Chapter Text
La primera vez que se pronuncia ese nombre, Lin Beifong tiene 7 años, una nueva hermanita que le agarra uno de sus dedos con sus pequeñas manitas y quiere saber quién es su padre. No es lo suficientemente estúpida para creer que no tuvo alguno. O está muerto, o su madre quizás lo abandono. Puede que a su hermana no le interese mucho conocer su origen, su pasado. De donde viene.
Pero a ella sí. Quiere saber si puede encontrar a su padre alguna vez en su vida. O si está muerto, al menos quiere una tumba para rendir culto y honor. Agradecerle por su vida.
Así que con todo el valor que puede reunir, se planta valientemente enfrente de su madre.
-Madre.- Ella llama con paciencia. Su madre no es la mejor madre, pero al menos quiere respuestas.- Madre.
La espera se siente eterna mientras su corazón late con la fuerza de un terremoto. Su alma se siente inquieta.
-Que sucede, Lin.- Finalmente hace un espacio para escuchar a su pequeña, dulce y suave hija.- Que te molesta.
-¿Quién es mi padre? .- La tensión en los hombros de Toph es clara. En el mejor de los casos, Lin recibirá un grito furioso. Pero ella necesita saber. Necesita saber si hubo alguien más que la amo. Alguien más que podría amarla. Alguien más que pueda estar con ella y su hermana a la hora de los juegos.
Toph solo suspira y se masajea las cienes. Después de lo que parece un siglo, baja la cabeza.
-Su nombre era Kanto.- Dice Toph. - ¿Contenta?
Antes de que pueda decir algo más, alguien busca a su madre por algún incidente y entonces ella se va, abandonando a ambas niñas. La nana que las cuida es cruel y a ella no le gusta estar sola, pero al menos a veces vienen los abuelos, lo cual lo hace mucho mejor que nada.
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Pero en realidad, todos sabemos que no era la primera vez que ese nombre era pronunciado.
Zuko acomodo el cuello de su túnica sencilla mientras se miraba frente al espejo. Salir de incognito sin el resto de la pandilla se sentaba mal, pero quien sabe hasta cuándo tendrían un respiro de nuevo. Estaba seguro que esta pequeña e inofensiva escapada los haría regresar con un mejor plan de acción.
-No estoy muy seguro de si se ve convincente.- Dijo inseguro de su vestimenta. Sería muy peligroso para sus tareas de descolonización que alguien lo reconociera como el señor del fuego más que como un colono más.
-Pues yo pienso que te ves bien.-La fuerte voz de Toph Beifong fue más que suficiente para dibujar una sonrisa sincera en el rostro del joven señor del fuego.
-¿Tú crees?.-Al darse la vuelta, la sonrisa en el rostro de Zuko se borró. La maestra tierra ya hacia sentada en la cama de la habitación.- Toph, ni siquiera puedes ver.
-Tengo mi sentido sísmico idiota.- Dijo ella divertida.
-Estas acostada en la cama, con los pies arriba, fuera del suelo.-Zuko Señalo lo obvio mientras buscaba otro cambio de ropa. Esta incursión tenía que salir bien. Ella solo soltó una risa traviesa y divertida por el alargado señor del fuego
-Te ves bien Chispitas.- Dijo ella sonriente, con los pies, esta ves en el piso.- Y tenía razón, no necesito mi sentido sísmico para saberlo. Ahora ven aquí.
Zuko se acercó haciendo un pequeño puchero antes de llegar con Toph.
-Te preocupas demasiado. Mientras vayamos juntos, nada puede salir mal.- Su ánimo fue contagiado de inmediato. La forma en la que esa mujer también podía controlar sus emociones era tan cautivadora como espeluznante. -Ahora vámonos antes de que las guerreras Kyoshi se den cuenta.
Habían escapado de la escolta oficial antes del verdadero encuentro diplomático en Yu Dao. Zuko quería escuchar opiniones reales de la ciudad, conocer a la gente, su forma de vivir y de actuar. Quería formarse un juicio, sin ser desprevenido.
Y Toph.
Bueno, Toph disfrutaba de meterse en problemas y ponerle los nervios de punta. Estaba nervioso más por el lugar en sí que por los habitantes.
Yu dao era una de las colonias más viejas de la nación del fuego y la nación tierra. La información que tenía el señor del fuego, dictaminaba que la unión databa desde poco antes del inicio de la guerra de los 100 años. La mejor metalurgia estaba concentrada ahí, quien mejor para acompañarlo que la única maestra metal en toda la región.
Sin más ceremonia, salieron a las calles de piedra iluminadas por faroles rojos. La presentación política de Zuko era en unos dos días por lo que debían proceder sin llamar mucho la atención.
Yu Dao vibraba de vida nocturna. Obreros de fábricas, comerciantes adinerados, artesanos, ciudadanos del reino tierra discutiendo con personas de la nación del fuego. Era una hermosa mezcla. Nadie parecía de un solo lugar.
La gente iba y venía con libertad y se veía seguro, pacifico.
Entraron en una casa de Té bastante abarrotada. Zuko no entendería jamás lo que Toph y su tío veían en el té. Solo era agua de hojas. Las conversaciones se desenvolvían sin dar una segunda mirada al ingreso de dos extraños más al tumulto de gente.
Zuko escucho con claridad a la gente. Los murmullos eran altos y claros.
-¿Cómo piensan devolver la ciudad?-Dijo uno de las mujeres más ancianas en la mesa más cercana.- ¿A quién se le devolverá, por principio de cuentas?
-Mi esposa es de la nación del fuego.- Menciono otro hombre, aparentemente preocupado por tener que dejar a toda su familia aquí para poder seguir a su esposa a una nación que ninguno de los dos conocía.
-Mi madre nació aquí y como no controlo ningún elemento ¿A qué nación se supone que le pertenezco?- Un joven, más alla de ellos, dijo con cierta preocupación.
-¿Estas escuchando, chispitas?- Toph se veía ligeramente consternada ante la situación de estas personas. Muchos de ellos no conocían otro hogar más alla que el de Yu Dao. Zuko asintió tranquilamente, con la comprensión de que Yu Dao no podría separarse limpiamente del resto del mundo como las demás colonias.
Una camarera se acercó con una sonrisa en los labios pintados. El brazo de Toph se enrosco en el suyo como si se tratara de una serpiente. La camarera hizo una pequeña mueca.
-¿Nombres?.-Ella pregunto. Por alguna razón desconocida, el corazón de Zuko comenzó a latir desbocado al sentir la mano de Toph entrelazarse con la suya.
Antes de que el señor del fuego pudiera responder, Toph respondio.
-Kanto.- Dijo ella con una leve risita.- Y Mushu.
-Mesa para dos, acompáñenme por aquí.- La camarera tomo sus pedidos y los dejo mientras avanzaban. Zuko dejo escapar una risita, a lo que Toph levanto una ceja.
-¿Qué es tan gracioso, Kanto?.- Noto la agresividad del tono, pero nada que años de lenguaje de Toph no pudiera simplificar.
-¡Estabas celosa de la camarera!- Lo dijo como afirmación apenas conteniendo la risa. Toph respondió con un golpe en el estómago que le saco el aire a Zuko. Después, respondió con un suave beso en la comisura de los labios.
-Su ritmo cardiaco se aceleró en cuanto te vio poco antes de acercarse a nosotros.- Dijo ella en su defensa.-Si pudieras sentir cada cosa como yo la siento, ya quisiera no verte celoso.
Zuko pregunto qué significaba eso. Comenzaron una ronda juguetona de veces en las que Zuko había estado celoso.
-Él te para los recién casados.- Otro camarero había traído su orden.- Que lo disfruten.
Ambos se quedaron en silencio mientras veían partir al escuálido hombre. El matrimonio era un tema delicado aún.
-Y-o-
-Qu-izas
Los dos hablaron primero. Toph estaba muy inquieta, pero de todas formas, obtuvo la suficiente tranquilidad para dejar hablar primero a Zuko.
-Pensé que esto se parecería menos a una cita.- Dijo finalmente el señor del fuego rompiendo el silencio. Ella choco lentamente su hombro contra el suyo.
-¿Quién dijo que no lo es?- Una sonrisa gobernó el rostro de Zuko. Amaba tanto a Toph que le daba miedo. Tras salir de su interesante recolección de información caminaron de la mano. El vapor de los puestos de comida llenaba el aire con aromas dulces y especiados, fideos fritos, carne asada, pan caliente.
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Habia un lejano sonido de martillos industriales de las fábricas de metal que acompasaban el ritmo mezclado con la música callejera. Era como si la esencia de Yu Dao fuera la mezcla perfecta de todo.
En su trayecto, explorando la ciudad para conseguir información nadie reconoció al señor del fuego. Y eso le permitió a Zuko respirar. Sentir los dedos de Toph entrelazarse con los suyos era una sensación placentera. Zuko observo el vapor elevándose entre ambos.
-Kanto, cómprame uno de esos panecillos.- Le tomo solo un momento darse cuenta que se refería a él. Comieron sus panes juntos, de camino a la posada donde estarían los siguientes días hasta la presentación. La ciudad entera existía entre dos identidades.
Era mucho más que una colonia. Mucho más que una conquista. Era algo más. Algo nuevo que el mundo todavía no sabía cómo llamar. Y sin embargo, aquí no eran el señor del Fuego Zuko ni la legendaria maestra tierra. Solo eran dos personas que tampoco sabían exactamente lo que eran. ¿Estaban juntos? Si ¿Esto era pasajero? Quizas. ¿Le preocupaba? Absolutamente no.
Al llegar a la posada, Toph subió los pies a la cama.
-Estoy agotada.- Dijo mientas comenzaba a quitarse sus prendas para ponerse cómoda. Zuko hizo lo mismo. – Ven aquí, señor del fuego Kanto.
Zuko lanzo una almohada de inmediato al rostro de Toph que dio en el blanco. Se disculpó por lastimarla incluso si en realidad no había pasado nada. Una vez acurrucados, Zuko apago las luces.
-Si tuviera que describir nuestra relación, creo que Yu Dao nos describiría a la perfección.- La adormilada voz de Toph llamo la atención del señor del fuego.- Una salvaje combinación de fuego y tierra que vive para florecer.
-Si quisieras casarte..- El discurso de Zuko fue interrumpido por un manotazo de Toph. Habían tenido esta conversación tantas veces.
-Yu Dao es el único lugar, que creo que entiende la naturaleza de nuestra relación.- La maestra tierra rara vez se sinceraba por completo a sus sentimientos.- Fue lindo.
No podían casarse aunque lo quisieran. Zuko podría arrastrar a Toph de vuelta a la vida de la nobleza y ella no se quejaría. Y por eso, él no lo haría. La amaba tal y como era, implacable, veloz, libre como la tierra que abarca todo en las naciones. Sin embargo, siempre se aferraba y la sostenía en sus brazos. La amaba demasiado. De cualquier forma, ya tenía una idea de cómo comenzar con sus palabras para esta colonia. Aunque también tendría una larga charla con Aang y el rey Kuei.
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En una ocasión, Lin de 15 años encuentra recibos de una casa de té en la antigua Yu Dao. Todos a nombre de alguien llamado Kanto. Siempre en las mismas fechas, siempre en Yu Dao.
Cuando confronto a su madre al respecto, ella no dijo nada. Solo permaneció ahí. Vieja, poderosa y por primera vez, nerviosa. Eso la aterrorizo más que cualquier respuesta.
Durante sus estudios en la academia, paso brevemente a lo que se consideraba la antigua Yu Dao, lo que le había dado vida a la idea de la ciudad República.
Era más grande, más moderna. Las calles estaban llenas de fábricas, comerciantes y humo. Había arquitectura del reino tierra mezclada con jardines de la nación del fuego. Era un lugar nacido de dos mundos que no dejaba saber dónde se desdibujaba uno y empezaba el otro.
El breve tiempo que paso por ahí encontró la casa de Té a la que su madre iba con aquel hombre. Descubrió muy poco, pero también suficiente. Su padre era un hombre de la nación del fuego, acompañado de una mujer ciega que solía ganar apuestas ilegales en los bares locales y un hombre con modales refinados pero poco aprecio por el Té.
Lin suspiro. Probablemente ese hombre ya estaba muerto hacía mucho tiempo, pero al menos, las respuestas que necesitaba, se habían saciado.
Consiguió el tesoro más valioso de todos. Una mujer ciega, claramente su madre mucho más joven y el que parecía su padre. La foto estaba tomada desde un ángulo donde se veía solamente la mitad de la cara, pero eso era suficiente. Parecía que fue tomada después de un concurso organizado por la misma casa de té, guardada recelosamente por el abuelo de uno de los encargados, que se la entregó al no tener un valor real.
Por lo poco que Lin había deducido, su madre realmente había amado a este hombre. Así que decidió no volver a preguntar. Quizás era un recuerdo muy doloroso que prefería guardar para sí.
Una noche, cuando Korra organizo una visita y la conversación giro a sobre su familia, Lin le confió la foto más preciada al avatar.
-Oh.- Dijo Korra con la inteligencia que los espíritus podrían otorgar.- Creo que es la primera vez que veo una foto del señor del fuego Zuko joven.
