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Bathroom.

Summary:

Brand sabía que existía un Dios, era tan creyente de su omnipresencia que agradeció a este mismo por haberle dejado llevar a ese baño a Matthias Czernin y por haberlo puesto en su vida, con esa personalidad, cuerpo y sabor que lo volvían un hombre demente que nada más podía ser controlado al estar en la palma de su amante.

Notes:

(See the end of the work for notes.)

Work Text:

Una constante dependencia no era bueno para ninguna persona en su sano juicio, pero, ¿acaso ellos dos estaban en sus cabales?

 

La respuesta corta es: no.

 

Florian, quien perdió a su familia cuando tenía la corta edad de 12 años y había sido adoptado por una familia que si bien era amorosa en demasía y a quienes le tenía aprecio, no se comparaban en lo absoluto con sus padres biológicos. Él era delegado de la clase, siempre correcto, un milagro y héroe ante la vista de los demás; pero todo aquello era una apariencia para ocultar lo retorcida que era su mente. 

 

Matthias, aquel que sentía que las desgracias lo acompañaban a donde quiera que él fuera. La sombra de su hermano menor, la timidez en persona. Siempre era el último en salir del salón y no tenía relaciones cercanas con nadie hasta que llegó Florian, de un curso inferior, y llenó su vida de preguntas y nuevos amigos con lo que no se acostumbraba a estar aún.

 

Ninguno de los dos tenía el control de sus sentimientos, ni emociones, ni relaciones. Solo era jóvenes que se dejaban llevar por sus hormonas, y siempre que se alejaban, volvían a sus brazos una y otra vez. Todas las semanas se repetían a ellos mismos que debían sanar antes de estar juntos y que ya era momento de acabar con ese círculo vicioso del que eran parte, pero era tan difícil abandonarlo cuando sus labios eran tan deliciosos y sus manos se sentían tan bien. Y era aún más difícil cuando se amaban tanto.

 

Bueno, tampoco es que ellos supieran mucho de la vida y de lo sano. Vamos, ¡Tenían 17 y 18 años! No eran lo suficientemente maduros para siquiera establecer una relación seria. 

 

"Florian..." Dijo en un jadeo ahogado Matthias, con su cuello siendo devorado ferozmente por la casi experta boca de Brand, quien besaba y mordía como si fuera su última cena, asegurándose de marcar cada parte de esa piel con el fin de recordarle quién era el único que podía complacerlo como le gustaba. "Espera... Espera, estás demente." 

 

Con un empujón, lo alejó de su anatomía, sin importarle que realmente no podían estar tan separados debido al estrecho espacio que era ocupado por sus cuerpos. Estaban en el baño del instituto, todos se encontraban en clases excepto ellos dos; y quien verdaderamente conociera a estos especímenes, ya se imaginaban lo que hacían.

 

"Matty... No seas tan cruel conmigo." Murmuró el rubio, plasmando un puchero en sus labios y usando esa mirada de perrito que sabía que podía convencer al otro joven. "Ya pasaron tres días desde la última vez, tuve que arrastrarte para tener un poco de tu atención, ¿y así me tratas?" Y acompañado a sus palabras, dio un paso para volver a juntar sus cuerpos. "Por favor, muñeca. Prometo hacerte sentir en el cielo." 

 

"No, Florian. Estamos en el colegio, ¿estás loco?" Su voz era un susurro, ya que no quería ser descubierto. Le miraba con el ceño fruncido pero el rostro enrojecido, su respiración estaba agitada y tenía el uniforme desarreglado en consecuencia de todos los roces que tuvieron minutos atrás. Sí, se había dejado llevar, ¡pero no era su culpa! Creyó que cuando Florian lo había llamado al baño, era por otra cosa y no por el hecho de que necesitaba contacto piel a piel.

 

Pero, maldita sea. Estaría mintiendo si dijera que no lo deseaba también. Lo necesitaba, como al aire para respirar. Anhelaba más de sus besos, de aquellas caricias, anhelaba sentir las manos en sus piernas y los labios sobre sus labios o zonas más íntimas. 

 

"¿Y eso qué importa? Todo el mundo está en los salones." Insistió, acariciando su parte favorita del moreno: esas hermosas piernas que le estremecían y erizaban hasta el último de sus vellos. "Te conozco. Sé que deseas esto tanto como yo." Matthias, quien era el mayor de los dos y quería mantener un papel de responsable, negó varias veces con la cabeza antes de hacer un intento frustrado de salir. "Te lo suplico."

 

Oh... ¡Oh! No, por favor. Esas palabras no, mucho menos en ese tono. 

 

Czernin inhaló aire muy profundamente, con sus ojos cerrados y las manos hechas puños. Él, quien era débil ante Brand, estaba teniendo demasiado autocontrol hasta ahora, pero esas palabras colaron en lo profundo de su alma para hacerle jadear. 

 

Florian se caracterizaba por mantener una actitud vivaz, siempre alegre y nunca doblegante, pero cuando se trataba de su hermoso enamorado... Santos cielos, nada más su amado Dios, en quien era fiel creyente, sabía lo desesperado que se volvía cuando ambos estaban juntos. Era como si una fuerza mayor y magnética luchara para mantenerlos juntos. El rubio amaba que incluso el tiempo se pusiera de su parte para poder estar junto a él. Heh, ¿ambos llegando tarde a clases? Bueno, tal vez no era todo a causa del tiempo, quizás Brand también manipuló su propia llegada a voluntad al notar que el moreno no iba a la hora de siempre. Una pequeña mentirilla piadosa para estar a su lado, a solas... No lastimaba a nadie, ¿o sí?

 

"Por favor, muñeca. Te lo ruego." Claro que el rubio sabía claramente lo que hacía, y por eso mismo se arrodilló en el cubículo del baño, frente a su amante, en medio de sus piernas, las cuales acariciaba mientras le miraba con rostro necesitado. "Será rápido. Te lo prometo. Solo-..." 

 

Matthias tenía sus razones para negarse. Él sabía que no era correcto intentar tener sexo en un lugar público, mucho menos teniendo en cuenta que ambos habían llegado al acuerdo de no más sexo hasta que sanaran sus heridas emocionales. Pero, ¿qué podía hacer? Su ejemplo de relaciones no era el más sano tampoco, pues sus padres a pesar de que se amaban, amaban más al dinero y a Louis. Pero no a él. No sabía lo que se sentía la estabilidad, aunque... Bueno, no tuvo mucho tiempo para pensar en ello, pues los besos en su plano vientre lo sacaron de sus pensamientos, obligándole a bajar la mirada. 

 

"No pienses en eso. Estás aquí conmigo ahora." ¿Cuándo Florian le había subido la camisa blanca del uniforme? No lo recordaba, pero este parecía estar bastante orgulloso de haber sacado al moreno de sus pensamientos. "¿Puedo?" 

 

El británico estaba emocionado, desesperado, incluso. Ya ni siquiera le importaba la incomodidad que le generaba el dolor en sus pantorrillas al estar agachado, pues era peor la sensación entre sus pantalones. Su miembro, endurecido, estaba apretado con fuerza y ansiaba por salir al aire, pero no. Su misión principal era hacer que Matthias cediera, por ende, no detuvo sus besos, y en su lugar, lamió también el vientre, deleitándose con su sabor. 

 

Mhm... Quizás no había probado cada una de las delicias del mundo, sin embargo; estaba seguro que ninguna podía compararse al delicioso sabor de su amado Matthias. 

 

Claro, consentimiento, pensó el moreno. Florian nunca haría algo que Matthias no quisiera y por ello cada vez antes de dar un paso mucho más allá, le preguntaba. Lo mismo pasó cuando tuvieron su primera vez, el día que entregó lo más puro de sí mismo a alguien más y el momento en el que descubrió lo que aquellas manos tan cálidas podían hacer y deshacer. Podían hacer olas de placer y podía deshacer los demonios que lo atormentaban. Tonto Matthias, marioneta estúpida; cayó una vez más en los encantos del hombre de ojo ambarino.

 

Tal vez por eso fue que pronunció las siguientes palabras: 

 

"Puedes."

 

Y como si aquello fuera el interruptor que encendía cada una de las alertas de Florian, una sonrisa de victoria se formó en sus labios. Ugh, qué vergüenza sentía, cediendo una vez más a él y su toque, ¿no era patético? No tenía ni siquiera la voluntad de mantener una decisión firme porque venía este zorro andante a derrumbar cada una de sus barreras con una mirada. Era estúpido el cómo caía tan fácil ante él.

 

Era estúpido cómo sentía su intimidad tan húmeda y era estúpido cómo anhelaba poder alcanzar el placer innombrable con ayuda de sus labios y lengua, ¡era estúpido que se estuviera dejando llevar por la idea de querer tener intimidad en un baño público! Y peor aún, del colegio en el que estudiaban. Pero nadie podía culparlo, porque Florian era como aquella droga peligrosa de la cual quería deshacerse, pero jamás podía por lo adictiva y necesaria que se había vuelto en su vida. ¿Acaso él pensaba lo mismo? 

 

Sí. Florian lo necesitaba como al aire para respirar, necesitaba su voz, su calor, anhelaba su toque y sus miradas, deseaba su sabor, su olor. Lloraba cuando percibía su ausencia y deseaba siempre su presencia, como si fuera dependiente de él —que sí lo era— con cada paso que daba cotoneando esas hermosas caderas que lo enloquecían. 

 

"Dios mío, eres precioso..." Algo que caracterizaba al rubio, era la forma en la que nunca podía callarse, ni siquiera cuando estaban en momentos tan íntimos como este. "Te necesito tanto. Matty... Mi Matty, mi muñeca, ¿me deseas tanto como yo a ti?" 

 

Con el pasar de sus palabras, aquellas manos escurridizas habían encontrado su camino hasta el borde del cinturón del moreno, y en un movimiento fugaz y casi avezado, se deshizo de la hebilla, el botón y la cremallera. Era como si mil hormigas recorrieran su epidermis en el momento que esas falanges se deslizaron por la piel casi desnuda de sus caderas. En ese momento, se arrepentía no haberse puesto una ropa interior más adecuada. ¡Matthias, tonto! ¿Cómo ibas a usar unas simple bragas negras? ¿Sin ningún tipo de detalle? Al menos, un poco de encaje, ¿no? 

 

"Quiero devorarte entero." Y aún así, aquella era la vista ideal y perfecta para Florian. No le importaba si Matthias algún día se llegaba a aparecer en sus encuentros con algún traje raro, pues para él, seguiría teniendo el cuerpo más sensual de todo el condado, del mundo entero. Aún cuando aquellas cicatrices decoraban como un constante recordatorio del dolor. 

 

Cumplió sus palabras, y haciendo las bragas negras a un lado, como si estuviera manteniendo la puerta abierta, se hundió en su sabor. 

 

Brand sabía que existía un Dios, era tan creyente de su omnipresencia que agradeció a este mismo por haber puesto a Matthias Czernin en su vida, con esa personalidad, cuerpo y sabor que lo volvían un hombre demente que nada más podía ser controlado al estar en la palma de su amante. Era un milagro tenerlo a su lado, una auténtica obra de misericordia hacia su persona, como un premio al primer ganador o al guerrero más valiente de ardúas batallas.

 

Su lengua, ágil, se desplazó de arriba hacia abajo entre esos jugosos pliegues, llevándose cada una de aquellas gotas de dulce rocío que calmaban su sed luego de días de abstinencia. Besó, inhaló, y decidido a generar mayor placer a su adorado, chupó su clítoris con una fuerza que le hizo sentir el estremecimiento en compañía del gemido que notó cómo trataba de ocultar al morderse los preciosos labios. 

 

Matthias era como el ángel que vino a guiar su estadía en la tierra, y él, un humano rendido ante sus propios impulsos, no podía evitar tener la necesidad de hacer feliz a quien había traído pureza en medio de la nube oscura en la que vivía. 

 

Y si su amado Dios lo consideraba un pecador por dejarse caer en la tentación del placer incontrolable, aceptaría la condena de ser un pobre diablo siempre y cuando le dieran a probar del fruto prohibido que gozaba con gracia. 

 

"¿Quieres más, muñeca?" Sabía la respuesta, pero quería la confirmación. Se mordió el labio, usando dos de sus dedos para acariciar la estrecha entrada que tantas veces había tenido la dicha de haber explorado, antes de subir y masajear el clítoris hinchado con precisión. Su otra mano, tomó la ventaja y se posó detrás de la rodilla de quien se mantenía de pie, dándole la finalidad de subirla sobre su hombro y tener de esta forma mayor acceso a esa vulva húmeda, decorada con escasos vellos sobre su monte de venus.

 

La posición que tenían no era la más cómoda, pues Czernin se mantenía de pie, pantalones abajo y camisa desabotonada para enseñar su vientre delgado con una que otra cicatriz. Era cansado mantenerse en una sola pierna, teniendo de apoyo una débil pared de un cubículo público y el hombro de su enamorado. Aunque, bueno, también una de sus manos se sostenía y centraba en acariciar y jalar una que otra vez los mechones rubios.

 

Mientras tanto, Florian, como si fuera un perrito faldero que esperaba las órdenes de su amo, se mantenía de rodillas, con sus manos apretando los bellos muslos alrededor de su anatomía en lo que sus labios besaban sin descanso ni pudor alguno el interior de las piernas ya bien conocidas, subiendo poco a poco hasta llegar al punto deseado: su entrepierna. Quiso succionar una vez más y acompañar sus acciones con la movilidad de sus dedos, pero...

 

"F-Florian..." Llamó antes de que este se pudiera poner boca a la obra de nueva cuenta. El joven de ojo avellana levantó el rostro, fijándose en la expresión suplicante impropia, hecha por él y que le generaba tanto orgullo. "Tengo una mejor idea."

 

De acuerdo, eso no se lo esperaba. Usualmente Matthias nunca tomaba la iniciativa, por lo que le miró con un gesto de sorpresa, ojo y boca abiertos. Parpadeó varias veces, y en lo que menos se dio cuenta, ya el hombre mayor no estaba entre sus brazos. Negó varias veces con la cabeza luego de unos segundos, y al salir, se encontró a su adorado pasándole pestillo a la puerta del baño, encerrándoles dentro. Podía escuchar los murmullos de los estudiantes en los salones y los gritos estresados de los profesores.

 

"¿Por qu-...?" No acabó su frase, pues su mandíbula cayó al suelo en el instante que Czernin se subió sobre los lavabos del instituto, con el pantalón del uniforme en el suelo y sus bragas negras colgando de uno de sus pies, pero con las piernas abiertas para él, como si le estuviera presentando el más dulce de los manjares del universo en sí. Tragó saliva, y con pasos lentos, como si fuera un hombre poseído, se acercó.

 

"El espacio era muy pequeño." Se defendió Matthias antes de que le cuestionaran acerca de su decisión, volteando a otro lado con el rostro rojo como el campo más bello de las amapolas. "N-no te quedes ahí parad-"

 

No terminó de hablar, porque aquella mano sosteniendo firmemente sus mejillas para recibir un beso desesperado lo sacó de lugar. Florian lo estaba besando como nunca antes, con una desesperación que pudo sentir y corroborar al escuchar la hebilla de su pantalón ser soltada. Estaba desnudándose de la parte inferior también, quería sentirlo, quería unirse a él y todavía no era capaz de creerlo aún luego de tantos encuentros sexuales.

 

"Eres mi perdición, ¿lo sabes?" Sabía que eran muy jóvenes, pero, ¡maldición! Dejaba de llamarse Florian Brand si este hombre con cuerpo de musa a su disposición, no era aquel con quién debía pasar los restos de sus míseros días. "Tan tentador..." Ya había liberado su miembro, goteante de líquido preseminal en la punta. Su lengua lamió los labios delgados, mientras que una de sus manos, traviesa, se deslizó a paso lento pero decidido al torso del mismo. 

 

"Haz silencio..." Quiso ordenar el delgado hombre, pero su propio nerviosismo por ser descubierto ocasionó que saliera más bien como una petición. Tenía la respiración agitada, y solo alcanzó a esconder el gemido que nació de su garganta al morderse la lengua. Estúpido rubio, había tenido la osadía de apretar uno de sus pequeños pechos a través de la tela blanca que lo uniformaba. "N-no hagas es-" 

 

"Pero Matty..." Le interrumpió. "¿No fuiste tú el que me pidió hacer algo? ¿Lo que sea?" Con cada palabra, la punta de su virilidad se rozaba contra la entrada estrecha y húmeda de ese sexo ansioso. Le miraba con una sonrisa, y acompañado a esos roces y amenazas de meter toda su extensión, usó sus dedos para pellizcar el pezón que había encontrado. "Es que te ves tan lindo cuando estás así." 

 

No sabían cuánto tiempo llevaban escondidos en el baño, pero lo que sí sabían, era que tenían que apresurarse. ¡El receso no tardaría en llegar! Y ninguno de los dos estaba dispuesto a dejar las cosas a medias. Tal vez, guiado por esa misma necesidad, fue que Czernin tomó entre sus propias manos el miembro del menor, ajustándola directamente contra su hoyo deseoso. Lloraba por su intromisión, y sabía que en cualquier momento llegaría al punto de la desesperación si no obtenía lo que quería. 

 

"Mételo ya." Qué débil salió su voz, pero no le importaba, lo principal era hacerle saber a su amante que no podía esperar durante mucho tiempo más. Le avergonzaba tener que mirarlo, es más, ¡ni siquiera le gustaba ser observado en situaciones así! Pero la firme mano atrapando sus mejillas le impedía poder ocultar sus facciones. Él no se consideraba guapo, mucho menos atractivo de ninguna forma, pero para Florian... Una simple mirada de Matthias era suficiente para hacer que se pusiera duro. 

 

Hizo caso a sus órdenes, y luego de jugar por un momento más, al fin, introdujo el glande en su estrecho sexo. Ambos hombres suspiraron con gusto, el moreno con sus ojos cerrados y cejas fruncidas por el placer, y el rubio guardando en su memoria cada una de las expresiones impropias. 

 

"¿Cómo se siente?" Hizo aquel cuestionamiento, entrando más poco a poco, de forma tortuosa, casi como si quisiera obligar a su amante a tomar la iniciativa otra vez. No podían culparlo, pues amaba ver a su Matty empleando una actitud en la que exigía lo que quería. "Me gustas tanto, tanto..." 

 

Pero de algo sí era culpable Florian, de la impulsividad que no podía controlar cuando se trataba de complacer a este hermoso espécimen. Por ende, sus caderas progresaron, luego retrocedieron, y así un par de veces más, con la misma lentitud. Quería tantear el terreno, necesitaba saborear este momento, hasta que:

 

"Te necesito." Ay, esas palabras... Czernin sabía muy bien lo que hacía, tenía completo conocimiento de cómo reaccionaba Brand ante sus súplicas desesperadas, y bueno... Tampoco es que el rubio pusiera un límite al respecto, ¿cómo lo haría? Si la dulce voz susurrada de su Matthias era como la bella coral del reino de los cielos. ¿Y sus brazos? ¿Aferrándose a su espalda como si fuera lo único que podía mantenerlo cuerdo o con vida? Podía jurar que en cualquier momento iba a explotar si no lo complacía como debía pronto. 

 

Unió sus bocas una vez más, con la excepción de que su mano libre, esa que no se mantenía firmemente en su rostro, bajó hacia las caderas para sostenerlas con fuerza en el segundo que inició un fuerte vaivén, entrando y saliendo de él como si aquello fuera a darle la cura a los peores de los males existentes en el mundo. 

 

"Shhh... Mantente en silencio." Dijo Brand, aunque Matthias sabía que no había cosa que quisiese más que todo el mundo les escuchara para reafirmar que estaban juntos, y, según Florian, para que ningún otro hombre tuviera la osadía de intentar ligar con él. El estudiante de mayor edad creía que eso no llegaría a suceder ni en sus mejores sueños o en las peores pesadillas del rubio, pues insistía que no era alguien socialmente atractivo. Mucho menos de forma física. 

 

Pero, daba igual, ¿no? Por supuesto que sí, sobre todo ahora que tenía al chico más popular del instituto enterrado en su interior, follándolo como a nadie más lo haría, porque a Florian no le importaba otra persona que no fuera su amante. 

 

El sudor corría por los cuerpos ajenos, el cansancio comenzaba a ser abrumador, y el pulgar del rubio dentro de su boca le impedía pronunciar palabras con claridad, pero evitaba y callaba aquellos gemidos que le avergonzaba soltar, pues su sexo estaba siendo brutalmente abusado. Y aunque en otra oportunidad lo hubiera negado, la verdad es que en este instante hasta confesaría lo mucho que amaba sentir el contacto piel con piel con el hombre que se llevaba cada uno de sus suspiros.

 

Los ojos de Matty se mantenían fijos en las expresiones de Florian, mientras que este último observaba la unión húmeda de sus cuerpos con un gesto lleno de victoria por haber conseguido lo que quería. El orgasmo se aproximaba, lo sabía bien por el cosquilleo que su vientre sintió, y quería que su amado llegara al climax con él. Es pensamiento fue su impulso para llevar los largos dedos hasta su vulva maltratada, y así, atacar el clítoris que se asomaba entre los pétalos que abusaba. Rió por la reacción de su novio-no-novio, y sin detenerse, bajó los labios hasta su cuello, enterrándose ahí como un hombre hambriento. 

 

La ola orgásmica al fin los alcanzó a ambos, pintando las paredes internas del mayor con blanco mientras le sostenía cual tesoro más caro. Para callar los gemidos, Matty tuvo que usar una de sus manos con el fin de cubrirse la boca, mientras que Brand mordía con fuerza aquella dersa piel hasta dejarla carmesí. 

 

"Te tengo, muñeca." Recordó el delegado, limpiando el sudor de la frente morena; claro, no sin antes haberle regalado una larga lamida desde el cuello hasta su mejilla, llevándose su sabor. Otros lo considerarían asqueroso, Florian creía que era íntimo. 

 

El timbre sonó, alertándolos a ambos de la llegada del recreo. Ni siquiera les había dado tiempo de descansar. 

 

"Heh, justo a tiempo. Mi plan salió a la perfección." Soltó una risita el rubio, aún enterrado en la sensible vagina de Matty, quien le observó con el ceño fruncido. Eso había confirmado sus sospechas, él ya tenía esto planeado. 

 

¿Florian llegando tarde a clases? ¿Al mismo tiempo que Matthias? Nah, increíble. Algo era raro.

 

"¿Tú planeaste todo esto?" Dijo el moreno. 

 

"Se dice gracias. Te acabo de dar el mejor orgasmo de tu vida." Respondió juguetón.

 

Lo siguiente que sintió Florian, fue un golpetazo en la coronilla de su cabeza.

Notes:

"¿Florian?" Llamó Matthias, ya vestido. Aunque le habría gustado cambiarse de ropa y limpiarse, era imposible teniendo en cuenta la ubicación.

"¿Mhm? ¿Qué pasa, muñeca?"

Matthias le volvió a ver, su rostro estaba pálido y se notaba que estaba a nada de entrar en pánico.

"La puerta no abre." Ya lo había intentado de todo, incluso con las llaves que Florian le había prestado para abrir y salir de ahí.

"Ah, eso." Dijo con calma, arreglándose la corbata mientras se miraba en el espejo. "Lo siento, Matty, se me había olvidado decirte que solo abre por fuera. Pero no te preocupes, ya le hablé a Lily."

Matthias no dijo nada más, no pudo hacerlo, pues los gritos de la capitana de las porristas diciendo que ahí estaban ellos dos le dieron ganas de que la tierra se lo tragara.