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Rating:
Archive Warning:
Category:
Fandom:
Relationship:
Characters:
Additional Tags:
Language:
Español
Series:
Part 7 of Omegacember 2025
Stats:
Published:
2025-12-08
Words:
979
Chapters:
1/1
Kudos:
1
Hits:
38

Conflicto || Mizuki x Kurumi

Summary:

[Día 8: Ronroneo - Omegacember 2025] (Reto propuesto por la página de Facebook: «Es de fanfics»).
.
.
.

Ellas podían tener sus problemas de vez en cuando y, aunque ambas eran muy orgullosas, era importante que alguien diera el primer paso para arreglar la situación.

☆ Drabble ☆

♡ Nakahara Mizuki x Kurumi ♡

••• Disclaimer: Lycoris Recoil no me pertenece, es propiedad de Spider Lily & Asaura; en colaboración con los estudios A-1.

Advertencias:
*Girls Love
*Personalidades algo Ooc
*Algunas partes pueden carecer de sentido ;v
*Errores ortográficos

Notes:

Este fanfic participa en el reto de "Omegacember 2025" propuesto por la página de Facebook "Es de FanFics". ¡Espero que les guste!

Work Text:

            Por lo general, Kurumi era la que se encargaba de buscar a Mizuki cada vez que esta terminaba muy bebida en cualquier lugar. No entendía como esa mujer podía confiarse tanto. ¿Acaso no sabía de todos los peligros que había allá afuera?

            —Bueno, debe saberlo —murmuró Kurumi, con esfuerzo. Giró hacia la derecha, con Mizuki a rastras. Cada vez que tiraba de ella, apretaba los dientes, mostrando unos pequeños y afilados colmillos—. ¡Vamos, estúpida borracha! ¡Colabora!

            Tiró de ella una vez más y se detuvo. Habían llegado a LycoReco.

            Kurumi dejó a Mizuki recostada en la acera y se acercó a la entrada, sacó su llave y abrió la puerta. Podría haber llamado para que salieran a recibirla, el problema con esta idea era que no había nadie más en el local.

            Takina y Chisato habían salido esa noche y no volverían hasta la mañana. Mika estaba fuera de la ciudad.

            Por lo poco que sabía, el hombre investigaba algo acerca de una comida variada y barata para añadir al menú. Aunque, en opinión de Kurumi, era muy probable que estuviera se viéndose con alguien a escondidas. No tenía nada de malo, estaban en una época del año donde los Alphas, quisieran o no, empezaban a dejarse guiar un poco más por su instinto. La búsqueda de Omegas era la prioridad de muchos.

            «Podría ser un poco más sincero conmigo», pensó Kurumi, bajando el corto tramo de escaleras para volver junto a Mizuki. «Al fin y al cabo, soy la única en todo este extraño restaurante que sabe acerca de tu falsa lesión».

            Estando la mayor parte del personal fuera, la responsabilidad de atender el local recayó encima de ellas. Debido a la poca afluencia de clientes que hubo esa noche, la pareja dispareja pudo cerrar temprano sin ningún inconveniente.

            Tenían pensado hacer algo juntas, pero aún tenían más diferencias que cosas en común. Por lo que tuvieron una discusión que terminó con Mizuki yéndose a beber en un bar cercano y Kurumi jugando Brawlhalla en su computadora.

            La pequeña hacker estaba tan molesta y frustrada, que tecleaba con más fuerza de lo normal. Cabe destacar que les dio una paliza a unos cuantos desconocidos en su desahogo con el Brawlhalla. Luego, cuando estuvo más calmada, salió a buscar a su novia.

            Tuvo que mostrar su identificación al desconfiado portero que custodiaba la entrada de aquel bar que su novia tanto frecuentaba. El hombre no acababa de creerse la edad que especificaba su credencial. La apariencia de Kurumi le jugaba muy en contra, era por eso que solía ocultar su verdadera edad que, según sus datos, no estaba muy alejada de la edad de su Alpha.

            Entró al bar y se llevó a la más alta, que estaba ebria como una cuba.

            Tras abrir la puerta principal de LycoReco y arrastrar a su novia hasta el recibidor, Kurumi cerró con llave y se fue junto a ella.

            —No sé cómo fue que terminé emparejada con una alcohólica —gruñó Kurumi, ayudando a la semiinconsciente Mizuki a que se pusiera de pie—. Debería ser más exigente en esta clase de cosas.

            Llevó a Mizuki, prácticamente arrastrada, hacia la habitación de descanso. Su plan era recostarla en un improvisado futón que había dispuesto ahí justo antes de salir. Estaba tan habituada a ese comportamiento, que ya sabía cómo anteponerse a ciertas cosas.

            —Ku...ru...mi —farfulló la castaña, hipeando en el proceso—. Eres... una tonta...

            —Por supuesto que lo soy —Kurumi la ayudó a acostarse—. ¿Crees que estaría contigo si fuera inteligente? ¡Ni de broma!

            Justo cuando la soltó, Mizuki extendió una mano, la tomó del hombro y tiró de ella. Kurumi cayó encima de su pecho, aturdida y molesta.

            —¡Oye…!

            —Shhhh —Mizuki no tenía intenciones de soltarla—. Duerme conmigo, por favor. —pidió, con voz repentinamente clara.

            —No tengo intenciones de dormir con una borracha…

            —No… no estoy tan ebria… —Mizuki llevó su mano libre al cabello rubio de Kurumi y empezó a acariciarlo—. Estaba esperando… a que fueras a buscarme, ¿fue eso muy egoísta de mi parte?

            —Sí, lo fue. —Kurumi ya no intentaba alejarse, solo se quedó ahí, dejándose abrazar por su alpha—. Siempre haces lo mismo.

            Mizuki soltó una risita y la apretó más fuerte contra su pecho.

            —Ambas estamos cansadas, vamos —su voz empezó a decrecer—. Descansemos juntas, enana.

            —¡No soy una enana…! —Kurumi se abstuvo de terminar la frase al notar que su novia ya no la escuchaba.

            Mizuki se había dormido.

            Pronto, la Alpha empezó a emitir un suave ronquido que parecía más un ronroneo. Era suave y constante. Kurumi no lo aceptaría en voz alta, pero siempre se relajaba cuando ella ronroneaba de esa forma. Le gustaba escucharla; ese sonido incluso la ayudaba a dormirse con mayor facilidad.

            A medida que Mizuki caía en un sueño más y más profundo, el agarre que tenía en la cintura de la pequeña omega fue cediendo, hasta aflojarse por completo. Kurumi pudo haberse alejado, pero decidió quedarse ahí.

            —Solo me quedaré contigo un rato más —avisó Kurumi, como si Mizuki pudiera escucharla. Se iba adormilando de a poco—. Solo un ratito…

            Apoyó su cabeza en los bien formados pechos de su Alpha, a los que ella consideraba las mejores almohadas. Luego, inhaló y exhaló con calma. A sus fosas nasales llegó el olor del suave perfume de Mizuki, que se entremezclaba con el amargo olor del sake y el aroma propio del cuerpo de la Alpha, que era parecido al de los lirios blancos. Esa combinación de olores consiguió relajarla todavía más, era una mezcla dulzona que le daba mucha tranquilidad.

            Envuelta por el calorcito que emanaba el cuerpo de Mizuki, además del reconfortante ronroneo que la arrullaba, Kurumi se acomodó de forma que su peso no cayera de lleno encima de la más alta.

            Finalmente, tras suspirar y sentirse tranquila y muy cómoda, Kurumi también se durmió.

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