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Language:
Español
Stats:
Published:
2025-04-28
Updated:
2025-06-10
Words:
20,637
Chapters:
5/?
Comments:
7
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15
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3
Hits:
194

Días de perros

Summary:

"No es real no es real- y sin embargo, cuando una cabeza rubia se asoma detrás de Kyle, su mirada enloquecida se ancla en los ojos del otro (azules, hinchados y ojerosos, brillantes de puro miedo, alarma, reconocimiento) y Stan lo sabe en ese momento.

Kenny lo mira a los ojos y todo se vuelve borroso, excepto la certeza de que está pasando de verdad: el invierno pasado se está repitiendo y Stan nuevamente se rinde a la inconsciencia sin luchar."

Kenny McCormick y Stanley Marsh a los dieciséis años: rotos, perdidos y enamorados sin ser correspondidos. Ah, y atorados en un bucle temporal que los devuelve al inicio de toda la mierda que intentan dejar atrás.

Chapter 1: get back to where

Notes:

(See the end of the chapter for notes.)

Chapter Text

 

.

 

Está maldito desde la ruptura: la mente febril y desesperada de Stan se aferra a la idea como si eso le diera algún sentido a lo que está sucediendo, como si esa frase pudiera mantener a raya el pánico que lo invade. Kenny está muriendo en sus brazos, son dos figuras diminutas bajo el cielo estrellado del campo abierto y por supuesto que tenía que suceder en la maldita puta granja. Por supuesto que Stan, inútil como siempre, no puede detener la sangre, no puede evitar que el aliento de Kenny cada vez suene más como un gorgoteo líquido y espeso, extenuante.

Stan ya no grita, no hay nadie ahí afuera que lo oiga, no en la manera en que ambos necesitan. Nadie a quien pedir ayuda, nadie a quien decirle "Mataron a Kenny", un impulso desquiciado y desconcertante porque Stan no sabe de donde viene la necesidad de gritarlo aunque le resulta dolorosamente familiar. Stan no para de llorar y gemir, «Perdón, Kenny, perdón» como una plegaria, como si eso pudiera salvarlo, sintiéndose patético porque es Kenny quien está lleno de mordeduras, de dolor, de muerte. Es Kenny quien mantiene la calma, quien mantiene su ojo sano en el rostro de Stan, mirándolo con algo parecido a la pena, a la ternura.

Es Kenny quien con dificultad alza la mano y acaricia la mejilla de Stan, intenta pincharla en broma como usualmente lo hace y Stan se desmorona ante la intimidad del gesto infantil, pasa del llanto a emitir sonidos guturales que nacen en su pecho, que no se conocía capaz de producir, ni siquiera cuando Kyle se fue.

 

«Kenny-»

 

El ojo azul y brillante le mira, luchando por no entrecerrarse. El rubio encamina toda su voluntad a un último acto necio que sabe que no servirá de nada: Kenny recorre con delicadeza las facciones de su amigo y Stan se estremece. Los dedos largos de Kenny están helados, un contraste devastador con la calidez de la sonrisa que le ofrece.

 

«Shh. Está bien. Estaré bien»

 

Stan asiente, se pregunta si alguna vez querrá dejar de gritar como lunático y no sabe qué le enoja más, las mentiras de Kenny o la necesidad desesperada de creerle; por un momento la sonrisa de Kenny se transforma en una mueca vacía, cínica y desolada. Los dedos sobre su rostro tiemblan y Stan reacciona inmediatamente cubriendo aquellos dedos fríos con los suyos, manteniéndolos contra su rostro, aterrado ante la pérdida de contacto. El ojo de Kenny se agranda, sorprendido.

Un intento de risa, triste y diminuta, más sangre saliendo de su boca, un destello en su mirada que Stan casi reconoce- algo (algo que le recuerda días soleados, un lazo que creía irrompible y)- antes de que Stan pueda siquiera comenzar a comprender cómo encaja aquel fantasma en Kenny, el rubio declara,

 

«Mierda. No está nada mal morirse así».

 

Stan suelta una carcajada histérica y los ojos de Kenny comienzan a nublarse aunque el humor todavía permanece fresco en ellos y Stan lo siente; el momento exacto en que Kenny cesa de existir, la mano contra su mejilla pesada y hueca al mismo tiempo.

Stanley abraza con todas sus fuerzas el cuerpo de Kenny, repitiendo su nombre histéricamente porque esto no puede estar pasando, no puede ser cierto, no tiene ningún sentido y la boca de Stan sabe a sangre; la sangre de Kenny en su rostro, en sus manos, en la tierra, el sabor metálico y caliente por siempre en su lengua y ahora todo gira hacia adentro y Stan cierra los ojos aunque no puede parar de gritar, no puede detener el temblor de su cuerpo, la sensación de mareo, es demasiadodemasiadodemasiadodem-

 


 

Lo último que recuerda es la negrura dentro de sus párpados.

Tiene los ojos abiertos y está en Stark's Pond. El atardecer pinta el cielo con tonos rojizos y violetas y aunque ha visto cientos de atardeceres similares, esta vez el paisaje lo inquieta al borde del miedo. El agua frente a él se rompe en ondas ligeras a pesar de la ausencia de viento. El mundo parece atascado de algún modo, a excepción de lo que sea que perturba el agua, buscando salir a la superficie, a excepción de lo que sea que se escucha a sus espaldas, aproximándose desde el bosque. Stan está atrapado entre ambas presencias, inmóvil e incapaz de establecer una conexión entre su mente y su cuerpo. Sabe que tiene que correr, tiene que moverse, tiene que elegir hacia dónde ir.

El sol termina de ocultarse y Stan cierra los ojos, es lo único que puede hacer mientras escucha cada vez más cercanos los pasos detrás suyo, el agua al frente borbotear con mayor violencia.

 


 

Sorprendentemente despierta sin gritar y es diez veces peor que si lo hubiera hecho. Stan cae de la cama con estrépito, su cuerpo comenzando una huida atrasada. Siente la garganta y el pecho pesados con pánico atorado, por un momento no puede respirar y se lleva las manos al cuello, casi esperando encontrar una bola maciza de carne impidiéndoselo. Pero sus dedos rascan contra la piel sudorosa y no hay rastro de anomalías.

Stan lleva las manos a la alfombra y se concentra en la textura rasposa contra su piel; inhala, exhala. Aguarda en la oscuridad, preguntándose si despertó a Randy con su caída, pero nadie viene. La casa permanece en silencio y Stan se vuelve a meter en la cama, avergonzado. A su lado el reloj marca poco más de las doce y no puede permitirse pasar despierto el resto de una noche entre semana.

Una simple pesadilla y Stan se siente estúpido por extrañar a Kyle, por permitirse volver a la convicción infantil de que Kyle alejaría las pesadillas si estuviera a su lado, abrazándole bajo las cobijas.

Kyle no está más. Stan siente el cansancio de toda una vida asentarse en su pecho y sabe que no le costará volver a dormirse aunque su agotamiento se sienta extraño de algún modo. No recuerda la pesadilla y qué curioso, la boca le sabe a metal y el corazón le palpita como maníaco al percatarse, no obstante la fatiga se impone y Stan agradece ser engullido por ella antes de que pueda ponerse a pensar.

Horas más tarde la alarma chilla en sus oídos y algo está mal, pero no logra atinarle a qué.

Apaga el reloj de un manotazo y se tumba en la cama nuevamente, tentado a saltarse las clases. El cuerpo le pesa como si un motociclista le hubiera pasado por encima y algo en su interior está inquieto, anudando su estómago como un mal presentimiento. Stan suspira con fastidio y se concentra en ignorar la sensación. No se parece tanto a las rachas anteriores, pero sí lo suficiente para que Stan la descarte como el indicio de que pinta para ser un día de esos.

Quizás sería mejor quedarse en casa, después de todo. Un día de faltas escolares es el menor de los males en días así, "la verga más corta", como suele decir Kenny. Nadie más que Kenny lo visita en la granja y sabe que él es el único que entiende: el único que lo ayudó a vaciar las botellas de alcohol barato, el único que está dispuesto a pasar toda la noche encerrado en un granero mugroso con él si eso significa que Stan se encuentra a varios kilometros de distancia de la tienda de autoservicio más cercana.

Ante el recuerdo del rubio la boca le sabe extraña. De pronto la idea de llamarle a Kenny con la esperanza de volarse las clases juntos se vuelve una necesidad.

Apenas alarga la mano hacia el celular cuando éste comienza a sonar. Es el único timbre personalizado en el teléfono de Stan, el que puso cuando tenía doce años en su primer celular y en los que le siguieron sin saber que el acto de reconocimiento se convertiría en algo doloroso. «I remember you» de Skid Row llena la habitación con sus acordes y Stan se paraliza, hipnotizado por la pantalla: cuatro letras y tres emoticonos cruelmente luminosos.

Finalmente la llamada va a buzón y Stan suelta en un quejido el aire que no se había dado cuenta que había estado reteniendo; se siente humillado por su propia reacción de perro herido y patético, las piernas hechas gelatina y el corazón en la garganta. Aún así,

 

«Qué carajo-»

 

Porque no puede decir nada más. Algo está mal, Kyle le acaba de llamar y Stan está seguro de que hace no mucho al fin reunió los huevos necesarios para borrar los emoticonos del nombre de contacto y eliminar el timbre personalizado. Sobre todo, Stan conoce a Kyle como la palma de su mano (o lo conocía) y está casi seguro de que no es capaz de romper el silencio primero. Kyle le acaba de llamar y Stan lo dejó ir a buzón y algo está terriblemente mal porque todo él está gritando por ver a Kenny en vez de a su ex-mejoramigo-novio-almagemela.

Stan ha vivido en South Park toda su vida y por lo tanto sabe reconocer las señales de alerta, la sensación en los huesos cuando las cosas están por irse a la mierda. En menos de cinco minutos sale corriendo de la granja vacía para subirse a su bicicleta y pedalear desenfrenado, despeinado y apestoso del sudor de la noche anterior; una chaqueta que le queda demasiado grande encima del pijama y el celular en el bolsillo de los primeros jeans que encontró; el corazón gritando cosas que no entiende pero que aún así le duelen con cada latido desaforado.

En cuanto la silueta de la casa de Kenny aparece en el horizonte, Stan redobla la velocidad a pesar de que tiene los pies y las manos entumidos. Se detiene dando un frenón y casi avienta la bicicleta al suelo antes de que la extrañeza lo invada: hay un hombre de nieve en el espacio frente a la casa, un hombre de nieve con un pedazo de franela roja raída a modo de bufanda y ojos hechos con fichas de un juego viejo de Conecta4. Un súbito mareo invade a Stan, quien se aferra a la bicicleta para no caer al suelo.

Por primera vez cae en cuenta de que está nevando, que tiene las manos congeladas porque no lleva guantes y las orejas le duelen como si fueran a desprenderse. Hay nieve y Stan pasó una tarde entera con Kenny y Karen haciendo hombres de nieve. Hace meses.

Stan se pincha el puente de la nariz.

 

«Ok. Ok. Una ventisca, hubo una ventisca anoche y Kenny-»

 

Kenny ¿qué?, ¿pasó la madrugada recreando con exactitud los hombres de nieve que hicieron el invierno anterior?

Stan mira con aprehensión la casa y al muñeco de nieve sonriente, como si escondieran la respuesta. La casa permanece inmóvil y silenciosa. Demasiado silenciosa. Stan toca a la puerta mientras todavía tiene más sentido común que locura en sus venas, la angustia carcomiéndole porque sabe que no hay nadie. De cualquier modo espera, cada vez más ansioso.

Se está volviendo loco. ¿Es ésta la manera en que sucede? Se le escapa una risita amarga porque Kyle siempre ha temido que alguno de los dos termine por volverse loco en South Park y es la voz de Kyle la que resuena en su cabeza ahora: "Hay una manera de comprobarlo".

Lo sabe. Sabe que si rodea la casa existe la posibilidad de toparse con el otro muñeco de nieve que él y Kenny armaron torpemente después de que los padres de la mejor amiga de Karen pasaran a recogerla para una pijamada. Recuerda las cejas de Kenny arquearse en un gesto sugerente al sacar un cigarrillo de marihuana, expertamente liado, del interior de la chaqueta naranja; recuerda que no tuvo más que arrugar la nariz y mirarlo con incredulidad para que Kenny lo guardara de nuevo, encogiéndose de hombros con una sonrisa fácil que a Stan le provocó culpa de no quedarse a pasar la noche.

Aún sin la marihuana, Stan y Kenny pasaron el resto de la tarde doblándose de risa, haciendo todo un ritual de la elección de un objeto digno de representar el "pito glacial" de su creación, porque al parecer tener dieciséis años cumplidos y estar por comenzar el último año de preparatoria no te vuelve mágicamente menos guarro que en la primaria, sino lo contrario.

El corazón de Stan se contrae, parece querer apachurrarse a sí mismo. El Kyle que habita en su cabeza enmudece, decepcionado; porque la cosa es así, Kyle es la voz de la razón, desde siempre, y Stan hubiera seguido sus palabras hasta el fin del universo mismo... si no lo hubiera abandonado.

Así que Stan no tiene el valor suficiente para escucharlo, no ahora, no aún. No tiene ganas de ir al patio trasero y enfrentarse a la confirmación de que, de que algo horrible está sucediendo, de que quizás ya sucedió y-

Stan se sube a la bicicleta y retrasa lo inevitable. El horror, razona, puede venir después, después de verlos a todos sanos y salvos.

Y aunque ese es el plan, las casas adornadas y llenas de luces navideñas conforme se adentra en South Park acrecentan su malestar hasta que es imposible ignorarlo. Es el infierno, piensa, alguien en la ciudad la cagó monumentalmente y las fuerzas del inframundo están controlando la realidad de alguna manera, como cuando la guerra contra Canadá. Sólo que esto es infinitamente más refinado, cruel en modos que no alcanza a imaginar todavía a pesar de que lo que puede vislumbrar basta para atormentarlo.

Esta vez Stan sí avienta la biclicleta al suelo apenas llega a la casa verde y el manubrio tumba uno de los renos de paja de Liane Cartman. Stan se tambalea, rumbo a la puerta, reducido a un hombre ahogándose aún con oxígeno de sobra, cuyas fuerzas restantes se concentran en alcanzar el timbre.

Stan no llega a tocar, la puerta se abre súbitamente y la realidad lo golpea como un yunque.

«Más le vale al marica de tu novio no haber roto nada», la voz de Cartman le llega desde la sala, una amenaza vacía e ignorada que hace rodar los ojos de Kyle antes de saludarlo: «Llegas tarde, me debes un dólar», sonriente frente a él, irradiando entusiasmo ante su llegada; una expresión que a Stan le parece que no ha visto en décadas y que se desvanece de un plumazo en cuanto Kyle realmente lo mira con atención.

 

«¿Stan?»

 

Se le escapa un quejido al escuchar su nombre de labios del pelirrojo y es entonces que Kyle lo toma de los hombros, angustiado ante la expresión aterrada de Stan, quien tiene los ojos como platos, la boca entreabierta y la respiración entrecortada, cada vez más errática.

 

«Stan, ¿qué pasa, qué tienes?»

 

Stan está perdiendo la cabeza, seguramente sigue en la pesadilla porque no hay manera de que Kyle tenga el pelo largo, como hace meses, como antes de que terminara bruscamente la relación entre ambos.

No hay manera, no es posible y Stan no está aquí, nada es real: desde las manos de Kyle en su rostro intentando hacerle reaccionar hasta su voz llena de pánico llamando a los demás. "No es real no es real" y sin embargo, cuando una cabeza rubia se asoma detrás de Kyle, su mirada enloquecida se ancla en los ojos del otro (azules, hinchados y ojerosos, brillantes de puro miedo, alarma, reconocimiento) y Stan lo sabe en ese momento.

Kenny lo mira a los ojos y todo se vuelve borroso, excepto la certeza de que está pasando de verdad: el invierno pasado se está repitiendo y Stan nuevamente se rinde a la inconsciencia sin luchar.

 

.

Notes:

érase una vez una yo que tenía demasiado tiempo y sentimientos entre manos y nadie con quién compartirlos. soy re fan del stan/kyle desde hace años, pero estos últimos meses me han hecho enamorarme del stenny también y me han conducido a esta historia.

pienso que en ocasiones una tiene que crecer de jalón o enfrentarse a lo que ya ha crecido y en consecuencia nuestros personajes más queridos también se ven forzados a hacerlo. estoy muy emocionada por la dirección que el amor de stan, kyle y kenny irá tomando en este fanfic y por las distintas maneras en que los cambiará como individuos.

por otro lado, es la primera vez que incorporo elementos como muerte de personajes, tintes sobrenaturales o de horror y el stenny en un fanfic, así que eso también me tiene como niña en navidad.

este es el primer capítulo e iremos alternando entre el pov de Stan y el de Kenny, así como entre líneas de tiempo. ojalá no hacerlos bolas, confío confío.

sólo me queda agregar que esta historia está escrita con mucho mucho amor y mucho mucho corazón roto; tanto Stan como Kenny llevan dentro de sí pedacitos míos de los cuales se apropiaron y aquí les entrego a ambos con la esperanza sincera de que logren encariñarse con ellos tanto como yo.

gracias a quien lea esto por compartirme su tiempo y permitirme ofrecerle mis sentimientos deshilachados en palabras :)