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Un único tú

Summary:

Cuando la federación tocó a su puerta por primera vez luego de incesantes intentos de comunicación Multi pensó que tal vez ellos realmente estarían interesados en escucharlo, en su lugar, se encontró con un híbrido cuyo rostro ya había memorizado como el de un amigo.
Multi deseaba algo grande, algo mucho más ambicioso que un simple trabajo atendiendo el mando de alguien más, él deseaba ser un igual de aquellos que parecían tener el control.
Lo único que recibió fue una tarea y un nuevo "sujeto de pruebas" que no parecía muy contento de estar ahí.
Luego estaba Quackity, que tenía como nuevo deber vigilar a un hombre cuya ambición podía llevarlo demasiado cerca del sol.
No deseaba hacerlo, ni siquiera por piedad o culpa, quizás lo que lo motivaba era su propia rebeldía, necesitaba cumplir su propósito, incluso si significaba aceptar el dolor que podría causarle seguir trabajando para la federación, para los personajes principales de sus pesadillas.
Ambos tenían una misión que completar.

Notes:

(See the end of the work for notes.)

Chapter 1: Bienvenidos a su nuevo hogar

Chapter Text

Desde que comenzó a ser consciente de quien era, la vida había sido así, oficinas blancas, pasillos interminables y deseos incesantes por un mundo más allá de todas las ataduras, de las pruebas, de los doctores cuyos rostros se habían vuelto cuadros constantes en las paredes de su mente, dañadas ya por el paso del tiempo.
Aveces, se sorprendía a si mismo alzando suavemente sus manos, tratando de sentir cerca algo lejano, tan ajeno, tan humano. Algunas veces lo que le detenía era el pensamiento de saber que no podría llegar a tocarlo y otras, los tubos conectados a su brazo a través de agujas que suministraban alguna clase de nueva tortura a su cuerpo. ¿Qué era eso que deseaba con tanto anhelo? ¿Por qué seguía tratando de alcanzarlo?
Él tampoco podía explicarse la razón de ese esmero, solo seguía alzando sus brazos en un ritmo ya memorizado, apuntando a las blancas estrellas de la habitación, como si pudiera sostenerlas entre sus manos, como si siquiera tuviera el derecho de atreverse a desearlo.
Esta vez no era muy diferente, nunca lo era. Isla Quesadilla había sido una lección para él y para la Federación, quienes comenzaban a darse cuenta de lo lejos que los isleños estaban dispuestos a llegar por su tan ansiada libertad.
Quackity los observó a todos con un rostro lleno de resignación cuando el abrupto final comenzó, la luces parpadeaban con un rojo brillante, las camillas eran movidas de un lugar a otro con una velocidad inhumana, las grabaciones distorsionadas y las voces atormentadas que bramaban los nombres de sus seres queridos. Pero tan pronto como aquella tormenta había llegado, desapareció, la existencia en esta tortura interminable comenzaba una vez más. Una nueva misión, un nuevo objetivo.
Cuando recobró la consciencia sabía que algo estaba mal con él, con su mente, pero, siendo honestos, ¿cuándo había sido de otra forma? Antes de poder procesarlo fue arrojado a una nueva tarea, un nuevo propósito, después de todo ¿qué es un Quackity sin un propósito? ¿qué somos todos sin uno?
Sus ojos parecían luchar contra la idea de volver a abrirse, temerosos de enfrentarse a la misma vacuidad de aquel edificio que solía llamar burdamente hogar, no lo era, ni siquiera se acercaba. Hogar, que palabra tan complicada de describir para aquel ser cuyo único sentimiento relacionado a la calidez, es su propia sangre sobre sus manos en una fría bolsa de plástico con etiqueta. Esta vez, lo que vislumbró fue una larga pradera; el césped se sentía suave bajo las yemas de sus dedos, no picaba, el cielo era de un azul brillante, el aire se sentía limpio y sagrado en sus pulmones, el sonido de las aves a la lejanía y las hermosas montañas que parecían saludarle con sus relieves. Dulce y brillante isla, que paraíso, así fue como se dió cuenta que la tortura había comenzado de nuevo. Una isla paradisíaca hecha para hacer a todos felices, el cielo en la tierra, la fantasía hecha realidad. No se sorprendió de ver a rostros conocidos, en lo absoluto, sabe lo mucho que la Federación disfruta de atormentar mentes dañadas. Lo único que resultó nuevo fue que esta vez no habían niños y, aunque al principio se mantuvo alerta ante el posible surgimiento de la idea, nunca llegó. No hubo una niña con un lazo rojo en la cabeza esperando fuera de su puerta para salir a recolectar sus flores favoritas, ni un infante con una camiseta de rayas esperando a su padre para salir de aventuras o andar en patineta, y aunque Quackity nunca lo admitiría en voz alta, muy en sus adentros, tenía la esperanza de volver a verlos.

Antes de llegar a la propia isla durante algún tiempo Quackity se preguntó qué debía hacer, como debía de actuar, si siquiera la gente que conoció seguía siendo la misma o todo rastro de quienes eran habían sido eliminados junto con sus antiguas familias y lazos. ¿Qué papel debería jugar? ¿con quién debería de acercarse? al final del día optó for una sencilla actitud.

Una vez que todo sucedió como debía y el barco se había estrellado en la orilla de la isla, Quackity finalmente tuvo el tiempo de observar con detenimiento a algunos nuevos integrantes, se les acercó con una sonrisa tan amigable como pudo, una actitud enérgica y con un tono de voz ligero.

"¡Amigos! ¿qué tal? ¿cómo están? Mi nombre es Quackity, ¿cuál es el suyo?" comenzó, con una voz alegre.

Algunos lo vieron con confusión. Acababan de experimentar un accidente y partes del barco donde habían estado algunas horas antes en dirección a sus vacaciones, ahora se encontraban dispersas en una isla abandonada con una torre gigante en medio. ¿Por qué este chico estaba tan tranquilo?

Algunos se dieron la vuelta, tratando de comprender la situación en solitario, sin embargo, algunos otros se comenzaron a agrupar cerca del área donde habían chocado.
Quackity observó a una de estas personas acercarse a él con una sonrisa ligera y despreocupada (aunque en sus adentros este mismo hombre estaba muriendo de la frustración). Era una persona joven con orejas de perro y el cabello dorado, fue el primero en responder su pregunta.

"Mi nombre es Nexe."

"¡Ah Nexe! lindo nombre, oye Nexe y tú ¿de dónde eres? preguntó Quackity con una sonrisa aún presente en sus labios.

"¡Mi amigo yo soy de Polonia!"

Quackity le sonrió. En la voz de aquel hombre se podía sentir el verdadero orgullo de pronunciar esas palabras.

"¡Oh! ¡¿Polonia?! Siempre he querido ir, ¿planeabas regresar en el barco o estabas saliendo por unas vacaciones de verano? preguntó Quackity, tratando de generar conversación.

"Estaba haciendo algunas paradas antes regresar..." Nexe se detuvo mirando hacia atrás unos segundos, al desastre que era anteriormente un barco. "Los accidentes pasan, o solo me pasan a mi."

Quackity soltó una risa ligera ante sus palabras.

"No estés demasiado triste mi amigo Nexe, en unos días seguramente llegará la ayuda y podrás volver a Polonia."

Era una mentira, una muy burda pero era lo único que Quackity podía ofrecer en un momento como este.

"Espero que tengas razón."

Pronto el lugar del accidente se llenó de gente gritando cosas sin sentido y risas ruidosas, Nexe se había alejado de Quackity unos momentos para hablar con sus amigos, quienes le habían acompañado en el viaje. Quackity solo les dedicó una mirada de reojo. Eran otros tres hombres, uno con orejas de panda, otro con lentes y un porte serio y por último, un hombre alto con un aura extraña que Quackity no pudo explicar. Tampoco se detuvo mucho a pensarlo, de todas maneras, todos aquí son un poco extraños, él lo sabe. Solo se limitó a despedirse de Nexe para seguir hablando con más gente, preguntándoles acerca de sus hogares, sus idiomas y sus culturas.

Cuando se topó con esos rostros conocidos les dedicó algunas sonrisas y palabras vacías, no había mucho que decir. Muchos quienes le habían conocido sospechaban de él, otros parecían indiferentes, o resignados. Para aquellos dispuestos a tener una conversación tranquila Quackity les dedicó tiempo, paciencia, pero supuso que nadie había obtenido lo que querían de él, ¿palabras de aliento? ¿respuestas? no tenía nada como eso.

Los primeros días en la isla se sintieron como un sueño ajeno para Quackity. Había estado visitando a Nexe y a sus amigos (aunque para ser honestos, estuvo visitando a todo el mundo) y algo dentro de él solo podía sentir culpa al observar como poco a poco las memorias de estas personas desaparecían junto con la llegada del amanecer. Sentía como su estómago se contraía cada vez que Nexe parecía dudar de sus propias anécdotas, como los nombres que antes eran tan claros en su mente, tan preciados, ahora parecían carecer de importancia. Aquellos que formaban parte de esos recuerdos solo existían en las lejanías de esta isla, sus rostros estaban destinados a permanecer en la mente de quienes les amaban como eso, recuerdos, ahora solo son sombras sin forma, voces silenciosas, quizás fantasías o alucinaciones para los más testarudos.

"¿Qué hay de tu familia?" preguntó Quackity, sentado en una roca, observando como Nexe seguía tratando de aplanar una parte del terreno dentro de la cueva.

Nexe pareció reflexionarlo unos segundos.

"¿Familia? Honestamente no recuerdo mucho de ellos. He estado viviendo con Ewroon, Graf y Multi casi toda mi vida," aseguró Nexe, mientras miraba como Ewroon y Multi peleaban por tercera vez en los últimos diez minutos, Graf estaba tratando de calmarlos a ambos como de costumbre. "Por desgracia para mi."

Quackity siguió la vista de Nexe. Aunque Quackity estaba sonriendo, algo dentro de él se preguntaba si esa respuesta era cierta, o si era solo el producto que la mente de Nexe había inventado, tratando de llenar los agujeros que se habían creado en su memoria.

"A veces me pregunto como lo aguantan."

"¿A Ewroon? personalmente no lo aguanto, lo tolero" aseguró Nexe, riéndose de sus propias palabras.

Quackity no se refería a eso pero claramente no se lo diría directamente. Si algo le habían enseñado es que muchas veces, la ignorancia es el mejor amigo de las personas, no todos necesitan buscar respuestas, mucho menos si las respuestas pueden llevarte a tu propia destrucción a manos de osos blancos sin cara.

"¿Y tú quackity?" cuestionó Nexe "¿Qué hay de tu familia?"

Quackity se limitó a sonreír y hablar en su típico tono burlesco.

"¿Familia?" Una risita salió de su boca ante esas palabras. "Mi buen, todo el mundo es mi familia. Aunque siéndote bien honesto, no me acuerdo."

Nexe rodó los ojos haciendo un gesto con sus manos.

"Ok Quackity lo entiendo, vamos a hacernos los misteriosos al respecto."

"¿Misteriosos? Ay, tú si puedes decir que no los recuerdas, claro, lo comprendo Nexe, me odias."

Nexe se limitó a reír por lo bajo, continuando con su pesada carga, ser el único en la cueva polaca que parecía estar trabajando. Eso es mucho decir, considerando que quien normalmente hacía estas cosas era Graf. Pero ahora mismo estaba demasiado ocupado encargándose de el problema conocido como "Evita que dos de los miembros se maten entre ellos".

Quackity observó de reojo la pelea, no entendía nada de lo que decían pero le parecía gracioso. El norte era famoso por ser ruidoso y porqué la única forma de comunicarse era a través de gritos e insultos pero ahora que lo veía bien, la cueva polaca no era muy diferente al norte en ese aspecto. Quizás no era bueno sentir familiaridad en una situación como esta, pero de todas maneras era chistoso.

Durante la mañana quizás se podría ver a Quackity en el Dutch cafe hablando con Jeremy o cualquier persona que estuviera ahí acerca de cualquier cosa, más tarde pasaría a saludar a Ewroon quien casi siempre estaba pasando por su propia aventura de la semana, aveces veía a Nexe pero se había vuelto menos frecuente porque el susodicho se la pasaba de aventuras por la isla, entonces no coincidían. Por la tarde visitaba al Norte a quienes oiría hablando de problemas con el Régimen o encontraría a Juan remplazando el anterior objeto de la paz con uno nuevo por quinta vez en la semana. Por la noche Quackity aveces salía de aventura, aveces se quedaba en el norte y otras solo pasaba el tiempo en su pequeño cuarto de cofres organizándolos o tratando de dormir.

Esta noche sin embargo, Quackity no se dirigió al norte, ni a su sala de cofres, ni siquiera de aventura, hoy Quackity decidió quedarse en la cueva polaca bajo la excusa de querer ver las estrellas. Ewroon le había hablado acerca de un lugar perfecto para verlas, en la cima de la cueva, donde las flores crecían lo suficiente para notarlas pero no demasiado para ser molestas. Donde el césped era suave y el aire fresco. Habían unas hermosas vistas al lago cerca de la cueva y a la mansión del norte aún en construcción.

Cuando se despidió de Ewroon por el día, Quackity subió poco a poco por el relieve de la cueva, tropezaba bastante pero no desistió. Tomó con fuerza las partes más externas de las rocas y aferrándose a sus asperezas logró llegar a la cima. En cuanto el viento ligero del verano acarició su rostro supo que Ewroon tenía razón, era un muy buen lugar para ver las estrellas.

Quackity solo necesitó de unos segundos para posar su vista en el cielo nocturno, ahí estaba. Se recostó sobre el césped, sintiéndolo bajo las yemas de sus dedos, ladeó su rostro para sentirlo aún más cerca de su piel, siendo acariciado con ternura. Su mano se posó sobre una flor cercana y olió con cuidado su perfume, era suave, casi imperceptible, pero ahí estaba.

En cuanto volvió a observar el cielo extendió su brazo en ese ritmo memorizado, nada lo detuvo. Se quedó ahí en silencio, mirando como las estrellas parpadeaban ligeramente y escuchando los cálidos ruidos de la noche, el ligero sonido del río en las orillas de la cueva, incluso el silbido del viento. Eso hasta que alguien interrumpió esa preciada paz.

Cuando Quackity volteó a un lado observó el rostro ya conocido de un miembro de la cueva, quien lo miraba con intensidad, absorto en sus propios pensamientos. Quackity retrocedió del susto, respirando con dificultad durante unos segundos antes de componerse y hablar tranquilamente.

"¡No mames! ¿¡Acaso no sabes como saludar?! ¡Casi me infarto!" alegó

Quackity lo conocía pero no podía decir que había realmente interactuado con él, normalmente era muy reservado. Ahora ahí se encontraba, enfrente suyo, con esos ojos que parecían ver a través de su alma. Multi.

El propio Multi dió un pequeño brinco por la inesperada reacción de Quackity antes de volver en si mismo, como si antes se hubiera perdido en un espacio diferente a este. Cuando se dió cuenta observó a Quackity con una mirada más tranquila.

"Lo siento, no esperaba ver a nadie por aquí" comenzó "Me quedé en silencio porque no quería interrumpirte, era interesante ver como parecías retorcerte contra el césped"

Quackity se tapó la cara de la vergüenza, no se supone que alguien viera eso.

"No sé de que hablas" aseguró Quackity.

Multi ladeó la cabeza y una sonrisa de formó en sus labios.

"Oh, lo lamento, puede que haya leído mal la situación. Simplemente digo que es curioso," Multi se acercó un poco más, sentándose al lado de Quackity, manteniendo su distancia. "No esperaba encontrar a nadie aquí."

Quackity se alejó de Multi, fue un movimiento involuntario, no algo liderado por el razonamiento.

"Yo tampoco," respondió molesto. "Así que supongo que me iré por ahora."

Multi miró a Quackity con confusión.

"¿No eres muy fan de la compañía?"

Cuando Multi dijo eso Quackity se vio forzado a quedarse quieto en su lugar, no podía dejar que esta fuera su primera impresión real en él. Seguramente iría por la isla diciendo algo como "No deberías confiar en Quackity, odia la compañía y es un grosero" antes muerto que lidiar con más rumores.

"No dije eso, solo me tomaste por sorpresa."

Multi volvió a ladear la cabeza. No cuestionaría sus acciones, por lo menos no ahora.

"Honestamente yo debería ser el sorprendido," Multi rió ligeramente "No esperaba encontrar a alguien en mi lugar de descanso ¿sabes?"

Quackity se sorprendió un poco al escuchar eso, sin embargo, casi de inmediato comenzó a maldecir a Ewroon en sus adentros, por supuesto que no le pareció relevante mencionarle eso. Debía de haberle avisado que se encontraría con alguien en lugar de quedarse callado, ahora Quackity estaba obligado a socializar.

"Ewroon no me mencionó nada como eso cuando me habló de este lugar. Además no veo tu nombre grabado en piedra" aseguró Quackity.

"No claro que no, ¿qué clase de persona graba su nombre en un lugar público?" Multi rodó los ojos al escuchar el nombre de Ewroon. "Por supuesto que no diría nada, siempre termina orillándome a esta clase de situaciones."

Quackity sonrió ligeramente.

"¿La clase de situaciones que te orillan a pelear por un lugar en el césped?" Quackity preguntó.

"Claro que no, el idiota siempre busca que hable con la gente y termino en situaciones vergonzosas por ello"

Quackity asintió, más para si mismo que para Multi, eso sonaba como algo que Ewroon haría.

"Entonces no eres mucho de socializar me imagino," dijo Quackity. "No me sorprende."

Multi arqueó una ceja ante eso.

"¿Y eso qué significa?"

Quackity sonrió.

"Te he visto por la isla ¿sabes? siempre alejado, hablando solo, mirando al infinito perdido en tus... siniestros pensamientos." decía Quackity, con una expresión burlesca en su rostro. "¡Seguro nos odias a todos en secreto! o bueno, no tan en secreto."

Multi se quedó en silencio por unos segundos, procesando las palabras de Quackity.

"Yo no odio a nadie, solo no estoy gritando y saltando por aquí y por allá todo el tiempo." aseguró Multi. "Aveces es complicado hablar con la gente."

"Mmm lo único que escucho es envidia." bromea Quackity.

"¿¡Qué?! ¿A que te refieres con envidia?"

"Así es amigo mío envidia. No todos nacen con mis increíbles habilidades de comunicación y carisma, pero puedo enseñarte si quieres."

Multi tomó su rostro entre sus manos, había comenzado a arrepentirse de quedarse aquí.

Quackity se acercó para darle palmadas en la espalda como señal de paz.

"Está bien, no estés triste John Multi, no estés triste."

Multi solo levantó la cabeza para observar a Quackity unos segundos con una mirada de resignación.

"Lo que tú digas, no importa."

Ambos se quedaron en silencio unos minutos antes de que Multi volviera a hablar, su voz ahora más compuesta, como casi siempre se le escuchaba.

"¿Y qué te trajo aquí?" pregunto Multi, mientras su vista se enfocaba la falda de la montaña, donde comenzaba la cueva.

"Solo quería ver las estrellas si te soy honesto."

Quackity se había vuelto a recostar en el césped dando un suspiro al verlas aparecer de nuevo. Volteó suavemente para observar como Multi parecía perdido, una mirada fría, como la que recibirías de una máquina, no un ser humano. Cuando lo vió no pudo evitar querer sacudirlo para traerlo a la realidad, pero se limitó a tomar parte de su manga para llamar su atención.

Cuando Multi sintió el agarre de Quackity por inercia trató de alejarse pero se quedó ahí, no se resistió demasiado. Multi no estaba realmente en alerta y eso lo confundía aún más. Al final terminó cediendo, recostándose en el césped junto a Quackity.

Multi solo había vuelto su vista a las lejanías de la isla hasta que Quackity habló con una voz suave y amable. No era un tono que Multi hubiera escuchado antes en él, se sentía demasiado tranquilo y eso era extraño viniendo de alguien tan ruidoso como era el contrario.

El híbrido alzó una de sus manos, su dedo índice subiendo suavemente seguido por su vista, tratando de guiar la de Multi.

"Multi estás viendo a la dirección equivocada." aseguró Quackity. "No puedes tener una vista como esta y seguir observando todo con ojos tan distantes."

"Estoy viendo las estrellas, como tú."

"No claro que no. No las estás viendo, solo finges hacerlo."

Multi suspiró pesadamente ante eso, ¿había reglas para mirar las estrellas?

"¿Se supone que debería ver algo en específico? preguntó Multi con clara confusión en su voz.

Quackity solo suspiró, no era pesado ni incriminatorio, quizás condescendiente.

"Supongo que no." Quackity entonces levantó su cabeza, sentándose lentamente en lugar de recostarse. "Supongo que las estrellas no son lo tuyo, entonces dime, ¿qué es eso que miras con tanta intensidad?"

Ante la pregunta Multi solo se encontró confundido, ¿por qué le interesaba saber eso? Pero no le molestó la pregunta, en lo absoluto, más bien era extraño pensar en la razón del porque parecía importarle.

"¿Por qué la pregunta?" cuestionó Multi.

Quackity solo rió, cosa que logró confundir a Multi aún más.

"¿Curiosidad? No estés tan a la defensiva, solo me interesa saber que pasa por tu mente."

Multi no responde de inmediato, cuando se compone lo suficiente vuelve a hablar. Su tono de voz compuesto y sereno.

"Solo estaba observando los alrededores, nada importante."

"Solo estaba observando los alrededores, nada importante." repitió Quackity en un tono de voz grave, imitando a Multi.

El imitado volteó a ver a Quackity con un rostro de genuina confusión, mezclada con frustración.

"¡Yo no sueno así!"

"¡Yo no sueno así!" respondió Quackity imitándolo de nuevo.

Multi solo pareció frustrarse más y comenzó a tartamudear ligeramente.

"Oh mírenme soy Quackity y me encanta hacer enojar a la gente" dijo Multi, tratando de imitar el tono de voz de Quackity y fallando miserablemente.

Quackity soltó una carcajada ante eso, lo que causó aún más frustración en Multi.

"¿¡De qué te ríes?!

Quackity solo volvió a reír, resulta que ver al serio Multi tratando de imitarlo y frustrándose es... bastante entretenido.

Multi se quedó en silencio viendo a Quackity reír durante unos cuantos segundos, sin comprender por qué estaba actuando así. No estaba realmente molesto, solo extrañado.

Se limitó a rodar los ojos y despedirse de Quackity mientras el híbrido seguía riéndose de su terrible imitación.

"Te veré luego Quackity..." aseguró Multi, mientras bajaba de aquella zona, en dirección a la cueva.

"¡Claro que sí John Multi! ¡Te estaré viendo por la isla!"

En cuanto Multi se alejó lo suficiente y pudo calmarse un poco, se dirigió a uno de los cofres donde guardaba su ropa y se preparó para dormir. Ya era demasiado tarde para él y no planeaba desperdiciar un momento más de sueño peleando con un adulto con mentalidad de adolescente.

Sin pensarlo demasiado Multi entró en una situación complicada con respecto a Quackity. Al principio solo lo ignoraba o pasaba de largo. A Multi nunca se le había dado bien hablar con la gente, así que cuando observó como las visitas de Quackity a la Cueva Polaca se hacían más frecuentes, solo lo ignoró. Volteó su cabeza y siguió concentrado en lo suyo.

Eso había cambiado desde hace unos cuantos días.

"¡Multi!" decía Quackity mientras se abalanzaba contra él, haciéndolo caer por las escaleras.

"¡Multi!" gritaba Quackity eufórico, observando a Multi hablando con Ewroon a la lejanía.

"Multi" susurraba Quackity aquella vez que ambos terminaron atrapados en un sitio estrecho de la cueva, por culpa suya.

Cada vez que Quackity visitaba la cueva terminaba gritando el nombre de Multi, peguntando por él, interesándose en sus proyectos, incluso buscándolo fuera de la cueva para hablar o pasar tiempo juntos. Multi no entendía por qué. Habían hablado por un día, una noche y ahora parecía como si se hubieran vuelto amigos en un día.

El problema era que Multi no estaba realmente molesto con la idea. Cada vez que veía al híbrido de pato por la isla lo saludaba de vuelta, no fingía no haberlo visto para escapar de la situación. Se alegraba cada vez que escuchaba su contagiosa risa y le gustaba verlo sonreír. De toda la gente en la isla, además de los integrantes de la Cueva Polaca, quizás él era con el que se sentía más cómodo al hablar, porque era sencillo.

No se veía obligado a analizar cada palabra, ni a buscar un sentido oculto a sus intenciones. Quackity parecía honesto, genuino. No estaba buscando algo con esta "amistad" ni quería aprovecharse de Multi para conseguir información o un posible aliado solo... genuino interés.

Eso también era problemático en cierta medida, porque Multi no podía predecirlo, no sabía que decir porque no entendía sus motivos. Quizás eso hizo que Multi aceptara con más facilidad a Quackity dentro de su rutina. No lo alejaba cuando comenzaba a gritar su nombre, no se negaba a ayudarlo ni trataba de evitar el contacto, solo era neutral y eso estaba bien.

Quizás si se hubiera mantenido de esa forma las cosas no hubieran terminado como lo hicieron.

Ambición, la propia palabra es tan grande por si misma que algunos temen mencionarla por el mal presagio que puede traer con ella. Ha llevado a grandes imperios a la cima del mundo, y a sus emperadores a los libros de historia, por el tiempo que hemos existido como humanidad. Por otra parte, ha dejado a los mejores hombres como fantasmas de sus historias arruinadas, imperios convertidos en cenizas y viejos murales sin significado.

Pero tan tentadora como es, también terminó llamando al hombre más ambicioso de este paraíso, Multi. Quien cayó en la profundidad de sus dulces palabras tal y como una polilla se ve atraída por el fuego.

Ambición, una palabra tan grande que por su naturaleza, es incapaz de caber en un cuerpo tan pequeño, en un cuerpo tan humano. Por eso Multi no pudo resistirse a la tentación de aquel fruto prohibido, pues desde hacía mucho que deseaba ser algo más, mucho más de lo que era.

Durante largas horas sin descanso Multi se dirigía a lo profundo de la cueva donde se encontraba su verdadero objetivo. Tomó herramientas y durante noches y días comenzó a excavar, a trabajar sin detenerse por un minuto y claro que Quackity lo notó, claro que todos aquellos cercanos a aquel hombre lo notaron

El primero en ayudar fue Nexe, quien dejó de lado sus aventuras momentáneamente para dedicarse por completo a este proyecto "especial."

Las visitas de Quackity seguían siendo frecuentes pero ahora cada vez que entraba a la cueva no se encontraba una pelea rutinaria, ni a un Graf sereno leyendo algún libro o deteniendo el alboroto, solo el sonido de máquinas infernales y susurros tóxicos.

Ewroon seguía hablando igual con Quackity, era esa misma actitud despreocupada, energética y divertida que Quackity había aprendido a apreciar. Graf seguía siendo tan amable y sereno como siempre, aunque también tenía su toque de extravagancia que lograba sacarle una carcajada. Nexe era el mismo tipo tranquilo que había sido desde el inicio, una persona realmente confiable. Y Multi... bueno él tampoco era tan diferente, solo se la pasaba encerrado más tiempo y Quackity lo entendía.

No, lo que había cambiado no eran ellos, lo extraño es que no pasaban tanto tiempo juntos y ahora cada vez que lo hacían, susurraban, sus rostros se volvían serios y el entorno era fúnebre. Eso no se podía obviar.

Quackity no había tenido la oportunidad de entender el cambio repentino pero no tardó demasiado en hacerlo, no por las mejores razones definitivamente.

Era una noche mucho más tranquila de lo habitual. Quackity había decidido quedarse en su sala de cofres para organizarlos luego de una larga aventura. Tarareaba una de sus canciones favoritas. Era ignorante a lo que sucedía pues sin darse cuenta, entre las grietas de su cuarto un terrible ente comenzaba a emerger.

"Buenas noches, mi nombre es Cucurucho, estoy aquí para hacerte unas preguntas."

Un escalofrío recorrió el cuerpo de Quackity al momento de escuchar esa voz desagradable. Se dió la vuelta topándose frente a frente con aquel ser, eso que lo había estado atormentando en sus pesadillas desde que tenía memoria.

"¿Preguntas?" cuestionó Quackity. Retrocedió unos cuantos pasos, chocando con unos de sus cofres.

Cucurucho dió unos pasos al frente, quedando demasiado cerca de Quackity, invadiendo su espacio. Extendió su brazo y le entregó un libro delgado con unas palabras escritas en sus primeras hojas.

"Tienes una misión que cumplir."

Quackity observó esos ojos vacíos, profundos y todos sus pensamientos acerca de escapar o negarse desaparecieron en ese instante. Nunca puedes negarte, no a él.

Multi había pasado su día entero haciéndose cargo de algunas cosas en el reactor, todavía estaba tratando de acostumbrarse a este lugar y estaba a punto de terminar por hoy puesto que el reporte ya había sido terminado, se detuvo al escuchar el golpe seco contra la puerta.

Cuando Multi escuchó a alguien tocar creyó que se trataba de Nexe, quien había ido a recolectar algunos materiales. Su sorpresa fue absoluta cuando en lugar de encontrar al híbrido de cabellos dorados se encontró a aquella criatura con la que había intentado comunicarse y a Quackity, juntos.

Estaba oscuro y aún así los ojos de este ser parecían ser un abismo eterno de silencio sin salida aún más profundos que la propia noche, al contrario de los de Quackity, que solo reflejaban genuina resignación.

Quackity fue forzado dentro de la oficina, siendo tomado por el brazo por Cucurucho quien lo mantenía cerca, como si su vida dependiera de ello, su agarre tan fuerte que las marcas rojizas ya comenzaban a formarse en la zona envuelta por su pelaje.

Multi observó con incredulidad y confusión la escena frente a él. Una sensación de incomodidad presente en la habitación, rota solo por la voz robótica de la criatura.

"Aquí tienes." fue lo único que pronunció.

Cucurucho volteó la cabeza, dió unos cuantos pasos antes de mirar de reojo a Multi, como si estuviera asegurándose de algo, desapareciendo entre las sombras de la noche con su sonrisa cocida en el rostro, dejando atrás a Quackity y una carta cuya primera frase causó que escalofríos recorrieran el cuerpo de Multi;

"La federación siempre está observando."

Así como había llegado desapareció y Multi solo pudo sentir sus hombros relajarse sin darse cuenta de que se habían tensado en primer lugar.