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Un café, por favor.

Summary:

—¿Eres el hijo de un amante secreto de Endeavor?

— ¿Qué?

— ¿Que si eres el...?

—Te oí la primera vez, y no, no lo soy, ahora, ¿Quieres tomar tu café e irte?

.

Todoroki Shoto ha tenido una vida complicada, y una infancia completamente solitaria lejos de su madre y sus hermanos, a veces Shoto se pregunta como hubiera sido estar con ellos, en especial con aquel al que no conoció.

Es por eso que cuando en una cafetería al azar uno de los empleados se le hace increíblemente familiar, comienza a ir mucho más seguido, unir los cabos sueltos y los misterios no resueltos de su familia.

Después de todo, Todoroki Touya está muerto.

¿No es así?

Notes:

¡Mi primer fanfic en Ao3! Qué emoción.
Espero lo disfrutes estimado lector/lectora, o lo que seas.
Esta es una historia que a simple vista se ve sencilla pero tengo mucho drama por delante.
De todas formas, no tengo la mejor escritura y quizás algunos errores ortográficos así que no te enojes conmigo si los ves, acepto críticas constructivas, nada de agresión en los comentarios, se amable.

(See the end of the work for more notes.)

Chapter Text

Todoroki Shoto nunca fue del tipo de chico al que le gustara el café, sabía amargo y pesado.

Había excepciones como sus variantes y el café helado, pero siguió sin agradarle, o tolerar la idea.

Prefería el té, lo había tomado toda su vida, y era más por costumbre que por gusto, era simple.

Entonces, ¿Por qué había decidido entrar en una cafetería volviendo de la escuela?

No había una razón en específico, y para ser sinceros tampoco lo había planeado, UA era exactamente como lo imaginó un lugar de élite lleno de gente bulliciosa.

Podía comprender el ánimo de sus compañeros de clase pero no compartirlo.

Nunca antes había estado rodeado de tanta gente, y mucho menos que invadieran tanto su espacio personal.

Quería un descanso, no quería ir a la casa, Fuyumi estaba allí pero se sentía tan ajeno a ella.

Quizás inconscientemente hizo caso a sus deseos, y por eso terminó en el extremo opuesto de su ciudad.

Tal vez quería caminar y despejar la mente.

Tal vez quería prolongar el tiempo para no tener que estar en esa casa.

Tal vez no quería ver a su padre hoy.

Solo tal vez hoy sentía que quería probar un café.

Mientras caminaba por las calles casi deshabitadas, aquella cafetería apareció frente suyo de la nada, no era grande, no era pintoresca, y tampoco tenía buena publicidad.

“Hot n Cold”

Ese era su nombre, muy irónico a decir verdad, pero estaba allí, existiendo y que cualquier ser perdido de esta sociedad llegara a ella de puro milagro.

Shoto no iba a cuestionar sus elecciones, así que esa es la razón por la que entró a esa cafetería, estaba casi vacía, tenía una decoración sencilla y minimalista.

Había una campanilla en la puerta que avisó de su presencia, los únicos comensales solo le dieron una mirada de reojo cuando pasó.

Sus ojos vagaron con leve interés sobre la cantidad de bebidas y postres que ofrecían, todos ellos fríos o calientes.

Vale, quizás ya entendía del por qué del nombre.

Y a pesar de todo eso, no sabe exactamente que hacer ahora, hay tantas opciones, tantas variantes, y él simplemente no sabe que quiere.

Un sonido como si alguien estuviera tosiendo lo distrae, allí frente suyo del otro lado de la barra hay un hombre, con solo mirar su atuendo Shoto se da cuenta, es un empleado.

Parece feliz de haber captado su atención, y con una sonrisa ladina replica. —Déjame adivinar… Primera vez en una cafetería, ¿verdad?

La mirada del adolescente se mantiene imperturbable, pero su tono de voz demuestra curiosidad —¿Cómo lo sabes? ¿Tengo algo en la cara?

Hay un suave resoplido de parte del empleado, como si tratara de no reírse en su cara, casi. — No, hombre, es solo que llevas cinco minutos analizando el menú como si fueras a escribir un ensayo sobre él.

Frunciendo el ceño confundido, pregunta. — ¿No se supone que debo elegir bien? No quiero pedir algo que no me guste.
Y esa es una buena lógica.

El empleado se apoya en el mostrador completamente divertido. — Tienes razón, pero tampoco es cirugía cerebral ¿Frío o caliente?

Tras una breve pausa Shoto responde. —Caliente.

Está anocheciendo, y Shoto nunca ha sido de los que toman bebidas que son más hielo que agua durante las frías tardes de Japón.

—Claro, claro. Ahora, ¿Quieres algo que te despierte como si hubieras dormido cinco minutos o algo que te haga sentir que todo está bien en el mundo por un rato?

Este hombre hace todo lo posible por confundirlo aún más. —No entiendo. Solo quiero café ¿Hay uno estándar?

Creía genuinamente que el café no era tan complicado, ¿Es que acaso hay un procedimiento?

—Un latte, café con leche. Suave, agradable, no te va a dar sorpresas. —Le dice con fingida paciencia

El asiente. — Eso está bien.

Dándole la espalda el hombre comienza a moverse de un lado a otro, agitando ingredientes y echándolos en el envase sin mirar, Shoto se da cuenta de que nunca pone a calentar lo que usa, y comienza a cuestionar si ha hecho verdaderamente una buena elección, entonces esa voz le habla nuevamente.

—Por cierto, bienvenido al mundo del café. Aquí nadie sabe lo que quiere, pero todos siguen pidiendo como si sí lo supieran.

No entiende, ¿Por qué tiene que hablar con tantos misterios?

—Eso no tiene sentido.

Una suave risa nuevamente. —Y aún así, aquí estamos.

Frente suyo hay un envase de cartón, con un diseño bonito y el nombre del café. —Son 450 yenes.

Shoto parpadea, eso fue rápido, así que saca una cantidad de billetes y los deja caer sobre la mano del empleado, mientras que con la otra toma el café.

Caliente, es lo primero que piensa, el vaso se siente cálido en su mano a pesar de que nunca lo vio usar alguna máquina.

—Gracias por su compra y vuelva pronto. —Le dice con una calma cantarina, y un recibo.

Shoto aún desorientado, toma el recibo. —Muchas gracias… —Mira el nombre en la chaqueta del empleado. — Izanami-San.

—Lo que sea, niño.

Alza la mirada, y finalmente se detiene en el hombre, honestamente no le estaba prestando atención, pero ahora, el cabello blanco que cae sobre su frente, y unos profundos ojos azules le dan la bienvenida.

Extraño, como si hubiera algo en la persona que debería recordar, pero no lo hace.

En cambio, se da la vuelta, y no mira hacia tras mientras deja a la pequeña cafetería a la deriva.

Hay algo en el fondo de su mente que se retuerce, y una estaca se le clavara en el corazón, y la sangre lo ahogara llegando hasta su garganta.

Quizás solo él estaba exagerando.

Mira indeciso el café en su mano, ya lo compró, y no sabe si tomarlo, debería, él lo compró.

Y sería de mal gusto y una falta de respeto botarlo.

El líquido caliente le quema los labios, pero luego el suave y cremoso dulzor de la leche le acaricia la garganta, el sabor a café se siente tostado, pero en el punto justo, y para rematar, hay algo más dulce como caramelo que le empalaga la boca, y se siente bien.

Sus ojos heterocromáticos se abren en sorpresa, es delicioso, le gusta.

El rostro del empleado vuelve a su mente, y Shoto niega, no tiene sentido.

El recuerdo le martilla la cabeza, como si fuera la ficha faltante de un rompecabezas.

Se termina el latte antes de llegar a casa, su hermana lo espera ya con la cena lista, y una mirada aliviada.

—¡Shoto! Menos mal, estaba preocupada, normalmente llegas antes de las seis.

Se siente culpable por ponerla en esta clase de situaciones. —Lo siento, estaba tomando un café.

—¿Café? Creí que no te gustaba…

—Hoy quise probarlo.

—Ya veo, si es así podría preparar un poco más para ti durante las mañanas. —Ella ofrece con una sonrisa.

—No es necesario. —Y finge no ver el pequeño brillo en los ojos de su hermana apagarse, aun así, ella se recompone.

—Bien, vayamos a comer, la cena se va a enfriar, papá no vendrá, tuvo un trabajo de emergencia así que comeremos solo los dos.

Esas son buenas noticias, y Shoto no entiendo por qué el ánimo de su hermana decae, menos Endeavor significa una mejor comida y mejor sueño.

Shoto cree que podría dormir como un bebé, no pasa, incluso sin su padre en casa para arruinarle la noche, el rostro del hombre del café vuelve a su cabeza, una y otra vez.

Hasta soñaría con él.

Es a la mañana siguiente que se despierta con los suaves pasos de su hermana, es sábado, ella debe de estar haciendo la limpieza de la casa.

Así que Shoto se levanta, fin de semana no es excusa para no hacer el entrenamiento, son las 7 de la mañana.
Da gracias que el anciano no está, porque pudo quedarse en su cuarto unos 30 minutos más de lo normal.

Al salir de su cuarto en busca de algo para desayunar se detiene en seco, la puerta del altar está abierta, Fuyumi debe de estar limpiando esa habitación también.

Shoto entra, el lugar se ve empolvado, unos cuantos inciensos están en el suelo, así que los recoge con cuidado, y trata de ponerlos dónde se supone que van.

La foto de su hermano le devuelva la mirada, el niño no posee expresión alguna.

La ficha faltante del rompecabezas que no lo ha dejado en paz desde ayer.

Se le hacía conocido, no sabía de dónde, hasta ahora.
Un pensamiento horrible y perturbador crece en su mente, las similitudes se alinean y su cerebro las termina por unir.

Los ojos de un azul profundo se clavan en lo más hondo de su alma, igual que el hombre de la cafetería.

Ya veo, él, se parece mucho a Touya.