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Todo el mundo decía que Remus Lupin es una persona maravillosa, todo el mundo lo creía, incluso él mismo, cuando no estaba ocupado preocupándose por sus inseguridades, solía pensar que era un ser humano más que decente.
Pero había una persona que había decidido que todo era mentira. Patrañas.
Y ese alguien era Sirius Black.
Todo había empezado aquella mañana cuando había llegado a su primera clase en la universidad, después de haberse trasladado desde París a Londres y con todos los trámites para traspasar sus informes, había conseguido empezar su tercer año de magisterio en una ciudad lejos de su familia.
Llevaba todo el verano viviendo con James, su mejor amigo desde la infancia y al que había dejado de ver cuando sus padres habían decidido volver a Francia, y el que le había asegurado que toda burocracia sería más fácil porque un estudiante de la universidad, que era una persona maravillosa y bondadosa y caída del cielo, podía ayudarles. Sirius ya supuso que lo que pasaba era que era un pelota y estaba metido en todos los consejos universitarios y clubs posibles, pero no iba a negar la ayuda.
Luego estaba Lily Evans, la nueva novia de James y, según sus propias palabras, el amor de todas sus vidas. Lily era una buena persona, decente, divertida, comprensiva… y que también adoraba a ese famoso chico, de hecho, era su mejor amigo, por eso había accedido a ayudar a Sirius sin conocerle.
Por si fuera poco, estaban Fleamont y Euphemia, las mejores personas que Sirius conocía, y ellos también hablaban maravillas de ese chico que habían conocido un día que James le había llevado a su casa cuando estaba intentando conquistar a Lily.
Vamos, que Sirius tenía en mente que iba a conocer a un ángel caído del cielo. ¡Ja! Pues tenía mucho que decir sobre eso.
Pero no era el único que tenía quejas.
Remus Lupin había dejado Gales hacía ya tres años para empezar la carrera, así que cuando llegó al aula aquel día no esperaba que pasara nada notable, estaba siendo una mañana como cualquier otra.
Recordaba que el amigo de James llegaría ese día a empezar el curso con ellos y aunque estaba un poco nervioso, tenía ganas. James tenía sus cosas pero era una gran persona y, por cómo le hablaba de ese tal Sirius, su mejor amigo debía ser cuanto menos igual de bueno. Además, los padres de James hablaban de él como un segundo hijo, y esas dos personas no podían equivocarse.
Lo único que sabía de él era que su familia venía de Francia y que él había decidido dejar de vivir con ellos para volver a Londres y se estaba quedando con James desde principios del verano. Le dio un poco de rabia tener que irse un par de días antes de que aquel chico llegase, porque opinaba que habría sido mucho mejor conocerse antes del primer día, así podría ayudarle a integrarse o, más bien, a tener alguien con quien estar si se encontraba solo.
Pero bueno, daba igual, el primer día era un poco para relacionarse, aunque los profesores no lo vieran así… Y según sus compañeros él tampoco… Pero podía hacer una excepción y gastar parte de su tiempo en Sirius, sería un placer.
Eso pensaba.
De verdad que lo pensaba.
Pero nada más alejado de la realidad.
Remus había llegado a la universidad más temprano de lo necesario, como siempre hacía para evitar que el autobús estuviera demasiado lleno y poder sentarse.
Sirius había llegado a la universidad más temprano de lo necesario, porque aunque intentara aparentar que no estaba nervioso, un poco si lo estaba, y prefería reconocer el terreno.
Estaba en la planta bajo, llegando al baño, cuando sus ojos encontraron una escultura en medio de la sala. Entrecerrando los ojos vio que se trataba de una fuente… Eso era nuevo, mira que él pensaba que había visto cosas pijas, viniendo de donde venía, pero tener una fuente en mitad del campus…
—Pones un poco de gel ahí y tienes la fiesta de la espuma hecha.
Esa fue la primera frase que oyó Remus Lupin justo cuando iba a lavarse las manos. Y suspiró. ¿Otro niñato de primero que no sabe diferenciar que ya no está en el instituto? Genial. De verdad que genial, porque las bromas son super divertidas y qué importa si alguien se hace daño.
La verdad es que no esperaba empezar el día de mal humor. Pero era un tema un tanto sensible para él.
Suspiró mirándose al espejo mientras trazaba con los dedos la cicatriz que cruzaba por encima de su nariz y le partía el labio y se dispuso a salir, pero antes de avanzar otra persona pasó por la puerta, y él se quedó un poco en shock por un segundo, porque ese perfil era de ensueño y aquella chaqueta de cuero enmarcaba unos buenos hombros… y además esa cara le sonaba un poco de algo, pero la ensoñación terminó cuando abrió la boca y la reconoció como la que había escuchado segundos antes.
—Ostia, qué susto.
Sirius se llevó una mano al pecho, no se esperaba encontrarse con nadie en ese momento y menos con una cara así, y en seguida se sintió mal por ese pensamiento. La verdad es que el chico no era feo, para nada, de hecho, A Sirius se le ocurrían unas cuantas cosas que tenían que ver con esa nariz, pero le había dado impresión a primera vista. Esperaba de corazón que no se le hubiera notado en la expresión.
—A lo mejor si no fueras pensando en estallar mobiliario de la universidad…
Le salió solo, sí, Remus estaba a la defensiva, pero era muy temprano y tampoco tenía que ser agradable con todo el mundo, ¿no? A lo mejor le venía bien para recordar que ya no era un niño, aunque no parecía para nada alguien de primero. Y su cara…
—Ey, ey, relajémonos —dijo Sirius levantando las manos en signo de paz pero con una sonrisa burlona—. ¿Lo dices por lo de la fuente? Era solo una pequeña broma.
El otro chico tenía el ceño fruncido, los brazos cruzados, y Sirius se felicitó mentalmente por haber conseguido que su primera interacción en su nueva universidad fuera con la persona más gruñona del edificio.
—Bueno, las bromas no siempre son divertidas.
Sirius le miró de arriba abajo, con esos pantalones caquis apretados de más -no es que Sirius se quejara de eso-, la camiseta azul bien metida por dentro, la bolsa llena de libros colgando del hombro y las ondas de su pelo bien puestas sobre su cabeza -él podría hacer un buen lio con esos rizos-. Vale, era el típico empollón que al acabar el instituto se creía el más adulto de su generación y te miraba por encima del hombro cuando hacías algo simple como divertirte.
—Sé que es temprano, pero tienes un poco un palo metido por el culo, ¿no? —No se resistió a decir—. ¿Es así como dais la bienvenida a los nuevos por aquí?
Remus notó su boca entreabrirse, primero porque había que ser descarado y chulo, y segundo porque claro que era nuevo, claro que no era de primero, y claro que le sonaba su cara. Había llevado a decanato una carpeta con papeles en los que se incluía su foto.
Era Sirius Black, el amigo de James.
Pues parece ser que se equivocaba, una buena persona puede tener por amigo a un gilipollas.
—El problema es cuando empiezas a escuchar estupideces desde tan temprano.
—¿Pero qué te pasa? Sólo he dicho que se podría hacer espuma en la fuente, no que voy a quemar la universidad.
—Si. Y luego van los petardos en el baño y jabón en el suelo y alguien acaba con la cabeza abierta.
—¿Experiencia propia?
Sirius sabía que no debía haber dicho eso. No lo había dicho a malas, de mal humor si, pero no a malas. Y por la cara del contrario… Se lo había tomado muy a malas.
—¿A ti te tiraron de la cuna cuando eras pequeño?
Quizás Remus no debería haber dicho eso, probablemente no, porque la mirada contraria se oscureció. Vale que James le había dicho que no se llevaba bien con su familia, pero… no le habrían tirado realmente de la cuna, ¿no?
Bueno, si le habían tirado Sirius no se acordaba, pero tampoco le extrañaría mucho conociendo a sus padres. Fuera como fuese, eso repipi no tenía derecho a decirle nada, no era su culpa que se hubiera levantado con el pie izquierdo.
—Mira, creo que tienes los humos un poco altos, yo voy a mear y tú a tomar el aire, ¿vale?
Remus casi sentía su ojo contraerse con un tic, esperaba que su amistad con Lily y James no supusiera tener que pasar mucho tiempo con ese insolente que no sabe cerrar la boca pero algo le decía que no iba a tener tanta suerte, así que respiró hondo y sin dirigirle más palabra fue hacia la puerta.
Ya la tenía abierta, estaba apunto de terminar esa terrible interacción, cuando Sirius le dio la razón. No. Sabía. Cerrar. La. Boca.
—Y cuando salgas cambia esa cara de mierda, anda, que es el primer día.
Remus cogió aire con fuerza por la nariz y se giró de nuevo, volviendo a cerrar la puerta de un portazo, y dio dos pasos hacia delante para quedar frente a frente con Sirius, el dedo índice acusador en su pecho.
—¿Alguien te ha enseñado educación en tu vida, Black?
Sirius pareció sorprendido, pero no se echó ni un paso atrás, sólo le apartó el dedo con un manotazo y ladeó la cabeza mirándole con curiosidad.
—¿Cómo sabes quién soy?
—Porque soy, lastimosamente, parte de la razón por la que estás aquí.
Esa respuesta descolocó a Sirius por un momento, él había llegado allí por escapar de su horrenda familia y después de muchos trámites y horrenda burocracia, aunque es posible que en eso le hubiera ayudado-
Oh.
—Espera, ¿eres Remus Lupin? —dijo con los ojos abiertos como platos— ¿La supuesta persona más amable del mundo? Joder, o finges muy bien o James se ha dado un golpe en la cabeza.
—Bueno, para tener un mejor amigo como tú, muy sano no puede estar.
—No, en serio, por qué todo el mundo piensa que eres algo así como el próximo premio Nobel de la paz si eres tan gruñón.
—No soy gruñón, sólo tengo límites.
—Sí, que alguien diga que le va a echar jabón a una fuente.
Remus lamió sus labios y… Bueno, digamos que Sirius pensó que James habría podido definirle con otras palabras que no hicieran referencia a su forma de ser.
—Me voy, vamos a llegar tarde a clase y tú, supongo, a mearte en los pantalones.
Volvió a girarse en dirección a la puerta, con toda intención de salir esa vez, dijera lo que dijese Sirius.
—Eso ha sido muy desagradable, Lupin. Pensaba mejor de ti.
—Ni si quiera voy a dignifi- —comenzó a decir girando el pomo de la puerta.
Pero no puedo hacer mucho más…
Porque la puerta…
»— No se abre.
Remus respiró hondo, Sirius pestañeó un par de veces.
—¿Perdona?
—Que no se abre. Que estamos encerrados.
A Sirius le tenían que estar vacilando, era una novatada, seguro, no había otra explicación a todo eso. Remus era un excelente actor y estaba fingiendo ser un gilipollas y haberle encerrado en un baño. Era eso seguro.
—¿Tú no eras el que decía que las bromas a veces no son divertidas?
—¿Tengo cara de estar bromeando? —Le dijo mirándole tan fijamente que por poco no se mareo—. No, no, mejor no respondas.
—Los comentarios sobre caras… no… son… específicamente por tu cara.
Incluso si Remus pudo notar la buena intención en sus palabras, y que era algo bastante razonable, en ese momento estaba a punto de desmayarse por la irritación, su cuello estaba rojo y su respiración acelerada, los nudillos blancos por la fuerza al agarrar el picaporte.
—Black… cállate.
—No, es que no quiero que pienses que soy un cabrón…—Hizo una pausa para añadirle sinceridad a su disculpa, pero no pudo resistirse a picarle en otro sentido —Bastante tienes que soportarte a ti mismo.
—Eso ha sido un ataque gratuito, no me jodas.
—¡Me has encerrado en un baño! Tengo derecho a meterme contigo.
—¿Qué yo qué? —preguntó con indignación.
—Hombre, estamos aquí por el portazo que has dado antes, eres consciente, ¿no?
Sirius se apoyó en el lavabo con los brazos cruzados sobre el pecho, si iba a llegar tarde a su primera clase, al menos iba a relajarse mientras tanto. Si ese ogro, que ahora se frotaba la cara con las manos como si quisiera despertarse de un sueño, se lo permitía.
—Y a ver si recuerdo a qué venía el portazo… Ah, sí, porque eres un insolente.
—No, perdona, es porque tienes la piel muy fina. Si contralaras mejor tu genio…
—Si controlaras tú mejor tu boca.
La ceja izquierda de Sirius se elevó básicamente por inercia, al igual que la comisura de su boca.
—Yo la boca la controlo perfectamente, Lupin, te puedo dar algunos números para que preguntes por referencias.
Remus boqueó un par de veces, descolocado, ese inútil había conseguido que le mirase los labios y a ver… no iba a pensar en eso. No, no.
Pero Sirius había notado que le había mirado los labios, claro que sí, mira qué gracioso, pues se iba a quedar con las ganas de lo que fuera que estuviese pensando porque él tenía un nivel que mantener y eso era no salirse de sus parámetros de o un desconocido agradable o el amor de su vida, y ese chico cumplía cero de los dos requisitos.
¿Cómo se sentiría la cicatriz de su labio debajo de su lengua?
No tenía ningún interés en saberlo.
¿Como se sentirían esas manos si agarraran su cintura?
Totalmente irrelevante.
El carraspeo de Remus le sacó de su ensimismamiento, y era inconfundible el sonrojo en sus mejillas. Sería mejor que saliesen de allí pronto.
—Eso ha sido muy engreído.
Sirius soltó una risa irónica y negó con la cabeza.
—¿Y ahora por qué pones voz de persona razonable?
Remus suspiró y, sorpresa, volvió a gruñir.
—Es, literalmente, mi voz.
—Cuando no estás gruñendo, a lo mejor, peor no me parece que eso pase muy a menudo.
—Me has conocido hace quince minutos.
—Y sólo me has hablado normal una vez.
—A ti no te enseñaron nunca educación, ¿cierto?
—Créeme, me enseñaron muy buenos modales —dijo con amargura notable en la voz.
—Y por eso vas explotando váteres.
—Y otra vez, ¡Que yo nunca he explotado nada! No sé qué clase de trauma estás reviviendo pero no es mi culpa.
Remus, exasperado, elevó los brazos para llevárselos al pelo, pero paró el movimiento a mitad de camino cuando notó el cuerpo de Sirius encogerse involuntariamente. Despacio, los fue bajando, y después se inclinó levemente hacia él.
—Al menos yo no disfruto reviviéndole traumas a la gente.
—Ni si quiera te conozco, Dios —Sirius cogió aire y se puso derecho acercándose más a él—. Me pones de los nervios.
—¿¡Yo a ti!?
—¡Yo no he hecho absolutamente nada! —exclamó— He entrado aquí y ya me estabas escupiendo en la cara.
Remus sintió la indignación bullir en su interior, porque puede que Sirius tuviese un poco de razón, pero no es cómo si él hubiese sido la persona más agradable del mundo tampoco.
—¡Yo no he saltado al verte!
—¡No me esperaba encontrarme de bruces con nadie!
Estaban frente a frente, Sirius hizo un gesto entre sus cuerpos para escenificar su primer encuentro y después volvió a cruzar los brazos, mirándole con el ceño fruncido.
—Pues tendrás que ir más atento por la vida.
Remus sabía que no estaba siendo razonable, pero es que estaba nervioso, Sirius le había puesto nervioso desde el primer momento y eso, junto con los malos recuerdos que le había despertado, habían provocado… todo eso. Y ahora no podía echarse atrás o la tomaría con él.
—Iba atento, igual de atento que cualquier persona en un sitio nuevo, y no vuelvas a sacar el tema de la fuente porque tranquilo, no me pienso acercar nunca, a ver si así dejas de ser un Gremlin.
—¿Quieres dejar de meterte conmigo?
—¡Deja de hacerte la víctima!
—Vict… —murmuró Remus incrédulo. —Cállate, de verdad, cállate. Los de la limpieza llegaran pronto, podemos esperar diez minutos en silencio.
Si, bueno, había un problema con eso. Sirius no sabía estar en silencio con chicos insoportables que le miraban como si le quisiesen comer, en el mal sentido. Pero habría que intentarlo. Volvió a apoyarse en el lavabo, esta vez con Remus a su lado.
—Una idea brillante, seguro que tienes muchas.
—De verdad que no entiendo como alguien como James puede quererte tanto…
Sirius puso los ojos en blanco y se frotó la frente. No parecía que la tregua fuese a servir de mucho,
—¿No has pensado en que a lo mejor no le conoces tanto cómo crees? ¿A mi mejor amigo? Él, ya te digo yo, no te conoce lo más mínimo, tiene una imagen distorsionada de ti.
—Ya has dejado claro que no soy como esperabas.
—Me da que en eso ya somos dos.
La pierna de Remus empezó a moverse arriba y abajo, en un tic que odiaba pero que le daba cada dos por tres, y sabía que resultaba molesto también para las personas a su alrededor, pero por una vez, le importaba más bien poco que pudiera molestar a quien tenía al lado.
No pasaron más de treinta segundos antes de que Sirius apoyara la mano en su rodilla, frenando el movimiento.
—¡No me toques!
Sirius quitó la mano de golpe, había sido un impulso y se habría disculpado en seguida si no le hubiera gritado en el oído. Era realmente insoportable.
—¡Pues estate quieto!
—¡No lo controlo! ¿¡No sabes lo que es un tic!?
—¡Sí que lo sé, me da uno en el ojo sólo con escucharte hablar!
—¡Pues en eso también somos dos!
—¿No soportas escucharte a ti mismo? Normal.
Remus volvió a situarse frente a él, cuadrando los hombros y mirándole con seriedad. Ahora volvía a intentar aparentar ser la madurez personificada, Sirius lo iba pillando. Oh, podía hacer que se divirtieran un rato, estaba seguro.
—Dios mío, te crees tan gracioso y lo eres tan poco…
—¿Acaso sabes qué es la diversión, Lupin? —dijo con chulería, despreocupado.
Algo había cambiado, Remus lo notó y le puso aún más nervioso. Si él seguía a la defensiva, ¿por qué Sirius no? ¿Por qué parecía… cómodo de repente?
Tragó saliva e intentó recomponerse, seguía mirándole a la cara e intentó no removerse en el sitio.
—Sé muy bien como divertirme, a mi manera.
Y eso había sonado más… raro… de lo que pretendía.
—¿Y cuál es tu manera, Lupin?
No, no iba a jugar con él, no iba a engañarle con esa cara bonita, él ya se sabía esos juegos y no entraba en ellos, por mucho que a parte de él le gustasen.
Porque le gustaban, y se le notaba en la cara, y Sirius no pudo evitar expandir su sonrisa. Le iba a quitar al prepotencia de un plumazo y lo iba a disfrutar. Y si por bien era, no iba a ser el único.
»—¿Te ha comido la lengua el gato, Lupin?
—Cállate, Black —murmuró.
Remus no podía perder el control, no podía, no iba a hacerlo. Iba a recordarse por qué le había irritado desde el principio, no iba a pensar en el momento antes de escucharle hablar, cuando sólo se había fijado en lo suave que parecía su pelo. Él sabía controlarse perfectamente.
—Eso ya lo has dicho muchas veces, y sin embargo no has hecho nada al respecto cuando he seguido hablando.
Había cosas que no se esperaban de Remus Lupin, que fuera agresivo, que dijera que no a un favor, que fuera desagradable, o que besara a extraños a los que había gritado tres minutos antes.
Pero siempre hay excepciones, ¿no?
Sirius lo vio venir y no lo detuvo, se echó hacia delante en cuanto las manos de Remus agarraron las solapas de su chaqueta y abrió la boca en el momento en que sus labios chocaron. Nunca lo habían besado con tanta irritación.
Remus tomó el control del beso con rapidez, aunque no sin luchar contra la lengua contraria, pero perdió la guerra en cuanto Sirius metió los dedos entre sus rizos y tiró de ellos para inclinarle la cara hacia un lado e intensificar el beso. Él aumentó la presión de su agarre en el cuero y dio un involuntario paso hacia delante, pegándose más al cuerpo contrario.
Sirius lamió la cicatriz del labio de Remus y le sintió temblar entre sus brazos, se esforzó por no romper el beso con la sonrisa arrogante que estaba a punto de escapársele y lo consiguió probablemente gracias en parte a que Remus tampoco parecía querer parar pronto.
Bajó una mano del cabello de Remus a su cintura, atrayéndole hacia sí con una facilidad que le puso la piel de gallina y consiguiendo que apoyara los omoplatos en la pared, sin separar sus bocas más de un segundo. Si todos los empollones cabezotas besaban así, debería haberlo probado mucho antes, si sólo era él, quizás podría perdonar su falsa reputación de niño bueno.
Remus se removió para conseguir que una pierna de Sirius se colase entre las suyas y decidió que ya había perdido totalmente la cordura, pero no podía parar, no cuando se sentía tan bien, no cuando parecía que le estaba curando las heridas con saliva cada vez que su lengua tocaba la ya cicatrizada raja de su boca. Y es que para lo que parecía ser un imbécil, Sirius agarraba con la mezcla perfecta de pasión y cuidado, incluso cuando Remus estaba seguro de que lo siguiente que más le apetecía hacer después de lo que estaban haciendo en ese momento, era darle un puñetazo.
Los dos tenían ganas de morder, de lamer, de arañar y seguir gritándose, de dejarse la voz y la piel, de arrancarse la ropa como animales, de no usar la razón ni la lógica nunca más, porque ese beso era ardor y velocidad, era tensión y descontrol, era respiraciones aceleradas, gruñidos opacando jadeos, saliva en los labios y dientes en la carne.
Eran una llama y un bidón de gasolina.
Hasta que un extintor llamó a la puerta y les hizo separarse de golpe.
—¿Hola? ¿Qué pasa ahí dentro? ¡Hemos oído gritos!
Sirius y Remus se miraron con los ojos abiertos como platos y sus pechos subiendo y bajando a demasiada velocidad. Sirius giró para echarse agua en la cara y Remus respiró hondo y cerró los ojos, repasando su horario de todo el curso.
»—¿Hola? —repitió la voz desde el otro lado de la puerta.
Consiguiendo recomponerse, fue Remus el que respondió.
—¡Nos hemos quedado encerrados!
—¡De acuerdo, tranquilos! ¡En cinco minutos os sacamos de ahí!
Cinco minutos, fantástico, era demasiado tiempo para estar allí después de aquello y demasiado poco para volver a aquello. Así que simplemente volvieron a la posición de unos minutos atrás, ambos apoyados en los lavabos, uno al lado del otro.
—Supongo que si eres el mejor amigo de la novia de mi mejor amigo, nos veremos a menudo, a parte de en clase —dijo Sirius sin mirarle.
—Probablemente.
—Quizás… podamos volver a empezar, como si no nos hubiéramos visto hoy.
Remus asintió, él tampoco miraba a Sirius.
—Me parece que será lo mejor. Si quieres te enseño un poco el campus después de las clases, ese era el plan inicial.
—¿Había un plan?
—Bueno, he estado medio verano ayudándote con el traslado, qué menos que terminar con una visita guiada.
—Ya… Deja que me lo piense.
—Sin compromiso.
Sirius hizo un sonido de reconocimiento y volvieron a quedarse en silencio, por lo que Remus sacó su teléfono del bolso y decidió mandar un mensaje.
Remus L.:
Ya he conocido al famoso Sirius Black.
Parece ser que le habéis hablado muy bien de mí.
Lils:
Yo siempre hablo bien de ti, amor
Pero qué tal???
Te ha gustado, a que sí?
Remus L.:
Depende de lo que consideres gustar
Lils:
…
Qué ha pasado?
Remus L.:
Que es un poco imbécil.
Pero… tiene un punto…
Y me ha dicho que sabe controlar la boca.
Lils:
DIOS MÍO
REMUS LUPIN
QUÉ QUIERE DECIR ESO????
NOS VEMOS ESTA TARDE SÍ O SÍ
Remus dejó escapar una risa y Sirius le miró de reojo, él también había sacado su teléfono y jugaba a un juego de esos de bolas de colores.
Antes de que pudieran volver a hablar, los de mantenimiento abrieron la puerta y los dos se dirigieron hacia su aula, donde cada uno se sentó en una punta distinta.
Por lo tanto, unas horas después y con una promesa, hecha con apenas un par de palabras intercambiadas, de un tour al día siguiente, Sirius salió de su primer día de universidad en Londres pensando que Remus Lupin no era el ángel caído del cielo que todos parecían conocer, pero eso no significaba que él no quisiera explorar un poco más, ver hasta dónde podía llegar.
Y cuando James le preguntó, de vuelta en casa después de cenar en un asiático que les quedaba a una calles de distancia, Sirius no contestó hasta que no estuvo a medio camino hacia su cuarto.
—La verdad es que es completamente mentira eso de que es amable con todo el mundo —dijo Sirius y estuvo a punto de reírse por la cara de desconcierto de James—. Pero la otra verdad es que… tiene buenas manos, y besa bien.
—¿Qu-qué? ¡¿Sirius?! —exclamó James, pero Sirius ya estaba cerrando su puerta tras de sí —¡Sirius! ¡Vuelve aquí ahora mismo!
Bueno, parecía que el comienzo de su nueva vida iba a tener algo de interesante.
