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Desde siempre le dijeron que no hiciera caso omiso al presentimiento, aquellas sensaciones en tu cuerpo y mente que parecieran advertirte de algún evento próximo en tu vida, ya sea bueno o malo, y que siempre le ponían los pelos de punta.
Minamoto Kou siempre resultó ser una persona que a menudo vivía estas sensaciones en carne propia pero siempre terminaba por ignorarlas por completo. Si bien, el hecho de que todo resultase como su premonición le indicaba, él optaba por no generarse problemas a sí mismo y a su familia por meras coincidencias y continuaba como si nada hubiera pasado.
Justo este día, uno que se suponía que debía ser completamente normal, el chico de ojos color azul intenso se encontraba profundamente inquieto. No sabía a ciencia cierta si esto se debía a que en la mañana su hermano casi quema la cocina intentando hacer el desayuno o porque su hermana despertó con un mal humor no tan habitual en ella, pero habia algo que rondaba en su cabeza desde que abrió los ojos a primera hora del día y parecía ser la respuesta a su incomodidad.
La razón de aquella inquietud era simple, pero a la vez compleja: su mejor amigo, Mitsuba Sousuke, vendría a visitarlo esa misma tarde.
Por supuesto que no debería estar nervioso o preocupado, él ya ha estado en su casa múltiples veces ya sea para jugar, estudiar o pasar el rato, pero era ese presentimiento que se hacía presente en su pecho que le decía que algo distinto pasaría ese dia, y por más de que Kou intente ignorarlo, algo dentro de sí no se lo permitía.
La respuesta a esta indiferencia podria ser el hecho de que los sentimientos de Kou iban más allá de lo que se consideraba habitual entre amigos. Él mismo lo dijo, a menudo ambos se reunían para hacer cosas de amigos desde hace mucho tiempo atrás, pero él debia ser honesto y admitir que por más de que intentará no atribuir sus nervios a otra manera que no sea la amistad, sus sentimientos se empeñaban la vida en llenarle la cabeza de nubes de pensamientos que lo distraían de su vida cotidiana.
Fue difícil, él mismo creía que no era posible que su mejor amigo, teniendo una de las peores personalidades y actitudes que jamás pudiera imaginar, lo haría suspirar como solían hacer sus compañeras de clase cada vez que algún profesor guapo entraba al aula.
Y es que Minamoto Kou debía ser sincero, al principio, no encontraba nada interesante o atractivo en Mitsuba, hasta que poco a poco, con el pasar del tiempo, empezó a notar detalles que provocaban cosquilleos en su estómago.
Por más de que intentara apartar su atención, era evidente que sus ojos siempre encontraban la forma de posarse en aquel chico, solamente para prestarle la atención que deberia prestarle a las clases que menos entendía.
No podía evitar adorar su cabello y sus ojos de un color rosado intenso pero adorable. Su nariz, su pequeño lunar debajo de su ojo izquierdo, sus pestañas rizadas, la forma en la que ata su cabello cuando tiene calor, la forma en la que se muerde el labio cuando bromea, en como arruga su nariz cuando algo no le gusta, en la forma casi despreocupada en la que tocaba su brazo al pasar, como si no supiera lo que provocaba.
La curva de su cintura al abrazarlo, y esos labios brillantes y de un tono carmesí, imposibles de no desear.
Se miró al espejo a un lado del sofa de la sala principal y notó cómo sus mejillas se sonrojaban al pensar en Sousuke. Se preguntaba si él podría llegar a percibir la tensión que lo embargaba.
Aquellos sentimientos podían ser fácilmente confundidos como simples momentos de nervios que rápidamente cesan, pero había algo en el comportamiento de su mejor amigo que le decia que no era simplemente su imaginación. A decir verdad, Kou no pensaba que él mismo fuese tonto, el hecho de que Mitsuba busque acurrucarse con él de un momento a otro, le haga chistes fuera de lugar o simplemente busque su contacto como no lo hacía con nadie más que no fuera él, hacía evidente que el pelirrosa ocultaba algo, pero se sentía mal e incorrecto si se empeñaba en suponer cosas que probablemente lo harían desilusionarse en un futuro.
Inmediatamente sacudió su cabeza y se levantó del sillón para preparar los bocadillos para más tarde. Si Sousuke se enterase de todo lo que pensaba seguramente se burlaría, correría, le gritaría que es un pervertido y se haría la víctima para molestarlo.
Pero eso era lo que Mitsuba Sousuke provocaba en él. Por más actitudes irritantes que el pelirrosa pudiera tener, para Kou, esto no era problema alguno.
Soltó un suspiro pesado justo antes de ver a sus hermanos aparecer en la cocina y tomar las llaves del auto con rapidez.
— ¿Y ustedes a dónde van?
Ambos hermanos se giraron confundidos y le dedicaron miradas cómplices.
- Vamos a pasear, fue idea de Tiara.- El mayor de los tres sonrió con burla hacia la niña, quien ya estaba con la mano en el picaporte de la entrada principal.
- ¡Oh, por supuesto!— Ella lo miró molesta.— ¡Me echas la culpa solo porque sabes que Kou-Nii no me regaña!
Sus hermanos habían crecido mucho, si bien Teru, con 20 años era el mayor de la casa, eso no evitaba que Kou, a sus 17 años, lo tratara como un niño sin supervisión adulta. Por otro lado, su hermanita recientemente comenzó a comportarse como una verdadera preadolescente, lo cuál hacía la convivencia en el hogar un poco mas tediosa y caótica.
Su hermano mayor lo miró antes de abrir la puerta.
- Ayer te dije que ibamos a salir con Tiara a visitar a Aoi, ¿recuerdas?- Inmediatamente recordó la noche anterior y asintió, atribuyendo su falta de memoria al poco espacio que sus preocupaciones le dejaban a cosas importantes. Sin más, Kou les hizo un ademán para que salieran tranquilos de la casa, algo que ambos chicos hicieron al instante.
Una vez la puerta fue cerrada, el único presente en la vivienda echó un pequeño vistazo al reloj que colgaba la pared que marcaba las 16:42.
En tan solo alrededor de 20 minutos se suponía que Sousuke llegaría a casa.
Estaba convencido de esto, ya que su amigo solía ser una persona muy puntual aunque lo negara para no sonar aburrido, y a decir verdad, esa era una de las cualidades que mas admiraba de él, y hasta cierto punto, envidiaba.
Viendo a su alrededor notó que la sala de estar estaba ordenada, lo cuál sería ideal para recibir visitas. Sin embargo, le tocó aprender por las malas que Mitsuba era una persona que prefería la comodidad y la calidez antes que un ambiente que aparente lujos y seriedad.
Sin perder tiempo, una vez terminados los bocadillos, subió a su habitación y comenzó a ordenar la cama y la ropa acumulada sobre esta. Con cuidado, dobló y guardó las prendas mientras sus pensamientos se enfocaban principalmente en el rostro delicado y suave del chico que pronto estaria junto a él.
Caminó hasta el espejo y se acomodó el cabello, solo para despeinarlo segundos después. La idea de que algo saliera mal lo aterraba. Él podia hacer el ridículo las veces que Sousuke le pidiera solamente para hacerlo reír, pero su miedo era que él se enterase de la verdad y de sus sentimientos y que gracias a eso, se burle y se aleje. Él era tan difícil como un tablero de ajedrez; seguro de sí mismo, impredecible con sus bromas y palabras y su atractivo natural que engaña con facilidad a las personas que lo conocen a medias. Un atractivo que para Kou era sumamente doloroso, pero que disfrutaba verlo cada día.
Desvío la mirada del armario hacía la ventana abierta de su pequeño cuarto, donde se podía observar perfectamente a las personas viajando de un lado a otro. Respiro y exhaló por un momento, tratando de disipar las emociones punzantes que amenzaban a cada uno de sus órganos vitales y lo hacían sudar como preadolescente con desorden de hormonas.
Observó la cama recien tendida y pensó que recostarse apenas un rato no haría daño a nadie. Arrastrando los pies para llegar a su lugar de descanso, Kou se permitió recostarse lo que parecieron segundos.
Lo cuál lo fueron, ya que en el momento en el que el rubio pudo sentir la almohada tragándolo lentamente, el timbre de la entrada principal resonó en toda la casa, alertando al chico y haciendo que sus nervios y malos presentimientos presenten un incremento considerable en su ser.
Se puso de pie de un salto y observó su propia ropa; desaliñada y fuera del gusto de Sousuke. Su primer pensamiento fue que no hacía falta cambiarse, le daba igual si Sousuke se burlaba de él ya que siempre encontraba una forma para hacerlo al fin de cuentas. Sin embargo, su instinto volvió a jugar un papel importante y lo incentivó a colocarse otro tipo de prenda.
El timbre volvió a sonar y rió ante la insistencia de su amigo. Mientras se colocaba la última prenda echó un vistazo a los peluches que decoraban el rincón de su habitación, tomándolos y lanzandolos a la cama, donde sabía perfectamente que Sousuke no se resistiría y se acurrucaria inmediatamente una vez entrara.
No mentiría si dijera que compró aquellos animalitos de felpa únicamente para disfrutar verlo aferrarse y abrazarlos con ternura, algo que siempre derretía el corazón de Minamoto, por más que no se atreviera a confesarlo.
Salió de sus pensamientos y corrió escaleras abajo con el corazón acelerado y una sonrisa nerviosa dibujada en su rostro. Al llegar a la puerta, se detuvo un instante para respirar hondo y calmar la agitación que sentía en su pecho.
“Es solo Sousuke” se dijo para sí mismo mientras destrababa la puerta y la abría con rapidez.
Frente a él, la figura de su amigo permanecía quieta y de brazos cruzados ante la atenta mirada de Kou, quién solo se dedicó a analizarlo de arriba a abajo.
Llevaba puesta ropa levemente holgada con unos pantalones no tan ajustados, junto con un abrigo que lo protegía de las bajas temperaturas del invierno. Un estilo que encajaba perfectamente con el cabello suelto y rosado de Sousuke, que caía perfectamente a los costados de su cabeza y rozaba sus hombros. Increíblemente guapo para su gusto, lo suficiente como para dejarlo embobado.
— ¿Tan ocupado estabas? No hay hombre mas lento que tú.— El chico de ojos rosados le dedicó una sonrisa llena de burla.— ¿Qué estabas haciendo? Dime algo que sea mas importante que dejarme afuera con este frío.
El de ojos azules salió de su nube de pensamientos abruptamente, chasqueando la lengua.
—Eres... insoportable.— Suspiró.
—Y tú eres lento. ¿Puedo pasar o estás esperando a que llueva flores del cielo?
Kou resopló y se apartó. Mitsuba pasó a su lado con la nariz en alto. El rubio se dedicó a seguirlo con la mirada mientras se tallaba la cara con vergüenza.
—¿Tardé mucho? —preguntó, sin sonar realmente interesado en la respuesta.
— Un poco — bromeó.—. Pero no te preocupes, podré perdonarte algún día.— Soltó con tono despreocupado y una mueca satisfecha, mientras acomodaba su mochila y sus zapatos en la entrada y comenzaba a quitarse los abrigos.
Mientras cerraba la puerta trató de controlar su respiración e ignorar la sensación punzante en su estómago.
— ¿Te vas de camping o...?— El más bajo arrugó la nariz con molestia.
— ¡Hace frío afuera! No iba a enfermarme solo para venir, ¿sabes?— El contrario rodó los ojos y tomó las prendas que el chico dejaba sobre el sillón.
Mientras las acomodaba sobre el perchero de la entrada principal, sintió como una mano acarició su brazo lentamente, lo que generó una corriente eléctrica que rápidamente subió hasta sus orejas en forma de calor.
— Wow, que caballero, cuando sea adulto no me hará falta contratar una servidumbre, ¿no?— Vió al chico de cabellos rosados sonreir y guiñar un ojo mientras se alejaba hasta las escaleras que daban al primer piso, lo que generó una oleada de nervios crecientes en el organismo del pobre anfitrión. Kou sintió un golpe leve en el estómago, seguido de un cosquilleo que perduró durante unos segundos.
Minamoto se sentia lo suficientemente absorto en sus pensamientos y nervios a flote que no notó la mirada curiosa de su amigo en su casa.
— Que raro que no vino la princesa a saludarme...— Se asomó por las escaleras tratando de escuchar alguna presencia en el piso de arriba.— ¿Tiara está en casa?
Saliendo de sus pensamientos, Kou se movió nerviosamente a su lado y negó, tratando de fingir tranquilidad.
— Se fue hace un rato con Teru...supongo que se me olvidó decirle que venías.
Con desdén se dirigió a la cocina, sirviéndose un vaso de agua y bebiendolo al instante.
Detras suyo, Sousuke mantenia su mirada pegada en su espalda.
— Kou, tengo hambre~
Casi se ahoga en el vaso ante el inquietante tono suplicante en su voz y el uso de su nombre de pila, algo no tan habitual en Mitsuba al menos de que quisiera pedir algo.
— S-si! Cociné algo hoy...— Sacó las pequeñas galletas dulces y se las extendió, respirando complacido cuando los ojos de su amigo brillaron al ver la comida.
— Siempre tan atento~ — tomó un bocado e hizo una expresión de evidente satisfacción.— Mmh...no es por tirarte flores pero cada dia te superas más.
Ante el comentario despreocupado y sin evidencia de segundas intenciones, Kou se permitió probar lo que habia hecho tan solo minutos atrás. Debia admitir que su amigo tenía razón, le gustaba superar sus propias cualidades en cuanto a la cocina se tratase, y más aún si eso conllevaría a que Mitsuba lo halague con sus mejillas sonrojadas y llenas de comida que él mismo preparó. Una imagen que le permite continuar con su pasion por la cocina.
Aún con los nervios a flor de piel por tener a su amor platónico sonriéndole en su propia casa, el ojiazul se permitió comportarse de manera trivial en lo que perduró su estancia en la sala. Si bien, el chico de ojos rosados continúo con sus tontas bromas de mal gusto hacia su persona durante un largo rato mientras comían, al ser mejores amigos, Kou lo conocía lo suficiente como para saber que la comida deliciosa hacia contrastar este comportamiento y lo volvía, bajo sus ojos, como un cachorro degustando plácidamente los bocadillos que se le daban.
Sin embargo, también estaba enterado de lo que un buen deleite provocaba en el contrario.
— Minamoto-kun...— El nombrado reaccionó al instante con un sonido afirmativo.— Me siento cansado...
Kou sonrió con un deje de humor y le señaló las escaleras mientras juntaba los platos.
— Ordené mi cuarto asi que ve a recostarte, en un rato subo y vemos alguna película, ¿te parece?— Usó un tono de voz tan sereno que hasta él mismo se sorprendió, preguntándose si Sousuke habrá percibido el toque de amor que le puso a esas palabras.
Al contrario de como hubiera pensado, el muchacho sonrió en grande, como si el cansancio se hubiera disipado de la misma manera en la que se presentó en un principio.
— No sabía que tenías Netflix.— El rubio se giró ante el tono pícaro en la voz de Sousuke, sin entender el comentario, recibiendo un suspiro pesado por parte del contrario.
— ¿Que...
— No servis ni para entender un chiste, Minamoto-kun.
Y sin más, se marchó corriendo sin hacer el menor ruido hasta el primer piso, dejando a un confundido rubio sin intenciones de buscarle un significado a lo dicho por su amigo.
Kou rodó los ojos con gracia al mismo tiempo que una sonrisa se formaba su rostro y continuaba con su labor de ordenar la cocina.
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Kou abrió con suavidad la puerta de su habitación, esperando encontrar a su mejor amigo husmeando por el lugar como si fuera suyo. Sin embargo, lo que vio al otro lado del umbral le robó el aliento.
Allí, en el centro de su cama, rodeado por una colorida colección de peluches, Mitsuba descansaba plácidamente y en un suave silencio. Estaba recostado de lado, abrazado a un enorme oso de felpa, mientras otros muñecos reposaban a su alrededor como centinelas de algodón. La luz suave del atardecer se deslizaba por la ventana, pintando su cabello rosado de reflejos dorados. Era, sin exagerar, la escena más tierna que Kou había visto en su vida.
Kou se quedó quieto, sintiendo cómo su corazón latía con fuerza, no por sorpresa, sino por ternura. Una calidez lo invadió desde dentro, tan pura que casi dolía. ¿Cómo podía alguien ser tan adorable sin siquiera intentarlo?
Estuvo a punto de acercarse, hasta que notó como Sousuke se removía en su lugar y luchaba levemente por abrir los ojos.
Sonriendo, dió un paso dentro, cerrando la puerta tras de sí con un leve clic. Se dirigió hasta la televisión que yacia encendida, viendo el cuerpo en su cama, con el que no pudo evitar sonreír al ver lo relajado que parecía.
—¿Quieres ver algo? — Preguntó Kou, rompiendo el silencio con una voz suave, casi temiendo perturbar la atmósfera tranquila.
Mitsuba asintió apenas, con la cabeza aún recostada en la almohada. El rubio se levantó para buscar el control del televisor, desplazándose entre cables y cajas de películas viejas, probablemente, pertenecientes a su hermano o a sus padres. El corazón le latía con un ritmo extraño, irregular.
Trató de mentalizarse a sí mismo de que no era nada especial, pero su corazón no estaba dispuesto a cooperar.
Eligió una película al azar, sin pensar demasiado. Algo tranquilo, sin demasiada acción, sin escenas incómodas que los obligaran a comentar algo torpe. Cuando se giró hacia la cama, Mitsuba seguía en la misma posición, rodeado de peluches como si formaran parte de su armadura silenciosa.
Kou dudó por un segundo. El colchón estaba algo justo y no quería invadir su espacio. Así que, sin decir nada, se dejó caer en el suelo junto a la cama, apoyando la espalda contra el borde y estirando las piernas hacia adelante.
La película comenzó. Las primeras notas suaves de la banda sonora llenaron la habitación. El ojiazul se obligó a mantener la vista en la pantalla, aunque sus pensamientos no dejaban de bailar en círculos. Sentía el calor de la presencia de Sousuke detrás de él, tan cerca y a la vez tan lejana.
Pasaron unos minutos. Entonces, sin previo aviso, Mitsuba se deslizó hasta el borde de la cama y se dejó caer suavemente al suelo, justo al lado del Minamoto. No lo miró directamente, simplemente se sentó con las piernas cruzadas y la vista clavada en el televisor, como si eso fuera lo más normal del mundo.
Kou se tensó de inmediato, como si su cuerpo no supiera cómo reaccionar. Lo sintió cerca, más cerca de lo que había anticipado. Su hombro casi rozaba el de su amigo.
—¿No estabas cómodo arriba? —murmuró, con una voz que intentaba sonar casual, pero le temblaba un poco.
—No me gusta ver cosas solo. — Sousuke respondió esta vez, sin girarse— Y tú estabas aquí.
Kou asintió en silencio. Trató de no sonreír, o de no parecer demasiado consciente del comentario. Pero algo en su pecho vibró con fuerza.
La película avanzaba lentamente, con escenas tranquilas que hablaban más con los silencios que con los diálogos. El más alto apenas seguía el argumento. Sus ojos estaban en la pantalla, sí, pero su atención estaba dividida entre el ritmo pausado del filme y la presencia del chico rosado a su lado.
Podía sentir su respiración. No era del todo sincronizada con la suya, pero de vez en cuando coincidían, y eso bastaba para que su pecho se apretara un poco más. ¿También estará nervioso? ¿O solo soy yo?
Por su parte, Sousuke no decía nada. Estaba quieto, demasiado, como si cada movimiento estuviera cuidadosamente calculado para no tocarlo por accidente. Kou bajó un poco la mirada y notó cómo tenía las manos sobre las rodillas, rígidas. No era su postura natural. Él solía moverse mucho, cruzar los brazos, bufar, soltar comentarios sarcásticos, pero ahora estaba quieto. Silencioso.
Él tampoco pensaba en moverse, sin embargo, la mala postura estaba corrompiendo su columna vertebral, haciendo que su cuello arda y pese.
Se recostó un poco hacia atrás, apoyándose en las palmas de las manos, una posición que rápidamente le permitió relajar sus músculos y suspirar de alivio.
Luego de unos minutos más de pelicula, Sousuke retomó su comportamiento habitual y dejó de estar prestándole atención. Se removía de un lado a otro; primero cruzando las piernas, luego estirándolas hacia adelante, luego apoyando un codo sobre la rodilla y cambiando de postura de nuevo. El Minamoto lo notaba de reojo, sin atreverse a mirar directamente, pero cada movimiento parecía amplificar la tensión en el ambiente.
Finalmente, Mitsuba soltó un suspiro bajo y se estiró hacia atrás, arqueando la espalda con pereza. Su camiseta se alzó apenas, dejando ver una franja de piel pálida antes de volver a caer. Kou tragó saliva y desvió la mirada rápidamente a la pantalla.
— Ugh, no encuentro cómo estar cómodo.—murmuró, y el rubio asintió sin saber bien qué responder.
Entonces, sin previo aviso, Mitsuba giró el rostro hacia él y lo observó con una sonrisa casi imperceptible, de esas que no mostraban los dientes, pero decían mucho más que una risa abierta. Sus ojos brillaron un segundo con algo entre picardía y desafío.
Y como no encontró una posición cómoda, simplemente se dejó caer encima de Kou.
— ¿Mitsuba…? —alcanzó a decir, el cuerpo entero de repente rígido, los hombros tensos y la espalda siendo recorrida por escalofríos.
— Bueno, tú pareces estar cómodo. — dijo con fingida indiferencia mientras apoyaba la cabeza sobre el pecho de Kou como si fuera una almohada. Una mano quedó sobre su estómago, liviana y casi casual, pero demasiado presente como para que pudiera atreverse a ignorarla.
El de ojos azules no podía moverse. Literalmente no sabía qué hacer con sus brazos, que habían quedado a los costados como si temiera tocarlo por accidente.
—¿Por qué estás tan tenso? —preguntó con una sonrisa ladeada que ocultaba su propia incomodidad— ¿Nunca te han abrazado o qué?
Kou abrió la boca, pero ningún sonido salió. Sentía cada parte de su cuerpo como si estuviera hecho de concreto.
El Minamoto ya no sabía en qué punto exacto había perdido el control de la situación. Tal vez en el segundo en que Mitsuba se dejó caer sobre él. O cuando apoyó la cabeza en su pecho. O tal vez, justo ahora, cuando sintió cómo el chico frente a él empezaba a inclinarse un poco más y a deslizarse hacia arriba con lentitud, acortando la distancia entre sus rostros.
La respiración del pelirrosa rozaba ya su mejilla, cálida y suave, cada vez más cerca. Kou apenas podía tragar saliva, y estaba seguro de que su amigo podría notar como su pecho subía y bajaba, producto de sus incontrolables latidos y respiración entrecortada.
— Mitsuba… por favor, aléjate. — Aquel murmullo salió de lo mas profundo de su garganta como un hilo apenas audible.
— ¿Por qué? —preguntó con suavidad, como si de verdad no entendiera. Pero claro que lo entendía, lo hacía perfectamente.
Y entonces apoyó una mano abierta justo en medio del pecho del rubio, apenas presionando.
El chico contuvo el aire con violencia, como si esa presión le hubiera cortado toda capacidad de respirar. Sus ojos se abrieron de par en par, y Mitsuba sonrió como quien acaba de encontrar un punto débil.
— Estás nervioso. —dijo, su voz cargada de una inocente malicia.
Kou giró un poco el rostro, como intentando escapar de ese contacto, de esa cercanía, pero sin moverse realmente. Su respuesta fue un suspiro áspero.
—¿Te parece?
La risa de Sousuke fue baja, algo corta y suave, que vibró directamente contra él. Sus dedos se movieron apenas sobre su pecho, trazando un pequeño círculo como si quisiera memorizar la sensación.
Y luego lo miró.
Directo a los ojos primero y luego, sin prisa, su mirada descendió hasta sus labios.
Kou sintió que su cuerpo se deshacía. La habitación giraba, o quizás solo era su pulso retumbando en los oídos. El aire se volvió denso, como si el mundo se hubiera encogido hasta dejar espacio para ellos dos.
Pero él no se movió más. Solo lo miraba. Como si se alimentara de la tensión, de esa cuerda invisible que temblaba entre los dos.
El muchacho no podía moverse. La mirada de Sousuke, tan directa y cercana, lo tenía al borde del colapso. Su respiración era superficial, y sentía que, si se quedaba un segundo más en esa posición, iba a explotar desde dentro. Así que, sin pensarlo, cerró los ojos.
Tal vez porque no quería verlo más.
Tal vez porque, en lo más profundo, sí lo estaba esperando.
Y justo cuando el silencio se volvió insoportable, Mitsuba se apartó de golpe, seguido de una risa rápidamente reconocible.
— ¿Pensaste que iba a besarte? —se burló con una risa alta, algo nerviosa, aunque lo disimulaba bien—. ¡Qué cara pusiste, Minamoto! Fue espectacular.
Kou abrió los ojos de golp, sintiendo como algo dentro suyo crujía con dolor.
— ¡Yo sí lo estaba esperando, idiota!
La frase estalló en el aire de forma abrupta. Mitsuba parpadeó, sorprendido. Pero Kou, en cuanto escuchó sus propias palabras, pareció encogerse sobre sí mismo. Sus ojos se abrieron como platos, y con un gesto torpe se llevó una mano a la boca, como si pudiera atrapar lo dicho y hacerlo desaparecer.
— ...Yo... —balbuceó, apenas audible desde detrás de sus dedos.
El rubor le subió por el cuello hasta las orejas, caliente y abrasador. Su mirada se posó en Sousuke, quién permanecía inmóvil y de rodillas frente a él con una expresión que para el rubio se le hizo difícil de registrar.
Apartó la mirada hacia un punto oscuro de la habitación, producto de la luz del Sol que parecia tener prisa en esconderse. Por su parte, el chico de ojos rosados no vacilo y se inclinó levemente para poder ver su rostro que ocultaba detras de sus manos.
Entonces escuchó la voz de Mitsuba, casi un susurro, cargada de una tensión que jamás le había oído:
— Entonces... ¿sí querías?
Kou apretó los ojos con más fuerza. No respondió. La vergüenza era tan grande que sentía que si hablaba, su alma iba a evaporarse en el aire. Tragó saliva con dificultad, esperando que Mitsuba se riera, que lo empujara, que lo insultara. Cualquier cosa que pudo haber imaginado con anterioridad.
Pero nada pasó.
Hasta que la risa suave de Sousuke cortó la tensión, como un alfiler reventando una burbuja.
— Oye...— La voz de Sousuke se escuchó suave y nerviosa, llamando su atención.
Levantó la vista con lentitud, casi temiendo lo que iba a encontrar.
Y ahí estaba él.
Tapándose medio rostro con las mangas de su propia camiseta, como si intentara ocultarse, aunque sus ojos seguían mirándolo con timidez.
Rosados.
Brillantes.
Hermosos.
Y su voz, cuando finalmente habló, fue algo que Kou no había imaginado ni en su versión más optimista de este desastre:
— ...Creo que es mutuo.
El corazón de Kou dio un salto tan brusco que perdió el aire. No supo qué hacer. Solo lo miraba, totalmente congelado.
Mitsuba está rojo, nervioso, mientras luchaba contra sus propias palabras.
Nunca lo había visto así de vulnerable, suave y, probablemente, así de tranquilo.
Él no se burló, no se alejó y tampoco hizo un comentario despectivo.
No lo estaba destruyendo con palabras como solía hacer cuando se ponía nervioso.
Solo lo miraba. Rojo. Callado. Adorable ante su vista.
Y eso lo desarmaba más que cualquier insulto.
Kou soltó un suspiro largo, como si acabara de escapar de un colapso.
—Eres... un desastre — murmuró, sin mala intención, más como una declaración de rendición.
El pelirrosa se encogió de hombros, aún con las mangas sobre la cara, ocultando media sonrisa.
— Y tú eres un idiota por decirlo tan de frente.— contestó, pero su voz sonó suave, más suave de lo que Kou jamás le había oído.
Un silencio cómodo se instaló entre ellos. La película seguía sonando de fondo, ignorada, proyectando luces tenues en las paredes. El joven bajó lentamente las mangas y se acomodó de lado, recostando la cabeza contra el hombro del rubio, como si fuera lo más natural del mundo, que en otro momento sí lo seria.
Minamoto se mantuvo inmóvil un instante, pero no dijo nada. Esta vez no.
— No digas nada. —susurró el contrario, cerrando los ojos— Solo… cállate.
Kou no sabía si se lo pedía a él o a sí mismo, pero obedeció. Bajó un poco la cabeza, sintiendo el peso leve sobre su hombro, y después de unos segundos, se atrevió a mover la mano para colocarla sobre el suelo, justo al lado de la de Mitsuba. No la tocó. Solo la dejó ahí, anhelando cercanía.
La película ya había terminado hacía rato, pero ninguno de los dos lo había notado. El cuarto estaba en penumbra, bañado solo por la luz tenue del televisor en pausa. Sousuke seguía recostado en el hombro del rubio, respirando tranquilo. Y aunque este pensó que se había quedado dormido, no se atrevía a moverse.
Sentía su calor. Su cercanía.
Y por primera vez no se sentía tan tonto por desearlo.
Se quedó mirando la nada, dejando que el silencio lo envolviera. Hasta que, de repente, sintió los dedos de su amigo rozar los suyos.
No lo tomó de la mano.
No lo agarró con fuerza.
Solo entrelazó su meñique con el de él.
Pequeño y delicado, pero tan claro como si le hubiera gritado al oído.
Kou bajó la mirada, sin entender si de verdad estaba pasando. Quiso decir algo, hacer una broma, cualquier cosa, pero entonces Mitsuba murmuró, con la voz espesa por la repentina fatiga:
— Te odio.
El Minamoto sonrió al instante, con ese dolorcito suave en el pecho que solo aquel chico le provocaba.
— Yo también a ti.
El contrario no respondió. Solo apretó un poco más su dedo contra el suyo, y se quedó ahí, completamente quieto y cómodo.
Y Kou supo, sin necesidad de más palabras, que lo que sentía no era solamente suyo.
El FIN.
