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1
Pedri odia a Ferran.
Lo odia porque se pone nervioso por su culpa, y Pedri, cuando se pone nervioso, suda. Suda mucho. Y le da mucha vergüenza cuando se cambian los mandos de la play y el suyo está empapado.
“Me viene de família, sudamos todos mucho,” dice por enésima vez, con la voz entrecortada mientras se seca las palmas de las manos con el pantalón.
Qué vergüenza.
Ferran siempre se ríe y dice algo como “Pepi, que ya te he dicho mil veces que no me importa.”
Y Pedri lo imita “Pipi, qui yi ti hi dichi mil vicis qui ni mi impirti,” porqué es tonto y no sabe qué decir cuando Ferran lo mira así y le dice cosas que hacen que a Pedri le duela un poco el pecho y siente que se está quedando un poco sin aire.
2
También lo odia porque, por su culpa, Pedri se sonroja más de lo normal.
Pedri siempre se pone rojo, también le viene de família. Le pasa después de hacer un super sprint detrás de la pelota, cuando se toma una cerveza, con los cambios de temperatura en invierno, o cuando los fans le piden fotos. Pero sobre todo cuando Ferran le dice alguna tontería. Que es, aproximadamente, cuarenta y cinco veces al día.
“Tu mano es súper pequeña comparada con la mía, mira,” Ferran le dice, cogiéndole la mano y apoyando los dedos sobre los suyos, un día en el bus volviendo al hotel después de un partido.
“Qué tonto, déjame,” Pedri balbucea, apartando la mano porque sabe que empezará a sudar en cero coma.
Pero Ferran no le deja irse muy lejos y vuelve a cojerla. Y Pedri no se resiste, sabiendo que en el fondo es una batalla perdida. Sabiendo que está en un bus rodeado de gente, cogiéndole la mano a su mejor amigo, rojo como un tomate y sudando como un pollo.
3
Pedri odia a Ferran porque, por su culpa, hace y dice cosas que lo hacen quedar como un primo. Delante de sus amigos, sus compañeros, su família, los medios. Nadie se salva.
Luego le salen vídeos en tiktok y tiene que bloquear el móvil y estamparlo contra la pared de la vergüenza ajena que le da verse a sí mismo repitiendo el nombre de Ferran quinientas veces cuando los periodistas le hacen preguntas estúpidas. O cuando están juntos en una entrevista y Pedri lo mira embobado, como si hubiera colgado todas las estrellas del cielo.
Es lamentable.
A veces, el nombre de Ferran sale en una conversación con sus amigos y todos miran a Pedri de reojo. Y Pedri tose para desviar la atención, o dice algo que no viene a cuento, y se pone rojo, otra vez. Y las manos le sudan, para variar.
Pero a sus amigos no los odia, porque aún haciendo el primo de esta manera, nunca le preguntan nada, ni se ríen de él. A saber por qué será.
4
Pedri odia a Ferran porque no puede controlar las sonrisitas que se le escapan cuando Ferran lo llama con motes ridículos.
“Pepi, ¿qué pizza me habías dicho que querías?” un día le grita desde la cocina.
Pedri está en su cuarto, buscando el FIFA 2015 porque le suena que lo tenía guardado aquí arriba, y antes de que le dé tiempo a contestar, “Chiquitín, ¿dónde estás?” vuelve a preguntar Ferran desde el pasillo, con el móvil en la oreja. “Eres tan pequeño que te pierdo todo el rato.”
Y Pedri es tan tonto, tan sumamente ridículo, que no pude evitar que le suba un no se qué por la tripa. Y le sube, y le sigue subiendo tanto que se le escapa una risilla por debajo de la nariz.
Ferran lo ve, probablemente, pero decide tener piedad y no decirle nada. Y en estos momentos, Pedri no lo odia tanto.
Otra vez, en el vestuario, a Ferran se le escapa, “Peque, ¿me acompañas un momento a un sitio hoy antes de dejarme en casa?”
A pedri ya le está subiendo esta cosa extraña que le sube por la barriga, las comisuras de los labios se le están empezando a inclinar, las mejillas están empezando a cojer color, pero entonces, “Espera, ¿qué le has llamado?” salta Dani.
Ferran de repente lo mira con las cejas cómicamente elevadas. “Pepi,” dice, rápido como el viento. “Siempre le llamo así.”
“Ah, me había parecido escuchar otra cosa.”
Y entonces, Ferran y Pedri comparten una sonrisa que es solo suya. Una que no saben por qué tienen que esconder, pero lo hacen igualmente. Y Pedri en realidad no lo odia tanto.
5
Pedri odia a Ferran porque está tan acostumbrado a tener su atención, que cuando no la tiene, o peor, cuando la tiene otra persona, Pedri se vuelve loco.
Como ahora, por ejemplo, que Gavi está contándole algo, pero Pedri no tiene ni puta idea de qué porque no lo está escuchando en absoluto. Porque Pedri está prácticamente rompiéndose el cuello intentando descifrar de qué están hablando Ferran, Pubill y Llorente unos metros más adelante.
“Tío, al menos podrías hacer ver que te interesa un poco lo qué te estoy contando.”
“Si me interesa muchísimo,” dice Pedri demasiado rápido, girando la cabeza hacia Gavi y sonrojándose como un tomate. Como un tomate muy muy ridículo.
“Pedri, no me estabas escuchando. Llevas diez minutos mirando a Ferran, ¿te piensas que soy gilipollas?”
“Bffff, perdón tío. No, si el gilipollas soy yo.”
Pedri no odia a Gavi porque con todas estas cosas raras que le pasan con Ferran, le da muchísima tregua. Y mira que podría reírse de él hasta morir, pero por algún motivo no lo hace. Y Pedri, por eso, estará eternamente agradecido.
“Anda tira,” Gavi le dice mientras lo empuja hacia donde están esos tres tomando el sol. “Que parece que él tampoco puede vivir sin ti.”
Pedri se gira y ve a Ferran tumbado en el suelo haciéndole un gesto con la mano para que se acerque, sonriéndole como si le hubiera tocado la lotería y Pedri fuese el billete ganador.
Y Pedri va, porque ¿qué iba a hacer sino? Al menos aquí puede decir que sus mejillas rojas son por culpa del sol.
6
Pedri odia a Ferran—y este motivo va muy en serio—porque por su culpa le sale una risa odiosa y lamentable.
Es suficiente motivo como para no tener que dar más explicaciones, pero Pedri siente la necesidad de hacerlo.
Pedri nunca ha sido una persona insegura. Es trabajador, constante, afable, buena persona, y aunque a veces no lo parezca, es un tío seguro de sí mismo.
Pero ahora, desde que le pasan cosas raras con Ferran, cada vez que Ferran hace una tontería de las suyas, cuenta un chiste, o se muere en el Fall Guys, a Pedri se le escapa una risa horrible e incontrolable que le hace querer desaparecer de la faz de la tierra.
“Para de reírte así por favor que me mearé encima,” le dice Ferran, llorando de la risa y retorciéndose en el sofá.
“Que no puedo, te lo juro, me sale sola,” dice Pedri entre gruñidos que podrían ser tanto de un cerdo recién nacido como de un asno a punto de ser sacrificado.
Entonces Ferran se avalancha sobre él y empieza a hacerle cosquillas. Y joder, así no se puede. Pedri lo odia porque no puede soportar el inevitable y horrendo ruido que sale de su boca. Y a la vez no puede ser más feliz.
Porque en ese breve instante es consciente de que esta risa horrible solo le sale con Ferran. Y solo entonces piensa que en realidad no está tan mal, porque pensándolo bien, a Ferran le confiaría cualquier cosa, incluso la risa más vergonzosa del mundo.
Además, pocas cosas en la vida le hacen poner esta cara tan preciosa. De felicidad extrema, con los ojos ahogados por la risa y esos hoyuelos que solo le salen cuando el chiste es demasiado bueno.
7
Pedri odia a Ferran porque lo ha acostumbrado demasiado al contacto físico, y ahora se tocan todo el rato, como si fuese normal.
Igual lo es, y es simplemente Pedri que le da demasiadas vueltas a las cosas. No lo sabe del todo. Pero cree que no. Porque Ferran no toca ni la mitad de veces a los otros compañeros.
La cuestión es que lo odia porque se tocan tan a menudo, que Pedri ya casi ni se sonroja, de lo normal que es para él.
Algo insólito.
Y lo odia porque le gusta demasiado ser este pequeño cobijo donde Ferran puede ser dócil y frágil y vulnerable. Ser especial, la única persona con quien Ferran se siente suficientemente cómodo como para ni darse cuenta de lo que hace o deja de hacer con las manos.
Pero lo odia, porque le da mucho miedo que esto se acabe, o de que no sea real, o de estar dándole una importancia que no tiene, y que esté todo en su cabeza.
Él, tan inexperto, tan tímido, tan pequeño. Y Ferran tan Ferran, tan el tiburón, tan el terror de las nenas, con estos pelos.
8
Pedri odia a Ferran porque le hace plantearse muchas cosas. Demasiadas. Cada día una nueva.
La de hoy—bueno, no es de hoy, a quién vamos a engañar, pero vamos a hacer ver que sí—es que Ferran está tan sumamente bueno que Pedri se distrae demasiado a menudo durante los entrenos.
Llegar a la conclusión de que no solo le gustaban las mujeres fue una odisea en sí misma, pero Pedri no culpa a Ferran por ello. No del todo, almenos. Aunque definitivamente Ferran ayudó a cimentar la idea.
Así que crisis de sexualidad aparte, Pedri no puede no embobarse cada vez que Ferran se sube los pantalones tan arriba en los entrenos que parece que lleve slips. O cada vez que se sube la camiseta para secarse el sudor de la cara y se le ven los abdominales.
No puede. Es físicamente imposible.
Y Pedri lo odia porque ¿cómo de lamentable es distraerte cada vez que le ves un poco de piel sudada a tu mejor amigo?
Y lo odia todavía más porque últimamente, Ferran lo busca con la mirada, comprueba que Pedri lo haya visto, lo que sea que ha hecho.
Lo que sea que hace—chulear de cuadricep, sacarse la camiseta, flexear un bíceps—lo hace para que Pedri lo vea.
O almenos, eso parece. Y Pedri se está volviendo loco. Y sigue sudando mucho.
9
Pedri odia a Ferran porque cuando salta en el aire después de un gol, está tan y tan seguro de que lo cogerá, que ya ni se lo piensa dos veces.
Porque Pedri corre, y corre y corre como si le fuese la vida en ello. Porque en ese momento, llegar hasta Ferran parece cuestión de vida o muerte.
Y eso también lo odia, que ya no pueda entender el fútbol sin Ferran, que la primera reacción tras marcar un gol sea siempre buscar su cara entre la multitud. Que el momento de más euforia sea cuando sus traicioneras piernas se envuelven alrededor de su torso, cuando lo sostiene y le da vueltas y lo besa ahí, en el hueco debajo de su oreja, susurrándole al oído que es el mejor.
Y Pedri lo odia, porque en ese momento no hay ningún otro sitio donde preferiría estar, porque nunca había sentido algo así. Porque está cagado de miedo.
10
Pero por encima de todo esto, Pedri odia a Ferran por habésele adelantado.
“¿Puedo probar una cosa?”
La pregunta pilla a Pedri por sorpresa. Están en el sofá en casa de Ferran, con los tres perros tirados encima, después de un entreno un poco más duro de lo normal.
“Hm?” dice, girándose hacia él, cansado.
Pero Ferran no repite la pregunta, sino que directamente lo besa como si fuera lo más normal del mundo.
Y Pedri, en ese momento, piensa que lo odia, a Ferran sobre todo, pero a sí mismo también. Por haber tardado tanto, porque es que lo es, besar a Ferran es lo más normal del mundo.
Después del primer contacto, Ferran lo coje por la mejilla y se lo vuelve a acercar, y lo vuelve a besar, y luego otra vez, y luego Pedri abre la boca y Ferran también y sus lenguas se encuentran y es perfecto.
Y Pedri no lo odia, Pedri lo quiere, lo ama, y le entran ganas de llorar solo de pensarlo. Piensa, también, que le gustaría abrir los ojos para ver qué cara está poniendo Ferran mientras lo besa. Seguro que está guapísimo, y puede que parezca un poco estúpido, como debe parecer él también. Sonreír y besar a la vez es un poco complicado.
“Quería hacerlo yo,” le dice Pedri cuando se despegan, apoyando los brazos en sus hombros.
“¿El qué?” Ferran pregunta embobado.
“Pues esto, papa frita. Lanzarme, ser yo el primero en besarte.”
“Pues lo siento pero es que ya no podía más, me estaba volviendo loco.”
Y Pedri sonríe y lo vuelve a besar, porque puede, porque es lo que ha querido hacer todos los días desde que lo conoció. Porque no lo odia, nunca lo ha hecho. Es imposible.
