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uno más en la familia

Summary:

“No es que Jolyne odiara a Gyro, dejando de lado sus horribles chistes —de los cuales solo Johnny le encontraba la gracia—, su pésimo sentido de la moda y sus sosas canciones sobre comidas mediterráneas; sino el hecho de qué en cada reunión familiar estuviera presente y para Jolyne había algo más. Un secreto a voces que todos los Joestar parecían estar de acuerdo en ignorar. Excepto ella.”

🪞 ⁀ ˳ ⊹⠀" O: en donde Jolyne sospecha que Johnny y Gyro están saliendo secretamente. Puede que ella no este tan equivocada en sus conjeturas, aunque la respuesta es más absurda y tonta de lo esperado. "

Notes:

★. Es gracioso como todo el fandom GyJo hemos adoptado el headcanon de que Gyro es parte de los Joestar por aparecer en cada ilustración oficial, como si Johnny trajera a su esposo a las reuniones familiares y no quisera soltarlo (⁠◍⁠•⁠ᴗ⁠•⁠◍⁠)⁠✧⁠*⁠。

(See the end of the work for more notes.)

Work Text:

—¿Qué diablos hace él aquí? —Siseó Jolyne por lo bajo, mirando de reojo sobre el hombro del Joestar norteamericano, al hombre que estaba sentado en el sofa de la sala; charlando amenamente alguna tontería con el insulso de su tío Joseph.

Tener un torbellino en la familia ya era malo, peor si eran dos, pero como al bueno del abuelo Jonathan le gustaba tener a todos contentos, nada le impedía ser un poco indulgente. Todo el mundo sabía que casi nada hacía feliz a Johnny desde el accidente que lo dejó en silla de ruedas, por lo que aceptar en sus reuniones familiares a alguien que le hizo tanto bien en su momento más bajo, era lo menos que podía hacer Jonathan para que Johnny no se sintiera incómodo con esta reciente rutina veraniega.

No es que Jolyne odiara a Gyro, dejando de lado sus horribles chistes —de los cuales solo Johnny le encontraba la gracia—, su pésimo sentido de la moda y sus sosas canciones sobre comidas mediterráneas; sino el hecho de qué en cada reunión familiar estuviera presente y para Jolyne había algo más. Un secreto a voces que todos los Joestar parecían estar de acuerdo en ignorar. Excepto ella.

Johnny se encogió de hombros, tomando un escueto sorbo a su bebida fría.

—... Me ayuda con mi silla de ruedas y a moverme. De hecho, él fue quien me trajo aquí. —Respondió con voz monótona una vez que dejó de escudarse con el vaso de plástico en sus labios rectos, mirándola fijamente a los ojos.

Nada extraño en él. El hombre estaba acostumbrado a ser confrontativo, por lo que esto apenas se consideraba un paseo por el parque para él. Jolyne intuía que, internamente, se estaba riendo de ella. Así que tuvo la decencia de resoplar y mirarlo con reproche. La osadía de este tipo, quién se suponía era su pariente, le pareció casi impresionante. Aunque, en realidad, Johnny tampoco era de piedra. Su talón de Aquiles solía recaer en sus arrebatos emocionales, solo debía apretar los botones correctos.

—¿Ahora cuentas con asistente personal? —le preguntó ella, sonriendo con falsa inocencia para tratar de irritarlo.

Eso siquiera hizo que sus ojos azules se crisparán. Emitió un suave tarareo en contemplación, tomando sus palabras con cautela y recelo.

—Podrías decirlo de alguna forma.

Jolyne se rió de forma quedita, aguantando la carcajada. Si Zeppeli lo hubiera escuchado, ya se habrían peleado. Si algo había aprendido del hombre napolitano, que estaba pegado a su tío como chicle en el zapato, era que solía ser demasiado orgulloso y engreído para su propio bien. No perdonaba nada, incluso si se trataba de Johnny.

Y quizás por eso se entendían tan bien. Johnny odiaba la condescendencia. Aunque aquello venía más de sangre que por otra cosa.

—Dios, quién pensaría que tratas así a tu mejor amigo. —Farfulló Jolyne, tentando con su imprudencia al hombre joven que estaba frente a ella.

De nuevo, Johnny no se estremeció por sus palabras. Permanecía tan tranquilo que poco a poco estaba logrando sacar a Jolyne de sus casillas. Era difícil conseguir una emoción en ese rostro suyo que no fuera furia, hastío o melancolía visceral.

—Esa es una observación un tanto precipitada, ¿no te parece? —Dijo él sin cambiar su tono de voz, enarcando una ceja.

Detrás de ellos, las carcajadas de Joseph y Gyro ahogaban su conversación con su estridente tenor. A veces le producía dolor de cabeza. Tener a esos dos juntos era un peligro para la humanidad, pero a Johnny le importaba una mierda el destino de la tierra. Sus prioridades nunca coincidían con las de los demás Joestar.

—Solo digo lo que observó, no puedes culparme por eso.

Johnny resopló. Una amalgama que oscilaba entre una risa cojosa y un suspiro de irritación. Fue una pequeña victoria, bastante minúscula, aunque digna debido a la dificultad de hacer reír al más escueto y taciturno de la familia. Esperaba su merecida medalla después de esto.

—Supongo que tienes razón.

Jolyne enarcó una ceja dubitativa, mirando a Johnny sin comprender del todo.

—Pero eso solo es una fracción de nuestro vínculo. —Dijo Johnny, abandonando su bebida en la bonita mesa de caoba—. Nos tratamos como lo hacemos por una buena razón: él sabe el tipo de persona que soy, así como yo sé quién es él. De ser alguien más, créeme que jamás haría tal cosa, y Gyro está al tanto de ello.

La chica se removió un poquito incómoda en su asiento. Eso no sonaba precisamente muy fraternal, y Johnny lo reconocía en su ambigüedad.

—Puedes entenderlo; eres una chica muy inteligente, sé que lo sabes.

—¿Por eso lo traes contigo todo el tiempo a las reuniones familiares? —Preguntó ella en vez de darle la razón.

—En parte si, en parte no. —Y para sorpresa de Jolyne, Johnny sonrió. Una mueca suave que deslizaba de sus labios azules, penas imperceptible—. Le gusta regordearse. Es un narcisista.

—Y aún así lo traes contigo.

Él asintió, estando de acuerdo: —Y aún así, viene conmigo.

—Podría dejarte en ridículo si se atreve a contar anécdotas embarazosas sobre ti a la familia. —Comentó Jolyne, sabiendo cuánto odiaba su tío hablar de su pasado. Cuando era un adolescente rebelde y precoz, comiéndose al mundo por su antigua fama que lo hacía intocable en su momento.

La sonrisa de Johnny se hizo más evidente, más aguda y complacida.

—Yo también tengo algunas anécdotas suyas. Los dos podemos jugar este juego, así que no me tomes por alguien tan tibio.

—Apuesto a que es un bicho raro. —Farfulló Jolyne, bufando una risa a medias mientras tamborileaba sus dedos sobre el vaso que sostenía en sus manos.

—Lo normal. —Declaró Johnny, fijándose en sus uñas tornasol y pequeñas mariposas impresas—. Puede que yo lo sea más que él.

—¿En serio? No lo pareces.

Los ojos azules de Johnny se desviaron de sus uñas y volvieron a verla a ella, manteniendo esa sonrisa suya. Jolyne se dio cuenta de que también gustaba de pintarse las uñas, aunque prefería los tonos pasteles y las estrellas. De hecho, toda su ropa tenía parches o bordados o estampados de estrellas. Al menos a uno de ellos le gustaba recalcar su apellido.

—No voy a contarle todos mis pecados a una adolescente. Tu padre me rompería la cara de un puñetazo. —Espetó Johnny, sonriendo con sorna.

—Estuve en la correccional de menores, ¿sabes?

—Si, lo sé. Jonathan me lo dijo una vez; te habías robado un automóvil. —Contestó Johnny, volviendo a darle un sorbo a su bebida.

A Jolyne le sentó un poco mal que se tomará tal hazaña tan a la ligera. Quiso decirle algo al respecto, hacerle entender que ella era la delincuente de la familia, ignorando el hecho de que Josuke robaba carteras y quemó la casa de un reconocido mangaka; hasta que Johnny retomó la palabra.

—Es admirable —dijo, aunque carecía de malicia en su voz. Así que estaba siendo sincero—. Gyro y yo estuvimos a punto de ir a la cárcel en una ocasión... Bueno, en varias, si soy sincero.

—¿Qué? ¿Acaso robaron un caballo pura sangre de algún establo? —Inquirió Jolyne con alegría juguetona, sosteniendo sus mejillas en sus manos mientras apoyaba los codos en la superficie de madera. Bastante atenta a lo que decía. Era la primera vez, desde que se conocieron, que charlaban más de dos míseros minutos si no tomaba en cuenta los saludos cordiales cada vez que se veían.

—Nah. Nada de eso. —Dijo, haciendo un ademán de mano para restarle importancia—. Su buena suerte nos jugó en contra en las Vegas. Los sujetos del casino pensaron que estábamos haciendo trampa, aunque era de esperarse... Gyro consiguió ganar un millón de dólares en el póker, luego lo triplicó en la ruleta.

Los ojos de Jolyne se abrieron con notable sorpresa. Parpadeo un par de veces y miró a Johnny con algo parecido a la incredulidad. El hombre norteamericano se encogió de hombros, no estaba mintiendo.

—¿Y qué hicieron con tanto dinero? ¿Se los quitaron? Espera, ¿qué diablos hacían en Las Vegas? —Preguntó con obvio interés. Era demasiado bueno para dejar pasar la oportunidad de saber más sobre el reciente miembro de la familia, el que estaba al otro lado del mundo y no convivía con ellos hasta hace poco.

—Queríamos deshacernos del dinero lo más rápido posible, así que lo gastamos todo en una noche. —Empezó a relatar Johnny, cautivando a Jolyne con su narración carente de emoción. Cómo si relatará el clima—. Pedímos todo el buffet a la habitación... De hecho, alquilamos la mejor suit del maldito hotel. Compramos un montón de licor caro (que jamás pudimos consumir por completo), mandamos traer un sinfín de arreglos florales, pagamos para que nos hicieran trajes a la medida y me compró un reloj de marca para que estuviera, según él —Johnny hizo un ademán de comillas con ambas manos—, al pendiente del tiempo.

—... ¿Qué carajos?

Johnny asintió con la cabeza: —Se me rompió al amortiguar mi caída al suelo. Gyro estaba tan borracho esa noche, debiste ver su estúpida cara cuando en un momento él juraba que estaba en sus brazos, y al otro yacía en el suelo y dijo: "Ah, con que ahí diste a parar, Johnny. Creí que te habías desvanecido de mis manos"; y procedió a sonreírme con todos los dientes al descubierto. Tch, que imbécil.

Jolyne se aguanto las ganas de reírse en su cara por lo tonto que sonaba todo, aunque todavía seguía incrédula por menuda anécdota y Johnny lo supo con solo verla. Se le notaba con creces que no le creía en lo absoluto, pero estaba entretenida por sus disparates y por eso no se había ido a otro lugar de la finca Joestar. Después de todo, nadie podía vivir ese tipo de historia hollywoodense, ¿cierto?

—Pero dime: ¿por qué estaban en Las Vegas en primer lugar?

Johnny bufó con hastío, rememorando algo en su mente que nunca externó libremente a Jolyne. Al menos, no en su totalidad.

—Gyro siempre quiso turistear y sentir lo que él llamaba «el sueño americano». Spoiler: no le gustó en lo más mínimo. —Jolyne hizo una mueca, comprendiendo la situación—. Sobre todo cuando le pagó a un imitador de Elvis Presley; el muy idiota se cansó del rockabilly demasiado rápido, así que después le pagó a «¹Cianuro» para que nos cantará en su lugar. Una perdida de tiempo, si me preguntas.

—¿Cianuro? —Inquirió Jolyne con escepticismo latente, ignorando el reproche de Johnny—. ¿Quién o quiénes son esos?

—El tributo a Poison. —Respondió él con sequedad. Sin un ápice de vergüenza, ni tampoco de alegría.

El silencio se abalanzó sobre ellos en un lapsus momentáneo, la risas de Joseph y Gyro seguían acaparando la sala, creando un eco que sonaba ajeno y lejano a ellos. Entonces, Jolyne no pudo evitar reírse en voz alta y a expensas de su cara estoica. Por lo que la chica podía notar, Johnny ni siquiera estaba enfadado, sino todo lo contrario: parecía feliz de compartir un pedazo de su curiosa y mundana vida con ella.

—¡Debes estarme jodiendo! Mi padre escuchaba esa banda en su adolescencia. —Dijo Jolyne entre jadeos y risas.

—Te juró que no. Les pidió que cantarán «Nothin' but a Good Time» para nosotros, y yo también estaba demasiado borracho como para que me importará.

—¿Poison? ¿De todas las bandas de hair metal: Poison? ¡Dios, eso es tan cursi! —Exclamó Jolyne una vez que se recompusó, sentía las mejillas calientes de tanto reírse y sonriera como tonta. Escuchando, lo que asumía, las más locas vaciones de su tío y su amigo el médico que además, de alguna manera, era su roomie.

—Le gusta AC/DC y Mötley Crüe, así que no sé qué podrías esperar de él. —Johnny volvió a encogerse de hombros, mirando a su sobrina con la misma monotonía que ostentaba en sus facciones taciturnas.

Era sorprendente la densa compostura que demostraba, totalmente apacible y sereno a las circunstancias que le pasaron en compañía de un tipo tan extrafalario como lo era Gyro. Porque de ser verdad lo que le estaba contando, daba por hecho de que ambos se metían en problemas con regularidad.

—Bandas de rock para viejos. —Exclamó Jolyne, apesar de que Gyro estaba en sus treinta y Johnny tenía veintitantos.

—Te dirá que es él es un true, aunque apenas acaba de descubrir la música. Su padre lo educó con suma severidad, por eso es muy descontrolado. —Dijo Johnny en voz baja—. Ya probó los placeres hedonistas de mi país, ya no es el mismo de antes. —Y sonrió con la astucia sucia de un zorro.

Jolyne lo entendió de inmediato. Ese brillo pícaro en sus ojos, la soltura de su cuerpo y la serenidad de sus palabras. Este par de cabrones estaban muy metidos en su relación.

—Mierda, tú lo corrompiste.

—Nah, él ya venía defectuoso de fábrica.

—Ahora te estás excusando. —Espetó Jolyne—. Eres una mala influencia.

—Por favor, no le digas eso. Va a enfurruñarse, ya que no le gusta verse superado por alguien cinco años menor a él.

Y los dos se rieron, compartiendo una sonrisa cómplice que aliviano un peso en el pecho de Jolyne. Entonces no estaba imaginando cosas, así que eso le daba la razón. Debería hacer una apuesta con Josuke y Gappy, seguramente ganaría mucho dinero.

—Así que se fugaron a Las Vegas y están juntos por eso. —Unió los puntos Jolyne, despejando el panorama ambiguo que ellos dos manejaban.

Sin embargo, fue demasiado bueno. O simplemente, Jolyne asumió con rapidez y entendió mal, porque Johnny inclinó la cabeza y le miró con extrañeza.

—¿Fugarnos?

Ella se quedó callada, mordiéndose la lengua por la larga mirada dubitativa que le dedicó  Johnny.

—A Las Vegas, quiero decir.

—Ah, no. Te dije que él quería turistear; yo solo le acompañe para impedir que estafarán al idiota (aunque no sirvió de mucho, de todas formas).

Jolyne frunció los labios con molestia, enarcando una ceja.

—Por lo que me dijiste, suena más a boda clandestina que a una simple salida de amigos.

Los dos se quedaron en silencio, escuchando de fondo las alegatas y los gritos toscos de Joseph y Gyro. Seguramente, peleándose por alguna tontería sin importancia.

—Somos amigos. Muy íntimos, pero nada más.

—Vives con él. En un departamento, juntos.

—Si, así podemos ahorrar. Es muy caro pagar el alquiler de un departamento, no sabes cómo ha subido la renta estos últimos años.

—Se fueron de vacaciones.

—Somos un par de perdedores y no tenemos muchos amigos, salvó conocidos del trabajo. ¿Cómo diablos me vería pidiéndole a mi vecina de catorce, Lucy, que fuera de vacaciones conmigo? Suena horrible. —Se excusó Johnny con una retórica que le parecía sensata en su mente, pero que a Jolyne le sentó burda y estúpida.

La chica rechinó los dientes dentro de su mandíbula tensa, observando a su querido tío con molestia enervante. ¿Qué diablos le pasaba? ¿Por qué actuaba como si escondiera algo tan obvio?

—¡Lo traes a convivir con la familia! —Gritó alzando un poco la voz, harta de ver esa indiferencia en su rostro mientras daba puntos sustentables a su aparente relación secreta.

Fue una verdadera suerte que nadie se haya detenido en tomarles atención, porque Johnny no querría justificarse y Jolyne odiaba acaparar las miradas cuando hacía algo imprudente.

—Tranquilizate —le dijo Johnny. Observando sus hombros tensos y sus labios fruncidos—, solo te estoy tomando el pelo. Es divertido dar respuestas contradictorias y ver el mundo arder.

Jolyne sintió que la sangre le hervía debajo de la piel, así que no lo pensó dos veces para levantar la mitad de su cuerpo, estirarse hacía el frente y asestarle un duro golpe en el hombro al hombre rubio. Johnny resopló, conteniendo un siseo adolorido. Nadie le había mentido cuando le dijeron que Jolyne tenía la mano pesada como Jotaro, su padre.

—Que cabronazo. —Le dijo indignada, volviendo a sentarse—. Eres un maldito sádico.

—Suelen decírmelo a menudo. —Contestó Johnny, sobándose la zona afectada.

—Tú y él tienen un sigular sentido del humor. Y lo digo con todo el afán de ofender.

—Bueno, lo tomare como una especie de cumplido.

—Como sea, ambos son idiotas. —Suspiró Jolyne con desgano, mirando a su tío ya más calmada.

Johnny, por otra parte, ya no sonreía, pero el brillo juguetón en sus ojos azules demostraban lo mucho que disfrutó ponerla de los nervios. Jolyne supuso que Johnny era más astuto (y cabrón) de lo que pensaba. Aún así, la duda persistía en su mente.

Se aclaró la garganta, tomando fuerza de voluntad a expensas de saber que Johnny podría tomarle el pelo, y le preguntó lo que carcomía sus pensamientos en cada reunión familiar en la que asistían él y Gyro.

—Entonces, ¿estás casado con él?

De nuevo, el silencio se asentó entre ellos por unos minutos. Johnny presionó sus labios en una línea delgada, desprovisto de cualquier atisbo de alegría en sus ojos melancólicos.

—Recuerdas que te dije que estábamos muy borrachos, ¿verdad?

Jolyne asintió, Johnny dio un largo suspiro.

—El idiota tomó nuestra acta de matrimonio. —Dijo escueto, sin adornar nada. La chica permaneció callada, expectante. Viendo como, milagrosamente, sus mejillas se teñían de un suave sonroso—. Me dijo que no había devoluciones... Y procedió a romper el acta frente a mis narices. Así que, en teoría, estamos divorciados.

Y Jolyne no pudo más. Su risa acaparó toda la sala, asustando a los presentes que rondaban por allí. Mientras que Johnny se ajustaba el gorro de lana y estrellas sobre su cabeza, rectractándose de haber admitido algo tan vergonzoso y desear regresar el tiempo atrás, antes de que otra persona supiera lo tontos que eran Gyro y él. Porque solo a él se le ocurría traer al imbécil de su ex esposo a las reuniones familiares.

Aunque Jolyne no tenía porque saber que tenía el anillo de compromiso que Gyro le dio debajo de su suéter azul celeste, colgado a una delgada cadena de plata que estaba alrededor del cuello y mantenía recelosamente escondida como un tesoro. Sería una grata sorpresa para todos enterarse que se casaría (otra vez) en algunos meses.

Porque estaba de más decir que Gyro ya formaba parte de la familia Joestar.

Notes:

★. Espero que les haya gustado (⁠´⁠∩⁠。⁠•⁠ ⁠ᵕ⁠ ⁠•⁠。⁠∩⁠`⁠)
¡Muchas gracias por leer! (⁠*⁠˘⁠︶⁠˘⁠*⁠)⁠.⁠。⁠*⁠♡

¹ Es una referencia a un capítulo de los Simpsons, donde Otto se iba a casar y trajo a Cianuro (tributo a Poison) para su marcha nupcial.