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You are Adorable (And You Scare the Shit Outta Me)

Summary:

“Ya estoy harto de dar vueltas, chico. Se acabaron los juegos, arreglaremos esto ahora. Debes decirme que quieres. Se que quieres algo, dímelo. Cualquier cosa, así sea una estupidez, solo pídela. ¡La conseguiré! ¡Mandare a los idiotas de afuera a buscarlo más inmediatamente que inmediatamente! ¿Qué tengo que darte para que me dejes meterme en ese pequeño coño que tienes?”

No es su línea más romántica, ni de cerca una proposición adecuada, y no carece de una nota desesperada que deja demasiado de sí mismo servido en el plato para el goce del rompe pelotas que es el hijo de Rick Prick.

Es una apuesta peligrosa la que está jugando. Las malditas cartas ya han sido repartidas, y una corazonada le dice que no tiene la mano ganadora.

Notes:

Sinceramente, necesitaba sacar eso de mi cabeza. No soy dueña de Walking Dead ni sus personajes, modifique pequeños momentos de la serie para que se acoplarla a este Fanfic, pero no gran cosa, lo notaran enseguida. La segunda parte ya está casi terminada, espero les guste...

(See the end of the work for more notes.)

Chapter 1: You were destined for me.

Notes:

(See the end of the chapter for notes.)

Chapter Text

 

 

Nothing shows a man´s character more than what he laughs at.

-Goethe.

 

 

Al principio es como traer una piedra atorada en el zapato.

Lo toma por una molestia minúscula, fastidiosa claro, pero no un verdadero problema. La clase de cosa que uno no notaria si no supiese de antemano que está ahí. Y el asunto, en realidad, a grandes y diminutos rasgos, es que Negan sabe que está ahí.

No es que la ‘piedra’ en cuestión le impidiera caminar, mandar, conducir, sembrar terror o aplastar el cráneo de algún estúpido muerto atravesado en su camino. No . Nada tan sustancial . Prioritario . Pero, después de pasar tres noches masturbándose a carne viva en su habitación, sin tolerar la presencia de ninguna de sus esposas –betas sin aroma que tentaran sus inquietos instintos-; con el rostro enterrado en un cojín que olía a pólvora, lagrimas, sudor juvenil y furia, desperdiciando una fantástica y abundante venida en el suelo de concreto en lugar de enterrado hasta las pelotas en un coño; bueno , era un maldito llamado a tomar cartas.

Había que hacer algo al respecto.

Y ese hacer algo al respecto, en su forma más infantil y rencorosa, la forma más Negan posible, constaba en ser la principal molestia de la razón de su propia jodida molestia. Para entonces, eso significaba otro viaje al pintoresco vecindario de Alexandria. Se decidió a la cuarta mañana, tan pronto como aparto las sábanas y descubrió la dureza oculta bajo sus boxers.

Si se encargó de la situación pensando en recorrer piel blanca y pecosa, sosteniendo con fuerza miembros largos y flacuchos, tirando de cabello largo y castaño, tomando de unos labios carnosos y enfrentando una media mirada fulminándolo, matándolo de ciento y un maneras tras el brillante azul... Era su maldito asunto.

 

...

 

“¡Cariño, estoy en casa!”

Negan canturreo por lo alto una vez cruzo el umbral de su casa favorita en el barrio, disfrutando del hecho de que podía hacerlo. Podía entrar a la casa de Rick, gritar a todo volumen, despertar a los vecino e igual nadie haría una mierda al respecto.

Solo había que notar la nula resistencia en la entrada. Sus camiones aún no habían llegado al portón y este ya estaba abierto para él. Prácticamente se pavoneo por las pavimentadas calles, sin detenerse a dar una maldita explicación de que estaba haciendo ahí, y nadie lo confronto por ello. Diablos , la vida era buena cuando se era el líder. Tan buena.

“Cariño, ¿dónde estás?” Cuestiono al mismo volumen tras un minuto de no recibir respuesta.

A través de una ventana vio a su gente tomando posición alrededor de la casa. Nadie iba a molestarlos, eso era seguro.

Con cuidado dejo a Lucille en una de las sillas del comedor, casualmente la misma que había ocupado en su anterior visita –quizás lo volvería su asiento habitual-, y se quitó de encima el pañuelo y chaqueta, ambos abandonados sobre la mesa.

Negan olisqueo el aire y no tardo nada en encontrar lo que buscaba. Muerte, amargura y odio. Mucho odio, toneladas , bajando en oleadas del segundo pisó. Todo mezclado en menor medida con otro dúo de esencias que le hicieron arrugar la nariz. El aroma Alfa de Prick y su novia samurái envolvían el lugar como se esperaría de una pareja provinciana del viejo mundo, a eso debía sumarle un aire lechoso y sin marca de la pequeña bebe que era demasiado ligero para creer que estaba en la casa.

Había que ver eso. ¿No era el tipo con más suerte de mundo?

“¡Se que estas aquí, Carl!” Dijo, aun sonando juguetón, mas no por ello menos amenazante. “Te doy tres segundos para venir aquí o iré a buscarte.”

No advirtió en vano. Lo haría. Se enorgullecía de ser un hombre de palabra.

“¡Uno!” Empezó a enumerar de camino a la cocina, yendo directo a la alacena, husmeando. “¡Dos!” Pastas, semillas, granos y algunas conservas secas. Ninguna maldita proteína. No era de extrañar que el chico fuera más hueso que piel. “¡Tre...!”

“¿Nunca cierras la boca?”

Esa voz fue como música para los oídos de Negan. Justo a quien quería. Pensó relamiéndose los labios, gozando de la gran oleada de resentimiento y furia saliendo de los poros del chico para golpear sus sentidos. El pobre a sus espaldas no tenía la menor idea de lo duro que lo ponía toda esa energía asesina.

“Ya veo que tus modales no han mejorado. Uno esperaría que ver a dos de tu gente morir te haría reconsiderar esa actitud tuya, chico.” Negan parloteo sin dar la vuelta, alargando el ansia del encuentro abriendo un cajón a la altura de su pelvis.

El adecuado para camuflar por curiosidad malsana el movimiento de una mano acomodando lo más discretamente posible la erección dentro de sus pantalones.

“¿Papi no es de los que escarmienta malos...? ¡Oh, mi...!” Negan callo al instante en que por fin giro sobre sus talones y su visión se llenó de Carl. La próxima sarta de burlas se le quedo atascada en la garganta.

¡Dios! Cualquier deidad a la que la buena gente de Alexandria le estuviera rezando estos días trataba de matarlo. Concediéndoles el favor. Matarlo con una de las vistas más tentadoras y excitantes por contemplar en la última década.

Carl ‘maldito’ Grimes , en toda su gloria húmeda; con ese largo cabello pegado a los costados de su rostro desnudo de venda, escurriendo pesadas gotas de agua que terminaban empapándole el cuello de la camisa más traslucida que jamás había visto en su vida; prácticamente podía ver el contorno de los pezones del chico –rosados, endurecidos, pequeños y apetecibles-; con la piel enrojecida en los codos y la parte alta de los brazos, descalzo y vestido con unos pantaloncillos flojos que casi le llegaban a la rodilla; un jodido ataque al corazón habría causado menos alboroto a su mente ya trastornada de hambre por el chico.

“¡Mi... Mira eso!” Apresuro tras un segundo titubeo, sin perderse del ceño fruncido intensificándose en el rostro del niño y de la nariz del mismo arrugándose un poco. Era como captar la visión de un tiburón olisqueando sangre en el agua. Carl estaba pescando algo. “¿No es ese mi asesino en serie favorito? Justo en vivo y en directo. Mi día acaba de mejorar.”

Pretendiendo no haber perdido la bravuconería, Negan se adelantó dos pasos en dirección a Carl. Este ni siquiera parpadeo.

“Mi papá no está. Salió con Michonne esta mañana, y no volverán pronto. Buscan suministros para ti.” La acusación no se le escapó. La acusación era lo único que importaba de la pequeña frase.

“Bien, bien. Trabajo, esfuerzo, dedicación. Parece que al fin lo entendieron, ¿no?” Murmuro acortando tres pasos más, bajando la voz hasta ser algo áspero y arrastrado. “Me gusta.”

Carl no se encogió en sí mismo como Negan esperaba verlo hacer, guiado como debería por un instinto de autoconservación a hacerse pequeño ante su voz y presencia como Alfa. Tampoco noto en él intenciones de retroceder cuando la distancia entre ellos se tornó peligrosamente escasa. El chico era un muro firme al pie de la escalera.

Y no era lo único firme en la habitación.

Negan sonrió para sí mismo, de paso mordiéndose el labio, exponiendo uno de sus colmillos, para evitar reír. Espero ver un temblor, una grieta en la dura fachada, pero Carl no vacilo y el aroma gritando lo mucho que deseaban acuchillarlo hasta morir solo se intensifico al cabo de los segundos.

También creció la presión en sus pantalones. Que sus ojos siguieran el lascivo camino de una gota deslizándose por el delgado cuello de Carl, rodeando ese sensual espacio donde se esperaba una mordida de apareamiento, no ayudo mucho. Diablos , la tentación de inclinarse y seguir el trazo con su lengua le estaba secando la boca.

Medio sonriéndole al adolescente sin sentido de preservación, Negan dio un paso atrás y aplaudió una sola vez frente al rostro conflictuado del chico. “¡Es bueno saberlo! Es tan bueno. ¡Casi me hace preguntarme por qué demonios pierdo mi tiempo al venir aquí! Podría estar con mis sexys esposas ahora, ¿sabes?”

Negan vio la réplica en los ojos de Carl antes de que este abriera la boca. “Nadie te llamo...”

“¡Y por eso necesito ojos y oídos aquí!” Dijo por sobre la voz del chico, y por primera vez desde que se atrevió a sostener a la pequeña hermana de Carl en brazos, algo de pánico impregno el aire.

Una maldita fragancia.

Oh , casi podía escuchar los engranajes oxidados en la mente del chico girar en todas direcciones. Inquietando el desorden dentro de esa cabecita. Prácticamente creando toda clase de escenarios en los que la vida de todos los que conocía podría empeorar. Un delicioso coctel de angustia.

“Si lo piensas tiene sentido, ¿no?” Continuo al tiempo que inconscientemente Carl negó con la cabeza. “ Con tu papi a cargo nunca se sabe. Un día cumple las reglas, me abre las puertas, toma su parte del castigo como un campeón, y al siguiente manda a su hijo a asesinarme a lo kamikaze.”

Por fin un ligero temblor se apodero del chico. “¡Eso no fue...!”

“Así que tiene que haber control. ¡Vigilancia! Sin excusas .” Su tono no daba lugar a excusas, y por el minuto en que ambos guardaron silencio bebió de la imagen exasperada del chico.

Las mejillas se le habían puesto rojas de la irritación, o quizás vergüenza. Siendo honesto, seguir los hilos que lo mantenían de pie no era una tarea fácil. Ese brillo malvado en el único ojo que le quedaba se había vuelto opaco, rencoroso pero vencido, de todas las buenas formas capaces de encenderlo. Y aunque el agujero en su cara aún era el camino al infierno por el que deseaba descender cualquier día, todo el conjunto le daba un aspecto menos amenazante.

Por ese minuto, y solo ese minuto; porque los muros del chico eran difíciles de deshacer, porque quebrarlo no era una verdadera opción, no una realista; Negan capturo la imagen de la pequeña bestia viviendo dentro del chico. El improbable Omega luchando ante su presencia. Negando lo más básico de su naturaleza al enfrentarlo. Una maldita belleza .

El pene le palpito con el pensamiento, un recordatorio de lo mucho que estaba afectándole el pequeño monstruo frente a él. Y había que ser uno para reconocer a otro.

“Espero un reporte como es debido, la jodida verdad. Quien entra, quien sale, sin excepciones, nada de tonterías. ¿Me entiendes?” Carl parpadeo sorprendido, y su rostro casi bajo, pero él alcanzó a sujetarlo a tiempo.

Con una gran mano lo sostuvo por el mentón de un extremo a otro, y lo hizo verlo a los ojos. En parte para ser todo en lo que Carl pudiera concentrarse, y por otro lado porque no tenía ánimos de inventar una excusa para la tienda de campaña en sus pantalones.

“Tienes el puesto, chico. A partir de ahora tú, eres mis ojos y oídos aquí. Bueno, la mitad de mis ojos, ya verás como compensarlo.” Bromeo únicamente para no gruñir como un loco ansioso por enterrar su nariz en las puntas húmedas del cabello del niño. Seguro olían de maravilla. “Preguntaste porque no te mate, es hora de que lo descubras.”

Inconscientemente su pulgar acaricio la suave mejilla de Carl. Negan lo soltó como si quemara tan pronto como el ojo del chico se estrechó. Malditos instintos .

“Simón te recogerá en dos días para tu primer reporte.” Dijo retrocediendo y dándose la vuelta antes de que el chico pudiera notar algo. “Quiero saber qué hace esta gente cuando Ricky no está, todos los detalles sucios. No escatimes.” Terminó ladeando el rostro lo suficiente para regalarle un guiño.

“¿Que...?”

Carl empezó, aun sonrojado y repleto de confusión, no parecía comprender lo que acababa de pasar. Y podía hacer fila. Él tampoco tenía una puta idea de nada.

Negan no le dio la oportunidad de terminar. Tomo a Lucille en una mano, su chaqueta en la otra y salió de la casa a largas y sonoras zancadas. Había mucho que hacer los próximos dos días.

 

...

 

No lo había notado. No la primera vez.

¿Y porque habría de haberlo hecho? Honestamente, no había habido ninguna buena jodida razón para haberlo notado entonces. No cuando tenía al grupo de Rick arrodillado, llorando y meándose en los pantalones; no con todo ese aroma a miedo y desesperación saliendo en oleadas de tantas personas, condimentando la excitación animal de su gente por la exhibición; no cuando la sangre y el hedor de los muertos, además de la satisfacción por la derrota de Rick, le tenían nublados los sentidos.

No cuando no estaba buscando activamente de donde provenía esa sutil pizca de dulzura picándole en la nariz.

La alineación en el claro había sido una larga y desagradable noche para todos, incluyéndolo . Y no tenía nada que ver con la responsabilidad de matar a un idiota para sentar a una comunidad que se había salido con la suya asesinando no una, sino dos veces, a muchos de sus hombres. Ni siquiera con el deber de redoblar el castigo por el desquite de Daryl, ese que le hizo destrozarle la cabeza al asiático. En realidad, tenía todo y nada que ver con ellos.

Todo; porque de no haber hecho lo que hicieron, quizás nunca los habría registrado en su radar. Una idea descabellada, pero no estaban precisamente explorando. No desde lo sucedido con la niña del reino... Y nada; porque más que una lección fue un ajuste de cuentas. Habían matado a su gente y él no había hecho nada. Tuvo que hacer una corrección. Se había invertido mucho para llevarlos a donde los querían, todo para dar un punto. ¿Cual?

Él era Negan. Líder de los salvadores. Dueño de sus vidas. La luz u obscuridad al final del túnel y no estaba tolerando esa mierda de nadie. No señor. El nuevo orden mundial era suyo y solo suyo para hacer lo que le viniera en gana. Así que... Buu , pero no había estado en sus prioridades notar la presencia del Omega en el grupito de Rick. No es que eso hubiera hecho una diferencia.

En lo absoluto.

 

...

 

Nunca había caído en cuenta de lo tardado que podía ser abrir las rejas del Santuario. ¿Quizá la ineficiencia se debía a tener personas hambrientas y expuestas por horas al sol? No lo sabía. ¡Pero demonios, la espera iba a matarlo! Estaba a punto de levantar a Lucille y gritar un par de amenazas cuando el vehículo de Simón por fin cruzo dentro de su territorio.

Los hombres más cercanos a la puerta del copiloto martillaron sus armas, pero no las alzaron. No lo harían sin su maldito permiso. Era hora del Deja Vu.

Escucho ambas puertas abrirse, la gravilla ser pisada y entonces lo vio. No estaba dando brinquitos de un pie a otro como una joven adolescente esperando a su pareja para el baile de graduación. No lo estaba, pero tampoco diría que no lo aparentaba.

“...Y allí está, tan sonriente y alegre como lo recuerdo. ¿No es todo un sol, Simón?” Menearía la cola si tuviera una.

Simón, como el buen chucho que era para él, asintió a lo que dijo sin dudarlo. Aunque por la forma en que evitaba cruzar miradas con él y el chico, era claro que pensaba todo lo contrario. Estúpido cobarde.

Por otro lado, Carl, como el buen adolescente rebelde que era, lo fulmino con la mirada y frunció el ceño de tal forma en que toda esa frente parcialmente cubierta por el flequillo se contrajo. No sombrero . El movimiento le hizo ver que no traía venda, nada además del cabello que le impidiera dar un vistazo a esa fea y cool herida en su cara. Si se esforzaba un poco podía notarle los bordes irregulares en la mejilla. Caliente . Proporciono una voz espeluznante al fondo de su cabeza.

“No me llames así.” Negan escucho murmurar al chico.

Un murmuro bajo, sin intensión de ser escuchado por alguien más que no fuera él. No una súplica ni un pedido, de alguna manera casi una orden. Lo escucha, y sabe que solo existen dos reacciones para ello. La primera seria burlarse; un poco de humillación, un recordatorio de la diferencia entre ellos, quizás eso llevaría a otra ronda de canciones que arrasarían con el espíritu del chico... Porque eso había funcionado ‘muy bien’ y Dios sabía que le gustaba escuchar la voz del chico. Y la segunda; bueno, podía decidir no ser un completo imbécil, por lo menos no en los primeros cinco minutos de verse.

El asiento del camión donde el niño había puesto su trasero aun debía estar caliente. Un minuto en tierra era demasiado pronto para sentenciar el estado de ánimo que colgaría sobre sus cabezas durante la reunión. Y siendo honesto, quería al chico de buen humor, lo necesitaba.

Podía ser indulgente, por lo menos un rato. Decidió pasándose una mano por la barbilla, un gesto que ahora que no tenía barba notaba era nervioso.

“Todo lo que quieras, pastelito.” Dijo esbozando una sonrisa de dientes completos que no le correspondió.

De verdad. Comprendía que el querido papi Rick tuviera un palo metido en el culo, el sujeto se mantenía en pie por pura necedad, pero el chico era demasiado serio para un mundo donde podías salir a aplastar cráneos cada que uno lo quisiera.

“¿No tienes donde más estar?” Cuestiono sarcásticamente a Simón, notándolo muy cerca de Carl, casi como si esperara la oportunidad para tirarlo al piso. Un jodido recordatorio del desastre de su última visita. “Déjanos solos. El niño no va a intentar matarme de nuevo, ¿no es así, Carl?”

Hay un instante de vacilación, un silencio entre los tres en el que Carl lo recorre de arriba a abajo con ese sano ojo apestoso y brillante. “No.”

“Buena, jodida, respuesta.” Deja que las palabras reposen en su lengua y que salgan sin prisa.

En parte para causar un efecto despreocupado y divertido, y para camuflar la falta de aire llenado sus pulmones. Si las miradas robaran el aliento... ¡Wow! Carl había descubierto el truco. Si que le daba un miedo espeluznante.

Tanto él como Carl, tan calculadores respecto a los posibles oídos pendientes a ellos, observaron la retirada de Simón y solo cuando este desapareció por completo de su rango de visión volvieron a enfrentarse. Azul contra marrón. Frio contra calor. Inocencia contra perversión.

Negan quería consumirlo. Aferrar las manos a las caderas del chico y arrastrarlo hasta la primera superficie horizontal que encontrara. Tomar esa helada inexperiencia velada por agresión y transformarla hasta ser una violencia real. Quería al chico; sujeto, libre, encadenado, corrompido, hambriento, entregado a su lado más oscuro; lo quería, y lo tendría . Decidió mordiéndose el labio.

“Jesús, relájate un poco, ¿quieres? Apenas estamos empezando.” Anuncio apretando su agarre sobre Lucille y dando un último vistazo a su alrededor antes de deslizar su brazo libre encima de los hombros del niño, apretando la escuálida figura a su costado en un ajuste perfecto, justo donde debía estar. “Vamos, llevemos nuestra pequeña reunión a un lugar más acogedor.”

 

...

 

No notarlo la segunda vez, fue un error de principiante.

Un error que Negan podría haber esperado de un Alfa joven. De un muchacho inexperto y confundido ante sus instintos. Un primerizo que no sabía cómo identificar a un Omega, ninguna extrañeza en un mundo donde los Omegas eran escasos, prácticamente inexistentes. Pero al final del día un error. Un error por debajo de él.

Si buscara una excusa, si se atreviera a justificar su distracción, diría que todo había sido culpa de Rick. Rick de Prick , quien siguió sus pasos y se humillo una y otra vez al gusto de su antojo durante esa primera visita a Alexandria.

Ahora, si se atrevía a aceptar los hechos como eran, admitiría que tener a un muchacho como Carl apuntando un arma a su gente; dando disparos de advertencia que eran una especie de advertencia generosa, porque honestamente, el chico parecía capaz de asesinar por menos que unas medicinas medio caducas; no había sido un lio sencillo con el cual lidiar.

Negan pocas veces se había topado con alguien tan incontrolable como lo era Carl. Tan dispuesto a enfrentarse al lobo feroz con el cuello descubierto. Tan malditamente rudo y frágil a la vez. Tan atemorizante como adorable. Tan distante, duro y vacío como emocional. Tan horriblemente perfecto.

Tal vez si Rick no hubiera apestado la modesta enfermería con el hedor de su pánico por encontrar a Carl siendo la amenaza de ser humano que debía ser, lo habría notado entonces. Tal vez, de haberlo sabido, no habría confundido por amedrantación el balanceo confuso del chico cuando menciono el tamaño de sus bolas. Tal vez, solo tal vez, la excitación que había sentido al ser el blanco de furia del niño no le habría molestado tanto...

Tal vez.

 

...

 

Esta vez no lleva al niño por el área de los trabajadores. No hay nada allá abajo que le interese mostrarle, ya no está tratando de darle una lección. En su lugar los guía a ambos por los alrededores de la fábrica, directo al área verde. Los jardines eran uno de los pocos lugares en el Santuario que no apestaban a muerte y en el que no había restos de cadáveres. Quizás el único espacio digno de presumir, además de su muy cómoda habitación.

La recompensa de mostrarle la huerta secreta al chico vale por completo la pena. Es lindo como el infierno captar la sorpresa en ese dañado rostro. 

“¿Que? ¿Pensabas que solo ustedes sabían sembrar? Lo fresco sabe mejor. Y aquí, nosotros solo tenemos lo mejor.” Negan le murmuro al oído a Carl en voz baja, acariciando con firmeza el brazo y hombro del chico, pasando los dedos por la desgastada camisa a cuadros.

Carl ladeo el rostro y lo miró fijamente. La impresión había pasado. “Felicidades.”

No era la respuesta que estaba esperando, ni de asomo la que quería. Negan apretó un poco más su mano sobre el brazo de Carl y antes de que pudiera hacer algo imprudente; como tomar al chico del cuello y meterle a la fuerza la lengua por la garganta; lo soltó.

Volvió a pasarse una mano por la barbilla. “Si, ya ves, chico. Hemos hecho un buen trabajo. No hay nada como disfrutar de una buena mermelada en la mañana. Apuesto que hace años que no comes una fresa.” Menciono apartándose, yendo hasta donde los trabajadores habían dejado las canastas con frutos recién recolectados.

Encontró lo que buscaba justo en la cima. Tal como había ordenado, las fresas más apetitosas descansaban en lo alto, luciendo como un sueño en una pesadilla. Sin dudarlo tomo una particularmente grande y se la tendío a Carl.

“¿Qué dices? ¿Una mordida por tus pensamientos?” Carl lo miró y después a la fruta, de ida y vuelta. “Adelante, si la quieres, es tuya.”

Carl dudo. Negan lo observo pensarlo, quizás demasiado, y cuando pensó que no pasaría, Carl se adelantó un paso, alzando una mano en el aire, acercándola a donde él sostenía la belleza roja. Negan espero a que los centímetros fueran mínimos antes de apartar la ofrenda.

“Pero, quiero algo a cambio.” Tuvo que apresurarse al notar la boca del chico fruncirse, si no hablaba estaba seguro no le daría la oportunidad de continuar. “Quiero que me la pidas.”

Carl parpadeo. “¿Qué?”

Si el niño fuera un gato estaría erizado, con la espalda arqueada y siseando. Seguro como que el infierno ardía que lo tendría encima arañándole el rostro. Uno podía soñar.

“Ya me escuchaste. Pídemela.” Se repitió, inclinándose dentro del espacio personal de Carl. “Di ‘Negan, ¿puedo comer la fresa?’ Eso es todo. Dilo y te la daré.”

Un maldito trato para campeones. Decenas de sus trabajadores se rebajaría a lamerle las botas por un trato así. Claro que ellos no le interesaban del modo en que lo hacía Carl. Carl era especial.

“¿Por qué?” Carl replico indignado. Una indignación que se extendía a su aroma.

Ahora el huerto también olía a muerte. Una buena y deliciosa clase de muerte.

“¿Por qué no? Yo te doy algo y tú me das algo. Es un intercambio. No hay nada de malo en negociar.” Negociar era la única mano en su baraja con la probabilidad de ablandar al chico. Si presionaba sabía que Carl tomaría una bala solo para llevarle la contraria, y prefería ahorrarse el desperdicio. “Piénsalo así. Tu pides, yo doy. Yo pido, tú das. Obtener lo quieres de mi es mucho más sencillo si ambos ganamos algo.”

Un trato cercano al de las esposas. Se dio cuenta. Un trato que funcionaba. Uno difícil de rechazar. Prácticamente podía saborear la rendición del chico, una rendición fantasiosa solo viviente en su cabeza, porque nada en el aroma de este olía a menos que repulsión.

“Entonces, ¿qué será?” Termina por preguntar al notar que Carl no luce muy interesado en seguirle el juego. Otro minuto de silencio es lo que necesita para comprender que no ocurrirá. “Que pena, están deliciosas.”

Como el maldito desgraciado rencoroso que es, se lleva la fruta a la boca y tararea al tiempo que muerde, enfrentando fijamente esa mirada helada. No tarda nada en terminar y botar los restos a la tierra de cultivo. Casi se le antoja repetir el proceso solo para ver qué tan molesto podía ponerse Carl. Un acto para otra ocasión.

Negan finalmente suspira dando la vuelta, escuchando los pasos de Carl detrás suyo, admitiendo para sus adentros que había tirado su primera mano demasiado pronto. No por eso sintiéndose menos optimista por la siguiente partida.

 

...

 

De no haberlo notado la tercera vez, habría tenido que ir con Carter para una revisión.

Notarlo le había traído viejos recuerdos. La primera vez que había olido a un Omega, notado lo diferente que era estar cerca de uno y lo fantástico que se sentía enredarse con ellos en comparación con jóvenes beta, tenía quizás quince o dieciséis años.

No había sido un tardío. La naturaleza le había hecho un favor al permitirle desarrollar sus instintos a una edad adecuada. Una edad a la que acostumbrarse a los aromas de excitación y llamados de apareamiento era una tortura, claro , pero que a la larga trajo sus beneficios. Y los beneficios fueron como resultado un gran autocontrol.

Un don del que muchos Alfas del antiguo mundo habían carecido por pereza, y del que en el nuevo pocos vivan para descubrirlo. Pero él sabía al respecto.

El instinto de un Alfa desatado, despojado de cualquier resquicio de prudencia, solo podía ser comparado con el comportamiento de un animal salvaje guiado por el hambre y la desesperación de sobrevivir.

En sus días de juventud sonaba a una estratagema del gobierno para promover los supresores. Ahora, con el mundo restregado en mierda, era inútil pensar en ello. Sin embargo, a pesar de los años entre sus memorias, no podía negar haber visto de primera mano el comportamiento de los Alfas poco controlados.

No había envidiado para nada a esos idiotas de cabezas huecas que terminaban salivando como perros cachondos ante la mínima brisa con aroma a Omega. No, él lo había llevado bien y en muchas ocasiones el ser tan medido le había facilitado la vida.

Como maestro lo había llevado en rápido ascenso. Siempre era útil un adulto interesado que pudiera estar rodeado por esencias constantemente excitables en espacios reducidos. Nadie quería una demanda por acoso. También había sido parte de su trabajo guiar a los jóvenes Alfa en el transcurso de su presentación de casta, y asegurarse de que los pocos Omega dentro de su rango estuvieran a salvo de las tendencias más agresivas de sus compañeros.

Claro que nada de su antigua vida lo había preparado para enfrentarse al caos de un jovencito armado disparándole a sus hombres desde la parte trasera de uno de sus camiones.

‘¡Atrás! Arrojen sus armas. Solo quiero a Negan.’ Aun podía escucharlo fuerte y claro. Y demonios, pero no solo lo había escuchado, también lo había olido. Solo pensar en ello le daba escalofríos.

Por el minuto en que él y sus hombres pasaron la sorpresa, el aroma del chico se había extendido. Una tormenta violenta sin obstáculos, distancia o supresivos en el sistema que pudieran hacerlo pasar por un beta.

Nada. Nop.

En retrospectiva, ¿que era peor? ¿Que como Alfa no lo hubiera notado antes? ¿ Cuándo literalmente estaba de lleno en su cara? ¿O que el niño, Carl en cuestión, se había escondido en su camión oliendo de la forma en que lo hacía, siendo lo que era, expuesto a su gente, y, aun así , se había atrevido a apuntarle con un arma? ¿A él, en serio? ¿A su única esperanza de vivir?

Debía aplaudir el desempeño. Carl era una bomba nuclear en las manos correctas. Casi era un pecado no tomar al niño bajo su tutela. Claramente Rick no sabía cómo cuidarlo.

El chico no necesitaba a una decena de personas expidiendo terror a su alrededor, cubriendo esa adictiva esencia impregnada a su sofá. No necesitaba a un padre nervioso interponiéndose en su camino, comportándose como un perro pateado. Nop .

El niño necesitaba una mano firme que le mostrara el camino trazado bellamente por la naturaleza. Lo necesitaba a él , mostrándole lo grande que podía ser si tan solo fuera suyo.

 

...

 

Van a las cocinas. No es el terreno más glamoroso, cuando arreglaron el lugar se centraron en funcionalidad, sin mencionar que habría sido difícil armar una bella composición de antaño en una fábrica. Y después del fiasco de la fruta y las condiciones, la visión de comida recién echa no llama la atención de Carl. Al menos no del modo correcto.

‘¿Eso vino de Alexandria o de otra comunidad?’ Es lo que suelta el condenado adolescente cuando le muestra verduras frescas y pan recién horneado en lugar del enmohecido que Dwight reservaba para su buen amigo Daryl.

Mmm, eso sonaba a una idea. Quizás es lo que debía hacer, encerrar en una de las celdas de abajo al muchacho y alimentarlo con comida para perro como al querido Daryl. Quizás eso le quitaría lo que tenia de perra resentida digna del legado de Prick... O quizás lo disfrutaría.

Dios sabía que los cables del chico no solo estaban cruzados, eran un jodido enredo, y seguro que comer porquería no destruiría a Carl. No, solo había que verle la cara para saber que, si un disparo no lo había detenido, su modo operandi de tortura tampoco lo haría. Sin embargo, no evita que le moleste.

La acusación, porque eso es lo que es, es una mierda.

Ambos saben que Alexandria se salva por los pelos con latas medio comibles, medicamentos y cualquier otra basura que le guste a sus hombres. Como proveedores no aportan mucho al banquete, y le encantaría recordarle ese pequeño hecho al maldito asesino a su lado, pero al final decide morderse la lengua y encaminar al chico fuera de la habitación.

Negan toma nota. Nada de mierda cercana a casa.

Lo que prácticamente significa que no puede llevar al chico al cuarto de armas para presumir un rato y tratar de hacerlo rogar por una pistola, no sin recordarle que algunas de esas armas habían salido del arsenal de Alexandria, y a si mismo que el resto de la base donde mataron a sus hombres. No podía llevarlo a las guarderías, no sin que la pequeña Judith, una dulzura de niña que Carl parecía celar a muerte, terminara mencionada. No podía llevarlo al horno, ¿para qué si no iba a quemarle la cara a nadie? ¿A la azotea? Solo si querían tostarse como papas al sol. ¿Con las esposas? Era un rotundo nop . Carl no quería verle las tetas a ninguna y ahora, la verdad, él tampoco quería que lo hiciera.

Como el maldito hombre que era, Negan reconocería que era demasiado viejo y flojo para interpretar el juego del gato y el ratón con el chico. Perseguir y atrapar. Aflojar y tirar. Evadir. Cazar. Impresionar. Marcar ...

Tradicionalmente los Omegas se rendían ante el Alfa mejor posicionado y disponible. Una teoría del viejo mundo decía que bastaba con tener aromas compatibles para cerrar el trato. ¿En el nuevo mundo? Bueno... uno no se encontraba con pequeños Omegas a diario, pero si hablaran al respecto...

¡Diablos! Negan ya le había mostrado a Carl el alcance de su poder como Alfa; había vencido al padre del chico; había tomado el control de su manada; podía probar que a diferencia de Prick él sería un gran proveedor; que su dominio era seguro; que contaba con el respeto de su gente; que no había nadie mejor que él para dejarse clavar los colmillos.

Él era el premio mayor servido en bandeja y el condenado adolescente a penas le dirigía la mirada. El desprecio... Así es como debían sentirse las chicas sin pareja para el baile, sentadas en las orillas del gimnasio, esperando que algún pobre tonto fuera abandonado para que las sacaran a ellas. ¡Una gran porquería!

“Aquí apesta.” Escucho a Carl decir.

No se habían detenido desde el fracaso en las cocinas, y Negan noto que, de alguna manera, más que nada culpa inconsciente, al tomar la próxima esquina llegarían a su habitación.

También noto, y de eso no se enorgullecía en lo más mínimo, de lo que hablaba Carl. La asquerosa amargura de sus pensamientos había hallado la forma de escapar de su control e impregnar el pasillo con el olor a madera quemada y ceniza tras el fuego de un incendio en auge.

“Tienes razón, niño. Alguno de mis tontos perros ha hecho un desastre, lástima que estemos ocupados, tendré que encargarme de ello más tarde, pero... ¿Sabes? Es bueno saber que esa naricita tuya funciona.” Puntúo la burla dando un toque con el dedo a la nariz de Carl, ganando una tierna arruga por el gesto y un segundo para espabilarse.

Debía tener cuidado con las tonterías saliendo de su boca, el ojo de Carl no se estrechaba en vano.

“¡Ahora! ¿Qué tal si nos quitamos las botas y tomamos al toro por los cuernos?” No es una verdadera pregunta y es fantástico tratar con alguien que comprende que no espera una jodida respuesta tartamudeada. No es que Carl fuera a darle la satisfacción de oírlo titubear. “Se que has estado mojando tus pantalones esperando la hora de darme buenas noticias como el buen chico que sé que eres. ¡Lo sé, lo sé! No desesperes, ya me lo contaras, lo harás mientras disfrutas de la sorpresa que tengo para ti. ¡Te va a encantar!”

 

...

 

Para su cuarto acto, reconocería que se arrepentía. Nunca debió haber devuelto al niño con Rick. No sabiendo lo que era.

El hijo de Rick era más que un joven descarriado, y futuro asesino en serie si no lograba hacer que lo mataran pronto. Era –del modo más simple de expresarlo-, una criatura curiosa y repleta de contradicciones. Serias contradicciones.

¿Curiosa en qué forma? Para empezar, un Omega. ¿Porque en contradicción? Si, era un Omega, pero uno sin miedo a profanar el territorio de un Alfa; sin modular su aroma, sin cubrirse el cuello, sin evadir el contacto visual, sin buscar consuelo o apoyo prodigando un llamado de auxilio Omega; sin ninguna pizca de instintos básicos.

El chico era un descubrimiento, claro. Pero también una rareza entre las escasas rarezas sobrantes de sus tiempos.

¿Como había logrado sobrevivir siendo una presa en un mundo lleno de depredadores? Eh ahí la segunda contradicción. El muchacho no era una presa , tampoco lo llamaría depredador, en todo caso era un demente con poco que perder. Quizá el estilo de bestia dispuesto a realizar la clase de tontería que terminaba alimentando a Lucille.

Y como el regalo que nadie espera, tras armar un alboroto y fallar por poco el decente esfuerzo de matarlo –detalles menores- , esa pequeña criatura frustrada termino cayendo en sus manos. Que así fuera debía ser una señal. Tenía que serlo, y, aun así, lo llevo de vuelta.

‘Entonces... ¿Cuándo te presentaste?’ Le había preguntado después de resolver el pequeño incidente de Amber y Mark. Después de que Carl volviera a amenazarlo, ahora con lanzarlo por la ventana. Después de comprender que no lograría concentrarse en nada hasta que resolviera el rompecabezas que era el chico sentado en uno de sus sillones.

‘¿Por qué?’ Luchas y contradicciones. El niño no se daba descanso. Tampoco confiaba en que comprendería lo mucho que en realidad importaba.

‘Te lo dije, chico. Quiero conocerte.’ Si tan solo supiera...

‘¿Pero por qué?’ La furia y la desesperación sonaban tan parecidas entonces que Negan no tuvo idea de a que se enfrentaba.

Porque... ¿Como podría siquiera explicarlo?

El niño sentado ya había llorado, cantado para él, sudado angustia y enojo, observado lo que pasaba cuando la gente rompía sus reglas, tomado a regañadientes su propia dosis de castigo y lo había aguantado todo con más dignidad de la que pudo haber esperado.

Carl toleraría la cruda verdad, ¿no? No habría problema si le dijera; Niño, has sido jodido de todas las peores formas por los que conoces y confías, nunca lograras arreglar lo que se dañó en ti, estas perdido y quiero conservarte, tomar tu celo, unirte a mí, poseerte, así que habla.

De haberlo dicho, el palillo que había amenazado con clavar en el ojo bueno del chico habría terminado en uno de los suyos. Al menos podía no arrepentirse de su propia conservación. Pero...

Si aun hubiera sido maestro, Negan habría tomado al niño por el cuello y lo hubiera arrastrado hasta la enfermería. Si el mundo no se hubiera ido a la mierda junto con el jodido noventa porciento de la población, los padres del niño serian apresados en un parpadeo y juzgados en corte. Si aun quedara un estúpido libro de anatomía y castas, hecho que no era así porque esa basura fue de las primeras cosas en ser quemadas y si no había uno en el Santuario sin duda no había en otro lado, se lo daría al niño y no lo dejaría irse hasta que entendiera todo lo que estaba mal en él.

Aunque ‘ mal’ tal vez no fuera la palabra correcta.

El niño era el ejemplo perfecto de lo que les ocurría a los Omegas que eran descuidados o abandonados a su suerte por sus manadas. Forzados a vivir sin la sensación de seguridad que necesitaban para desarrollarse correctamente.

Negan apostaría, solo para comprobarlo más tarde, que Carl no tenía un nido. Que no tenía la menor idea del como su aroma delataba por completo sus pensamientos. Que no comprendía que la domesticidad de proveerle una comida casera y atención de calidad era una fase de cortejo y no una segunda dosis de castigo. Que mientras más alerta estuviera y más se negara a ser la criatura dócil que tarde o temprano acabaría sentado en su pierna, retorciéndose de placer y rogando por su nudo, más perdido y demente se sentiría.

El cerebro del chico aún no había sido sacudido de la manera correcta, y eso peligraba en hacerlo un caso sin remedio. Sería un desperdicio si esas extrañas ideas de correr al peligro y no preocuparse por si moría en el intento se arraigaban. Quería a Carl con vida. Vivir bajo el control parental decadente de Rick ya no estaba en la mesa.

Ahora sabía que Rick no solo era un idiota oportunista que mataba hombres mientras dormían, sino que era un padre de mierda. Como había pensado antes, era casi un pecado no quedarse con el chico, y una tontería aun mayor no haberlo resuelto antes.

 

...

 

Los habitantes de Alexandria eran de lo más aburridos. Carl no había soltado nada jugoso; su insufrible padre seguía de excursión con la novia samurái - probablemente una excusa para salir a coger sin los niños cerca, en su conocimiento eso es lo que los padres hacían- , un par de tonterías sobre los ancianos del barrio cuidando a los niños pequeños, una o dos menciones de ser el único en condiciones de vigilar las puertas, y la nada picante novedad de depresión colectiva que tenía a toda la gente medio útil en Alexandria muy agotada para proporcionarle un entretenimiento decente. Ningún buen chisme. Aburridos, sumamente aburridos…

Lo bueno, era que, tan previsor y acaparador como era, al alcance de sus manos, tenía al verdadero corazón del lugar para entretenerse.

“¿Y? ¿Qué te parece? Linda, ¿no?”

Negan trato de no olisquear el aire con demasiado entusiasmo. Se había sentado para no estar de pie esperando como un idiota o peor aún caminando en círculos alrededor del chico.

No necesitaba que Carl notara lo mucho que esperaba que su sorpresa le gustara, aunque no estaba haciendo un gran trabajo para ocultarlo. Que no lograra hacer que una de sus piernas se mantuviera quieta ya era penoso, y su ansiedad solo crecía a cada segundo sin obtener respuesta.

“Te queda como un guante, niño.” Aporto relamiéndose los labios, sintiendo sus colmillos picar ante la vista. “Apuesto que no sueles usar nada que te ajuste tan bien.”

El cumplido paso desapercibido. Carl se mantuvo en silencio, ni siquiera parecía estar prestándole atención, el lindo ojo del chico seguía pegado a su imagen reflejada en el espejo y su rostro no parecía menos impasible que cuando le mostro la prenda y lo hizo ponérsela.

Era una linda chamarra la que le había conseguido. Bueno, Dwight y otros tontos la encontraron, pero él había dado la orden de conseguir algo bueno para Carl. No era del mismo tipo de piel que la suya, sino más del estilo granjero que parecía gustarles a los hombres Grimes –y le cortaría los huevos a cualquiera que insinuara debilidad por procurar encontrar algo que se ajustara a los posibles gustos del niño por sobre los suyos-, pero si de un precioso e inmaculado color negro que no dejaba en duda sus intenciones.

Jesús, el chico era una visión con toda esa piel pálida acentuada por el negro. No lamentaría el desperdicio de gasolina innecesario. No si conseguía que Carl se tumbara sobre sus sabanas con las piernas abiertas usando únicamente esa prenda antes de que tuviera que mandarlo de regreso a Alexandria. Las sacudidas en sus pantalones no iban a calmarse pronto.

“¿Qué tal si das una vuelta para mí?” Dijo con una sonrisa al tiempo que se sentaba más derecho y cruzaba una pierna, un intento mediocre por disimular su erección en auge. “ Déjame verte en todos los...”

“¿Puedes cerrar la boca un minuto?” La voz de Carl lo interrumpió y Negan callo casi sin creer que el muchacho por fin se dignara a hablar. La risa y respuesta sarcástica no salió de su boca ante las siguientes palabras de Carl. “ Se lo que estás haciendo.

Negan respiro hondo ante eso, notando que no había furia, asco, odio ni ningún otro de los olores que normalmente salían a borbotones del niño en el aire, solo una insípida nada y sus propios resquicios de excitación. Mediocre esfuerzo.

“¿Sí? ¿Y qué seria eso, chico listo?” Trato de burlarse, pero sonó vergonzosamente inestable.

Carl por su parte, giro sobre sus talones, encarándolo con una seguridad abrumadora y todo el peso de su tuerta mirada prodigando desprecio. Santo cielo, ese Grimes estaba caliente. Muy caliente.

“Quieres volverme una de tus esposas. Coger conmigo. Ser el asqueroso pervertido y bastardo Alfa que eres.” Negan agradecía no estar tomando nada. Sinceramente, no sabía que Carl tenía ese vocabulario dentro. El niño no solía maldecir, cuando intento sacarle una grosería este solo lo vio con irritación, y Rick parecía la clase de padre que le lavaría la boca con jabón a su hijo si lo escuchaba hablar así. “¿De verdad me creíste tan idiota? ¿Que no lo olería?”

La voz furiosa de Carl es implacable en sus oídos, pero Negan apenas y lo registra sobre su aturdimiento. “Ahora, niño. Detente un segundo, yo...”

No hay malditas pausas en la cabeza de cables cruzados del chico. Negan aun esta duro en sus pantalones y no puede evitar el tic que se extiende por su miembro cuando en lugar de retroceder Carl se aproxima y -al igual que la última vez que ambos estuvieron en su habitación- , se alza ante él con la mirada desenfocada; sus regordetes labios apretados, una furia indescriptible torciéndole el rostro, con ese grácil cuerpo temblando de arriba abajo con violencia apenas contenida; inclinado dentro de su espacio y murmurando tan bajo que casi suena como un gruñido.

“Todo el tiempo tratas de confundirme con tu estúpido aroma. Lo dejas en mi casa, lo impregnas sobre mí, ¿y no tienes las agallas de reconocerlo?” Las mejillas del niño se tiñeron de rojo al ritmo acelerado de la reclamación. Negan no comprendía si se trataba de furia e indignación o por lo que se escondía tras las palabras. “No soy débil, no voy a rogarte por un poco de fruta, no me desmayare por tus tontos pañuelos, y no voy a tomar nada de lo que me ofrezcas, porque no quiero nada de ti.”

El golpe da en un punto mortal. Carl, la pequeña bestia salvaje que no para de retorcerse una y otra vez lejos de su alcance, acierta la cuchillada metafórica entre sus costillas. Algo oscuro se gesta entre ellos. Una tensión palpable, un hilo demasiado fino como para tentar la idea de tocarlo. Es un terreno peligroso, y en ese peligro, Negan recupera su voz.

“¿Terminaste?” Pregunta en voz baja y ronca, y sin esperar respuesta apoya ambas manos en los reposabrazos y se alza en toda su altura, obligando al niño a retroceder un paso. “Ya que te desahogaste, supongo que me toca a mí, y quiero que escuches con atención, Carl, porque voy a aclararle a esa trastornada cabecita tuya como son las cosas, y vas a escucharme con mucha atención.” 

Negan observo como un escalofrió recorrió a Carl al aproximarse otro par de pasos, haciéndolo retroceder de nuevo hasta que esa escuálida espalda aun vestida por su obsequio toco la pared más cercana. Un pequeño jadeo, apenas audible, escapo de Carl al impacto, y Negan guardo la reacción para más tarde.

“La única verdad en este mundo de mierda, niño, es que todos quieren algo de mí y puedo ser muy complaciente cuando saben cómo pedirlo.” Declara y sabe que debe redoblar la idea cuando Carl frunce el ceño. “Por ejemplo; tu papi quiere a ese perro viejo de Daryl de vuelta, yo lo dejaría ir, si lograran hacer funcionar una neurona entre ambos sabrían que solo tienen que arrodillarse y pedírmelo...”

Negan puede decir que Carl no se traga sus palabras. Por el contrario, el pequeño fenómeno le arruga la nariz con repugnancia y lo fulmina con la mirada, pero, es lo bastante inteligente como para quedarse callado mientras continua.

“...Lo mismo pasa con tus maravillosos vecinos en Alexandria. ¿Acaso crees que no te traicionarían como señor simpatía a Rick para ganarse mi favor? Te aseguro que cualquiera lo haría solo por la oportunidad de recuperar las porquerías que tome de sus casas. Y me agradecerían después.”

Ser despectivo no era nuevo. Burlarse y humillar nunca pasaba de moda, menos si el propósito de dichas burlas era provocar una reacción de una cosita tan furiosa y conflictiva como Carl. Negan lo disfruta viciosamente.

“Piensa por un segundo en las personas bajo nosotros. Piensa en como terminaron trabajando para mí.” Los labios de Carl se aplanan, y sabe que la mente del adolescente está en otro lado, quizá en el recuerdo de dichas personas arrodilladas, esperando el permiso para moverse. “Ellos buscaron protección, y yo se las ofrezco a cambio de trabajo. Piensa en los Salvadores, en esos imbéciles que quieren tomar sin ser asesinados, quieren una rebana del gran pastel que es este mundo y yo se los doy siempre que respondan ante mí. Piensa en mis esposas, ellas piden y yo proveo, ¿que pido a cam...?”

“Eres asqueroso.” Carl por fin lo interrumpe, tras un esfuerzo olímpico por no caer en la provocación.

Pero al igual que esa noche en el claro y lo que le siguió, es imposible resistirse a lo inevitable. Y rebelarse a Negan solo para caer de nuevo ante él era inevitable.

“Lo soy.” Termina concediendo en un murmuro tras un largo silencio; sin burla, sin provocación, sin segundas intenciones; tan serio como puede serlo aun luciendo y apestando excitación. “Y eso no cambia nada. Todos quieren algo de mí y se arrastran para conseguirlo. Que tu digas no querer nada... me suena a una jodida mentira. Y para mí, las mentiras son un gran no-no.”

Carl resopla desde donde esta, liberando un cálido aliento a la altura de su cuello y respirando profundamente después. Pasa en un parpadeo, pero Negan lo capta con la intensidad de un pájaro chocando con un parabrisas. Las pestañas de Carl se baten ante sus ojos en rápida secuencia, sin terminar de pestañar; esos labios se entreabren soltando una bocanada larga y caliente; el puente de la nariz se contrae; los hombros se le enderezan; y por una fracción de segundo, inclina el rostro al lado izquierdo, exhibiendo el costado derecho de ese frágil cuello.

Vulgar. Sucio. Desagradable. Obsceno. Es lo que se le viene a la cabeza con gran satisfacción. Y como si se tratara del canto de una sirena, las palabras del chico en el pasillo regresan a su mente como una avalancha, arrastrando con ellas un nuevo significado: Aquí apesta.

Oh, y lo hacía, ¿no? Solo que, en realidad no estaba quejándose. Es difícil no reírse en el rostro de Carl, y aún más no abalanzarse sobre él con toda la confianza de que había ganado. Mira eso, y creí que no te gustaba. Piensa divertido, vanagloriándose en el interior y esperando que el otro zapato caiga.

Y se queda esperando . ¿Que? No está seguro. Quizá un simple y estúpido reconocimiento de que la monstruosa atracción que lo aferraba al chico era mutua. Debía serlo, el olfato no mentía.

Esa pequeña nariz revoltosa no estaba entrenada para suprimir una reacción de abierta compatibilidad. Con eso en mente espero un poco más, lo suficiente para hacer que el espacio de silencio se tornara incomodo en vez de una premisa excitante.

Con la esperanza de no ser el gran tonto que cederá primero, Negan aguanta la mirada poco cooperativa de Carl. Es casi un insulto que el mocoso no vuelva a sonrojarse, que en realidad parezca no haber notado su pequeño espectáculo de presentación en absoluto. Pero es la ceja arqueada de Carl, juzgándolo, a su manera más perra diciendo; ‘¿y?’, lo que acaba con su paciencia. Abre la boca y habla antes de entender lo que está diciendo.

A la mierda . Ya estoy harto de dar vueltas, chico. Carl cuadra los hombros ante el rugido en su voz, sin lugar a donde retroceder, y él se siente vibrar de pie, molesto y caliente hasta la medula; con el estómago revuelto y el pecho apretado, la mente alborotada y el pene goteando. Pésimas combinaciones. “Se acabaron los juegos, arreglaremos esto ahora. Debes decirme que quieres. Se que quieres algo, dímelo. Cualquier cosa, así sea una estupidez, solo pídela. ¡La conseguiré! ¡Mandare a los idiotas de afuera a buscarlo más inmediatamente que inmediatamente! ¿Qué tengo que darte para que me dejes meterme en ese pequeño coño que tienes?”

 

 

Notes:

Si lo disfrutaron, por favor, dejen su Kudo y comentario, los aprecio mucho. Vivo de ello...

Ahora, con su permiso, voy a dejar mis entrañas... Este ha sido un mes difícil, un inicio de año horrible. Me han pasado tantas cosas, la mayoría una locura. Espero que ustedes estén bien. Supongo que solo me queda pedirles que se acerquen a mi Pinterest e Instagram. ¡Cuídense! ¡Procuren preservar su salud mental! ¡Salgan a divertirse! Todos necesitamos descansar y apartar las responsabilidades un rato... Los quiero, nos leeremos pronto.

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