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Kageyama supo, desde que perdieron las nacionales en su primer año con la equipación del Karasuno, que las cosas no se mantenían fijas por mucho tiempo.
Aún así, decidió no darle mucha importancia y seguir con la corriente. Al fin y al cabo, él siempre había tenido un objetivo inquebrantable: convertirse en un gran colocador y vivir del voleibol. No importaban las fluctuaciones en el camino, siempre que mantuviera a la vista la meta no se sentía perdido. Y hasta ahora, parecía que su plan (aunque también había tenido una increíble suerte durante su adolescencia) funcionaba. Habían perdido contra el Kamomedai y se sentía tan triste y decepcionado como el resto del equipo pero al menos le quedaban dos años más de preparatoria y el Campamento Nacional de Entrenamiento Juvenil. Había opciones y mientras tuviera opciones no se sentiría perdido.
El problema fué que su orgullo de Rey le volvió a traicionar, estaba tan centrado en su propio camino que olvidó que los demás también tenían su propia ruta que recorrer. Peor, olvidó que el voleibol no es un deporte en el que se pueda jugar uno solo.
El recordatorio llegó un amargo día a mitad de su segundo año de preparatoria, cuando el idiota de Hinata le dijo como si nada que quería irse a Brasil a practicar voley-playa para mejorar sus aptitudes fisicas. Al principio no se sorprendió o asustó como lo hicieron Tsukishima y el profesor Takeda, respectivamente. De hecho, no entendía porque dudaban tanto sobre el asunto. Para él estaba muy claro que Hinata haría cualquier cosa que le permitiera volar más alto y no se conformaría con opciones de segundas. Por tanto, al principio solo pudo mostrarse orgulloso por su compañero e incluso un poco molesto, como si dijera: “Maldito Hinata ¿Cómo te atreves a hacer algo tan guay como irte al extranjero para mejorar tus habilidades?” Pero era sobre todo orgullo lo que sentía.
Ese mismo día, una vez terminó la practica extra con el idiota, volvió a casa, se duchó, cenó y se tumbó en su cama para lanzar el balón al aire suavemente tantas veces como pudiera hasta quedarse dormido. Nada nuevo en su día a día.
Sin embargo, una vez que la oscuridad azulada de su habitación lo rodeó y no tenía esa mata de pelo brillante y enérgica gritándole por pases y moviéndose de un lado al otro; una vez que solo fue él, el silencio y la oscuridad; empezó a tener ideas extrañas, ideas nuevas.
El balón subía y bajaba livianamente entre sus manos, en contraste a su pecho el cual empezaba a sentirse pesado.
Y es que, maldita sea, Brasil está jodidamente lejos.
Kageyama sabía que cuando terminaran la preparatoria tomarían caminos separados, quisieran o no, pues sus habilidades eran muy distintas. Pero con su ingenuidad de Rey había asumido que sus caminos no se distanciarían más allá de Japón. Tonto, tonto Kageyama.
Dicen que no sabes lo que tienes hasta que lo pierdes ¿No? Bueno, pues Tsukishima tendría que arrodillarse y pedirle perdón por llamarle tonto porque él se había dado cuenta de esto antes de que ocurriese.
Aquella noche su imaginación voló a aquel futuro, un futuro sin Hinata cerca, y cuando volvió a la realidad se encontró con un miedo que conocía muy bien: Colocar un balón y que no hubiera nadie para rematarlo. Encontrarse solo en la cancha. Simplemente solo, en todos los aspectos.
Kageyama nunca había sido bueno socializando. Si ya había tenido problemas con sus compañeros de equipo, imagina establecer relaciones fuera del deporte.
Hinata vino para romper todo eso.
Desde que lo conoció, cuando verdaderamente lo conoció, (Es decir, ese primer año en el Karasuno y no en el partido que tuvieron en secundaria) Hinata demostró tener el suficiente coraje como para enfrentarse a él y su humor huraño. Pero también una calidez y paciencia infinita pues, pese a lo horribles que habían sido sus comienzos, Hinata tuvo la bondad de regalarle una sonrisa pese a todo. No solo se mostró amable con él, sino amistoso, hablándole como Kindaichi y Kunimi se hablaban entre ellos: con confianza y naturalidad. Le recordó que el voleibol era divertido; borró su miedo a quedarse solo en la cancha con aquella promesa de que mientras él estuviera allí, él sería invencible; reescribió su trauma con el apodo de Rey de la cancha, permitiéndole volar a nuevos horizontes que hasta entonces se había abstenido por miedo.
Hinata no solo se había convertido en su compañero de equipo, también era su rutina y su primer y mejor amigo. Y aunque sabía que él mismo ya no era el mismo, que había madurado lo suficiente como para poder desenvolverse en otros equipos además del Karasuno, (Suga se lo confirmó al final del partido con el Kamomedai) también había tomado consciencia de que tener a Shoyo lejos sería un peso importante con el que tendría que aprender a vivir.
El tiempo pasó, amable pero implacable. Al final de la graduación, Kageyama huyó al gimnasio para practicar algunos saques y con ello sofocar la melancolía del momento de la despedida.
Entonces pasó, Hinata entró de repente, rápido como él solo y consiguió levantar uno de sus saques con una postura perfecta. A Kageyama le recordó la entrada que hizo Nishinoya hace tres años. Esta escena reafirmó su pensamiento sobre que la decisión de Hinata de irse a Brasil había sido la correcta.
— Nos vemos pronto, Kageyama. —Dijo con una sonrisa brillante en el rostro.
Y por la admiración y respeto que le tenía, Kageyama decidió en ese mismo instante que no dejaría que el chico se llevara su añoranza en la maleta.
— Sí…Nos vemos pronto. —Respondió de vuelta.
Ambos lo sabían, aquello no era una despedida y tampoco una promesa, se trataba de un reto.
Siempre habían tenido aquella extraña forma de comunicarse las cosas más complicadas con actos más sencillos. Si decían que se verían pronto, es que debían hacerlo y no de cualquier forma. Tendrían que presentarse mucho más fuertes de lo que eran ahora o aquellas palabras no habrían servido para nada. El reto era un bálsamo para combatir el dolor de la separación, algo con lo que calmar la mente en los días difíciles que estaban por venir. Kageyama sintió que incluso ahora, Hinata seguía dándole cosas con las que poder seguir adelante y que, mientras recordará estas palabras, mientras cumpliera su promesa, no tendría que preocuparse tanto por la distancia, pues Hinata ya le había dicho que volvería.
Hinata supo, desde que perdieron las nacionales en su primer año con la equipación del Karasuno, que las cosas no se mantenían fijas por mucho tiempo.
Fué un golpe duro pero necesario para hacerle entender las limitaciones de su cuerpo y los límites a los que podía aspirar. Y pese al dolor, Hinata siempre sabía quedarse con las cosas buenas. Mientras pudiera seguir jugando al voleibol todo estaría bien. Los retos le hacían elevarse más alto. Por eso no se lo pensó dos veces en su decisión de ir a Brasil a mejorar su cuerpo y habilidades en cuanto terminara la preparatoria. Después, vería si podría entrar a algún equipo profesional, pero por el momento eso bastaba. Un paso tras otro.
Salvo que su viaje a Brasil no se sintió como un paso, sino como un salto monumental que incluso a él le causó vértigo.
Su llegada estuvo bien, conocer a Lucio, la casa en la que se hospedaría, su compañero, la ciudad…todo aquello había sido un cúmulo de suficientes estímulos para saciar su enérgico ser. Fueron los días siguientes lo que amenazaron con tumbar su determinación: Un trabajo exigente que dejaba pocos ingresos, la diferencia cultural, la implacable arena… Todas ellas golpearon su autoestima como remates certeros. Y, finalmente, una foto de sus antiguos compañeros del karasuno, se marcó un tanto en su espíritu. La añoranza era un arma de doble filo.
Aquella noche llegó en silencio y soledad para recordarle todas las cosas que habían ido mal y todo lo que había dejado atrás, poniendo en entredicho su determinación.
¿Y si simplemente no podía conseguirlo?
¿Y si este muro era demasiado alto como para poderlo atravesar?
Eran los pensamientos que se repetían ponzoñosos en su mente mientras temblaba en una esquina de su habitación, luchando contra la ansiedad.
“Puedes volar aún más alto”
Aquella voz atravesó sus dudas y se abrió paso en su mente, inundándolo todo. Era una voz cuyo tono podría reconocer incluso a kilómetros de distancia, una voz que pertenecía a una cara que se había vuelto una presencia imprescindible en su día a día y que, incluso ahora, convertida solo en un recuerdo, seguía siendo lo suficientemente fuerte como para guiar a Hinata fuera de sus pensamientos intrusivos.
Ese recuerdo pertenecía a un Kageyama de primero de preparatoria, poco después de terminar sus respectivos entrenamientos tras derrotar al Shiratorizawa. Hinata recordó que en ese tiempo también se sintió bastante inseguro sobre su crecimiento como jugador de voley. Había hecho cosas vergonzosas y poco honrosas, pero había aprendido mucho gracias a ello. Se sentía mejor con las habilidades que en ese tiempo poseía pero, aún así, parecía que no era suficiente. O al menos, se dio cuenta de que aquello no era todo cuando Kageyama hizo aquella afirmación.
Y es que sus palabras tenían mucho peso, porque Kageyama nunca decía algo en vano, él no era de los que animaban sin una base. Si decía que podía saltar aún más alto, es porque sabía que podía hacerlo y punto.
Hinata lo miró en ese momento y apreció un cambio en él. Ya no era el lejano y egoísta Rey que conoció en antaño, ahora era un jugador con talento que se preocupaba por transmitir sus ideas a sus compañeros.
Hinata le debía muchas cosas a Kageyama. Él siempre había sido un chico extrovertido pero nadie podía seguirle el ritmo en el voleibol (o más bien, nadie parecía tener su misma pasión) Kageyama fue su primer compañero, alguien con quien compartir horas y horas de juego sin cansarse. Pero también fue su guía en muchas otras ocasiones, consciente o inconscientemente.
Verle jugar con tanta maestría le hizo conocer sus propias carencias. Sin él no habría podido expandir su visión e interesarse en las recepciones además de sus remates. Y desde luego, tampoco se hubiese planteado romper su propio récord de altura en salto vertical.
Si Kageyama decía que podía saltar más alto, es que podía hacerlo. Y no iba a deshonrar el recuerdo de su amigo quedándose allí agazapado y lamentando sus errores.
¡Qué demonios! ¡Él mismo le había dicho, cuando acabaron la preparatoria, que se reencontrarían! Kageyama se burlaría de él por décadas si volvía a Japón con el rabo entre las patas. Así que no le quedaba de otra, superaría este muro a toda costa.
Tras ese atropellado inicio, incorporó a su rutina de ejercicios la meditación para calmar su mente. Cuidó su alimentación y se dedicó a jugar al voley-playa tanto como pudo, además de otros ejercicios de gimnasio para fortalecer sus músculos.
Pocos días después de aquello, la vida pareció recompensarlo con una pequeña brisa fresca entre el calor sofocante de Brasil y se encontró con Oikawa.
Fué del todo inpesperado, pero la presencia conocida le dió el empujón final que necesitaba. Aquellos días fueron divertidos para Hinata, pudo jugar con el Gran Rey ¡Incluso este hizo unas colocaciones para él! También se hicieron un selfie juntos, el cual no dudó en mandarle a Kageyama (que hubieran tomado caminos separados no significaba que no pudieran seguir mensajeándose de vez en cuando)
Kageyama por aquel tiempo estaba viviendo un ritmo de vida acelerado que no le permitía pensar en muchas cosas. Participó en los juegos olímpicos y ahora jugaba en la primera división de voley japonés en el equipo de los Schweiden Adlers, con viejos contrincantes como Ushiwaka y Hoshiumi ahora bajo el mismo uniforme. Justo se encontraba en los vestuarios del equipo cuando el móvil le sonó con un mensaje, el cual abrió con una inmediatez rara en él. Uno pensaría que a un ser tan poco social como Kageyama no le interesaría mantener una conversación por mensaje pero tenía un buen motivo. O al menos, alguien por quien esperar con tanta emoción una notificación. Esta vez la suerte le había sonreído: había sido Hinata quien le había escrito. Pero parece que cantó victoria demasiado pronto, cuando abrió el chat para comprobar que quería exactamente ahora ese idiota, una fotografía lo dejó congelado en el sitio.
Era Hinata. Pero estaba junto a Oikawa. Ambos posando desenfrenados ante la cámara.
…
¿¡Cómo!? ¿¡Qué!? ¿¡Por qué!? Eran las preguntas que rebotaban en su mente, frenéticas.
En cambio, él seguía congelado en el sitio.
¿Acaso se había excedido con los entrenamientos y el cansancio le estaba haciendo alucinar? Justamente en ese momento Ushijima pasaba por su lado, llamó torpemente su atención para mostrarle la foto y comprobar si realmente aquello era posible.
Su compañero reaccionó del mismo modo, lo que le confirmó que, efectivamente, aquel encuentro se había producido en la realidad.
Cuando pudo salir de su estupor y pedirle explicaciones a Hinata, este le contó que se había tratado de una fortuita coincidencia.
Kageyama se alegró de que a Hinata le fuera bien el Brasil, pero igual que cuando le dijo que se iría a aquel país, otro sentimiento más oscuro afloró en su pecho. Por supuesto que Hinata estaría jugando con otras personas, igual que él. Otra cosa era saber que Oikawa le había hecho algunas colocaciones… aquello le revolvió por dentro. Sabía que Oikawa era un excelente jugador, lo admiraba y respetaba pese a la turbulenta relación que tuvieron. y claro que Hinata también lo admiraba, pero esta era su primera vez jugando con un colocador de primera que no fuera él. Siempre fueron el dúo raro, pero ahora Hinata estaba creciendo y posiblemente, él ya no sería necesario para esa combinación…¿Y si algún día se olvidaba de él definitivamente? ¿Y si perdía el interés por sus colocaciones?
Aquello se sintió como encontrarse de espaldas y con los talones dentro de un precipicio: No podía bajar el ritmo o se caería.
Entonces, solo le quedaba una opción: seguir hacia delante, seguir mejorando para que Hinata siempre mantuviera su interés en él.
“No perderé.”
Aquel había sido el mensaje escueto pero determinado que Kageyama le escribió en respuesta a la foto.
Hinata bajó el móvil con una sonrisa asomando en los labios. Por supuesto que Kageyama respondería así. ¡Dioses del voley, hubiese dado sus dos piernas por estar donde el colocador y verle la expresión en ese instante!
Negó con la cabeza, reconociendo que aquel pensamiento era muy tonto.
La comida llegó para sacarle de sus cavilaciones y agradeció a Oikawa por invitarle a comer en aquel restaurante durante su reencuentro.
— Entonces ¿Has estado siguiendo los últimos partidos de Kageyama? —preguntó Hinata casualmente.
— Tch, por supuesto que no. Gasto mi tiempo en mejores cosas —Le respondió el otro, una mentira tan obvia.
Hinata se rió para sus adentros al reconocer esas palabras y expresión en el propio Kageyama cuando le hacía la misma pregunta sobre Oikawa. Realmente eran maestro y alumno.
Reencontrarse con Oikawa había sido agradable, pero también había revuelto sentimientos en Hinata que seguían demasiado recientes. Y es que, aunque hablaba con Kageyama por mensajería móvil tanto como se lo permitían sus agendas, seguía sin ser un sustituto adecuado a su presencia. Lo echaba muchísimo menos, más que a ningún otro.
Ver sus expresiones reflejadas en el comportamiento de Oikawa fué como echarle sal en la herida.
— ¿En qué piensas, Chibi-chan? Es inusual verte tan callado. —Oikawa lo observaba con una expresión que decía que ya sabía más de lo que preguntaba, pero aún así Hinata intentó ocultarlo inutilmente.
— Oh, nada…Es solo que estos días he extrañado un poco Japón, eso es todo.
— Hmm…ya veo. Pero, ¿estamos seguros de que es Japón y no a alguien en específico de allí a quien extrañas? —Certero y contundente como sus saques, así fueron las preguntas de Oikawa.
— N-no sé a qué te refieres… —Y Hinata empezó a ponerse nervioso, sin siquiera saber porque se estaba poniendo nervioso en primer lugar.
Hubo una pausa en la que Oikawa parecía estar evaluando la situación y decidiendo si guardar silencio o continuar hablando. Para desgracia de Hinata, escogió lo segundo.
— La primera persona con la que te has puesto en contacto por móvil es con el idiota de Tobio. Incluso ahora, el primer tema de conversación que sacas es sobre él. Por favor, es tan malditamente obvio —Resolvió Oikawa con algo de hastío en su voz.
— ¿D-de qué hablas? ¿Q-qué es tan obvio? —Hinata se sentía cada vez más nervioso y, aunque realmente no quería haber hecho aquellas preguntas, terminaron saliendo de su boca sin que él pudiera hacer nada.
Oikawa revolvió la comida de su cuenco con los cubiertos. No le miraba directamente, pero había algo parecido a la tristeza o la compasión en su mirada.
— Supongo que no tiene sentido que te lo diga yo. Además, creo que sería algo duro para ti si lo descubrieras justo ahora —y terminó soltando un suspiro— . Supongo que no es el momento todavía.
No se habló más del tema. El resto de la semana la pasaron jugando al voleibol y aunque Hinata se había concentrado en el juego la mayor parte del tiempo, en ciertos puntos del día aquella conversación que mantuvo con Oikawa en el restaurante volvían para incomodarlo.
Por otra parte, la suerte de Kageyama parecía estar acabándose y la persona que terminó revolviendo todos esos sentimientos a medio hacer desde tanto tiempo no fue tan suave como Oikawa lo fué con Hinata.
— Antes estabas hablando con Shoyo ¿cierto? —La voz de Hoshiumi lo sorprendió en medio de la sesión de estiramientos post-entrenamiento.
— Hm…sí —Respondió escuetamente Kageyama. La verdad, no esperaba esa pregunta y menos de alguien como Hoshiumi. De quien recuerda que siempre tuvo cierta competencia con Hinata.
— Estaba en Brasil ¿verdad? ¿Qué tal le va? —El otro siguió indagando al respecto, incluso sentándose al lado de Kageyama para continuar sus estiramientos mientras conversaban.
— Bien, creo…Dice que el volei-playa es muy distinto al de cancha. —Quizá se había alterado demasiado rápido, quizá Hoshiumi solo quería saber como le iba al otro por esa necesidad constante de compararse y salir ganando.
Su compañero emitió un sonido de aceptación y siguió con sus ejercicios por unos segundos en silencio. Aquello le pareció extraño al colocador, normalmente Korai siempre era ruidoso respecto a los resultados y no escatimaba en argumentos para decir como él era superior a otro jugador por uno u otro motivo.
— Debe ser duro para ti ¿verdad? — Hoshiumi volvió a hablar y su pregunta sacudió a Kageyama de un modo que ni siquiera él entendía cómo había podido pasar.
Normalmente tenía un gran control en su cuerpo y mente pero aquello tocó una parte de él que era más fuerte que toda la templanza que pudiera reunir. Le asustó, le asustó porque era desconocido, porque no entendía a qué venía esa pregunta o la reacción que causó en él.
— ¿A qué te refieres? —preguntó con genuina curiosidad, mirando a su compañero de equipo como si se tratase de una especie de alien.
— Bueno, ustedes siempre han sido cercanos. Incluso ahora, parece que al único con el que te interesa hablar por mensaje es Shoyo… —Hoshiumi siguió escarbando en la incomodidad de Kageyama, implacable frente a la tensión del contrario.
— Bueno, Hinata fué el primer compañero de cancha al que pude tratar como tal… —Concedió con algo de miedo. Estaba siendo evasivo al respecto, lo sabía y aquello lo confundía aún más.
¿Por qué de repente se sentía nervioso si alguien hablaba de su relación con Hinata? Peor, ¿Por qué alguien sacaba a relucir su añoranza por esa estúpida naranja enérgica? Se supone que estaba bien al respecto. Se supone que habían zanjado ese asunto al final de la preparatoria y que su carrera como jugador profesional era lo suficiente exigente como para mantenerlo ocupado del resto de pensamientos intrusivos.
…Pero no fué así. Al final del día, nunca tenía suficiente de la presencia de Hinata. Esa era la verdad.
Los mensajes por móvil habían surtido buen efecto placebo hasta cierto punto, pero también había momentos en los que la añoranza se volvía simplemente demasiado y Kageyama se encontraba deseando que Hinata volviera ya. Que estuviera allí en ese mismo instante para contarle esas mismas cosas que le contaba por chat, en persona.
¿Por qué no lo podía superar? ¿Porque pese a todo lo que tenía en su vida, todavía se sentía incompleto? ¿Qué le faltaba para llegar a la meta, para sentirse realmente satisfecho con su vida?
Hinata había sido la primera persona a la que pudo llamar compañero, rival y amigo pero…¿Acaso Hinata era una presencia tan importante en su vida? ¿Acaso había algo más? Y, de ser así ¿Que podría ser?
— ¿Heeeh? Dudó que sea solo un compañero lo que te hace ver tan miserable a veces. —Korai, directo como sus remates, lo sacó del bucle de pensamiento para devolverlo a una realidad igual de desagradable y confusa.
— ¿¡Hah!? —Al menos fué lo suficientemente ofensivo como para arrancarle algo de su ira habitual ¿Como que “miserable”? Él no se veía miserable…¿o si?
—Pff, quizá te crees que lo ocultas bien pero todos podemos verlo. A veces, cuando estás hablando por el móvil o incluso cuando estás realizando una colocación para mi frunces el ceño como si estuvieras conteniendo las ganas de llorar.
Hoshiumi había abandonado sus estiramientos desde hace rato y ahora se encontraba simplemente sentado en el suelo, al lado de Kageyama, con las piernas cruzadas y la mejilla apoyada en el puño. No miraba al otro directamente, aunque su mirada realmente no estaba fija en nada.
— Quizá ustedes fueron compañeros en algún punto, pero está claro que su relación va más allá de eso. Las cosas que hicieron, las cosas que están dispuestos a hacer el uno por el otro…eso va más allá de cualquier amistad o compañerismo ¿Me equivoco?
Hoshiumi le miró directamente con aquellos grandes ojos y Kageyama sintió un vuelco al corazón. Incluso si aquella situación había sido demasiado inesperada y el chico todavía no entendía ni la mitad de implicaciones de las palabras de su compañero, se encontró que no tenía la fuerza necesaria para negar dichas palabras.
Solo pudo asentir débilmente y, por primera vez, notó el ceño fruncido del que Korai le había hablado.
— De todos modos, creo que deberías relajarte al respecto. Puede ser duro pero no tienes nada que temer. Justo por lo que he dicho, por el dúo raro que sois, estoy seguro de que él volverá a ti pase lo que pase.
Las palabras de Hoshiumi se suavizaron, habiendo notado la pena de Kageyama y sintiéndose un poco mal al respecto.
— ¡Así que no te duermas en los laureles y procura seguir adelante tú también! No estoy dispuesto a jugar con un colocador mediocre en mi equipo.
Finalmente Hoshiumi se levantó, cambiando el tono de la conversación para aliviar un poco el malestar que había generado en su compañero.
Kageyama solo pudo despedirlo con un débil gracias, aunque no sabía si le agradecía exactamente por este último empujón o por haberle dado la bofetada necesaria para entender finalmente sus sentimientos por Hinata.
En cualquier caso, aquel día cuando llegó a su habitación se tumbó boca arriba en la cama y jugó un poco con la pelota como hacía durante su adolescencia mientras reflexionaba sobre la conversación que había mantenido con Kuroi y los términos en los que estaba con Hinata.
Aceptar que había algo mucho más profundo ahí fue terrorífico al principio pero, como al comienzo de un partido importante, una vez realizaba el primer movimiento, después todo se sentía mucho más fluido. Por supuesto que seguiría experimentando dudas y episodios de estrés durante el partido pero eso no significaba que hubiera perdido todavía.
Llegó a la conclusión de que sus sentimientos por Hinata eran iguales, quizá dolían ahora y dolerían de vez en cuando en los próximos años, pero eso no significaba que no pudiera hacer nada al respecto. Hoshiumi tenía razón, Hinata volvería a él y una vez lo hiciera, él tendría que estar preparado para enfrentarlo con todo lo que tenía. Dentro y fuera de la cancha.
Kageyama sonrió satisfecho para sí mismo. Como siempre había pensado, no importaban las fluctuaciones en el camino, siempre que mantuviera a la vista la meta no se sentiría perdido
Los dos años en Brasil pasaron rápidos y cargados de experiencias para Hinata. Había conseguido su objetivo y estaba listo para volver a Japón y probar suerte en un equipo profesional de allí. Pero primero lo primero, la boda de su compañero Heitor.
Aquella noche había sido tremendamente divertida y no podía estar más feliz por su amigo. Al final de la velada, con una copa de champán que seguramente no se bebería, perdido en sus pensamientos, el novio se le acercó con una sonrisa en el rostro y otra copa en su mano.
— ¿Ansioso por volver a tu hogar, Hinata? —Le preguntó con una sonrisa en el rostro.
— ¡Mucho! —Respondió con su energía característica—. ¡Gracias por permitirme jugar contigo Heitor, he aprendido mucho!
Hizo una profusa reverencia y, unido a su voz que se alzaba por encima de la música y el barullo de otras conversaciones, algunos invitados acabaron fijando sus miradas curiosas en ellos.
— Está bien Hinata, puedes dejar eso… —Heitor trató de hacer que recuperara la compostura, nervioso por ser el centro de miradas (irónico, ya que se trataba de su boda)—. Y dime… ¿Tienes ya tu respuesta?
Heitor se refería a un tema que había tratado con Hinata hace un tiempo ya. Sobre su relación con el tal Kageyama Tobio. Entre partido y partido, Shoyo siempre le contaba anécdotas de su anterior colocador y, siempre que lo hacía, había un brillo especial en su mirada. Heitor pudo reconocerse a sí mismo en aquellos ojos porque era la misma mirada que él tenía cuando hablaba de Nice.
Le preguntó si tenía algo especial con ese colocador y, en aquel entonces, Hinata se puso rojo como si se hubiera quemado en la playa y empezó a balbucear cosas en japonés que no pudo llegar a entender.
Hoy su reacción fue distinta, Hinata lo miró con determinación y una sonrisa en el rostro.
— ¡Si!
— Entonces te deseo suerte con ese chico —Chocó sus dos copas en un brindis y bebió de la suya propia. Hinata no, pero agradeció el gesto.
Heitor realmente se alegraba por el crecimiento del chico, realmente parecía tener algo muy especial con aquel Tobio.
Gracias a esa conversación, Hinata se vio rememorando esos dos años que había pasado en Brasil: los días de entrenamiento, el tiempo que Kageyama había ocupado en sus pensamientos, las palabras de Oikawa, las cuales habían conseguido remover una idea que creía dormida y las insinuaciones de Heitor que solo alimentaron el fuego.
Por aquel entonces Hinata había concluído que no podía seguir huyendo y, entre sus meditaciones, le dedicó un tiempo a encontrar lo que Oikawa le había dicho que tenía que descubrir.
Él ya sabía que Kageyama había sido un amigo cercano y su guía, además de un compañero y rival. Pero quizá siempre había querido algo más. Quizá por eso se había sentido mal de vez en cuando pensando que Kageyama se olvidaría de él en estos dos años entre tanto jugador profesional o que no lograría estar a su altura una vez volviera a Japón. Su ausencia ya tuvo un peso significativo en esos años y sintió que, si un futuro así llegaba a ocurrir, sería devastador para él. Por supuesto, estaba haciendo todo esto por su carrera profesional pero se dio cuenta de que Kageyama siempre había formado parte de esa ecuación.
Llegó a la conclusión de que si Kageyama y el voleibol estaban al mismo nivel, entonces solo significaba una cosa. Y no podía huir, seguir negándolo o esconderlo como había estado haciendo en sus años de adolescencia. No, debía demostrar que había crecido, en todos los aspectos.
Así que sí, había encontrado el motivo por el cual añoraba a Kageyama sobre cualquier otra persona o cosa y el motivo por el cual era su luz en los días oscuros y estaba decidido a hacérselo saber al chico en cuanto se encontraran. No porque esperase una respuesta o un cambio, simplemente porque sentía que se lo debía o, mejor dicho, que Kageyama merecía saberlo.
Finalmente llegó el esperado día. Hinata había conseguido entrar en el equipo de los Black Jackals y tendría su debut contra los Adlers de Kageyama. El cual, no iba a mentir, estaba que se echaba a temblar de la emoción. Lo había pensado mucho y estaba decidido a ello, sea cual fuere el resultado del partido, hoy confesaría sus sentimientos a Hinata. La idea no le hacía sudar frío como hace un año, Kageyama se sentía orgulloso de su crecimiento en este sentido también. No obstante, le gustaría ver a Hinata antes de eso, para tantear terreno y esas cosas ¡No porque se sintiera inseguro o demasiado ansioso! ¡Nada de eso! Simplemente quería saludarle adecuadamente antes de lanzarle tremendo balonazo informativo…O al menos, eso se dijo de camino al único sitio en el que sabía que encontraría a Hinata en un momento como este.
— No vas a tener problemas intestinales hoy ¿o sí?
Había llegado el día. Su debut estaba literalmente a una puerta de distancia. Había conseguido pasar las pruebas de uno de los equipos de primera división de Japón y, no solo eso ¡Se había reencontrado con viejos rivales como Bokuto, Atsumu y Tsukasa, ahora todos bajo el mismo uniforme! Eran maravillosas las coincidencias por las que te conducía la vida…
Y hablando de coincidencias, justo había tenido que cruzarse con cierta persona en su camino al baño. Reconoció esa voz al instante ¿Cómo no hacerlo? Su piel se erizó de emoción previa y no dudó en plantarle cara al imbécil que se atrevía a burlarse de él ahora.
— Para nada. Ya no soy el tipo de hombre que tiene problemas estomacales antes de los juegos —Respondió con demasiada seriedad.
— Más te vale, idiota. —Le respondió el otro en el mismo tono.
— ¡Si que has madurado, Kageyama! —Hinata no pudo evitar saltar, sorprendido por la falta de genio en las palabras de su viejo amigo.
Tenía el corazón a cien. Kageyama estaba allí, estaba frente a él y aunque el tiempo lo había cambiado (tanto fisica como mentalmente) las bases seguían siendo las mismas. Seguía siendo el Kageyama que conoció en secundaria, su Kageyama.
— ¡De hecho, creo que podría vencerte en un pulso ahora! —Estaba tan alterado que por poco se le escapa una confesión. Por suerte pudo redireccionar esa energía en lo que siempre había sido la base de su relación: una extraña pero amistosa rivalidad.
Se arrepintió al instante de haber dicho aquello.
Kageyama alzó el puño y lo retó con aquella voz grave que ponía cuando se encendía o se enfadaba (a veces ambas). Hinata sintió el impulso de supervivencia y, muy resueltamente, bajó el brazo y con una sonrisa de falsa serenidad ofreció la posibilidad de dejarlo para más tarde.
Aún así, seguía sintiéndose rebosante de sentimientos. Aquella conversación había disipado sus dudas sobre si su relación podría haberse enfriado con los años. Durante el vuelo de regreso se estuvo preguntando si podría volver a hablar normalmente con Kageyama, si podría siquiera confesarle sus sentimientos. Aquel encuentro fortuito en el baño le demostró que no había por qué temer. Su relación seguía intacta pese a los años y se acomodó a como había sido tan fácil como nos piezas que se construyen con el propósito de que encajen entre sí.
Le hubiese gustado seguir charlando con Kageyama antes del partido, tenía tantas cosas que preguntarle y decirle. Sobre sus sentimientos era una de ellas, pero había decidido que por el bien del partido, eso vendría después.
Lamentablemente, otra voz familiar irrumpió en la escena.
— Tobio-kun ¿estás buscando pelea con mi rematador?
Todo estaba yendo tan bien hasta el momento. Estaba disfrutando de una conversación con Hinata como en los viejos tiempos, con sus bromas y sus piques, bebiendo de las reacciones de Hinata, su entusiasmo y como todavía conseguía infundirle respeto solo con un gesto.
Podría haber seguido así hasta el comienzo del partido pero, tonto de él, terminó tan enfocado en Hinata que olvidó que aquel era un lugar público y que otra gente podría interrumpir.
Aun así, ¿en serio, de entre todas las personas, tuvo que hacerlo el antiguo colocador del Inarizaki?
En su día, sintió una punzada en el pecho cuando declaró que algún día colocaría para Hinata. Ahora esa sensación se repetía al ver cómo este apoyó tan cómodamente su brazo en el hombro de la mandarina con patas y hacía énfasis en las palabras “mi rematador” ¿Él también quería pelea? Pues no la tendría. Hinata había dicho que había madurado y le demostraría que así había sido.
— Él ha sido el que ha empezado. —Respondió tan monótonamente como pudo.
Definitivamente no se iba a poner celoso del colocador de los Jackels.
Mientras se repetía esto como un rezo, otra voz entró a la conversación, esta vez la del ex-ace del Fukurodani. Le respondió con la misma neutralidad con la que había manejado a Atsumu.
Pese a sus intentos, al final se acabó reuniendo cada vez más y más gente en el baño y la conversación divagó a tal punto que se rindió en siquiera tratar de seguirle el ritmo.
Una pena, realmente le hubiese gustado seguir hablando a solas con Hinata un poco más antes del partido, supuso que tendría que ser una vez este terminara. Por el momento se conformaría con ver que tanto había evolucionado Hinata en este tiempo.
El partido fue emocionante de principio a fin. Desde esa colocación rápida de Atsumu para Hinata, hasta las recepciones, los saques con salto, las atrevidas colocaciones del chico y aquel remate con su mano izquierda.
Y dios, no estaba celoso, de hecho admiraba que Hinata hubiese podido adquirir tales habilidades para ganarse su propio lugar en la cancha. Pero maldita sea la nostalgia, era como ver algo que siempre fué divertido en manos de otro. Estaba siendo interesante jugar contra Hinata, pero con cada cosa nueva que traía, más reavivaba el deseo en Kageyama de volver a jugar en él mismo lado de la red. Aunque ya se encargaría de eso más tarde, de momento tenía que demostrarle que él tampoco se había quedado atrás.
Luchó, luchó con todas sus fuerzas y aún así…No, por fin, Hinata le superó. Ganó el partido con lo que mejor sabía hacer: ser el señuelo perfecto. Era casi indignante que precisamente él hubiese caído en su propia trampa.
Hinata no solo había perfeccionado su salto, había pulido prácticamente todas sus caras, convirtiéndolo en un jugador versátil y necesario. Y esa, esa era la esencia de su Hinata. Siempre retándose a sí mismo y a la palabra imposible. Siempre trayendo algo nuevo e inesperado, obligando a los demás a salir también de lo establecido para encontrar un modo de pararle.
Con él, el juego era mucho más divertido y emocionante. Realmente era un jugador aún más bueno de lo que era él.
“Tenías razón, abuelo.” Pensó para sí mismo cuando se dio cuenta de la magnitud que había conseguido mejorar su antiguo compañero.
Kageyama aguardó con paciencia a que todo se despejara, se despidió del equipo y los dejó ir en el autobús, él se quedaría esperando al pelinaranja en la entrada. No le había dicho nada sobre sus planes de acompañarle, solo esperaba que Hinata compartiera su idea gracias a esa comunicación extra que parecía ser solo cosa de los dos.
Hinata hizo lo mismo con los suyos aunque en ningún momento había hablado de Kageyama para un acuerdo. De igual modo, solo esperaba que el colocador tuviera tantas ganas de quedarse a solas con él y hubiese actuado en consecuencia.
Cuando reconoció su silueta esperando en la salida del gimnasio, no pudo más que sonreír y correr hacía él. Era como en los viejos tiempos, cuando volvían a casa juntos después de las prácticas.
— Te acompaño hasta casa —Había declarado sencillamente Kageyama.
Hinata asintió y, aferrándose a su bolsa de deporte, guió el camino.
El sitio que tenía alquilado estaba un poco lejos de allí, pero supuso que no importaba si el mismo Kageyama se había ofrecido a acompañarlo.
El aire fresco de la noche fué bueno para sus músculos cansados. Llevaba unos buenos diez minutos caminando al lado de Kageyama en un silencio cómodo…o al menos lo sería si Hinata no se estuviera mordiendo la lengua y devanándose los sesos para encontrar un modo adecuado de confesarse a Kageyama. Sabía que el otro no estaba molesto con él por la derrota, era una más entre tantas competiciones que tuvieron. No importaba porque sabía que vendrían más oportunidades para ponerse a prueba.
Pero si Kageyama no estaba molesto con él por eso…¿¡entonces porque no le hablaba!? Quizá había malinterpretado todo y realmente su relación se había enfriado en este tiempo…Quizá era más divertido colocarse a Hoshiumi después de todo y…
— Hinata, mira.
El propio autor de su nerviosismo lo sacó del bucle de pensamientos con su voz serena.
Hinata alzó la mirada para ver el rostro de Kageyama y de ahí la dirigió a donde apuntaban sus ojos azules, a su izquierda.
Habían llegado a un gran parque, abierto, sin ningún árbol u obstáculo de por medio. Estaba solo y algo oscuro pero todavía se podía caminar por él. Hinata tenía un presentimiento al respecto…
— Traigo un balón en mi bolsa de deporte… —Kageyama bajó su vista a la altura de Hinata. Este supo leer el hambre en la intensidad de su mirada.
Sonrió por ello, mostrando dientes y todo.
Minutos después ya se encontraban el uno frente al otro pasándose el balón tranquila y metódicamente. En un parque desolado, dos adultos, sin importar lo que alguien pudiera pensar de ellos si los viera.
— Entonces, Kageyama ¿qué has estado haciendo estos dos años? —Hinata sintió que ahora podía pensar con mayor claridad así que decidió empezar por ponerse al día.
— Lo normal —Escueto como siempre, Kageyama le respondió a la par que le lanzaba el balón.
— ¿¡Lo normal!? ¿¡Cómo va a ser lo normal si participaste en los juegos olímpicos nada más graduarte!? ¡Estúpido Idioyama! —Aquella respuesta alteró a Hinata, que no dudó en atrapar el balón con ambas manos y gritarle a Kageyama en respuesta. Dioses, estaba intentando hacerlo lo mejor posible pero el otro no colaboraba para nada.
— ¿¡Hah!? ¿¡Entonces por qué no empiezas tu primero, Hinata imbécil!? ¡Eres tú el que se montó en un avión para irse al otro lado del mundo! —Por supuesto, el orgulloso Rey no dudó en contra-atacar.
Hinata apretó los dientes, preparando otra acusación que terminó muriendo rápidamente en su garganta. Supuso que Kageyama tenía razón, él había sido quien había hecho un movimiento más arriesgado así que quizá sí debería empezar él entonces.
— La verdad es que fué muy difícil. —Afirmó, sinceramente pero sin una pizca de arrepentimiento—. Hacerme a las costumbres y el idioma, combinar los entrenamientos con el trabajo a medio tiempo…Casi pensé que no lo conseguiría.
Kageyama relajó su postura y empezó a escuchar atentamente. Podía notar el sufrimiento que había experimentado Hinata a través de la expresividad de su mirada. Quiso cerrar distancias con él, abrazarle fuerte y recordarle que ya había pasado todo, que finalmente había vuelto a Japón y se había convertido en un excelente jugador. Se contuvo, no supo cómo.
— ¡Pero al final lo logré! —Hinata alzó la voz y su postura, mostrando el orgullo de alguien que sabe que ha conseguido resultados—. Y la verdad, no hubiese sido posible sin tu ayuda, Tobio, así que supongo que debo darte las gracias.
Kageyama sintió un mareo sacudiendo su cuerpo ¿Hinata acababa de llamarle por su nombre? ¿Acababa de darle las gracias?
— ¿Por que me-
— Espera. —Hinata lo interrumpió. Su labio empezaba a temblar, pareciese que estuviera a punto de echarse a llorar—. Sé que tendrás muchas preguntas pero, por favor, déjame terminar. —Alzó la cabeza al cielo e infló su pecho de aire, preparándose para la siguiente parte de su discurso—. La verdad es que estos años sin tí me han hecho darme cuenta de lo verdaderamente influyente que has sido en mi vida, de lo realmente importante que eres…Sin tí, no habría podido disfrutar tanto del voley como lo hago, pero tampoco habría visto las cosas que me faltaban por aprender. Ampliaste mis horizontes y me diste la confianza para lanzarme a alcanzarlos. Que tu creyeras en mí fue mi punto de apoyo en los días en los que yo no tenía fuerzas.
Hinata podia sentir las lágrimas acumulandose en sus ojos. Maldita sea, no quería llorar pero las emociones lo desbordaban. Pensaba que sería fácil pero ahora, en el momento de la verdad, descubrió que seguía teniendo miedo. No quería estropear las cosas con Kageyama, no justo cuando había alcanzado su nivel. Aún así, no se detuvo.
— Pero no solo eso, estos años también me he dado cuenta de que eres importante para mí tanto dentro como fuera de la cancha. Quiero seguir hablando contigo todos los días y me gustaría que pudiéramos caminar juntos como lo hicimos ahora. De hecho me gustaría probar cosas nuevas como salir por ahí los días libres, comer juntos o incluso quedarnos toda la noche en la casa del otro. La verdad Kageyama es que tu me…me…Me gus-
Empezó a hipar, justo cuando tenía que decir lo más importante se atragantó con su propio llanto. Cerró los ojos y trató de respirar para calmarse pero antes de que pudiera entrar en un estado de meditación, su cuerpo había sido atrapado por una fuerza que lo empujó contra una pared fuerte…Una pared fuerte, cálida y que rebotaba al ritmo de un ataque cardiaco.
Abrió los ojos y lo único que reconoció fue la tela deportiva del vestuario de Kageyama. Estaba siendo abrazado por el otro.
— ¡Tú también Hinata! —Empezó el otro, sin disminuir la fuerza con la que sus brazos habían atrapado el cuerpo del otro—. Para mí, tú también serás una parte imprescindible en mi vida. Fuiste mi primer amigo y compañero, gracias a tí pude hacer más compañeros, pude vislumbrar nuevos retos y volver a disfrutar del voleibol, jugar en diferentes equipos…Sin tí no hubiese conseguido mi meta. —Kageyama había hablado todo el rato en voz alta y acelerada pero esa última parte la dijo en un tono tan suave que le robó el aliento a Hinata.
Shoyo notó como Kageyama desenvolvía su abrazo protector para tomarle delicadamente de las mejillas y cruzar miradas. Allí arriba, Hinata contempló dos orbes azul oscuro que brillaban con anhelo.
— Pero desde hace tiempo tampoco ha sido suficiente para mí tampoco… —Continuó Kageyama, con las mejillas sonrojadas y una voz vacilante—. Mira, tú sabes mejor que nadie que no soy bueno con las relaciones…Que quiero dedicar mi vida al voleibol y no permitiré que nada se interponga en mi camino. Pero tú…tú eres diferente. Tú formas parte de esa ecuación y quiero que lo sigas siendo en muchos más aspectos.
Hinata lo miró perplejo…¿En serio había escuchado correctamente? Todo lo que Kageyama estaba diciendo, era lo mismo que él había sentido. Entonces, eso significaba que…
No pudo evitarlo, se volvió a echar a llorar. Esta vez en serio, liberando todo el estrés, miedo y dolor que había guardado estos dos años en el pecho de Kageyama.
—¡Te extrañé tanto! —Grito entre lloros.
— Yo también Shoyo, yo también
Kageyama lo acunó entre sus brazos, dejándole que liberara todo el dolor, abrazándole tan fuerte como podía, sin llegar a lastimarlo, porque esa era su forma de liberar el dolor propio. Pasaron unos minutos hasta que ambos se relajaron. Solo entonces, se volvieron a mirar
— ¡Me gustas, Kageyama Tobio! ¡Sal conmigo, por favor! —Demandó Hinata con la estúpida confianza y naturalidad con la que pedía sus colocaciones antaño.
Kageyama sonrió torcido ¿de donde venía esa determinación ahora, si hace unos segundos estaba llorando como un bebe entre sus brazos?
— Si que te ha tomado tiempo, idiota. —Bromeó, pero no podría estar más feliz con el resultado de ahora. La espera realmente había valido la pena.
Kageyama no perdió más tiempo, se inclinó y besó a Hinata para dar comienzo a esta nueva etapa de su vida.
Fué un beso lento pero profundo, producto de la añoranza y el deseo mutuo. Mientras sus labios se conocían, Kageyama llegó a la conclusión de que ambos no podrían haber terminado de otro modo.
Él era talento, Hinata trabajo duro; uno era introvertido y huraño mientras que el otro extrovertido y animoso…Dos personalidades así parecían estar destinadas a llevarse mal, a no encontrarse nunca. Por suerte ellos tenían el voleibol para unirlos. Siempre que existiera esa conexión entre ellos dos, lo demás no importaba, podían superar todas las contrariedades.
Al fin y al cabo, eran como las dos caras de una misma moneda: opuestas, pero destinadas a formar una misma cosa.
Epílogo
Incluso si más tarde tomaron de nuevo un camino separado (Kageyama yendo a Roma y Hinata regresando a Brasil) sabían que esta vez no tenían que temer por nada en absoluto. Habían superado cada bache que encontraron en el camino y lo sabían, el voleibol no era lo que los separaba, era lo que los unía. Mientras siguieran jugando volei podrían volver a reencontrarse.
Como dos caras de una misma moneda, cada uno en un extremo, pero unidos para formar la misma cosa…
