules y mirada juguetona. Su sonrisa no era la de alguien perdido mentalmente, sino la de una persona feliz y un poquito drogada.

—Mucho gusto, soy Simon Kalivoda y me encantaría conocerlos a todos —dijo con una voz que me hizo estremecer. ¡Era idéntica a la del pelirrojo de mis sueños! No solo su voz, sino también su rostro. Tal vez el color de su cabello no coincidiera, pero esa era su cara.

—Bien, Simon, siéntate en la silla vacía junto al señor Byers —dijo el maestro señalando a Jonathan.

Al pasar cerca de mí, noté cómo me miró, y vi cómo sus ojos se agrandaban. Creo que quiso detenerse, pero no lo hizo y siguió adelante sentándose junto a Jonathan. Él lo saludó, y Simon le devolvió el saludo. Así continuó la clase, pero yo no podía dejar de pensar en el chico pelirrojo. "Le preguntaré a Conell después de clase, porque creo que él es su primo o algo así."