Work Text:
Rara vez se tenía la oportunidad de ver artistas marciales en el palacio del emperador, especialmente desde que los asuntos del estado y los monasterios se habían separado, salvo ciertas excepciones como el día de hoy.
Frente a Maomao, varios grupos de artistas marciales, provinientes de distintas sectas según pudo distinguir por el color de sus uniformes, marchó hacia el asiento del emperador con pasos firmes que resonaron enviando vibraciones a través del suelo.
En el frente de la procesión, el grupo de personas que vestía de blanco y rosa fue el que lideró las fuerzas para salvar el imperio del temido Demonios Celestial una vez más, mérito por el que obtuvieron una audiencia del emperador para reconocer sus esfuerzos públicamente.
Esa era la Secta de Hwasan.
Maomao tenía entendido que la última vez que surgió una amenaza similar, la secta no había recibido el reconocimiento debido por sus logros, y en su lugar se cambió la opinión común para disminuir sus logros mientras recuperaban sus fuerzas después de la guerra. Un casi típico de sabotaje debido a los celos y la envidia. Por eso, esta vez el emperador hizo el esfuerzo de organizar una celebración y conceder algunos méritos, de modo en que quedase grabado en la historia indeleble del mismo imperio.
Fue una oportunidad de oro para vislumbrar a los seres que buscaban alcanzar la inmortalidad, con técnicas más allá de su imaginación y una apariencia juvenil pese a las décadas que seguramente habrían vivido.
La persona que dirigió a esa multitud que salvó al imperio —y quizás al mundo— de un desastre, el propio Líder de la secta de aquella que lideró a estas potencias, era un hombre que aparentaba tener poco más de veinte, con una sonrisa carismática y una belleza etérea.
Maomao se dió cuenta, con un hipo, de que esta persona podía rivalizar con la belleza de Jinshi.
Las damas del palacio junto a Maomao dejaron escapar suspiros ensoñadores, inclinando sus cuerpos hacia adelante y estirando el cuello para echar otro vistazo al rostro del Líder de la secta de Hwasan. Incluso algunos de los ministros abrieron sus ojos cuando el joven líder pasó frente a ellos, y creyó ver a Lakan frotarse retirar sus gafas para frotarse los ojos con sorpresa, aunque podría haber estado mirando hacia uno de los hombres que caminaba al lado del Líder de la secta de Hwasan en su lugar.
Jinshi, por supuesto, no se quedó atrás. Recibió al grupo junto al emperador con una sonrisa radiante, invocando flores a su alrededor y chispas que iluminaron el lugar. Los discípulos parecieron adecuadamente impresionados, mirando boquiabiertos los lugares alrededor del palacio como la mayoría de los plebeyos harían, moviéndose inquietos y emocionandose cuando se encontraron con algunas de las figuras más importantes del reino tan cerca de ellos.
El Líder de secta de Hwasan se presentó con una reverencia apropiada, presentándose a él mismo y a los pocos discípulos de su secta que lo acompañaron. Parecía que todos ellos eran figuras famosas. Si Maomao no se equivocaba, ya que ella no se encontraba muy bien informada de esos asuntos con excepción de los rumores que habían corrido frenéticamente por el palacio en los últimos días, se trataban de las renombradas cinco espadas de Hwasan. Aunque por alguna razón, cuando contó las cabezas de los discípulos de blanco, el número pareció fallar. Probablemente recordó mal el nombre.
El Líder de la secta de Hwasan se llamaba Baek Cheon, y la persona a su derecha era quien se rumoreó decapitó al Demonios Celestial, Cheong Myeong, el espadachín más fuerte del mundo. Maomao evaluó el físico de Cheong Myeong, quien parecía ser el más jóven de los discípulos, y pensó que las artes marciales taoístas no tenían sentido para ella, dado que no podía medir la energía espiritual. Si hubiera tenido que adivinar, había otros hombres más corpulentos y curtidos que, por mero peso, tendrían que haber podido ganar contra Cheong Myeong.
Entonces Maomao pasó a algo fácilmente reconocible a simple vista incluso para una principiante en las artes marciales como ella. Sí, comenzó a medir la apariencia de Baek Cheon en comparación a Jinshi. En el momento en que esos dos se encontraron, sus sonrisas ganaron fuerza como si se retroalimentaran en un ciclo de carisma que hizo aparecer flores, destellos y un aura angelical que opacó por completo a los demás invitados.
Baek Cheon se sostuvo con confianza, la espalda recta, los hombros hacia atrás y la cabeza en alto. Su forma de hablar era muy similar, aunque su discurso llevaba una cualidad lírica que sólo podía provenir de un joven educado desde temprana edad, expresando sus ideas con suavidad a la otra parte sin rebajarse a sí mismo o a sus acompañantes. Su vestimenta era hermosa en su sencillez, resaltando la belleza extraordinaria en su rostro y resaltando su cabello oscuro con la cinta para la frente que llevaba.
Incluso los funcionarios de gobierno, el emperador y la emperatriz observaron abiertamente este desarrollo con curiosidad. Algunos se frotaron los ojos como si dudaran de lo que estaban viendo, y otros tomaron sus tazas de vino para tomar un sorbo mientras contemplaban a las ninfas celestiales que los habían agraciado con su presencia. Fue un verdadero espectáculo para los ojos y una coincidencia que probablemente no se repetiría.
Un momento después, el intercambio acabó y la secta desfiló hacia los asientos que habían preparado especialmente para ellos, dejando espacio para que los miembros de la siguiente secta se presentaran. Habían muchos rostros bien esculpidos, pero la impresión inicial que había dejado el Líder de la secta de Hwasan no pudo ser borrada de la memoria de los presentes, quienes continuaron echando miradas discretas en dirección a su asiento.
Maomao negó con la cabeza, con un suspiro resignado, lista para aconsejar a Jinshi sobre cierta información importante que debería de darle al pobre hombre, como que los afrodisíacos eran de uso común en esta parte del palacio y que debería de tener cuidado con la comida que había sido especialmente dirigida a él después de su vistoza introducción. Probablemente Jinshi ya estaba preparado para el aviso, dado todos los problemas a los que él tuvo que enfrentarse mientras fingía ser un eunuco, incluso antes de que Maomao fuera su testigo y fiel probadora de alimentos.
Sin embargo, en su corazón para nada parcial, Maomao sintió que la belleza de Jinshi era superior. Puede que Baek Cheon pareciera tener más confianza en sí mismo, ser un líder militar consumado y su encanto inclinarse hacia un lado un poco más masculino. Sin embargo, Maomao pensó que la cara andrógino, el fuerte sentido de justicia de Jinshi y su comportamiento que solía rayar en lo infantil lo hacían encantador de maneras que no podían medirse adecuadamente. Entonces, aunque lamentaba el juicio subjetivo, obviamente Jinshi era mejor. Como se esperaba de los hijos del cielo.
Mientras tanto, Cheong Myeong, quien observó atentamente a los dos hombres sonreirse y crear un ambiente de ensueño, decidió para sí mismo que el Líder de la secta de Hwasan era obviamente más guapo. Ni siquiera dudó por un momento, simplemente admiró a una persona que podría, quizás, competir en términos de belleza y luego aceptó que Baek Cheon seguiría siendo mejor. Como se esperaba de Hwasan.
Dos personas en lugares completamente opuestos compartieron sentimientos muy similares.
