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A Real Beating Heart

Summary:

────୨ৎ────

 

Su corazón no podría, no quería que escaparan las palabras que estaban en la punta de su lengua. Pero...

Era consciente de que no importaría lo que eligiera.

Ya no había manera de cambiarlo.

Y, para él, se hizo tarde antes de siquiera notarlo.

Así que, antes de que pudiera arrepentirse, junto al malestar revuelto en su estómago, las palabras salieron sin pensarlo.

«Te ayudaré, Sonic».

 

[...]

 

San Valentín está a la vuelta de la esquina y el erizo azul más veloz que existe tendrá que reunir valor para ese día.

¿Por qué?, se preguntarán.

Bueno... para descubrirlo, primero Sonic tendrá que afrontar su rechazo al compromiso y las discusiones que tiene consigo mismo.

No obstante, la espera solo provocaba que la inquietud en él creciera sin control.

Por su parte, Shadow, quien estaba al límite más estrecho de la negación, tenía que resolver el gran aprieto en el que metió a su pobre corazón.

¿Llegará a expresar lo que siente? ¿O se lo tragará su conocido orgullo imperturbable?

Ambos erizos eran ajenos a que, probablemente, sus problemas están en igualdad de condiciones.

 

────୨ৎ──

Notes:

Me gustaría aclarar que puede haber algunas partes confusas en la lectura, ya que utilizo la cursiva tanto para enfatizar palabras como para flashbacks o frases del pasado. Es más fácil identificar cuándo se trata de un flashback cuando es una narración completa en cursiva, y resaltando cuando solo se trata de una parte específica. ¡Lo siento mucho si esto resulta incómodo! :((

There's an English version on my profile as well.

 

Disfruteen!!

(See the end of the work for more notes.)

Chapter 1: 14/2

Chapter Text

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「 You can't stand the thought of a real beating heart 」


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Antes, la sola idea de detener sus acelerados pasos para simplemente participar y celebrar en grande una festividad como San Valentín le hubiera parecido un chiste. Claro que, en ocasiones anteriores —literalmente contadas— había dado uno o dos regalos a sus amigos por esas fechas, pero nunca creyó que de verdad llegaría a importarle a gran escala lo que pasara ese día marcado en rojo en los calendarios: catorce de febrero.

Día de los Enamorados.

Luces tematizadas con colores vívidos colgaban del techo en destellos parpadeantes que bañaban las zonas del salón de reuniones, no muy grande, pero de tamaño justo. La luz se reflejaba de manera artística en los globos de corazón estratégicamente puestos alrededor de las mesas cubiertas con manteles blancos, las columnas que se alzaban hasta tocar el techo y los sitios más improvisados en busca de estética, como la no tan elevada tarima, la cual permitía a los representantes llamar la atención de los presentes.

Risas tranquilas, aplausos, vítores y exclamaciones felices llenaban el ambiente esa noche. La calidez y la familiaridad cómplice hacían disfrutable el evento, uno especial que muchos habían esperado con emoción disimulada.

Pero entonces, ¿por qué, aun viviendo todo esto, sentía ese vacío en el pecho?

Cuando pensó que la incomodidad y los nervios por fin pasaban a segundo plano, aunque fuera por un momento, vino la estrepitosa apuñalada directa a su corazón que desarmó todo intento de mantenerse sereno ante la situación: el golpe de realidad que sin cuidado lo azotó después de presenciar aquello.

Lo que más temía, y para colmo, en primera fila.

No debió haber sido impactante para él, dado que muy dentro de su subconsciente ya sabía que, tal vez, algo como aquello pasaría, pero incluso con esa posibilidad incrustada, la escena delante de él le arrancó una exhalación sorpresiva, lastimera, incrédula; sus ojos se abrieron de par en par sin haberlo pedido. Ya no se mordía las garras cubiertas por sus guantes. La suela de su zapato ya no golpeaba con nervios ansiosos el suelo a la espera de algo. Pues ya había sucedido; aquello por lo que tanto se había echado para atrás se cumplió frente a sus ojos.

No era cierto.

Sentía la necesidad enfermiza de que alguien se lo dijera. 

El simple hecho de tragar saliva ahora le costaba. Le dolía el pecho como si todo lo que había estado reprimiendo hubiera salido de su interior de manera forzosa. Le lastimó como si justo en ese momento todos sus sentimientos pasaran a no valer nada.

¿O será que durante todo este tiempo realmente no lo valían?

Era tonto si lo analizaba, ¿qué otra cosa hubiera pasado? Las falsas esperanzas que surgieron solo fueron distractores para este momento.

En parte fue su culpa... No, realmente fue su culpa.

Era lo más coherente, se lo tenía merecido.

Tal vez...

Por eso comprendió, con resignación humillante, que en ese instante ya no había razón para seguir adelante.

Por primera vez se rindió.

Con la mirada perdida en el suelo, ambas manos estrujaron sus propias rodillas con presión desmedida. Se levantó del asiento en acción automática, cegado por la temprana especulación a simple vista.

Miró las figuras abrazadas por última vez.

Antes de hacer lo único que se le daba bien.

Correr.

Porque lo que sí era seguro es que corrió. Por supuesto que corrió. Corrió fuera del salón, guiado por la misma voz de su cabeza que arruinó todo, aquella que le ordenaba escapar de ahí, aquella que buscaba escapar de lo que le provocaba quedarse ahí.

Usó su velocidad para así no dejarle a nadie distinguir su ausencia, a pesar de ya estar concentrados en otras presencias.

Pero no usó la velocidad que facilitaba su movilidad, ni la velocidad que aprovechaba para afrontar los problemas del día a día, sino que usó la velocidad especializada en huir.

No de las batallas, no de los enemigos.

Para huir de ellos.

Para huir de sus errores.

Para huir de sus temores.

«¡Eso no es cierto, Sonic the Hedgehog no le teme a nada!», dirán.

Oh, claro que lo hace. Sonic the Hedgehog le teme a algo que nunca supo bien cómo controlar ni ocultar bajo un disfraz. Le teme a algo en lo que se había vuelto experto en reprimir, en evitar, en huir.

Sí, Sonic the Hedgehog no le teme a nada.

Excepto si ese "nada" era enamorarse.

 


 

꒰💌꒱

 

La calma del ambiente funcionaba tan bien como un remedio casero; era amargo en el proceso, pero una vez surtía efecto, la sanación hacía olvidar ese sabor. Era agotador el camino de llegada, tanto como lo había sido su rutina desde que aceptó de nuevo aquello que lo encadenaba a un solo propósito: el deber.

En verdad, ya no contaba el tiempo.

Su monotonía lo obligaba a buscar un sitio apartado del entorno de su actual formada vida fuera de los laboratorios; un lugar donde pudiera concederse un respiro en absoluta calma. Este lugar lo era, tan dulce como una recompensa tras la tormenta, la cual se tomaba su tiempo para disfrutar después de días ansiándola.

Esa noche no era tan fría como las otras. Brisas delicadas se deslizaban a su alrededor, produciendo un sonido suave y sosegado. La luna, en lo alto del cielo estrellado, lo acompañaba de una forma silenciosa, pero al mismo tiempo clamaba por su atención con su belleza, sin importar si solo una mitad suya era lo único que ahora restaba de esta.

El suspiro que se le escapó mientras se perdía en sus pensamientos terminó mezclándose con el susurrar del viento, que con una suavidad envolvente movía las flores moradas y la hierba alta de la pradera. Su cuerpo no dudó, y apenas lo pensó, se dejó caer de espaldas contra el suelo, respondiendo a una necesidad que llevaba suspendida desde el comienzo de la semana.

Varios pétalos morados se alzaron momentáneamente al vuelo tras ser golpeados por la inminente caída directa del color ónix sobre el césped. La figura del erizo pasó a tener un lugar entre las lavandas, dominantes de esa vegetación, cuya ubicación se encontraba aislada de la civilización.

La sensación reconfortante que le produjo su pelaje al rozar el césped ligeramente húmedo permitió que liberara lentamente el aire retenido en sus pulmones como si fuera un gran alivio. Con la caricia del viento arrullándolo, también pudo permitirse relajar sus músculos tensos y respirar sin sentir todo el peso de la anterior misión en él.

Porque, como si los constantes entrenamientos no bastaran, la hermosa mañana de Shadow —nótese el sarcasmo— comenzó con una misión en South Island. Esta vez había sido enviado en solitario, por lo que no contó con la ayuda de Rouge ni de Omega. Tampoco es como si la necesitara, pero admitía, de cierta forma, que su equipo confiable no venía mal en ciertas ocasiones.

Prefería trabajar solo, lo que significaba el doble de esfuerzo y dedicación, aunque no representaba un gran problema para "La Forma de Vida Definitiva", como solía referirse a sí mismo.

Pero, a pesar de su capacidad superior, tuvo diversas complicaciones al llegar a la bendita isla, como escabullirse con sigilo en una de las cientos de bases de Eggman, o tener que rastrear las rutas más accesibles para encontrar el material potencialmente peligroso del que se le informó. Él se adentraba al peligro aprovechando su velocidad y fuerza eficaz; no permanecía en el bajo perfil más inaccesible como si fuera un vil ladrón, ni era excesivamente meticuloso y calculador con las probabilidades de su entorno.

Todo eso era trabajo de sus compañeros; él se dejaba llevar por su instinto y sentidos mejorados.

Él era la figura al mando, la herramienta que destroza todo a su paso, quien asesta el golpe final al enemigo. Ese era su propósito, pues, al fin y al cabo, era un arma biológica, ¿no?

Y se decía que su maldición era que nunca dejaría de serlo.

Pero, de vez en cuando, hasta las armas hechas por el gobierno podían descansar.

Shadow no tomaba el cansancio como una debilidad. Ya no. Aprendió a apreciar la belleza de todo lo que lo rodeaba sin estar siempre alerta ante cualquier amenaza. Comprendió que, si quería continuar la pelea, era necesario a veces tomar un respiro, alejarse de la batalla, alejarse del deber.

Eran muy pocas las veces en las que podía darse un descanso como este; no tener que preocuparse por las exigencias de G.U.N. ni por su desgraciadamente mejor amiga Rouge. Ahora mismo solo importaban él, las lavandas y la tranquilidad de la noche.

Suspiró por la nariz, sintiendo el césped bajo suyo a través de sus dedos cubiertos por el material de sus guantes blancos. Sus párpados pesaban como plomo, todo su cuerpo en sí. Las contusiones sutiles provocadas por un tonto descuido en la misión anteriormente mencionada aún se estaban sanando. Apenas se notaban, pero el pesar seguía ahí.

El olor a lavanda y césped húmedo lo envolvía y servía al mismo tiempo como un bálsamo; despejaba el olor a pólvora del que usualmente estaba rodeado. Siempre le encantó el aroma delicado y natural de las flores, y desde que encontró este campo repleto de lavandas, supo de inmediato que este sería su lugar favorito de toda la Tierra.

Le hubiera encantado mostrárselo a ella.

Eventualmente, los párpados ébano poco a poco fueron cediendo ante la relajación absorbida. Cuando se le escapó otro suspiro agotado, se sumergió en un estado somnoliento; una sensación pacífica adornó su interior casi al segundo de cerrar los ojos.

El viento seguía aullando silenciosamente entre las flores, la luz de la luna alumbraba su figura sumergida en la naturaleza, y el pequeño cántico de algunos grillos se sumaba al silencio pacífico del entorno. Una perfección abundante de calma. Una perfección inmensamente irreal.

Demasiado irreal para tratarse de su persona.

Algunos dicen que todo lo bueno tiene final, y en el caso de Shadow, ese final se encontraba más cerca de lo que creía.

Como si estuviera corriendo a toda velocidad.

Primero fue un ruido sordo en la lejanía. El ruido casi fue imperceptible, casi, incluso con toda la intención de dormir surgiendo de su ser, sus orejas ébano no pudieron evitar alzarse atentas al nuevo participante colado en el prado, quien interrumpía el silencio con sus ágiles pisadas.

Su ceño se frunció naturalmente.

Podía reconocer esas pisadas en cualquier parte.

El sonido de los zapatos golpeando la hierba a un ritmo presuroso se hacía cada vez más perceptible. En un momento fueron bajando la velocidad, pero el zapateo se agrandaba cada que el entrometido se aproximaba más hacia su dirección.

Uno, dos, tres pasos, y paró.

La idea de ignorarlo cruzó de inmediato en la mente de Shadow, no tardando en aplicarla en cuanto sintió la presencia conocida detenerse a su costado.

Apretó sutilmente los párpados, como si temiera abrir los ojos, o forzándose a caer dormido lo más rápido posible; sabía perfectamente quién estaba ahí, junto a él.

Se mantuvo rígido, llegando hasta el punto de retener el aire. Capaz lo dejaría en paz si en serio creía que estaba en el quinto sueño, o muerto, lo que mejor resultara.

Pero, como era de esperarse, el solo intento era inútil si se trataba de él.

Sonic.

—Sabía que estarías aquí —las palabras se unificaron con el viento, resonando en el presente sosiego. Sonic resopló entre dientes—. Admito que finges bien, Shadow. Hasta parece que no estás respirando.

El mencionado se tragó un gruñido que amenazaba con salir de su garganta. Cómo odiaba a ese erizo y su increíble y genuina capacidad para molestarlo. No necesitaba ni abrir los ojos para imaginárselo esbozando una sonrisa burlesca en su desvergonzado hocico.

Se quedaron callados por un momento. Shadow aún se rehusaba a mostrar señales de vida, mientras que Sonic sentía la helada brisa mover sus púas desordenadas. El azul exhaló teatralmente, estiró sus brazos hacia arriba, soltando pequeños quejidos perezosos al hacer crujir su espalda. Luego, se dejó caer en el césped, quedando sentado a una distancia considerable de Shadow. Su estado despreocupado evidenciaba sus intenciones claras de quedarse para rato.

—Aunque no te culpo si quieres ignorarme, este ambiente está para echarse un par de siestas... Está muy calmado.

Sonic elevó la mirada al cielo, apreciando las estrellas titilantes, brillando como diamantes, y la luna destruida en la lejanía. Mientras miraba el inmenso espacio, le entró un sentimiento melancólico, trayéndole consigo recuerdos de aventuras pasadas.

—Lo era, antes de que llegaras tú.

Sonic sonrió en automático cuando oyó la voz rasposa. Sus orbes se desviaron a los carmesíes. Shadow lo observaba detenidamente con los párpados aún pesándole. El ónix se incorporó un poco, apoyándose en sus codos para levantar su cabeza y torso.

—Pfft, sí, ajá. Solamente no te gusta compartir las cosas, ¿por cuánto tiempo más piensas guardarte este lugar para ti solo? —Sonic se inclinó levemente, recargando sus brazos tras su espalda curvada. Su mirada osada contrastaba con la irritada del erizo vetado.

Shadow suspiró, rompiendo el contacto visual. Volvió a recostarse, posando ambas manos sobre su abdomen.

—¿Qué quieres? —preguntó en un murmullo. Los ojos aún abiertos, perdidos en el cielo.

Sonic ya se esperaba de antemano aquella pregunta. Volcó los ojos, retomando su observación hacia las estrellas. El silencio los envolvió nuevamente.

Pero no por mucho.

—Hmm, nada, solo me encontraba en mi hábitat natural, ya sabes, estirando las piernas, corriendo de aquí y allá —explicó con gesticulaciones vagas.

—¿De noche? —indagó Shadow, arqueando una ceja.

—Ajá, ¿no te enteraste de que también me conocen por ser “El justiciero nocturno”? —guiñó el ojo en jugueteo.

La broma provocó un bufido sin gracia en Shadow.

—Si no vas a aportar nada, vete. Ya arruinaste mi preciada meditación con tu escandalosa voz.

—Ah, claro, mil disculpas —bufó—. Ahora mismo me regreso sobre mis pasos. ¿También quiere su majestad que desinfecte el aire que contaminé con mi llegada? 

Los extremos de su sonrisa se alzaron. Era molesto cómo dramatizaba de más, con sus pestañas revoloteando, hablando con ese habitual tono exageradamente burlón y provocativo.

Lo desesperaba.

—No vendría mal, bufón —espetó, medio siguiéndole el juego, exhibiendo los blancos caninos.

—Ja, mal por ti, amargadito. —Sonic se recostó cruzando las piernas, posó en un movimiento ágil sus brazos detrás de la cabeza, ocultándolos entre sus púas.

Shadow cerró los ojos en resignación al no poder hacer nada.

Si Sonic decidía acomodarse como estaba ahora, eso solo significaba una cosa: Su vago trasero no haría ni el mínimo esfuerzo por moverse hasta que se aburriera por su cuenta.

Ahora, Shadow ya no tenía seguridad ni calma en él.

Con Sonic ahí le resultaba muy difícil relajarse.

Y no era como si lo estuviera molestando con su parloteo.

De por sí era todo sobre él.

Shadow no tardó en percatarse de cómo sus latidos se aceleraban considerablemente. Aunque intentara centrarse en otra cosa —las estrellas, las lavandas, el césped, sus pies— nada funcionaba. Sus ojos siempre terminaban en el cuerpo inmóvil del otro, en el rostro sereno observando el cielo estrellado, en el vaivén inconsciente y despreocupado del zapato rojo.

Era severamente molesto.

Hace poco descubrió algo que no le gustó para nada.

Lo avergonzaba.

Las miradas furtivas habían aumentado con cada día que pasaba. Sus paseos por Green Hills ya eran escasos gracias al pensamiento y rechazo constante de cruzarse con Sonic.

Cada vez que el grupo de la Restauración necesitaba la ayuda de sus compañeros Rouge y Omega —incluyéndolo— inventaba excusas pobres. Era afortunado, ya que, como nadie de verdad quería lidiar con su temperamento, no lo cuestionaban en absoluto. Aunque había casos especiales, como Amy Rose.

En cada ocasión en la que Rouge sugería visitar alguna tienda lujosa de Station Square, se mantenía alerta, pegando un ojo en todos lados por si llegaba de pura casualidad a divisar al héroe por el rabillo del ojo.

Se hizo creer que su odio por este había pasado a niveles estratosféricos, llegando al punto de no querer verlo ni siquiera en pintura. Pero eso sería mentirse a sí mismo.

Porque no odiaba a Sonic; nunca lo hizo. Al principio, lo veía como nada más que un rival —uno insufrible y rebelde— cuyo comportamiento despreocupado y actitud excesivamente optimista no le caían muy bien. Más tarde, aprendió a tolerarlo, a llevarse bien con él sin terminar siempre en una pelea sobre quién era el mejor en alguna tontería espontánea. Con el paso del tiempo, comenzó a verlo de otra manera; observó de cerca sus movimientos en la batalla, sus reacciones, su forma de actuar aparentemente improvisada.

Lo que comenzó como mera curiosidad se convirtió en miradas más prolongadas, y se encontró fijándose en esa sonrisa radiante, en cada expresión de alegría, enojo o jactancia. Recordaba cada palabra que salía de su boca, hasta en los detalles más pequeños: como cuando estornudaba cuando el peligro se acercaba, cómo sus orejas expresivas seguían los ruidos cercanos, cómo movía felizmente la cola con cada mordida a un chili dog, o cómo ponía cara de disgusto cuando no encontraba el nivel perfecto de picante en ellos.

Se encontró a sí mismo disfrutando de su compañía, riéndose —constadas veces— por algún chiste rebuscado, o compitiendo con energías inagotables, pero habiendo un considerable respeto flotando entre ellos, uno mucho más amistoso.

Y un día, se encontró a sí mismo ensimismado en sus pensamientos más de la cuenta; todos tenían el mismo protagonista.

En ese entonces se paralizó. Nunca se le olvidará cómo retumbaron contra sus costillas los latidos frenéticos de su corazón.

Respeto.

Eso fue lo primero que pensó.

Pero nadie que solo siente respeto llega a tener actitudes extrañas, casi acosadoras, comportándose como una sombra.

Admiración.

Fue lo segundo que apareció en su mente como la solución.

Pero nadie que siente solo admiración se come la cabeza por las noches al no poder deshacer los constantes pensamientos impulsivos de: “¿Debería hacer esto?” “¿Qué pensará de aquello?”

Fascinación.

Fue lo tercero que creyó sentir en cuanto ya era la decimoctava vez en un solo día que miraba con disimulo cada detalle de su rival.

Pero luego dudó si en verdad aquello era una simple fascinación que cualquiera tendría por alguien como Sonic: el imparable salvador de Mobius, amado y reconocido, al fin y al cabo.

Su mente le estaba jugando tan mala pasada que a este punto ni siquiera podía decir con certeza el significado de aquellas palabras...

Necesitaba un diccionario.

Por lo cual, y convenientemente, la semana anterior se reunió con Rouge para lo que a primera vista era trabajo, siendo sorpresa para nadie cuando ambos acabaron con unos cuantos croissants rellenos de chocolate y dos tazas de café sobre la mesa de alguna cafetería. Así que, aprovechando el desvío, antes de sucumbir por su adicción al café, se aseguró de comprar el dichoso diccionario que nunca más en su vida volvería a abrir.

Hojeó las páginas con apuro notorio. La voz de Rouge sirvió como ruido de fondo. Encontró la palabra antes de lo previsto. Sus ojos se movieron con desesperación sobre las letras, conectándolas entre sí.

«Fascinación: un fuerte interés, encanto, magnetismo...»

Shadow rio entre dientes, no tomándose tan en serio aquellas palabras.

Sí, podía haber la posibilidad de que cualquiera desarrolle un interés por las ocurrencias y destrezas de Sonic, pero solo eso. Era obvio que terminaría llamando la atención de cualquiera como una clase de... magnetismo.

Tocó la taza humeante con la punta de sus dedos enguantados. La levantó con delicadeza. Tanteando el sabor, bebió un sorbo y retomó su atención a la página del diccionario. Sin embargo, justo en ese instante se topó con la última palabra que no terminó de leer.

Shadow se atragantó, escupiendo parte del café dentro de la taza, salpicándose y quemándose el hocico en el proceso. La taza cayó de lleno sobre el plato de porcelana en un cling estruendoso tras resbalarse de sus dedos. Ahí fue cuando Rouge paró de hablar; sus grandes orejas se alzaron exaltadas por el inminente ruido.

Atracción.

La maldita palabra se repetía sin cesar en su cabeza; parecía el resonar de una alarma.

Se quedó en blanco. No supo cómo reaccionar.

Rouge le llamó, confundida, pero Shadow no escuchó nada; toda su concentración cayó en buscar desesperadamente el significado de esa palabra.

Y lo encontró.

La situación no mejoró en lo absoluto.

Había dos tipos de atracción: la que él reconocía como interpersonal y la otra —la romántica— con la que menos estaba dispuesto a identificarse.

Shadow era alguien que se destacaba por su dificultad para expresar sus emociones. Su actitud dura dejaba poco espacio a la imaginación para discernir sus verdaderas intenciones. En ese momento, tenía los ojos muy abiertos, le temblaban los dedos por la fuerza que ejercía sobre las páginas y su corazón… bueno, casi se convenció a sí mismo de que iba a salirse de su pecho.

Un profundo suspiro interrumpió la respiración ligeramente entrecortada de Shadow.

—Hasta que al fin te das cuenta.

No había ni un mínimo atisbo de sorpresa en Rouge.

Sus manos pasaron del diccionario a crisparse en el borde de la mesa, como si buscara aferrarse a algo. No podía devolverle el contacto visual a su amiga.

El café derramado empezó a gotear por los extremos, extendiéndose hasta la parte del diccionario que estropeó con sus manos; la tinta poco a poco dispersándose debido al líquido adentrado entre las hojas.

Las letras de “atracción” pasaron a ser un borrón confuso entre las demás palabras.

Ya le había comentado anteriormente a Rouge sobre su inquietud, pero no como alguien desesperado por respuestas lo haría, sino de una manera un tanto peculiar; expresándose increíblemente mal con interrogantes indirectas, irónicamente directas, que hacían todo menos ayudar.

Como en medio de las misiones:

“¿Es normal actuar diferente solo cuando estás cerca de una persona en específico?”

En sus reuniones:

“¿Cuando no te agrada alguien, su presencia te puede llegar a poner nervioso?”

Cuando le pedía ayuda para su rutina de skincare de veinte pasos:

“Un amigo de otro amigo me dijo que cree estar enloqueciendo porque no puede sacarse nunca a alguien de la cabeza, ¿piensas que es una enfermedad o algo?”

“Shadow, la única interacción social que tienes es conmigo y Omega.”

“...”

Y en ese día, mientras compraba el diccionario.

 

( . . . )

 

Desde que tenía memoria, las respuestas a sus preguntas siempre las había encontrado en gruesos libros que pesaban con sus cientos de páginas amarillentas encuadernadas en tapa dura. Libros que nunca habría aprendido a entender de no ser por cierta chica rubia.

Un secreto no tan secreto que guardaba era el hecho irónico de que odiaba leer. Porque, ahora que lo pensaba, alguien con una inteligencia superior al promedio seguramente debía haber pasado horas y horas como un ratón de biblioteca.

Los libros nunca fueron lo suyo; para empezar, nunca se le dio bien estudiar. Todo el esfuerzo que alguna vez le dedicó se debió a la insistencia de María —más para evitar decepcionarla que por cualquier otra cosa—. Sin ella en particular, ni siquiera se le habría ocurrido aprender las tablas de multiplicar. ¿Por qué habría de hacerlo? Su propósito original no incluía resolver, literalmente, todo tipo de problemas.

Es increíble cómo él y Sonic son tan opuestos.

Porque claro, en una ocasión ya había visto a Sonic sumergirse en las páginas de un libro mientras descansaba bajo la sombra de algún árbol.

Gracias a eso, Shadow también se dio cuenta de que su cerebro siempre conseguía que inconscientemente terminara pensando en Sonic, de alguna u otra forma.

Se palmeó la cara, metafóricamente.

Tenía que concentrarse.

—¿Qué sientes cuando estás con... Knuckles? —Por fin lanzó la pregunta, una rigurosa que había estado formando desde esa mañana.

Esta debe ser: Cuando su amiga murciélago oye el nombre del equidna, llega a ser bastante una boca floja.

Por el silencio, aunque hubiera sido en un tono susurrado, su voz logró extenderse bien por el pasillo desierto. Los inmensos vitrales por donde se adentraban los rayos del crepúsculo formaban un caleidoscopio en cada esquina, reflejado en el color de sus pelajes y delineando sus siluetas. La iluminación recorre gran parte del lugar, pintando el suelo de madera entablonada y las columnas de mármol esparcidas.

Rouge desvió su vista de los diferentes tomos de colores opacos en la estantería, no realmente interesada en ellos, para volver su cabeza hacia Shadow. Elevó una ceja.

—¿Perdón?

El erizo suspiró, crispando los dedos sobre el tomo del diccionario que sostenía.

—Nada.

Fracaso rotundo.

Se había convertido en un completo crédulo desde que a su cerebro se le había ocurrido la idea de soltar preguntas estúpidas, con la esperanza de que alguna de ellas pasara lo suficientemente desapercibida como para obtener la respuesta definitiva que, por arte de magia, solucionara su pequeño problema.

Vamos, no pueden culparlo: la mujer más cercana a él era esa murciélago cleptómana. Sabía muy bien que personalidades como Amy Rose se habrían dado cuenta de todo con solo una mirada de pies a cabeza.

Pero, por supuesto, Shadow aún no estaba listo para afrontar lo que fuera que le dijera la eriza rosada. Buscaba respuestas que ya tenía delante de su nariz y, aun así, se seguía negando a verlas. Era como aquel refrán:

No hay peor sordo que el que no quiere escuchar.

Shadow se giró sobre sus talones, avanzando entre las estanterías perfectamente alineadas con infinidad de libros y motas de polvo. El eco que provocaban los pesados pasos de sus Air Shoes destacaba en la espaciosa y vieja librería.

—Simple curiosidad.

Tenía que excusarse de alguna forma; no podía ser tan obvio.

Rouge imitó su acción, siguiéndole el paso, algo vacilante, escuchando el propio repiqueteo de sus botas. Sin perder elegancia, aceleró con movimientos disimulados y calculados para alcanzar al erizo, cruzándose de brazos en cuanto estuvo cerca de su costado.

—Claro... ¿Me dirás por fin qué es lo que te está pasando?

Shadow se hizo el desentendido, sus ojos fijos en el camino delante.

—No sé a qué te refieres.

Rouge resopló, dibujándosele una sonrisa divertida, como diciendo: "¿Me estás tomando el pelo?", mientras ladeaba la cabeza hacia la izquierda en un gesto intrigado; sus orejas se movieron junto con ella.

—¿Ah, sí? Porque estos últimos días te he notado raro, como distraído. ¿Sucede algo de lo que no me he enterado?

Shadow no habló. Se detuvo en la caja de pago, entregándole el diccionario a la bibliotecaria, una joven oveja mobiana de mirada melosa, con lentes rectangulares ridículamente grandes que destacaban demasiado sus negras iris.

Rouge quedó también frente a la caja registradora. Entornando los ojos, vio por encima de sus largas y rizadas pestañas la serenidad en el rostro contrario.

Pero ella no se quedaría con la duda en la cabeza. Siempre encontraba alguna forma de sacarle información a su objetivo; solo bastaba con usar la cantidad justa de su astucia.

Así que, recargando su brazo en el hombro de Shadow, se pegó a su oído para susurrarle:

—¿Acaso hay algo entre tú y Blue?

Fue arte puro cómo el erizo se congeló en su sitio, su oreja derecha yéndose hacia atrás por leves segundos, la pausa repentina de su respiración...

Bingo.

Shadow sabía muy bien a quién se refería su amiga con ese tal “Blue”.

La sonrisa de Rouge se agrandó complacida. La bibliotecaria los miraba de reojo mientras pasaba el diccionario por el escáner rojo en un agudo bip, que posteriormente trajo de vuelta al azabache.

Gruñó, moviendo hacia delante su hombro para apartarse de la pegajosa presión del brazo de la murciélago.

—¿Cómo tan siquiera...? —No tuvo que terminar. Por un instante sus ojos se desviaron en un vestigio de nerviosismo; aquello lo dejó expuesto.

—Shadow, no hace falta hacer una minuciosa inspección. Sabes muy bien que tengo ojos en todo. Y tú y Sonic en específico… oh, cariño, eso sí es grato de ver.

La voz arrastrada y coqueta de Rouge hizo que los extremos de los labios morenos se torcieran en una mueca de desagrado.

Mierda, ella ya lo sabe.

—Por favor, no empieces, mujer.

Rouge soltó una pequeña risa nasal.

—Serán treinta rings, señor.

En una exhalación resignada, sacó su tarjeta de crédito de un hueco en el espacio rojo del comienzo de sus guantes. Extendió su mano con la tarjeta, deteniéndola a mitad de camino al percatarse de otra siendo deslizada por el lector, pagando exitosamente.

Rouge lo miró de reojo, alzando una sonrisa ladina, una acción que permitía ver por encima su ocurrente plan de fastidiar sus acciones.

—Te deberé una cuando me cuentes todo lo que pasa por esa mentecita tuya. —La ovejita le devolvió la tarjeta a Rouge con una sonrisa modesta acompañada de un “Vuelvan pronto"” pasándole el diccionario ya facturado—. También pagaré lo que consumamos en nuestra merienda de colegas. Tú solo concéntrate en abrir ese duro corazón, querido.

Le guiñó el ojo, sosteniendo entre dos dedos la tarjeta negra con números y detalles dorados, dejando en claro que trabajar para el gobierno tiene sus puntos buenos.

Shadow entrecerró los ojos al ver dónde Rouge guardaba el objeto: su bien intencionado escote pronunciado.

Este suspiró sonoramente, quitándole en un arrebato el diccionario de sus escurridizas manos.

—Te digo desde ahora que lo que sea que tengas en mente no funcionará —le aclaró, encaminándose a la salida, adornado por su eterno ceño fruncido.

Rouge bufó, cruzada de brazos desde la caja, observando cómo Shadow salía del edificio con sus pisotones retumbando en el suelo de madera.

—No se preocupe, él siempre es así —mencionó en voz cómplice, recargándose en el mostrador de abeto.

No cualquiera lograba ver lo orgullosa que estaba de ser tan cercana al azabache, a pesar de que este a veces aparentaba comportamientos eludidos de cualquier interacción con ella.

En el fondo, es consciente de que la quiere más de lo que llega a expresar; si no fuera por sus barreras impenetrables, su amistad sería más evidente para la vista objetiva. Han sido obstáculos que ella aprendió a sobrepasar con ingenio.

En el camino a la cafetería, el interrogatorio no cesaría. Rouge batía sus alas, elevándose apenas centímetros del suelo. Las orejas del erizo tuvieron que evolucionar para acostumbrarse a su infinita palabrería. Su rostro, mientras caminaban por las calles teñidas por la luz naranja crepuscular y el constante ajetreo de Station Square, se mantenía igual de estoico.

En su interior quería estrellar el diccionario contra la bocota de la murciélago.

—Al menos dime para qué quieres un tonto diccionario —arrastró deliberadamente la “o”: como una niña mimada desesperada por ser atendida—. ¿No puedes simplemente buscarlo en internet? O al menos creí que la tan altísima “vida definitiva” ya venía con uno memorizado de fábrica.

Shadow apretó los labios, suspirando por la nariz. No quería decirle.

Pero las palabras salían solas estando con ella.

—Necesito comprobar algo; el internet es muy falso. —La verdad es que no sabe usarlo.

—Hmm, “algo”, qué misterioso me saliste, Shadsy. —Posó su mano bajo el mentón, aparentando una posición meditativa.

Rouge observó cómo Shadow se adelantaba con las manos ocultas en los bolsillos de su usual chaqueta negra de cuello afelpado.

Una corazonada natural le hacía ya imaginarse lo que posiblemente fuera ese “algo”.

Pero, con la paciencia que había desarrollado a lo largo de dos años de amistad con aquel erizo, esperaría a que él mismo se diera cuenta y no le quedara más remedio que admitirlo, que dejara a un lado su inmenso orgullo y que se quitara de los ojos esa venda autoimpuesta para que la autenticidad se reflejara en cada una de sus acciones. Para que, por fin, pudiera deshacerse de la apatía que se aferraba a su cuerpo.

Y pues, no tardó mucho para que en esa misma tarde fuera acorralado. Sus corazonadas nunca fallaban.

 


 

꒰💌꒱

 

En su vida inmortal, nunca pensó que esto realmente le sucedería a él.

Su yo del pasado creía, ciegamente, que su meta era clara, que su existencia giraba única y exclusivamente en torno a una sola persona.

En los acontecimientos que siguieron al incidente del Ark, tuvo una oportunidad: una en la que él mismo podría marcar el camino a seguir. Pero al final, contradiciendo todo anhelo de un nuevo comienzo, terminó justo donde todo había comenzado.

G.U.N.

El pensamiento irónico, persistente y exasperante de ser tratado como nada más que una herramienta, desafortunadamente, seguía representando parte de quién era, endulzado con la excusa de una tregua. Su cuerpo reaccionó por costumbre, y aun con la libertad de hacer lo que quisiera, siguió aferrándose indefinidamente a lo único que aún le daba un propósito en la vida.

Pero entonces, llegó él...

Después de salvar el mundo del Cañón Eclipse junto con su compañía, Shadow no volvió a prestarle atención a Sonic en su faceta de búsqueda de identidad, hasta que recuperó sus recuerdos. Y cuando lo hizo, hubo algo que después no le permitió separarse por completo de aquel erizo.

Porque fue Sonic, sin darse cuenta, quien lo guio a algo mejor.

Porque fue Sonic, a pesar de los errores que cometió, quien decidió pelear a su lado.

Porque fue Sonic, solo bastando con una observación, quien le enseñó cómo era vivir en este planeta.

Y porque fue Sonic, después de Amy, quien lo trató como un igual pese a todo.

Fue gracias a todo aquello que gran parte de sus pensamientos negativos se dispersaron. Fue una clase de ayuda para aclarar nuevamente su memoria. Su papel como aliado de G.U.N. ya no le pesaba como antes, viéndolo en el presente como una manera de sentirse útil para ayudar al mundo, para hacer a otros felices y para erradicar las injusticias que marcaron lo que fue su pasado. Cosas que ella hubiera querido que hiciera.

Y fue por todo eso que Shadow, sin querer admitirlo en voz alta, comprendió que estaba enteramente jodido.

Porque si todas las señales...

Ese diccionario...

Y la inevitable charla que tuvo con Rouge aquella tarde no le mentía...

Entonces no había duda sobre lo que sentía.

Él.

Shadow the Hedgehog.

La supuesta Forma de Vida Definitiva.

Un experimento biológico reservado.

Está enamorado.

Y no de cualquier persona, porque claro que tuvieron que castigarlo dos veces. Estamos hablando de que cayó fuertemente enamorado de un maldito presumido, de un mobian que ponía la vida de los demás antes que la suya, del erizo con quien de parecido solo tenían las narices.

Está enamorado de quien siempre creyó que era su indeseable rival.

Está enamorado de Sonic the Hedgehog.

Desde entonces, se obligó a participar en la misión más complicada que se ha propuesto: ignorarlo.

Y, obviamente, como se mostró antes, fue un fiasco.

Bastaba con ver su situación ahora; no podía ni moverse con Sonic estando tan cerca.

No sabía qué era lo peor de todo, si eso, o el hecho de que ya reconocía haber pasado por todas las famosas etapas.

Todos se saben esta: primero viene la negación. 

Espera, él no ha pasado por ningún duelo… ¿y aun así es el mismo proceso para sus sentimientos reprimidos? 

Supongo que alguna similitud tiene que haber entre ellos.

Fue un infierno y, valga la redundancia, sufrió; eso se demostró claramente. Luego seguía la ira; sin embargo, parece que la ira ya estaba presente en cada minuto de su vida, así que no se sabe si se podía decir, como tal, que fue una etapa. Pero, sin duda, la peor de todas fue la depresión, porque ni bien llegó, ya lo estaba aplastando un increíble bajón emocional, parecido a muchos otros que había tenido en sus peores momentos; de esos que obligaban a establecer una relación íntima con la cama, la comida chatarra y telenovelas malas.

Ahora, no tenía ni idea de si estaba en el punto de la aceptación. No quería descubrirlo de todos modos.

Se decía que primero muerto que rebajarse por ese erizo.

Se prometió indiscutiblemente, incluso con el corazón estrujándosele, que no permitiría por nada del mundo aceptar que le importaba más de lo necesario aquel idiota.

No volvería a caer por su confiada sonrisa. Ni por su contagiosa risa. Ni por sus largas y azuladas púas. Ni por su espíritu libre y aventurero.

No, ya no más.

Hoy demostraría que no necesitaba a Sonic para poder respirar.

Shadow movió sus manos con la intención de elevarse sigilosamente, sentándose y poniéndose de pie en la postura más rígida posible. Sonic ni se inmutó, viéndose lo suficientemente perdido en sus propios pensamientos como para notar a la figura erguida. Shadow exhaló, apretando sus manos en puños.

Lo enfrentaría cara a cara, miraría a sus hermosos ojos esmeralda fijamente y le dejaría muy en claro que no quería volver a verlo en su rango de visión. Le gritaría que ya no se atreviera a buscarlo nuevamente, que ya no buscara alguna excusa para acercársele.

Dio un paso, decidido a llamar su atención.

—Oye, Shadow.

Solo con decir su nombre bastó.

Se sentó.

Fue humillante lo rápido que retrocedió.

—He estado como... Um, ¿cómo decirlo? Muy perdido en algo estas últimas semanas, me tiene confundido —Sonic mencionó, sus cejas se arquearon hacia el cielo.

Shadow también lo estaba, ¿por qué se comportó como un maldito perro?

—Qué me importa.

Fue su mecanismo de autodefensa. Luchó para que su voz no temblara.

Sonic soltó una risa corta.

—Jeez, apenas abrí la boca, déjame terminar al menos, bro.

Centró su atención en Shadow, fingiendo un semblante irritado con una ceja elevada.

Hasta que sus ojos se movieron por su postura.

No era tonto.

Supo que algo había cambiado en Shadow cuando no lo estaba mirando. La curiosidad escaló lentamente, picándole mientras más hallaba signos anormales. Pero se contuvo.

Shadow gruñó por lo bajo, se dignó a guardar silencio, dándole paso al otro para que siguiera.

Es patético lo fácil que sucumbía.

Sonic le dio un último escaneo antes de carraspear, cubriendo con el puño su boca.

—Como decía, considero que es algo que ya no puedo sobrellevar por mi cuenta, aunque me cueste admitirlo. —Fue sutil el cómo bajó la voz diciendo lo último, indicio de la seguridad resbalándosele de las manos.

Hubo una quietud incómoda, la atmósfera cambió; el aire se sentía denso, tan espeso que daba la sensación de poder cortarlo con un cuchillo.

—Continúa —alentó Shadow, imprevisto hasta para él.

Segundos después, Sonic suspiró, bajando la mirada hacia sus rojas botas. Inhaló profundo, se fue incorporando con sus brazos hasta copiar la postura sentada de Shadow.

—En dos días es San Valentín —comenzó, con dejo parsimonioso, mientras entrelazaba los dedos, usándolos para jugar con disimulo a causa de los nervios—. Jewel se puso creativa y, pues... con ayuda de Amy, organizó un intercambio de regalos para esa fecha, pero me imagino que ya lo sabes, ¿no?

Shadow tardó en asentir, acordándose a duras penas de eso. Había estado tan ocupado con su pequeñísima problemática las últimas semanas que dejó olvidada aquella información en los rincones de su cerebro.

Y ahora que Sonic lo mencionaba, recordó que Amy le había entregado ella misma un sobre asquerosamente rosado con exceso de corazones, aparentando ser una especie de invitación a algún evento. Al inicio no le encontraba gracia a la broma. Luego comprendió la acción cuando la eriza rosada se le quedó sonriendo con un destello en los ojos frente a su puerta.

Seguro debía encontrarse intacto entre las cosas de su habitación.

—Sí. Me invitaron, por alguna extraña razón —soltó, con un dejo de indiferencia, evitando cruzar la mirada con las esmeraldas fijas sobre él—. Aunque no leí lo que me enviaron, así que no sé a quién regalarle.

—¿Siquiera irás? —bromeó Sonic, riendo entre dientes.

Shadow rodó los ojos, esbozando una desapercibida sonrisa en su hocico.

—Quién sabe. Supongo que si vas tú sería una pérdida de tiempo, pero tampoco quiero herir los sentimientos de Rose.

—Aaw, siempre tan considerado. —Sonic dejó una mano en su pecho, falso actuar conmovido.

—Estúpido erizo —resopló por lo bajo, mostrándose desinteresado. De igual forma, una exhalación con sueños de ser una risa se escapó de entre los labios morenos. Esta vez no pasó desapercibida para el azulado.

Este sí soltó una risa más audible, comenzando a relajar su postura algo tensa.

—Bueno, ya, ya, que me desvío del tema. —Calmó sus risas, expulsando el aire por la nariz, manteniendo la serenidad en el rostro—. Bien, para hacerla corta, necesito tu ayuda.

Shadow parpadeó apenas. ¿Había escuchado bien? Sonic, un presuntuoso certificado en su forma de hablar, ¿estaba pidiendo su ayuda para algo aparentemente serio? Pensó.

Suspiró con amargura. No es bueno hacerse conclusiones apresuradas, pero creía tener ya una idea de hacia dónde iba esto.

—Sí, claro, no me tomes por idiota, erizo. Ni creas que te ayudaré otra vez a escapar de las terapias motivacionales de Amy, y mucho menos te prestaré rings para comprar chili dogs, ni...

—¡No es eso! —se apresuró a decir, agitando las manos de un lado a otro al compás de negar con su cabeza—. ¡¿Podrías dejarme terminar?! Chaos... Y tampoco lo digas como si yo fuera un completo gorrón, ¿quieres?

El ónix entornó los ojos, su expresión siendo un claro “¿En serio?” que lo evidenciaba todo. Sonic desvió la mirada, rascándose la nuca con la vergüenza dibujada en su sonrisa.

—Sí, sí, ¡ya entendí! ¡Pero tampoco exageres! ¡Esta vez es importante, te lo juro, Shads!

Shadow disimuló cómo aquel apodo elevó un escalofrío por su espina dorsal. Chasqueó la lengua con mala gana.

—Dudo que sea así de importante como lo dices —masculló. Frunció el ceño, para seguidamente apreciar la expresión agotada en Sonic.

—Ugh, este tipo...

Sonic se golpeó el rostro con ambas manos. Junto a un gruñido, las arrastró hacia su hocico en un accionar frustrado.

El cobalto susurró algo inaudible apretando los ojos. Shadow alzó una ceja, mostrándose impasible a pesar de querer negar la burbujeante intriga que comenzaba a emergerle por tal actuar.

—Primero —prosiguió, elevando un dedo acusatorio hacia Shadow—: lo de la terapia motivacional ya es pasado pisado; fue situación de vida o muerte, ya te dije ese día que tenía una gran urgencia para estar perdiendo tiempo escuchando sobre la importancia de la autoestima o jugar al tarot.

—¿Le llamas urgencia a vaguear en la casa de Tails?

—¡Segundo! —lo interrumpió alzando la voz, ahora siendo él quien fruncía el ceño—. Solo quiero... agh, decirle esto a alguien que no actúe como mi terapeuta...

—¿Pues qué quieres? —cuestionó el azabache con un leve ladeo de cabeza.

Sonic, torciendo sus labios en una mueca, aparentaba hallar la respuesta con una expresión pensativa.

—No sé, tal vez un consejo igual de rápido que yo, por ejemplo.

Shadow mostró mayor confusión.

—¿Consejo dices?... ¿Entonces por qué no mejor se lo pides al zorro o al equidna? —soltó la pregunta. Por un segundo buscó con su mirada la respuesta en los ojos esmeralda. Arrugó las cejas—. No creerás que te lo daré yo, ¿verdad?

Los bordes de la sonrisa confiada en Sonic se distorsionaron, los nervios volvieron a atacarlo, carraspeó, otra vez desviando los ojos. Rascándose detrás de la oreja, pensó en algo rápido para evitar la inevitable ola de incomodidad.

—Seh... ¿Quién mejor para dármelo que “La Forma de Vida Definitiva”? ¿Eeh? —insinuó encogido de hombros y exclamando dramáticamente con su sonrisa forzada. Arrastró su improvisación consigo cuando se sentó más cerca del híbrido, solo con el objetivo de codearlo de forma amistosa.

Regresó a su actitud desvergonzada en un parpadeo, tal vez atribuyéndole ser ya cosa de todos los días el tener que activar aquel mecanismo que usaba al sentirse vulnerable.

No podía fallar en esto.

Shadow soltó un hastiado resoplido, tratando de mantener la poca paciencia que tenía. Se cruzó de brazos con desgana.

—Más te vale escupirlo ya, Faker. Pero no prometo ayudarte.

Las comisuras de los labios de Sonic se levantaron aún más al escucharlo, siendo eso suficiente para recomponerse, pasando a convertir su mueca dolorosa en una suelta. Sabiendo que el erizo vetado no podía negarse si usaba su mejor carta, se acomodó mejor sin detener el contacto visual. Sus ojos reflejaron un destello satisfactorio antes de hablar.

—Es con respecto a mi “San Valentín”, si ya sabes a qué me refiero. —Imitó comillas con los dedos índice y corazón—. No tengo la más mínima idea de qué darle para el intercambio.

«Qué tontería.» Cruzó directo por la mente del ébano.

Shadow seguía sin entender por qué, de todos los mobianos, lo elegía específicamente a él para este tema.

Debió haber perdido la cabeza.

—¿Me estás jodiendo? Dale chocolates o esas estafas de marketing que usan todos.

—¡Ese es el problema! Eso es muy básico, y yo no soy básico —aseguró usando un tono muy ofendido. Shadow negó con la cabeza ante eso, harto—. Perooo, estás de suerte, ya que yo siempre pienso en algo —añadió Sonic, resaltando la entonación del pronombre personal con ese aire altanero que cargaba.

El comentario era hilarante. Shadow ahogó una broma sobre aquello; todo el mundo sabe que Sonic no se rige exactamente por la frase “pensar antes de actuar”.

—Te tengo dos opciones, adivina la primera. —Sonic mostró dos dedos, diciendo esto canturreando con una mirada divertida sobre Shadow, bajando y subiendo detrás de la otra las falanges que tenía levantadas.

Shadow puso los ojos en blanco, pero aun así se detuvo a pensar en la supuesta brillante idea de su ahora rival amistoso.

—No sé... ¿Algo caro? —El azulado negó con una sonrisa socarrona que desesperó al otro erizo. Este emitió un chasquido con los labios; sin embargo, segundos después también le copió la sonrisa burlona, como si acabara de acordarse de algo—. Ah, espera, eres prácticamente un vagabundo, ¿cierto? Qué va a ser un regalo caro.

Sonic abrió la boca de par en par, alzando una ceja y frunciendo la otra por tal acusación.

—¡Hey! ¿Insinúas que soy pobre? Que me la pase en casa de Tails no significa que no tenga una. Para tu información, soy un nómada —aseguró con evidente aire orgulloso de sí mismo mientras se señalaba con una mano sobre el pecho. 

Shadow ladeó la cabeza con sutileza, entornando los ojos y arqueando una ceja. Sonic resopló y le regresó una mirada agotada a la mirada escéptica de su contrario.

—Por lo menos yo no soy un mantenido de G.U.N...

Sonic murmuró esto, cruzándose de brazos. Lo dijo tan bajo que sonó como un comentario casual, pero sus intenciones provocadoras quedaron claras cuando una sonrisa descarada iluminó su rostro al obtener la reacción deseada.

La burla en la expresión de Shadow se desvaneció, reemplazada por una mirada severa desprovista incluso de un atisbo de humor. La risita de Sonic reveló un poco —muy poco— de remordimiento mientras miraba los penetrantes y gélidos ojos carmesí fijos en él. Pero no quería ser la causa de otra pelea a puñetazos, no esta vez. Aunque no le importaba provocar una, necesitaba deshacerse de las dudas que lo atormentaban lo más rápido posible, y no podría hacerlo si dejaba que Shadow tomara la ventaja.

Así que volvió a carraspear para disipar la tensión.

—Bueno, ¿en qué estaba? —Se frotó la nuca con una sonrisa torcida—. Ah, sí... el primer regalo tiene que ser algo increíble, algo que le encante a todo el mundo. Ya sabes... guapo, bastante listo, lo más rápido que existe…

Shadow ya pudo adivinar la frase entera apenas escuchando las primeras palabras.

—Por favor, no digas que eres...

—¡Por supuesto que yo, hombre! Es lo más lógico si no quiero dar algo básico, ¿no? —anunció a los cuatro vientos, como si alardear de sus logros ya fuera poco.

Shadow ya ni disimulaba al suspirar. Tal vez aún no era muy tarde para usar el Chaos Control y escapar de la situación en la que se obligó a participar.

—Solo puedo sentir pena por el alma desafortunada que recibirá eso.

—¡Ay, vamos! Sabes que soy todo lo que alguien podría desear —dijo en un tono más grave,  guiñando el ojo en un sentido pícaro, cosa que dejaba el autocontrol de Shadow pendiendo de un hilo.

—Me repugnas.

Sonic soltó una risa baja.

—Oh... pues, que me diga la dichosa “forma perfecta” entonces. ¿Tú qué le regalarías a tu San Valentín? —Sonic elevó ambas manos a los costados de su cabeza con dramatismo, tampoco disimulando el cómo rodaba los ojos.

—Simple: nada, porque no asistiré a ese estúpido intercambio de regalos.

Y no era gran sorpresa, de todos modos.

Sonic exhaló entre dientes, demostrando una actuación afligida. Hasta que su mirada cambió. Pensó una vez más en su inquietud.

¿Era esta la oportunidad que había estado esperando?

No tenía el tiempo de su lado para estar dudando.

—No solo hablo del intercambio, Shads. De casualidad, ¿has llegado a tener un “San Valentín”?

La pregunta atravesó al azabache.

El tambor frenético de su corazón regresó para perturbarlo.

«No lo digas».

—Y ya sabes a lo que me refiero, fuera de todo esto. Enamorarse, ¿te ha pasado, Shadow?

«¿Por qué tú?»

—¿Enamorarme? —preguntó, como si la palabra le resultara ajena.

Sonic asintió, mordiéndose la esquina del labio. No podía dejar que la inseguridad lo arruinara.

—Pues, ya que pareces tan evasivo con estos temas, solo me entró la curiosidad. —Desvió la mirada en fingida indiferencia.

«¿Por qué ahora?»

Shadow puso toda su fuerza de voluntad para no dejar salir una exhalación temblorosa. Sus ojos se apresuraron a perderse en su propio regazo, como si ahí estuviera la respuesta que tanto buscaba.

El mutismo era tortuoso para ambos; Sonic cerró con fuerza la mano que descansaba en el césped, Shadow tensó la mandíbula. Los pensamientos de ambos hacían eco en sus mentes, cada uno carcomiéndose por cosas diferentes.

Querían colarse en la tormenta del otro, saber si era seguro proseguir con lo que tenían atascado en la garganta.

Shadow titubeaba:

«¿A qué quiere llegar? ¿Por qué pregunta si...?»

De Sonic emergía la ansiedad:

«¿Estará ocultándolo? ¿Será que sí siente algo por...?»

Y de pronto, la voz seria que se alzó interrumpió el limbo formado.

—No.

Las orejas de Sonic se levantaron hacia el sonido; en sus esmeraldas se reflejaba la sorpresa. Miró al ébano con una mezcla de incredulidad y... ¿Alivio?

Shadow quiso saber la causa exacta de por qué logró articular la palabra que salió de su boca.

Fue insólita incluso para él; hasta tenía el impulso de exigir el conocimiento de cómo debía sentirse al respecto.

¿Qué fue eso?

¿Fue un impulso que buscaba protegerlo? ¿La etapa que pensó haber superado? O mejor, para resumirlo: ¿fueron la cobardía, el miedo constante, el rechazo inercial lo que no le permitió avanzar?

Quería arrancarse las púas, ¿por qué su boca reaccionó antes que él?

¿Por qué, aun estando confundido por esto, algo en él agradecía haberlo hecho?

¿Tanto se mentía a sí mismo?

—¿Seguro?... ¿No habrá por ahí alguna linda chica que me estés ocultando? —Siguió insistiendo, usando su carta sagaz.

Sonic volvió a indagar en la pregunta por una sola razón: Shadow podía estar mintiéndole. Y el azul no querría tener que decirle su inquietud directamente.

Shadow chasqueó la lengua, mostrándose incómodo por el súbito interrogatorio.

—Sí que te gusta insistir, ¿eh?... No hay ninguna mujer que me interese en lo más mínimo, erizo.

Con eso debió bastar. Pues, por primera vez en esa noche, Shadow fue realmente honesto.

Sería mentira si admitiera que había llegado a ver románticamente a alguna mujer en toda su vida.

—¿No?... —Sonic repitió lo dicho apenas en un susurro.

Sus pulmones se aflojaron, volteó a mirar hacia el frente, vio las lavandas silvestres meciéndose con el silbido del viento y la extensión de naturaleza que seguía a las estrellas en lo alto.

—¿De verdad?

La respuesta tardó más de lo que le gustaría.

Sonic en serio se esforzaba mucho para mantener este ritmo.

Shadow suspiró con pesar. Ese erizo sí que era pertinaz.

—No me gusta nadie. Nunca me he enamorado. —Lo dijo tan seco, sin rodeos, que ante los ojos esmeralda fue indubitable.

Sonic liberó el pasto aprisionado en su mano. Sus orejas bajaron sutilmente. Pero no por temor, sino por otra razón.

—Y... tampoco creo hacerlo —culminó con un perfecto broche de oro, uno que se escuchaba lo suficientemente doloroso como para no seguir cuestionando.

El azul jadeó en voz queda, incrédulo. Escenarios irreales pasaron con velocidad en su cerebro. Imaginó cada una de las posibilidades, y...

Sonrió.

Una despreciable, involuntaria y atenuada sonrisa adornó su rostro en cuanto Shadow pronunció las palabras que le dieron final a su inquietud.

La sorprendente firmeza en la voz contraria lo hacía creíble. Las dudas poco a poco se desvanecieron.

Para uno fue doloroso.

Para otro se convirtió en un respiro.

Uno estaba perdido en la incertidumbre de su propia tormenta.

Y otro se sintió en el último paso para liberarse de la suya.

El gorjeo de los grillos se hizo más intenso entre ellos ahora que el eco de sus voces se había desvanecido. Sonic tardó unos segundos en recomponerse. Ni siquiera sentía el frío a su alrededor, gracias a la ola de calor que, en contraste, brotaba de su pecho: una sensación reconfortante de haberse liberado por fin de un peso tan opresivo sobre sus hombros. Un peso que había estado cargando por más tiempo de lo que realmente parecía. Pensó que sería mucho más difícil sacarle información a Shadow debido a su actitud notoriamente impredecible, por lo que su asombro de hace un minuto había sido genuino. Era extraño; tal vez no debería suponer tanto.

Pero percibió seguridad en cada entonación.

Podría estar soñando.

Cuando una brisa rozó su espalda, le provocó un escalofrío, pero no de esos desagradables que te hacían dar un respingo. En cambio, era uno positivo. Fue como una corriente de confianza, una descarga eléctrica, que le devolvió las riendas. Como si tuviera de nuevo el control de sus pensamientos. De su cuerpo.

Para Shadow fue todo lo contrario.

La brisa gélida le provocó un horrible hormigueo por su espalda que amenazó con romper su coartada. Se sintió como un golpe de razón; cuestionando su maldecido orgullo, le daba asco lo poco que le costaba ocultarse tras mentiras. Lo desarmó por completo.

Y cuando lo notó, su lugar favorito ya no se sentía cómodo. Ya no sentía esa inicial seguridad.

Pues, seguridad fue lo primero perdido cuando inconscientemente comenzó a reprimir los latidos de su corazón.

Sonic suspiró, cortando el silencio. Se veía diferente, lleno de vida de nuevo, con una emoción distinta brillando en sus ojos.

—Oye... ¿puedo ser honesto contigo?

Silencio.

No.

Shadow no quería seguir allí.

Gruñó entre dientes.

—Ya tuve suficiente.

Sonic arrugó el ceño en cuanto vio al erizo rígido e inseguro tratar de incorporarse.

Un brazo se apresuró hacia el de pelaje oscuro. Sonic retuvo el brazo vetado de Shadow a medida que este se estaba levantando.

—¡Oye, espera! No me dejes así, hombre... Me harás quedar en ridículo.

La vergüenza en el rostro del cobalto era ostensiva, la risa incómoda y la presión protestada en el brazo vetado desconcertó al ónix.

¿Debía quedarse?

Su ritmo cardíaco era asfixiante.

Sus extremidades tensas imploraban por moverse.

Pero el burbujeo de la curiosidad sobrepasaba su límite.

¿A cuál debe seguir?

—Okey… tengo que confesar que lo del regalo fue una jugada algo sucia… —Shadow bajó la mirada hacia Sonic cuando este habló. El cobalto mantenía los ojos inmersos en el suelo, su voz oyéndose un poco ronca al hablar en murmullos—. En realidad, mi preocupación es más que eso. 

Carajo.

Cómo lo odiaba.

Porque no hubo necesidad de palabras de parte de Shadow; aquello era suficiente para anclarlo al entorno.

Traicionado por su propio cuerpo por vez consecutiva, lentamente se liberó del agarre de Sonic, intentando no hacerlo parecer un ademán a regañadientes —no funcionando del todo—. Sus músculos cedieron, deslizándose hacia abajo. Al final, ambos erizos quedaron sentados con la cabeza gacha.

Eran tan patéticos.

Mientras ocurría, un sentimiento desfavorable de vergüenza y traición hacia sí mismo hundió a Shadow.

Era difícil decir quién de los dos era el más avergonzado justo ahora.

Sonic rio vagamente, apenas audible, como si eso fuera a aligerar el ambiente.

Soltando el verdadero detonante:

—Estoy enamorado de Amy.

Resonó en el campo.

El tiempo se detuvo.

Los ojos carmesís se abrieron de par en par, sorpresivos.

La mención del nombre de la eriza rosada afectó al ritmo de su corazón apretujado; se saltó un latido.

Viró con incredulidad su cabeza hacia Sonic. Su cuerpo pasó a estar el doble de tenso, como piedra, sin que se diera cuenta.

—¿Qué?

Sonic no contestó. Se quedó con la mirada inmersa en el suelo, buscando las palabras adecuadas en su acelerado cerebro.

Por otra parte, Shadow detuvo sus ojos en un punto fijo, sin en verdad mirarlo. Sus pensamientos se volvieron un remolino, atormentándolo, una vez más con una rapidez enfermiza.

El peso que yacía en su pecho le impedía poder concentrarse en otra cosa. El sentimiento quebradizo de escuchar decir a tu —algo confuso— crush que gustaba de alguien más, de alguien que no se trata de ti, de alguien completamente distinto a ti, dolía por completo.

Y en cierto punto, dolía todavía más tomando en cuenta el hecho de que Shadow, aun con todas las etapas de autodescubrimiento que tuvo, sí tenía en claro desde el inicio la gran posibilidad de que aquellos fuertes sentimientos ahora presentes en su día a día nunca llegarían a ser expresados.

Porque solo son rivales.

Apenas se podía decir que tenían una amistad.

Y no solo era eso, sino que, para el colmo, ambos son hombres.

Ambos erizos machos que eran completamente distintos en muchos sentidos.

Algo así no podría ser bien visto.

O al menos, a ojos de Shadow, con él mismo en la oración, jamás podrá serlo.

Su mente se encontraba en otra parte, pero en un momento percibió el sonido lejano y amortiguado, como el eco de una cueva, a la voz de Sonic. Como si estuviera siendo bloqueada inconscientemente por su cerebro; no se enteró en qué momento el otro erizo inició a hablar.

—Para eso es que quiero tu consejo en primer lugar, quiero... Quiero declararme a Amy, pero las palabras se me enredan en la lengua, mi cabeza es un caos, ¡y San Valentín es en dos días! —exclamó al aire, extendiendo los brazos hacia el cielo para seguidamente dejarse caer de espaldas sobre el césped, evidenciando su gran estrés acumulado por semanas. Murmuró en gemido cansado—: No me entiendo.

Y Shadow se encuentra perdido.

Qué irónico.

De todos.

De todas las posibilidades que había.

Resultó ser la mobian a la que el azul le ha huido tantas veces, a la que había evitado a veces.

Algo familiar, ¿no lo parece?

Aquella estrategia no funcionaba siempre.

—Shadooow, ¿sí me escuchas? —musitó. Su voz, algo rasposa y arrastrada, era lo único que interrumpía la calma constante del entorno.

Sonic se mantenía en el césped cruzado de piernas y brazos, nuevamente debajo de la cabeza; era un movimiento automático. Levantó una ceja, confundido, al percatarse de cómo el otro no respondía al llamado.

—¿Qué pasa, Edge lord? —Se le dibujó una diminuta sonrisa, llamándolo con aquel apodo burlón que frecuentaba usar él cuando se sentían en confianza, e incluso sin esta—. No te la esperabas, ¿verdad?

Rio levemente, sin despegar los ojos de la espalda tensa de Shadow.

Por un rato no hubo respuesta.

El azabache parpadeó dos veces, saliendo del tremendo viaje mental que se ha dado, por fin reaccionando al ruido detrás de él. Un sistema mecánico endureció su mirada antes de girar el torso de lado para ver mejor a Sonic. Divisó su exasperante sonrisa ladeada y los preciosos ojos esmeralda mirándolo con curiosidad. Captó su atención el cómo se movía, con aires de confianza, el pie apoyado sobre la rodilla azul. Luego, levantó su vista, recorriendo con la mirada su cuerpo esbelto, deteniéndose en el pecho amelocotonado que subía y bajaba al ritmo de su respiración calmada.

Tensó la mandíbula.

Volvió a ascender hacia los resplandecientes jades, quedándose embobado por más tiempo del que pensaba.

Cada que veía a aquel burlón, relajado y aparentemente arrogante erizo, tenía de vuelta la sensación que autodenomina como asquerosa en su pecho. Esa sensación, con el pasar de los minutos, se hacía cada vez más intensa, más grande, más insoportable.

Consumiéndolo, como justo en este momento.

Nunca llegó a pensar que lo que empezó a sostener como algo inicialmente ligero, insignificante, se le terminaría volviendo cada vez más pesado, haciendo que en consecuencia tenga que soportar el dolor imprevisto que comenzó a causarle.

Frunció el entrecejo, apretando los dientes involuntariamente; la curvatura de su hocico tembló. Apartó la mirada. Le dolía tanto que lo odia.

Odia demasiado ese sentimiento.

De verdad quería odiarlo a él.

Pero cada vez se le hacía más imposible.

De parte del cobalto, ahora sí siente lo extraño del comportamiento de Shadow. ¿Tanto le molesta ser llamado así? Pero sí ya era rutina para ellos dos... ¿Será que por fin se cansó de su existencia? ¿O querrá estar matándose por acceder a esta... ¿Charla? Ni él sabía lo que era, aunque consideraba que cualesquiera podrían ser válidas.

Decidió que, como no oyó ningún comentario del contrario, continuará hablando.

Comenzando a relatar.

—Bueno... también entiendo que puede llegar a ser impactante, seguramente lo último que creerías de mí. Pero en serio, estoy enamorado, Shads, desde hace años. Y me asusta.

Fue honesto.

Por un instante dejó su orgullo de lado.

Las orejas ébano se torcieron a su dirección. Oyéndolo.

Sonic despegó un poco su cabeza para comprobar si Shadow aún seguía ahí. Lo estaba, de espaldas, pero lo oía. Ante eso, dejó caer de nuevo su cabeza, disponiéndose a llevar su vista hacia el hermoso cielo nocturno, escapándosele un suspiro.

—Sabes, siempre creí que sé expresar bien lo que quiero, ¿pero lo que siento? ¡Por Chaos! El amor siempre fue un tema bastante incómodo para mí, eso de querer comprometerte a una relación y demás... hasta llegué a pensar que nunca lo haría.

Shadow crispó su puño sobre el suelo, extrayendo algo de la grama por la fuerza con la que lo hizo.

Su respiración se volvió irregular. Ya no quería escucharlo. Cada palabra que decía solo hacía que esa incomodidad que siente se agrave y, de cierto modo, que se estrujara, como si se estuviera convirtiendo en una arrugada bola de papel. No se cansaría de remarcar que dolía, dolía al punto de querer abrirse el pecho por su cuenta y arrancar todo aquello que aún lo sigue encadenado a volver una y otra vez a él.

Sonic no tenía ni la más mínima idea de su estado.

Y siguió hablando.

—Pero me di cuenta de que todo este tiempo nunca supe cómo identificarlo... bueno, más bien, me negaba a reconocerlo.

Vaya.

Parece que aun así ambos erizos coincidían en algo.

El crujir repentino del césped, que provocó Sonic al elevarse rápidamente, privó por un segundo del aire al azabache.

—Hey, ¿puedes dejar de ignorarme?... ¿Me atrevo a sincerarme contigo y me clavas el visto? Wow, no creía que me odiaras tanto —bromeó, junto a una sonrisa temerosa, ocultando sus deseos de indagar más allá. Forzó su habitual tono socarrón, aunque no cesaban de emerger de él los nervios ansiosos; no era el ser más paciente de todos modos.

—Shads, oyeee... Shaaadow.

Sonic frunció el ceño con notoria confusión.

«Este no para de ignorarme».

Pero lo que Sonic no sabía era que la respiración irregular, los músculos tensos y los puños ardiendo son advertencias silenciosas sobre la gota que pronto colmará el vaso.

Volvieron a sumergirse en una situación deplorable, ni una sola palabra; el silencio era ensordecedor, hasta los grillos se mostraron incómodos.

En ese instante, con suerte se distinguía el tan repetitivo murmullo silente del viento.

Sonic, ya cansado de esperar algo del erizo negro, estuvo al borde de tocarlo para llamar su atención.

—¿Por qué no-...?

Si no fuera porque este se le adelantó.

Explotó.

Se giró con violencia, encarando a Sonic con las púas erizadas.

—¡Basta! ¿Por qué me dices todas estas estupideces como si fuera un experto en el amor? ¿¡Qué esperas de mí?! ¿Que te anime a confesarte? ¿Que les prepare a ti y a Amy una cita envidiable? ¡Ni siquiera sé qué hacer con mis propios sentimientos! —Los carmesís se prendieron en llamas en la oscuridad de la noche. 

Su grito sonó más desgarrador a lo último, retumbando en el espacio, producto de la frustración y estrés contenido. Sonic se paralizó, suspendiendo en el aire la mano que en un inicio iba dirigida hacia el hombro contrario. Sus orejas azules se encogieron sutilmente, desorbitando los ojos.

Shadow se percató de lo que hizo tan rápido como lo dijo, también abriendo los ojos de par en par, observando la confusión en Sonic.

La expresión ceñida en su rostro se disipó lentamente, formándose una en pánico, sorprendida por las palabras estrepitosas que salieron sin su permiso.

La vergüenza y el arrepentimiento se mezclaron perfectamente. El puño apretado sobre el suelo húmedo se fue deshaciendo junto a su enojo. Si su ritmo cardíaco era anormal antes, ahora era como si estuviera a nada de salírsele el órgano palpitante.

El miedo a que Sonic rebuscara el verdadero significado de esas palabras anegó con rapidez cada rincón de su subconsciente. El temor a la reacción de Sonic crecía. Lo estresaba. El desagradable y conocido nudo no tardó en establecerse en su garganta, cerrándola. Las sensaciones experimentadas le parecían igual de nuevas como exasperantes. Todo era tan angustiante.

De un momento a otro, su alrededor se distorsionó.

La ansiedad casi retacaba el tope.

El sudor resbalándose por la sien.

La respiración entrecortada e inestable.

Las cubiertas y apenas temblorosas palmas sudadas.

Sonic notó de inmediato esto.

El cómo Shadow nuevamente comenzó a encerrarse en sus pensamientos.

«¿Qué demonios hiciste?»

«¿Cómo se lo explicarás ahora?»

«¿No notas cómo está?; dubitativo, incómodo.»

«Justo cuando se sentía con la seguridad como para contarnos algo tan personal, ser honesto a nuestro lado...»

«Tuviste que arruinarlo, ¿verdad?»

«Egoísta»

«Eres un asco.»

«Se alejará.»

«Por tu culpa.»

Tembló.

«¡Shadow!»

...

Esa voz...

¿De quién era?...

No lograba identificarla entre otras tantas voces en su cabeza, entre sus jadeos agitados, entre sus latidos presurosos.

¿Podía ser…?

No… no podía…

Pero se aferró a que sí.

Ella… Ella se acercó a él.

Confío en él.

Lo amó y lo vio como un igual.

Lo trató mucho más que su esperanza de vida.

Le contó su más grande deseo:

Vivir en la Tierra.

Ver los atardeceres.

Volver a respirar aire real.

¿Y qué hizo él?

Falló en su único propósito.

Hizo que le desvanecieran todo anhelo, apagaran todo brillo, arrebataran cualquier oportunidad.

Le falló.

Permitió que ella muriera frente a sus ojos.

Y estuvo él, pagándole después de la peor forma: olvidando su deseo de proteger su tan amado planeta.

Es su culpa.

Siempre.

Aunque perdiera la memoria.

Aunque se convenza de que ya no le persigue el pasado.

Aunque enmiende sus errores.

Aunque forme nuevos vínculos.

Siempre le perseguirá la culpa.

Todo pareció oscurecer.

Todo el miedo al rechazo empezó a emerger.

Pero, de imprevisto... experimentó una extraña calidez sobre sus hombros.

Manos firmes sobre estos lo sostuvieron, salvándolo de su ahogamiento en el menosprecio.

Su trance se fue disipando.

De algún modo, esta acción evocó algo… una reminiscencia. Aquella calidez similar le era conocida. Ya la había experimentado antes.

Aquel día.

Uno que juró haber enterrado en lo más profundo de su memoria.

 


 

꒰💌꒱ 

 

「1951 - Colonia Espacial Ark」
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.
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—¿San Valentín? ¿Sabes qué es eso, Shadow?

La rubia cuestionó, algo confundida por la repentina pregunta acerca del significado de aquella palabra.

La garra apuntó dentro de la revista volteada hacia María. La portada estaba repleta de productos famosos característicos de la década de los noventa, pero que el erizo no conocía ni comprendía del todo. En una esquina del apartado se encontraba un llamativo dibujo en forma de corazón, hablando de regalos y enamorados con un brillante color rojo que gritaba “San Valentín”. María miró donde apuntaba el dedo de Shadow. El susodicho apreció cómo aquellos orbes celestes se iluminaban acompañados de una amplia sonrisa, reflejando su interés por la ilustración que tenía al frente.

—¡Ah, claro! ¡En unos días es San Valentín! ¿Cómo no me acordé? —se dirigió a paso apurado hacia el viejo calendario colgado que reposaba en la pared de pintura blanca.

Shadow se encontraba en su revisión matutina, donde recopilaban y monitoreaban su estado físico y energía del caos. Los ojos rojos observaban curiosos, sus pies suspendidos en el aire sin tocar el suelo, estando sentado en la camilla repleta de máquinas y cables que se conectaban a su pecho azabache con una capa de pelusa blanca, tomando su pulso cardíaco.

—A ver, hoy estamos a trece, entonces... ¡Es mañana!

El gritillo emocionado de María resonó entre las cuatro paredes, no dudando en voltearse y encaminarse al lugar de Shadow sobre la camilla. Con una velocidad precavida desconectó los cables del cuerpo más pequeño, dibujándosele una sonrisa juguetona. Shadow arqueó una ceja, extrañado por la acción.

—¿Qué haces? Aún tengo que esperar a los...

—¡No hay tiempo! —lo interrumpió bajándolo del mueble, sostuvo su mano enguantada y lo guió fuera del cuarto con prisa.

Shadow la siguió sin rechistar, como siempre lo hacía, aunque aún se encontraba un poco aturdido por la espontaneidad emergiendo de la rubia.

Miró hacia atrás para asegurarse de que nadie se diera cuenta de su nueva —mas no última— escapada y retomó su atención a María.

—¿A dónde vamos? —indagó observándola de espaldas, la larga cabellera rubia ondeando, dejando ver partes del vestido azul por las aberturas formadas del pelo gracias al constante movimiento.

—Ya verás —canturreó aún con los ánimos elevados. Entre risitas bajas, arrastró a Shadow por los pasillos de aquella gigante colonia espacial.

Al llegar, María se recargó en una pared fría para regular su respiración. Shadow, acostumbrado a estas situaciones, se le acercó preocupado, pero rápido fue apartado con suavidad por la adolescente en un pequeño ademán que le decía un “estoy bien”. Bastó aquello para que el erizo se mostrara algo más sereno.

Dentro de la cocina, Shadow la vio moviéndose de un lado a otro, aunque ahora con pasos menos apresurados, cargando diversos ingredientes entre sus brazos. Observó cada uno de sus movimientos con la cabeza ligeramente ladeada, muerto de la curiosidad.

—Sigo sin entender el objetivo de esto.

María depositó sin mucho cuidado todo lo que sujetaba sobre la encimera plenamente blanca que había cerca.

—¿No es obvio? Haremos galletas. El abuelo me enseñó cómo hacerlas hace un tiempo. ¡Son perfectas para mañana! —comentó sin voltearse a mirarlo, concentrada en organizar los ingredientes.

Shadow hizo una pequeña mueca, no pudiendo corroborar si se le era permitido adentrarse así sin más en la inmensa cocina.

—Estoy seguro de que no podemos estar aquí sin autorización, María —advirtió cruzando los brazos. Pretendía sonar demandante, pero la suavidad de su voz no preceptuaba lo suficiente, provocando que la animada chica hiciera caso omiso.

A pesar de eso, y consciente de que no obtendría los resultados esperados, Shadow se mantenía alerta, por si algún científico cruzaba la puerta automática.

Nunca hablaba con ningún miembro del personal de esa nave. Siempre se ha mantenido distante de los científicos presentes a su alrededor diariamente. Pero con Gerald, y en especial con María, lograba soltarse mejor, comunicándose sin problemas con ambos humanos.

Se relajaba tanto que varios se han preguntado si en verdad esa es el arma biológica que tanto exigía el gobierno.

María por fin encaró al erizo, sonriendo en inercia, haciéndosele gracioso el detalle de cómo Shadow tenía apenas una estatura mayor en comparación con la mesa ubicada en el centro de la cocina.

Riendo entre dientes, no dudó en avanzar hacia su dirección.

¿Eso se suponía que era peligroso? ¡Ella solamente veía a "La Forma de Ternura Definitiva"!

—Oh, vamos, ya todos me conocen aquí. Además, es por una ocasión especial. Toma por seguro que todos aman las galletas en San Valentín —elevó el dedo índice, como si su comentario fuera comprobado por la ciencia, guiñando un ojo cuando Shadow frunció el ceño en su dirección.

En ese momento, Shadow seguía sin entender; no le veía lo especial a recibir en un día específico comida con un gran elevado porcentaje de azúcar añadida. Sin embargo, y a pesar de su nulo conocimiento sobre esas fechas, se dispuso a ayudar con lo que podía para hacer las galletas.

María le pasaba algunos ingredientes, recitándole las instrucciones al azabache. Este fue acatando sin vacilar, naciendo lentamente de él la satisfacción de revolver una sustancia en un tazón, y conforme fueron pasando los minutos, también fue agarrándole el gusto a crear formas llamativas con la mezcla antes de entrarla al horno.

La misión fue un éxito, en gran parte.

Al final, terminaron con los rostros cubiertos de harina y una sólida restricción de entrar a la cocina, pero debía admitir, ocultando una suave sonrisa, que tampoco se arrepentía.

La mañana siguiente, en los calendarios se mostraba la fecha catorce de febrero.

La atmósfera estaba llena del frío representativo del Ark, desolado y deprimente. Sin embargo, nadie le daba mente a eso. La mayoría del personal degustaba las galletas caseras de María —y Shadow. Para los otros, él no fue mencionado—. El aroma era delicioso, complementando muy bien al sabor que se impregnaba en las papilas gustativas de forma satisfactoria. Shadow nunca antes había probado un alimento así en lo que llevaba de su artificial vida.

Le es tan ajeno aquel entorno; los científicos que creía que nunca saldrían de lo profesional reían y repartían abrazos a sus conocidos. Gerald se encargó de esparcir la noticia de que su adorada nieta venía con una gran sorpresa para todos: galletas cálidas, de diferentes formas y colores. Muchos aceptaron de inmediato un descanso de sus oficios alrededor de la colonia solo para participar en esta pequeña celebración.

—¿Ahora lo ves?

Se volvió hacia ella, confundido.

—¿Ver el qué?

—Lo especial de este día. Las galletas que hicimos, aunque den sensación de ser algo mínimo, están llenas de significado.

En ese momento, Shadow no entendía qué quería decir la rubia.

Una galleta fue delicadamente depositada sobre su mano enguantada. Tenía glaseado azul oscuro, siendo decorado por pequeñas chispitas blancas esparcidas, imitando las estrellas.

—A la gente le gustan detalles como estos sólo por el dulce, pero también se usa como un medio para transmitir lo que no se puede decir con palabras —elevó su propia galleta a la altura de sus ojos claros, en el lado derecho enfocó con su vista la masa redonda, bajando el párpado izquierdo con una resplandeciente sonrisa—. Puedes transmitir un profundo aprecio si no sabes cómo expresarlo o sientes que te quedas corto con lo que dices, no sé. Al menos eso es lo que me dijo el abuelo. Antes en mi familia había la tradición de hornear galletas para este día.

¿Era eso cierto?

El erizo dio otro vistazo a su alrededor con el ceño ligeramente fruncido. La atmósfera distinta, la cercanía de las personas, la calidez de la galleta sobre su mano.

Shadow descendió su cabeza, mirando otra vez la galleta.

Si aquel gesto era lo especial...

¿También lo hacía a él parte de eso?

 

( . . . )

 

No sabía qué horas eran.

La habitación está completamente a oscuras, salvo por la única fuente de luz en el centro del cuarto.

El brillo proveniente del interior del improvisado fuerte de sábanas y almohadas iba disminuyendo y aumentando al ritmo de los cambios de escenarios dados en la película.

Shadow jugaba con el maíz restante de sus palomitas. En el recipiente no quedaba nada más que eso y diminutas gotas de sal.

Parte de las pantorrillas levantadas, pies moviéndose de arriba abajo simultáneamente, mirada perdida evitando la pantalla.

Para culminar con ese grandioso día, María quiso cerrar con broche de oro viendo una película romántica.

A él le gustan las películas.

Pero no esta.

Sus ojos carmesíes se levantaron hacia María, la confusión plasmada en estos.

El rostro pálido tenía varias rojeces, mejillas empapadas de lágrimas, las pálidas y delicadas manos encogiéndose en sí mismas en su regazo, apaciguando la leve molestia en su pecho.

Shadow vio los ojos cristalinos de su amiga.

Y no pudo comprender el motivo de estos.

La mujer dentro de la caja parlante con pantalla se encontraba arrodillada, clavando sus propias uñas sobre sus rodillas mientras rompía en llanto. El ambiente era tan cruel con ella ahora mismo. Pero, de alguna manera, también era una participación complementaria; la lluvia caía con furia sobre el pavimento, el cielo enteramente ensombrecido por el manto de la noche y nubes grisáceas, junto a la iluminación tenue de faroles cercanos, le daban mayor sentimiento a la escena.

Hace minutos atrás la película transcurría normal como cualquier otra: introducción alegre, uno que otro número musical pegajoso, lo común para la época. Pero de un momento a otro, la trama dio un giro inesperado.

Resultó que el hombre de quien se encuentra enamorada la protagonista del filme siempre estuvo casado. Ella no descubriéndolo hasta haberlo escuchado a escondidas en una llamada telefónica que tuvo con su mujer.

Para conveniencia del guion, a diez minutos de acabar la película.

El hombre ha presumido de encantos y palabras espléndidas durante lo que llevaba viendo de este entretenimiento audiovisual. Era tan bueno para la vista, todo marchaba a color rosa.

¿Cómo se le ocurriría siquiera a la chica, oh, tan ingenua, tan embelesada, ese tal hecho, insensato ante sus ojos cegados por sentimientos tontos?

¿Cómo era posible que aquella chica —tan ingenua, tan embelesada— no viera la verdad? ¿Cómo podía defender, con todo su corazón, la fantasía de un romance tan dulce hasta resultar empalagoso, irreal, que solo existía en la ficción?

Bueno, lo era. Esto era ficción.

Por lo tanto, carente de empatía, Shadow le fruncía el ceño a la pantalla.

Le parecía absurdo.

Bien pudo haberse agarrado a otro menos mentiroso. ¿Cómo no verle lo ilógico a formar tal drama solo por una fantasía destruida?

No era para tanto.

No sería el fin del mundo si dejaba ir un amor imposible.

Música dada por piano y violín sincronizados, poseedores de matiz melancólico, acompañaba la escena final con los créditos.

María sorbió su nariz, limpiando con los dorsos de sus manos sus mejillas empapadas.

—¿Ese es el final? —Shadow ladeó con incredulidad su cabeza reposada sobre la palma de su mano. El brillo en sus ojos reflejaba cómo pasaban los créditos a blanco y negro.

—¿No te pareció... inesperado? Se veían muy felices, tanta ilusión solo para acabar de la peor manera —la rubia comentó con mirada afligida, ahora sintiendo conmoción por la mujer protagonista.

Shadow bufó, desviando los ojos hacia ella.

—¿Qué sentido tiene hacerla una película romántica si no terminaran juntos?

María se quedó pensativa, intercambiando su vista de la pantalla a los ojos inquisitivos sobre ella. Exhaló por la nariz, arqueando sus dedos en su pelo rubio, acariciando perezosamente.

—Yo… Supongo que... No toda historia necesita final feliz.

Las letras seguían descendiendo con una lentitud no apta para impacientes en la pantalla. Los nombres de las personas involucradas, mostrados por tan solo segundos, no serán recordados después de culminar los créditos. La música permanecía consistente, inmutable, y, siendo solo algo de fondo, terminó estampando una huella en ambos corazones reunidos.

—¿Por qué?

María entreabrió apenas los labios, en parte sorprendida, en otra indecisa. El desconcierto frunció el ceño de Shadow.

—¿Por qué debería ser diferente? ¿No que todas son iguales? —Su voz tenía ese toque distinto, exigente por una respuesta, como un niño que no comprendía el porqué de las cosas.

—Oh, yo... también quisiera saberlo.

El silencio sumió la habitación. No era incomodidad, no era desánimo. Lo cubrió la incertidumbre. Las mismas ideas fantasiosas distorsionándose por medio de una noche.

La razón principal por la que a Shadow le gustaban las películas era por sus tramas de cuento de hadas. Las veía como algo mágico e inalcanzable, algo que comenzaba a anhelar con cada hora que pasaba viéndolas. Esa visión sesgada del mundo exterior se le había inculcado desde muy temprana edad: una vasta extensión de egoísmo, injusticia y desesperación. Por eso, esas historias, los colores intensos y la atmósfera única que le ofrecía la pantalla transformaron por completo su perspectiva. Por un momento, vio el mundo a través de los ojos de la chica rubia.

Por fin podía entenderla.

Y por culpa de eso, ya se hizo ilusiones con tener algo parecido.

—María, ¿yo... llegaré a terminar así?

La mención de su nombre la sacó de sus propios pensamientos. Arqueó las cejas, buscando el rostro de Shadow, luciendo bastante confundida.

—¿A qué te refieres?

El erizo se mordió el labio, encogiendo sus orejas hacia atrás en un accionar involuntario.

—A no... tener un final feliz.

La humana no dijo nada. El destello vibrante en sus ojos azules era el dolor desbocado por la apuñalada que acababa de sentir: directa, tosca, justo en su corazón. Shadow deglute saliva. Ni quiso hacerlo. Desvió la mirada. No era su intención aquello. Ahora se sentía estúpido, infantil, pues, ¿qué está diciendo? Las palabras pasaron a ser absurdas desde que salieron.

¿Él? ¿Una criatura artificial con ADN alienígena, cuyo único deber es no cuestionar, como perro fiel, la gran responsabilidad que se le otorgó desde antes de siquiera tener conciencia?

Claro que los dulces y tan hermosos finales felices no están hechos para su caso.

Seres pensados para destruir no están hechos para un final así.

Solo lo esperan las personas igual de hermosas y puras, como la chica de cabellera rubia que tanto adora.

Su mente maquinó rápidamente, inventando alguna excusa, algún comentario que deslice el momento incómodo de su autoría. Abrió la boca, tartamudeando, apenas un quejido áspero.

Y cuando por fin se le ocurrió algo, unos brazos lo rodearon.

Experimentó una conocida calidez sobre sus hombros.

Unas manos firmes lo sostuvieron.

No supo en qué momento María ya lo estaba abrazando. Sus manos enguantadas temblaron, y cuando la voz melosa le susurró al oído, algo en él se quebró.

—Shadow, mereces mucho más de lo que crees… no dejes que nadie te haga pensar lo contrario.

Los dedos se curvaron, enterrándose en la tela del vestido azul a su disposición.

El tono de voz de la rubia osciló, deglutió con la garganta cerrada antes de soltar las siguientes palabras:

—Y si algo sucede... recuerda que todo este tiempo nunca dejaste de ser amado.

El apretón dado por el erizo aumentaba mientras más le urgía sostenerse de algo. Los ojos carmesíes, brillantes en la ininterrumpida penumbra, se clavaron en las almohadas apiladas tras la espalda de María.

Si algo le sucede a ella... ¿Qué sería de él?

—Incluso si no obtienes un final feliz, nunca estarás solo.

Shadow no puede imaginar un mundo donde ella no esté.

En un suspiro hondo que rozaba inestabilidad, Shadow arrugó su nariz, hundiéndola en el hombro que le proporcionó su mejor amiga, a este punto hermana.

La pantalla de la televisión yacía completamente oscura.

No volvieron a comentar nada en esa madrugada, solo permanecieron envueltos en un abrazo necesitado. En un punto se tendieron en el suelo cubierto de sábanas acogedoras; sus cuerpos se resguardaron en el cálido refugio que ellos mismos armaron para protegerse y darse consuelo, para olvidarse por al menos unas horas del futuro forzoso que avecina.

María cayó directo a los brazos de Morfeo. Su lenta respiración era el único sonido en medio de la quietud.

Shadow a veces no dormía por estar cuidando a la niña.

Pero la causa de su insomnio de esa noche no solo recayó en ella.

"Incluso si no tienes un final feliz..."

Pese a no tocar el tema en ningún otro momento, tiene miedo de que realmente resulte así.

 


꒰💌꒱

 

El silencio del departamento se cortó en cuanto la puerta principal se cerró con un clic lo bastante ruidoso como para arrastrar un eco por el espacio frío y desolado. Las llaves, colgando de sus dedos curvados, sonaron en un tintineo disperso antes de que las dejara a un lado sin decoro, sobre el mueble bajo junto a la entrada.

No había usado el Chaos Control esa vez.

El aire aprisionado en sus pulmones salió despacio, liberándose entrecortadamente por su nariz. 

Pasó saliva, con dificultad.

Sus pies no se movían de la entrada. La mano que antes sostenía las llaves temblaba, al igual que la otra. Sus ojos carmesíes, deslumbrantes y, aun así, apagados en la oscuridad, picaban por la humedad contenida en su córnea tras reprimir sus emociones durante todo el trayecto hasta su residencia, hogar, o lo que sea que tenía.

¿Qué ha hecho?

¿Por qué dijo eso?

Con la poca fuerza de voluntad que le quedaba, movió primero la pata derecha. Luego, de forma arrastrada, la izquierda. Se sostuvo de la pared por un momento cuando sintió las náuseas elevarse, el ritmo cardíaco incrementarse. Exhaló en un gemido abatido. Las lágrimas que por tanto tiempo ha evitado se derramaron fuera de sus ojos de golpe; apenas unas finas líneas saladas marcaron un camino oscurecido en el pelaje marrón de sus mejillas.

La mano apoyada sobre la pared se crispó en un puño, y en un gruñido con los dientes apretados, golpeó el concreto en un fuerte estallido de frustración mezclado con el sabor amargo del enojo y la impotencia.

El lugar apenas tembló. Las lámparas colgando del techo se balancearon, una grieta se extendió en la pared agredida, por encima de su mano cerrada y temblorosa. Diminutos destellos anaranjados y electrizantes recorrieron el puño por tan solo unos segundos antes de deshacerse en la oscuridad como una chispa apagada. El único brillo que persistió fue el rojo intenso que emana naturalmente de sus ojos rotos, vacíos, acompañados de un ceño fruncido y mirada perdida en un punto fijo.

¿Por qué no se alejó cuando pudo hacerlo?

¿Qué sentido tuvo haberse ofrecido?

Sus pisadas arrastradas, perezosas y tambaleantes lo llevaron al salón de estar mientras que los flashes de ese momento lo atacaban.

"¡Shadow!"

Sintió un escalofrío tensarle las púas de la espalda. Por alguna razón, está más helado allí adentro que afuera.

Giró su cabeza al inmenso ventanal que dejaba ver la magnífica vista de la ciudad nocturna, con edificios queriendo alcanzar el cielo e infinidad de luces mortales; siempre coloridas e intermitentes en cada lugar que voltease.

Suspiró audiblemente, ahora llevando sus manos a sostenerse del reposabrazos del exageradamente caro sofá modular negro que decoraba el centro del espacio. El departamento ya venía amueblado desde que G. U. N. se lo facilitó. Él no era de lujos ni comodidades, con un lugar que fuera efectivo para cumplir sus funciones básicas bastaba. Pero el comandante Abraham exigía que: "Todo debe ser de lo mejor si es que quiere proteger al mundo junto a ellos".

Sí, claro.

Con el único detalle de que debe compartir el piso con su equipo, el Team Dark.

En ese instante agradecía el hecho de que ni Rouge ni Omega no se encontraran presentes. Detestaría tener que dar explicaciones.

Cerró los ojos, en un intento de calmar su respiración, para dejar de verse patético, para dejar de sentir el pecho encogido; sin embargo, los recuerdos de hace menos de una hora seguían atormentándolo.

"¡Shadow! ¡Mírame, respira!"

Por un momento, volvió a estar ahí presente, sentado en el césped.

El sobresalto que pegó hizo que sus hombros se agitaran. El ruido de su propia respiración fue lo primero que lo recibió después de cobrar conciencia. Los latidos descontrolados se habían trasladado a sus orejas. Yacía una molestia en su pecho que no le permitía recibir y expulsar el aire como era debido. No podía reaccionar, está inmovilizado, piernas, brazos, manos congelados. Pero sus hombros... sus hombros eran sostenidos por un peso distinto. Unas manos que, con la presión justa, lo anclaron de vuelta a la realidad.

Las mismas manos que le brindaron el calor que él asociaba con la persona que alguna vez tuvo.

Y desde que en su campo de visión solo destacó el azul...

Ahí lo comprendió.

—Shadow, tranquilízate.

El toque en sus hombros se hizo más notable.

—Calma, respira.

La voz llamándolo nunca fue María.

Sonic le susurraba esas palabras con la cabeza inclinada hacia delante. Había acortado la distancia entre ambos para poder irrumpir en el tormento que está hecha la mente de Shadow. A pesar de poder sentir la respiración del otro, la distancia todavía era evidente en ellos; no era una cercanía muy invasiva que pudiera alarmarlo.

—Inhala, exhala. —dijo con moderación. No apartaba la mirada de los ojos temblorosos sobre él. Su semblante estaba concentrado, buscando entender la causa de su estado—. Debes...

Fue cortado cuando el cuerpo ébano se aproximó abruptamente, atrapando a Sonic en algo que aparentaba ser un vago intento de abrazo. Como si hubiera perdido estabilidad y su primera reacción fuera agarrarse de lo único que tenía a su alcance.

Shadow tenía los ojos abiertos, desenfocados, observando la nada. Sus orejas agachadas y púas tensadas.

El héroe se quedó estupefacto, sus manos congeladas en los hombros de Shadow. Los latidos de los dos se mezclaron una vez que sus pechos se encontraron.

Shadow lo hizo sin pensarlo, como si una fuerza externa lo estuviera llamando.

Sus dedos no tardaron en rozar el suave pelaje azul de Sonic, con una mezcla de respeto y miedo a lo que aquello provocaba en él. ¿Por qué era tan cálido? ¿Por qué tan suave? ¿Por qué tan... adictivo?

El miedo que le oprimía el pecho, la inseguridad y el temblor de sus dedos al tenerlo tan cerca, todo eso era más real de lo que podía soportar.

Pero esa sensación tranquilizadora estaba allí. Sonic estaba allí, y no pensaba dejarlo ir.

Sonic no encontró de qué decir, ¿debería devolver el gesto? Para él, Shadow con tal comportamiento era imposible de creer.

Sus pisadas mecánicas lo mandaron a su habitación. Recorría el largo del pasillo con los hombros caídos, cabizbajo y ojos perdidos. Todavía buscaba apoyo incondicional en la pared, arrastrando sus dedos desnudos sobre la superficie blanca mientras caminaba. El roce mínimo de sus almohadillas con la pintura le provocó cosquillas. Minutos atrás, en el salón principal, se deshizo de sus pesados zapatos, medias y guantes para aliviar la sensación de sofoco.

Según la cultura mobiana, las manos y patas descubiertas eran el equivalente a un humano sin ropa. Aunque estas costumbres no las conociera bien, se podría decir que, justo ahora, está exhibiendo su vulnerabilidad al departamento.

Suspiró abatido, esta vez sin imitar un sollozo, una vez frente a la puerta de su cuarto. Sus párpados pesaban como plomo, sus extremidades suplicaban descanso.

Cuando Sonic arribó al campo de lavandas, lo percibió: aquel ápice de tensión atrapada en el aire. Desde que vio la rigidez en sus movimientos ensayados, comprendió en su totalidad algo de lo cual ha estado todo este tiempo ignorando:

Shadow no lo quería allí.

Pero no por hastío, no lo elude por desagrado.

Era más complejo que eso.

Y el hecho de que esta escena entre ellos suceda... lo hace más complicado.

Sus guantes rodearon con lentitud vacilante los hombros obsidiana, descendió su cabeza hasta posar su mejilla en la parte superior de la púa rayada; los ojos esmeralda observaron cómo las orejas sutilmente puntiagudas de Shadow se retraían.

Sonic entornó los ojos, sintiendo cómo la ansiedad en su compañero disminuía poco a poco gracias al contacto. El momento no resultó tan chocante como creyó en un inicio; su cuerpo usualmente activo se vio calmado al compás de las respiraciones autorreguladas del azabache. Cada inhalación honda elevaba la espalda oscura, contrayendo el pecho cubierto de pelusa blanca. Cada exhalación suave aflojaba la tensión en los brazos vetados, que luego pasaba a camuflarse con la brisa helada de la noche. El cuerpo de Shadow era frío, pero Sonic recibió el tibio y agradable calor que traspasaba a los guantes sobre su pelaje.

Tras un minuto así, Shadow dio un último suspiro contra el pelaje melocotón en el pecho de Sonic. Se apartó con parsimonia, evitando aposta el contacto visual.

Una desapercibida distancia apareció frente a ellos. Shadow la percibió como un muro.

—¿Te encuentras bien? —Sonic se adelantó, hablando solemne con pinceladas de preocupación.

Shadow negó con la cabeza, débilmente, despojándose de las manos recargadas en sus hombros.

—Olvi... olvídalo. Solo... olvida que pasó esto —farfulló en murmuras, todavía intentando ocultar su cabeza entre sus hombros, arrastrando una mano por breves segundos por su rostro avergonzado, antes de desplomarla en su regazo.

Sonic bajó su vista, notando a las manos contrarias temblorosas, cerrándose en puños inseguros.

Sonic botó el aire por la nariz con lentitud comprensiva.

—No. Perdóname, Shadow.

El susodicho ascendió apenas la cabeza, desconcertado; las orejas se crisparon ante el sonido.

—Sé que he aparecido un poco de improviso... y probablemente no estabas precisamente de humor para lidiar conmigo —musitó, ahora siendo él el que desviaba por segundos la mirada—. Pero... es que necesitaba desahogarme. Hablar con alguien que aún no me conozca del todo... alguien que no me juzgue por cada tontería que he cometido. ¿Sabes?

Shadow torció la comisura de sus labios.

Si supiera lo concurrente que era para él acecharlo...

Los ojos carmesíes se encontraron con los esmeralda en una breve cantidad de tiempo que pareció eterna. Sonic esbozó una sonrisa de lado tranquilizadora cuando sostuvo la mirada temerosa de Shadow, esa que le imploraba a Sonic no seguir hablando.

—Aunque Tails haya estado muy ocupado últimamente, estoy bastante seguro de que se dio cuenta de que algo no iba bien en cuanto se anunció la fiesta. —Soltó un suspiro silencioso—. Yo también se lo diría. No hay nadie en quien confíe más que en mi hermanito. Pero… cada vez que pensaba en sacarle el tema, simplemente… no podía.

Sonic se quedó pensativo un momento.

—No dejaba de preguntarme por qué. Supongo que por fin lo he descubierto.

Shadow frunció ligeramente el entrecejo. Todavía seguía picándole con viveza esa duda, lo que causó que Sonic acudiera a él en lugar de sus mejores amigos.

¿En serio era solo para no salir juzgado?

¿De qué, para empezar?

—Ya sé lo que va a decir... Pero no creo que esté preparada para oírlo.

Ninguno se atrevió a escupir palabra alguna tras aquello. Pero al menos la incomodidad anterior de a poco dejaba de ser una carga tan asfixiante sobre ellos después de abrirse emocionalmente, haberse visto vulnerables con el otro. Sonic se aclaró la garganta tras reorganizar sus pensamientos. Observó fijamente al otro erizo.

—Sé que se te da tan mal esto como a mí, Shads. —Una pequeña sonrisa se dibujó en los labios de Sonic, lo que le valió un gruñido sordo a cambio. Se encogió de hombros—. Aun así… hablar contigo me ha ayudado de verdad… No te pido que arregles nada ni que me digas qué hacer. Solo necesitaba a alguien que me escuchara.

Su sonrisa se suavizó. Shadow levantó la cabeza por completo, fijándose en esas palabras concretas.

—Pensé… que si alguien podía entender por lo que estoy pasando, ese serías tú—. Se frotó la nuca— Je, supongo que no se me dan tan bien estos asuntos de los sentimientos como creía.

Sonic podía estar insinuando que ambos no tienen la menor idea de cómo sobrellevar una relación, o que era un asocial de mierda, y aun así Shadow no reaccionaría a la defensiva.

Porque sí lo es. Tenía razón.

Es horrible comprendiendo las relaciones, las personas y los sentimientos.

El mutismo se estrechó. Sonic tosió con la boca cerrada, resbalando una mano por sus púas. Rompió el contacto visual, a diferencia de Shadow, quien seguía recayendo su atención en el erizo cobalto.

Mientras Sonic se encerraba en su cabeza, Shadow admiraba cómo la luz natural de la luna contorneaba las púas azules. Anotaba en su cerebro —ese espacio reservado solo para Sonic— el lenguaje corporal de este que no podía pasar desapercibido, ni ocultarse con ninguna expresión sonriente, chiste o frase indiferente.

Shadow trata con todas sus fuerzas el mantenerse impasible, ignorando sus manos todavía tensas y su respiración deliberadamente pausada. 

Su corazón deseaba clemencia, liberar la emoción reprimida que no hacía nada más que provocarle un acentuado dolor en cada palpitación enamorada; sin embargo, por otro lado, su raciocinio le está obligando a acabar con ese vil sentimiento de una vez por todas.

Enterrarlo.

Guárdalo bajo llave.

Hacer como si nunca hubiera existido.

Se supone que la única causa por la que sigue aquí es para deshacerse de su obsesión por Sonic, para demostrarle que no lo necesita en su vida en lo más mínimo.

Hasta ahora no ha parado de mentirle a él y a sí mismo.

¿Qué lo detiene ahora de seguir haciéndolo?

Sí hace como si no tuviera problema... si hace que Sonic consiga estar con Amy...

No le quedará otra opción más que alejarse, resignarse a ser su simple rival amistoso, al compañero de turno que con gusto estará dispuesto a discutir por temas banales, a competir con energías inagotables, a ser solamente el amargado antihéroe.

Nada más.

Si convence a su corazón de que lo ha superado... tal vez ya no sueñe con finales irreales.

Era lo mejor para ambos.

Sonic será feliz con Amy a su lado, y él volverá a buscar su propia felicidad en su monotonía.

Como siempre. Como debía ser.

Ambos erizos eran poseídos por su propio abrumo interno. Cada uno concentrado en hallar una salida. Cada uno con alguien distinto en su corazón. Pensando rápidamente en algo que los salve de su naufragio. Algo que pueda cambiar el rumbo de las cosas a partir de ese preciso momento.

Uno ya lo tiene decidido.

El murmullo del césped bajó a Shadow de las nubes: Sonic se levantó de un salto, estirando su espalda en un perfecto arco; sus extremidades, orejas y cola temblaron mientras soltaba deliberadamente un gruñido cansado.

—Ah, bueno. ¡Debería irme! Si quiero planear algo original para la fiesta, tengo que comenzar a pensar desde ahora, je. —Se rascó la mejilla con una sonrisa torcida, mirando la vegetación rodeándolos, las luciérnagas brillando, la luna en lo alto... a todos lados menos al erizo vetado.

El corazón de Shadow incrementó la velocidad de latidos por minuto.

Tragó en seco.

Era ahora o nunca.

—Gracias por quedarte a escucharme, Shads —habló apacible, descendiendo su vista al erizo sentado—. Ya no te molesto más.

Sonic se dio media vuelta, dedicándole un último y efímero vistazo a su rival.

Al girarse completamente, una sombra de incertidumbre oscureció su rostro. Con los labios apretados, y repitiéndose que aquello fue necesario, se preparó para salir corriendo a toda prisa.

Estando a punto de huir de allí, una voz sobria —pero al mismo tiempo singularmente exasperada— evitó que moviera sus suelas desgastadas.

—Espera.

Los latidos le llegaban a la garganta. Shadow se irguió despacio, apoyándose en una rodilla. Miles de voces se agolparon, susurrándole tras la oreja, como un irritante mosquito zumbando cerca, que se arrepentirá, pero que no se acobarde...

Pues ahora no había vuelta atrás.

Su respiración seguía siendo regular.

Sus manos, en cambio, no.

Se negaban a dejar de temblar.

Las voces controlaban sus pasos; estando a punto de cruzar la línea, el borde aterrador que, una vez pise, cerraría con fuerza la puerta de su etapa de colegiala enamorada.

Pero esa etapa discutía, se resistía, era egoísta. Esa etapa ya no quiere seguir admirando a Sonic desde lejos, esa etapa ya no quiere seguir viendo al erizo como un final inalcanzable, esa etapa no quiere ver a otro que no sea él a su lado.

—¿Hmm? —Sonic se giró, elevando una ceja.

Esa etapa quería dejarse saber que no era un dolor pasajero.

Retumbaba en sus oídos:

Díselo.

«Shadow, ¿qué haces?».

Dile lo que tienes guardado.

«Shadow, vete».

No lo dejes escapar.

«Shadow, déjame ir».

Confiésalo.

«Shadow, por favor...».

Confiésalo.

«Ya no hay razón para que siga aquí».

¡Confiésalo!

Shadow detuvo su andar, aspirando hondo, ensanchando sus fosas nasales, hasta suspirar agriamente.

«Basta».

Por poco quiso gritar para hacerlos callar.

Una señal de que debe apurarse y acabar con esto.

Sonic frunció el ceño.

Algo en Shadow le causaba un escepticismo inmenso.

Como si hubiera algo extraño —más de lo que ya es per se— en él... ese algo complejo que supo identificar desde un comienzo. ¿Tal vez su tosco cambio de comportamiento? ¿El repentino ataque de ansiedad que presenció hace poco?

Sonic clavó sus ojos, deslumbrantes como faros, sobre el de pelaje ébano. Aquello ascendió una corriente gélida por el largo de la espalda de Shadow.

Sus púas traseras se tensaron, al igual que sus manos.

Sonic esperaba por él, frenó sus pasos para escucharlo a él.

Su subconsciente rogaba que retrocediera, porque sabía que lo que diría a continuación no sería lo que realmente quería.

Su corazón no podría, no quería que escaparan las palabras que estaban en la punta de su lengua. Pero...

Era consciente de que no importaría lo que eligiera.

Ya no había manera de cambiarlo.

Y, para él, se hizo tarde antes de siquiera notarlo.

Así que, antes de que pudiera arrepentirse, junto al malestar revuelto en su estómago, las palabras salieron sin pensarlo.

—Te ayudaré, Sonic.

...

El erizo fue tomado por sorpresa. Los ojos verdes se abrieron exorbitantes.

—¿... Eh?

Sus anillos inhibidores resonaron una vez su cuerpo se derrumbó sobre la fría cama de colchas desarregladas. El silencio entre las cuatro paredes era sepulcral. Shadow no se molestó en encender las luces; como consecuencia, estaba rodeado de la oscuridad, la cual reinaba íntegra en su habitación.

Ladeó con lentitud perezosa su cabeza sumida en la almohada. Su semblante lánguido no mejoraba en absoluto con las ojeras y el agotamiento mental que denota su mirar entristecido. El eco repetitivo del porqué lo hizo no lo dejará dormir hoy, ni mañana, ni los días que seguían.

Se arrepintió.

Pero qué idiota.

Después de todas las oportunidades que se le atravesaron, después de haber tenido en sus manos el momento perfecto en el que podía realizar el valiente acto de expresar sus sentimientos... aun si supiera que nunca sería recíproco.

No dejaba de reprimir las palabras, aunque cada fibra de su ser le suplicaba que las dejara salir.

El lugar era un desastre: pares de medias y guantes sucios, envolturas regadas por el suelo que antes crujieron cuando iba camino a su cama, y ni una luz matutina o vespertina lo despertaba; las cortinas llevaban semanas juntadas, haciendo que la única fuente de luz sea la artificial del televisor encima de una cómoda.

El aire olía a cerrado, cargado de polvo y de semanas de abandono.

A Shadow le gustaba mantener lo suyo en orden; usualmente él era el encargado de mantener el espacio pulcro, botar las botellas de alcohol que Rouge traía consigo después de un mal día, o limpiar los rastros de aceite de los cuales Omega no se entera.

Pero los últimos meses su estado ha sido deplorable.

El gusto que le tenía a ver las cosas en su lugar, prepararse un café sin nada de azúcar cada mañana, exfoliar y peinar —en el preciso ángulo de treinta grados— sus adoradas púas, escuchar la playlist que comparte con sus dos compañeros de trabajo mientras pule sus pistolas hasta que queden relucientes...

Ya no eran lo mismo.

Con el estrés de misión tras misión, con la constante preocupación de qué sería de Sonic y él si de algún modo su secreto sale a la luz...

Lo había consumido hasta hacerle olvidar aquellas cosas que lo hacen sentir vivo.

En el instante en que le dijo a Sonic que lo ayudaría, ni él mismo sabía lo que hacía. Antes de que el héroe se fuera lejos de su alcance otra vez, antes de perderlo de vista y no saber si aquella sería la última vez... se levantó con un solo objetivo:

Conseguir que Amy sea su San Valentín.

"Te ayudaré." Le dijo.

"Todavía puedes hacer algo." Garantizó.

"Si de verdad amas a Amy, no puedo permitir que vayas allá a hacer el ridículo."

Es más ridículo actuar de cupido.

Shadow botó un suspiro lánguido. Ya cavó su propia tumba, se autosaboteó a propósito. Sería un hijo de puta si se retracta y deja a su suerte al manojo de nervios que está hecho el cobalto.

Cuando Sonic reformuló en su cerebro las palabras de Shadow ofreciendo explícitamente su ayuda, este se tomó un pequeño tiempo para responder, mirándolo con ostensiva incredulidad. Como si estuviera dudando, o sospechando de la súbita voluntad irradiando del contrario.

Shadow le contó que, si no quiere que el zorro de dos colas o cualquier otro de sus amigos participe, él podría intentar prepararlo para la noche.

Es igual de malo en esto, pero probablemente, con él en la ecuación, la confesión de amor puede llegar a ser un éxito si utilizaban su mente fría y precisa, en vez de la suya rápida y ansiosa.

Sonic, pese a primero congelarse en su lugar, se aproximó a velocidad supersónica frente a Shadow, exclamando con los ojos bien abiertos:

—¡¿De verdad?!

Sus ojos demostraban su incredulidad.

La comisura de sus labios se inclinó, apenas con timidez, hacia arriba.

Aunque no duró mucho: la casi sonrisa rápido se disipó.

Como si hubiera recordado un detalle importante.

Volvió a oscilar.

—Digo, Shads... no... no es necesario. No quisiera causarte más problemas.

Sonic retrocedió.

Shadow se alarmó.

Lo detuvo por el brazo.

—Lo digo en serio.

El azulado lo miró.

—Iré a esa fiesta... solo para verte decirle la verdad a Amy, ¿me oíste? —expresó, tajante.

Sonic se encontraba al borde de la confusión.

—¿Qué?

Shadow, con nerviosismo, se mordió la esquina del labio.

¡Vamos, suena convincente!

Demuestra que no necesitas a Sonic para poder respirar.

—Harás un desastre. Déjame ayudar.

Shadow gruñó, reprimido por la almohada.

“Harás un desastre. Déjame ayudar.”

¿Eso fue lo mejor que se le ocurrió? ¿En serio?

Iniciando a sobrepensar en la escena pasada una y otra vez sin cesar, a Shadow se le dificultó respirar. El aire no entraba por ninguna posible hendidura a causa de la almohada que cubría todo su hocico, pero decidió no apartarse. Las garras de sus manos se desplegaron más grandes, casi como las de los felinos, enterrándose con violencia en el material suave donde su rostro permanece escondido.

Su pecho subía y bajaba frenéticamente por la escasez de oxígeno en sus pulmones. El alarido de la tela crujía en sus oídos mientras hendía más profundo sus uñas, pero se quedó ahí.

Bramó, apenas se escuchó, las blancas y delicadas plumas precipitándose afuera como sangre derramada. Le dolía cada segundo ahogado en la almohada, pero resistió.

Con su agarre firme en aquel objeto, se castigó a sí mismo.

Sus dientes rechinaron, mordiendo la superficie a su disposición. Tensó la mandíbula hasta hacerla temblar.

Transpiraba como un animal salvaje; las manos arañando la almohada experimentaban sutiles temblores. Sus orejas estaban completamente hacia atrás. Las imperceptibles lágrimas no solo comenzaron a plasmarse en el cubrealmohada, también facilitaban el trabajo de ahogarlo.

Los latidos del corazón, uno tras otro, cada vez más intensos, rápidos, resquebrajados.

Solo. Sin nadie que lo apiade.

Pero, a lo último, se apartó y tiró con rabia la almohada hacia un lado, hecha trizas, donde varias plumas le siguieron por detrás.

Shadow daba grandes bocanadas de aire. Estando de rodillas, dirigió su mano desnuda a su pecho, hundiéndola ahí. Los latidos contra sus costillas se sentían fuertes y claros.

¿Por qué su corazón frecuentemente parecía estar a punto de estallar?

Viró sutilmente su cabeza a la dirección donde botó la almohada. Esta cayó encima de muchas otras en igual de condiciones; víctimas que soportaron con anterioridad sus ataques de ira.

Emitió un frágil suspiro. La cabeza le punzaba y el revoltijo de emociones en su estómago no se ha regulado desde que cruzó el umbral del departamento.

Pese a que era temporada fría en Central City, su pelaje se encontraba pegajoso de la sudoración. Recostó con lentitud medida sus extremidades en el colchón otra vez. Se abrazó, cruzando sus brazos, sujetando sus hombros con las manos, imitando una sensación de arrullo. Contrajo sus piernas, elevando las rodillas, hasta que estas tocaron los codos. Se hizo un ovillo buscando refugio, un poco de consuelo, una calidez familiar que lo haga olvidar de cada adversidad.

Cerró los ojos con el ceño fruncido, obligándose a perder la conciencia, a estar en un lugar donde el corazón no le late a una velocidad descomunal cuando mencionan a Sonic, a un lugar donde sus sentimientos no perjudiquen su día a día.

A un lugar donde San Valentín no existía.

Duró un par de minutos así, peleando para callar el ruido en su cabeza, dando vueltas sobre la cama, murmurando incoherencias.

No le funcionó. Termino abriendo los ojos, boca arriba y hastiado. De ese modo nunca va a conciliar el sueño.

Su mirada vagó por el lado derecho de la habitación. Y fue ahí, en una esquina del escritorio de caoba, donde vislumbró el brillo titilante de purpurina rosada.

Su entrecejo se torció en mayor medida. Entornó, cerró y abrió los ojos. Una, dos veces. Su vista seguía enfocando a un color chillón de entre las paredes oscuras y la inmensa pila de papeleo, a punto de resbalarse de aquella misma esquina.

Pues, en la cúspide de estos papeles, como si de una señal divina se hablara, está la cereza del pastel:

La invitación a la fiesta.

El sobre que ha olvidado segundos después de tan solo habérsele sido entregado.

De pronto las manos le picaron.

Se estremeció.

Gradualmente, elevó su espalda; el colchón chirrió cuando se aproximó al borde con cautela.

Sus patas rozaron el suelo gélido.

Sentado, aprisionó en sus puños la sábana por breves segundos. Capaz buscando un ancla que lo mantenga en su cama. O siendo solo una simple acción que respondió a un estímulo. A un mal presentimiento.

Al principio le dijo a Sonic que no tenía razón para ir a esa fiesta, pero ahora, gracias a su arranque de impulsividad, tiene que asistir para colaborar en una confesión de amor y, con suerte, también borrar una etapa de su vida.

Pero... dentro del sobre está el nombre de a quién debe otorgarle un regalo.

Un detalle dado por la festividad. Meramente por cortesía.

Si está forzado a ir... lo ideal sería al menos cumplir con el objetivo original de la reunión, ¿no?

¿Qué tan difícil es dar un regalo?

El malestar en su estómago ya no era únicamente por los sentimientos encontrados: una ola de curiosidad viajó desde la punta de sus pies hasta la última púa de su nuca.

Se incorporó de la cama.

Cuando se percató, el sobre estaba siendo abierto por una de sus garras.

La estampilla con forma de corazón descendió, balanceándose con la delicadeza de una hoja hacia el suelo. Shadow despegó la parte superior, sacando con manos ansiosas el contenido.

El aroma impregnado de un perfume dulce y delicado se había estado preservando para este momento. La carta fue jalada por sus dedos. Un poco de purpurina atrapada en el fondo se resbaló de los costados al ser arrastrada simultáneamente.

Pasó saliva sin percatarse.

¿Él? ¿Nervioso por saber quién es el mobiano al que debe darle un regalo únicamente por una tonta festividad humana? Por favor.

Si resulta ser alguien con el que nunca ha interactuado, no sería un problema. Bastaría con una taza.

Es una opción rápida y encima práctica para la vida diaria, ¿qué más querrían?

Bueno, tampoco es que tenga un círculo muy grande para estarse preocupando...

Debido a esto, desplegó la carta, leyendo con rapidez las palabras escritas en tinta.

"Espero que se encuentre bien. Le invitamos a pasar una linda festividad con nosotros..."

"Sin ti no podríamos haber logrado..."

"Por tus arduos esfuerzos en batalla mereces un descanso digno, y qué mejor modo que celebrando el amor y aprecio que nos tenemos los unos a los otros..."

Blab, blah, blah.

La imagen de Amy escribiendo exactamente las mismas palabras para cada carta le llegó a la mente de inmediato.

Negó con la cabeza, saltándose por completo el párrafo cordial. Sus ojos pararon en la parte importante puesta al final.

Por un instante se imaginó la posibilidad de que le toque Rouge u Omega —sabía que ellos asistirán—.

Já, si pasa eso, seguro ni se molestaría en buscar una taza bonita.

"A nadie le hará falta un San Valentín en un día tan especial como este..."

Si le toca alguien que le agrada y respeta, como la humilde conejita que le ha tocado cuidar un par de veces, tal vez se esfuerce en hacer algo más elaborado.

"Por eso es que, cuando hagas presencia..."

Shadow ya estaba considerando qué podría gustarle a Cream como regalo antes de siquiera terminar con la frase final. Esa que dictará la próxima decisión que hará.

“Esperarás con ansias y con presente en mano a tu querido compañero:..."

Shadow leyó el nombre final.

Sus ojos dejaron de moverse.

Su cuerpo no emitió ni un solo sonido.

… 

¡BANG!

El estruendo de la puerta de la entrada cerrándose al final del pasillo irrumpió de la forma más inoportuna.

—¿Shadow, ya llegaste? ¿Tan pronto acabaste la misión?

La voz de Rouge se trasladó como un eco inquietante hasta su habitación.

—Salí con Omega un rato, ¡traemos comida! ¿Se te antojan unos ta-? ¡Agh!

Oyó desde allí cómo la murcielago se tropezó inminentemente.

—ROUGE, TEN CUIDADO DÓNDE PISAS —Omega advirtió con su tono habitual desprovisto de emociones humanas.

—¡¿Me lo dices recién ahora, Omega?! ¡Shadow! ¡Qué te he dicho de dejar tirados tus condenados patines! ¡Son como piedras!

El papel se arrugó. Los pulgares apretaron con tanta intensidad que el centro se agujereó.

Las manos le temblaban. La carta por poco se resbala.

—¿Shadow?

El susodicho no respondió al llamado de su compañera.

Estaba congelado.

Aún asimilando aquellas cinco letras en su cerebro.

—N-no....

Sus iris se encogieron.

Su expresión entera era un espectáculo.

—Me debes estar jodiendo... —dijo, apenas en un susurro quebrado.

El arrepentimiento se abrió paso en mayor medida dentro de él, afilado y silencioso, como el fragmento de un vidrio incrustado en su pecho.

Siempre dicen que la curiosidad mató al gato.

 


꒰💌꒱

 

—¿Rosas? Nah... ¿Orquídeas? Aunque las rosas son lo clásico. Hmm, podría ser ambas.

Dos horas.

Sonic y Shadow llevaban dos horas dando vueltas en círculos por la misma zona comercial.

El cobalto sorbía del popote de su bebida gratis, intercalando su vista entre las muestras de ramos puestas en un escaparate de una de las mejores floristerías de Station Square. Llevaba puesta una cómoda bufanda roja alrededor de su cuello. También ha cambiado sus guantes a unos más cálidos. Shadow traía la misma chaqueta de nylon oscura de todos los años, expectante detrás de Sonic con su semblante estoico, cruzado de brazos.

Desde lejos, y a simple vista, dirían que se encontraba sereno, desenfadado, disfrutando de un lindo día parcialmente soleado.

Muy en el fondo, la pesadumbre calaba hasta la médula.

Él y Sonic han estado rondando en busca de la mejor opción de regalo. Que si ropa, que si joyas, y ahora flores. El héroe nunca pensó que darle un detalle lindo a su amiga de años sería tan complicado.

—¿No sabes qué tipo de flor le gusta a Amy? —inquirió Shadow.

Sonic sorbió otro poco del vaso, asintiendo frenéticamente.

—¿Has escuchado sobre el lenguaje de las flores? —Dándole la espalda, ladeando la mano en donde tenía el vaso, echó mínimamente para atrás su cabeza para mirar a un Shadow dudoso—. Quiero por fin poner en práctica lo que he aprendido de ello.

Una que otra vez Amy metía a la conversación dicho tema al ser ella muy cercana con las flores. Sonic, genuinamente, solía prestarle mucha más atención cuando la eriza hablaba de eso que cuando esta insinuaba leer su futuro con el tarot.

¿Por qué interpretar el futuro a través de la adivinación? Sonic considera que enterarse de algo por medio de dibujos sobre cartas es sumamente aburrido —sin ofender a los tarotistas—. Siempre decía que la esencia de la vida era disfrutar cada momento que brinda, sin saber el porvenir de esta.

Pues, la vida era más divertida cuando no sabías lo que iba a pasar después. De eso se trataba, ¿no?

Pero en esos instantes, esa creencia iba perdiendo su significado.

Shadow le frunció el ceño, ahora entendiendo mucho menos.

De vez en cuando, no podía evitar desviar la mirada a los transeúntes de la plaza; más de un ojo indiscreto se le quedaba pegado en la espalda al verlo junto a cierta presencia veloz y azulada.

Este día en general había mucho ajetreo por las calles. Las tiendas estaban repletas, y no solo de clientes: corazones, decorativos jocosos, rojo, tarjetas de regalo, más rojo, chocolates caros, descuentos estacionales, infinito rojo.

Con cada paso, las fragancias de numerosos perfumes lujosos llegaban a las fauces de su nariz. La cantidad de sustancias químicas mezcladas le irritaba. Y como están afuera de una floristería, aquello también se camuflaba en el aroma natural de las flores en exposición a lo largo de la fachada.

—Eh... —Entornó los ojos. La molestia en su pecho y el constante ojo ajeno le hacían perder hilo de la conversación—. No lo creo.

Sonic asintió.

—Mhm, seh. Me sorprendería si supieras.

Shadow volcó los ojos, apretando sus brazos cruzados.

—Bien, espera aquí.

Sonic estiró la mano, lanzando en una trayectoria precisa el vaso de la bebida al contenedor de basura cercano. Lo introdujo en el primer intento.

—Iré a echar un vistazo más de cerca —agregó.

Y antes de que el ébano alcance siquiera a opinar, Sonic desapareció de su vista, restando detrás de su destello azul una pequeña ráfaga que elevó las hojas parduzcas de la acera. Al instante resonó el agudo aviso de la campana de tendero en la floristería. Dichos detalles eran las únicas pistas de su paradero.

Shadow inspiró con la cabeza gacha. Volvió a quedarse solo.

La dinámica consistía sencillamente en esto: ellos caminando sin rumbo, sin un lugar concreto en mente y sin un atisbo de fruto.

Sonic se precipitaba en cada tienda que llamara su atención con esperanza de dar con el regalo definitivo que le pondrá un fin a su inseguridad y satisfará su capricho. Eran dos mobianos inadaptados discutiendo el qué puede ser mejor para una personalidad completa como Amy: amable, linda, honesta, tenaz, agradable... Para Sonic, la lista era interminable.

Todo esto es espontáneo. Sonic no había experimentado un dilema de esta magnitud antes… o no, el tener que considerar gran variedad de opciones, las cuales todas eran igual de atrayentes.

Aunque, a decir verdad, Sonic con anterioridad le contó a su rival lo que imaginaba en un principio: un escenario distinto, para nada ostentoso como el ahora deseado.

Su plan original era tomar prestada a Amy una vez culminada la fiesta.

Salir de aquel lugar con ella en brazos. Correr por la vasta vegetación. Rodar en pastizales del mismo modo que el de las películas cursis de amor.

Hablar de cualquier tema, bromas amistosas, sonrisas cómplices.

Saltaría con la confesión de forma natural. Como un comentario del montón. Como algo evidente, del cual Amy siempre ha estado esperando pacientemente.

Y, asimismo, se lo mencionó a Shadow como lo más común que existía.

Shadow no supo qué contestarle.

Era perfecto.

Él ni siquiera había podido dormir pensando en un y mil ideas para la tan esperada ocasión:

La dichosa confesión amorosa que ni siquiera le corresponde.

Sin embargo, acabó aprendiendo que aquello no fue necesario después de que el mismo Sonic desechara esa idea al último minuto.

"Creo que es mejor salirme de mi zona de confort."

Eso dijo.

Sonic se dirigió a él con sonrisa apenada decorando su rostro.

"No quiero solamente hacer lo que siempre hago.”

Y Shadow no lo cuestionó.

Porque... ¿Qué podría reclamarle?

Sentía que lo que Sonic quisiera, eso sería. Pese a que este acto suyo era una forma de represión disfrazada de simpatía.

Shadow exhaló con pesadumbre, dejando escapar un suspiro del cual no era consciente que estuvo conteniendo.

San Valentín es mañana.

Sonic tal vez consiga el mejor ramo de flores.

Pero él... necesitaba pensar rápido.

El segundo puesto nunca le había sentado bien.

Sin el héroe presente, puede romper un poco su fachada desinteresada, observando en todas direcciones con un porte alterado; sus pies, antes simulando estar enterrados en el cemento de la acera gracias a la cantidad de tiempo que ha permanecido parado sin hacer nada, echaron a andar con una acelerada discreción.

Moviéndose ágilmente por la plaza, esquivando a quien sea que se le atravesase, escudriñó con el escáner de sus ojos entrenados cada escaparate, cada bolsa de regalo en mano, cada color chillón llamándolo.

Hasta que se paró en seco. Olfateando con su nariz puntiaguda.

—Ese olor... ¿Dónde...?

Giró de lado bruscamente. Una madre pasando cargando a su hijo se espantó con esto, y cuando el erizo ónix se le quedó viendo de frente, se apartó rápidamente. Pero no era ella lo que lo alteraba.

Camino unos cuantos pasos entre la multitud, hasta que la ola de obstáculos se dispersó.

A la distancia, poco a poco le fue revelado el origen del exquisito aroma que lo atrajo aquí como miel a los osos: al ya nada cubrirle la vista, Shadow pudo contemplar el desapercibido puesto de galletas, donde una mobiana oso pardo de no más de trece años se esforzaba en venderlas.

—¡Galletas! ¡Deliciosas galletas de San Valentín! ¡Vengan por ellas!

El pequeño toldo en el stand luce el eslogan "Enamora en el primer bocado".

La gente circulando alrededor tenía que rodear a Shadow para poder pasar, al este quedarse quieto en el medio de la zona peatonal. El erizo se quedó petrificado, su expresión sin gran cambio, pero descolocado de conmoción en el interior.

Como una descarga eléctrica mandada a su cerebro, el recuerdo de pasillos fríos y una inmensa cocina recobró vida.

La textura de la harina, las risas contenidas. El dulzón del azúcar en el aire, el calor filtrándose del horno.

Una pareja se acercó a la niña que vende galletas. La pequeña se veía entusiasmada con sus nuevos clientes. Les deposito las galletas de su elección en una caja rectangular ambientada según la festividad: un largo lazo rojo anudándose en un perfecto moño en el centro.

Aquellas personas se fueron felices, compartiendo la misma caja tibia, agarrando cada uno el objeto con una de sus manos. Shadow los observó hasta perderlos de vista.

—¿A eso te referías?

Le susurró al viento, imaginándose la escena exacta en la que la voz en su cabeza le preguntó algo en lo que en su momento no le halló respuesta.

El revoltijo nervioso en su pecho se aminoró, como si el remedio que necesitaba era ser testigo de aquello.

Las suelas de sus zapatos crujieron bajo el pavimento cuando dio un paso arrastrado.

Se quedó a pensarlo unos cuantos segundos.

¿Será eso suficiente? ¿Será eso lo que le faltaba?

Estaba a punto de dar otro paso más. Sin embargo, una voz fichada evitó que moviera cualquier otra parte de su cuerpo.

—¡Shadow! ¡Aquí estás, hombre!

Su vista periférica le ayudó a identificar el acercamiento del brilloso pelaje azul.

—Te he estado buscando, ¿por qué te vas tan lejos?

Posicionándose a su lado, Sonic le reprochó con una mano en su cintura, sin entonación seria.

Shadow notó el ramo que Sonic tiene en mano. Alzó una ceja, viendo cómo al final sí se decidió por las rosas.

—¿Me querías abandonar? Pensé que estabas comprometido —rodó los ojos, agitando un poco el ramo.

Shadow negó con su cabeza en un resoplido.

—¿Terminaste? Vámonos. —Pasó junto a Sonic y le agarró ligeramente de la muñeca para guiarlo hacia la salida del mercado.

—¡Wow! ¡Hey! ¿Por qué tanta prisa? ¿No vas a escuchar mi hermoso monólogo explicando el significado de mi elección?

—Todavía hay cosas por hacer y solo nos queda la mitad del día. No hay tiempo —se sobrepuso a la voz de Sonic. Miró de reojo las rosas rosadas y rojas envueltas en seda de la más fina—. Guárdate tus dotes meticulosos en las flores una vez estemos en la fiesta.

A Sonic se le salió una risa nasal, abrazando el ramo apenas contra su pecho cuando Shadow paró de sujetarlo.

—De acuerdo. Entonces lo mejor será apresurarnos.

Shadow adentró sus manos en los bolsillos de su chaqueta, aumentando con determinación el ritmo de sus pies.

Sí, lo mejor es apresurarse ahora que tiene una idea en mente.

 

( . . . )

 

El grupo de la Restauración planeó celebrar fuera de su sede principal este día especial, siendo también tomado como un merecido descanso para todos después de haber protegido con empeño exhaustivo a Mobius —también conocida como Tierra— de las ocurrencias del Doctor Robotnik en los últimos meses. Gran parte del elenco principal se encontraba presente. Amy, la organizadora principal de esto, hablaba con Vanilla, la madre de Cream, sobre la comida que se compartirá en un rato. Knuckles estaba en un argumento con Rouge sobre un tema que, en sí, era irrelevante, aunque los otros presenciando lo interpretaron como su peculiar forma de coquetear.

Los Diamond Cutters, los Chaotix y hasta la dupla inquebrantable de Silver y Blaze pudieron arreglárselas para asistir.

Pero faltaba alguien.

Shadow miró a todas direcciones buscando a ese erizo que conocía bien. Era irónico que la cosa viva más rápida siempre acabe llegando tarde a estos tipos de eventos.

Maldiciendo por dentro, Shadow suspiró, estando agotado, tanto de forma física como mental. Se dispuso a cruzarse de brazos como lo habitual. 

Ya está acostumbrado, pero no quita el hecho de que sea molesto. 

Se supone que él y Sonic concordaron en que el segundo tenía que llegar a tiempo para el intercambio de regalos, pese a que el plan era que Sonic fuera el último en entregar su regalo a Amy. Según sus propias palabras, para que la declaración sea todavía más "emotiva y dramática". De todos modos, eso no le permitía presentarse tarde, y Shadow se lo aclaró muy bien.

Pero ¿qué podía esperar de un torbellino de energía que no se detiene a pensarlo dos veces?

Elevó la vista una vez más a los otros que se encuentran allí. Como era de esperarse, era el único alejado del grupo. Mientras observaba con disgusto el exceso de decoraciones colgando del techo, sin querer sus ojos cruzaron miradas con los de la mobiana que menos quería ver ahora.

Cuando la eriza rosada también lo divisó, le mostró una sonrisa instintiva, provocando que a Shadow se le ericen de temor las púas al percatarse de que se despedía de Vanilla con un ademán pequeño para seguidamente ir a su dirección.

Mecánicamente, Shadow desvió su mirar y rotó apenas su cuerpo, en una forma de querer evitar el encuentro incómodo, pero ya era muy tarde para eso, sabiendo que Amy ya notó su singular presencia.

Shadow no estaba preparado mentalmente todavía para lo que venía.

Amy se acercó a Shadow, emanando infinidad de su vibra positiva.

—¡Shadow! ¡Qué gusto verte! Sinceramente, creí que te abstendrías de participar.

Shadow apretó los ojos cuando oyó la voz femenina detrás de él. Lentamente se volteó, disimulando lo mejor que podía el semblante imperturbable que siempre carga.

—Hola, Rose. Sí... se puede decir que hoy hay una excepción —mencionó, parco en palabras, intentando que su tono comunique menos interés en el asunto. Como si ni más ni menos que Rouge lo hubiera arrastrado a patadas hasta aquí.

Amy ladeó un poco la cabeza con curiosidad.

—Oh, ¿entonces sí piensas entregar un regalo? Vaya, jeje. No imaginé que en serio leerías la invitación —comentó, riendo suavemente mientras peinaba con los dedos la punta de sus púas. Un matiz apenado flotando entre sus palabras.

—Sí —respondió tras unos largos segundos—. Parece que me asignaron un pésimo San Valentín a propósito para arruinarme por completo el día...

El comentario ocasionó que surgiera una risa sincera desde dentro de la eriza.

—¿Asignado? No, no. Todo el proceso se hizo al azar.

Amy tomó como divertido lo dicho por el vetado porque, sin importar quién fuera el "afortunado", tenía ese presentimiento de que igualmente Shadow no estaría del todo entusiasmado.

Shadow pestañó lentamente.

¿Al azar?

Él realmente creía que la rosada era la encargada de elegir quién le regalara a quién. En su cabeza, ella era la viva imagen de un pequeño angelito disparando flechas de corazón a los pechos de los desafortunados, esos quejicas por no recibir chocolates por un mero día.

—Jewel escribió las invitaciones y dividió aleatoriamente las parejas. Según sé, se ha tardado como dos días enteros para completarlo, sumándole el hecho de que también se comprometió a decorar los sobres. Yo solo ayudé en hacer la entrega. ¡Nunca la había visto tan motivada! —Entrelaza sus manos, elevándolas a los extremos de su mejilla, enternecida por el acto generoso de su amiga.

Oh.

Así que Amy tampoco fue la que ahogó a aquel sobre en brillantina.

Y no solo terminaba ahí: también quiere decir que, si ella está participando a ciegas, entonces no tiene la menor idea de lo que le espera.

No sabía si esto afectaba o mejoraba el acto extremadamente inesperado de Sonic.

Tuvieron... okey, él no.

Sonic tuvo que convencer a Blaze —siendo Marine otra testigo que puede confirmar esto— de que le ceda a él ser el "San Valentín" de Amy.

Pues, este no tuvo mucha suerte en su invitación.

¿Pero cómo supo Sonic que Blaze era a quien buscaba en primer lugar? Bueno, un erizo no revela sus secretos —aquellos que se resumen en tener una sin igual velocidad para toda clase de ámbitos, entre ellos, chismear—.

Sonic quería que Amy se sorprendiera al ver a quien supuestamente representa a su San Valentín regalarle a otro individuo, un poco cruel a simple vista. Sin embargo, era el factor principal que hará realidad lo llamado inesperado y emotivo en el plan que juntos armaron.

Realmente era culpa de ambos al asumir que Amy tenía absolutamente todo planeado.

Por si acaso, Shadow le comunicará este descubrimiento al cobalto una vez llegue, si es que lo hace.

Aquel dato puede que se le olvide.

En eso Shadow perdió el hilo de la conversación. Solo asentía distraídamente a lo que Amy decía.

No fue hasta segundos después que cayó en cuenta.

—Eh... ¿Quién es Jewel?

Sí, encima no tiene la más remota idea sobre quién estaban hablando.

¿Estaba avergonzado? No. No de eso; más bien lo avergonzaba de sobremanera el estar parado allí.

Shadow no había experimentado tantas veces la vergüenza como lo ha estado haciendo esta última semana.

—No te preocupes, te la presento luego. —Amy hizo un gesto con sus manos para restarle importancia.

Shadow tarareó, posando su mirada en los mobianos que le daban la espalda a Amy. Apenas reconocía al erizo plateado y a uno que otro que ha colaborado con Sonic previamente.

—¿Ese es el regalo?

Shadow salió de sus pensamientos, siguiendo con la mirada a donde apunta el dedo de Amy. Bajó su vista a la caja negra pequeña envuelta en un lazo rojo. Por un momento se le olvidó que la tenía.

—Uhm, sí, pero no es la gran cosa —aclaró rápidamente, sin en realidad haberlo pensado. Elevó la caja delgada y rectangular, mirándola con un detenimiento mayor de lo común.

—Ya... lo importante es la intención. —Shadow le devolvió la mirada apenas, asintiendo con la cabeza. Amy sonrió con delicadeza, descendiendo su mirar mientras también pensaba en el regalo que ha preparado—. He intentado parecer más tranquila, pero ya muero de ganas de que empiece el intercambio. ¿Tú no?

Shadow volvió a asentir.

No tan seguro esta vez.

Duraron unos minutos más charlando de temas triviales, poniéndose al día. Luego, Amy se retiró diciendo que la necesitaban para dar inicio al evento de esa noche. Shadow se despidió de ella moviendo su mano lentamente hasta perderla en su campo de visión.

Si tenía que ser sincero, Shadow imaginó que su interacción iba a ser una sumamente incómoda —al menos de su parte—. Pero tras compartir unas cuantas palabras, se le fueron esfumando los nervios. Supuso que era puesto a que consideraba a Amy como una de las pocas personalidades cercanas a él pese a todo. No es la primera vez que disfruta de su compañía.

No comprendió por unos segundos la razón para ponerse tan a la defensiva en un inicio.

No hasta que una fuerte brisa se manifestó entre la multitud, levantando un poco de polvo y alterando los manteles blancos y los globos de corazón esparcidos en cada rincón del espacio alquilado. En conjunto apareció un erizo azul, siendo el causante de esta al llegar con su impetuosa velocidad.

Mientras que la mayoría aclamaba su distintiva entrada con saludos amistosos y sonrisas animadas, Shadow se acordó de la razón de su nerviosismo, incomodidad y rechazo de estar aquí.

De forma automática apretó la caja de regalo rectangular en su mano. Gracias a esto pudo reaccionar deprisa, ocultando el regalo de la vista de los demás, metiéndolo dentro de sus púas.

En menos de un minuto, Sonic llegó a su lado, irradiando libertad e inagotable energía.

—¡Shaads! Todo listo, ¿verdad? —preguntó en dejo juguetón, resbalando su brazo derecho por el hombro de Shadow.

Shadow lo miró de arriba abajo, entornando los ojos cuando Sonic apretó su cuerpo de lado contra él. Quitó el brazo de su espacio. El contrario no perdía el tiempo para nada, y desde lejos alcanzabas a ver el sinnúmero de emociones desprendiéndose por su piel.

—La pregunta aquí es si tú lo estás —replicó, mirándolo con desconfianza. Sonic asintió, levantando la comisura de su labio y balanceándose sobre los talones de sus zapatos con los brazos tras la espalda.

Sin embargo, Shadow pudo oler la duda que aún lo posee.

Suspiró, acercándose a Sonic hasta acortar significativamente el espacio personal.

—Sabes que esto se irá al carajo si no te sientes capaz —advirtió en voz queda, a una distancia mínima de su oreja. La cercanía permitía que nadie tuviera la posibilidad de escucharlos.

—Ay, por favor... —Bufó Sonic, imitando un rostro perfeccionado en disimular que todo está bajo control—. ¿Crees que no puedo hacerlo? ¡Soy Sonic the Hedgehog! Esto no es nada comparado con salvar al mundo, ¿no?

Sonic emitió una inquieta risa, dándole una mirada furtiva a alguien entre la multitud. Más específicamente a Amy, que no estaba tan lejos de su posición.

Shadow lo notó, aunque no dijo nada al instante.

Posó su mano sobre el hombro de Sonic, resultando que este se sobresaltara apenas. Sonic lo miró a la cara.

Shadow sabe claramente lo que enfrenta.

—Escúchame bien, erizo... —Habló de pronto, con voz firme y semblante sombrío—. Juro que si perdí mi tiempo en ayudarte, me aseguraré de que todos los presentes en este lugar aprecien lo increíblemente cobarde que eres.

—¡¿Co-cobarde?! —rio con exaltación, expulsando todo el aire de sus pulmones. Negó varias veces: —¿¡Yo?! ¿¡Cobarde?! Shads...

No logró terminar. Shadow chasqueó la lengua, y la mano que estaba posicionada en el hombro ajeno bajó hacia el brazo melocotón, agarrándolo y jalando a Sonic bruscamente hacia él.

—Modula tu voz, idiota. Solo era una suposición, pero ahora veo que de verdad te da miedo.

—¡No tengo miedo! ¡Solo...! —se interrumpió a sí mismo. Suspiró con amplitud, cerrando los ojos únicamente por unos segundos—. Solo... es que... siento que estoy aquí, pero mis pensamientos están en otra parte. No logro asimilar lo que estoy a punto de hacer.

Sonic admitió aquello con la cabeza gacha, cerrando las manos en puños por la impotencia hacia sí mismo y su actuar.

—Oye.

Sonic no reaccionó de inmediato al estar perdido en sus zapatos.

—¡Oye! —de nuevo voceó Shadow. Esta vez funcionó; la cabeza del erizo azul se levantó con lentitud.

Shadow observó las orejas sutilmente echadas hacia atrás de Sonic, y suspiró por la nariz.

—¿Recuerdas lo que practicamos? —Sonic asintió débilmente, rememorando cómo Shadow tuvo que interpretar el papel de Amy. Momento que tiene el potencial para muchas burlas, y que sin duda alguna el azul nunca olvidará—. Entonces, no veo razón para retroceder ahora, no cuando estás tan cerca... Sabes lo que quieres, así que concéntrate solamente en eso. Tú nunca te rindes.

Shadow miró fijamente a Sonic. Los orbes esmeralda lo recibieron de la misma manera. El ébano volvió a suspirar para despegarse de esa sensación de asfixia que le causaba verlos.

¿Por qué tenía que mirarlo así?

No necesitaba más recordatorios de que él es el único que se siente de esa manera.

—Además... —murmuró casi inaudiblemente—. Estoy seguro de que no tienes nada que perder. Vamos, Amy ha estado locamente enamorada de ti desde siempre. Hoy por fin no huirás de ella, ni de ese sentimiento.

Por esas palabras, las orejitas azules se animaron, levantándose con cautela. Sonic contempló a Shadow con un sutil brillo en sus ojos.

Sonrió, riendo entre dientes.

—Cierto... —Observó el suelo una última vez. Agrandando la sonrisa, decorando su hocico—. Gracias otra vez, Shads.

Otra pequeña risa escapó de sus labios. Ahora su postura era una menos encorvada. Consiguió retomar su actitud relajada.

Shadow escuchó esa risa como algo efímero.

Algo que terminaría añorando.

No tardó en asentir secamente con la cabeza en respuesta al comentario. Pero cuando menos se lo esperaba, sintió unos brazos rodeando sus hombros a una velocidad imposible de predecir. Sonic le dio un gran abrazo de oso mientras elevaba involuntariamente su pierna izquierda.

Un abrazo desprevenido y pegajoso, típico de Sonic.

—Aaw, ¿qué sería de mí sin ti, Faker?

Shadow se sobresaltó, costándole respirar un poco por la fuerza desmedida del azul. Se quedó estático, procesando el estimulante de esta acción.

—Supongo que ahora me toca disfrutar mis últimos momentos de soltería —bromeó con voz cantarina en su oído con una ligera sonrisa. Shadow, al sentir el cálido aliento tocarle el pelaje, se congeló de pies a cabeza. Ahora era inevitable no centrar su atención en Sonic.

—Ah, y por si te lo preguntabas, sep: me volveré más responsable, creo... je —continuó hablando, rompiendo poco a poco el brazo—. Siempre me dicen que lo correcto es tomar una relación con seriedad. Eso no me hace tan libre de hacer lo que quiera como antes...

Shadow parpadeó dos veces, frunciendo el ceño. Sentía las ambas manos enguantadas de Sonic ahuecar sus hombros.

—Supongo que nos deja con menos encuentros fortuitos. ¿Estarás bien con eso, amigo?

La pregunta —que más bien parece afirmación— desconcertó a Shadow notablemente. Reformuló lo que dijo su rival en su cabeza.

…

«¿Amigo?»

No es como si no fuera normal que Sonic se refiriera a cualquier otro como si se conocieran de toda la vida.

Pero... ¿Por qué ese "amigo" suena diferente ahora?

Sonic inclinó hacia un lado su cabeza, esperando a que Shadow le conteste. Pero cuando se fijó que este nuevamente está inmerso en sus pensamientos, resopló con fingido cansancio.

—Sí, sí, ya sé que me quieres, Shadow, no hace falta pensarlo tanto para decírmelo. —El vetado sintió la angustia en su pecho al escucharlo—. ¿Sabes qué?, ya que hoy es San Valentín, prometo que no volveré a molestarte con mis ingeniosas bromas en lo que resta de la noche —aseguró con un porte confianzudo, palmeando suavemente el hombro de Shadow.

Shadow todo este tiempo se mantuvo disociando con su entorno, mirando a un punto infinito. No sabía cómo rechistar ni expresar su incomodidad ante eso.

—¿Qué te parece, Hot Topic?

No. No le gusta.

No quería que pasara.

Había algo dentro de él que no le agradaba esa idea para nada.

De solo imaginar a Sonic actuando diferente —menos bromista, menos dispuesto a pelearse con él, a correr libremente junto a él— le hacía sentir un malestar físico.

Antes de que Sonic sugiriera otra cosa con dejo socarrón, o antes de que Shadow se mostrara en desacuerdo con respecto a lo antes dicho, un llamado sobresalió encima de ellos.

—Okey, ¡todos, por favor, tomen asiento cerca de la tarima!

Debido a eso, Sonic terminó de romper la cercanía. Sus orejas se irguieron por completo. La sonrisa esbozada mostró la fila de dientes blancos.

—¿Escuchaste eso? ¡Vamos, Shads! —Sonic no esperó una confirmación del otro erizo para arrastrarlo efusivamente hacia el aglomerado, dirigiéndolos al centro del salón de fiestas.

Shadow ya estaba parado y rodeado de mesas cubiertas con decoraciones elegantes cuando se dio cuenta de que había perdido a Sonic de vista.

—Mierda...

El erizo ébano se sobó la sien, gruñendo por lo bajo. Con desmotivación manifestada en cada uno de sus movimientos, echó a andar hacia una mesa aleatoria, sentándose en un suspiro agotado.

—Hmm, ¿de qué estaban hablando tan pegaditos allá tú y Blue?

A Shadow le dio un respingo al ver a Rouge sentada a su lado, con una pícara ceja alzada y la mano sosteniendo su cabeza ladeada. Después del diminuto susto que pasó, Shadow le dedicó una mirada afilada, removiéndose inconscientemente en su asiento debido a la irritación.

—Métete en tus propios asuntos, murciélago —susurró entre dientes, desviando su mirar, copiando la pose de su amiga sin darse cuenta. Rouge sonrió con gracia y cruzó sus piernas bajo la mesa en un accionar acostumbrado.

—No me digas que ya te rendiste. —Shadow no se inmutó a responder, cosa que Rouge se esperaba. Echó su espalda en el respaldo, alzando un poco sus alas en el momento de hacerlo—. Ya veo. Pero sigo creyendo que todavía no es muy tarde.

Rouge movió su mirada astuta hacia Sonic, que estaba hablando con Silver. La suela de su zapato golpeaba con ansias el suelo.

—¿Sabes? Antes pensaba que Sonic era aroace o algo así, y luego me enteré de que solo es igual de malo con los sentimientos igual que tú.

—Fíjate que no sabía... —musitó Shadow, con evidente sarcasmo.

Rouge se carcajeó, agitando las alas. Shadow puso los ojos en blanco.

Segundos después, un aplauso llamó la atención de los presentes, interrumpiendo la risa de Rouge.

—¡Buenas noches y feliz San Valentín a todos! Gracias por asistir a este intercambio que los miembros de la Restauración nos hemos esforzado tanto en traerles —anunció Jewel sobre la tarima.

—¡Vamos, gente, regalos en mano! —agregó Amy, esparciendo emotividad por la sala.

Shadow buscó inmediatamente a Sonic con la mirada. Cuando ambos se encontraron, el mismo hecho cobró vida en sus cabezas.

El plan ya ha dado inicio.

El cual consistía en tres sencillas fases:

Uno: asegurar a Amy.

Dos: Sonic como el desenlace del evento. Enfatizando en el dramatismo.

Tres: declaración romántica exitosa; aplausos y felicitaciones a donde sea que mirase.

Como toque final, para procurar que salga perfecto, las luces se apagaran como entrada, y en medio de una Amy confundida, surgirá Sonic sosteniendo el ramo de rosas, cortesía del Chaos Control de Shadow.

Rápido y sencillo.

Nada podía salir mal.

 

 

 

 

—Muy bien, el siguiente es... —Jewel alargó de forma suspensiva durante unos segundos—. ¡Knuckles!

Los aplausos se alzaron mientras el equidna se levantaba de su asiento con mirada decisiva. En sus manos tenía una caja mediana envuelta torpemente en cinta de regalo roja. Knuckles dio pasos firmes, subiendo las escaleras laterales del escenario. Al detenerse en el centro los aplausos decrecieron. Jewel le pasó el micrófono, el cual Knuckles sostuvo como pudo con sus guantes.

Cada quien debe dedicarle algunas palabras afectuosas a su “San Valentín” antes de revelar a la persona.

Se aclaró la garganta, a punto de hablar, pero el común silbido agudo producido por los altavoces se le adelantó primero. El público torció el rostro, algunos cubriéndose las orejas. Knuckles le dio leves golpecitos en la cabeza con sus pesados guantes, resbalándose un poco el regalo bajo la axila.

—Probando, probando... —De nuevo aclaró su garganta. Los nervios lo perjudicaron apenas, desechando la completa seguridad de hace unos instantes—. Um... Este regalo va dirigido a un valiente aliado que, a pesar de no conocerlo debidamente, me genera sumo respeto por mostrar su lealtad y esfuerzo en batalla.

Shadow rodó los ojos, cruzando brazos y piernas.

—Cuando lo vi por primera vez-

—¡Ya ve al punto, Knucklehead! —Sonic alzó la voz, provocando que surgieran risas en la sala.

—¡Tú...!

Rouge soltó una risita discreta, enternecida de ver al rojo allá arriba. Amy negó varias veces con la cabeza, dándole una mirada de reproche al azulado. Jewel entrelazó ambas manos en su regazo, una sonrisa ladeada y apenada decorando su rostro.

Knuckles suspiró.

—Esto es para Silver.

Automáticamente, hubo una ola de aplausos. El equidna extendió el regalo hacia adelante. El erizo plateado elevó sus orejas en sorpresa, su mirada también manifestando esta. Al final sonrió ampliamente, yendo rápido a recibirlo.

—¡Vaya! Muchas gracias, Knuckles. Es un honor —dijo con una pequeña reverencia, tocando con cuidado la envoltura, ocultando apenas el color café de la caja.

Knuckles asintió gustoso, alzando el mentón con autosuficiencia.

—No es lo más correcto decirte su contenido ahora, pero...—Se acercó a él, cubriendo por delante su hocico para susurrarle al oído—: Descubrí que eres fiel seguidor de cierto oficio con las plantas.

La cara de Silver se iluminó, agradeciendo varias veces con mayor entusiasmo.

El flujo del intercambio continuó con normalidad.

Luego de Knuckles, el próximo fue Tails, que coincidentemente le tenía un regalo al equidna. Desde ahí los minutos se extendieron a horas acompañadas de risas y sorpresas.

A Rouge le tocó Blaze; la felina quedó encantada con un set de joyas que no se pueden hallar en su dimensión. Omega y Charmy eran una combinación extrañamente interesante; la pobre abeja temblaba mientras le entregaba el regalo a un robot de aura hostil e imponente. Hubo dúos más amistosos, como Belle y Cream, que, aunque no habían hablado antes, la vibra de la otra les agradó fácilmente.

Y obviamente no podían faltar los momentos especiales donde se sentía esa esencia romántica en la atmósfera. Un claro ejemplo siendo Tangle y Whisper; la sala encontró adorable el cómo Whisper se cubrió el bochorno febril de su rostro con sus orejas, igual de calientes que sus mejillas.

Hasta que finalmente solo quedaban cinco participantes. En teoría.

Perfectamente podrían llegar a ser cuatro si Sonic no sigue el plan. Tres, si ni Sonic ni Shadow se animan para levantarse de esa silla. 

Sea cual sea el caso, solo serían cinco si Shadow no se acobarda.

—Veamos, ahora pasará al frente... ¡Amy Rose!

El público aplaudió, animando con euforia a la eriza para que suba. Amy sonrió con un ápice de timidez, sacudiendo su vestido una vez se levantó del asiento.

Agarró el micrófono. Una risita emocionada se le escapó cuando contempló a todos sus amigos y aliados reunidos en un mismo lugar. Se aclaró la garganta. El silencio reinó en el establecimiento.

—Antes de que comience, quería agradecerles desde el fondo de mi corazón por estar aquí esta noche, no saben cuánto lo aprecio —expresó sonriendo con una mano descansando en su pecho, desplazando su mirada por las presencias escuchándola atentamente en las mesas—. Mi regalo es para una persona muy especial, y de verdad espero que le guste.

Rouge elevó una ceja. Por un momento pensó que se refería a Sonic, pero eso era imposible sabiendo que...

La murciélago observó por el rabillo del ojo a Shadow.

A primera vista parecía que miraba a Amy con la misma atención que los demás, pero Rouge se dio cuenta de sus ojos carmesíes perdidos en un punto invisible.

—Cuando lo conocí, estaba segura de que no le caía muy bien que digamos... O, bueno, yo asumí que no nos íbamos a entender bien. Sin embargo, cuando fui descubriendo que era mucho más de lo que me imaginaba, me interesó mucho conocer más de esa parte de él —continuó, bajando su vista al regalo con nostalgia.

Rouge no era la única curiosa: Sonic frunció el ceño levemente. Su pierna se sacudía con frenesí sobre la base del asiento.

No se molestó en investigar el "San Valentín" de Amy porque creyó que no había de qué preocuparse.

Ahora le inquietaba que la rosada continuase.

—Con el tiempo me vi con la oportunidad de compartir recuerdos y experiencias inolvidables. Es realmente atento, honesto, y aunque sí es un poco demasiado serio algunas veces... no me arrepiento de haber pasado tiempo a su lado. Y espero que podamos continuar de ese modo.

Sin que nadie se percatara, Shadow regresó de su trance, tensándose abruptamente.

Sus labios se entreabrieron.

Frunció el ceño.

No... no puede ser.

—B-Bueno...—suspiró—. Sin más rodeos, Shadow, esto es para ti.

Los aplausos y vítores no tardaron en estallar. Lo incentivaban a subir al escenario. El ruido quedó en segundo plano para Shadow. Aquello lo había descolocado por completo, teniendo la vista clavada en Amy sin poder explicarse lo que está pasando.

—¿Yo? —cuestionó, como si él fuera el único al que no le informaron que esto es un intercambio de regalos.

Amy rio levemente, los nervios a flor de piel.

—Sí, tú.

—¡Vamos! ¡Sin miedo, Shadow!

—¡No la dejes colgando!

La presión social le empujó la espalda. Se levantó rígido; ni supo cómo consiguió avanzar tres pasos lejos de la mesa. El sonido de sus pies golpeando contra las escaleras de madera lo hizo consciente de todas las miradas perforadoras sobre él.

Cuando tuvo a Amy cara a cara, dudó de su próximo movimiento. Alzando apenas las manos para aceptar el regalo. Amy sonrió de lado al observar la vacilación en el contrario. Lo ayudó reposando delicadamente la caja blanca en forma de corazón, con un prolijo moño azul decorando el centro, sobre las palmas enguantadas.

Shadow identificó al instante que la envoltura tenía matices de lavanda; su olor favorito por encima del aroma adictivo que desprende el café por las mañanas.

Se quedó sin palabras. Oyendo como ruido de fondo las animadas voces rodeándolos. Instintivamente, deglutió saliva, dirigiendo su atención a los otros presentes, encontrándose estrepitosamente con Sonic, aun si no fuere su intención hacerlo. Al verlo, este lucía igual de incrédulo que él, habiendo un detalle distinto en su postura. Sus orejas se bajaron apenas.

Desde allí, Shadow nota lo tenso que está su cuerpo postrado en la silla. En sus ojos se veía el sentimiento de angustia, abiertos de par en par, penetrándolo directamente. Como si quisiera comunicarse telepáticamente con urgencia.

Y esto lo desconcertó sobremanera.

—¿Shadow? ¿Te encuentras bien? —Cuando retomó su atención a la rosada, esta ya se había acercado peligrosamente a él, sosteniendo su mano en muestra de apoyo.

—¿Q-... Qué? —Visualizó la mano ajena tocando la suya con cautela. Shadow ascendió su vista al rostro preocupado—. Sí, todo bien... —Se apresuró a decir, de pronto retrocediendo un paso, evidenciando su incomodidad.

Amy se dio cuenta segundos después, apartando muy apenada su mano rápidamente, sin querer llevándose consigo el regalo.

—¡Perdón! Sé... Sé que no te agrada tanta cercanía. No era mi intención que-

—Está bien, Amy. En serio —insistió, callando sus farfulles—. Es que... no tengo palabras. Todo lo que dijiste... Muchas gracias.

Shadow dijo aquello apenas en un susurro audible, estirando sus manos para sostener el regalo que todavía agarraba Amy, haciendo que, por lo tanto, sus dedos se volvieran a rozar.

Hablaba de él como si fuera alguien a quien mereciera la pena comprender.

La multitud emitió sonidos burlones, imitando a una ambulancia. Los aplausos solo incrementaron por esa simpleza.

Amy se sonrojó hasta las orejas. Intentó sonreír sin que se le vea lo emocionada.

Miro a Shadow con un brillo singular en sus ojos verdes.

—No hay por qué agradecer. Para mí ya significa todo con solo dártelo, Shads.

Aquel apodo le dio un vuelco a su corazón.

Su respiración se cortó.

Apretó levemente la caja que sostenía. No podía huir de los verdes orbes, resplandecientes mientras lo observaban.

—...¿Puedo abrazarte?

Shadow abrió la boca para responder, pero no logró decir nada, quedando suspendido con la misma expresión durante unos segundos.

—No tienes que corresponder si no quieres —aclaró Amy en voz queda, desviando la mirada.

Shadow exhaló lentamente por la nariz.

Cerró los ojos.

No identificó en qué momento permitió que Amy lo rodeara con sus brazos.

La cabeza de la eriza descansó sobre el hombro de Shadow, agachando sus orejas un poco. Al azabache le daba algo de dificultad respirar con el aroma dulce de las púas rosadas, intuyendo que era alguna fragancia frutal. Aunque al menos las extremidades envolviéndolo lo hicieron olvidarse por momentos de toda la gente presenciándolos.

—Gracias —susurró Amy sobre el hombro. Al igual que Shadow, esta mantenía los ojos cerrados. Disfrutándolo mientras puede.

En algún punto quedaron solo ellos dos en una burbuja. Indiferentes con su alrededor.

Con parsimonia, la mano de Shadow ascendió por el largo de la espalda de Amy, posicionándose en esta. Shadow correspondió, reposando su cabeza en la coronilla de la eriza. Inhaló hondo y expulsó el aire entrecortadamente.

Sin saberlo, Shadow se aferró a la calidez que desde hace rato añoraba, apretando a Amy contra su pecho.

Con los ojos cerrados, esa sensación de calor le resultaba dolorosamente familiar.

Imaginó que le pertenecía a alguien más.

A su persona especial.

 

( . . . )

 

La efusividad del ambiente ha ido aminorándose con las horas.

El intercambio terminó. La gente fue a buscar algo de tomar para recuperar sus gargantas de tanto gritar. El lugar contaba con una alargada mesa con gran diversidad de comida, desde postres ligeros a platillos dignos de restaurantes lujosos. No tardó mucho para que gran cantidad fuera devorada por los hambrientos miembros de la Restauración.

Aunque, obviamente, lo que más les robó la mirada fue el alcohol.

Y no había razón para preocuparse por esto. De todos modos, eran aproximadamente las 11 p. m., hora para que Charmy, Cream y Tails se vayan despidiendo.

Tails tomó a Amy de exagerada después de que esta le sugiriera volver a casa, oponiéndose en un principio por el deseo reprimido de sentirse parte de algo más maduro. Él decía tener la suficiente edad para quedarse hasta tarde con ellos —trece poderosos años—. Por razón obvia, terminó yéndose minutos antes de que diera la medianoche.

Rouge se emborrachó con dos copas. No se despegaba de la mesa con el alcohol. Su elevado tono de voz empezaba a molestar a algunos, por lo que Omega trató de hacer algo al respecto, arrastrando a la murciélago a distintas partes. Sin embargo, ella es conocida por su excelencia en escabullirse. El robot se hartó tras la cuarta vez, dejándola a su suerte en un lugar aleatorio. Grave error, pues era el espacio exclusivo del equidna para pasar desapercibido.

En ese rato nadie averiguó el paradero de ambos.

Afuera, la música era amortiguada por las paredes del edificio. La helada ventisca no ha cambiado desde la mañana. Era de esas que te hacían no querer pisar el exterior, aunque a Shadow solo le hacía extrañar un poco la comodidad de la calefacción del interior. Por suerte, las nevadas no son tan frecuentes este mes, factor que facilitó la realización de la reunión en conmemoración del amor y la amistad en todas sus formas.

Shadow estaba sentado en las escaleras del umbral, una pierna recogida y el antebrazo descansando en la rodilla.

Ya se hubiera ido hace rato, pero por alguna razón sigue ahí.

La brisa despeinaba suavemente sus púas. Inspiraba el aire con una calma disfrutable. Era de esperar que se aleje de los grupos sociales apenas obtiene la oportunidad.

Su oreja se torció hacia atrás cuando unos pasos se aproximaron, parando a su costado.

—¿Cómo te va? —Amy se abajó para sentarse un escalón arriba, abrazando sus rodillas.

Shadow no respondió de inmediato. Mantuvo su vista al frente, jugando distraídamente con la cinta azul entre sus dedos. Tarareó bajo; las luces de la ciudad se veían más pequeñas desde esta ubicación.

Giró ligeramente su cabeza hacia Amy. Esta lo esperaba con una sonrisa plasmada en el hocico.

El de vetas suspiró con pesadumbre, dirigiendo los ojos a su regazo. Giraba entre sus manos el regalo con forma de corazón mientras hablaba con dejo desganado.

—Me iré dentro de poco.

Amy asintió despacio, mirando a una dirección con la misma tensión en su musculatura.

—Al menos tú te vas con regalo —rio entre dientes, encogiéndose de hombros mientras sobaba sus antebrazos debido al imprevisto frío; el abrigo que portaba no lo eligió considerando ese detalle—. Tal parece que mi San Valentín se esfumó sin avisar.

Shadow elevó su vista a la rosada, arqueando una ceja.

—¿Tú...? —Paró en seco.

Su San Valentín, claro...

Sonic no aparece por ninguna parte, y Shadow se dio cuenta minutos después de que el evento principal finalizara. Puso su mayor esfuerzo para que no se viera evidente que lo estaba buscando desesperadamente en cada rincón, de hecho, la razón por la que salió es debido a esa misma búsqueda.

No entiende qué pasó. Cuando confirmó que Sonic se fue del edificio, una molestia desmedida lo poseyó por breves instantes. Al final, el primero en abandonarlo todo fue él. ¿Cómo se atreve? ¿Después de haberlo apoyado hasta el final? ¿Después de soportar verlo perdidamente flechado por alguien más? ¿Después de haber llegado al punto de...?

Shadow exhaló intencionalmente, como si expulsara algo más allá de su enojo.

El regalo en sus manos ya no era un peso liviano.

Amy lo miró un instante, decayendo su semblante sereno ligeramente. 

—No es nada serio, supongo que así pasa a veces. Me mentalicé de la posibilidad de que algunos no llegaran a animarse a participar, y lo entiendo. Yo misma estaba muerta de nervios —murmuró lo último dicho, explorando lo que alcanzaba a ver desde ahí. Diminutos copos de nieve descendían como si no quisieran tocar la tierra—. Hoy la luna está hermosa, ¿no?

Shadow movió su atención al cielo oscurecido. Su oreja izquierda se crispó mientras sus orbes carmesíes reflejaban el destello de los astros.

—Sí que lo está...

Al encontrarse algo alejados de la ciudad, lograban apreciar mejor la luz de arriba sin estar constreñidos por el insalubre smog. Shadow recordó el momento de hace apenas dos días, donde estuvo rodeado de todas esas flores, apreciando el manto estrellado de la noche. Constantemente hacía eso: quedarse con la mirada perdida hacia arriba. El cielo era una de sus cosas favoritas. Detenerse a contemplar el cómo las nubes parecían tener vida propia estando allí, tan inalcanzables, o el cómo la libertad del viento se lleva consigo hojas y flores en el camino, o el bello tono azul que destaca solo por las mañanas, tienden a distraerlo en sus misiones.

Una de las cosas que sí sabe con certeza es que le encanta un color en especial.

Azul.

Shadow chasqueó la lengua, ladeando la cabeza hacia el lado contrario de Amy.

Odia cómo el azul no para de habitar su mente.

En este momento, desearía a Sonic presente únicamente para golpear su horrenda cara.

Aunque se esté cayendo a pedazos por su ausencia.

—¡Cierto! ¿Qué hay de ti? ¿Pudiste dar el regalo?

Shadow quedó petrificado.

Hasta ese momento, olvidó por completo la caja resguardada dentro de sus púas.

Su mano osciló al comienzo, pero la llevó hacia atrás, sacando la caja negra envuelta en listón rojo. Reposó el de Amy a un lado. Sus ojos se estrecharon, mirándolo fijamente una vez lo tuvo en ambas manos. A Amy le quedó en claro que la respuesta era un rotundo no.

El silencio pesado emerge naturalmente en un ambiente extraño. 

A Shadow le picaban las ganas de pararse y salir corriendo de ahí. O teletransportarse, lo que sea que le ayude a evitar otro silencio que lo incomode.

Amy expulsó el aire por la nariz suavemente, con sus manos entrelazadas en su regazo y el rostro alzado al cielo. Cerró los ojos un momento, como meditando. Shadow se removió apenas en su sitio, las intenciones de acabar su charla ahí cada vez haciéndose más obvias.

De imprevisto, la eriza cortó el silencio con un dejo ligero en su voz:

—Yo pienso que a veces... los regalos más importantes no son los que preparas para una ocasión, sino los que uno guarda demasiado tiempo.

Shadow frunció las cejas involuntariamente. Cuando vio a Amy, los ojos verdes lo examinaban con calma, como si supieran más de Shadow que el mismo erizo.

—¿Qué quieres decir? —murmuró el de vetas. Amy exhaló por su sonrisa.

—Esta celebración, o fiesta... es mi regalo. Cuando me paré en ese escenario y los vi a todos, yo... —Se le salió una risa ahogada, corta, pero emotiva—. Nunca imaginé que tantos contarían conmigo cuando les comenté mi idea.

Shadow tragó saliva al presenciar los ojos verdosos cristalizarse. La sensación que aquello mandó hacia su pecho era inefable. Siente que una opresión insoportable lo invadirá si ve lágrimas derramarse.

La voz ligera nunca dejó de sonar íntima; la entonación cuidada de cada palabra buscaba alentar un lado de él que dolía mientras más era ocultado, como si para Shadow ignorarlo fuera deporte olímpico, del cual hasta ahora ha ganado innumerables medallas de oro.

—Perdón, soy muy sentimental —sollozó bajito y limpió con el dorso de la mano lo poco que logró resbalarse de sus ojos, sin que se le desvaneciera esa sonrisa suave de su rostro.

Shadow se puso cabizbajo, sus iris temblando un poco. Elevó unos cuantos centímetros el regalo mientras reformulaba las palabras de Amy en sus adentros.

Por eso no notó que el calor sentado a su lado se desvaneció. Y cuando la luz lunar ya no iluminaba su rostro, sus orejas reaccionaron primero a la sombra, estirándose sobre él. Amy estaba de pie cuando alzó la cabeza, viéndolo con complicidad y una suave sonrisa.

—Vamos, no te quedes ahí —soltó, firme, mirando abajo, donde se encuentra el regalo aprisionado por las manos del ébano—. Si todavía tienes que darlo, no lo guardes. Puede que mañana sea demasiado tarde.

Shadow abrió los ojos de par en par cuando Amy extendió su mano, invitándolo a actuar. Entreabrió la boca, titubeó, apretando el regalo que aún no entregó.

Casi no le entraba el aire. El corazón le iba a mil por hora.

¿Ella sabe algo? ¿Cómo?

Suena demasiado convencida, casi casual. La tranquilidad con la que habla le decía que aquello no era solo un consejo sobre cómo dar un regalo.

Shadow permaneció callado, perplejo. Asumiendo que era otro acto empático de Amy.

"Puede que mañana sea demasiado tarde".

¿Pero, por qué quiere ayudarlo?

¿En serio solo era empatía?

Si Amy supiera para quién es ese regalo, no se comportaría del mismo modo. ¿Verdad?

Shadow le prestó más atención a la mano delante de él.

Pese a todo, sigue casado con la idea de que Amy y Sonic son la pareja perfecta.

Suspiró, mirando por breves segundos el suelo antes de volver a la mano ofreciéndole ayuda.

Por última vez, apretó con fuerza sus sentimientos materializados.

Buscó a tientas el regalo que le entregó Amy, pasándolo a la misma mano donde sostiene el suyo y de ese modo aceptando la mano de la eriza. Esta lo jaló para levantarlo del escalón, elevando su peso como una pluma. Cuando estuvieron cara a cara, Amy le mostró una sonrisa suave. Shadow asintió con la cabeza; sus ojos reflejan ansiedad y decisión naciente.

Tomó la mano de la eriza rosada para entregarle la caja en forma de corazón.

—Necesito que esté en buenas manos hasta que regrese. —Le pidió, adentrando su regalo de cinta roja en sus púas vetadas.

Amy aceptó sin dudarlo, abrazando el objeto mientras Shadow la rodea para pasarla de largo, comenzando a caminar en dirección opuesta al edificio. Pero se detuvo cuando avanzó apenas unos pasos.

Volteó la cabeza, pensativo, viendo a Amy bajo el marco con la mano derecha en la caja y la izquierda abrazando el brazo derecho por encima del abrigo de lana.

En ningún momento Shadow mencionó nada con respecto a sus sentimientos.

Sin embargo, se preguntaba si ella lo habría calado a la perfección.

Eso solo significaría que su inquietud todo este tiempo fue un libro abierto...

Shadow suspiró, gruñendo por lo bajo. Ahora, con una chispa de decisión en su mirar, el silencio se llena de un peso nuevo: el momento de actuar.

El erizo se alejó en un parpadeo. Lo último que vio Amy fue la franja incandescente que provocó su desmedida velocidad. Sintió su mano llena y la subió hasta su vista. El corazón blanco la saludó con el moño intacto. Amy aspiró entrecortadamente, apretando sus labios antes de pegar el regalo a su pecho, denotando melancolía cuando sus dedos se aferraron a los bordes redondeados. Alzó la mirada hacia el punto donde desapareció el erizo ébano, sonriendo.

—Ustedes dos son todo un caso...

 


 

꒰💌꒱

 

El paradero de Sonic siempre termina como un enigma para los otros.

Sonic no es alguien que se detenga; está en constante movimiento, corriendo de aquí a allá, aventurándose sin miedo a lo que le espera, no muy consciente de las consecuencias. Sonic es así, y no muchos lo reconocen.

Cualquiera de su grupo cercano aseguraría que no hay de qué preocuparse si del paradero de Sonic se habla. Dirían que volvería antes de que lo notes. Pues, se habrá propuesto encontrar otra experiencia memorable que lo distraiga durante el transcurso de la semana.

Él es el mejor ejemplo de espíritu libre, solo rivalizado por el viento, aunque se dice que son lo mismo.

Y bueno… su relación era curiosa, para no decir complicada.

No se odian, pero se siguen considerando rivales que pueden competir en cualquier momento y, por otro lado, convivir en un mismo espacio con toda la tranquilidad del mundo. Bueno, hasta que vuelvan a diferir en la opinión del otro.

Con el tiempo, esa rivalidad se transformó en una amistosa sin que se dieran cuenta. O al menos no lo decían en voz alta.

Shadow ha aprendido los patrones de aquella ráfaga azulada.

Sabía su rutina entera, por más enfermizo que pudiera parecer.

Sabe cuándo y dónde corre en el inicio de un nuevo día. Sabe de sus paradas frecuentes en el Chao Garden o en su puesto de chili dogs de confianza. Sabe los aspectos que pueden mejorarle la tarde. Sabe cómo se desestresa: leyendo libros cuando ni siquiera la actividad al aire libre lo tranquiliza. Sabe con certeza cuándo quiere una pelea, cuándo quiere bromear, cuándo quiere pasar un rato en paz.

Shadow no solo está enamorado, está obsesionado con su rival.

Y el colmo de su obsesión es que esta no nació cuando empezó a contraer aquellos sentimientos confusos. Sino mucho antes, cuando consideraba a Sonic meramente como “otro tonto del grupo de héroes”.

La existencia de esa adrenalina que lo atraía a él como imán al metal era su esencia vital.

Sus extremidades quemaban de la exigencia en sus piernas para ir más rápido. Desde arriba se distinguía cómo la estela anaranjada zigzagueaba sin detenerse por los vastos de vegetación. Las hojas de los árboles reaccionaban segundos después de que el erizo las dejara atrás, junto a las aves en sus nidos, saliendo volando en cuanto sentían el alboroto abajo. El poco de nieve regada por el suelo del bosque tenía un camino trazado, donde anteriormente los Air Shoes de Shadow derritieron todo a su paso.

Los alrededores carecían cada vez más de árboles, hasta que el espacio se abrió en un horizonte despejado, revelando una llanura sin actividad alguna debido a la hora nocturna. El viento hacía bailar al grupo de hierbas y gramíneas perfectamente distribuidas. Shadow ralentizó su carrera cuando pisó el extenso terreno plano, dejando que el crepitar del césped marque sus pasos.

En el centro de la llanura hay un gran atributo rodeado de diversos tipos de flores, uno que te roba la atención apenas entras: un frondoso y robusto roble.

La luz lumínica contorneaba la madera y las hojas verdes casi inmóviles. El ambiente sumido en tranquilidad era indiferente a la tensión en el cuerpo del erizo de vetas. Se acercó al inmenso árbol, escudriñando entre las hojas, ocultando la mayor parte de ramas.

Deteniéndose bajo el árbol, Shadow alzó la cabeza, entornando los ojos hacia el interior de la copa.

—Sonic, sal de ahí. Tenemos que hablar.

Shadow recibió silencio como respuesta. 

Siguió mirando adentro, donde logró identificar encima del brazo del árbol el vaivén de un zapato rojo. Las piernas azules estaban cruzadas y se asomaban un poco hacia afuera. Más adentro, recortado por sombras, Sonic se acuesta contra el tronco, utilizando sus brazos como almohada. 

Shadow chasqueó la lengua al ser completamente ignorado, imaginando cómo el cobalto permanece con los ojos cerrados a propósito. Como diciéndole indirectamente que no lo interrumpa en su maldita siesta.

—¡Sé que me escuchas, erizo! —exclamó con la mandíbula apretada. La respuesta fue la misma durante unos segundos.

Se oyó una risita amortiguada y, de un salto, Sonic cayó al suelo con la precisión de un experimentado. 

Varias hojas fueron abajo junto a él, ensuciando sus púas también.

Shadow suspiró, relajando sus hombros tensos.

—Por fin. Sonic-... —Estando a punto de avanzar, fue interrumpido inminentemente por su contrario.

—¡Shadoow! Me extrañaste, ¿eh? —elevó y extendió sus brazos, como si fuera a darle un abrazo. Shadow se descolocó un poco por lo dicho, dispuesto a cuestionar. Sin embargo, nuevamente Sonic lo cortó a media oración—. ¿Te divertiste allá? Me imagino que sí.

Shadow frunció el entrecejo, retrocediendo por reflejo cuando Sonic comenzó a caminar con un matiz inusual.

—¿Qué? Mira, yo-...

—No te preocupes por mí si la razón por la que estás aquí es porque me fui. Digamos que… —Rodó los ojos, riendo entre dientes con un dejo intranquilizador y encogiéndose de hombros. —Me arrepentí.

Sonic paró su andar a centímetros de Shadow, observándolo con una sonrisa descompuesta.

Shadow se extrañó, negando con la cabeza.

—Pero, ¿qué dices? ¿Me estás jodiendo? ¡Si todo iba según el plan!

—Pues, algo debió haber fallado. ¿No te parece? —Sonic le replicó a la defensiva, notoriamente más calmado, entonando sarcasmo mientras copiaba el mismo movimiento de cabeza de Shadow.

—¡Pues dime qué salió mal! —Se le escapó, sus intentos para no sonar desesperado siendo en vano—. No me avisaste que te irías. ¡Te esperé como un idiota!

—¡Jaja! ¿En serio? ¿Estuviste cargando las flores tieso todo el rato o cómo? —Descansó las manos en sus caderas, ladeando la cabeza para denotar incredulidad.

Shadow apretó sus manos en puños, haciendo un intenso contacto visual con los ojos esmeralda. No le hizo de mucha ayuda, ya que estos también ocultaban lo que Sonic evitaba decir.

—Por el amor de Chaos, solo dime qué pasó, Sonic.

Hubo un silencio prolongado.

Shadow quiere respuestas, pero teme lo que pueda escuchar.

El cobalto suspiró.

Se enderezó. Su rostro dio un cambio radical que envió señales de alarma a Shadow.

—Ya te lo dije. Supongo que tenías razón al decir que soy un cobarde —dijo a quemarropa. Inexpresivo, con tono seco, evasivo. Era obvio que Sonic no quiere entrar en detalles.

Shadow identificó cómo la postura corporal del contrario refleja cierre: hombros rígidos, mirada esquiva.

Igualmente, da un paso más cerca, insistiendo y hablando con frustración contenida.

—Mientes... ¿Cómo voy a entender si no me dices? ¿Cómo voy a arreglarlo?

El erizo azul frunce un poco el ceño, mirándolo con ironía. Sonríe de lado.

—Tú fuiste quien insistió en que esto era una gran idea en primer lugar, ¿recuerdas?

Shadow compartió el ceño fruncido, abriendo los ojos de par en par.

—No hay nada que arreglar.

El susodicho se mostró desconcertado cuando Sonic se dio la vuelta sin más, iniciando a caminar.

—San Valentín ya terminó, Shadow. Ve, emborráchate, si es que puedes... Olvida que una vez aceptaste ir a ese lugar y ayudarme con mis patéticos sentimientos, o si quieres, ve con Rouge a su lujoso departamento ubicado en el centro de la ciudad para contarle la vergüenza que pasaste, algo así. ¡Tú me entiendes! —Posicionó un brazo en la nuca y alzó una mano para hacer un ademán flojo mientras hablaba estando de espaldas a Shadow.

Shadow estuvo paralizado analizando las palabras salidas de la boca del cobalto.

Está pasando otra vez: no hace nada mientras lo ve alejándose.

Deja que lo calle cuestionando sus propias interrogantes.

No.

Ya está cansado de que actúe así.

Ya está cansado de que él siempre tenga la última palabra.

Sonic paró en seco cuando sintió un peso en su hombro.

Contuvo la respiración, preparándose para los gritos insistentes.

—¿Qué-...? —recibió lo que menos se esperaba; un ardor cubrió su mejilla y se esparció por ese lado de su cara.

La cabeza de Sonic se sacudió violentamente cuando el puño de Shadow le dio de lleno, este no actuó lento, enseguida jaló el hombro del azul para que enfrente cara a cara su respiración quebrantada.

—¡Basta de huir! Madura, atrévete a decírmelo a la cara —masculló, apretando el pelaje melocotón. Shadow clavó su mirada cargada de desafío en los ojos esmeralda, presenciando cómo dichos iris se encogían en su sitio.

Sonic espabiló, frunciendo el ceño cuando ya le empezó a hartar el dolor del moretón en su mejilla. Se zafó de un tirón del agarre y en un giro veloz empujó a Shadow con la fuerza de sus piernas, provocando que este tenga que arrastrar los pies en la tierra para no ser mandado tan atrás.

Sonic fue el primero en moverse: lanzándose como un proyectil azul hacia su rival. Shadow reaccionó con precisión, contraatacando con una patada descendente que hizo temblar la tierra donde estaban parados.

Sonic pegó un salto hacia atrás, posicionando la punta de los dedos sobre el suelo.

—Vaya, ¡sí que eres terco! —limpió su mejilla con el dorso de la mano, esbozando una sonrisa ladina—. Pensé que eso era lo mío.

Shadow no estaba para sus juegos. 

Se propulsó hacia el cuerpo del contrario, estirando su brazo hacia atrás para darle otro puñetazo. Sonic esquivó fácilmente, pero la patada siguiente lo hizo apenas.

Ambos se dirigieron puñetazos violentos, amortiguaban los golpes con los antebrazos cuando lo ameritaba y se enrollaban en un ovillo para cometer su indispensable spin dash. La colisión brutal y repetitiva de sus púas los hacía viajar unos segundos por el aire, pero no tardaban en regresar a pegarse frente con frente.

La pelea se convirtió en un intercambio frenético: patadas, giros, bloqueos, cada movimiento más brusco que el otro, cada golpe más cargado de rabia contenida.

—¿Soy yo o ya no te mueves como antes, Shads? —Sonic detuvo al ébano de estampar contra su cuerpo usando sus manos, llevándolas a que se conozcan con las del contrario. Shadow gruñó por la fuerza que exigía Sonic para alejarlo, y también por el comentario.

—¡Mierda, cállate! —Se deshizo de las manos que empujaban las suyas mediante un ademán hacia abajo. Aprovechó para brindarle otro puño al rostro socarrón, pero Sonic volvió a burlarlo, agachándose para así devolvérselo directo al abdomen, lanzándolo varios metros atrás.

Cuando Shadow retrocedió, recuperándose y respirando con dificultad, Sonic se abalanzó hacia delante, tumbándolos a ambos sobre el pastizal. Ahí no perdió tiempo para pegarle sin parar al rostro contrario, irradiando en cada golpe una voluntad rencorosa. La nariz de Shadow ensangrentó con el cuarto y eso bastó para que al fin decidiera controlar la energía chaos corriendo por sus venas. 

Sonic supo que estaba jodido cuando no sintió el calor bajo suyo, y antes de que pudiera moverse, Shadow apareció tras su espalda en una patada giratoria que impactó con fuerza desmedida en sus costillas.

El choque fue brutal. Sonic rodó hacia un lado, se levantó rápido, jadeante, pero sonriendo.

El pecho de Shadow también subía y bajaba frenéticamente, dedicándole una mirada ensombrecida al erizo cobalto.

—¡Dime la verdad de una vez! —bramó con los puños ardiendo, sus púas erizadas y a la defensiva, atento al próximo movimiento de su adversario.

—Chaos, ¡¿por qué siquiera te importa?! —Con un salto acrobático, giró en el aire hecho un ovillo y embistió con suma velocidad. Shadow bloqueó la bola de púas giratoria con sus antebrazos, retrocediendo paso a paso.

—¡Porque no te creo que hayas botado todo tu esfuerzo solo por los nervios! —articuló con dificultad; la fricción le empezaba a arder—. ¡Tú no eres así!

Shadow desapareció con el Chaos Control, provocando que Sonic chocara su Spin Dash con el suelo. Aquella sacudida liberó una onda expansiva que levantó tanto hojas como el polvo de la tierra. Cuando la cortina de polvo se deshizo en el aire, Shadow observó cómo Sonic permaneció de pie y cabizbajo sobre el pequeño cráter que ocasionó. El cobalto tenía los ojos estrechados por lo último mencionado.

El mutismo que cayó justo después de esa frase. Esto incomodó a Shadow notoriamente.

Sonic examinó la palma de su mano enguantada, como si allí encontrara una excusa para salirse con la suya. Shadow ahora no sabía si acercarse para continuar con la pelea o esperar alguna respuesta.

Tragó en seco, arriesgándose a tirar otro comentario.

Pero de pronto Sonic hizo contacto visual.

—Bien.

Sonic suspiró.

—¿Quieres respuestas?

Otra sonrisa se dibujó en su rostro.

Pero no le llegó a los ojos.

—Gáname en una carrera.

Shadow pestañó dos veces, deteniendo su boca a medio camino de pronunciar una palabra. Elevó una ceja, mirando con incredulidad el cómo ahora Sonic retrocedía de espaldas con todavía los brazos despreocupadamente detrás de sus púas.

—¿Eh? ¡N-no! ¡Vuel-...! —Shadow comió el polvo de Sonic al este salir corriendo inadvertidamente, generando una estela azul que se despedía en la lejanía.

Shadow resopló frustrado; sus orejas cayeron apenas hacia atrás.

—¿Tanto le cuesta quedarse quieto por al menos un maldito minuto? —refunfuñó, encendiendo sus zapatos propulsores en menos de lo que costaba parpadear.

Shadow persiguió a Sonic hasta salir de la llanura. Sonic viajaba con una increíble velocidad sónica que le permitía atravesar cordilleras como si nada. Cuando la estela azul desaparecía entre las espesuras de los bosques, le seguía otra estela anaranjada con casi la misma velocidad. Para Shadow no fue un gran problema caerle atrás.

El silbido del viento y el aire cortándose al chocar con su cuerpo le despertó un recuerdo preciado, un sentimiento melancólico. No comprendió lo mucho que extrañaba competir de esa manera hasta apenas ahora, donde sus pies se deslizaban por la tierra con total facilidad, como si fuere su hábitat natural.

El aire frío desorganizando sus púas, la cantidad de latidos por minuto y la necesidad de acelerar cada vez más rápido le hicieron esbozar una sonrisa involuntaria, dándose el lujo de olvidarse de los problemas por un instante.

El peso invisible ya no afectaba su espalda. 

Al fin, después de varias semanas estresantes, sus extremidades consiguieron aligerarse.

Los erizos caóticos extendieron la persecución en la ciudad. Shadow perdió el conocimiento de en qué momento se adentraron en las calles iluminadas, en las cuales las personas parecían nunca dormir debido a la regular actividad.

Shadow reaccionó a tiempo, esquivando los vehículos que daban la impresión de ir específicamente hacia él. Esto era más bien porque el erizo corría en vía contraria. Chasqueó la lengua, viendo cómo Sonic aún tenía la delantera, por lo que hizo un poco de trampa, teletransportándose en distintos destellos hasta salir de la autopista.

Corrió durante seis minutos; Sonic no paró de dar vueltas en círculos. Shadow está seguro de que lo hacía intencionalmente, y ese detalle le era una verdadera molestia. Lo saca de sus casillas que jueguen con él, en especial que Sonic decida formar esta carrera con el único objetivo de contrarrestar la situación.

A veces Sonic responde de manera infantil sin importar el lugar o el momento. Que la carrera sea su forma de escapar le haría creer a Shadow que el erizo no puede lidiar con ninguna clase de problema serio, si no fuera por todas las veces en las que demostró lo contrario.

El terreno cambió de estética. Ya no hay edificios deseando alcanzar el cielo ni contaminación auditiva que le vibre en los oídos. Shadow accedió a un paisaje natural que causó el freno de sus zapatos.

Respiraba aceleradamente, aspirando el aire por la boca. Sus ojos carmesíes admiraron por un momento la salida del alba que le trae la luz a la pradera de lavandas.

Miró a dos direcciones, extrañado por no encontrar a Sonic. Frunció el entrecejo al divisar animalitos ocultándose en la hierba alta.

«Qué raro, estaba justo delante de mí...», pensó.

Sintió algo cosquillear en su pelaje.

«Espera un segundo...»

Descendió la mirada a sus pies, donde un mar de lavandas parecía querer tragárselo.

Abrió sorpresivamente los ojos cuando reconoció el lugar.

La hierba se removió detrás. Un aliento cálido rozó la oreja del ébano.

—¡Boo!

Shadow saltó en su sitio, girándose hacia atrás gracias al estímulo que lo estremeció de pies a cabeza. Nada.

Otro sonido sonó tras su espalda: la risa burlona de Sonic.

Shadow se volteó bruscamente, apretando los dientes mientras el azulado terminaba de reírse, sacándose una lagrimita del ojo.

—¡Debiste ver tu cara! ¡Jajá! —Se sostuvo el abdomen, riendo entre dientes y estrechando los ojos.

Shadow puso los ojos en blanco, susurrando algo difuso, posiblemente un insulto. Caminó hacia Sonic con pisadas marcadas, causando sin querer que los pequeños animales huyan rápidamente.

—¡Para con tus payadas! —Le sostuvo el brazo, sacudiéndolo para que entre en razón—. Te alcancé, ¡así que habla!

Sonic retrocedió, chocándose con sus propios pies.

—¡Wow!, ¡wow! ¡No tan rápido! Tú no me alcanzaste en absoluto. —Shadow levantó una ceja, emitiendo un "¿Cómo que no?" en voz queda—. Gané, llegué primero, ¿no ves?

Sonic señaló con sus brazos extendidos a todo el espacio, rodeándolos. Shadow observó los alrededores, confirmando una vez más en dónde se encuentran, como si a Sonic no le bastara con que solo reconozca las famosas flores bajo sus pies.

Los había traído a donde empezó todo.

Shadow negó, sacudiéndose los pensamientos de la cabeza. Buscó acercarse nuevamente, pero Sonic apareció más rápido frente a él, empujándolo inadvertidamente.

—¿Pero sabes algo? Te lo diré de todos modos para compensar el dolor de espalda que te generó el llegar aquí. —Shadow fue disparado unos pocos metros tras un empuje, teniendo que quedar de rodillas, mirando con perplejidad a Sonic cuando este avanzó hacia él—. ¿Quieres saber por qué no quería que te involucraras en primer lugar? ¿Quieres saber por qué sabía que esto no iba a funcionar?

Shadow se puso de pie como pudo, retrocediendo con la mandíbula tensa. El Sonic delante de él, normalmente ligero y bromista, no oculta el resentimiento que lleva acumulado.

—¿De qué hablas...? —Frunció el ceño notablemente, preparándose para volver a los golpes.

Sonic suspiró en medio de una risa rota, arrastrando la mano por su rostro. Miro el cielo con los ojos muy abiertos, como pidiéndole ayuda a los dioses. 

Volvió su vista al vetado. Su rostro se distorsionó en uno abatido. 

—Todo este tiempo supe que Amy sentía algo por ti, Shadow.

Shadow abandonó sus intenciones de contraatacar, exorbitando los ojos cuando lo escuchó.

Su cuerpo entero simuló detenerse. Sus extremidades, su actividad cerebral, su corazón.

Quedó en estupor y, como consecuencia, Sonic quedaba cada vez más cerca.

—Lo veía en cada gesto, en cada mirada. Y yo... ni siquiera estaba seguro de ir a la fiesta cuando lo sugeriste porque sabía que tarde o temprano iba a pasar. —Sonic paró sus pisadas, quedando no cara a cara con Shadow, sino lo suficiente para que este no esquive su mirada. La voz de Sonic se quebró en un susurro cuando pronunció—. Que ella iba a estar ahí, contigo. Y… y que decida confesarte... sus sentimientos.

Shadow está congelado, mirando cómo Sonic se esforzaba en mantenerse despreocupado.

—Y-yo... no lo sabía.

Sonic exhaló suavemente con una debilitada sonrisa.

—Lo sospechaba… Igualmente, me dejé llevar por mi estúpida inseguridad —masculló, dedicando un semblante fruncido hacia sí mismo—. Y… admito que solo me quedé contigo ese día para escucharte decir que no es así, que entre tú y Amy nada sucedería… Y sentirme mejor conmigo mismo.

Shadow siente que el suelo se le abre bajo los pies. Chocándole todavía la confesión anterior en vez de la recién revelada. 

¿Desde hace cuánto Amy siente algo por él? 

¿Cómo pudo ser tan ciego?

Su rostro iluminado en el intercambio… Su timidez apenas discreta… Fue estúpido pensar que aquello era gracias a la emoción del momento.

Cuando le pidió el abrazo, cuando fue a buscarlo, cuando le tendió la mano...

Ella ya sabía que no correspondería a sus sentimientos y, aun así, lo hizo. Estuvo para Shadow cuando nadie más pudo hacerlo.

—Cuando Amy te dio ese regalo... me ganó el temor de lo que eso podría significar. No quise quedarme a ver cómo se cumplía lo que llevaba tiempo imaginando, así que… Pues, huí.

Shadow ahora se siente culpable de haber dejado a la eriza sola en la fiesta. 

Cuánto lamenta el haberse impulsado a ayudar a Sonic.

Si no hubiera cedido ante el miedo de perder su cercanía, tal vez este día sería otro más del montón. Si solo se hubiera resignado a aceptar que Sonic nunca lo vería con otros ojos, tal vez ahora estuviera cuidando a una Rouge borracha, o resguardándose bajo las sábanas de su cama, viendo el último episodio de esa telenovela tan mala que de cierto modo era buena.

Pero solo le quedaba escuchar con la incomodidad de su inquietud en el pecho, arrepintiéndose una y otra vez, fantaseando escenarios alternativos.

Sonic agachó la cabeza, suspirando con pesadumbre.

—Lo siento mucho, Shads. Por mi manera de actuar, por hacerte perder el tiempo cuando tú genuinamente me querías ayudar. Yo... —El nudo en la garganta se intensificaba mientras hablaba, haciendo difícil que pudiera articular palabra.

Respiró hondo, abriendo los labios. Sin embargo, no alcanzó a hablar cuando un nuevo elemento entró en su campo de visión.

Shadow, pese a estar mirando fijamente a Sonic, no prestaba atención a nada. Su vista parecía nublada, como cuando te quedas quieto observando algo por demasiado tiempo. No encontraba palabras para este momento, ¿y si lo empeoraba con lo que decía? ¿Por cuál de los dos erizos debería sentir más empatía? ¿Le da un abrazo? ¿Le dice que es un estúpido por pensar que todo este drama haría que Amy vuelva a sentir algo por él? 

¿Qué debe hacer?

—¿Qué es esto? —Sonic preguntó con la voz algo ronca. Shadow extrañamente reaccionó a su voz, llevando sus ojos temblorosos hacia abajo.

Lo que vio le hizo volver de golpe a la realidad.

Tirado en el suelo, con ligeros deterioros, estaba el regalo guardando la verdad que no se atreve a expresar.

Los sentidos de Shadow se prendieron como las funciones de una máquina; de pronto el sudor dentro de sus guantes le resbalaba de las palmas y el dolor de los moretones esparcidos por su costilla y espalda vibraron y escocieron como fuego vivo.

Sonic tomó el regalo, denotando confusión en sus movimientos al examinarlo.

Ocurrió en menos de un segundo: Shadow se avanzó hacia el objeto, jalando el extremo vacío. Sonic pegó un respingo cuando sintió el tirón exasperante del contrario, aprisionando más la caja en sus manos.

—¡Hey! ¿Qué-...?

—Dámelo —exclamó desesperadamente. El temblor de su agarre no le dejó arrebatárselo.

—¿E-este regalo para quién es? —Sonic seguía jalando, apretando involuntariamente la ya de por sí estropeada tapa negra.

—¡No es de nadie! ¡Su-suéltalo! —Shadow apretó el otro extremo, implorando silenciosamente que Sonic no decida indagar de más.

—No es el que te dio Amy. ¿Acaso es para ella? ¿Se lo ibas a dar después de la fiesta o...o-?

Shadow resopló con enojo, usando toda la fuerza en un arrebato desesperado.

—¡No!

La caja terminó con él, protegida contra sus manos y el pelaje blanco de su pecho.

Se quedó helado, el corazón acelerado.

¿Cómo carajo llegó eso ahí?

A Shadow lo azotó un dolor de cabeza con solo pedirle a su cerebro el posible momento donde el regalo pudo salírsele de las púas.

Sonic lo observó de pies a cabeza con la incomprensión plasmada en su lenguaje corporal. Shadow lo evitaba mirar, protegiendo aquel regalo como su posesión más preciada.

—¿Entonces...?

El fastidioso silencio incómodo se rehusaba a abandonar a Shadow. Deglutió de forma automática, doliéndole por la garganta seca. Respiraba como si el camino del aire a sus pulmones estuviese obstruido.

Nadie le dijo que la pesadilla que lo atormentaba cada día se volvería realidad antes de lo que imaginaba.

Cómo odia darle la razón a Rouge, pero ahora deseaba haberle hecho caso a su comentario pasado.

"Aunque no las entregues, considera al menos prepararte con antelación."

Nunca tuvo un entrenamiento de G.U.N. para este específico momento.

El regalo pesa en sus manos como si fuera su corazón salido, latiendo con cada segundo de silencio. Shadow siente que el aire se vuelve más denso, que cada respiración es un esfuerzo, y que el mundo entero pareció detenerse en esa pradera.

Sus sentimientos ya no hallaban cómodo el encarcelamiento autoimpuesto. Era como si le quisieran abrir el pecho o salir vomitados por su boca.

Shadow sabía que perdería a Sonic si se lanzaba a decirle la verdad. Y sabe que si ahora se va, no podría pagar el cruel costo de su silencio.

Sin embargo, su cuerpo le advertía que él ya no seguiría conteniendo el peso, que si permanecía un mísero segundo más aguantándolo, todo se desplomaría sin avisar.

Cada gesto reprimido, cada mirada desviada, cada oportunidad perdida se acumula ahora en su memoria. Y ahora, frente a Sonic, entiende que ese miedo lo llevó exactamente a donde menos quería: exponiendo su amor de la manera más indeseada.

Motivado solo, y solo por el dolor en su pecho y el hecho de que no habría otra oportunidad, extendió lentamente con las dos manos el regalo hacia Sonic, incentivando a que lo tome.

Sonic abre la boca, pero no dice nada. Sus ojos reflejan sorpresa, entendiendo el mensaje sin necesidad de palabras. 

Aunque igual el ébano tenía la necesidad de usarlas.

—Es para ti.

Los ojos carmesíes saludaron a los esmeralda. Siendo los primeros los que lucían cristalizados. Y por si Sonic se adelantaba, se apresuró a entregarse por completo.

—No únicamente por el intercambio, ni por ninguna festividad, quiero que lo tengas porque para mí dártelo... dártelo es especial. Porque tú me gustas, Sonic. Y… N-no quiero hacerlo. Pero me gustas. 

Se pausó, inhalando profundo.

—Me gusta nuestra rivalidad, me gusta nuestra rara amistad… y no quiero que se quede ahí. Quiero sentir el derecho de apreciarte a lo lejos. Quiero asegurarme de que nos veremos de nuevo luego de nuestros enfrentamientos. Q-quiero tratarte fuera de la hostilidad. Quiero... quiero que seas ese alguien que me espere tras una misión. Quiero quedarme hablando contigo hasta altas horas de la noche cuando no consigo dormir. Quiero abrazarte. Quiero enseñarte todo lo que sé. Q-Quiero... —No puede seguir con su hilo de voz. El caliente de su cara seguro lo hace ver ridículo, pero era increíble cómo en ningún segundo desvió el contacto visual.

Esperó con el corazón en la garganta.

El regalo en sus manos pesa más que nunca.

Y el Sonic frente a él no articuló palabra alguna.

Cada devastador segundo sin respuesta le estrujaba el pecho.

Y Shadow, acompañado del escozor de sus ojos, entendió en ese instante que el silencio de Sonic es la respuesta que siempre temió.

Una donde no hay rechazo explícito, donde no hay palabras duras, solo la ausencia de ellas. 

Y esa ausencia dolía más que ser tomado como una burla.

Sonic da un paso hacia atrás, otro… y luego otro. Miró con un sentimiento indescifrable al objeto extendido hacia él, como si le fuese algo imposible de comprender.

Bajó la mirada, apretando las manos en puños. Shadow seguía ahí, quieto, sus manos perdiendo la fuerza con cada centímetro de distancia.

Sonic sintió claramente la quemadura de los intensos ojos de Shadow en su espalda cuando se dio la vuelta. Oyó claramente al corazón contrario hacerse trizas cuando se alejó sin mirar atrás.

Shadow no lo sigue.

Lo deja irse.

El sol sale por completo de su escondite, subiendo por el final del extenso horizonte y esparciendo su luz lentamente sobre la pradera. Las aves volaron de sus hogares para comenzar un nuevo día mientras el aire fresco trae consigo un murmullo de despedida.

La luz añade matices al centenar de lavandas, acariciando las espigas violetas con un dorado tenue, como si quisiera consolar su fragilidad.

Las manos de Shadow descendieron a los costados de sus piernas.

No se movió en un buen rato, notando apenas las lágrimas resbalándose por su rostro. Al contrario de lo que creyó en un principio, una gran llovizna no se desplomó sobre él de golpe mientras rompía en llanto. No escuchó el constante y melodioso lloriqueo de las cuerdas de un violín. No quedó de rodillas. No hubo créditos en blanco y negro que le den un final trágico.

El amanecer mató a la penumbra, restando solo el eco de las sombras.

Antes creyó que la resignación sería la única forma de soportarlo.

Lo único cierto es que mentir lo llevó lejos.

El miedo se había vaporizado, reemplazado por la consciencia de un alivio brotante.

Le decepcionó que esa vez no hubo un abrazo para consolarlo. Aunque realmente no se esperaba recibirlo.

Por supuesto, eso no quitaba el hecho de que seguía doliendo.

Pero al menos su inquietud ya no le consume el pecho.

 

 

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