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Summary:

Su primer artículo conjunto comienza a abrirse paso por la comunidad científica. Mientras la investigación viaja de laboratorio en laboratorio, Senku y Kohaku descubren que el reconocimiento más importante no siempre aparece en una revista, sino en la forma en que otros empiezan a entender el trabajo que construyeron juntos.

Work Text:

La lluvia llevaba cayendo sobre Tokio desde antes del amanecer, no era una tormenta, sino esa llovizna persistente que parecía suspendida en el aire y que teñía de gris los edificios del campus. Desde las ventanas del laboratorio apenas podía distinguirse el perfil de las facultades vecinas, el vidrio empañado convertía el paisaje en una sucesión de sombras difusas sobre las que resbalaban pequeñas gotas de agua.

Kohaku alzó la mirada de la pantalla por un instante sin volver al manuscrito. Después de casi dos semanas trabajando allí, el laboratorio había dejado de resultarle ajeno. Ya conocía el lugar que ocupaba cada instrumento, sabía cuál cafetera preparaba el café menos terrible del edificio y aprendió que, si Senku se colocaba los auriculares, era mejor no interrumpirlo salvo que el edificio estuviera incendiándose.

El viaje desde Hakodate fue una decisión práctica: el artículo estaba prácticamente terminado cuando ambos comprendieron que seguir trabajando a distancia sólo alargaría un proceso que ya se había extendido durante meses. Cada modificación implicaba una cadena interminable de correos, nuevas versiones del manuscrito y llamadas que acababan derivando en discusiones de cuarenta minutos sobre una sola frase del apartado de metodología. Dos semanas compartiendo el mismo laboratorio bastaron para resolver problemas que probablemente habrían consumido otro mes.

Kohaku sonrió al recordar la cantidad de archivos que habían quedado desperdigados en sus computadores, bastaba con revisar el historial de archivos para comprobarlo:

"Final.docx" / "Final_v2.docx" / "Final_ahora_sí.docx" / "Final_definitivo_último.docx".

Al final, Senku había creado un repositorio compartido y le prohibió expresamente volver a utilizar nombres absurdos para los documentos.

Ella todavía sostenía que "último definitivo" era perfectamente descriptivo.

- Sigues riéndote de eso. -La voz de Senku la sacó de sus pensamientos.

Él permaneció mirando la pantalla mientras revisaba por enésima vez las referencias bibliográficas, pero era evidente que había notado su expresión.

La expresión de Kohaku se suavizó mientras repasaba una de las tablas del manuscrito-. Sólo pensaba que exageraste un poco.

Senku no levantó la vista del computador. Sus dedos continuaron desplazándose sobre el teclado con la misma cadencia pausada con la que llevaba revisando las referencias durante toda la mañana.

- Habían nueve versiones distintas con el mismo nombre.

Kohaku giró la silla para observarlo, él seguía con la atención fija en la pantalla, como si conversar y trabajar fueran actividades perfectamente compatibles-. Porque cada una era más definitiva que la anterior.

Senku soltó un leve resoplido por la nariz, esa especie de risa contenida que nunca admitía como tal-. Eso contradice el significado de "definitiva".

- Depende de cuántos revisores científicos conozcas. -Replicó ella, apoyando un codo sobre el escritorio-. Después del tercero, empiezas a entender que "versión final" es más un estado de ánimo que una realidad.

Una risa baja escapó de Senku. Fue apenas un resoplido, casi imperceptible, pero suficiente para que Kohaku arqueara una ceja.

- ¿Acabas de reírte?

Esta vez los labios de Senku se curvaron durante un instante antes de recuperar su expresión habitual-. No.

- Lo hiciste.

- Estás imaginando cosas. -Ella no insistió.

Descubrió que esa era una de las pocas maneras de ganar una discusión con Senku: dejar que creyera que la había ganado él.

El laboratorio volvió a quedar en silencio sin ser incómodo. El sonido de los teclados, el zumbido constante de los computadores y el golpeteo de la lluvia contra los ventanales componían una rutina que ambos incorporaron sin darse cuenta.

Hacia el mediodía, la puerta se abrió con suavidad.

- ¿Interrumpo?

Byakuya asomó la cabeza con una bolsa de papel en una mano y un portavasos de cartón en la otra-. Sabía que, si esperaba a que alguno de los dos recordara almorzar, iban a terminar desmayándose sobre el teclado.

- Estamos trabajando -respondió Senku sin moverse.

- Precisamente. –Byakuya dejó los cafés sobre una mesa cercana y recorrió el laboratorio con la mirada hasta detenerse en Kohaku.

- ¿Cómo va la vida lejos de Hakodate?

Kohaku volvió por fin la mirada hacia su interlocutor-. Muy bien, aunque extraño un poco el mar… y a mis hermanas.

- Es normal. Tokio tiene muchas cosas, pero definitivamente no huele igual.

- Afortunadamente -murmuró Senku.

Byakuya soltó una carcajada-. No le hagas caso, si pudiera construir un laboratorio en la Luna para no tener vecinos, ya estaría haciendo las maletas.

- No necesito vecinos.

- Lo sé, menos mal que de vez en cuando aparece alguien capaz de discutir contigo durante cuarenta minutos por una coma.

Senku ignoró el comentario con la misma habilidad que había perfeccionado durante toda una vida.

Byakuya tomó uno de los cafés y lo empujó hacia Kohaku-. Te lo ganaste.

- Muchas gracias.

- ¿Y el artículo? ¿Sigue sin noticias?

- La decisión debería llegar esta semana -respondió ella.

- Bueno... entonces habrá que esperar. -No hubo tiempo para añadir nada más.

Una notificación apareció en la esquina inferior del monitor de Senku, fue un sonido tan discreto que probablemente habría pasado inadvertido para cualquiera que no estuviera acostumbrado al silencio del laboratorio. Senku dejó de escribir, abrió el correo casi por inercia y comenzó a leer mientras el resto continuaba con lo que estaba haciendo.

Kohaku sólo reparó en ello cuando él se mantuvo inmóvil unos segundos más de lo habitual-. ¿Ocurre algo?

Senku terminó de leer el mensaje de principio a fin. Después cerró lentamente la ventana del correo y la abrió nuevamente, buscando comprobar que las palabras seguían allí.

- Aceptaron el artículo.

Durante unos minutos nadie dijo nada. La frase fue tan sencilla que necesitó un momento para adquirir todo su significado.

Byakuya dejó el vaso de café sobre la mesa con un golpe seco-. ¿En serio?

- ...¿Aceptaron? -repitió Kohaku.

Él giró el monitor hacia ella sin añadir una palabra: la primera línea bastó.

"We are pleased to inform you that your manuscript has been accepted for publication..."

Kohaku sintió que el corazón le daba un vuelco. A esas alturas era incapaz de recordar cuántas horas habían dedicado a aquella investigación. Durante meses, el proyecto había sobrevivido a cientos de kilómetros de distancia: mientras ella pasaba días enteros embarcada frente a las costas de Hakodate recogiendo muestras, Senku analizaba datos desde Tokio y transformaba sus observaciones en modelos y gráficos que volvían a cruzar el país para que ella los revisara. Entre ambos construyeron una rutina hecha de videollamadas a deshoras, documentos compartidos, cadenas interminables de correos y versiones sucesivas del manuscrito que parecían multiplicarse sin fin. Aun cuando estaban convencidos de que el texto no podía mejorar más, siempre aparecía una nueva tabla que reorganizar, una referencia recién publicada que merecía ser citada o una explicación que todavía podía expresarse con mayor claridad. Todo ese esfuerzo acababa de resumirse en una sola palabra: accepted.

Una sonrisa lenta afloró en sus labios, por un instante sintió deseos de celebrar en voz alta, de dejar escapar toda la tensión acumulada durante los últimos meses, pero al alzar la vista encontró a Senku exactamente igual que antes. Él seguía leyendo el correo… lo recorrió una segunda vez de principio a fin y luego volvió brevemente al manuscrito abierto en la pantalla, buscando evidenciar que la versión aceptada era, efectivamente, la última.

Kohaku terminó sonriendo un poco más, había algo tranquilizador en esa manera de enfrentar incluso una noticia como aquella. La emoción seguía allí, intacta, aunque ahora se sentía menos como un estallido y más como la certeza silenciosa de que todo el esfuerzo valió la pena.

- Es... mi primera publicación internacional. -Las palabras escaparon de sus labios casi en un susurro, como si sólo al pronunciarlas terminaran de adquirir sentido. Kohaku retornó su mirada a la pantalla, comprobando una vez más que su nombre seguía allí, impreso junto al de Senku.

Byakuya fue el primero en reaccionar-. ¡¿Qué?! ¡Kohaku! -El hombre dejó su vaso de café sobre la mesa y se acercó a ella tomándola de los hombros-. ¡Eso es increíble!

La calidez de su voz la hizo volver sus ojos hacia él, quien sonreía con un orgullo tan genuino que pareció olvidarse incluso de su propio hijo-. ¿Te das cuenta de lo que significa? Hay investigadores que esperan años para publicar por primera vez en una revista así. Y tú lo has conseguido con una investigación que empezó a cientos de kilómetros de aquí.

Kohaku sintió cómo el pecho volvía a apretársele-. No habría sido posible sin... -Senku dejó de fijarse en el correo y desvió su mirada para encontrarse con la de ella.

- Sin un montón de trabajo -la interrumpió Byakuya amablemente-. Tuyo y de Senku, nadie regala una publicación como esta.

Ella se fijó en el correo una vez más, incapaz de borrar la sonrisa que se había instalado en su rostro. Byakuya apoyó una mano sobre su hombro con la familiaridad de quien felicita a una colega mucho más joven.

- Y créeme cuando te digo algo: esta no va a ser la última.

Su mirada se perdió brevemente detrás del ventanal. La lluvia seguía cayendo sobre Tokio exactamente igual que aquella mañana, pero ella ya no estaba pensando en la ciudad. Volvió mentalmente a las frías costas de Hakodate, a las jornadas embarcada tomando muestras bajo el viento del norte, a los días en que había dudado si todo aquel trabajo terminaría sirviendo para algo. Por supuesto que había valido la pena.

Byakuya observó alternativamente a ambos investigadores antes de negar divertido-. Bueno... supongo que esto merece algo más que café.

- No hace falta -contestó Senku.

- Claro que hace falta. La primera publicación internacional de un equipo siempre se celebra.

- Todavía tenemos que enviar la versión corregida con las observaciones editoriales.

- Y la enviarán mañana.

- Podemos enviarla hoy.

Byakuya soltó un suspiro teatral y se fijó en Kohaku para buscar apoyo-. ¿Ves con lo que tengo que lidiar desde hace veintiséis años?

Ella dejó escapar una pequeña risa-. Creo que... podemos tomarnos media hora.

Senku la observó previo a responder, evaluando la propuesta con la misma seriedad con la que habría analizado un experimento, finalmente cerró el computador-. Treinta minutos.

Byakuya levantó ambos puños con una satisfacción casi infantil-. ¡Eso, para Ishigami Senku, cuenta prácticamente como una fiesta!

Kohaku no pudo contener la risa, mientras se ponía la chaqueta, pensó que probablemente, muchos años después, no recordaría el número de revisores, ni la fecha exacta del correo, ni siquiera la lluvia que caía aquella mañana sobre Tokio. Lo que sí recordaría sería haber compartido ese momento.


El regreso a Hakodate le devolvió una rutina que extrañó más de lo que esperaba. Apenas descendió del avión, el aire húmedo del puerto lo impregnaba todo con ese olor salino tan característico de la costa norte de Japón. Durante el trayecto hasta el campus de la Universidad de Hokkaido, Kohaku mantuvo la ventanilla del taxi entreabierta, dejando que el viento frío despejara el cansancio acumulado tras las dos intensas semanas que había pasado en Tokio.

Sabía que el viaje había sido una decisión acertada: cuando el manuscrito entró en su fase final, tanto ella como Senku entendieron que seguir trabajando a cientos de kilómetros de distancia sólo prolongaría un proceso que ya se había extendido durante meses. Lo que antes requería interminables cadenas de correos electrónicos, videollamadas a deshoras y documentos compartidos con modificaciones simultáneas, terminó resolviéndose en pocos días gracias a la simple posibilidad de sentarse frente al mismo computador y discutir una figura, una tabla o un párrafo en el mismo momento en que surgía una duda.

Ahora, de vuelta en Hakodate, el laboratorio recuperó el ritmo habitual de siempre. Las campañas de muestreo seguían sucediéndose con la misma regularidad que antes de su viaje, las muestras que habían quedado almacenadas durante su ausencia esperaban ser procesadas, los informes seguían acumulándose sobre el escritorio y el calendario de navegación volvía a recordarle que el océano jamás se detenía porque un investigador tuviera un artículo pendiente de publicar. Eso le gustaba.

Habían pasado sólo unos días desde que el artículo vio finalmente la luz. Después de tantos meses de escritura, revisiones y correcciones, resultaba casi extraño abrir el computador sin encontrar un manuscrito esperándola. Por primera vez en mucho tiempo podía dedicar toda su atención al trabajo de campo, a las muestras que seguían llegando desde la costa y a las nuevas preguntas que comenzaban a surgir. Al fin y al cabo, una publicación nunca era el final de una investigación, tan sólo marcaba el punto desde donde empezaban las siguientes.

Aquella mañana preparaba el equipo para una salida de campo programada para el día siguiente cuando el teléfono comenzó a vibrar insistentemente sobre la mesa, con la misma rapidez de siempre, encendió la pantalla y es que durante la temporada de muestreos era habitual que alguno de sus compañeros modificara horarios o avisara de cambios en las condiciones del mar, por lo que imaginó que se trataría de algo relacionado con la expedición.

Sin embargo, al desbloquear la pantalla encontró una sucesión de notificaciones provenientes de una única conversación: Suika.

Antes siquiera de que alcanzara a abrir el chat, una nueva captura de pantalla apareció sobre las anteriores.

- ¿Qué habrá pasado ahora...? -murmuró para sí un poco alarmada por las notificaciones de su hermana menor, esperando que no hubiera pasado nada con su padre o con Ruri, abrió la conversación.

"¡¡Kohaku!! ¡¡Mira esto!!"

La primera imagen correspondía a la publicación oficial de la revista científica anunciando la aparición del artículo en su edición digital. Debajo se acumulaban comentarios de investigadores, estudiantes de posgrado y laboratorios de distintas partes del mundo que compartían el enlace y comentaban los resultados con entusiasmo.

Apenas terminó de observarla, apareció otro mensaje.

"¡También lo compartió un laboratorio de Kioto!"

Unos segundos después llegó una nueva captura.

"¡¡Y esta profesora de Australia dice que quiere discutir el artículo con sus estudiantes!!"

Luego otra… y otra más.

Durante los siguientes minutos, Suika pareció asumir la misión personal de documentar cada rincón de internet en el que apareciera la investigación. Había capturas de publicaciones en redes académicas, comentarios en foros especializados, boletines universitarios y perfiles de investigadores que recomendaban la lectura del artículo o destacaban el valor de combinar datos obtenidos en terreno con el modelamiento desarrollado en laboratorio.

Kohaku no pudo evitar sonreír mientras recorría cada imagen con el pulgar, la emoción de Suika era contagiosa. Cada nuevo mensaje parecía escrito con más signos de exclamación que el anterior, demostrando que la repercusión del artículo se sentía también como un logro personal.

"¡¡Todo el mundo está hablando de ustedes!!"

Kohaku respondió con un breve agradecimiento antes de guardar el teléfono para terminar de revisar el equipo de muestreo. Sin embargo, la curiosidad pudo más que ella y volvió a tomarlo cuando terminó de cerrar una de las cajas.

Fue entonces cuando comenzó a notar un detalle que, hasta ese momento, pasó completamente inadvertido: la inmensa mayoría de las publicaciones hablaban del mismo artículo, pero casi todas lo hacían mencionando únicamente un nombre.

"Excellent work from Dr. Senku Ishigami..."

"Another remarkable contribution by Ishigami..."

"Ishigami's latest publication provides..."

En algunas publicaciones aparecían ambos autores debajo del enlace, en otras, simplemente se hablaba del "nuevo artículo de Ishigami", como si ella apenas hubiera participado en el trabajo.

Kohaku observó la pantalla y suspiró, no le costó encontrar una explicación: dentro de la comunidad científica, la reputación tenía un peso difícil de ignorar. Los investigadores con una trayectoria consolidada atraían la atención casi por inercia, mientras que quienes recién comenzaban debían construir poco a poco un nombre propio, publicación tras publicación. Senku llevaba desde su adolescencia presentando sus investigaciones en congresos internacionales, colaborando con distintos grupos de trabajo y publicando en revistas de alto impacto. Ella, en cambio, acababa de conseguir su primera publicación internacional, así que era esperable que muchos asociaran el artículo con el nombre que ya conocían. No era algo personal, sencillamente, era la forma en que funcionaba el mundo académico.

El teléfono vibró otra vez, Suika había enviado una nueva captura, esta vez se trataba de un artículo de divulgación científica cuyo titular ocupaba casi toda la pantalla.

"El nuevo estudio de Senku Ishigami podría cambiar nuestra comprensión de..."

Kohaku dejó escapar una pequeña risa-. Era de esperarse. -Guardó el teléfono en el bolsillo y regresó al computador. Recién había abierto la bandeja de entrada cuando descubrió que las notificaciones también comenzaron a llegar allí.

Antiguos profesores la felicitaban por la publicación, investigadores con los que trabajó en campañas oceanográficas le escribían para decirle que ya habían leído el artículo. Incluso un par de laboratorios extranjeros preguntaban si existía la posibilidad de establecer futuras colaboraciones.

La mayoría de aquellos mensajes estaban dirigidos a ambos. Sin embargo, el saludo inicial se repetía una y otra vez.

"Estimado Dr. Ishigami..."

"Felicitaciones por su excelente trabajo, Dr. Ishigami..."

"Quisiera conversar con usted acerca de los resultados..."

Kohaku terminó de leer uno de los correos y apoyó la espalda contra el respaldo de la silla, no sintió decepción. Si acaso, una curiosa sensación de distancia, similar a si estuviera observando desde fuera uno de esos mecanismos invisibles que daban forma al mundo académico. Sabía cuánto trabajo había detrás de aquellas páginas y también sabía que había una persona que conocía ese esfuerzo con la misma precisión que ella: Senku. Eso bastaba.


Las semanas posteriores a la publicación transcurrieron con una calma sólo aparente: mientras el laboratorio de Hakodate recuperaba el ritmo habitual de las campañas de muestreo y el de Tokio seguía inmerso en nuevos proyectos, el artículo continuaba abriéndose paso por la comunidad científica. Los correos de felicitación no tardaron en multiplicarse, algunos procedentes de antiguos colaboradores y otros de investigadores que hasta entonces sólo conocían a Senku por sus publicaciones anteriores. Había también invitaciones a seminarios, propuestas de colaboración e incluso solicitudes para reproducir parte de la metodología descrita en el trabajo. Senku respondía únicamente aquellas que requerían una decisión concreta, todo lo demás quedaba archivado después de una lectura rápida.

Fue una de esas mañanas, mientras revisaba una simulación en su computador, cuando un nuevo mensaje apareció en la parte superior de la bandeja de entrada, el nombre del remitente le resultó familiar: Minami Hokutozai.

Habían coincidido varias veces desde que Minami comenzó a dedicarse a la divulgación científica, sabía que preparaba sus entrevistas con un nivel de detalle poco habitual y esa era, probablemente, la única razón por la que Senku respondía a sus correos.

Abrió el mensaje.

Estimado Dr. Ishigami:

Antes que nada, quisiera felicitarlo por la reciente publicación de su artículo. La investigación ha despertado un gran interés entre nuestros lectores y me gustaría invitarlo a participar en una entrevista para la revista de divulgación científica de la universidad.

Creo que sería una excelente oportunidad para conversar sobre el origen del proyecto, los principales hallazgos y las proyecciones futuras de su investigación.

Quedo atenta a su respuesta.

Saludos cordiales,

Minami Hokutozai.

Senku terminó de leer el correo sin alterar su expresión, permaneció unos segundos en silencio antes de hacer clic en responder. No necesitó pensar demasiado:

Buenos días, Sra. Hokutozai.

Gracias por su mensaje.

Hay un error en su planteamiento. El artículo tiene dos autores y la hipótesis inicial surgió a partir de una observación realizada por la Dra. Kohaku durante una campaña de terreno en Hakodate. La investigación fue desarrollada conjuntamente desde ese momento.

Si la entrevista trata sobre esta publicación, corresponde que ambos autores participen. En caso contrario, prefiero no realizarla.

Saludos,

Senku Ishigami.

Leyó el correo una segunda vez, corrigió una coma que consideró innecesaria y presionó enviar. El asunto desapareció de su mente tan rápido como había llegado.


En Hakodate, la jornada transcurría con normalidad: Kohaku acababa de regresar de una salida de terreno y todavía llevaba puestos los pantalones impermeables cuando se sentó frente al computador para descargar los datos obtenidos durante la mañana. Mientras el programa procesaba los archivos, aprovechó de revisar el correo electrónico.

Entre los mensajes habituales encontró uno cuyo remitente no esperaba: Minami Hokutozai. Frunció ligeramente el ceño.

Estimada Dra. Kohaku:

Mi nombre es Minami Hokutozai. Hace unos días me comuniqué con el Dr. Senku Ishigami para solicitar una entrevista sobre la reciente publicación de su artículo. Sin embargo, el Dr. Ishigami me hizo notar que mi propuesta partía de una premisa incorrecta.

Tras releer el manuscrito y revisar nuevamente la historia de la investigación, comprendí que el verdadero interés de este trabajo reside precisamente en la colaboración entre ambas disciplinas y en la forma en que una observación realizada durante el trabajo de campo dio origen a toda la investigación.

Por ese motivo, quisiera invitarlos a ambos a participar en una entrevista conjunta para conversar sobre el desarrollo del proyecto.

Espero que puedan aceptar la invitación.

Saludos cordiales,

Minami Hokutozai.

Kohaku terminó de leer el mensaje... no era la invitación lo que la sorprendió, era la respuesta de Senku. Lo imaginó sentado frente al computador en Tokio, leyendo aquel primer correo con la misma concentración con la que revisaba cualquier artículo científico, no le costó reconstruir lo ocurrido. Senku no había discutido la propuesta ni intentado negociar una entrevista conjunta, simplemente corrigió un dato incorrecto.

Una pequeña sonrisa apareció en los labios de Kohaku, era un gesto tan propio de Senku que resultaba casi inevitable. Para él, reconocer el origen de una idea era tan importante como citar correctamente un artículo o registrar con precisión los resultados de un experimento. Esa era su forma correcta de hacer ciencia. Descubrir que también aplicaba ese mismo principio cuando hablaba de ella le produjo una satisfacción difícil de explicar.


La mañana del primer día del simposio encontró a Busan envuelta en una neblina ligera que difícilmente dejaba distinguir los barcos anclados en el puerto. Desde el ventanal del centro de convenciones podía verse el mar perdiéndose entre edificios modernos, una imagen que hizo sonreír a Kohaku cuando descendió del taxi. Hacía tiempo que no asistía a un encuentro internacional fuera de Japón y, aunque los congresos compartían prácticamente la misma estructura en cualquier parte del mundo, siempre disfrutaba descubrir la forma en que cada ciudad imprimía su propio carácter a los espacios científicos.

Acomodó la correa del bolso sobre su hombro y cruzó el vestíbulo hasta el área de acreditación. A esa hora ya comenzaban a llegar investigadores de distintos países, algunos conversaban animadamente junto a los paneles con el programa de actividades, mientras otros revisaban las salas asignadas para sus ponencias.

- Doctora Kohaku. -La voz la obligó a detenerse antes de llegar al mostrador.

Un investigador japonés de unos cincuenta años se acercó con una sonrisa cordial. Kohaku tardó sólo unos segundos en reconocerlo, habían coincidido fugazmente durante un congreso sobre ecosistemas costeros un par de años atrás.

- Qué gusto volver a verla, leí su artículo hace unas semanas… excelente trabajo.

- Muchas gracias -respondió inclinando ligeramente la cabeza.

El hombre miró alrededor con curiosidad-. ¿El doctor Ishigami ya llegó?

Kohaku parpadeó, sorprendida por la pregunta-. Todavía no lo he visto, imagino que llegará dentro de poco.

- Ah, perfecto. Quería felicitarlos personalmente a ambos. - El investigador se despidió con otra inclinación y prosiguió su camino mientras que Kohaku lo observó alejarse.

Mientras tanto, al otro lado del edificio, Senku acababa de atravesar la entrada principal con la tranquilidad habitual. Llevaba una mochila colgada de un hombro y la carpeta con la presentación bajo el brazo cuando escuchó que alguien pronunciaba su apellido.

- ¡Ishigami! -Al girarse encontró a una investigadora estadounidense con la que había compartido una mesa redonda el año anterior. Intercambiaron un breve saludo antes de que ella le mirase con cierta extrañeza.

- Pensé que venías con la doctora Kohaku.

- Viajamos por separado.

- Ah. -La respuesta pareció satisfacerla.

- Es que después de la entrevista de Hokutozai ya es difícil imaginarlos trabajando por separado.

Senku frunció apenas el ceño-. Trabajamos en ciudades distintas.

- Lo sé -respondió ella con una risa breve-. Precisamente por eso.

La conversación no dio para más, otro grupo de investigadores se acercó a saludar y Senku continuó caminando hacia el área de registro sin detenerse a pensar demasiado en aquel comentario. Fue sólo cuando llegó al mostrador que volvió a experimentar una sensación similar.

Senku esperó pacientemente a que terminara la acreditación del investigador que tenía delante. Cuando llegó su turno, deslizó la invitación sobre el mesón y aguardó mientras la organizadora buscaba su nombre en la lista de participantes.

La mujer recorrió la pantalla rápidamente y habló con amabilidad:

- Doctor Ishigami, bienvenido. -Tomó la credencial correspondiente y se la entregó junto con el programa del simposio-. Su ponencia quedó programada para mañana por la mañana, en la Sala B.

Senku asintió mientras revisaba el horario-. Gracias.

Estaba a punto de guardar la acreditación cuando la organizadora levantó la vista-. Disculpe... ¿la doctora Kohaku ya se registró?

Él dejó de hojear el programa un instante-. No lo sé.

La mujer hizo una breve anotación sobre la lista-. Perfecto, sólo quería asegurarme de que ambos estuvieran acreditados al inicio de la reunión de ponentes.

- Entendido. -La conversación terminó allí.

Para Senku, la pregunta de la organizadora no tuvo nada de particular. Guardó la acreditación dentro de la carpeta con la presentación y se apartó del mostrador para revisar con calma el programa del simposio. La reunión con los ponentes aún tardaría algunos minutos en comenzar, de modo que se detuvo junto a uno de los grandes ventanales del vestíbulo. Desde allí podía verse el puerto de Busan envuelto en una ligera bruma y el ir y venir de pequeñas embarcaciones que cruzaban lentamente la bahía.

Mientras comprobaba la distribución de las salas, escuchó unos pasos detenerse a su lado-. Llegué antes que tú. -Reconoció la voz antes incluso de verle.

Kohaku sostenía la acreditación recién colgada del cuello y una carpeta azul bajo el brazo. Llevaba el cabello recogido en una coleta alta para evitar que el viento húmedo que entraba cada vez que se abrían las puertas principales lo desordenara, y todavía conservaba el ligero rubor que dejaba la caminata desde el hotel.

- Buenos días -respondió Senku, guardando el programa.

- Buenos días. -Durante un momento se quedaron el uno junto al otro, observando el puerto a través del ventanal.

Kohaku fue la primera en romper el silencio-. La organizadora me preguntó si ya te había visto.

Senku arqueó una ceja-. A mí me preguntó si tú ya te habías acreditado.

Ella dejó escapar una risa breve-. Parece que todos asumieron que íbamos a llegar juntos.

- Eso parece.

Comenzaron a caminar hacia el salón principal al mismo ritmo, sin necesidad de ponerse de acuerdo. A su alrededor se mezclaban conversaciones en japonés, inglés y coreano, mientras los organizadores terminaban de orientar a los asistentes hacia las distintas salas.

Kohaku volvió a mirar el programa-. Es curioso.

- ¿Qué cosa?

- Hace un mes, cuando salió el artículo, casi nadie recordaba que tenía dos autores. -Senku la observó brevemente antes de volver sus ojos al frente-. Ahora nos recuerdan a los dos. -Ella sonrió para sí-. Supongo que la entrevista de Minami hizo más de lo que imaginábamos.

- Era información correcta.

No avanzaron más de unos metros cuando un par de estudiantes de doctorado, que hojeaban distraídamente el programa del congreso, levantaron la vista al verlos pasar.

- Son ellos -dijo uno en voz suficientemente baja como para no llamar su atención, aunque no tanto como para que resultara imposible escucharlo.

Su compañero siguió la dirección de su mirada-. ¿Los de la entrevista de Hokutozai?

- Sí.

El otro observó a Senku y Kohaku durante unos segundos-. Pensé que llevaban años colaborando.

- Yo también, pero parece que ese fue su primer artículo juntos.

- Pues no se nota.

Los dos retomaron el camino mientras la conversación se perdía entre el murmullo del vestíbulo. Kohaku miró de reojo a Senku, él seguía avanzando con la misma expresión de siempre, como si no hubiera prestado atención a una sola palabra.

- ¿Escuchaste eso?

- Sí.

- ¿Y?

Senku se tomó su tiempo para responder. Mientras caminaban, abrió el programa del congreso para buscar en qué sala comenzaría la primera sesión-. Supongo que hicimos un buen trabajo.

Kohaku soltó una risa suave-. ¿Eso fue todo lo que sacaste de esa conversación?

- ¿Había algo más? -Ella negó con la cabeza.


La sala estaba prácticamente llena cuando comenzaron las exposiciones.

No era el auditorio principal del simposio, pero sí uno de los espacios reservados para las ponencias invitadas. Investigadores de distintas universidades ocupaban las primeras filas con computadores abiertos sobre las piernas, mientras estudiantes de doctorado se distribuían hacia el fondo tomando apuntes incluso antes de que apareciera la primera diapositiva.

El moderador presentó el trabajo con una breve reseña de la publicación y cedió la palabra a Senku. Como era habitual, él fue directo al punto: no dedicó tiempo a hablar de la importancia de la investigación ni a contextualizar su trayectoria. En pocos minutos ya había expuesto la hipótesis, descrito el modelo matemático y explicado los principales resultados con la misma precisión con la que habría explicado un experimento dentro de su propio laboratorio.

Kohaku permanecía unos pasos a su derecha, sólo intervenía cuando una figura correspondía al trabajo de campo o cuando alguna fotografía mostraba las campañas de muestreo realizadas en Hakodate. No necesitaban repartirse el tiempo de manera estricta, la transición entre uno y otro ocurría casi de forma natural, como si ambos llevaran años presentando juntos.

Cuando apareció la última diapositiva, el moderador tomó nuevamente el micrófono-. Tenemos alrededor de quince minutos para preguntas.

Las manos comenzaron a levantarse casi de inmediato. La primera intervención vino desde la tercera fila.

- Doctor Ishigami, ¿cómo determinaron que las condiciones observadas en terreno eran representativas del ecosistema y no una variación temporal?

Senku ni siquiera alcanzó a acercarse al micrófono, giró ligeramente la cabeza hacia Kohaku-. Eso pregúntenselo a ella, es su especialidad.

Ella tomó la palabra con confianza absoluta, explicó el diseño del muestreo, la distribución temporal de las campañas, los criterios utilizados para seleccionar cada estación y las medidas adoptadas para reducir el sesgo estacional. Lo hizo con la seguridad de quien pasó meses sobre una embarcación enfrentándose precisamente a esos problemas.

Cuando terminó, el investigador asintió satisfecho, no hubo comentarios adicionales.

La siguiente pregunta tardó sólo unos segundos-. Doctor Ishigami, durante la entrevista con la señora Hokutozai mencionó que la hipótesis surgió a partir de una observación realizada en una campaña de terreno. ¿Podría explicar cómo ocurrió?

Senku se giró hacia Kohaku-. La observación fue de ella.

Una ligera sonrisa apareció en los labios de Kohaku. Relató cómo detectaron un comportamiento inusual durante una de las campañas frente a la costa de Hakodate, qué aspectos llamaron su atención y de qué manera aquella conversación inicial terminó convirtiéndose, semanas después, en la hipótesis central del artículo.

Mientras hablaba, Senku se mantuvo completamente en silencio. No añadió matices, no completó frases ni corrigió una sola palabra, simplemente esperaba.

La tercera pregunta estuvo dirigida nuevamente a él-. Doctor Ishigami, ¿cree que este modelo podría aplicarse en otros ecosistemas costeros?

Esta vez sí respondió: desarrolló las limitaciones matemáticas del modelo, explicó qué variables podían adaptarse y cuáles dependían exclusivamente del sistema estudiado. La respuesta fue técnica, precisa y extraordinariamente breve. Sin embargo, antes de que el investigador volviera a sentarse, añadió una frase más.

- Si su pregunta apunta a las diferencias ecológicas entre regiones, la doctora Kohaku podrá responder con mayor precisión que yo.

Los asistentes comenzaron a intercambiar miradas discretas, no era extraño que un trabajo interdisciplinario tuviera varios autores, lo que resultaba poco habitual era ver a alguien como Senku Ishigami renunciar tan espontáneamente a responder preguntas dirigidas expresamente a él.

Un profesor coreano, sentado en primera fila, terminó inclinándose hacia el colega que tenía al lado-. Confía mucho en ella.

El otro asintió sin apartar sus ojos del escenario-. No, simplemente sabe exactamente qué parte de la investigación le pertenece a cada uno.

La jornada terminó bastante más tarde de lo que ambos habían previsto.

Después de la última ponencia todavía hubo tiempo para conversaciones improvisadas en los pasillos, intercambio de tarjetas, promesas de futuras colaboraciones y una cena organizada por el comité del simposio. Cuando finalmente regresaron al hotel, el vestíbulo estaba mucho más silencioso que por la mañana y el pequeño bar del primer piso recibía a los últimos asistentes que aún se resistían a dar por terminado el día.

Kohaku fue la primera en detenerse frente a la barra-. Creo que me gané una cerveza.

Senku, que caminaba apenas un paso detrás de ella, levantó la vista hacia el reloj del vestíbulo-. La primera presentación es a las nueve.

- Pero ya no somos nosotros quienes presentan. -Comentó Kohaku con voz divertida.

Él hizo un gesto casi imperceptible con los hombros-. Entonces una cerveza no cambia mucho las probabilidades de éxito.

Ella soltó una risa baja-. Tomaré eso como un sí.

Se acomodaron en dos taburetes contiguos mientras el camarero dejaba frente a ellos un par de vasos altos y una fuente de karaage todavía humeante. Durante los primeros minutos ninguno dijo demasiado. La tensión que siempre acompañaba una presentación importante desapareció y ambos parecían disfrutar simplemente de no tener que pensar en la siguiente diapositiva o en la próxima pregunta del público.

Fue Kohaku quien rompió el silencio-. Había olvidado lo distintos que son los congresos internacionales.

Senku tomó un pequeño sorbo-. ¿En comparación con los de Japón?

Ella asintió-. Allá casi siempre termino hablando con la misma gente. Hoy sentí que cada conversación abría una idea distinta.

Mientras hablaba, tomó un trozo de pollo con los palillos-. Hubo un profesor que quería preguntarme por el modelo matemático.

Senku levantó una ceja levemente-. ¿Y?

- Lo envié contigo.

- Correcto.

Ella rio otra vez-. Y cinco minutos después llegó otra investigadora para preguntarte por las campañas de muestreo.

- La envié contigo. -Comentó Senku imitando la respuesta que ella le habían dado.

Se mantuvieron en silencio, recordando la escena-. Fue curioso -admitió Kohaku-. Nadie parecía esperar que uno respondiera por el otro.

Senku dejó el vaso sobre la barra con cuidado-. Sería poco eficiente.

Ella giró la cabeza para mirarlo-. ¿Eso fue lo primero que pensaste?

- Claro. -Tomó otro sorbo y continuó-. Si alguien hace una pregunta sobre ecosistemas bentónicos, la respuesta más precisa la tienes tú.

- Y si preguntan por el modelo...

- La tengo yo.

Kohaku apoyó un codo sobre la barra y sostuvo el mentón con la mano-. Supongo que hace unas semanas todos habrían esperado que respondieras sólo tú.

Senku siguió observando la espuma que aún flotaba en la superficie de la cerveza-. Probablemente.

- ¿Y no te parece raro que haya cambiado tan rápido?

Él negó sin darle importancia-. No especialmente.

- ¿No?

- Ahora conocen mejor la investigación.

Kohaku hizo girar distraídamente el vaso entre las manos-. Hay algo que no esperaba de hoy.

- ¿Qué cosa?

Ella sonrió con cierta timidez antes de responder-. Nunca habíamos dado una presentación juntos. -Él no dijo nada, tan sólo esperó, entendiendo que aún no terminaban-. Pensé que tendría que intervenir cuando encontrara un espacio... o que terminaríamos interrumpiéndonos sin querer, sin embargo, fue mucho más natural de lo que imaginaba.

Senku apoyó el vaso sobre la barra-. Conocíamos la presentación.

- Sí, pero eso no siempre basta. -Kohaku hizo una breve pausa-. Cuando derivabas una pregunta hacia mí, sabías exactamente cuál iba a responder. Y yo ya sabía cuándo ibas a retomar la explicación.

Él se quedó pensativo para luego responder con la misma sencillez de siempre-. Era lo lógico.

Ella soltó una risa baja-. Para ti, quizá.

Senku desvió la mirada hacia las botellas alineadas detrás de la barra-. Llevamos casi un año trabajando sobre el mismo problema... después de tanto tiempo, sería raro que no supiéramos cómo presentar el trabajo.

Kohaku sintió cierta nostalgia al oír sus palabras-. Extrañaba poder discutir una figura sin depender de una conexión a internet.

Senku dejó escapar un leve resoplido, casi imperceptible-. Yo también.

Kohaku tardó un instante en reaccionar, no esperaba aquella respuesta. Lo observó de reojo, preguntándose si realmente dijo lo que acababa de escuchar. Sin embargo, Senku ya había vuelto a concentrarse en la cerveza, como si no hubiera pronunciado nada fuera de lo común.

Una mueca apareció en sus labios-. Supongo que tendremos que volver a los correos interminables.

- Hasta el próximo congreso.

- ¿Y cuánto falta para eso?

Senku hizo un rápido cálculo mental-. Tres meses.

- No está mal. -Ella levantó nuevamente el vaso-. Entonces habrá que sobrevivir tres meses de documentos compartidos y comentarios en los márgenes otra vez.

Él alzó el suyo con la misma naturalidad-. Mientras no vuelvas a nombrar los archivos como "Versión definitiva definitiva".

Kohaku soltó una carcajada-. ¡Esa nomenclatura tenía toda la lógica del mundo!

- No.

- La tenía.

- Objetivamente, no.

Siguieron discutiendo durante varios minutos sobre algo tan absurdamente trivial como los nombres de los archivos, hasta que la conversación terminó derivando, casi sin darse cuenta, hacia nuevas ideas para la siguiente investigación.

Cuando abandonaron el bar, el reloj del vestíbulo ya se acercaba a la medianoche. Esperaron juntos el ascensor sin necesidad de decir gran cosa, mientras el cansancio de la jornada comenzaba a hacerse notar y el silencio entre ambos tenía esa comodidad que sólo aparece después de muchas horas de trabajo compartido.

Las puertas se abrieron con un leve sonido metálico, subieron. Al llegar a su piso, caminaron unos metros por el mismo pasillo antes de que este se dividiera en dos alas distintas del hotel.

- Nos vemos mañana.

- Mañana.

Kohaku esperó a que Senku doblara la esquina para luego entrar en su habitación. No pensó en la entrevista de Minami, ni en las preguntas del auditorio, ni en la cantidad de personas que aquel día habían hablado de ellos asumiendo que siempre habían trabajado codo a codo. Para ella, la jornada fue, simplemente, un buen día de congreso.

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