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Domesticame (Serás el único para mí, y yo seré único para tí)

Summary:

Karasu no esperaba que un simple día después de la escuela le trajera un amigo, ni mucho menos un amigo tan interesante como era el pequeño Rin.

O,

En el mundo de Rin, dónde antes solo habitaba Sae, ahora habita también Tabito.

Notes:

El título es una referencia al Principito,, me dió por leerlo el otro día y todavía tengo la frase en la cabeza.

(See the end of the work for more notes.)

Chapter Text

 

 

Su madre había estado preocupada por él cuando llegó a casa llorando, Karasu no le dió importancia hasta que en un parpadeo ya se habían mudado a Kamakura, un hermoso lugar cerca del mar.

 

Karasu nunca había visto el mar, pero estaba seguro de que no quería acercarse jamás. Se contentaba con admirar desde lejos, tratando de adaptarse al olor a pescado y sal que al parecer sería ahora parte de su vida.

 

Azul interminable que se mezclaba con el cielo, que se aclaraba al acercarse a la costa y hacer espuma. El mar es muy curioso, aunque Karasu prefiere los misterios que hay en tierra, muchas gracias.

 

Su situación no cambió mucho a cómo era en Osaka, Karasu se pregunta si era realmente él el problema y si simplemente debería vivir con ello. Por supuesto, el planteamiento lo mantuvo despierto por días y consideró hablarlo con alguien.

 

Cuando su hermana mayor, parcialmente triste por haber empezado en un lugar nuevo, pregunta “¿Lo estás llevando bien?” con un tono bastante esperanzador, Karasu se encuentra respondiendo automáticamente que sí.

 

Maldita sea, está bien. No va a morir por unos cuantos problemas, se dice, porque todos están haciendo un gran esfuerzo por esto.

 

Se pregunta si realmente lo vale.

 

Karasu puede con esto.

 

 


 

 

Karasu está bastante seguro de que hay tres primarias en el área, lo cuál es extraño si considera la escasa cantidad de niños.

 

Niños muy idiotas, insulsos y planos, como nota al margen. Karasu no comenta eso en voz alta, ya que son idiotas pero también más altos que Karasu.

 

Y con más fuerza, si debe añadir.

 

Pero está bien, no necesita relacionarse con otros mediocres, el rey jamás se mezcla con su gente, tiene experiencia estando solo.

 

Así que finge que se va a casa, pero en realidad se detiene en el parque cercano para llegar más tarde y que su familia piense que realmente tiene amigos.

 

Y, bueno, después de este día Karasu no podrá fingir que realmente no tiene.

 

Está pasando por la sección de juegos, piensa en columpiarse un rato, pero se detiene en seco al ver a un niño demasiado pequeño. Desde donde está, puede ver únicamente su espalda, pero sabe que está sujeto fuertemente de las barandillas del juego.

 

Sin que Karasu pueda pensar los posibles propósitos de por qué necesariamente se subió a la cima, el niño se lanza al suelo y cae de cara. Cuando Karasu por fin puede registrar lo que acaba de pasar, saliendo de su aturdimiento, el niño se sentó en el suelo como si nada.

 

Karasu, alguien que no se consideraría a sí mismo realmente empático de otros, inevitablemente se encuentra atraído hacia el niño para verificar si realmente está bien.

 

Las pisadas de Karasu hacen un sonido extraño en la arenilla del patio, entre un silencioso crujido y un suave deslizamiento, lo que provoca que el niño extraño voltee a verlo. Los pasos de Karasu vacilan un segundo, pero no se detiene.

 

Ojos como la espuma de mar.

 

«Vaya, eso es— wow. Son hermosos», Karasu nunca había visto ojos de un color similar y mientras más se acerca se ven más brillantes.

 

El niño mayor se detiene frente a él y se miran fijamente, en silencio. Karasu está seguro de que sus ojos son demasiado puros. Parpadea rápidamente para concentrarse, ya que no se acercó para ver sus ojos, mira su rostro más detenidamente.

 

Había raspones, dolorosos pero no lo suficientemente profundos como para que sangre, aún así le salía algo de sangre de la nariz.

 

"¿Qué te hizo pensar que el suelo quería un abrazo?", soltó sin pensar.

 

El niño parpadea y mira su mano, Karasu sigue la mirada y ve una pluma blanca bastante arrugada en la palma, luego voltea la cabeza para mirar un árbol. Karasu sigue la mirada del niño y ve un par de pájaros ahí.

 

Ahora que recuerda, había más antes de que el niño se lance, pero todos salieron volando.

 

Karasu ve que el niño vuelve a ver la pluma en su mano y vuelve a verlo. No resulta difícil pensar que el niño saltó desde tan alto para intentar atrapar uno de los pájaros, está seguro de que la mayoría intentaría correr hacia ellos en lugar de lanzarse.

 

Interesante.

 

Tabito se saca la mochila y busca en ella un pañuelo de papel, sabía que tenía uno en alguna parte, y probablemente le haría un favor al limpiarle al niño la sangre de la nariz.

 

El niño levanta la mano y señala a Karasu, "Caw, caw".

 

Karasu saca el pañuelo de su mochila y mira al niño, pensando que escuchó mal, "¿Qué dijiste?"

 

"Caw, caw", repite el niño.

 

Ah, ¿Será por su cabello? Karasu no puede parar la sonrisa que se forma en su rostro. "¿Me estás diciendo cuervo?"

 

El niño asiente.

 

«No puede ser verdad», Karasu se ríe sin poder evitarlo. Siempre tuvo una risa extraña, similar a la de un cuervo real, lo que termina dándole la razón al niño. Karasu frena toda risa al darse cuenta de que se está dejando llevar, da un vistazo al rostro del niño y puede ver sus ojos brillando al tener razón.

 

«Son como joyas».

 

Al parecer, no puede contradecir las palabras del niño. Está actuando como un cuervo.

 

Karasu se agacha frente al niño y acerca el pañuelo a su nariz, el niño se encoge levemente ante el contacto, aunque lo supera rápidamente al ver que no hay una presión más fuerte.

 

"No deberías saltar desde tan alto, al menos no te hiciste nada…", hay algo en cómo el niño no responde ante lo que dice que lo obliga a preguntar, "¿Ya lo has hecho antes?"

 

"... A veces"

 

Mierda santa, este niño está un poco loco.

 

Pero está bien, a Karasu le agrada un buen misterio.

 

"¿Cómo te llamas?"

 

"Nii-chan dice que no debo decirle mi nombre a extraños"

 

Y tampoco debería saltar desde un lugar tan alto, pero parece que su hermano no le dijo eso.

 

"Yo soy Karasu Tabito, ahora ya no somos extraños"

 

El niño suelta un ligero jadeo, sorprendido. "Es verdad"

 

Karasu vuelve a sonreírle, "¿Entonces cómo te llamas?"

 

"Rin", el niño lo mira atentamente antes de devolverle la sonrisa. Menos grande, muy pequeña, a Karasu le basta.

 

"Está bien, arriba, Rin", Karasu se levanta y ayuda al niño a levantarse también. Es más pequeño de lo que parece, sus rodillas también están raspadas y rojas aunque no es nada muy preocupante.

 

Karasu se acercó a un basurero cercano y tiró el pañuelo. Se acomodó la mochila y se dió la vuelta cuando sintió que algo jalaba el borde de su remera. Rin sostenía el borde, mirándolo intensamente.

 

"No me olvidé de ti", dice Karasu, un poco incómodo por la mirada. 

 

"Mano", dice el niño.

 

Karasu extiende la mano. Rin extiende la suya y deja en la mano de Karasu la pluma que tenía.

 

"Para ti"

 

"... Gracias, Rin", un regalo extraño, pero el niño parece orgulloso.

 

"¡Rin!"

 

Karasu levanta la vista para ver detrás de Rin, que se voltea rápidamente, y puede ver a un niño pelirrojo con los mismos ojos que Rin.

 

"¡Nii-chan!"

 

Eso lo confirma.

 

«Aunque los ojos de Rin son más brillantes», piensa Karasu distraídamente.

 

Rin corrió sin preámbulos hasta el otro niño, lo abrazó fuertemente y el niño mayor acarició la cabeza de Rin en respuesta. La mirada azul de Karasu se encontró con la verdosa del hermano de Rin, que parecía analizarlo, luego bufó y volvió su atención al niño menor.

 

Karasu se sentiría insultado, pero le dió un poco igual lo que pensara el hermano mayor de Rin.

 

Rin y su hermano se dieron la mano y empezaron a caminar, Rin se dió la vuelta y se despidió de Karasu sacudiendo su pequeña manito.

 

"¡Adiós!"

 

Karasu se despide con su mano libre, agitándose levemente. 

 

Más tarde, llega a casa con la sonrisa más grande del mundo y una pluma en la mano, todavía no sabe qué hacer con ella pero tampoco quería tirarla.

 

La bomba cae en su cabeza cuando está a punto de irse a dormir: Rin es el hermano del niño prodigio del otro salón, Sae.

 

 

 


 

 

 

Los días después de conocer a Rin, y Sae, Karasu no puede evitar pensar que ha desbloqueado un personaje nuevo porque ahora ve al pelirrojo por todos lados.

 

En cualquier momento sería el mejor día de su vida para tratar de diseccionar a Sae, pero cada vez que se cruzan aunque sea un segundo Sae lo ve como si lo quisiera enterrado.

 

No hace falta ser un genio para adivinar que Karasu no es la persona favorita de Sae.

 

Y sin embargo, no ha vuelto a ver a Rin. Lo cuál es triste, o bueno, es raro ponerse triste por eso. Conoció al niño por cinco minutos, o incluso menos, y aún así ya podía decir que era algo fascinante.

 

Pero es solo otro día en la aburrida vida de Karasu Tabito.

 

Sale de su salón a la hora que se le indica, va a cambiar sus sandalias por sus zapatillas a los casilleros y ya puede sentir la mirada de Sae quemándole la nuca.

 

Karasu está contemplando qué respuesta sería la adecuada, en primera para decirle a alguien que no conoce realmente y en segunda para no hacerse enemigo de media escuela en el proceso.

 

"¡Nii-chan!"

 

Tabito está alucinando. Debe ser eso.

 

"¿Rin?", escucha la voz de Sae y unos pasos alejarse.

 

No culpes a Karasu por querer acercarse, es de naturaleza chismosa.

 

"¿Qué haces aquí?", pregunta Sae. "¿Te escapaste de nuevo?"

 

Karasu mira a Rin jugar con sus manos. "Quizás…"

 

Los ojos de Rin se encuentran repentinamente con los de Karasu por un momento y mira a Sae, hace una doble toma y el niño brilla.

 

Karasu y Sae necesitan lentes de sol.

 

"¡Nii-chan, es el niño del otro día!", Rin camina rápidamente a él.

 

Karasu definitivamente no es la persona favorita de Sae en estos momentos.

 

"Hola, Rin", saluda, ignorando la mirada de Sae.

 

"No me dijiste que conocías a Nii-chan" acusa Rin.

 

Karasu se encoge de hombros, "No sabía que eras hermano de Sae"

 

Rin miró a su hermano y luego a Karasu, repitió lo mismo una vez más y luego le dijo al chico, '¿Quieres volver a casa con nosotros?"

 

Las cejas de Sae se dispararon hacia arriba con sorpresa, Karasu abrió ligeramente los ojos por la sorpresa y sonrió.

 

"Claro, enano", Karasu le acarició la cabeza.

 

Probablemente tampoco sería la persona favorita de Sae en un futuro, pero, ¿A quién le importa?

 

A Karasu no.

 

No cuando Rin le sonreía de manera brillante.