Work Text:
Una vez que cerró la puerta de la habitación, Enzo presionó a Julián contra ella en un beso demandante, con la adrenalina de la victoria y los festejos todavía corriendo por el cuerpo de ambos. El castaño se colgó de los hombros del otro chico, que había cambiado tanto físicamente en tan poco tiempo que todavía le parecía sorprendente. No era una crítica, sino al contrario. Había querido hacer eso desde que habían salido a la cancha.
Enzo lo presionó un poco más contra la puerta, obligándolo a abrir un poco más la boca, a girar un poco más la cara para poder profundizar aún más el beso. El contacto entre los dos era desordenado, con los brazos de Enzo cerrándose cada vez más alrededor de su cintura. Estar cerca no parecía ser demasiado cerca después de tanto tiempo lejos.
—Mentira —murmuró Julián contra sus labios cuando se separaron para tomar aire, en respuesta a la conversación que estaban teniendo antes de entrar, con la convicción yéndose por algún lado desconocido cuando sintió los labios de Enzo en su oreja.
—Verdad —insistió el morocho en su oído, mordiendo el lóbulo suavemente—. Nunca subís nada conmigo.
Julián puso los ojos en blanco, sabiendo que Enzo no podía verlo, aunque la sonrisa delataba que no estaba molesto. Sentía que ya habían tenido esa discusión, pero el tiempo separados había sido largo y ambos estaban bastante demandantes. Enzo era siempre el que decía las cosas primero, incluso aún si Julián las sentía también.
—Le doy me gusta a todo lo que subís —dijo el castaño y Enzo se separó un poco de él para mirarlo con una ceja alzada, aunque sus cuerpos seguían presionados contra la puerta de la habitación. Julián no entendía realmente por qué estaban teniendo esa discusión después de haberle ganado a Uruguay hacía sólo unos momentos. Se le ocurrían un montón de cosas mejores para hacer. Se sentía tan bien estar ahí, poder estar tan cerca después de tanto tiempo, sentir el peso de aquel cuerpo contra el suyo. Julián no quería pensar en nada más.
—No es lo mismo —presionó el menor, aunque no con molestia en sí, sino más bien con ganas de buscar entretenerse y pelearlo un poco. Enzo estaba con una de esas sonrisas que tenía siempre después de las victorias, de esas que era difícil sacarle, esas que estaban ahí cada vez que quería provocarlo un poco. El morocho se separó de él sin darle la espalda y fue caminando hasta la cama, dejándose caer en ella y poniendo las manos detrás de su cabeza. No parecía muy dispuesto a irse a dormir, todavía con las emociones de aquella noche corriendo por sus venas.
—¿Qué querés que suba, culiau, una foto apretando llena de corazones? —cuestionó Julián, pasándose una mano por el pelo y dándole una media sonrisa.
Enzo hizo un gesto como indicando que la idea no le parecía del todo mala y Julián se rio un poco porque sabía que era capaz. El mediocampista lo miraba todavía de aquella forma condescendiente, sugestiva, casi rozando lo desfachatado.
—Mucho operativo seducción pero yo no veo que pase nada, no me siento cuidado —agregó, haciendo una mueca pero sin poder ocultar la sonrisa—. Me tendría que ir al Madrid.
Las comisuras de los labios de Julián se alzaron y las manos se apoyaron en sus caderas. Había sido un tema recurrente desde que habían llegado a Argentina, solamente potenciado por la prensa y sus compañeros de equipo. Todo el mundo parecía estar de acuerdo en que el próximo destino de Enzo tenía que ser el Atlético. Julián estaba subidisimo a ese barco, incluso cuando no lo dijera.
—¿Y el que tiene que hacer el operativo soy yo?
—Eso dicen, dicen que si voy es por vos —respondió Enzo, que leía siempre todo lo que decían en redes sociales, aunque jurara que no usaba Twitter y que no le daba bola a esas cosas—, así que hacete cargo, vos sos el que tiene que hacer que el Aleti sume puntos.
El castaño se rio porque Rodrigo había sido el primero en mencionar el tema de los puntos. Había sido él quien le había dicho a Enzo que todos los argentinos del Aleti —incluso Giménez, que estaba con la selección uruguaya— estaban tratando de sumar puntos con él para llevarlo al equipo colchonero. Aparentemente la mayor parte de la responsabilidad recaía sobre Julián, teniendo en cuenta la relación entre ambos y lo cerca que estaban siempre durante aquellas fechas.
El cordobés caminó lentamente hasta la cama del otro chico. Con un movimiento ágil, apoyó una de sus rodillas en la superficie y pasó la otra pierna por arriba del cuerpo de Enzo, quedando sentado sobre sus piernas. La reacción automática del morocho fue incorporarse ligeramente, sus manos viajando a los muslos del mayor casi como un acto reflejo, incluso cuando en su cara había un poco de sorpresa.
—Yo me hago cargo, pero no entiendo todavía que tiene que ver con las fotos —respondió solo entonces Julián, apoyando una mano en el pecho del menor.
Enzo le sonrió, con esa sonrisa con la que siempre tenía que tener la última palabra, y apoyó una de sus manos sobre la de Julián.
—Mbappé seguro subiría fotos conmigo —bromeó, haciéndose el interesante—. Punto para el Madrid.
—A Mbappé le dijiste cometrabas, Enzo —respondió Julian rápidamente, con una sonrisa de lado—. Buen clima laboral van a tener ahí. Punto para el Aleti.
Enzo soltó una carcajada.
—Bueno, punto para el Aleti, te lo tomo —reconoció.
—El Madrid juega la Champions, punto para ellos —dijo Julián con cierta amargura y Enzo le puso mala cara.
—No voy a hablar de eso, pero no suma puntos. Nosotros estamos jugando la poronga esa de la Conference y después del verano ya arranca de nuevo, así que no cambia nada —acotó el morocho con una mueca socarrona, para hacer luego una pausa—. Me gustan más los colores del Aleti, punto para el Aleti —añadió Enzo, con media sonrisa.
—Al final no me necesitas a mí, me parece que querés venir solito —lo chicaneó, sonriendo dulcemente ante la intención de no volver a hablar sobre la Copa, algo que todavía amargaba a Julián—. Mbappé y Vinicius de compañeros de equipo —agregó después—. Imaginate si te toca compartir habitación cuando juegan por Champions.
Enzo le puso una cara llena de desagrado mientras el cordobés aún lo miraba con diversión.
—Del otro lado, yo de compañero de habitación —agregó Julián, apretando los labios y alzando las cejas, con las comisuras de su boca hacia arriba, mientras inclinaba un poco la cabeza hacia un lado—. Mirá si vas a poder hacer esto con Mbappe.
Tirando del frente de la remera de Enzo con fuerza, el castaño lo levantó un poco de la cama y lo acercó a él para que sus bocas volvieran a chocar en un beso. La otra mano de Julián fue al cuello del morocho, que pronto aceptó el ávido contacto e impulsivamente empujó sus caderas hacia arriba, haciendo que Julián soltara un gemido contra su boca. Enzo subió una de sus manos a su pelo y tiró suavemente de él, en un beso lleno de anhelo. Con aquel frenético ritmo, Julián bajó su boca descuidadamente por la comisura de sus labios hasta alcanzar su cuello, donde fue dejando pequeños besos, mordiendo suavemente y succionando la piel ahí. En ese momento no le importaba demasiado si quedaban marcas, si todo el mundo sabía exactamente qué habían estado haciendo. Aquellos días a Julián esas cosas le estaban importando cada vez menos.
—Para, boludo, ¿para qué carajo lo nombramos tanto? No puedo dejar de pensar en Mbappé ahora —dijo Enzo, con una expresión ligeramente sombría, casi perturbada.
Fue el turno de Julián de carcajearse contra su piel, porque solamente Enzo podía salir con esas cosas en un momento así.
—¿Hay algo que me tengas que contar? —lo molestó, separándose para observarlo con una expresión condescendiente—. ¿Le sumamos otro punto al Madrid?
Enzo rodó los ojos y Julián le sonrió, enderezándose de nuevo y sacando el teléfono de su bolsillo. Todavía sentado sobre las piernas del morocho y con aquella expresión, el castaño revisó las fotos que tenía de Enzo aquella noche. Podía sentir los ojos del menor sobre él, por lo que se hizo el interesante mientras pasaba distraídamente por las imágenes. Había una que le había llamado la atención, que ya había bajado, que ya había guardado en favoritos cuando habían salido del estadio, aunque difícilmente iba a decirlo. Siguió dando vueltas, haciendo sonidos apreciativos, incluso cuando las manos de Enzo habían vuelto a sus muslos, dejando caricias que lo estaban desconcentrando un poco. Eventualmente escuchó el bufido de su compañero de cuarto.
—¿Qué estás buscando tanto ahí?
—Una foto mía con Giuliano para subir —le dijo el castaño con una expresión seria.
Enzo se sacó rápidamente la almohada de atrás de su cuerpo y golpeó al cordobés con fuerza en el costado de la cara. Julián no pudo evitar reírse entre dientes.
—Andá a cagar.
El mayor volvió a concentrarse en su teléfono por unos instantes, aún sonriente, hasta que terminó con lo que estaba haciendo.
—Ahí está.
El castaño giró su celular hacia Enzo. Había subido a Instagram algunas fotos del partido, entre las que se encontraba una abrazando al morocho luego del festejo de gol.
—¿Agregamos otro punto más para el Aleti? —preguntó Julián con fingida inocencia.
—Puede ser —murmuró distraídamente Enzo, ya ocupado buscando los emojis para compartir la foto en sus historias también. Se la mostró a Julián, sacándole la lengua—. Yo comparto siempre todo.
El castaño puso los ojos en blanco.
—¿Qué tengo que hacer para sumar puntos entonces? —presionó Julián, sabiendo que Enzo amaba eso. Le encantaba tener su atención, poder tener control sobre la situación, pelearlo para ganar. A él le gustaba también. Julián a veces era distante pero no porque lo quisiera, sino porque a veces era la única manera que encontraba para manejar lo que sentía, de no dejar que se desbordara por todos lados y terminara por cubrirlo todo.
—Podrías ser un poco más demostrativo —dijo el menor con una fingida indiferencia, volviendo a dejarse caer de espaldas sobre la cama, a lo que Julián encarnó una ceja. La mirada seria en los ojos oscuros le decía que realmente no era del todo una broma, que Enzo estaba siendo más serio de lo que quería admitir—. Afuera, no acá. Te la podés jugar un poco, eh.
Julián lo golpeó en el pecho afectuosamente y Enzo le devolvió el golpe, hasta que los dos terminaron peleando sobre la cama. Eventualmente las carcajadas terminaron convirtiendo el forcejeo y los golpes entre ambos en besos y un abrazo dentro del cual se perdieron los dos. El castaño le sonrió y se acomodó contra el pecho del menor, sintiendo los labios de Enzo sobre su cabeza. Julián realmente no se había dado cuenta de lo cansado que estaba hasta entonces. Había sido un día larguísimo y los que seguían prometían continuar con aquel ritmo frenético.
Después de volver a Buenos Aires, el grupo de la Selección Mayor ya se encontraba listo y con la cabeza en el partido contra el Sub 20. A Julián le parecía increíble poder sumar un encuentro más, otro evento todos juntos, más tiempo con toda aquella gente y por una buena causa. Más tiempo con Enzo, del poco que tenían siempre, parecía ser un premio aparte.
Cuando todos se reencontraron el sábado, a Julián no le sorprendió que Enzo cayera al encuentro con un cambio de look. Mientras los dos estaban en el vestuario, el cordobés le acomodó un poco el flequillo, casi de forma impulsiva aunque sabiendo exactamente lo que hacía. El morocho lo miraba atentamente, como si estuviera intentando adivinar qué era lo que Julián estaba planeando y sabiendo a la perfección lo que había generado su conversación la noche anterior. Se conocían demasiado bien como para no saber cuando el otro tenía alguna idea particular paseándole por la cabeza.
—¿Qué estás haciendo? —le preguntó suavemente, mientras Julián seguía entretenido acomodando los pequeños mechones decolorados sobre la frente del menor.
—Nada, te estoy peinando —dijo con inocencia, haciendo que Enzo sonriera cálidamente.
Luego el castaño sacó algo de su bolsillo, abriendo la palma de la mano frente a él. Enzo observó las pulseras de mostacillas que tenía en ella, las que les habían regalado a ambos y hacían juego. Bajo la atenta mirada del morocho, Julián se puso la suya y luego tomó cuidadosamente la muñeca de Enzo, poniéndole la de él. Por arriba del hombro del mediocampista, Julián pudo ver la sonrisa cómplice de Rodrigo, que parecía estar muy al tanto de lo que estaba pasando ahí. Las miradas no podían importarle mucho a Julián en aquella ocasión. El cordobés se sentía extrañamente libre, como si toda esa situación con el Atlético le diera un pase especial para hacer con Enzo lo que quisiera. Después de mucho tiempo, a Julián realmente no le importaba lo que pensara el resto. Ese invierno había sido demasiado largo y parecía ser que aquel comienzo de la primavera juntos era todo lo que habían necesitado.
Julián se rio un poco ante la mirada desconfiada de Enzo, porque sabía que le iba a costar creer en la naturalidad de todo. El castaño se había ganado la fama, no podía echarle la culpa incluso cuando nunca lo iba a reconocer en voz alta. Rara vez era tan demostrativo con él cuando había tanta gente alrededor.
Cuando Julián terminó con su trabajo, los dos compartieron una mirada íntima, una que parecía casi fuera de lugar. Habla un entendimiento silencioso entre los dos, algo que parecía haberse roto y que podía cambiar todo. Algo que Julián, después de tanto tiempo, no tenía intenciones de frenar. Ya no quería hacerlo. Esos días parecían haber sido la confirmación que había necesitado. Y Enzo parecía entenderlo a la perfección solamente con mirarlo.
Aquella tarde en la cancha de Huracán, Enzo y Julián no se despegaron el uno del otro ni por un minuto. El cordobés estaba cansado de hacerse el duro y sabía que el morocho siempre estaba dispuesto a compartir y competir con él, a portarse como un nene que estaba enamorado de un compañero de curso. Los dos eran así siempre pero Julián era quien intentaba conservar las apariencias en público. No le importaba lo que dijera la gente, sino más bien las cosas que pasaban pero no podían ser. Aquella tarde no quiso darle importancia. Aquella tarde fueron ellos dos, como siempre, provocándose, riéndose, sin dejarse en paz por un segundo, portándose como esos idiotas que eran puertas adentro cuando estaban juntos.
Al finalizar el partido, Julián sentía todavía todas las cosas a flor de piel. Era tan feliz cuando tenía a Enzo alrededor suyo, cuando podía comportarse así. La relación entre los dos siempre lo había hecho sentir de aquella forma, con la libertad de ser quien era, de poder actuar como quisiera, y era algo que ya no quería esconder. Esa libertad ante todos seguía fluyendo por su cuerpo, haciendo que se portara como el nene que era siempre cuando Enzo estaba ahí. Avanzando a grandes zancadas, Julián abrazó al mediocampista por la espalda, molestándolo como era usual. Lo apretó entre sus brazos, pegándose a él, sintiendo su perfume, buscando contacto entre los dos, que Enzo lo mirara solamente a él. No le importaba ser terriblemente obvio. La expresión sorprendida del morocho valió la pena, quién pronto abandonó el shock inicial para comenzar a molestarlo, intentando zafarse de su agarre. Por algunos momentos aquella tarde, eran ellos dos y nadie más.
Cuando se separaron, Giuliano acaparó la atención de Enzo. El otro jugador del Atlético de Madrid parecía también tener una misión muy clara, aún cuando sus medios fueran muy diferentes a los de Julián. Sabía que el Cholo estaba atrás de eso también.
—Cien puntos para el Aleti —le dijo Rodrigo al oído, que había estado observando todo desde lejos, mientras dejaban la cancha.
—¿Qué somos, Gryffindor, boludo? —replicó Julián, haciéndose el superado pero con una pequeña sonrisa en los labios, mientras los dos entraban al vestuario.
Rodrigo le pasó un brazo por los hombros, acercándolo a él con una sonrisa afectuosa, casi fraternal.
—Mirá, me parece que después de estas fechas uno que yo sé va a desaparecer de Londres más rápido que Harry Potter —murmuró, haciendo que la expresión alegre en el rostro del menor se ensanchara.
Si con eso no había cumplido y sumado su buena cantidad de puntos, Julián ya no sabía qué más podía hacer. Enzo tenía que ir a Madrid con él. No aceptaba otro desenlace, no deseaba pasar más tiempo con toda esa distancia entre los dos y sin poder expresar lo que sentía. No importaba cuánto mérito tuviera que hacer de ahí hasta el próximo mercado de pases y si tenía que seguir siendo tan abiertamente obvio al respecto. Julián, quizás por primera vez en su vida, estaba bien con eso.
