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La distancia entre los platos (y otras medidas del amor)

Summary:

Una cena cuidadosamente planeada, un soldado impuntual, y un joven genio que ya sabe que si no interviene, se queda sin postre. En la vida doméstica de Xeno, Stanley y Senku, el amor no siempre es sencillo… pero siempre es sincero.

Notes:

A veces cuesta sentarse a escribir cuando los ánimos están bajos… pero leer sus comentarios me anima a seguir escribiendo. Sobre todo quien me pido que actualizara, no pensé que fuera a gustar tanto.
Gracias por seguir leyendo estas historias que son mi pequeño rincón de Dr. Stone.

(See the end of the work for more notes.)

Work Text:

La mesa estaba servida. Todo medido con precisión milimétrica, como todo lo que Xeno hacía cuando realmente se esmeraba. No era solo una cena, era una de esas raras noches en que todos coincidían, donde incluso Senku dejaba los tubos de ensayo por un momento para sentarse a comer con sus cuidadores.

Pero Stan aun no llegaba, aunque le prometió a Xeno estar a tiempo para la cena.

El científico consultó el reloj por cuarta vez. Las manecillas se sentían como puñales.

Cuando por fin se oyó el sonido de la puerta, Xeno ya estaba de pie.

—Llegas tarde —dijo sin más, cruzado de brazos, el ceño fruncido.

Stan cerró la puerta con un suspiro, sacudiéndose la chaqueta. —Me atrasé. No es el fin del mundo.

—Prometiste que estarías aquí a las siete. —Xeno lo siguió hasta el pasillo—. ¿Fue otra misión de último minuto?, ¿Otra orden que no podías rechazar?, ¿Dónde estabas?

—Ya basta, Xeno —replicó Stan, demostrando cansancio en su voz—. No eres mi jefe. No te metas en mi trabajo. —al momento de decirlo el rubio se arrepintió, sabía que había cometido un enorme error.

Ese comentario fue como un cuchillo.

El científico se quedó quieto por un segundo. Bajó la mirada. —...Entiendo. No volveré a meterme en tu trabajo.

Y sin esperar respuesta, se dio la vuelta, azotando la puerta de su estudio.

Senku, que había estado escuchando desde las escaleras, se encogió un poco. No era la primera vez que discutían, pero... algo se sintió distinto esta vez.

Unos minutos más tarde, escuchó el clic familiar de la puerta trasera. Salió con cuidado. Stan estaba afuera, en el jardín, un cigarro entre los labios.

—Pensé que ya no fumabas —dijo Senku.

Stan ni siquiera se volvió. —Lo había dejado. ¿Y tú no deberías estar metido en una pila de papeles científicos o algo?

—Lo estaría, pero me distrajo el olor a culpa. Supongo que viene de ti.

Stan rodó los ojos. —Qué cómico.

Senku se acercó y se sentó en el escalón más alto del porche. Se quedó en silencio un rato, mirando las estrellas y la luna que apenas parecía una sonrisa.

—Sabes… —empezó, girando una pequeña piedra entre los dedos— Xeno se pasó la tarde midiéndolo todo con regla. La distancia entre los platos, el centro exacto para la vela. Dijo que quería que fuera “una noche equilibrada en sabor y compañía.” —Senku lo miró de reojo.

Stan resopló, culpable. — Se que lo arruine.

Se quedaron en silencio unos segundos, la noche envolviéndolos como un manto pesado.

—¿Qué pasó? —preguntó Senku al fin.

Stan suspiró. —Nada en particular. Sólo... mierda. Me retrasé arreglando un error que yo mismo cometí en el trabajo, estaba frustrado, Xeno empezó con sus preguntas y yo contesté sin pensarlo.

—¿Y por qué contestaste así?

—Porque soy un idiota, Senku. —Lo miró de reojo—. ¿Eso responde a tu método científico?

—Es un excelente punto de partida —replicó con una sonrisa—. ¿Y por qué no le explicaste eso a él? Lo de ser un idiota, digo.

—Porque a veces siento que, si le digo que me equivoco, va a pensar que soy débil.

Senku bufó. — Estás en una relación con el tipo que llora si le rompes una taza de laboratorio. No creo que "debilidad" sea algo que lo espante.

Stan lo miró como si fuera obvio. —Es una taza que diseñó él mismo con una fórmula de precisión térmica.

—¡Una taza, Stan! —Senku levantó los brazos—. ¡Se le puede reemplazar! ¡A ti no!

Hubo un silencio. Stan desvió la mirada. Sus hombros se relajaron un poco.

—Tienes un punto. Lástima que seas tan molesto cuando lo tienes.

Senku sonrió de oreja a oreja. —Es uno de mis encantos.

—¿Y otro sería…?

—Que soy lo suficientemente adorable como para que no me mandes a volar aunque te agarre fumando. —Se encogió de hombros con modestia falsa—. También cocino mejor que Xeno, pero no se lo digas, se le arrugan las cejas y tarda tres días en perdonarme.

Stan resopló divertido. —Eres insufrible.

—Y tú estás enamorado de un científico con ojos tristes y una colección ridículamente precisa de especias. Así que... —Le dio un codazo— ¿Vamos a ir a arreglar esto o te quedas acá congelándote?

Stan se levantó con un suspiro resignado, mientras apagaba lo último que le quedaba de su cigarro —No sé en qué momento pasaste de niño genio a terapeuta emocional con lengua afilada.

—Desde que me di cuenta que si no metía mano en sus crisis de pareja, me iban a dejar sin postre —contestó Senku, ya caminando hacia la entrada de la casa—. Por cierto, si llegan a reconciliarse con besos y arrumacos, háganlo lejos de la cocina. No quiero que pase lo de la ultima vez cuando regresaste borracho.

Stan no pudo evitar sonrojarse un poco — ¡Esa noche ya tenías que haber estado dormido!


Xeno estaba sentado en la silla, con los codos apoyados en su escritorio y la cabeza entre las manos. Sus ojos estaban rojos, y no era por falta de sueño. Un par de hojas con ecuaciones estaban desparramadas a su lado, pero ni siquiera se había molestado en ordenarlas. Ni siquiera había respondido a la última notificación de su correo que aparecía en su tablet. Imperdonable, según sus estándares.

La puerta se abrió suavemente.

—Xeno —la voz de Stan sonó grave, pero sin la dureza de antes—. ¿Puedo pasar?

Xeno no levantó la cabeza, pero murmuró, — Haz lo que quieras, pensé que no querías que me metiera en tu vida…

Stan apretó los labios. Dio un par de pasos hacia él y se detuvo al ver cómo temblaban ligeramente los dedos a su esposo.

Y entonces lo vio bien. El cabello alborotado, los ojos enrojecidos, ese gesto cansado en el rostro... y por un instante, se le estrujó el corazón.

Porque Xeno así, en silencio, vulnerable, era tan tierno que dolía. Como si fuera un gato mojado de laboratorio, orgulloso e indefenso al mismo tiempo.

—Joder… eres precioso —murmuró Stan antes de que pudiera detenerse.

Xeno levantó la vista, sorprendido y molesto. —¿Qué dijiste?

—Nada —carraspeó Stan—. Solo que pareces un gato en crisis. Uno muy brillante. Y llorón.

Xeno frunció el ceño y apartó la mirada, avergonzado. — ¡No estaba llorando! solo... me entró algo al ojo. — respondió mientras se secaba las lágrimas con su mano.

—¿En serio? — Stan rio un poco y se acercó, giro la silla donde se encontraba su científico para arrodillándose frente a él.

Xeno intentó mantener su compostura. —No es gracioso.

—No. No lo es. —Stan tomó una de sus manos, con cuidado, como si pudiera romperse—. Pero sí eres lindo. Incluso cuando estás furioso. Incluso cuando lloras por culpa de un idiota como yo.

Xeno lo miró, la mandíbula tensa, como si todavía intentara resistirse... hasta que Stan apoyó su frente contra la suya.

—Lo siento. Por llegar tarde. Por decir algo tan estúpido. Por hacerte sentir que no puedes preocuparte por mí.

—Yo solo... —Xeno bajó la voz— Me preocupo porque te amo. Porque cada día sales a un trabajo donde algo podría pasar y no puedo evitar imaginar el peor escenario.

Stan cerró los ojos un segundo. —Lo sé. Y yo me paso la vida pretendiendo que nada puede tocarme, pero cada vez que discutimos, me doy cuenta de lo mucho que temo que no estes a mi lado.

Hubo un momento de silencio.

—La razón por la que llegue tarde fue porque tuve que arreglar un desastre que yo mismo ocasione, no quiero que veas ese lado mío, cuando tú eres el mejor en tu trabajo. — Confeso Stan.

—¿Sabés qué es lo peor? —Xeno musitó— Que estoy tan enojado… pero también tengo tantas ganas de besarte. Es irritante. Eres irritante.

Stan sonrió. —No lo es. A mí me pasa lo mismo contigo.

—Stan se que no eres perfecto, lo que es uno de tus encantos. Nos conocemos desde niños no hay un lado de ti que no me guste. —Xeno rió bajito y Stan acerco sus manos al rostro de su esposo para terminar de secar las lágrimas.

—Ven acá, mi pequeño drama Queen, lo siento mucho. —Stan lo atrajo hacia él y lo abrazó con fuerza, envolviéndolo completamente—. Dejá que te mime un rato. Y después, si quieres, puedes volver a sermonearme como se debe.

 El científico acepto y se acomodó en el pecho de su pareja, los ojos cerrados, respirando su olor buscando calma.

—Estás fumando otra vez —murmuró.

—Fue uno. Me lo cobró Senku con una amenaza de que me harías dormir en el sofá. —Le dejó un beso en la frente—. No lo vuelvo a hacer.

Xeno asintió contra él. —Bien. Porque si lo haces, la próxima discusión será con el bisturí.

—Lo nuestro es puro romance.

—Pero aún no estas perdonado Stan, vas a lavar los platos de la cena

—Eso es demasiado castigo.

—¿Querés redención o no?

—...si — el soldado sabía que no tenía más opción que aceptar.

Senku se fue de la escena con una sonrisa, murmurando para sí:
—Los adultos son un lío, pero al menos cocinan bien cuando se reconcilian.

Notes:

Espero estar actualizando mas seguido :)

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