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One-shots de cubitos

Summary:

Cositas que se me ocurren de mis cubitos favoritos :D
Probablemente la mayoría sean de Elitecraft / UHC españa, pero puede que haga otros más, quién sabe.

Creo que no todos los escritos serán enfocados en ships como tal, pero si la gran mayoría. Lo digo no más porque también me gusta otras cosas además de ships :3

Notes:

Por favor recordar estas aclaraciones antes de leer ^_^

 

ACLARACIONES:

- Como dije en la descripción del libro, habrán algunos one-shots que no se estarán enfocando en ships, pero me gustaría explicarlo con un poquito más de detalle. Con esto me refiero a que, por ejemplo, habrán escritos que traten sobre un dúo de cubis, pero no necesariamente como algo romántico, sino solo platónico. Y, en otros casos, puede que escriba cosas así como "aventuras" o algo así, donde no pasa nada romántico en lo absoluto y se enfoque en otras cosas. (Ojo, esto no significa que no van a haber ships, no se preocupen xD)

- Lo más probable es que habrán actualizaciones lentas, porque tengo muchísimos otros proyectos en mente, como animaciones, dibujos, cómics... pero trataré de actualizar aunque sea una vez al mes lol. Ténganme paciencia!!

- No soy tan bueno redactando así que puede que cometa algunos errores a la hora de escribir, en especial describiendo cosas. También puede que no escriba las personalidades tan fiel al canon, recuerden que son interpretaciones mías jeje. Cualquier crítica es bien recibida, solo en caso de que sea constructiva y con el debido respeto.

- Existe la posibilidad de que algunos shots se extiendan a más de un capítulo, pero no más de dos o tres.

- Como última aclaración: Estoy escribiendo fanfics de los personajes, no de los youtubers reales. Sé que no es tan necesario decirlo, pero por si acaso!

Chapter 1: Trébol (Shadoune/Rubik) - Elitecraft

Chapter Text

¡La cena está deliciosa! Pollo asado, algo de agüita y… ¿sopa sospechosa? Me parece que alguien tendrá que ir al baño después de esto.

 

Escuchaba a los demás hablar, todos bastante entusiasmados; Había un buen de ruido, sinceramente insoportable de vez en cuando, pero ya estaba acostumbrado de todos modos. Al fin y al cabo, eran sus mejores amigos de toda la vida. La confianza ya estaba sembrada desde hace mucho. Sin embargo, mientras Shadoune lo acompañaba, algo no lograba encajar en aquel rompecabezas, al menos era lo que su mente le decía, no… Le gritaba.

Habían hecho una cena, y la gran mayoría de la gente se reunía en el mismo lugar, exclusivamente para conversar, reír contando chistes, historias y experiencias variadas. Entre ellos estaban Rich, Farfa o Vandal, por mencionar a algunos pocos. Cada uno estaba en su propio mundo, mas, a su vez, en el mundo del otro. Un ambiente muy agradable.

 

Pero no podía parar de mirarlo. O, más bien, de observarlo.

 

Esa forma de hablar, esos gestos, la iluminación tan prominente en sus blancos ojos, todo era digno de alguien que, de existir el récord, probablemente sería la persona más amable y simpática que haya conocido en toda su vida. Porque a decir verdad, había conocido gente buena, sí. Personas con las cuales era agradable pasar el rato y personas que no interrumpían al otro cuando este hablaba. No obstante, nunca, y cuando digo nunca es que jamás había visto en persona a alguien tan… radiante.

Esa era la palabra exacta. Todas esas pequeñas cualidades no se comparaban en nada a lo estúpidamente grato que era estar a su lado. Incontables tardes habían pasado ambos antes de esta cena donde, el tiempo hacía click sin que él siquiera se diera cuenta. Simplemente maravilloso, y a la vez, doloroso.

No podía evitarlo. Cada vez que abría la boca para decir algún comentario, era rápidamente interrumpido por otra persona cualquiera. Aunque no podía culparlos: Era él el que no se daba la oportunidad de atreverse a hablar. No porque hubiera mucha gente, no. De hecho siempre hablaba un montón estando en su círculo cercano, el cual es en el que estaba actualmente. Solo que, en cambio, Shadoune no estaba en esos ratos, y ahora sí. Eso hacía que todo fuera diferente. Pero, ¿por qué? ¿Por qué se obligaba a quedarse callado mientras estuviera él? ¿Era, quizás, por miedo a decir algo que no le gustara? O quizás era algo peor.

 

¿Qué era?

 

Eso se le había acumulado por un largo período de tiempo y su mente no era capaz de admitirlo, todavía no. Era imposible. Algo en su esencia, algo en su forma de querer, su forma de ser. Le molestaba.

 

Y, atormentado por sus propios pensamientos, estando él tan concentrado en ello, no se había dado cuenta de que alguien le estaba hablando, por lo que tuvieron que llamarle la atención.

—¿Rubik? Tío, estabas en un viaje astral— bromeó Killer, y las risas de todos se escucharon a continuación.

Rió también, levantando la mirada. —Lo siento, estaba… no sé. ¿Qué pasa?

—¿Nos podrías explicar un poco de aquel mecanismo que hiciste? El del avión. Lo estaba tratando de explicar, pero buah, que me he olvidado de un montón de detalles…— inquirió, curioso.

—Oh, claro. Es que es obvio, Killer, estás taaan concentrado en los comandos que se te ha olvidado.— bromeó un poco, escuchando las risas gentiles de la gente.

 

Rubik se tomó su tiempo explicando aquel mecanismo. No era lo más complejo del mundo, bueno, entre comillas, pues gente como Farfa —quienes eran bastante primitivos en el tema— no entendía un carajo y solo se quedaban observando con cierto asombro, rozando la admiración. Definitivamente habían personas geniales en este grupo.

 

Pero había alguien que lo demostraba.

 

—Fuaa… ¿Cómo hacéis eso? ¡De verdad!— preguntó el francés cuando Rubik finalizó su explicación, mirándolo directamente a los ojos, como queriendo decir algo más que eso.

¡Ay, qué chispazo! Las llamas del blaze se extendieron ligeramente, un cambio casi innotable, pero para él se sintió como si todos se hubieran dado cuenta. Con el rubor subiéndole, tembló avergonzado, queriendo hacerse más chiquito para que nadie notara lo mucho que le afectan los cumplidos de ese chico. Se quedó callado, dejó que los demás siguieran hablando.

 

Luego de un rato, que ya era bien tarde, llegó a su casa, a su pequeño cuarto después de despedirse de los demás integrantes de su grupo. Abrió la puerta y soltó un gran suspiro consigo. Había sido una tarde un tanto complicada. Se tiró en la silla que estaba al frente de su escritorio, apoyando sus brazos en este y su cabeza entremedio, entrando en pose de “reflexión”.

No era la primera vez que algo como esto le sucedía. Pero sí era la primera persona con la que le pasaba.

Y, como era de costumbre para él, abrió un cajón de su escritorio, sacando un cuaderno con hojas negras. Lo posicionó al frente suyo y, con mucho cuidado, sosteniendo una pluma, metió la punta en una tinta blanca cercana para poder empezar a escribir unas cuántas pocas palabras.

 

“¿Existe la perfección?

Rich dice que no. Y palabras tan insólitas, digo, viniendo de alguien como él, me sorprende. Genuinamente, me sorprende.

Aunque esté de acuerdo con él…

Algo dentro mío me sigue diciendo que sí, que tengo que ser perfecto, incluso en los momentos más tranquilos, y eso me molesta.

 

Joder, ¿por qué soy así cuando está él? También me molesta más de lo que debería.

¿Quién se cree que es?

 

Bueno.

Quizás exagero. No soy bueno hablando, ya está.

Y quizás no soy suficiente, después de todo.”

 

Sus manos temblaban al escribir con tanta presión sobre la hoja, lo cual no era normal en él, pues tenía un pulso suave. Y… ¿Eh? Parece que algo cambió.

No le tomó tanta importancia al inicio, quizás y solo estaba cansado luego de un día tan extenso. Después de todo, sí había sido agotador estar con tanta gente.

Pero algo se extendía desde su pecho, tan dentro que no pudo notarlo por unos segundos.

Y cuando lo hizo, se paralizó.

 

—No…— se quejó, su voz quebrándose. —No de nuevo.

 

Eso le subió primero al corazón y luego a los pulmones. Luego a la sangre.

Dolía, Dios, como dolía; Ese era el infierno para él.

Soltó un par de quejidos, tratando de expulsar el malestar. Todavía no lo entendía. ¿Por qué se sentía tan mal por algo tan mínimo? Era algo tan estúpido, banal, trivial. Mas no podía evitarlo, le importaba muchísimo más de lo que debería.

 

Así lo veía él.

 

Esto no ocurría a menudo.

Solo cuando sus emociones se acumulaban por mucho tiempo.

Hay veces en las que las emociones de Rubik llegan a su límite, el calor se disipa y se convierte en lo contrario, en un frío intolerable; Aunque todo esto pasa por dentro y no se ve a simple vista.

El temblor en sus manos, y en su cuerpo entero, se debía a eso. No podía soportar el cambio de temperatura tan repentino. Pero estaba dentro de su naturaleza. Después de todo, estar triste es normal, y llorar también.

 

Pasaron unos cuántos minutos. Ya estaba más relajado y su cuerpo había vuelto a la normalidad. Ahora tendría que secar cuidadosamente las lágrimas que mancharon las hojas. Para eso no necesitaba pasar algún trapo o papel, solo tenía que pasar su mano flameante sobre el lugar afectado.

Aunque, para su mala suerte, las manchas seguirían ahí. Un tanto pequeñas, casi imperceptibles, pero seguían siendo visibles.

—Mierda…— suspiró, refregándose las manos en la cara, exhausto, viendo que ni eso funcionaba. —Mmh… cómo sea.

Y se echó a la cama, así no más, tratando de olvidarse de todo.

No obstante, cuando su mente estaba ya apagándose para descansar… Apareció una imagen que conocía muy bien, y que definitivamente no quería recordar ahora mismo.

—¡Sh-Shad..!— susurró el sobrenombre, medio asustado por los juegos que le hacía su propia mente, tapándose entre las sábanas, el rubor subiéndole a las mejillas nuevamente.

 

Le costaría dormir hoy.

 

(-)

 

Tap tap, tap tap…

 

—¿Por qué no sale, tío?— se preguntaba, aunque sin frustración, y en su lugar, algo de aburrimiento.

No llevaba contado el tiempo que había malgastado con ese juguete. Podrían haber pasado unas dos horas y él seguía ahí. En este momento tendría que estar haciendo los planes para su próximo gran mecanismo, sin embargo, estaba hipnotizado con los sonidos de las ruedas y como se veían las luces led que producía el miniskate al ser usado por sus dedos, deslizándose por la mesa. Satisfactorio.

Reposar su cerebro era necesario, tal vez, sí. No obstante, olvidó que el tiempo no es infinito, ya iban a ser las una de la tarde. No hizo nada de lo que debería.

Pero su “tiempo libre” no duraría para siempre. Sin previo aviso, un sonido característico lo sacó del trance. Ay, no… supieran todos cómo deseaba no conocerlo.

Rubik se ruborizó de inmediato, y al mismo tiempo, algo más se apoderó de él. Nervioso, se paró de la silla, dirigiéndose a la fuente de sonido. Su corazón palpitaba mucho de la nada, y sentía sus labios temblar ocasionalmente.

 

—¿Rubik?— se escuchó esta vez, en tono curioso, tocando la puerta reiteradas veces, casi haciendo música con ella.

—Estoy aquí…— las palabras salieron como si fuera un gato y lo hubieran atropellado. Aunque seguía sonando natural.

 

Abrió la puerta, viéndolo por fin.

—¡Rusbi!— exclamó en su acento francés, contento de verlo, aparentemente. —¿Todo bien? ¿Qué haces?

Su expresión se neutralizó al pensamiento de no poder percibir si el interés del chico hacia él era genuino o no. Quizás solo era por modales y no estaba preguntando de verdad… Qué más da. No quería discutirlo ahora.

—¡Hombre! Pues no mucho...— respondió con amabilidad, aunque su semblante era distinto a la vista del otro.

—¿De verdad?— alzó una ceja, sonriendo mínimamente. —Porque no te veo muy convencido.

 

Rubik cae en cuenta de que algo andaba raro. ¿Por qué Shadoune se acerca así como así? Se quedó estático por un breve momento.

—Eh- ¿Qué…?— se le abrieron los ojos, sus pupilas dilatándose. —¿Todo esto a qué viene?— preguntó directamente.

El más bajo sonrió de mejilla a mejilla, sus ojos también lo hacían. —Nada… Solo quería pasar a verte,— espetó de forma espaciada. —y decirte que yo y los chicos estamos probando algunos juegos ahora mismo, por si te interesa venir.

—Uhm, — evitó con todas sus fuerzas sonreír, mirándolo a los ojos como todo un baboso. Trató, al mismo tiempo, de estar lo más tranquilo posible. —Gracias, Shad, pero estoy un poco ocupado ahora… la verdad es que… me distraje un poco a la hora de hacer unos planes para un mecanismo y-

Shadoune lo interrumpió, su dedo moviéndose, lo cual lo sacó de onda; Y sin explicación alguna, este se posó en los labios de Rubik, callandolo por completo. El contrario rió por lo bajo. Se quedaron viendo un instante. Ambos estaban disfrutando lo que sea que fuera eso, aunque de distintas formas, y sin saber que era recíproco. Un par de segundos pasaron, y el francés habló. —Está bien, no tienes que explicarme todo. Si estás ocupado, estás ocupado, ¿no?

Esta vez las llamas en su cabeza eran más grandes. ¡Demonios! Maldita cabeza delatora. —S-sí…— susurró, casi inaudible.

—Suerte.

 

Y se echó a correr, volando con sus elytras.

 

En secreto, siguió a Shadoune por detrás solo unos pasos, viendo como su figura voladora desaparecía en el horizonte. Luego caminó a su pieza, cerrando la puerta, como muy sorprendido. Pasó sus dedos inconscientemente en sus labios, y frunció el ceño. Trató de limpiarse la boca con desesperación, maldiciendo en el proceso. —Tonto… ¡tonto! ¿por qué hiciste eso, Shad? ¡Dios!— se quejó cual niño pequeño haciendo una pataleta, incluso movía los brazos y todo. Se dio cuenta de que estaba siendo demasiado infantil. Suspiró, apoyándose contra la puerta. —...debo calmarme.

 

Y así fue el resto de la semana.

Shadoune lo invitaba a jugar y pasar el rato. Nada fuera de lo normal. Rubik se limitaba a decir que estaba ocupado y lo entendía, tenía un montón de cosas que hacer con respecto a la redstone, eso sí que se notaba.

Se notó la primera vez, luego de la otra invitación —la del dedo—, que el blaze estaba ya trabajando en los planes que había hecho. Shadoune dijo explícitamente que los juegos de ese momento durarían hasta la noche, sin embargo, viendo todo el trabajo que el chico tenía que hacer, y encima él solito, se compadeció.

Se notó la segunda vez, donde Rubik había terminado de comer un riquísimo almuerzo. Con el mismo nivel de confianza, el tipo le preguntó si iba a estar ocupado con algo, su expresión incluso más contenta que las últimas veces. Fue contestado con un “No, lo siento… estoy haciendo un proyecto junto a Rich… Quizás a la próxima.” el cual incluso guardaba un tono de lástima sincera.

 

Pero no se notó en la tercera.

Ahora definitivamente no estaba ocupado, y tampoco se veía con los mejores ánimos, en verdad.

Fue algo así… 

 

Shadoune estaba de vuelta al frente de la puerta de la habitación de Rubik. Hizo su knock knock especial. La puerta se abrió, aunque lento.. Muy lento. Quedó entreabierta, con el muchacho viéndolo por ahí.

—¿Mmm?— musita el fortachón, esta vez estaba un poco encorvado y sus ojeras eran demasiado notables.

Se preocupó un poco por eso, su tono más suave de lo habitual. —¿Rusbi? ¿Todo bien? Oye… te ves cansado— sonrió, tiernucho. —Yo y Farfa estamos planeando un mecanismo, pero nos está saliendo bastante mal. Te quería pedir ayuda, pero ya veo que-

—No puedo— interrumpió, su voz bastante cortante, haciendo que se le paralizara la cara al otro. —Tengo cosas que hacer, lo siento.

Confusión.

¿Rubik estaba bien realmente? Nunca antes lo había visto actuar de esa manera con nadie. No era así. A lo mejor solo estaba cansado y fin, pero algo no cuadraba… lo conocía lo suficiente como para saber que se acostaba temprano y dormía las horas suficientes, tampoco se descuidaba al comer. En esos cinco segundos de silencio, pudo notar que su compañero desviaba la mirada hacia la nada con una expresión un tanto melancólica; Las cejas curvas, los ojos entrecerrados, sin sonreír.

 

—¿Qué pasa, Rusbi? Estás, como que… actuando muy raro.

 

Se le abrieron los ojos como platos, su mirada rápidamente enfocándose en la de Shadoune. Oops, ya se hizo obvio.

Tragó saliva, tosiendo sin querer, la vergüenza y los nervios subiéndole por vez quinienta. —¿Yo? Eh… no lo sé, tío, disculpa. No he dormido nada últimamente. Necesito descansar.

—¿Sí? Pues… sí lo parece.— respondió sin sonreír esta vez, algo neutral, tranquilo, mas la forma en la que bajó ligeramente su cabeza… ¡Joder, no!

—Yo…— suspiró, agotado. —Necesito espacio, ¿si? Puedes pedirle a alguien más ayuda con esto. Lo siento.

—Está bien, no pasa nada. —Recobró un poco de energía, aunque no era la misma de antes. —Te cuento igual cómo nos fue después, ¿va? Nos vemos.

—Va, va, nos vemos.

 

Joder.

 

“¡Que la tierra me trague ya!” pensó inmediatamente al cerrar la puerta. Se sentó en la cama a meditar. Esto de rechazar sus salidas no podía seguir ocurriendo, pero ¿qué podría hacer? Tenía que evitarlo a toda costa o se volvería loco, muy loco.

En especial con esos ojos.

Sus manos.

Su boca…

“¿En qué estoy pensando?” se llevó la mano a la cara otra vez, tratando de detener el sonrojo. Ni siquiera había admitido aún todo lo que sentía. Todo un caos.

 

Y en medio del caos, ¿qué opciones tenía?

 

(-)

 

Tomó una amapola roja y la olió, el rubor apareció nuevamente. Su pierna derecha temblaba y no podía mantener la calma, incluso estando sentado, y en la orilla de un río tan brillante. Uno que parecía de fantasía. Las luces colgando de las vallas, los caminos hechos de tierra y arbustos, el hecho de que estaba atardeciendo y que el cielo se teñía de un lindo color morado, dejando ver las estrellas. Todo parecía sacado de un cuento de hadas.

 

—¿Te recordó a algo?— sonó una voz grave cerca suya.

 

El rubor se hizo más intenso. —¿Eh? No…— mintió, escondiéndose detrás de la flor.

Su compañero se sentó a su lado, no tan cerca, mirándolo fijamente con ojos robóticos. Rubik trataba de esconderse más, visiblemente incómodo por el contacto visual tan insistente. Mientras eso sucedía, se escuchaba el agua del cristalino río correr y las hojas de los árboles cayendo en el pequeño techo de lana que tenían arriba. Intentó concentrarse en los calamares que nadaban junto a los pececillos, sin embargo, aún sentía esa presencia encima suyo que, sin intentarlo, le generaba terror.

Y un terrible susto fue el que le dio al darse cuenta de que, al no estar mirando, su amigo se había acercado demasiado a él, su mirada incluso más potente.

—¡Ah!— soltó un pequeño gritito, que sonó más como uno ahogado. —¡Kau! Tío ¿Puedes dejar de hacer eso?

Y al son de esas palabras, se escucharon carcajadas fuertes.

—Qué fácil es asustarte. — dijo entre risas, observandolo otra vez, más amable.

Frunció el ceño, molesto —Ya. Te diré lo que quieras, solo- deja de mirarme así.

—Soy todo oídos.

 

Suspiró en grande, mirando al reflejo de las estrellas en el agua.

 

—No… no sé. Es Shadoune. De repente como que, no lo sé, se me hace un tipo muy, muy molesto. Lo admito. Es que, ¡ugh! ¿Qué le pasa? Me tiene harto con sus modales, su falsa preocupación hacia los demás, la forma en la que es tan… bueno con todos. — se explicó mientras jugaba con la flor, inconsciente de que estaba sacándole algunos pétalos de la pura frustración. —Pero… Pero no me gusta pensar así. Hoy lo lastimé, ¡lo lastimé, Kau! No puedo perdonarme por eso. Él es tan bueno y tan sencillo al mismo tiempo, no sé cómo lo hace sin estresarse. 

 

Hubo un gran silencio. Uno lo suficientemente largo como para que Rubik se avergonzara profundamente por admitir parte de lo que sentía.

 

Kaumaru sonrió un poco, cautivado, mientras jugaba con el césped, contando cuántos tréboles habían, esperando suerte.

—No es necesario que digas algo— susurró el otro, sincero, sin sarcasmo. —De hecho… solo necesitaba sacarlo. Gracias por escucharme.

 

En un momento señaló el suelo. —¿Ves el césped, Rubik?

—¿Sí?— respondió, confundido.

—¿Sabías que su color tiene fama de representar la envidia? 

Se quedó estático por un momento, analizando sus palabras, tratando de leer entre líneas, aún así no lograba comprenderlo del todo. —¿E-envidia?

—Mhm.— asintió para luego sorprenderse por algo. —¡Oh!

—¿Qué? ¿Qué pasó? ¡No me asustes así!

 

Manteniendo su puño cerrado, agarró la mano de Rubik con cuidado, abriendo la suya, dejando que vea el trébol de cuatro hojas que acababa de recolectar.

—¡Mira tú, que suerte! Creo que lo necesitarás para lo que sea que esté pasando. — guiñó el ojo.

—Ohh, uhm… Gracias. — musitó, sin saber muy bien qué hacer, guardando el trébol en su bolsillo.

El resto de lo que quedaba del atardecer desapareció, y con ello, Rubik se despidió de Kau y se fue a descansar.

 

(-)

 

Vaya, pues qué divertido: Carreras con dificultades.

Los juegos de hoy, organizados por Luh, se veían bastante buenos, en especial para cuerpos atléticos como el de Rubik. A él le gustaba mucho competir, no solo por ganar, sino por la adrenalina que le provocaba. Lo mismo pasaba con todos los demás. 

 

Y tomó el valor de dar un paso, por más mínimo que fuera. Tenía que, no había alternativa. Aún dudoso, y sudando hasta más no poder, tocó esa ominosa puerta con su mítico ritmo. Tragó tanta saliva que pudo sentir un pequeño dolor atascandose en su garganta.

La puerta se abrió rápidamente.

—Heey…— titubeó.

—¡Rubiiik!— exclamó emocionado el francés, acercándose un poco para abrazarlo, aunque se arrepintió de inmediato, así que solo se quedó ahí. —¿Qué pasa, qué pasa? ¡Cuéntame!

—Tú.. Uhm, ¿quieres venir a los juegos de hoy, de carreras? Lo organizó Luh esta vez.

Se le iluminaron los ojos. —¿Carreras? ¡Hombre, claro que sí!

Rubik no pudo evitarlo, sus mejillas estaban rositas. Esa sonrisa… —V-vale, vamos, que ya están por partir.

 

¡Era el inicio de los juegos! Todo Elitecraft había sido invitado, y muchísimos de ellos asistieron. Todos conversaban antes de la primera carrera con emoción. Luh salió adelante a dar algunas indicaciones y una última explicación, todos muy atentos.

Finalmente inició la primera carrera. Los obstáculos no eran cosa del otro mundo, sin embargo, seguía habiendo cierta dificultad; Muchos fueron eliminados en los primeros minutos.

Rubik, después de estar tanto rato estresado, se le veía bastante contento. Reía, corría, saltaba sin preocupaciones más que no caer en ningún obstáculo. Y sorprendentemente, consiguió ganar el tercer lugar, abajo de Farfa y Killer. Por unos minutos, alcanzó a olvidarse de todo.

 

Fue la segunda carrera, luego la tercera, hasta llegar a la penúltima.

La carrera terminó y Rubik se apoyó en un árbol cercano para respirar hondo, satisfecho. Entonces, escuchó una carcajada detrás suyo.

 

Ugh… 

Era él.

 

Estaba ayudando a Gona, que se cayó, y parecía como si en un segundo todos querían hablarle al ver a todos amontonados junto a él. Rubik apretó los dientes, muy molesto, se volteó, caminando hacia cualquier otra parte. No quería, pero volvió a voltearse.

Y eso ocurrió una y otra vez.

¿Shadoune ayudaba a alguien? Ahí sobrepensaba.

¿Shadoune se reía de sí mismo? Apretaba los puños.

Shadoune hacía aquello y esto otro.

Shadoune…

 

¿Eh? Shadoune lo estaba mirando.

 

Rubik sintió cómo sus mejillas se volvían carmesí y las llamas en su cabeza eran incluso más grandes que otras veces.

—¡Rubik!— gritó desde el otro lado del patio, haciéndole un pulgar arriba y sonriéndole, la sonrisa más grande y tierna que había visto en su vida. Sin darle tiempo de reaccionar, se volteó y volvió a hablar con sus amigos.

 

—¡Bah!— empujó piedras con su zapato. “Él le sonríe a medio mundo, de todos modos…” pensó.

Se detuvo. Vio el suelo. Suspiró. “...Entonces ¿Por qué le doy tanta importancia?”

 

(-)

 

Oh, qué tragedia.

Para la última competencia, había que hacer equipos de a dos.

 

Una parte suya, muy, muy al fondo, le decía que quería que Shadoune lo escogiera por sobre toda la gente. Aunque ¿Por qué haría eso, si no es especial para él? Nunca lo había sido ni por lejos. Sí, eran amigos desde hace mucho tiempo, incluso antes que Elite se estableciera como ciudad. Sí, vivían en el imperio ahora mismo, pero eso no significaba nada, ¿no? Decidió no aferrarse a ninguna esperanza, pero parece que el destino tenía otros planes.

—¡Rubik, Rubik!— exclamó esa voz con entusiasmo, tocándole el brazo. Rubik se volteó a verlo, sorprendido. —¿Quieres hacer equipo?

 

No respondió. No a tiempo. En cambio, se preparó para decir que sí, pero al último momento, nada salió de su boca, absolutamente nada; Ni siquiera un suspiro.

 

—¿Rubik?

 

Nada.

 

—¿Rub-

—Ya tengo equipo, lo siento.

 

—¿Ah?

 

Se desvaneció.

Quizás eso había sido mucho. Demasiado. Pero Shadoune ya era demasiado para él de por sí, y no se lo merecía. Rubik sudaba otra vez, los latidos de su corazón sonando en su oído muy fuerte. Dejó de escuchar las conversaciones a su alrededor, el calor se hacía presente. No sabe qué acababa de decir. Sin dejarlo decir otra palabra más, Rubik se dirigió directamente a cualquier persona que estuviera más cerca, en este caso, Conter. E hicieron equipo juntos.

El francés se quedó ahí, varado, quieto, mas no estaba enojado, solamente decepcionado, pero más allá de eso, profundamente preocupado.

 

La carrera fue divertida, claro. Pero no para ninguno de los dos.

Esta vez había que ir en barco en caminos de hielo e ir lo más rápido posible hasta la meta, el tiempo: 10 minutos aproximadamente. El chico sostuvo una de las palas tan fuerte que casi la rompió, de hecho, le hizo una pequeña hendidura. Conter, quién estaba a su lado, sosteniendo la otra pala, no notó nada fuera de lugar. Era solo Rubik contra él mismo, y, por supuesto, Shadoune invadiendo su mente, torturándolo cada segundo de la competencia.

 

Aunque de repente como que recordó algo.

Algo de un color en específico.

 

Conter…

 

¿De eso se trataba?

 

—¡Dale, Rusbi! ¡Tú puedes, tú puedes!— le animó el conejo entre risas.

No tuvo tiempo para reflexionar. Con todas las fuerzas del mundo, siguió avanzando, sin darse cuenta, ya casi estaban llegando a la meta, y encima iban primeros. Estaban por delante del equipo de Rich y Vandal, y por supuesto, cómo no, el de Shadoune, quién había escogido a Cris como su compañero.

—¡Ya casi llegamos!

 

Por primera vez en toda la partida, Rubik mira hacia atrás, buscándolo nuevamente.

Y ahí estaba, dando lo mejor de sí mismo, como siempre; Aunque ¿era así en verdad?

Notó que, en los últimos momentos, los últimos segundos en los que se supone que debería sentir más adrenalina, el francés paró de remar. No del todo, pero sí bajó mucho el ritmo.

Y por un pequeñisimo instante, juró, por Dios, juró haber visto que sus lindos ojos blancos se entristecian.

 

—¡Sí, ganamos! ¡Ganamos!— manifestó entusiasmado, aunque el otro no sentía lo mismo, pero tenía que darse la vuelta igualmente, fingiendo el orgullo.

 

Nada de eso valió la pena. Ni las felicitaciones, ni los premios.

Al menos no si no estaba junto a Shadoune.

Vacío, se dirigió a duras penas al baño más cercano, no porque tenía que hacer sus necesidades, sino porque quería esperar hasta que se fueran todos, incluyendo a ese francés.

 

Pasaron segundos. Minutos. Media hora. Ya era momento de salir. Titubeó un poco antes de abrir la puerta del baño. Pisó el césped y ya estaba listo para abrir el inventario, ponerse sus elytras e irse a su casa, no obstante, divisó esa figura.

 

—No tiraste la cadena.— rió un poco, volteandose, haciendo contacto visual.

—Sh-Shadoune.

 

Dio unos pasos hacia adelante, enfrentándose con Rubik sin decir nada todavía. La tensión era palpable en el aire.

 

—Estas últimas semanas… has estado distante conmigo.

—¿Qué? No…

 

Él deja de sonreír, acercándose un poquito más, mirándolo hacia arriba ahora. Su tono era serio, pero seguía teniendo ese toque de dulzura.

—¿No? Entonces, ¿cómo explicas lo de la redstone del otro día? ¿O lo de los equipos ahora?

 

Calló.

 

—Llevo días intentando acercarme a tí, pero me lo estás haciendo imposible. ¿Qué pasa? ¿Hice algo mal? Solo… dímelo, no me voy a enojar. Te lo juro. — susurró, amable, increíblemente amable. Hubo más silencio, pero entremedio de este mismo, habían mil palabras sin poder traerse a la luz. —Hablé con los demás del imperio, y todos me dijeron que no estabas raro. Entonces ahí caí en cuenta de que me estabas evitando a mí…

 

Rubik sintió cómo la rabia se apoderaba de él.

 

—Vamos, Rubik… yo solo-

—¡Sí, joder, sí!— vociferó, impotente. Shadoune se asustó un poco. —Es que, no, no... No puedo estar contigo, Shad. No puedo.

 

Estaba extremadamente confundido. —¿Por… ¿Por qué?

—¡Porque no, y ya! No lo sé, Shadoune, quizás porque eres mejor que yo, ¿sabes? Eres… tan sociable, tan amable, tan lindo con todos. Todo, todo te sale bien. ¡Todos quieren estar contigo, y cuando digo todos, no estoy excluyendo a nadie! Pero claro. Tú tienes que ser tan bueno y yo… Yo no soy nadie. Yo…— sus manos empezaron a temblar, ese algo apoderándose de su cuerpo otra vez. —¡Yo..ugh! ¡Y-yo quiero ser así!

 

Lágrimas, lágrimas muy frías y saladas empezaron a caer de sus ojos. Su voz quebrada, también quebró a Shadoune.

 

—Yo solo quiero… Ser como tú. ¿Por qué? ¿Por qué soy tan, tan tímido? ¿Por qué no puedo saludar a todos sin sentirme avergonzado? Quisiera, solo quisiera poder meterme a cualquier conversación sin incomodar a nadie.— nisiquiera intentó secarse las lágrimas, su cuerpo apenas se lo permitía.— Te envidio demasiado.

 

Anonadado. Esa era la palabra. Quedó así por unos segundos hasta que una ampolleta se prendió en su cabeza. Quizás este era el momento indicado para decirlo. Sin pensarlo mucho, se tiró al agua.

—Eso es gracioso… yo también te envidio.

 

—¿...Eh?

 

Unas manos se posaron en sus mejillas, agarrándolo suavemente, lo que obligaba al blaze a mirarlo directamente.

 

Su voz bajó muchísimo, casi sonando a un canto. —He dicho que yo también te envidio, Rusbisito. Muchísimo. ¿Y cómo no hacerlo? Eres genial y talentoso... Yo no podría hacer ni algo cercano a lo que tú haces.— y lo abrazó bien fuerte.

 

Se sonrojó tanto que sintió como su corazón rápidamente ardía. —Tú no- ¿Qué? Solo dices eso para que no me sienta mal— trató de negarlo, siendo instantáneamente interrumpido por el contrario.

—Hmmm, ¿De verdad crees eso? ¿Entonces por qué crees que eres la primera opción en la que pienso cuando se trata de redstone, eh?

Rubik no sabía ni cómo reaccionar. —¿N-no? E-eso es porque vivimos demasiado cerca-

—Shhh, cállate, tontito. Sabes que es verdad.— dijo, dándole palmadas en la espalda.

—Uh.. Ok, ok.. Okay.

 

Siguieron abrazados un buen rato hasta que Rubik lo abrazó de vuelta con incluso más intensidad, sus fuertes músculos casi estrangulan al pobre flaco.

“¡Oh! Uy, no... Qué ricos se sienten esos músculos...” pensó, su cara roja como un tomate, deseando que nunca se acabara este momento.

 

(-)

 

El bar de Silithur era un punto de reunión común. Un día exacto después de los juegos, la mitad de los participantes se encontraba ahí, pasando el rato tranquilamente, riendo, cantando en el escenario, cualquier cosa que distrajera de la realidad.

Y ahí estaban los dos, juntos, sentados en los taburetes mientras esperaban que les sirvieran el próximo trago.

 

Rubik trató de hablar, pero fue interrumpido. Su amigo se dio cuenta, y le sonrió.

—Heyy, Rusbi quería hablar.

—Ah, ah. Lo siento.

Y luego de mucho tiempo, por fin pudo sentir un pequeñísimo alivio. Abrió la boca para hablar, aportando a la conversación.

 

Pasaron las horas. Llegó a casa, un poco cansado, pero aliviado.

Ni siquiera tuvo que abrir el diario para fijarse en lo último que había puesto ahí, antes de hablar las cosas con Shadoune.

 

“...Bueno.

Quizás exagero. No soy bueno hablando, ya está.

Y quizás no soy suficiente, después de todo.”

 

Rápidamente agarró el lápiz y tachó esas palabras, reemplazandolas.

 

“...Y quizás no soy suficiente, después de todo - Soy más que eso.”

 

Inconscientemente, y sonriendo, dibujó un pequeño shadoune abajo de esas palabras, un corazón al lado… flores… un trébol. 

¡Ay, no! ¿Qué estaba haciendo?

 

Apagó la lámpara y luego se tiró a la cama, completamente satisfecho.

Tenía el trébol que le dio Kau en la mano.

—Jo… tengo que agradecerle.