Actions

Work Header

Ven aquí, mi dulce amor (Nadie nos ha de separar)

Summary:

Rin no llora, no grita, nada. Solo mira en blanco al doctor que lo mira seriamente.

“Espero que sea una broma”, dice.

“Me temo que estoy igual de asombrado que tú”, responde.

De ninguna puta manera acaban de decirle que está embarazado.

 

O

 

Ese AU dónde Rin es un padre adolescente y terminó en Blue Lock con su hijo.

Notes:

(See the end of the work for notes.)

Chapter 1: ¡Sorpresa!

Chapter Text

 

 

Rin era especial, en más de una ocasión sus padres se lo habían dicho refiriéndose a él como un todo. Muchas otras personas lo llamaban así debido a sus patrones de comportamiento, en especial adultos, aunque los otros niños lo simplificaron diciéndole raro.

 

Él no es raro. O eso cree.

 

Cuando se ve en el espejo, se ve normal. De hecho, a veces se ve como su hermano mayor y eso lo emociona. Su hermano mayor está en España ahora mismo, cumpliendo su sueño de ser el mejor delantero, y él no puede quedarse atrás.

 

Para ser el segundo mejor se esforzó creando una rutina y adaptándose a ella aunque no quisiera, muchas veces se encontró perdido en la monotonía y a veces una vocecita pequeña resonaba en sus oídos. “¿Vale la pena?”.

 

Claro que sí.

 

Quizás en el paso del tiempo se perdió a sí mismo, por qué jugaba, qué significaba todo para él, por qué no puedo expandirme más allá en lugar de adaptarme a los demás, por qué, por qué—

 

Pero eso era todo, simples dudas que acechaban su cabeza antes de dormir en sus días más grises. Rin les demostraría a todos por qué su hermano lo había elegido a él para jugar a su lado.

 

(Demostraría que los raros eran ellos)

 

Rin no sabía que su día a día se vería interrumpido por algo extraño, no es que lo haya visto venir, ¿pero hubiera contado como un imprevisto si lo hubiera hecho?

 

"Deberíamos ir al ginecólogo", sugirió su mamá en la cena.

 

Su padre sabiamente disimuló su tos incrédula tomando agua.

 

Ah, sí. Rin era especial. Por sus patrones de comportamiento y quizá algo más físico, en realidad a él no le importaba ya que lo que menos pasaba por su cabeza era en lo que realmente podría hacerlo diferente a los demás.

 

Eso no quita que su reacción fue un poco exagerada al dejar caer sus palillos mientras miraba a su madre como si le hubiera crecido una segunda cabeza.

 

Apretó la mandíbula y sacudió ligeramente su propia cabeza, no, seguro no quiso decirlo así.

 

"Perdón, mamá. Debo estar cansado. ¿Puedes repetir lo que me dijiste?" aunque sonaba educado, se notaba su molestia.

 

La señora Itoshi sonríe con paciencia, es muy diferente de los hombres con los que convive y es por eso que ambos varones sienten un escalofrío recorrer por su espalda. Repite suavemente, "Deberíamos ir al ginecólogo"

 

Rin vuelve su mirada a su comida y reanuda lo que estaba haciendo.

 

"No iré a ningún lado"

 

"No te estaba preguntando, Rin", las frías palabras contrastan con su dulce tono de voz. Definitivamente muy diferente de todos ellos.

 

Rin mira a su padre pero él no ofrece consuelo ni apoyo, ni siquiera lo mira; de hecho, su madre también mira a su padre pero con algo más que un simple “atrévete”. Su padre no es lo suficientemente fuerte para pelear con su madre, así que deja de verlo como para hacerle un favor.

 

Su siguiente bocado va con enojo a su boca, soltando sonidos de disconformidad y molestia.

 

"Rin, tus modales", vuelve a decir su madre, está vez más suelta pero no menos amenazante.

 

El niño traga rápidamente, "Sí, mamá…"

 

Con un poco de recelo típico de un adolescente molesto, piensa en que él podría tratar mejor a su hijo. En el caso hipotético de tenerlo.

 

Cosa que no va a pasar. Nunca.

 

 


 

 

Él no es el payaso de nadie, se repite a sí mismo todo el camino hasta el hospital. Sostiene fuertemente la manga de su mamá y definitivamente no está haciendo un puchero cada vez más pronunciado cuando más cerca están del lugar.

 

Desde afuera debe ser gracioso ver a alguien tan alto siguiendo a su madre de tal manera, es fácil olvidar que solo tiene trece años. Ok, tal vez está haciendo un pequeño berrinche, pero él realmente no quiere hacer esto.

 

El gran edificio blanco lo saluda de frente, con mucha gente entrando y saliendo o simplemente paseando, él parpadea sin sorprenderse cuando la puerta del hospital se desliza para dejarlos entrar.

 

Detesta los hospitales. Es decir, bien, genial, mientras no le den malas noticias que sigan existiendo.

 

Mira a cualquier otro lugar que no sea a la recepcionista que con voz plana les indica a dónde ir, la mujer ni siquiera lo mira dos veces. Qué pésimo servicio.

 

"No te pongas así Rin, estoy preocupada por ti, eso es todo", dice su mamá mientras se sientan cerca de la puerta de ginecología.

 

"Pero ir al ginecólogo es para niñas…", se queda callado cuando nota que su mamá lo mira fijamente.

 

"Todo terminará rápido, deja de quejarte, mañana podrás seguir normalmente con tu vida", finaliza la mujer.

 

Tendría que ser muy valiente si quiere responderle, en su lugar solo bufa y se cruza de brazos.

 

Deben ser los cinco minutos más largos en la vida de Rin hasta que sale una enfermera indicando que pueden pasar. Le pasan una bata desabrida y le indican que se cambie, que será rápido ya que solo es una revisión de rutina y que era normal en adolescentes.

 

La enfermera sale a buscar a la doctora y deja a Rin observando la bata aburrida en sus manos, su madre le toca el brazo.

 

"Rin…"

 

El adolescente suspira.

 

"Terminemos con esto"

 

 

 

(...)

 

 

 

La doctora Naoko ha tenido una semana difícil, empieza a confundir rojo con verde, derecha con izquierda; en fin, te haces una idea.

 

Sale de la sala de descanso con pereza, su sistema trabaja demasiado para mantenerla de pie con una bebida energética, un café y una pastilla para la migraña. Despierta todos los días preguntándose por qué eligió la profesión.

 

Una enfermera la alcanza y le sonríe con algo de pena, Naoko la mira con cansancio pero todavía le sonríe.

 

"Estos son sus pacientes de hoy", dice la enfermera dejándole unos archivos. Naoko los sostiene con pereza y comienza a caminar mientras la enfermera habla.

 

Ella no escucha nada de lo que dice, de hecho podría decirse que se está quedando dormida. Dos papanicolau, tres revisiones anuales, una inseminación… ¿Para quién era qué?

 

Se chocó contra un enfermero, dicho tiró sus archivos al suelo y algunas hojas volaron. Naoko se concentró rápidamente en agarrar las hojas y se agachó mientras pedía perdón, el enfermero pidió perdón y la enfermera lo despidió asegurándole de que todo estaba bien.

 

Naoko revisó los archivos y volvió a colocar las fotos que se habían desparramado. Parpadeo al ver las carpetas de nuevo, sintiendo que algo estaba mal, pero no podía distinguir qué era.

 

 

(...)

 

 

Rin estaba recostado en la camilla incómoda y con los brazos cruzados.

 

"¿Podemos irnos ya?"

 

Su madre lo ignoró mientras miraba su celular, leyendo algo.

 

"Mamá…"

 

"Nos iremos tan pronto como acabe esto, Rin", le asegura su madre apretando su mano y mirándolo con ternura.

 

La fina atmósfera cálida es rota por el sonar del celular de su madre. La atención de la mujer cambia al dispositivo para ver el identificador.

 

El rostro del chico se agrió.

 

"Espera aquí, tengo que atender una llamada", no le dedica una segunda mirada.

 

La mujer salió de la sala, dejando al adolescente sintiéndose bastante solo.

 

Por supuesto, ¿Qué más podía esperar? Su madre había “tomado un día libre”, que era otra forma de decir que no había ido a trabajar hoy y que tenía que estar atenta por si alguien la necesitaba. Rin estaba acostumbrado a qué sus padres rara vez estén en casa, a veces llegaban más tarde de lo que prometían o ni siquiera se presentaban.

 

Pero también ahí estaban para él, dejaban comida lista o le dejaban notas en algún lugar de la casa que sabían que frecuentaba. Era un buen gesto, pero la casa se sentía innegablemente fría.

 

No siempre se dejaba llenar la cabeza con esto, después de todo estaba acostumbrado. Antes al menos tenía a su hermano con él, y aunque esté escenario no es nuevo, no puede evitar pensar: Maldita soledad.

 

A veces no puede creer que esté tan acostumbrado a estar solo. Es sorprendente cuando una ligera necesidad araña su mente “si tan solo tuviera a alguien…”.

 

Parpadea incrédulo y hace una mueca, él no necesita a nadie.

 

La puerta se abre y entra una mujer de cabello castaño, ojos con bolsas negras y una sonrisa tranquila. Deja los archivos en una mesa cercana y sostiene uno que tiene la foto de Rin.

 

"Un gusto, soy la doctora Naoko" la mujer ojea una carpeta, aunque no la ve realmente.

 

Rin no dice nada, de repente sintiéndose nervioso, trata de calmarse diciendo que él puede hacer esto. Sus nervios, por supuesto, son notados rápidamente por la doctora.

 

"Está bien, no hay por qué preocuparse. Hago esto todo el tiempo"

 

Naoko se sienta en una silla que hay frente a Rin, justo en medio del reposapiernas. Lentamente, la comprensión golpea a Rin como un tren de carga cuando entiende lo que hay que hacer.

 

El adolescente, aunque algo renuente, abre las piernas y las apoya en el frío metal. Su expresión estoica dura dos segundos antes de cubrirse el rostro con vergüenza, brillando en color rojo.

 

"Esto es humillante"

 

La mujer se ríe y toma algo de la bandeja que está cerca de la silla. Rin, arrepintiéndose de ser curioso, está seguro de que ahí antes había una jeringa. Se aferra a los bordes de la camilla e indudablemente está tenso y asustado, ¿Es realmente necesaria? ¿Está en el lugar indicado para juzgar a una profesional? Cierra los ojos fuertemente, debió pedir más detalles a su madre.

 

"Ahora, Itoh-san, respire profundamente"

 

Rin hace lo que le dicen, con más rigidez de la necesaria. Su mente ni siquiera registra el nombre tan raro que sale de la lengua de la doctora.

 

Sisea al sentir una leve incomodidad.

 

"Eso es… ahora exhala"

 

Los ojos turquesa se abren levemente al exhalar, sintiendo que sus músculos se relajaban lentamente.

 

Mirando al techo, la secuencia de ayer en la noche hasta hoy es bastante borrosa. Como si fueran solo uno. De alguna manera es increíble el cómo terminó en una camilla haciéndose un exámen ginecológico, jamás se hubiera visto a sí mismo en esta posición.

 

Entonces escucha el sonido de algo cayendo en la bandeja de aluminio al lado.

 

"Todo listo, ¿No fue fácil?"

 

Rin murmura, estando de acuerdo vagamente.

 

Para cuándo la madre de Rin había vuelto, este ya estaba terminando de cambiarse y la doctora se había ido.

 

Fue su último día tranquilo, de haberlo sabido seguro lo hubiera disfrutado más.

 

 

 

 


 

 

 

("Un gusto conocerte, Itoshi-san, me llamo Naoko y seré tu doctora" sonríe la mujer. "No te preocupes, sé que los primeros exámenes pueden ser difíciles pero—"

 

"¿Disculpe?"

 

"¿Uhm? ¿Dije algo mal?"

 

"Sí, uh… yo no soy “Itoshi”, soy Nakahara. Yo vine aquí por un papanicolau"

 

"... Huh?")

 

 

 


 

 

 

 

Las semanas siguientes de su revisión se sienten como un borrón para Rin. Se había sentido bien en los días posteriores a su primera revisión y, en general, ya no se sentía tan enojado por haber accedido a la revisión.

 

Cuando la fecha de su única y última visita fue hace una semana y media, digamos que empezó el calvario.

 

Su rutina comenzaba a las cinco de la mañana con yoga, algo a lo que aseguraba su cuerpo ya estaba más que acostumbrado. Grande fue su sorpresa al darse cuenta que en lugar de levantarse, apagaba la alarma y volvía a dormir. Esto retrasaba su entrenamiento matutino una hora, lo que era molesto, pero Rin lo atribuyó a que finalmente su cuerpo estaba reclamando el descanso que merecía (o algo así dijo su padre).

 

No contento con retrasarse una hora, los ejercicios que ha estado haciendo durante un tiempo ahora logran que sus músculos se tensen hasta el punto en que lo tienen incómodamente acalambrado. Lo cuál es incluso un poco irónico ya que el yoga se trata de relajación muscular y Rin se siente un pretzel de alambre.

 

Y ya que hablábamos del cansancio, sus entrenamientos se vuelven extrañamente difíciles por esto. Se está cansando más rápido que antes, incluso en medio del descanso tiene extraños pensamientos intrusivos de recostarse en la banca y dormir una siesta. Este repentino cansancio se refleja en sus tiros perfectos, los cuales se desvían o ni siquiera llegan a mitad de camino, y logra frustrar a Rin al obligarlo a intentar otra vez.

 

Su entrenador lo atribuye a la pubertad, hormonas y los supuestos cambios por los que él también pasó alguna vez, así que se apiada del adolescente y en varias ocasiones lo envió a casa temprano. No es lo que Rin quiere, ¿Pero cómo puede discutir con él entrenador, si él tampoco está seguro de qué es lo que le pasa?

 

Por más que piense seguir su entrenamiento en casa, su cuerpo camina en automático hacia su cama y no se mueve de allí.

 

Y no hablemos de los olores. Su nariz podría ser comparada a la de un sabueso, captando distintos aromas sin importar a donde vaya. El olor al perfume de esa mujer en el metro, la basura que tiran en la escuela, incluso lo que sea que vaya a comer es demasiado fuerte para soportarlo. Es extraño, ya que no recuerda tener un sentido del olfato tan agudo.

 

Otra cosa que lo molesta últimamente es que al dormir tiene un sueño recurrente, en el que está sosteniendo una canasta llena de hortensias y camina justo detrás de un niño que tararea. No puede verle la cara, pero se siente increíblemente familiar y tranquilo.

 

Cuando se lo cuenta a su mamá, por primera y última vez, ella se ríe diciendo que recuerda haber tenido uno similar pero cuando estaba embarazada. Rin no entretiene mucho ese pensamiento, al menos no constantemente, a veces se imagina un mini él y eso lo emociona. Es extraño.

 

La bendita gota que colmó el vaso para Rin fue cuando su padre preparó curry. Un plato tan sencillo que en un inicio estaba bien, solo que en cuanto le dió un bocado tuvo que salir corriendo al baño para vomitarlo.

 

Eso es todo, aguantó dos semanas de maldito sufrimiento pero ninguno lo estresó tanto como el pensamiento de vomitar lo que fuera que estuviera comiendo. Irá al maldito hospital para que le digan qué le está pasando.

 

La semana siguiente agendó un turno con el doctor de guardia, esta vez fue acompañado de su papá. El hombre revoloteaba alrededor de Rin como si no supiera cómo tratarlo, que honestamente era válido teniendo en cuenta que estaba a dos palabras de estallar, y el chico lo dejó ser, su papá era tan emocional que temía que se pusiera a llorar si le decía que mejor esperara afuera.

 

El doctor escucha con atención los problemas que describe Rin mientras su padre asiente, cada palabra que dice es como si le diera una idea clara al hombre. Decide mandarlo a hacerse unos análisis de sangre solo para descartar cualquier cosa realmente seria. Es un proceso bastante solitario, al menos solo porque el papá de Rin fue sacado de la habitación por casi desmayarse al ver la aguja.

 

Mientras ve la jeringa extraerle la sangre, se pregunta distraídamente si él sería igual si tuviera un hijo. No cree que sea así, aunque el pensamiento de su hijo hipotético siendo atravesado con una aguja no es exactamente bonito.

 

Finalizada la extracción, les dicen que será un proceso rápido y que solo deben esperar un tiempo. Así, confiando ciegamente en los profesionales, se sientan en la sala de espera durante horas. Rin se recarga en el costado de su papá, quien le acaricia la cabeza, esperando por los resultados que parecen extrañamente olvidados en el tiempo. En realidad, es un poco preocupante.

 

"¿Realmente estaré tan mal?"

 

"No, Rin. Seguro están tomando más medidas por si acaso"

 

Rin asiente levemente, exhalando levemente por las caricias en el cabello. El hombre tararea un poco, claramente aburrido, pero no saca su celular, es presumiblemente porque lo dejó en silencio para no recibir llamadas de trabajo. Que podría ser un arma de doble filo si consideramos que una de las llamadas podría ser de su madre.

 

El chico suspira y sigue esperando, viendo como otros son atendidos antes que él con cierta envidia.

 

Distraídamente termina pensando en Sae, ¿Qué estará haciendo? ¿Vendrá a verlo? ¿Cómo se pondrá al día si apenas puede levantarse de la cama?

 

Que molestia, espera que el diagnóstico le de algo útil.

 

"Itoshi-san", llama el doctor. Finalmente.

 

Ambos se ponen de pie y se acercan al hombre de bata blanca que mira los resultados, él pronto se da la vuelta y comienza a caminar sin mirar atrás ni una sola vez. Probablemente esperando a que lo sigan, Rin tiene algo contra este tipo ahora. 

 

Pero no pueden culpar al doctor por pensar que leen la mente, así que lo siguen aunque a Rin le moleste.

 

Terminan en la oficina del hombre, pequeña y no parece de hospital, al menos no lo que Rin espera de uno. El doctor señala la única silla frente a él y Rin simplemente se sienta, observando al hombre tirar los papeles en la mesa con cansancio.

 

Su padre se acerca detrás de él y ahí se queda, poniendo una mano en su hombro como señal de apoyo. Aunque lo encuentra reconfortante, Rin sabe que es más para tranquilidad de su padre que la suya.

 

El doctor se deja caer en la silla frente a él, soltando un sonido que lo hace sonar más viejo de lo que se ve. Sostiene otra vez los papeles que hay en su escritorio y los lee. Dos veces. Tres veces. Entonces suspira profundamente y lo mira con seriedad.

 

"No hay nada malo contigo", concluye con un tono casi severo.

 

Rin no resiste sus ganas de debatir eso, "¿Entonces por qué—"

 

"Es más, diría que hasta es normal en tu estado"

 

Rin siente que lo toman por tonto cuando dice eso y frunce el ceño. ¿Normal? ¿En qué mundo? Con molestia repite, "¿Mi estado?"

 

El doctor suelta un suspiro que lo desinfla, haciéndolo ver más viejo y cansado, lo mira con algo parecido a la decepción. El silencio se vuelve pesado antes de que el hombre decida hablar.

 

"Itoshi-san, estás embarazado"

 

El silencio que precede a eso es tenso, frágil, como si esperara a que alguien diga algo y todo finalmente explote en sus caras. Eso no sucede. Todavía, al menos.

 

Rin piensa que es una broma de mala calidad pero la cara seria del doctor le advierte que eso no es nada posible. Parpadea sin saber si gritar lo estúpido que es eso, llorar por su situación o elegir la incredulidad y fingir que no es verdad.

 

"Debe estar bromeando", dice.

 

"Estoy tan sorprendido como tú", confiesa el doctor con voz plana. "Hemos verificado tres veces y aún así tu prueba resulta positiva"

 

Sin más preámbulos, su padre se desmaya. Con él, el silencio se rompe y eso es lo que finalmente desata el infierno.

 

"Me siento un poco decepcionado de usted, Itoshi-san. Tan joven y aún así ya está esperando a concebir—"

 

Rin, como era de esperarse, pierde los estribos.

 

"¡Cállese! ¡Eso es imposible, no puedo estar embarazado! ¡No tengo tiempo para ninguna relación y mucho menos dejaría que un tibio cualquiera me toque!"

 

El doctor repite con algo de incredulidad, "tibio…"

 

"¡Solo necesito enfocarme en el fútbol, en nada más!", concluye cruzándose de brazos. "Maldita sea, todo esto después de ese maldito exámen…"

 

Eso llama la atención del doctor.

 

"¿Qué exámen, Itoshi-san? ¿Puede ser más específico?"

 

Rin ni siquiera se contiene antes de empezar a despotricar en un vocabulario colorido sobre ese fatídico día hace casi cinco semanas.

 

 

 

 

 


 

 

 

 

 

Resulta que una vez su madre se entera de que sufrió una negligencia médica, la mujer anda en busca de sangre y el hospital es su objetivo principal.

 

Rin finge que eso no está pasando, feliz porque al menos alguien sufrirá las consecuencias.

 

El padre de Rin ha sido el apoyo más grande que ha tenido desde entonces. Bueno, sin contar los primeros días donde él parecía una cáscara de lo que realmente era por la noticia.

 

Y pese a todo el revuelo, ha tenido tiempo para pensar.

 

¿Qué hará con el bebé? Solo tiene cinco semanas, por lo que todavía puede deshacerse de él si quisiera. Es un poco sorprendente saber que él de todas las personas puede gestar una vida, porque no sabía que podía hacer eso.

 

Es increíble y también aterrador. Rin estaba concentrado en el fútbol, quería ser el mejor del mundo y demostrarle a Sae que era capaz de estar a su lado.

 

¿Qué suma un bebé a todo esto? ¿Y si no puede cuidarlo? ¿Y qué si lo retrasa? Por supuesto que lo hará, ya ha estado buscando, no puede entrenar si está gestando ya que es peligroso. Además, un embarazo normal ya de por sí es riesgoso, dejemos fuera uno adolescente, ¿Qué hay de Rin que es hombre? ¿No es riesgoso para su salud?

 

Está asegurado que todo esto lo vuelve loco…

 

Pero también se encuentra a sí mismo observando a otras embarazadas, de vientres más notorios, cuando camina en la calle. Inconscientemente toca el suyo, preguntándose si también sería así de grande. Sigue con la mirada a madres que caminan con bebés en sus brazos, fijándose en la manera en la que los sostienen. Hay una ocasión en específica dónde Rin se queda mirando mucho tiempo en el parque, la mujer lo miró y esto lo avergonzó tanto que se fue a casa.

 

A veces se detiene a ver la pequeña ropa que se muestra en las vidrieras, observando cada una como si fuera profesor de diseño de moda. Piensa en que algunas son pasables, otras muy tibias para que su bebé use, y algunas simplemente le quedan. Apenas puede armar un par de conjuntos en su cabeza cuando se da cuenta de lo que estaba haciendo y se aleja de ahí.

 

Se mira en el espejo, con o sin camisa, viendo su estómago. Lo mira tan fijamente que puede asegurar que siente como si algo se moviera. Aunque seguro era su imaginación.

 

Mientras está recostado, siempre viene a su cabeza ese sueño con las hortensias y el niño. Lo hace sonreír como un idiota, pensando en un humano pequeño corriendo por su cuarto, mirándolo con cariño, acompañándolo.

 

Antes de darse cuenta, está buscando información y anotando mentalmente cómo podría llevar este embarazo a cabo. Ya llevaba una vida sana por lo que no habían muchos riesgos que este bebé pudiera correr.

 

A veces se da cuenta de que está imaginando como sería el niño, sin darse cuenta de que en el proceso está acariciando su vientre todavía plano. ¿Se verá igual a él? ¿Igual al donador? ¿Tendrá sus ojos? Amaría que tenga sus ojos.

 

Entonces Rin tiene que ser honesto consigo mismo. ¿Está asustado? Sí, un embarazo es un 50/50 y no es solo su vida la que podría poner en riesgo; ¿Es una mala idea? Muy seguramente, tendrá que abandonar muchas cosas aunque no está seguro de que extrañe la escuela, es realmente malo en cualquier otra cosa que no sea fútbol; ¿Sabe bien todo lo que está en riesgo? Su futuro académico no era tan brillante como el deportivo, Rin sabía que detener su entrenamiento iba a ser perjudicial pero también sabía que encontraría una forma de hacerlo funcionar.

 

¿Va a seguir adelante con todo esto? Por supuesto. ¿Y si sale mal? Nada saldrá mal. Estamos hablando de Itoshi Rin, si él hace algo entonces será perfecto.

 

Entonces si está consciente de los riesgos en los que se está metiendo, lo más natural es que siga adelante.

 

Planifica cómo planteárselo a sus padres, dos días diferentes y en tiempos diferentes. Es probable que si decide abordar con ambos al mismo tiempo tenga que lidiar con su madre, intentando razonar y desesperandose a cada segundo, y su padre, la razón por la que su madre tendrá canas tempranas al aguantar su drama.

 

Con eso mente, primero decidió sentarse con su padre a ver la televisión. Un programa de cocina que su padre ama ver, Rin se sienta y observa silenciosamente. Su padre pasa un brazo por sus hombros y lo atrae en un abrazo. Rin mira a su padre con los ojos brillosos.

 

Su padre le sonrió, "Te apoyo en lo que sea que quieras hacer"

 

No hace falta decir que probablemente haya llorado. 

 

Luego fue su madre, dos días después.

 

La mujer lo miró duramente, "¿Estás completamente seguro? Un bebé es una responsabilidad enorme, Rin. Si te lo quedas no habrá vuelta atrás, así que te lo preguntaré una vez más, ¿Entiendes realmente en lo que te estás metiendo?"

 

Cuando Rin asintió, ella sonrió levemente y dijo "Bien"

 

Así que la decisión estaba tomada, tenía a sus padres apoyándolo y él apenas tenía seis semanas y media.

 

No podía esperar a que el tiempo pasará más rápido.

 

 

 


 

 

 

La doctora Naoko fue dada de baja temporal, ya que se determinó que sus errores fueron debido a fatiga extrema.

 

Rin jamás había visto tantos ceros en su vida hasta que entregaron un cheque como indemnización para asegurar el silencio de la familia, ya que sería mortal para un hospital tan grande que esto saliera a la luz.

 

No es realmente lo que su madre quería, pero es lo suficientemente bueno para ella. "La mayoría irá para este pequeño de aquí", asegura la mujer tocando el vientre de Rin.

 

Ahora es cuando una piedra lo suficientemente grande y pesada se posa en su garganta.

 

Mierda, va a tener un bebé.