Chapter Text
Todo empezó como un error.
No estaba orgulloso de ello, ni de llamarlo así, pero no había otra forma de llamarlo.
No lo podía llamar amor, porque no era eso.
¿Deseo? Tal vez.
¿Biología? Definitivamente.
Pero no era solo eso.
Fue la consecuencia de los años de represión, de fingir que el hombre a su lado no significaba nada.
De la juventud.
De la inexperiencia.
De sentirse tan solo como estaba.
Había ido a ver a Hua Yong al departamento que tenía, donde no lo molestaban sus hermanos ni los dramas de su padre. Solo quería platicar con él por un rato, olvidarse de todas las cosas horribles que pasaban en casa de Shen Yu.
Tenía 23 años, quería irse de esa horrible casa, pero aún no había tenido la oportunidad, aunque sabía que no faltaba mucho para que lo hiciera.
Hua Yong había sido el único amigo que había tenido, bueno, en realidad también estaba Gao Tu, pero habían pasado al menos cinco años desde que lo había visto, así que lo único que le quedaba para pasar su triste vida era el enigma.
Habían sido amigos desde niños a pesar de que era dos años mayor que Yong, sabía de la odiosa obsesión por Sheng Shaoyou e incluso había veces en que le ayudaba con sus ridículos planes de escape para tomarle fotos.
Solían hablar sobre el futuro y cómo se veía estando a lado de su amado, Wenlang le decía como esperaba tener su propia empresa y ser exitoso para alejarse lo más que pudiera de su padre y de todo lo que lo rodeaba.
En esos planes siempre estaba Hua Yong, tal vez viviendo cerca, tal vez como socio o tal vez simplemente como un recuerdo, no lo sabía, pero sí estaba seguro que iba a pasar.
Por supuesto, a Wenlang le hubiera gustado que estuviera a su lado de otra manera, una manera más cercana, más íntima, pero ya no se hacía ilusiones de que pudiera pasar… bueno, no muchas.
No supo cuándo ni cómo pasó, solo un día se dio cuenta que no podía estar lejos del enigma, que sus feromonas lo ayudaban a calmarse, que cada que escuchaba el nombre de Sheng Shaoyou, una punzada de algo feo se abría en su pecho. Como si quisiera agarrar al enigma y marcarlo como suyo, aunque no lo fuera.
Lo más cercano a ese sentimiento fue con Gao Tu, su amigo beta, que le sonreía con tanta calidez que parecía valer la pena, aquellos ojos tan lindos que lo veían como si todo en el mundo estuviera bien y aquel que lo seguía a todas partes, por supuesto, no duró mucho.
En la graduación no apareció y no lo volvió a ver, se fue como todos los demás.
Aun ahora cuando pensaba en él, una punzada de tristeza lo sacudía.
Cuando llegó al departamento aislado, lo primero que percibió fueron las fuertes feromonas de orquídea —lo suficientemente fuertes para atravesar la puerta cerrada—, esa calidez extra de la rutina.
Su corazón se aceleró.
No podía estar ahí.
Tenía que irse.
Se le secó la boca.
Tenía que irse.
Aún así tocó la puerta.
Una vez.
Dos veces.
Tenía que irse.
Tres veces.
La puerta se abrió, solo un poco, pero lo suficiente para que una ola densa de feromonas lo impactara, podía sentir la dulzura, el calor, peor aún, podía sentir cómo su cuerpo respondía de la misma manera, dulce, embriagador.
—¿Qué haces aquí? —preguntó el enigma con una voz ronca, apenas manteniendo el control.
—Y-yo… —se aclaró la garganta para dar una explicación, pero no salió nada, solo un patético gemido debido a su cuerpo respondiendo a una pareja compatible.
Los ojos de Hua Yong se pusieron violetas, se agarró al marco de la puerta, como si se estuviera obligando a no abrirla más.
—Tienes que irte —gruñó.
Para su crédito, intentó cerrar la puerta.
Wenlang se lo impidió, nunca sabrá si fue su mayor error o su mayor bendición.
—Wenlang, tienes que irte —volvió a decir el enigma, casi sonaba como una súplica.
¿Cómo lo iba a dejar solo?
—N-necesitas ayuda.
Hua Yong no dudó, como si su control ya no pudiera dar más. Lo jaló hacía adentro y cerró la puerta con seguro, todo fue tan rápido que lo dejó mareado.
Sus labios tocaron los suyos, no fue un beso gentil, estuvo lleno de dominio, como si lo quisiera devorar ahí mismo, como si nada más importara.
Wenlang había estado expuesto a las feromonas del enigma por mucho tiempo, su cuerpo correspondió de la manera que se esperaba, un líquido resbaladizo ya estaba saliendo de él, en otro momento lo hubiera avergonzado, pero estaba tan perdido en la lujuria que no le importó en lo absoluto.
Hua Yong lo levantó y él le rodeó las caderas con las piernas, empezaron a avanzar mientras se besaban, una muestra perfecta de lo que podía hacer un enigma.
Cuando llegaron a la cama no perdieron el tiempo, Hua Yong le arrancó la ropa, como un sediento que por fin ve un oasis. Wenlang hizo lo propio, sus manos recorrieron los botones, eran temblorosas por la inexperiencia, pero aun así lo logró.
Se besaron más, Hua Yong comenzó a bajar, podía sentir sus labios en el pecho, la succión en ellos, en su vientre, luego en sus muslos.
Era celestial.
Estaba tan perdido que cuando Hua Yong lo volteó, se sobresaltó.
Le besó la espalda.
Y luego empezó a prepararlo.
Un dedo.
Aun con la lubricación natural fue difícil, gimió por dolor. Un dolor que Yong calmó con besos.
Dos dedos.
Gritó.
Más besos siguieron.
Tres dedos.
Yong se movió como si de eso dependiera su vida. Tal vez lo hacía.
Cuando estuvo satisfecho se alineó contra él.
El estiramiento fue lo más extraño y placentero que había sentido en su vida, quiso retorcerse, pero fue detenido.
—Para —dijo el enigma con una voz gutural.
Su respiración rápida.
El sudor se acumulaba en su frente.
Hua Yong entró por completo.
El grito rompió el silencio, apenas le dio tiempo para adaptarse antes de que empezara el empuje.
El dolor pronto se convirtió en placer.
Podía sentir como se construía su orgamo.
Y cuando por fin llegó sólo pudo jadear.
Hua Yong llegó poco después, su nudo se asentó en él, dejándolos unidos por lo que pareció una eternidad.
—Me alegra que fueras tú —murmuró Hua Yong antes de caer dormido.
Pasaron la siguiente semana de la misma manera, el último día Hua Yong no lo miró a los ojos cuando Chang Yu llevó los anticonceptivos.
Lo cual era una estupidez, Yong no lo había marcado, pero aun así.
El enigma se sentía culpable y lo supo cuando empezó a volver a la normalidad.
Se tragó las pastillas.
—Esto nunca pasó —dijo el enigma.
Wenlang asintió.
Algo cambió con ellos, no mucho, solo lo suficiente para sentir que estaba ahí.
La vida siguió.
Hua Yong continuó con su obsesión por Shaoyou.
Wenlang continuó con su empresa, que era muy pequeña, pero en cuanto consiguiera el capital suficiente crecería.
Todo se fue al demonio dos meses después.
Estaba cansado, irritable, no podía comer porque todo le daba náuseas.
Una de las pocas empleadas que tenía hizo un comentario tonto “mi omega se comportaba de la misma manera, solo que ella está embarazada”.
El mundo se detuvo.
No.
Era una tontería.
Se había tomado las pastillas.
Hua Yong no lo había marcado.
¿Entonces por qué se detuvo en una farmacia?
¿Por qué había una prueba de embarazo en sus manos?
¿Por qué la hizo al llegar a casa?
¿Por qué dio positivo?
No.
Esas pruebas estaban hechas para los omegas, debía haber un s
esgo muy grande para los alfas.
Eso debía ser.
Hizo una prueba, un doctor discreto.
Dinero en efectivo.
Expediente cerrado.
Sin testigos.
Prueba positiva.
Estaba jodido.
