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Español
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Published:
2025-06-16
Updated:
2026-09-27
Words:
39,067
Chapters:
13/?
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36
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65
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837

El ajó sabe mejor con vino

Summary:

Shanks es desendiente de un alarga familia de cazadores de vampiros, en su primera cacería termina en las garras de un vampiro.

Notes:

(See the end of the work for notes.)

Chapter 1: Primera cacería

Chapter Text

Cuídate de los vampiros.

Pueden drenar la sangre.

Matarte.

Tal vez algo peor que la muerte.

Pero estás a salvo.

Solo son un mito.

¿No?

 

—Cuídense de los vampiros — La voz rasposa de un hombre mayor sonó con una advertencia para sus dos hijos.

— Los vampiros no son reales — Espetó uno de los dos pequeños niños pelirrojos —Son mitos.

—¿Y si son reales?—El otro pelirrojo temblaba de miedo, de tan solo pensarlo.

—No seas cobarde, Shanks, Padre, solo quiere asustarnos— La risa áspera del hombre mayor solo refutó las palabras del niño.

— Solo quería darles un pequeño susto— Un pequeño suspiro abandonó los labios de Shanks ante la declaración de su padre— Los vampiros existen— Los músculos de Shanks se volvieron a tensar por el miedo — Nosotros nos encargamos de mantenerlos a raya.

Shamrock se tensó levemente ante la declaración de su padre, no tanto como Shanks que temblaba de nuevo.

—¿Nosotros los cazamos?—La pregunta de Shamrock fue contestada por un asentimiento de su padre — Eso significa que somos más fuertes— El pelirrojo le dio un leve codazo a su hermano y este se tranquilizó un poco.

— Somos mucho más fuertes que esas bestias — Aclaro el rubio con una sonrisa arrogante — Son mis hijos, serán grandes cazadores, por eso empezaremos a entrenar desde mañana.

El hombre se puso de pie para arropar a sus dos hijos, y se detuvo en Shanks para desordenar su cabello.

— Papá, te cuida de los vampiros — Las palabras cálidas de su padre tranquilizaron considerablemente a Shanks, ya no temblaba ni tenía tanto miedo. — Buenas noches, pequeños asesinos de vampiros.

━━━━━━━❰✭❱━━━━━━━

La carrera de un cazador de vampiros comenzaba desde su niñez, entrenando con fuerza para poder hacerle frente a aquellos seres que dominaban el bosque y cualquier lugar donde reinará la oscuridad.

Ese era el caso de los pequeños hermanos Figarland, ambos niños habían aprendido a entrenar desde sus tiernos seis años de edad, cuando apenas y entendían cómo usar sus manitas.

Esa era la razón por la que a sus tiernos ocho años eran bastante letales. Shamrock era despiadado, serio, no cuestionaba órdenes en lo absoluto, era muy intimidante para ser un niño.

Su hermano, que debía ser su reflejo, era todo lo contrario. Dudaba de atacar hasta un mosquito, era un pequeño carismático y alegre, algo que no complacía mucho a los demás cazadores.

Era peligroso tener a alguien tan blando en sus filas, alguien que se hacía pequeñas, pero peligrosas preguntas como: “¿Por qué los vampiros son malos?”

Para los cazadores de vampiros, esa pregunta era más que obvia: eran monstruos. El pequeño pelirrojo siempre los ponía en jaque cuando hacía su segunda pregunta. “¿Por qué son monstruos?”

Esa era una pregunta que muchos contestaban con un simple “Le hacen daño a las personas”, sabiendo que no era del todo cierto. Las únicas pérdidas humanas por vampiros eran las de algunos cazadores que los atacaban.

Ignoraban eso y simplemente mandaban al niño a entrenar, no les servía un soldado con tantas preguntas, eso solo frustraba más la intensa curiosidad de Shanks.

—¿Príncipe vampiro?—Preguntó Shanks con gran curiosidad. Su hermano sostenía un libro algo viejo que hablaba de los que, se supone, eran sus enemigos.

— Es lo que dice— Respondió Shamrock para seguir leyendo — El príncipe vampiro es uno de los seres más peligrosos gracias a su manipulación, utiliza la forma de un niño pequeño y cuando menos lo esperas ataca — Un pequeño escalofrío recorrió el cuerpo de Shanks al escuchar a su hermano — Cuando veas un niño pelinegro en el bosque con ojos rojos como la sangre, no confies en él.

—No sabía que los vampiros podían cambiar de forma — Indagó Shanks, su curiosidad siempre había sido mucho mayor que su miedo.

— Tampoco lo sabía — Shamrock cerró el libro y lo volvió a colocar en su lugar en el estante — Supongo que es una habilidad rara.

Shamrock no indagó más y salió la habitación sin pronunciar una palabra más. A Shanks lo carcomía la curiosidad, y cuando menos lo esperaba, ya tenía el libro en sus manos.

—Hawk Eyes — Leyó con calma mientras sus deditos se pasaban por las hojas amarillentas. — El príncipe vampiro — El pelirrojo observará el dibujo debajo del texto.

Un chico de su edad, con ojos similares a los de un halcón, rojos como lo decía la advertencia del niño, era bastante aterrador. Que la habitación estuviera oscura, no ayudaba a calmar los nervios del niño pelirrojo.

La curiosidad de Shanks se puso sobre miedo y siguió leyendo. Cuando terminó el apartado del príncipe vampiro, quedó con más dudas que respuestas. Colocó el libro en su lugar antes de empezar a buscar alguno con más información.

Paso toda la noche en la biblioteca, no había logrado su cometido, ningún otro libro hablaba de aquel príncipe vampiro, lo que más se le acercaba era el rey vampiro, el cual era considerado más una leyenda, ningún vampiro podía sobrevivir tanto como se supone que lo había hecho, no con tantos cazadores.

Cuando los primeros rayos de sol se asomaron por los ventanales, Shanks por fin se rindió, se puso de pie y salió del salón de la biblioteca, frotó sus ojitos, mientras dejaba salir un bostezo. Sería difícil soportar el entrenamiento cuando no había dormido toda la noche.

━━━━━━━❰✭❱━━━━━━━

—¿Primera cacería?— Preguntó burlón un adulto de cabello negro algo obeso—. Deja de temblar, mocoso.

Shamrock vio al mayor con una mirada de muerte antes de darle un codazo a su hermano.

— Deja de lloriquear — Regañó con voz autoritaria — Padre, irá con nosotros, estaremos bien— Shamrock acomodó la espada que colgaba de su cadera junto a un revólver.

Shanks se acercó apretando con fuerza el revólver que le había dado su padre ese mismo día. No tenía tanta confianza como su hermano, estaba genuinamente asustado.

El pequeño pelirrojo de nueve años tuvo que avanzar junto a su hermano y los demás cazadores, a pesar de que el miedo lo carcomía. Él frío viento lo golpeó de lleno. Quería regresar o sostener la mano de su padre, pero solo estorbaría, tenía que ser valiente.

La mayor parte del camino transcurrió tranquilamente, nada más que algunos animales que fueron cruelmente asesinados. Eso no le gustaba a Shanks, se suponía que asesinaban vampiros para ayudar a los demás, tanto a los animales del bosque como a los humanos.

Aun así, mantuvo la boca cerrada cuando vio a su gemelo dispararle a una liebre que salió corriendo. Ver el cuerpo inerte del pobre animal desangrándose fue demasiado para Shanks.

Se internaron tanto en el bosque que la única luz que había provenía de las linternas. El ambiente era más tenso, el aroma metálico empezaba a hacerse presente. Shanks no podía dejar de temblar.

Todo comenzó con el primer disparo de su hermano, todos miraron al niño pelirrojo con confusión por su acto repentino.

— Había algo ahí... — Murmuró Shamrock dudando un poco de sí mismo. Los adultos miraron de nuevo al lugar sin poder ver nada.

El sonido de una rama rompiéndose desató los siguientes disparos. Todo era aterrador, los gritos en la oscuridad, los disparos desesperados. Shanks estaba inmóvil, mientras su hermano disparaba una y otra vez.

Retrocedió hasta que su espalda chocó con un árbol, no podía ver nada, solo los cuerpos destrozados de los adultos que hace poco seguían iluminados levemente por las lámparas, luego oyó pasos cerca de él.

Tomó su revólver y empezó a disparar. Los pasos solo se hicieron más fuertes y rápidos, su arma se había quedado sin balas, su hermano y padre estaban más ocupados manteniéndose vivos que cuidándolo, solo le quedaba correr.

Eso fue lo que hizo, se echó a correr lo más rápido que pudo, tropezó varias veces con sus propios pies, se levantó lo más rápido que podía y seguía. Su tobillo doblado no importaba, ni sus rodillas raspadas, solo quería sobrevivir.

Cuando sus piernas cedieron, ya no había ningún ruido, solo el bosque oscuro, se arrastró hasta un árbol donde se hizo bolita. Tenía tanto miedo, estaba en ese lugar solo, perdido su hermano y su padre, posiblemente no lo habían logrado; la muerte le respiraba en la nuca.

Su pecho subía y bajaba con violencia, cerró los ojos fuertemente, tratando de tranquilizar su ansiedad. Su única salvación sería que saliera el sol. Lo había leído en varios libros, su padre también se lo había explicado. Los vampiros no resistirían el sol.

Aunque Shanks lo sintió como una eternidad, no pasó mucho tiempo para que el sol se empezara a asomar. Shanks se sintió aliviado, no demasiado, gracias al dolor en su tobillo. Ahora sería más fácil salir de ahí o que lo salvarán.

El ruido de las hojas siendo aplastadas llamó su atención, miró el lugar de donde provenía el ruido con miedo, se tranquilizó a sí mismo con el pensamiento de que con los rayos de sol ahora estaba a salvo.

—¿Hay alguien ahí?— Preguntó con un leve temblor en sus palabras, se incorporó apoyándose en el árbol como pudo para ver mejor, había una figura de su tamaño acercándose —¿Hola?

La figura se detuvo antes de retomar el paso, cuando se acercó lo suficiente pudo ver bien, un niño de su edad, cabellos negros, piel pálida, ojos parecidos a los de un halcón, Shanks estuvo a punto de echarse a correr ante la similitud del chico con el dibujo del príncipe vampiro antes de notar el bello color dorado de los ojos del niño.

La vestimenta del chico parecía antigua, como la de un verdadero príncipe, o como la que usaría un niño en una fiesta de disfraces para similar a ser Drácula.

—¿Quién eres tú?— El niño avanzó hasta estar frente a él, justo donde caía un rayo de sol. Eso era aún más tranquilizante para Shanks, no era un vampiro.

—Yo… Soy Shanks— El pelinegro ladeó la cabeza viéndolo de arriba a abajo antes de dar un paso más adelante.

—¿Eres nuevo?— El niño pelinegro dio vueltas a su alrededor —¿Dónde están tus padres?— Shanks miró al niño antes de bajar la mirada.

— Solo tengo a mi padre y mi hermano, los perdí — Shanks tenía miedo de que en realidad ya no tuviera a nadie, de perder a más miembros de su familia como había pasado con su madre — Me caí y me lastimé el tobillo. —El pelirrojo le mostró su pierna al otro, el pelirrojo avanzando en comprensión.

—Es normal perderse cuando eres nuevo... — Dijo el pelinegro en un intento de consuelo —. Te ayudaré a volver—. Los ojitos de Shanks se iluminaron ante las palabras del niño pelinegro.

—¡Gracias!— Shanks sonriendo en grande, lo que le hizo ganarse una mirada analítica del otro niño.

— Vaya, sí que eres nuevo — Con poco entendimiento del espacio personal, el pelinegro se acercó y tomó la cara de Shanks en sus manos — No te han crecido los colmillos.

El pelirrojo se sobresaltó un poco por el contacto repentino, no le molestó. Las manos del otro niño eran muy suaves, a diferencia de las suyas que, a pesar de su corta edad, ya tenían callos por su duro entrenamiento.

— Aún son de leche... — Dijo el pelirrojo algo incómodo, el pelinegro aceptó la respuesta y soltó la cara de Shanks.

—Vamos— El pelinegro se agachó dándole la espalda a Shanks. Este dudó antes de acomodarse en la espalda del otro niño.

Para su sorpresa fue cargada con bastante facilidad, como si no pesara nada.

— Tranquilo, no iré muy rápido — Shanks parpadeó confundido ante las palabras del pelinegro— Sé que a los nuevos les puede asustar.

El pelirrojo ignoró el extraño comentario del otro niño, solo quería salir de ese bosque. A pesar de las palabras del pelinegro, este caminaba bastante rápido, como si no le afectara el peso extra.

— ¿Cómo te llamas?— El pelinegro dudó visiblemente en respuesta.

—Mi nombre es Mihawk — La voz sería del chico le recordaba a Shanks a la de su hermano, al igual que la cara sería.

Pasaron unos incómodos minutos en silencio hasta empezar a ver una gran puerta de madera. Shanks nunca había visto algo similar, tal vez estaban del otro lado del bosque.

El chico de cabello negro se aproximó a la puerta y le dio un empujón con una sola mano. La puerta no se resistió en lo mínimo y se abrió como por arte de magia. Shanks empezaba a sentir que algo andaba mal.

La puerta se cerró tras de ellos con fuerza, lo que hacía dudar a Shanks de que la puerta fuera tan liviana como para que alguien de su edad pudiera abrirla.

Shanks levantó la vista para ver un gran castillo no muy lejos. Estaba rodeado de grandes construcciones a los lados que parecían antiguas. Los rayos de sol apenas traspasaban las copas de los diversos árboles.

No había nadie alrededor, eso tenía desconcertado a Shanks. El pelinegro continuó su caminata por el camino pavimentado.

—Recuerdas dónde viven tus padres?—Preguntó el pelinegro. El pelirrojo miró a su alrededor, nada era parecido al lugar que conocía.

— No es por aquí... — Se limitó a decir Shanks, estaba algo desconfiado de dónde se encontraba. Mihawk ascendió y siguió hasta las puertas del castillo.

— Mi padre te ayudará — El pelinegro tocó levemente la gran puerta de madera, detrás de ella se oyó un gran ajetreo. Después de unos segundos, la puerta se abrió de golpe.

— ¡Mihawk!— Un hombre musculoso, de cabello negro y bigote, llamó al niño con preocupación.

Shanks tembló. Ese hombre era idéntico a varios dibujos del rey demonio. El pelinegro no se inmutó ante el grito, bajó al pelirrojo de su espalda con cuidado y lo dejó que se apoyara en él.

— Está perdido —Dijo con simpleza el chico señalando descaradamente a Shanks —Ayúdalo— Finalizó el pelinegro paso de largo al lado del adulto, que puso los ojos en blanco.

El pelirrojo estaba inmóvil en su lugar viendo al adulto sin poder creer el increíble parecido con aquel mito. Cuando el mayor lo miró, lo recorrió un escalofrío.

El adulto miró al niño durante unos segundos, lo analizó de pieza a cabeza, notando cómo no podía apoyarse del todo por el dolor.

— Déjame ayudarte... — El pelinegro se acercó para que Shanks pudiera apoyarse de él y entrar al castillo.

El pelirrojo se dejó hacer a pesar del miedo. El rey demonio era solo un mito, además de que pudo ver unos rayos de sol darle en la cara al mayor, no podía ser un vampiro.

Al adentrarse en el lugar llegaron a una especie de sala donde otro adulto rubio parecía estar regañando a Mihawk, el niño no parecía muy interesado en las palabras del mayor, a Shanks casi me da un paro cardíaco al ver al rubio, otra coincidencia aterradora, era igual al rey oscuro, otro mítico vampiro.

Cuando el rubio lo vio, se le secó la boca, estaba aterrado, el pelinegro mayor solo lo ayudó a sentarse en uno de los sofás.

—¿Quién es él?— Preguntó con incertidumbre el rubio, el pelinegro solo se encogió de brazos y vio a Mihawk.

— Es nuevo, se perdió — Aseguro el niño acercándose a su invitado— Ayúdenlo.

Ambos adultos se vieron unos segundos antes de dirigir su mirada a los menores, finalmente el rubio se acercó al despacio.

—Hola, pequeño, ¿cuál es tu nombre?—Preguntó con gentileza. Shanks tragó saliva antes de contestar.

—Soy Shanks…—Dijo en casi un susurro.

—Es un placer, Shanks, yo soy Raylingh, él es Roger — El rubio señaló al adulto pelinegro— Y ya conociste a Mihawk.

El pelirrojo avanzando dándole una leve mirada al niño a su lado que lo miraba con curiosidad.

—Dejame ver qué pasó — El pelirrojo dudó viendo los ojos llenos de calma del rubio, lo procesó unos segundos antes de estirar levemente la pierna. El rubio se arrodilló frente a él y palpó su tobillo, teniendo como respuesta una queja de Shanks —Solo te lastimaste un poco, estarás bien.

El rubio se puso de pie para acercarse a un botiquín que estaba pegado a la pared, sacó un par de vendas y volvió a arrodillarse frente a Shanks.

—¿Dónde viste a tus padres por última vez, campeón?— Roger intentó sacar algo de información del pequeño pelirrojo, mientras Raylingh vendaba con cuidado el pie de Shanks.

—En el bosque— Shanks miraba hacia abajo, concentrándose en cómo el rubio vendaba su tobillo. —Estaba con mi padre y mi hermano, nos atacaron.

Mihawk abrió los ojos con algo de sorpresa antes de fruncir el ceño con disgusto.

— Los humanos son unos salvajes —El pelinegro se cruzó de brazos — Atacan a todos — Las palabras del niño causaron una confusión notable en Shanks, una que Roger y Raylingh notaron.

— Mihawk, ve a traer a Ace— Pidió el rubio con una sonrisa suave. El pelinegro no se negó, le dio una última mirada al pelirrojo antes de ponerse de pie y salir de la habitación.

La mirada de Shanks siguió al pelinegro hasta que salió del lugar. Era el único que le inspiraba verdadera confianza; ahora estaba aterrado.

— Ya sabes lo que pasa, ¿No? — La pregunta de Roger tomó a Shanks por sorpresa, solo se limitó a asentir con un pequeño temblor — Tranquilo, no somos como crees.

Shanks no se tragó esas palabras, venía de una larga línea de cazadores de vampiros, le habían enseñado lo crueles y sangrientos que podían ser de primera mano.

— Los humanos adultos exageran mucho— El rubio tomo asiento al lado de Shanks con un porte elegante — ¿Lo entiendes?

El instinto de supervivencia de Shanks lo obligó a asentir aún que en realidad solo pensaba que querían lavarle el cerebro. El rubio lo observó unos segundos con esa sonrisa suave que le daba escalofríos y luego suspiro.

—Estás aterrado, ¿verdad?— Shanks volvió a asentir mordiendo su labio, el miedo lo carcomía y ya ni siquiera se atrevía a hablar. — Es normal, no te estamos dañando.

Las manos del rubio se aproximaron a los cabellos rojos. Shanks cerró los ojos esperando lo peor, pero solo recibió leves caricias.

— Sí que tiene miedo — El adulto pelinegro se dejó caer al lado del rubio con pesadez — Lo siento, chico, pero no puedes volver a casa…

Shanks se quedó inmóvil, iba a ser su final o al menos eso pensaba, si no podía regresar a casa era por qué lo iban a matar, sus ojitos se empezaron a llenar de lágrimas sin su consentimiento, por fin su peor pesadilla se iba a volver a la realidad, Reylingh le dedico una mala mirada a Roger por su comentario tan arrepentido antes de volver a mirar a Shanks.

—No hay por qué alterarse, no te pasará nada— La mano del rubio seguía su tierno masaje en los cabellos rojos —. Pero, lamentablemente, no podrás regresar a casa.

Las lágrimas del pelirrojo por fin se desbordaron. No importaba cuantas palabras de consuelo le diera el rubio, estaba seguro de que moriría. Raylingh lo atrajo a un abrazo en un intento de calmar el amargo llanto.

—¿Por qué llora?—La dulce voz de un pequeño de apariencia de tres años con su carita llena de pecas se hizo presente llamando la atención de Shanks — ¡Qué llorón!

Toda la ternura que inspiraba el pequeño se desvaneció cuando habló. Shanks se sintió un poco avergonzado de que un niño más pequeño que él le estaba diciendo llorón, se apartó de Raylingh y froto sus ojos para eliminar las lágrimas.

Volvió a ver al niño que lo miraba con una expresión dura mientras agarraba con fuerza la mano de Mihawk.

—Él es Ace— Presentó el rubio. El niño se soltó de la mano de Mihawk para correr hacia Raylingh.

— Es nuevo como tú —Dijo Mihawk acercándose a Ace y levantando su labio para mostrar los pequeños colmillos afilados que apenas brotaban.

El niño se removió indignado para deshacerse del toque de Mihawk.

—¡No soy nuevo!—Protestó el menor inflando sus mejillas — ¡Llevo quince años aquí!— Mihawk solo rodó los ojos ante las quejas del pecoso.

Shanks se quedó boquiabierto viendo al niño. Una vista simple era considerablemente menor que él, pero era mayor. Si ese pequeño tenía esa edad, no se podía imaginar la de Mihawk o aún peor la de Raylingh que se veía en sus veinte.

El rubio puso una mano en su hombro, aunque se sobresaltó al principio. La mirada calmada de Raylingh lo relajaba considerablemente, tanto que sentía que podía morir en paz.