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Language:
Español
Stats:
Published:
2025-07-29
Updated:
2025-07-30
Words:
35,446
Chapters:
2/4
Comments:
8
Kudos:
10
Bookmarks:
2
Hits:
215

Así pasa cuando sucede

Summary:

Touya se ha convertido en una de las promesas más vanagloriadas de toda su generación. Shoto está cansado de ser su sombra.
Ahorcado por unos padres prejuiciosos, el legado heroico estampado en la piel y una sarta de expectativas heredadas por su hermano mayor; Shoto se aventurará en una gran hazaña que determine su huella en el apellido Todoroki.
Spoiler: sale mal. Y las cosas sólo se ponen peor.

A raíz de una verdad destapada por Touya y Shoto, los cuatro hermanos Todoroki deberán enfrentar la realidad de la que han estado callando y seguir adelante como la familia que siempre han querido ser.

Notes:

Este fic fue originalmente publicado en Wattpad el 20 de octubre de 2021, y aunque no lo parezca por el atraso, era para la Dabihawks week2021 jjasidch (día 2: escuela de héroes).
En un principio fue concebido como un one-short, pero en 2025 decidí retomarlo y lo extenderé a un fic de cuatro capítulos, en donde cada cap tendrá a un Todoroki diferente como protagonista.

Algunas aclaraciones:
☁ Podemos considerar los capítulos como historias autoconclusivas que siguen una historia lineal.
☁ Enji y Rei siguen casados y son un matrimonio súper conservador y de ultraderecha (?), jaja prácticamente son unos mormones xD
☁ En este AU, los aspirantes a heroísmo deben cursar la universidad después de la preparatoria/bachillerato/como le digas a los estudios medio superiores.
☁ La Comisión de Héroes tiene un recinto en EUA y también cuentan con su propio programa de estudios públicos (y esclavizantes) que consta de preparatoria y universidad.
☁ La UA es una institución responsable y en este universo no dejan que sus estudiantes intervengan en peleas con villanos reales, excepto Deku, él siempre será el protagonista.
☁ Tenía la intención de que Shoto tuviese TEA, pero reconozco mis límites y tampoco quiero escribir un trastorno tan mal, así que sólo le puse algunos rasgos neurodivergentes.
☁ Está ambientado en Japón, pero prácticamente es como si estuvieran en México porque me chupa un huevo JAJAJA

(See the end of the work for more notes.)

Chapter 1: Nimodo, tocó

Chapter Text

 

   Sujeta los palillos de madera entre las falanges, succionando con un ruido tolerable los fideos del Soba servido en su tazón. Hum, sí, mamá sigue preparando igual de bien su platillo favorito a como lo hacía cuando éste apenas tenía diez años. El sosiego se saborea a la par de la comida. No quiere abrir los ojos, pero pruebas no le faltan para verse en la necesidad de rectificar que sus hermanos vivieran la misma paz que al menor de los Todoroki envuelve.

   Que cena tan esplendida.

   —¿Qué significa esto, Shoto?

   Aunque, claro, esto no podía ser una reunión familiar sin la constante dosis dramática.

   Reacio a entrever a su indignado padre, o si no su idílica burbuja de se verá reventada, Shoto no pudo ignorar la llamada de atención cuando el hombre sentado a la cabeza de la mesa rectangular hace temblar los alimentos al azotar las palmas sobre el tablón de madera.

   Pudo escuchar claramente el resoplido de Natsuo.

   Deposita cuidadosamente el plato hondo en su mantel especialmente bordado, hecho por las manos de su madre, y acaba por succionar los fideos más fuerte de lo que debería. Observa atentamente la ceñuda cara de su padre.

   A la derecha del robusto varón, donde resplandece el anillo de compromiso, descansa su imperturbable madre. Ella también le está mirando, sólo que no hay ni una pizca de confort en sus irises plata, como cuando Shoto aún vivía allí y le acariciaba los cachetes antes de cocinar para la familia entera; no, Todoroki Rei veía severamente a su hijito de dieciséis años, obviando que hoy no intercedería por él si llegan a los gritos.

   Tenía que ser alguna clase de iniciación a la vida adulta. De otra forma, no encontraba sentido a que sus padres fueran tan cariñosos con cada uno de ellos, hasta que cumplían los quince y pareciera que olvidaran que son sus hijos y no unos simples trabajadores que residen bajo su morada. Sus hermanos también pasaron por el despego repentino de cariño paternal.

   Bueno, casi todos sus hermanos.

   Fuyumi, sentada con recato y elegancia —a diferencia de los chicos jorobados, deshaciéndose sobre la mesa—, le ruega con sus templados faroles grisáceos que no iniciara una escena. La voz de la razón había hablado.

   Con la servilleta seca las sobras del caldo en sus comisuras, Enji carraspea.

   —Es una boleta.

   Bien, no es mentira, él pidió que le dijera qué era y Shoto respondió francamente.

   Enji gruñe desde su puesto, acompañado por la desaprobación de Rei, la exhalación resignada de Fuyumi y la risa contenida de Natsuo. Okey, esto va a ser intenso.

   —Shoto— dice el héroe rankeado como el número uno tras la retirada de All Might, almacenando enojo.

   —¿Qué?

   —Se dice "mande", jovencito— corrige su estricta madre.

   —¿Mande?

   —¿Qué significa esta calificación?, ¿qué se supone que significa "no validado"? — esta vez Enji estira el brazo para señalarle lo escrito en tinta roja sobre sus calificaciones en el área práctica y la nota de su tutor al pie de página. Como si no ya lo hubiera visto y releído cientos de veces.

   —Significa que reprobé el examen.

   —¡Eso ya lo sé!— Enji ruge y los cuatro se enderezaron.

   «¿Por qué preguntas, entonces?» estuvo tentado a responder, pero eso sólo podría —haría— cabrear a su padre, y después de irse junto a Nat’, la que paga los platos rotos del mal humor de su padre es Fuyumi. Alguien tenía que apiadarse de su hermana.

   —¿Cuál había sido el acuerdo, cariño?— pregunta la señora de la casa, con esa clase de connotación que te orilla a cavilar sobre tus errores más vergonzosos del pasado.

   —Lo sé, lo sé— reconoce Shoto, agachando la mirada. —. Traía la cabeza en otra... parte. La próxima vez lo—

   —¿Cuál había sido el acuerdo?— Rei reitera y Shoto se traga las palabras.

   Rei está enfadada.

   Aparta el plato de fideos, sólo por si al caso. Desperdiciar el alimento es un pecado grave para sus padres, si se desperdigasen por un aparatoso accidente, tampoco la salvaría.

   —Sobresalientes y excelencia...

   Recita en voz bajita, poco a poco atisbándose de esa pena de la que tanto rehuyó. Sus padres son expertos en hacerlo sentir tan pequeño.

   —Muy bien. Entonces, ¿qué tenemos aquí?

   La furia de Enji es cáustica: explota y arrasa todo a su alrededor, en la fracción de un segundo. Con el tiempo, había aprendido a lidiar con ella. La de su madre no. La de ella es una ira silenciosa: se arrastra por el suelo y las paredes, te encarcela y asfixia. Es helada.

   —Fue un accidente... me esforcé, pero...

   —¿"Pero" qué?

   —... perdí la concentración.

   Su padre se levanta, avienta la silla y camina de esquina a esquina, refunfuñando.

   —Eso no es lo que nos habías prometido, Shoto.

   —Me recompondré en la siguiente prueba, no he sido el único.

   —¡Esa es la cuestión!— Enji se detiene de dar vueltas por el comedor y señala a cada miembro de la familia. — Empezando por mí y acabando contigo, no somos iguales a los otros, tú no eres igual al resto. Debías haberlo conseguido en el primer intento, si no, ¿de qué sirvió todo el entrenamiento que invertimos en ti?

   —No es para—

   —Guarda silencio cuando tu padre está hablando— sin apiadarse, Rei le taja. Shoto se cohíbe, nervioso.

   —Sabía que esa escuelucha no era la indicada— Enji hace el amago de escupir, como si la preparatoria de "segunda categoría", como a sus padres les gustaba referirse de Yuei, tuviera la culpa de que Shoto no consiguiera su licencia provisional. —, está retrasando tu educación profesional, si te hubiera mandado a Es—

   —¡Fue mi culpa!— a Shoto poco le importa que en la mesa estuviera prohibido levantar la voz, o que su madre también se pare para poder regañarlo desde su superioridad. Si no interviene ahora, bueno, tendría que irse despidiendo de Japón y embarcarse a un vuelo directo a Norteamérica.

   —¡¿Qué dije, jovencito?! ¡Tu comportamiento indecoroso es inaceptable!, discúlpate ahora mismo con tu padre, o voy a—

   —Espera, Rei— Enji aplaca a su enfurecida madre con una gigantesca mano sobre su hombro y ella acata, recuperando la compostura y arreglándose la falda para tomar asiento. Él le devuelve la mirada. —. ¿Algo que añadir, Shoto?

   —Yo fui el único responsable de que no obtuviera mi licencia— declara permaneciendo de pie, Shoto encara los apabullantes órbes azules de su progenitor. —. Dejé que los asuntos personales entraran en el terreno de lo heroico y me desconcentré. No fue culpa de la UA, yo no di la talla.

   —Y eso—

   —¡Pero no he roto el trato!— continua, sin darle la oportunidad a su padre de que le refute el argumento. — Mi puntaje está por encima del promedio, suficiente para salvaguardar la beca y revalidar mi licencia. Todo lo demás está en orden, puedes preguntarle a mi tutor, él te dirá incluso que he mejorado en el último semestre.

   Shoto siente que no ha hablado tanto como ahora lo ha hecho.

   No es una persona parlanchina, y suele abstenerse de enfrentamientos verbales, realmente no se considera un provocador. Sin embargo, tal parece que la casa en la que se crio saca a relucir la peor parte de él. El lugar que se supone debe llamar hogar.

   Su espacio seguro, ¿verdad?

   —Si estuvieras en Estados Unidos esto no habría sucedido.

   ¿Verdad?

   —Voy a mejorar— no es una promesa para ellos, no, es una demanda para sí mismo.

   —En la Comisión estarías progresando, no perdiendo el tiempo con todos esos muchachos que están mal influenciándote.

   —Seré mejor.

   —Primero el festival deportivo, ahora esto. Tu hermano lo habría hecho bien desde un principio.

   La tensión se condensa precipitadamente.

   Su mano izquierda se enreda con la servilleta tejida en un puño, así no será evidente que su lado izquierdo chispea. Lo bueno es que se escarcha su tobillo derecho, nadie se dará cuenta de ello.

   —No los decepcionaré... seré el mejor—enuncia entre dientes muy apretados, viendo a sus padres de soslayo.

   No hablaba de conseguir ser el número uno, como su padre, ni siquiera se refería a ser el mejor de la clase o de la escuela. Eso le es ínfimamente vano, no le importa, con tal de conseguir sus preciadas metas, no le afecta en lo más mínimo quedar en segundo lugar. Si algo ha aprendido de sus compañeros es que no se necesita la gloria para llegar a ser un buen héroe y no es tan mal perdedor como su padre. No, Shoto no hablaba de ser el mejor en eso.

   Shoto será mejor que él.

   El comedor queda sumido en silencio.

   En otras circunstancias, Natsuo hubiese soltado chanzas aludiendo la enemistad que anidaba en Shoto, lo que sea para drenar la espesa densidad filtrada en el ambiente. No obstante, Natsuo perdió la voz y el voto cuando abandonó la carrera de héroes a mediados del primer semestre en la universidad de la Comisión estadounidense, un tema delicado para los pocos meses que han transcurrido de ello, y se había asentado en la licenciatura médica por su propia convicción. Desgracia. Sacrilegio.

   Un paso en falso y lo desheredan.

   Enji y Rei comparten miradas. El pelirrojo mayor asiente y Rei bebe del té.

   —Tienes otra oportunidad, no nos decepciones. Llevas el apellido Todoroki en tus hombros.

   Como si eso fuera una bendición.

   —Gracias por la comida— agradece, porque, ante todo, es educado. —. Me retiro. Nat’— el susodicho gira a verlo, calmado al devorar sus fideos, tal cual no hubiese ocurrido hace un segundo una discusión en donde se decidía su paradero. —, ¿nos vamos?

   —Sup— afirma Natsuo, zampándose lo que le queda por comer en un santiamén. Shoto perdió el apetito, una lástima, la Soba estaba deliciosa. —. Les agradezco la cena, verdaderamente encantadora. Si nos disculpan, la tarea no se va a hacer sola. Padre, madre, ‘Yumi.

   Los tres hermanos abandonan el comedor, el matrimonio ni siquiera se fija en ellos. Fuyumi los acompaña al exterior, señalando el sarcasmo habitual de Natsuo. ¿Para qué se molesta? Natsuo se haría el desentendido y seguiría haciéndolo en el momento más oportuno, siguiendo con el legado de su onii-chan.

   Fuyumi, como ya es costumbre, suspira.

   —Shoto, ellos no hablan en serio.

   Oh. Ahora el sermón va para él. ¿O era el premio de consolación? Fuyumi se había convertido en el sustituto de figura paterna/materna, al final de cuentas.

   —Está bien.

   —Ellos ya están orgullosos de su niñote, lo haces increíble.

   No se le da mentir.

   —Está bien.

   —No es su intención... compararte— lo dice con una mueca de quien busca las palabras correctas, para no ofender al otro, pues bien sabe lo sensible que es respecto a ese tema. Se lo ha ganado. —. Tan sólo buscan lo mejor para ti. Quieres ser el mejor héroe que ha habido, ¿verdad?

   —... sí— Shoto no quiere ser cruel con su hermana, ella es la que menos merece su desprecio. Aun si lo está embarrando estrepitosamente. —. Fuyumi, está bien, estoy bien.

   Eso no convence ni por asomo a sus hermanos mayores.

   —No te estoy juzgando, la Comisión fue una mierda cuando estuve allí, pero... ¿no te ahorrarías un montón de problemas si les cumples el capricho?

   —¡Natsuo!— reprende Fuyumi. — Shoto tiene sus razones, ha luchado mucho para poder quedarse en la UA y lo está haciendo fenomenal. Tú mismo lo has dicho, la Comisión es horrible.

   —Yo sólo decía, perdóname, mamá— el fortachón se encoge de hombros, recogiendo las maletas que él y Shoto han traído. —. ¿Para qué el equipaje? Sabíamos que no nos quedaríamos...

   —Shoto— Fuyumi lo sostiene con delicadeza y le da esa mirada cálida que extrañaba ver en mamá. —, nuestros papás a veces son... tercos. Se darán cuenta de todos los méritos que has estado logrando con el sudor de tu frente y ellos serán los primeros en felicitarte. Y si no lo hacen ellos, yo lo haré, y Natsuo, y tus amigos, y tus profesores...

   «Por favor, no lo menciones, por favor, no lo menciones...».

   —Y Touya— demonios. —, te lo prometo.

   Respira hondo, serenándose; su hermana lo decía de todo corazón, y no tenía por qué exasperarse de la bonhomía inherente a su carácter. Ni siquiera tenía razones legítimas para enojarse con su hermano, no era su culpa ser el "don perfecto" en todo lo que se propusiera y el favorito de sus padres. De que Fuyumi haya sido apartada por ser una mujercita, de que Natsuo haya preferido seguir sus sueños antes que los pasos de su padre, o de que las esperanzas de dos experimentos fallidos —según Nat’— recaigan en él.

   —Disfruta tu juventud. Diviértete con tus amigos y aprende, nuestros papás no te sacarán de la escuela de tus sueños sólo porque repruebes una materia. Mi hermanito es muy inteligente, ¡demuéstralo!

   Fuyumi esboza una gigantesca sonrisa que sin querer se contagia en menor tamaño al silencioso Shoto. El aprecio desplaza aquella negativa encrucijada en el que se ahogaba su pecho, respirando tranquilamente postrimero. Apaciguado, finalmente acepta el abrazo de su hermana y se despide de ella cuando Nat’ ya está pitando las bocinas de su coche.

   —Por favor, que esto no nos separe. Vengan más seguido—Fuyumi sigue estrechándolo con afección. —. Papá siempre está trabajando, mamá no es de muchas palabras. Nuestro hogar se siente tan vacío sin ustedes, y los estudios en casa no me favorecen.

   Comparten una risita discreta.

   —Trataré. Aizawa-sensei tal vez me deje salir más seguido de los dormitorios.

   —¿Escuchaste eso?, ¡Shoto sí tratará de visitarme!— Fuyumi le reprocha a Natsuo y éste sólo se retrae en el asiento del conductor. — Porque al parecer tengo UN sólo hermano.

   —¡Estudia medicina y trabaja por medio tiempo tú sola, a ver si te sigues quejando!

   —¿Me reclamas?— para que ‘Yumi se indigne con la facilidad con la que la concita Natsuo, se pregunta Shoto, por qué se empeña tanto en educarlo como a un niño más. Claramente, Natsuo no tiene remedio, él vive por y para sacarla de quicio. — ¡Olvídate de los bentōs semanales!

   —¡Espera, era una broma, ‘Yumi! No seas así.

   Shoto y la futura maestra se ríen de Natsuo, queriendo salir del auto de rodillas, rogando por el alimento que lo salva de no morir por inanición.

   O eso planeaba hacer, hasta que la puerta de shōji se abre detrás de ellos por la mano de su procreador, examinándolos. Shoto y Fuyumi se callan, Natsuo vuelve a su lugar y le indica al menor que se adentre. Su hermana le aprieta el brazo y Shoto agarra camino entre los jardines, subiéndose al bocho de su hermano.

   No es que le tuvieran miedo al héroe proclamado Endeavor, no, incluso a veces veían en él un chiste. Había incomodidad. Esa que les atosiga al incumplir las expectativas meticulosamente diseñadas. Eternamente insuficientes.

   Por la ventana se despiden de su hermana y Natsuo arranca. La sonrisa de Fuyumi no llega a sus ojos, Enji la empuja dentro de la finca.

   —Uf, cerca— Natsuo se seca el sudor inexistente de la frente. —. Lo juro, si miras directo a sus ojos, te petrificarás.

   —¿Cómo Medusa?— Shoto murmulla, bajo en ánimos, recargándose en la ventana. Fue una noche estresante y lo único que quiere hacer es llegar a su dormitorio y echarse a dormir.

   —Ése era el chiste— Nat’ chasquea la lengua, acostumbrado a que Shoto no le siga el hilo. De reojo logra verlo textear por el celular táctil. —. ¿Tan rápido tienes que reportarte? Te traen checadito.

   —Midoriya pregunta cómo salió la cena.

   —Un fiasco, ¿cómo más iba a salir?— Natsuo entorna los ojos y no tiene por qué negarse, lo fue. Shoto está agradecido de que, por lo menos, el pecoso lo reconforte al arribar a las instalaciones escolares. — Te dije que yo podía firmar la boleta, soy mayor de edad y soy tu hermano.

   —La dirección tiene registrada la firma del viejo.

   —Maldito capitalismo— dice Natsuo de forma arbitraria y por un segundo ríe como una cabra. Shoto no encuentra la gracia. —. ¿Directo a los dormitorios o te quedas en mi depa'?

   —Apenas hay espacio para ti.

   —Mi humilde depa'.

   —¿Tu novia no vive contigo?

   —Mi humilde y hogareño depa'.

   —No gracias. No tramité un permiso para quedarme a dormir por fuera, mi tutor me sancionaría.

   —¿Ahora así se les llama a los novios ahora, "tutores"?

   —Natsuo— sentencia Shoto con advertencia, el nombrado atina a reírse ahorcado. Shoto vive con el pánico, con el miedo constante, de que un día a su hermano se le ocurra abrir la boca enfrente de sus padres y se le salga el secreto que con tanto esmero ocultó, y que por un desliz insignificante descubrió el albino al irlo a recoger de la UA.

   No le hace falta en el repertorio de conflictos interpersonales que se insiera el inmiscuido ojo homofóbico de sus padres para despedazar su relación.

   No es que no confíe en su hermano, pero Natsuo le prometió que no revelaría su preferencia por los hombres —o que mantiene una relación romántica con su compañero de clase—; no obstante, por arte de magia resulta que de la nada Fuyumi sabía también su secreto. Un día de estos, la boca de Natsuo lo va a hundir.

   Bueno, si eso sucede, le dirá a todos que vive en "pecado" con su novia.

   —Descuida— tras un rato de silencio, contemplando la ciudad dormida, Natsuo retoma la palabra. —, ‘Yumi tiene razón, lo haces increíble. El mero hecho de que estudies heroísmo bajo tus propios términos ya es una victoria. Lo verán, tarde o temprano.

   ¿Por qué creían que ocupa discursos de consolación?

   Oh, está tronándose los dedos.

   —No tengo la credencial, ciertamente—

   —¡No!— Natsuo lo interrumpe, justo como todos lo hacen. —, ellos no tienen la razón. Están equivocados, ciegos, por Touya. ¿Él sí cumplió con las expectativas? Felicitaciones, bien por él. Pero tú no eres Touya número dos.

   Eso dolió, mas no lo admitirá. Sería reconocer el complejo de hermano menor que trae interiorizado.

   —Nat’...

   —Shou’, no los justifiques.

   —Nat’, hicimos un trato— no sabe el porqué, ergo, aquí está, defendiendo a sus padres, los mismos con los que sigue enfadado.

   —¡Sí, ¿y?! Es tu vida, es tu pellejo— el albino completo se aferra al volante y Shoto reza mentalmente para que no tengan un accidente automovilístico. —. ¿Cuál es su problema? Si tanto estaban orgullosos del primero, ¿para qué tener más? Si sólo van a recalcarnos los desperfectos que somos.

   También se está proyectando. Bien, lo bueno es que no hay tráfico.

   —¿Nat’?

   —Quiero decir, ¿por qué no pueden estar orgullosos de lo que ya hicimos? No estaría mal que fueran a los eventos que organiza mi universidad, o que dejen a Fuyumi mudarse, o que paren de insistirte con la Comisión estadounidense. ¿Cuándo, carajo, van a entender que tú nunca vas a ser como Touya?

   Ouch.

   Lo que le faltaba.

   Eso realmente le atañe.

   Shoto se muerde el labio. Han entrado al complejo de la UA.

   —Nat’.

   —Touya, Touya, Touya, ¡Touya!, ¡siempre es Touya!

   —Natsu’.

   —Amo a Touya, ¡¿pero es necesario que nos recuerden el modelo a seguir que tenemos por hermano?! Yuju, Touya ya lucha con villanos; viva, Touya ganó premios antes de graduarse; hurra, Touya es el orgullo de los Todoroki.

   —Natsuo.

   —¡No hagan tan evidente que es al único que aprecian!— Natsuo da la estocada. Grita, acelerando repentinamente hacia el edificio de los dormitorios.

   —¡Natsuo!— Shoto golpea el hombro de su hermano. Incontenible el tono de irritación en la voz.

   La física hace lo suyo y los empuja al frente, ya que Natsuo ha pisado el freno atropelladamente. Las luces alumbran el faro metros adelante, con el que pudieron haberse estrellado. Los cinturones los salvan de salir volando. Natsuo respira manualmente, la sangre está hirviendo en el bicolor.

   No hay mentira. Touya lo supera en todo aspecto. Es superior.

   En cambio, Shoto sólo es el calco del futuro héroe conocido como Dabi.

   Touya es la creación perfecta. Shoto no lo es.

   —Ay... perdóname, Shou’, no quería—

   —Gracias por traerme— el fósforo enciende a Shoto y tampoco quiere arrepentirse por desquitarse con su hermano. Aun así, azota la puerta del copiloto.

   Natsuo parece darse cuenta de que lo dicho probablemente no haya sido apropiado y trata de alcanzarlo.

   —Shou’, no quise ofenderte, ¿te eno—

   —Salúdame a Harumi-san y, por favor, no choques contra nada más— sale de la acera tan veloz apenas ve el amago del conductor por seguirle el paso, agitando perezosamente la mano en camino a la entrada.

   —¡Shoto, tú eres tan bueno como Touya!— vocea Nat’, con esperanza de que eso remedie su metida de pata.

   Oh, por supuesto que causa algo.

   Lo incentiva más.

   Shoto lo ve por encima de su hombro y asiente. Su hermano se va. Bien, parece que esa noche no dormirá.

 

 


 

 

   La UA había sido la opción número uno desde, ¿hum?, ¿siempre?

   La escuela de educación medio superior se encuentra en la misma ciudad en la que reside la finca Todoroki. Conocida por haber entrenado a cientos de héroes populares en Japón y catalogada entre los cinco puestos de las mejores escuelas de heroísmo a nivel nacional. También cuenta con cierto prestigio a nivel mundial.

   Ahí había estudiado su héroe favorito, All Might, y tenía la inmensa suerte de que en su generación el mismísimo impartiría clases como un catedrático más. Era el sueño de todo infante que morigeró embelesado de las historias de superhéroes.

   Ni siquiera les preguntó a sus padres, cuando se graduó de la secundaria con notas condecoradas y el renombre que su apellido acarrea —la única vez que le benefició ser un Todoroki—, sacó un boleto para los exámenes de admisión a la academia.

   Los pasó sin mayores complicaciones, incluso aprobó como un recomendado, consiguiendo una beca que ni siquiera necesita.

   Los problemas se desencadenaron cuando tuvo que contarles a sus padres. No, rotunda respuesta. Ya tenían los planes trazados para él. Iría al programa estudiantil de la Comisión de Héroes, con residencia en Estados Unidos, justo donde Touya se está formado.

   La Comisión de Héroes. La jodida Comisión de Héroes. Motivo por el cual Touya estuvo ausente a la mitad de su pubertad y adolescencia. También culpable de que Touya ocultara con largas mangas las cicatrices, por explotar desmedidamente su Quirck. "El infierno", le dijo una vez Touya, cuando se graduó de la preparatoria y pudieron reencontrarse, hace ya seis años.

   Nah, él no iría a la Comisión.

   Aún le es un misterio descifrar la fórmula con la que convenció a sus padres de dejarlo estudiar el primer año en la UA y les demostrará que sería capaz de superar sus expectativas. A cambio, las condiciones eran claras: sobresalir, académica y heroicamente, y concentrarse únicamente en los estudios —mensaje implícito para cero relaciones, amistosas o de otra índole. No podían culparle por romper esa única regla.

   Y a pesar de que, en un principio, sí tuvo toda la intención de convertirse en el llanero solitario —para no distraerse de superar la vara en alto que dejó Touya—, sus nuevos amigos le mostraron un camino distinto al odio. En especial Izuku, ese chico que con paciencia se acercó a su entorno en sus desastrosos inicios, lo escuchó y le sonrió como el Sol. Erudito empedernido a sus ídolos, que pese ser acosado por sus demonios internos, jamás se rindió: él sería sí o sí el héroe Deku.

   Izuku no lo sabía, pero él ya era su héroe.

   Lo despertó de abrazar la soledad. Abrió su corazón. Haciéndole saber, con un puñetazo en combate, que se estaba comportando como un patán reticente. Que no se estaba viendo a sí mismo, sino, a alguien más.

   Izuku debería considerar seriamente estudiar psicología.

   Razón más para quedarse en la UA: realmente disfruta de las personas allí.

   Hizo amigos, los que no tuvo en sus estudios en casa o en su anterior institución. Pudo escamparse a otras personas que no fueran sus consanguíneos. Hablar, socializar, darse cuenta de que apesta en ello y desear remediarlo.

   Sentirse querido, respetado, ser apreciado sin tener que ser juzgado, o comparado. Por más patético que lo haga verse.

   Siendo debidamente orientado por profesores que poseen la tolerancia para responderle con amabilidad hasta sus dudas más mundanas —gracias, profesor Aizawa, por enseñarle a hervir agua sin hacerlo sentir un cobarde. Aprendiendo de más de un héroe versado a la materia.

   La UA es más que una simple preparatoria especializada en héroes para él. Sus padres no podrían quitárselo. Sí, cometió errores, empero, se aprende más de ellos que de las victorias. La UA le está enseñando bien, y si su trato tenía éxito, entonces podría formarlo por los tres años correspondientes.

   Sus padres son los únicos que no le están dando la oportunidad de manifestarles su crecimiento, tan sólo porque no sigue los pasos exactos de su hermano.

   Shoto pugnaría por su felicidad. Por sus decisiones

   ¿Quieren pruebas? Bien, se las dará.

   —¿Qué quieres hacer QUÉ?— Midoriya brinca perplejo.

   Tira los libros que carga del módulo anterior devuelta a la biblioteca. Se encuclilla para recogerlos. Hecho un capullo de disculpas tartamudas y verde, Izuku se agacha para auxiliarlo. Shoto había visto en las películas de Mina que estas situaciones exprimían zalamerías cuando casualmente los protagonistas se tocan las manos. ¿Izuku también se sonrojaría si lo hacía? Su novio enrojecía por muchas cosas.

   —Todoroki-kun, creo que no escuché bien, ¿puedes repetirlo?

   —Midoriya— Shoto se toma un segundo para acariciar disimuladamente la mano por debajo de unos libros de biología, mirándolo con intensidad. La piel que sostiene del pecoso se crispa. —, ayúdame a convencer a mis padres.

   Tal como predijo, Izuku se deshace en el arrumaco de su extremidad, balbuceando algo acerca de sentir calor debido a su peculiaridad.

   —To-Todoroki-kun... estamos en la escuela, ¡podrían vernos!

   —El reglamento no prohíbe relaciones.

   —¡¿Y si tus padres se enteran?! Además, eso no es lo que estamos discutiendo— Izuku se apresura a coger el despilfarro de libros. Adelantándose a caminar a una prudente distancia de su acompañante. Shoto le sigue el paso en calma. Izuku tiende a correr de él al ponerse nervioso, guarda fe de que ello desaparezca gradualmente. —. Escuché que querías cazar a un villano. Por favor, no nos desviemos, corrígeme.

   —No, lo escuchaste bien.

   Midoriya detiene el paso y en cámara lenta se regresa a verlo, con un rostro compungido del hórrido impacto. Los chistes solían llevar remate, ¿no es cierto? El rizado espera por él, las estoicas facciones de su pareja le recordaron que Shoto no es precisamente un comediante.

   —Todoroki-kun...

  —Midoriya.

  —Todoroki Shoto.

   —Midoriya Izuku.

   —¡Shoto!— exclama con el rojo expandiéndose hasta el cuello, esta vez no por vergüenza, para su infortunio. El chico manda por un tubo lo de la decencia pública y ase su mano, arrastrándolo a paso veloz por el pasillo que desemboca a la biblioteca. Afortunadamente, en los corredores no aúlla ni una sola alma, pues el alumnado se suele aglomerar en los patios o en su defecto la cafetería durante el receso. — Tú y yo necesitamos conversar acerca de tu mal sentido del humor...

   —No estaba bromeando.

   —¡Lo discutiremos en la biblioteca dije!

   Shoto guarda silencio.

   Por más adorable que se viera Izuku con el ceño fruncido, sabe por carne propia que subestimar su tierna apariencia es un muy grave error. Izuku no es la clase de persona que tenga un aura visceral, todo lo contrario, jamás creería que fuese capaz de matar un mosquito de no ser porque lo ha visto en primera plana en combate. Por algo estaba estudiando heroísmo, ¿no? Sus derechazos duelen como el jodido infierno.

   Izuku le entrega los libros prestados a la amable señora bibliotecaria, registrándolos antes de pedirle dulcemente al jovencito de mechas desordenadas que le ayudase acomodándolos del lugar que los extrajo. Eso les tomaría todo el receso, mas, ése es el cometido que persigue Izuku, tal parece.

   —Sígueme— Izuku se pierde entre la basta cantidad de pasadizos repletos de encuadernados, y Shoto le obedece. Estando en los estantes de ciencias naturales, el más bajito toma aire en los pulmones y le ve seriamente antes de acomodar su carga. —. ¿Y bien?, ¿qué quieres decir con "cazar un villano"?

   —Quiero apresar a un villano.

   —¿Aja?

   —Nada más.

   —Todoroki-kun, ya hemos hablado de esto, necesito que me des un contexto para comprender lo que me tratas de decir— lo ve masajearse el puente de la nariz. Shoto pone más atención en el hecho de que le salieron más pecas allí, ¿cuándo pasó eso?

   —Si atrapo a un criminal cometiendo fechorías, entonces, podría ser reconocido como un héroe. ¿Estoy en lo correcto?

   Izuku desfigura la cara, no juntando razones suficientes para contradecirlo.

   —En teoría, sí...

   —De acuerdo. Necesito detener a un villano.

   —¡Eso no me dice nada!— replica Midoriya, frustrado, en un susurro, seguían estando en una biblioteca, despoblada, pero biblioteca. —, ¿quieres salir y detener a un delincuente por reconocimiento? No te darán más rápido la licencia si eso es lo que tramas...

   —No es por la licencia.

   —¿Entonces es por..?

   Shoto arruga la nariz. Está bien contarle a su novio, ¿no es así? Se supone que las parejas se apoyan recíprocamente. Sólo que la índole familiar no es su tema de conversación predilecto.

   —Mis padres no están muy contentos por mis resultados.

   Es ahí cuando Izuku parece destensarse, prestándole total atención e ignorando los libros que quedaban por acomodar, ligeramente más abatido. Oh, le brinda la cara de "siento pena y empatía por ti". Shoto está a punto de esconder la cabeza entre las polvorientas hojas amarillas.

   —Lo que mandaste por mensaje... ¿tan malo fue?

   —Aún creen que la Comisión es una mejor opción.

   —Comprendo— Izuku otea a sus laterales y sus ojos esmeralda se iluminaron cuando dan con lo que se propuso, pasa de largo a su lado, depositando la pila de libros en una mesita de por ahí, Midoriya regresa para amalgamar sus manos. —. Ven, tomemos un descanso.

   Lo encamina sin soltarle en ningún momento. Sus dedos se entrelazan en el trayecto. Izuku posee un calor natural distinto al del fuego que le atrae ávida e indescriptiblemente.

   El hombrecito recarga las posaderas en el filo de las escaleras, invitándolo a que se haga del asiento contiguo al suyo. No lo piensa dos veces.

   —No creo que quieras escuchar una charla motivacional acerca del fabuloso estudiante que eres, tus hermanos seguramente ya se me adelantaron— empieza Midoriya con una sonrisita quedita, pues ha conocido personalmente a sus parientes.

   —Crees bien.

   —Entonces, te diré lo que no quieres escuchar— Izuku se aclara la garganta y Shoto tiembla. —: no vas a conseguir su aprobación rompiendo las reglas, Shou'-chan.

   No mentía con decir lo que no quería escuchar.

   —Déjame explicarte.

   —No, Shou', lo sé. Me dirás que no es su aprobación la meta que persigues y luego te vas a contradecir en que cazar a un villano es el medio para conseguirlo. Tú mismo sabes que lo es. Te conozco— a veces odia ser tan transparente con Midoriya. —, y porque te conozco sé que esto terminará muy mal para ti, más allá de que salgas perdiendo en la persecución de tu hipotético adversario.

   —Si lo premeditamos...

   —Oh, créeme, saldrá horripilantemente mal.

   Shoto ubica su cara entre las rodillas, alborotándose el cabello. Ronronea al sentir las yemas ajenas pasearse por la piel de gallina de su nuca, entrando a su uniforme. Eso, definitivamente, consigue un efecto adormecedor.

   Espera ser la única alma digna de gozarlo.

   —... no voy a hablar de tus padres, no los conozco, y lo más probable es que ellos nunca querrán conocerme a mí; sin embargo, elijo creer que son buenos. En este instante no lo parecerán, pero todo padre, en el fondo, se preocupa por sus hijos. Tarde o temprano se percatarán de que tú eres responsable de seleccionar tus propias decisiones y no les quedará más que respetarlo.

   Shoto alza la mitad de la cara, ablandándose ante la sonrisa protectora de Izuku.

   —¿Y si no lo hacen?

   —Te perderán por completo.

   Es ridículo pensarlo, mas, siente que la biblioteca se ha vuelto más silenciosa de lo que ya es al callarse Izuku.

   —A lo que quiero llegar— Midoriya vuelve a ser él mismo: castañeando si se le queda mirando por un prolongado lapso, jugando con sus dedos después de haberle acariciado, viendo un punto inespecífico de la galaxia. —, no vale la pena tratar de ganarse su aplauso si ellos no lo apreciarán. Se enfocarán en las cosas malas a propósito, como lo hicieron ayer, ¿no? ¿Te felicitaron por destacar en lo demás?

   —No.

   —¿Lo ves? Si esta noche llegas con la noticia de que atrapaste a un malhechor, te recordaran que no tienes licencia, que pudiste haberte hecho daño, que no te acreditaran por ser menor de edad... no te dirán lo que quieres.

   Eso suena a una predicción bastante exacta de lo que harían sus padres, para su disgusto.

   —Es la única manera de que me miren por lo que soy.

   Midoriya le dedica una ceja arqueada.

   —¿Capturando no a un simple delincuente, sino el jefe de todos los malos?

   —Si lo pones así...

   —Es así como lo estás insinuando.

   Shoto encuentra que la respuesta adecuada a las cejas fruncidas de Izuku es encogerse de hombros. Midoriya se disgusta el doble.

   —No señor, ah-ah, no vas a ponerte en peligro mortal por aprobación paternal. ¡Los villanos te harán papilla!

   —¿No dijiste que me querrías sin importar qué?

   —Y serías una encantadora papilla, pero ese no es el punto.

   —¿Cuál es el punto?

   —El punto es que no quiero que mi novio salga herido— Izuku sentencia y en el núcleo de Shoto se arremolina enternecido, el arrebol abarca las mejillas esponjosas y moteadas, cursando el arco de la nariz. —. Shou'-chan, no existe una sola alternativa para solucionar las cosas. La vida es más compleja que eso.

   Se hace en su lugar, enfrentando a unas pulgadas de distancia la faz brillante de Izuku.

   —Entonces, ¿qué puedo hacer?, ¿cómo les demuestro que soy un mejor héroe de lo que piensan?

   «¿Cómo los convenzo de ser más que Touya-nii?».

   A Izuku realmente le conmueve el corazón que Shoto acuda a él en sus momentos de debilidad, confiando en su juicio, creyendo que habla con un sabio. Ergo, él no sabe mucho más que él... apenas cumplía los dieciséis, por OruMaito.

   Shoto tiene gran similitud con un niño extraviado en un supermercado.

   —¿En este instante? Nada, tú no tienes que hacer nada más allá de lo que ya haces. Síguete esforzando y dando lo mejor de ti, pero son ellos los que deben cambiar de perspectiva— Izuku enrosca los brazos alrededor de su cuello, abrazándolo con delectación. —. Sobre todo, abstente de cometer tales locuras, ¿sí?

   Izuku no tiene las respuestas a los enigmas de la vida, mas eso no le impediría rescatar a sus seres queridos de aprietos en los que su limitado conocimiento alcanza a procesar.

   Shoto parpadea, concibiéndolo. Tarda otro minuto en afirmarle la cadera, rodeándolo por la cintura. La garganta de Izuku emite un chillido de pena, removiéndose por la intimidad del espacio compacto.

   —Tú has luchado con villanos— Shoto frota la punta de la nariz en el cuello crispado de Izuku, haciendo alusión a aquella extraordinaria ocasión en la que su novio se inmiscuyó en una pelea junto a All Might, puesto que en su colegio está severamente prohibido que sus estudiantes intervengan en conflictos antes de tiempo.

   —¡En compañía de héroes calificados y en otros contextos, lo sabes bien!— reclama Midoriya, acabándose de avergonzar por las caras a ainas de tocarse, inclina la frente en el hueco del cuello y el hombro tímidamente.

   A Shoto no le molesta, esa acción le da rienda suelta a que pueda olfatear la enmarañada cabellera verde del chico. Y es justamente lo que hace, hundiendo la faz en los rizos. Huelen a acondicionador, vainilla y canela, algo parecido. Está seguro de que lo vio en los baños comunes. Es raro, Shoto suele ser sensible y quisquilloso con los olores en su ambiente, una mala nota de olor podría arruinar su día, por lo mismo es que no es muy fan de los perfumes que usan sus compañeras. Sin embargo, viniendo de Izuku, no le causa esa misma aversión. Curioso.

   La armonía se transpira en el pequeño cuerpo que sostiene entre sus manos. No se ha dado cuenta que Midoriya frota el cachete contra la dermis pálida, porque ha activado su lado izquierdo por instinto y su temperatura se torna tibia. Prefiere concentrarse en el movimiento inconsciente de Izuku al abrir un poco las piernas y que éste se ubique cómodamente dentro de ellas.

   Shoto consigue recostarse en el barandal sin que se perturbe la estadía del chico temeroso al contacto físico. Para su sorpresa, Midoriya se aferra más a él.

   He aquí una enorme razón para permanecer en las instalaciones de la UA.

   Adora las clases. Las prácticas físicas son extenuantes en el menester para fortalecerse, sin rayar en el abuso; el plan de estudios es dinámico; la compañía, amena. Estando allí, podía anhelar lo que le deparaba el futuro. Es feliz.

   En la Comisión, alejado por extensos océanos y continentes de todo lo que ha conocido, muy seguramente no lo será.

   De no ser por la chicharra que da por finalizado el receso, se habría quedado dormido acurrucado con Izuku. Ciertamente, sería un escándalo si los pillasen. El pecoso fue el primero en levantarse, Shoto extraña rápidamente la presencia sobre su cuerpo.

   —Hum, se nos hizo tarde. ¿Puedes ir a comprar un bocadillo en lo que acabo de acomodar? Te pagaré en el salón— Izuku le tiende la mano y Shoto la estrecha al pararse. Accede a su petición y a cambio le esbozan una sonrisa de oreja a oreja radiante. —. Sé que harás lo correcto, confío en ti.

   Izuku hace el amago de regresar por sus libros, pausando, se cerciora por segunda vez que no hay moros en la costa y como un rayo, se alza de puntitas y le besa las comisuras, yéndose antes de que Shoto reaccione.

   —¡N-Nos vemos en clase, Todoroki-kun!

   Desaparece de su vista impar. Shoto acaricia el ósculo con gran afección.

   Su mundo pudo haber estado resuelto si tan siquiera, por una vez, su padre con las ínfulas infladas no le hiciera la vida de cuadritos.

   Estaba caminando tranquilamente hacia su salón, con la chuchería que compró oculta en la chaqueta deportiva, cuando el bolsillo de su pantalón zumba. Una notificación. Abre el mensaje de texto que se destacó en su bandeja de notificaciones, y no es nadie más y nadie menos que el viejo, compartiendo la liga de una nota periodística virtual.

   Le fue imposible no rechinar la dentadura.

   No se lo prometió a Izuku, pero igualmente se siente como si lo estuviese traicionando. Destrozando voto de confianza. Sin embargo, ya no puede más.

   Cazaría a un villano y le cerraría el hocico a su padre.

   —Lo siento, Midoriya— se disculpa al aire, aun si el mencionado no lo oirá y más adelante se decepcionará de él.

   Dando zancadas y con el rostro endurecido por la rabiosa inexpresión, se adentra al salón de clases.

Viejo

Conectado última vez hace un instante.

"¡Extra, extra! ¡El gran aspirante de héroe, Dabi, rescató a cientos de civiles de la amenaza del temible asesino en masa: el señor de las tinieblas, el Anticristo!" tu amigo compartió un enlace que podría interesarte.

12:57 p. m.

Podrías aprender un par de cosas de tu hermano.

12:58 p. m.

 

 


 

 

   Hay algo que es capaz de confirmar: la calificación que se plasma en una hoja de papel no garantiza tu intelecto sea equiparable al número.

   Shoto sirve de ejemplo. Firmemente cree que es inteligente, dentro del aula; pero, ¿fuera de ella?, ¿llevando sus conocimientos teóricos a la práctica?, ¿adaptándose? Es un cabeza hueca.

   La voz intrínseca de su subconsciencia le interroga la lógica de ir tras un bien mayor puramente —no— desinteresado, vía el acometimiento de una serie de delitos piadosos. ¿Es hipócrita?, ¿es un mal héroe?, ¿el fin justifica los medios? Esta noche lo descubrirá.

   El teatro comienza cuando Izuku le cuestionó, después de clases, si su charla habría servido para elucubrar su situación. El pequeño estaba acunándole los mofletes con gentileza, Shoto hizo un esfuerzo sobrehumano para no ceder ante la culpa. Claro que lo analizó, pero algo le decía que Midoriya no se refería a trazar un plan para raptar su traje de héroe y escapar de las instalaciones de la UA, por lo que optó por engañarle.

   Oh por todos los cielos, está cavando su tumba. Jamás le había dicho subrepciones.

   El circo engrandeció al caer el crepúsculo, saltándose la cena con sus camaradas fingiendo descompensación física para irse a dormir temprano. Aizawa-sensei solía acompañarlos en la comida, vigilándolos antes de dormir, así que no se preocupó demasiado por ser cachado fugándose por la ventana. Tampoco fue una tarea especialmente complicada hurtar las llaves que resguardaban los trajes de la alcoba de su tutor ojeroso. Nadie vigilaba la habitación de todas formas, tan sólo burló las cámaras de seguridad y se fue sin dejar pista con sus pertenencias amparadas en la maleta.

   Sí, es un plan tonto. Escabullirse por el bosque que rodeaba a la UA y cubrirse el disfraz con un suéter de capucha negra. Ser un fantasma o ser señalado en la calle, ya que su apariencia es muy, bastante, llamativa. Pero, ¡hey!, funcionó. Está de pie a las afuera de Yuei.

   Camina inadvertido mezclándose en la multitud, yendo con destino al centro. El corazón de la ciudad es un imán de hecatombes diarios. Y, en base a lo que estuvo investigando en las más recientes noticias, estaba siendo perturbada por un individuo que extrae la energía vital de aquellos pobres incautos que tuvieran la desdicha de topárselo.

   Eso le venía como anillo al dedo.

   La calamidad no. Eso es trágico. La mayoría de sus víctimas perdieron la vida antes de poder ser atendidas en emergencias.

   El bastardo tendría que tocarlo para que pudiese ganar terreno, lo cual, no pasaría. Se haría pasar por un simple civil, paseándose por los callejones donde ya ha cometido atracos, y cuando lo arrinconase, dejará que se acerque tanto como sea factible y ¡Bam! Lo congela.

   Pan comido.

   Cruza los dedos para que el susodicho tenga la audacia de aparecerse esta noche, porque sería una verdadera pena que haya planificado tan elegante pericia para que acabase siendo una simple patrulla nocturna.

   Según sus cálculos, conforme al sueño de su profesor y el cambio de guardia en la UA, tendría que devolverse a su pieza antes de las cuatro de la madrugada. Bien, revisa su móvil. Nueve en punto de la noche, va a buena hora.

   Sí, lo hará bien.

   Hoy será el día en que demostrará su valía como individuo, como héroe, como hijo.

   Está preparado.

   —¡Auxilio!

   Parámetro no previsto captado: edificio a la vuelta de la esquina incendiándose. Estado: civiles atrapados.

   Oh, ¡oh! Okey, esto no estaba planeado.

   Acude al epicentro de los gritos empalmándose del gentío azorado. Gira sobre su propio eje, ¿dónde están los héroes?, ¿acaso es la hora del almuerzo? Si interviene se arriesga a que su identidad se revele, lo que no permitirá bajo ninguna excusa... ¿o sí? Más gritos de pánico salen del edificio apartamental, identifica a niños allí también. Ni un solo mísero policía.

   A tomar por culo.

   —¡Por favor, apártense del fuego!— despojándose de la sudadera y la maleta, Shoto empuja al vulgo que está a la periferia del punto de riesgo, alejándolos de la inestable estructura con una muralla de hielo sólido. Escucha el gemido uniforme de asombro y alivio al revelar su melena dual.

   —¡Un héroe!

   —¿Y su equipo de rescate?

   —¡Es Shoto, el hijo de Endeavor y hermano de Dabi! ¡Kyaa~!

   —Aguanten, ¿no se supone que es un estudiante de preparatoria?

   —¡¿Un niño nos va a salvar?!

   Comprende mejor por qué la personalidad arisca de Bakugo se reafirma aún cuando está al servicio público. Sus guturales alaridos suelen callar el murmullo de los espectadores.

   Más le valía a ese villano, cuyo sobrenombre no recuerda, aparezca esta noche o lo meterá en graves problemas. Socorrer a unas cuantas familias no sería suficiente.

   Sólo tiene que evacuar a los civiles, apaciguar el fuego con su hielo y retirarse. No es nada que no haya lidiado antes. Literalmente, el fuego y el hielo son su elemento. Y la UA ya los ha instruido en repetidas ocasiones en los programas de rescate. Sabe contener a personas reales en peligro real.

   Aquí vamos.

   Corrobora que la gente exteriorizada se halle retirados de las llamas, despejando las flamas en su acelerado paso. El humo y el calor se agolpan en su rostro al cruzar el umbral. En un breve escaneo, localiza los pilares principales menos deteriorados por la candela, protegiéndolos con una muy gruesa cubierta de hielo. Reduce lo más que puede las brasas mientras va escaleras arriba, siguiendo el sonido de la desesperación.

   Sabe que el edificio ya no podrá ser enmendado, mas estima que con su lado derecho el tiempo de vida será duplicado, lo necesario para que llegue a los pisos superiores y escolte a todas las personas hacia su seguridad.

   Con la diestra crea una fina capa de escarcha, cubriéndose de las humaredas. Si al suelo le hace falta un pedazo, lo remplaza por un trozo de hielo en un chasquido. Repite el procedimiento en cada piso que visita, retrasando la carbonización de los muros de carga. A juzgar por la ausencia de sonido en los primeros pisos se percata de que la mitad del edificio desalojó la pira antes de que las llamas proliferaran completamente.

   —¡Socorro!

   —¡Alguien, quién sea, mi abuela está en silla de ruedas!

   —¡QUIERO A MI MAMÁAA!

   Cuando sube al quinto piso, los gritos y fuertes toces no se hacen esperar. Y él tampoco. Su prioridad está en otorgarles a los civiles un trapo ligeramente humedecido por su peculiaridad derretida, así evitaría que se intoxiquen más de lo que ya están. Procede a seguir el protocolo de incendios: cerrar las puertas de las habitaciones desocupadas por gente e infestadas de lumbre, les indica que gateen hacia la vía de escape —de manera ordenada, garantizándoles que él se encargaría de mantenerlos intactos—; y dado que esa dichosa vía de escape disponible no existe, crea una. Con el puño revestido de un guante de hielo, destroza la ventana más cercana, ocupando su propio cuerpo como escudo de los vidrios. Desde la altura mide la distancia y fabrica una rampa de hielo con la cual desalojaría a los civiles.

   ¿A qué hora llegarían los bomberos?

   La primera persona, una chica más joven que él con fobia a las alturas, fue la más difícil. Tras demostrarles que sería como deslizarse en un tobogán, pudo deponer a cada individuo.

   Continúa con el sexto piso, uniendo las rampas, replica la acción en el séptimo, hasta acabar en el octavo.

   Los mayores contratiempos fueron los de tercera edad, mascotas y señores que no lo escuchaban cuando decía que se tirarán al suelo para apagar el fuego de sus ropas. El resto, lo manejo en tiempo y forma.

   —Parece que es la última...— comenta Shoto, enjuagándose el rostro. Observaba a la señora que arrojó antes que llegue sin percances a tierra firme. — Sigue uste—

   —¡Espera, espera!— tiran de sus mangas, teniendo que inclinarse y por poco perder el equilibrio. —, ¡alguien todavía está atrapado en mi departamento!— dice otra mujer de mediana edad entre sollozos y pavor. Señala la puerta al fondo del pasillo.

   ¡¿Y por qué no se lo había dicho antes?!

   —Póngase a salvo, iré a rescatarlo.

   —Pe-Pero... ¡WHOA, AH!— las probabilidades de que salieran heridos aumentan si la mujer lo acompaña, como en su intención se refleja, así que no titubea al cargarla estilo nupcial y solidificar una vez más la rampa por la que desliza a la mujer bajó, sólo por si las moscas.

   Entonces fue a rescatar a quién sea que se haya quedado fuera de su radar. ¿Por qué no pidió ayuda, a todo caso?

   Sus paredes improvisadas de hielo se están viniendo abajo, el techo colapsa. Milagrosamente llega indemne a la habitación del fondo. El edificio no resistiría mucho más.

   La puerta está trabada, se decanta por derribarla con una buena patada.

   —¿Hola, hay alguien aquí?— llama con la tos cruzándose en la oración. —, ¡¿dónde estás? Iré por ti!

   Más allá del retoce del fuego quemando su alrededor, no oye absolutamente nada.

   —¡¿Hola?!

   ¿Le están jugando una broma de muy mal gusto..? Podría tratarse de un civil desmayado también. Shoto se aventura a descubrirlo, revisando entre los escombros de lo que fue una sala. Esto ya se había extendido infructuosamente más de lo deseado y perdió la cuenta de cuántas personas lo reconocieron con sólo una ojeada.

   Rayos, que lo compararon asimismo con Touya.

   ¿De casualidad Touya tiene un Quirk de hielo? Por supuesto que no. De nada.

   Se está molestando por nada. Una muy mala señal. Recorre el baño, el comedor y la cocina, seguía sin declarar eureka. Su cuerpo está cansándose de correr por ocho pisos arriba, y eso no le viene a cuento, después de esto tendrá que luchar con un villano.

   Gruñe y resopla, también le duele respirar. Muy poco le importa dañar propiedad ajena, tumbando la puerta de una habitación pequeña. Genial, tampoco hay nadie, ya revisó todo el departamento y—

   —¡BUAAAAAAHH!

   El vagido de un bebé lo retiene de irse al carajo.

   Un bebé. Un. Bendito. Bebé.

   ¡¿Quién abandona a su hijo en un incendio?! Esa señora merece que le quiten la custodia de su descendencia.

   —Shh, calma, shh, estás a salvo...— Shoto arrulla con la voz más suave que puede encontrar en sí mismo.

   Mece el bulto cuidadosamente acomodado entre sus brazos, alcanzando a tomar una cobija diminuta y la humedece con la combinación de su Quirk. Ese bebé debía estar siendo custodiado por los ángeles, de otra manera no se explicaba cómo es que ni el fuego ni el humo habían tocado su pieza. Cubriendo el frágil cuerpo, trota hasta la ventana que anteriormente rompió del octavo piso. La escena parece sacada de una película de Hollywood: esquiva las brasas y los trozos de techo desmoronándose, se impele de los objetos destrozados y acuna al bebé en su pecho.

   —Estamos cerca, bebé— dice con la garganta destrozada por el humo, sujeta delicadamente la diminuta cabeza. La criatura no para de sollozar. No lo culpa.

   Salta los obstáculos y se agacha para cruzar el techo arrumbado en el piso. Está tan cerca de poder saltar al exterior. Sus ojos arden por la cantidad insana de dióxido de carbono. Lo conseguirá, salvará al bebé en sus brazos y desaparecerá en la penumbra, dejándole la vela a los bomberos. Un poco más, la ventana está frente suyo.

   Se impulsa y salta.

   Lo ha logrado. Está afuera.

   El aire fresco limpia las impurezas y se siente revitalizado. Su cerebro está maquinando, estimulado. Activará su Quirk en el pináculo de la parábola y se deslizará al suelo para entregarle a la irresponsable madre su hijo.

   Por fin algo en su enredada vida está saliendo a su favor.

   —¡Ten cuidado!— la, extrañamente, conocida voz advierte de forma tardía acerca del objeto volador desconocido a sus coordinadas, siendo incapaz de esquivarlo al ir directo a la parte trasera de su cráneo.

   No tiene ojos en la nuca, sean un poco considerados con Shoto.

   —¡AHG!

   Exclama adolorido por el impacto del pétreo objeto no clasificado al posterior de su cabeza, perdiendo total equilibrio, su cuerpo cae en paralelo de la rampa que apenas había fabricado, desmoronándose junto a él.

   Su mente se aturde, viendo borroso y escuchando distorsionado. Hay potencial de que lo hayan golpeado en uno de los nervios. Maldita sea.

   El bulto desaparece de sus firmes brazos y la turbia estética impide que lo recupere. No, no, ¡NO!

   ¡El bebé!

   —Vuelve, vuelve... ¡vuelve!— patalea y sus manos se agitan en la nada, buscando a ciegas.

   —¡¡¡BUAAAAAHHH!!!

   El grito es lo suficientemente fuerte para distinguirse en la nebulosa confundida de su mente. Abre los ojos violentamente, ve luces y manchas intercaladas, intuyendo que esa pequeña mancha negra y azul es el bebé envuelto en sabanas. Estira los brazos, pero está muy lejos de sí.

   Piensa, Shoto. ¡Salva al bebé!

   Su cerebro no se ha recompuesto del todo, mas, lo obliga a oprimir su lado derecho nuevamente. Tiene fe en que su puntería atinará, a que el hielo atrapé al párvulo cuerpecito y lo acerca a esa otra sombra que le figura a un hombre aproximándose a gran velocidad.

   Los vítores festivos de alborozo deben ser algo bueno, así que elige creer que el bebé ha sido pescado.

   Eso... eso es bueno.

   Es un buen momento para descansar.

   —¡NIÑO!

   Ah, Shoto también está precipitándose hacia abajo.

   —¡Demonios!

   La caída fue mucho más larga de lo que creyó, pero eso no alivia ni un poco la inminente colisión de Shoto en la acera. Para el colmo de males, cae sobre su costado izquierdo en una hoguera de ascuas.

   —¡AAAAAHHHHHHHHHG!

   Había olvidado cuánto duele el fuego y que él tampoco es aprueba de llamas.

 

 


 

 

   Un tablón de madera. Perdió la noción por un vil tablón de madera.

   Desgraciada sea su suerte.

   —¡¿En qué diantres estabas pensando?! No, pongo en duda que siquiera estuvieras pensando— el héroe de tez morena, conocido en los medios como Rock Lock, pasa los dedos por el cuero cabelludo en un tipo de tic. —. ¡Mírate nada más, acabaste peor que las víctimas!

   Que irónico, su lado izquierdo —el del fuego— había sido la porción que recibió la lamida del averno, teniendo que ser tratado por los paramédicos. Ahora su brazo, tórax y muslo están vendados a lo largo y ancho de la carne semi-chamuscada. Su cara no es una excepción, la piel naturalmente pálida está atiborrada de gasas.

   Por ahí escuchó un chiste a sus espaldas acerca de las quemaduras de tercer grado y teteras, una referencia le explicaron. Les es ininteligible.

   —No se supone que te encargues de la tarea de los adultos, niño— aun desde su sitio, con una mantita y chocolate caliente en las manos, quiso contraatacar y hacerse respetar por el futuro héroe en el que se convertiría. Pero algo en la mirada furibunda del señor Takagi le dijo que se quedara callado. —. Pusiste en peligro la vida de un civil, menor de edad para variar, ¡y de paso dañaste tu integridad física! Muy mal, todo mal.

   Frunce el entrecejo.

   El público discrepa. Cuando su consciencia despabiló, la concurrencia le aplaudió en algarabía, muchos se acercaron para verificar que estuviera bien y le dedicaron líneas de aliento. Opinaron que manejó la emergencia como todo un profesional. Hasta le dieron palmaditas en el hombro no-inflamado.

   Suspira como último recurso. No podrá decir nada ante el hombre que por el día salvaba la ciudad y de noche se desempeñaba como un padre amoroso que velaba por su familia. Es flagrante que está viendo a través de Shoto a su niño. El sentido paternal estalla cuando un fallo operativo lo hizo aventar el tablón de madera en el que iba a impelerse, no previendo que Shoto irrumpiera del calvario al que asistió con el afán de coadyuvar y acabará siendo el blanco de su proyectil. Rock Lock hizo maromas para no ser presa de la gravedad y recuperar su pieza, disparándose una vez más, abriendo los fornidos brazos para capturar a Shoto; mas sus extremidades se vieron ocupadas por un bebé, dejando al adolescente a su suerte.

   El bebé está siendo mojado por las lágrimas de su madre. Shoto sonrió suavemente, al menos pudo salvarle la vida. Cuanto menos le correspondía la mitad del crédito. O un setenta porciento.

   —Afortunadamente, la señora no se angustió tanto como para levantar una queja o demanda— Rock Lock cruza los brazos, frotándose la barbilla. —, y los civiles están agradecidos contigo. No sufrirás de la polémica social— resopla largamente, quitándose un peso de encima.

   Contrario a Shoto, apesadumbrado por el cúmulo de agobio y ansiedad, chapoteando en sus botas y jalándolo al hoyo. La ha cagado.

   —Perdón...— bisbisa en un soplo.

   Arruinó el trabajo de Rock Lock.

   —¡Disculparte no lo zanjará!— el padre retorna al coraje. El baile de las llamas en su rostro lo hacen ver mucho más atemorizante. ¿Por qué le recordó a su padre? Rock Lock está siendo mil veces más amable, y aún así no lo puede ver a los ojos. — Estudias para la UA, ¿no?, ¿qué haces a estas horas de la noche, aquí afuera? Mañana será día útil, de ninguna manera tus profesores autorizaron esta salida.

   Mierda.

   Las ambulancias cantan por la cuadra. Finalmente, los policías vinieron a delimitar el perímetro. Shoto tuvo asiento en primera fila, desde la camilla en que lo atendían, para contemplar el trabajo de los bomberos, sofocando la vehemencia del edificio encandilado; en colaboración con el héroe, que con su Quirk "bloqueo" inmovilizó la devastación generada por la construcción. Los daños aminoraron una vez el incendio se desvanece.

   Rock Lock se dirige a Shoto y por la media hora restante en que los bomberos recogen los escombros peligrosos, regañándolo.

   —¿Te escapaste?— interroga rigurosamente. Shoto traga el nudo en la garganta y éste se aloja en la boquilla de su estómago, es inevitable que llegue a la perentoria conclusión. — Contéstame, jovencito.

   Empieza a odiar ese sustantivo.

   ¿Con qué cara se va a alzar para aceptar la culpa? Aún cabizbajo, asiente.

   No es como que sea una sorpresa, los estudiantes no salen de las instalaciones con el traje puesto a menos que un profesor los esté monitoreando. Rock Lock omite lo obvio del hecho y refunfuña con más ganas, casi indignándose.

   —¡¿Qué le diremos a tu padre?!

   El chocolate a medio tomar estuvo por derramarse de las trepidantes manos de Shoto. Su pecho da un vuelco. Pavor psicológico que envenena cada centímetro de su ser y lo hace estremecer. Las represalias se materializaron en sus pesadillas.

   —¡No lo llame!

   —Ni creas que seré indulgente contigo. Jovencito, estás castigado.

   —¡No le diga a Endeavor!

   —Tu padre estará muy preocupado por tu salud, ¡pudo haber sido muy grave! No se juega con fuego, niño.

   —Por favor, no se lo diga a Enji.

   La taza de cocoa almibarada y la mantita desaparecieron. Shoto sale de la patrulla y junta las manos en son de súplica.

   —Hable con mi tutor, llame a la UA, pero no le diga a mi padre.

   Los labios del señor Takagi tiritan.

   —Oye, Endeavor no te castigará por siempre...

   —Por favor— Shoto resiste el ardor de las yagas, si va a implorar, tendrá que hacerlo bien. Se dobla los noventa grados indicados en la etiqueta. —, no se lo diga a mi padre.

   —¡Oye, espera!, ¡párate o no sanarás!— Rock Lock pasa una mano por su espalda, irguiéndolo cuando un gemido baila por los labios del menor. Las manos del mayor lo empujan débilmente para que vuelva a sentarse, ocupándose de arroparlo con la cobija, al tanto que chasquea la lengua. — Está bien, yo no se lo diré a tu padre. Pero tarde o temprano se enterará, y no estará muy contento contigo.

   Shoto bufa. ¿Cuándo lo está?

   —No se repetirá...

   —Por supuesto que no. Tú sigues estando en problemas— Takagi-san coloca las manos en jarra. —. Me aseguraré de que Eraser te propine un buen castigo. Ahora, entrégame tu licencia, quedas suspendido.

   Shoto desfigura la cara. Su tumba cada vez más honda.

   La palma extendida en sus narices altera su sistema nervioso.

   —¿Y bien?

   No estuvo ni cerca de cazar al villano.

   —Maldición.

 

 


 

 

   —Lo siento, chico. No tengo palabra aquí— fue lo que dijo Rock Lock mientras un guardia de seguridad le quita las esposas estando ya dentro de la celda, en la delegación. —, ¡llamaré a tus parientes para que te saquen de aquí!, ¡lo prometo!

   Rock Lock está siendo escoltado hacia la salida y Shoto se altera ante lo prometido. El uniformado cierra con llave las rejas y Shoto se avienta sobre ellas.

   —¡No, por favor, no lo haga!

   No obstante, Rock Lock ya no se halla en los separos.

   Shoto se caracteriza por ser, en general, el relente de la familia. El adusto en su círculo amistoso. El chico paciente, quien nunca perdía los estribos. No hay muchas cosas en este mundo que le hagan salir de su aplomo inexpresivo. Así que es un auténtico show verlo rabiar y hacer berrinche, como justo lo está haciendo, allí, arrestado por incumplir las leyes públicas, posicionado a la misma altura de otros delincuentes.

   ¿Qué demonios hará? De todos los escenarios estimados, por qué éste es el que prevaleció. Todo lo malo que podía pasar, pasó.

   Joder, joder... ¡joder!

   Esto no era bueno para su imagen. Está conjeturando la colosal ignominia que decorará los titulares: Shoto, el hermano menor del héroe Dabi, preso. La crítica de su padre será feroz, como nunca lo ha sido. Sus puños se estrellan con la pared, su cara se recarga en el rasposo tabicón. El sudor congelado le recorre la espalda, consecutivo al escalofrío. No sabe si Enji también lo...

   "—¡Eres una deshonra!—" recrea qué dirá. "—¡¿Sabes el escándalo en el que nos acabas de meter?!"

   Su padre podría ser capaz de, bueno, uhg...

   "El moribundo cuerpo Shoto azota el piso revestido de tatami".

   Shoto languidece en el desagradable intento de cama. Si lo sigue pensando, vomitará.

   Esconde su vergonzoso rostro entre sus manos sucias. Su nariz sorbe. El carmesí trepa por sus pómulos, pintando el hélix y la frente arañada. La cólera, el bochorno, la decepción, la cobardía... combinándose.

  Muerde el enjuto belfo inferior, del ojo plata le escurren gruesas lágrimas. Plañiría por su ojo izquierdo también, pero la enfermera le explicó que tal vez se haya quemado el lagrimal.

   —No.. esto no está sucediendo... no, por favor...

   Farfulla en su ahogado gemido.

   Fracasó.

   No consiguió, ni lo hará, demostrar su potencial como héroe, ya es historia. Para el viernes será borrado de la lista en la UA, el lunes de la semana entrante estará sentado en los asientos de un avión, custodiado por los guardaespaldas de Endeavor. La Comisión lo disciplinará. No tendrá tiempo para despedirse de sus amigos, o de sus hermanos, o de Izuku. No los verá hasta cumplir la mayoría de edad... un reformatorio, su padre lo enviará al reformatorio conocido como "La Comisión de Héroes".

   ¿Todo por qué? Porque no pudo ni siquiera dar con el villano que se propuso. Pensándolo bien, ese villano lo haría papilla —como pronosticó certeramente Izuku. Si no podía con un simple rescate, ¿qué le hacía creer que una amenaza a gran escala sería diferente?

   Si no hubiera fallado con ese bebé. No revisó bien la habitación la primera vez. Alguien pudo morir cremado por su incompetencia. Si no pudo amparar a un lactante, ¿algún día crecería lo suficiente para salvar a una, maldita sea, una persona?

   Debió haber acatado lo que Izuku le aconsejó. Él siempre tenía razón, ¿por qué esta vez no la tendría? Oh, Izuku. Midoriya le va a aborrecer. Hizo exactamente lo que pidió que no hiciera. Antes de que aborde el vuelo al continente americano, el pecoso terminará con él en la estación aérea. Y lo peor de todo, es que se lo merece.

   Lo merece por ser tan descuidado en la prueba para obtener las licencias. Por no darlo todo en el festival deportivo. Por no ser la antítesis de Touya.

   —Demonios— con el dorso de la muñeca se quita el agua salada, pero es inútil, su ojo seguirá lagrimando.

   —Oi— un guardia retumba los barrotes con el manojo de llaves. Shoto apenas trina la garganta. —. Tienes derecho a una llamada, hazla rápido.

   Shoto le da la espalda al oficial y se coloca en posición fetal sobre esa incómoda cama, abrazando sus piernas para guardar calor. La noche será fría.

   ¿A quién llamaría?, ¿a su padre, para atarse la soga al cuello más rápido?; ¿a Natsuo?, ¿para que le diga que no tiene dinero para la fianza?; ¿a Fuyumi?, ¿para que aparezca acompañada de sus furiosos padres?; ¿a Izuku?, ¿para que le termine por teléfono?

   —No la quiero.

   —Niño, si no la haces, pasarás la noche en este agujero.

   —No, gracias.

   El oficial se queja.

   —Mañana no estés lloriqueando si nadie viene por ti antes de que te traslademos a una correccional. Haz lo que quieras.

   ¿La cárcel juvenil? Sí, bueno, iría una llamara o no.

   La celda está desolada. Un orinal y lavamanos, sin ventanas, con las rejas aledañas a otras celdas. Debía sentirse dichoso de que no tuviese "compañero de cuarto". La diminuta y dura cama es enteramente para Shoto.

   —Lo siento... lo siento.

   No está seguro de a quién le pide disculpas. Hay una larga lista.

   Tal vez se pide perdón a él mismo... por no cumplir con su palabra. Sus metas, las que atesoró en sus entrañas, se desmoronarán ante sus ojos, sin poder hacer nada. Pero, sobre todo, por ser insuficiente.

   Su padre tenía razón. Jamás será como Touya.

   Los mocos obstruyendo su respiración lo fuerzan a dormirse.

 

 


 

 

   —¡Métanselo por el culo!

   La pre-cede de prisioneros amaneció movida.

   Shoto despega los párpados flemático, aletargado. Sus pestañas castañearon antes de abrirse y cegarse, le dolían los ojos. Con el pulgar hurgó en la cuenca de su ojo bueno y tiró asqueado la lagaña.

   Su cuerpo espabila entumecido. No esperaba menos. Si decidió dormir en posición fetal por toda la noche, aún sabiendo que sus quemaduras escocerían al instante en que el conocimiento avispara en su abrumado cerebro. Le dará migraña.

   —Ah, ¿sí?, ¿le dirás a mi papito? ¡Pues díselo! Ultimadamente.

   Shoto gruñe irritado. Quiere ahogarse en su miseria, gracias, déjenlo dormir. Además, ¿por qué esa voz suena infernalmente conocida?, ¿está escuchando voces?, ¿el karma se lo cobrará arrebatándole la cordura?

   Si tuviera una almohada se taparía con ella la cara. Con suerte se asfixiaba.

   Rotó mascullando injurias, descansando las heridas boca arriba. Podía sentir la humedad en el flanco sanguinolento izquierdo. Las vendas se soltaron. Sus sentidos lo apuñalaban, creyendo que el exterior de la yaga tiene un efecto efervescente y ardiente, en el mal sentido. Jadeó al rozar el brazo.

   —¿Es ése?

   —Afirmativo— las suelas de botas resonaron afuera de la celda.

   Ni siquiera tenía ganas de ver qué suscitaba el alboroto. A lo mejor meterían a otro reo a su habitación temporal. Mala suerte para el pobre diablo, le ganó la cama y no se moverá hasta su próxima vida.

   —Oi, oi ¡oi!, ¡enano! Arriba, ahuevoneado. Hoy no pisarás el bote... aún— voz raspada, floja y burlona. Combo constituyente del ADN de aquel que causaría estragos hasta en el guijarro más infame de su realidad.

   El dolor fue inferior al golpe de shock que ocasionó ver a Touya, ahí, parado, detrás de las rejas. Las cejas albinas pesándole, la línea de la boca figurando una risa cínica, los piercings destellando en las orejas, nariz y ceja. ¿Labio también? No está seguro, la vista sigue opacada. Tenía las manos guardadas en los bolsillos de los jeans rotos, ajustados y negros. De hecho, todo él es constituido por prendas negras, hasta su cabello se perdía en la amargura de la oscuridad. Las cadenas en la cintura, los brazaletes y anillos dorados desentonaban el uniforme color.

   —Buenas tardes, bello príncipe— alzó la barbilla juguetón, presumiendo el tatuaje naciente en las clavículas. Shoto creyó que era una alucinación. —, ¿dormiste como un bebé?

   —Touya...— murmura estupefacto, comprobando que la imagen de su hermano mayor no fueran juegos de su mente adormilada.

   —El único y original.

   —Touya.

   —Sí, mi nombre no ha cambiado.

   —Touya.

   —Estás siendo pedante— frunce el ceño como sólo él sabe hacer. Su cabeza rebotó hacia abajo, rascándose la nuca. —. ¿Ya despertaste? Vente, te sacaré de este basurero.

   Shoto se presiona para creerse que Touya, el hijo perfecto, está en la delegación para sacarlo de la prisión. La quijada se le desencaja.

   —¿No me escuchaste, enano? Dije que te levantarás. ¿O es que ya te está gustando? Digo, la prisión tiene más estilo que tu habitación. Ja.

   Shoto lo mira atentamente. Sentado, recto, conmocionado.

   —¿Estoy hablando con una roca o qué? ¡Apúrate!

   Shoto despabila del estupor. Definitivamente ése de ahí es Touya, su hermano mayor, don perfecto. El que lo salvaba de meterse en problemas aun cuando andaba en pañales. Rechina los dientes, sosteniéndose las costillas. Camina hacia la salida de la celda.

   Un segundo...

   La apariencia de Touya es... distinta. ¿Cuándo? Tinte, perforaciones y tatuajes.

   Abre bien grande los ojos.

   —Papá estará tan furioso. /—El viejo estará tan furioso.

   Parpadean por la coincidencia.

   —Pff...salgamos de aquí, pequeño Shoto.

 

 


 

 

   Touya está fumando el cigarrillo sentado en el capó del auto. Otra costumbre que su padre reprobaría. ¿Por qué el primogénito ejemplar le está desobedeciendo?, ¿se le cruzaron los cables?

   Shoto mordisquea una hamburguesa con extra-queso, succionando de la pajilla el batido de fresas. Pésima combinación. Tampoco le gusta la comida rápida, demasiado procesada para su gusto y la textura del pan le reseca los labios, la grasa se queda pegada a su paladar, las verduras ni siquiera están frescas; fue bastante insistente con Touya para que se abstuviera de comprar el paquete infantil premium, pero tal parece que ignorar olímpicamente a Shoto está siendo una nueva tradición. Al menos Touya corrió con los gastos, y le regalaron una corona de cartón. Se vería bonita en Izuku.

   Touya le dijo que comiera lento, no hay prisa. No pensaba llevarlo a su pena de muerte tras la última cena. Dijo que no era tan cruel. Shoto no está seguro de creerle. El consentido de papi debía ser muy apegado a su progenitor, entonces no cabría duda de que éste lo delataría cuando menos lo esperase.

   Salieron de la delegación al alba. Touya se hizo responsable de todo el papeleo, incluido pagar de su bolsillo la fianza. Si su oído no se equivocaba, hasta pagó demás para que este evento fuera borrado de su expediente... no suena muy legal, mas no preguntaría.

   Los policías les dieron una cátedra de recomendaciones y advertencias para el futuro que a Touya le entraron por un oído y le salieron por el otro. Shoto no escuchó más allá de sus propios acezos de dolor.

   Touya le abrió la puerta del copiloto caballerosamente. Condujo en completo silencio hasta estacionarse en el hospital más cercano. Shoto hizo varias muecas al ver la cruz roja. El reciente azabache ignoró sus alegatos y lo cargó hasta la entrada cual costal de papas. En fin, la dignidad de Shoto era un dulce recuerdo del ayer.

   Un par de horas después, cubierto de ungüento, vendajes nuevos y medicamentos recetados, se fueron en mutismo al primer Burger King que Touya tuvo la desdicha de ver. Touya apestó el auto con los aros de cebolla crujientes, riéndose de las náuseas impresas en la cara de su hermanito. Shoto no probó bocado hasta que su contrario acabó de comer, estacionándose en un terreno baldío.

   Había una razón para que lo trajera a un sitio privado.

   No tuvo oportunidad de preguntar cuando el casi héroe irrumpió sus especulaciones, avisándole que fumaría afuera, mientras Shoto comía.

   Sus manos quedaron lubricadas de grasa, la sensación de vómito persiste, pero ya no tiene hambre. Más al rato se lo agradecería.

   Las ojeras se acentúan en el demacrado adolescente cuando enciende su celular. Había cientos, miles, de notificaciones. Todavía ninguna de sus padres, pero están próximos a llegar. Shoto no posee el espíritu para lidiar con ello. Lanza el teléfono a la guantera. Los antibióticos cumplen con su cometido, ya no le está matando encogerse hasta abrazar las piernas. Touya lo regañaría por subir los zapatos a su valioso asiento de piel.

   Aún es demasiado.

   E inevitable. A Shoto le espera una avalancha de consecuencias que aniquilarían lo que le queda de alma. No está listo. Touya lo sacó de la prometedora prisión; sin embargo, ello no significa que le solucionó todos sus problemas. Es la punta del iceberg.

   Repentinamente la puerta del conductor se abre y el auto se balancea por el peso sumado. Shoto se enjuaga las nacientes lágrimas.

   —¿Estuvo buena?— pese que el cigarrillo había sido tirado por ahí, el hálito grisáceo sale de sus encías. La nicotina atraviesa el olor a fritura. A Shoto le produce repelús.

   —Sí... gracias.

   ¿Hace cuánto no... hablaban? Como hermanos. El colmo es el inexorable tema de conversación. Jodidamente embarazoso.

   —So... ¿me dirás qué pasó o seguiremos pretendiendo que el tapiz es más interesante?

   Shoto no se atreve a salir de su escondite. ¿Con qué cara? Si antes se avergonzaba de lo que le hizo pasar a Rock Lock, con Touya aquí, quería volverse un charco de agua. Ser pisado o trapeado.

   —... me arrestaron.

   —Soy consciente, genio.

   —Por operar sin licencia.

   —Leí el expediente, me sé el caso— ni Touya o Shoto tienen la mínima intención de enfrentarse cara a cara. —. Saltémonos a la parte en la que crees que es buena idea escaparte de la escuela y jugar al héroe.

   Shoto rasguña los pantalones de su traje de héroe, no se ha cambiado. Hace tiempo que no le costaba tanto... hablar. La comunicación siempre ha sido uno de sus puntos flacos, débiles, pues en un hogar como el suyo, donde el respeto se imparte a través del silencio, no al revés, es inasequible que uno de sus miembros quiera "quejarse"; empero, en esta clase de sociedad, quedarse callado a veces es casi tan malo que cometer un robo a mano armada. Sus amistades han sido muy empáticos con él para que ahora tenga la confianza suficiente de expresar lo que siente como le venga en gana cuando está entre los estudiantes de UA, aunque todavía están lidiando con su enorme sinceridad que tiende a rayar en la crueldad. Que las cuerdas vocales se le tensen y selle el hocico, le atisba de una frustración inmoderada, porque es igual a echar a la basura todas esas horas y momentos especiales en que los chicos invirtieron en él. Casi tan corrosivo como las ocasiones en que su padre le echa en cara el mal hijo que es. Sincerarse con su intachable hermano es un paso gigantesco.

   Si tiene que ser honesto consigo mismo, sus sentimientos por Touya son confusos. Muchos años de reflexión y lectura de libros sobre las relaciones familiares en psicología, lo han llevado a reconocer que lo detesta por las razones equivocadas. Sin embargo, llevar la resignificación de su cerebro al corazón, donde el odio atribuido por la maña constante de sus padres por compararlos es casi imposible. No importa cuánta lógica le contrarie, sigue acorralándolo un rencor inexplicable e irrefrenable. Se le adhiere que, en efecto, Shoto lo envidia, por hacer todo lo que él no, sin sudar.

   Mas, con todo su pesar, también lo quiere. Porque no puede borrar los recuerdos de su infancia, cuando los cuatro eran más unidos. Touya era una bomba inesperada. Volátil, pero siempre afable, cubriéndoles las espaldas. Y lo admira, el héroe que aspira convertirse es exactamente igual a Dabi. Hace las cosas increíbles él solo, sin necesidad de apantallar con el apellido o su legado. Las "llamas del infierno" son su truco preferido, Shoto todavía no es capaz de dominarlo.

   Touya está en un lugar muy distinto al suyo.

   Carraspea.

   —Quería cazar a un villano.

   —¿Un súper villano?

   —Un súper villano.

   Hay una pausa.

   —¿El incendio?

   —Fue casualidad.

   Touya está reuniendo las piezas. Le falta una tachuela para atar los cabos. Respira hondo. Una mano huesuda se posa un poco más debajo de la nuca y le da un apretón amistoso.

   —¿Por qué..?

   Shoto se traga el orgullo. Ya no le queda nada que proteger de sí mismo, sus defensas fueron tacleadas. Literalmente, es un cadáver con boletos VIP al infierno.

   ¿Qué más da, para este punto? Si Touya se burla de él, le dará la razón.

   —Porque así seré como Tou'-nii— recita en un hilo de voz, hundiéndose más en las rodillas. Las inseguridades lo carcomen.

   El pelinegro voltea a ver el bulto en que el que se ha convertido su hermano, boquiabierto.

   —¿Disculpa?

   —Si soy como Tou'-nii, mamá y papá estarán orgullosos— Shoto aparta la mano que le confortaba, haciéndose completamente bolita. —. Así dejarían que me quedara en la UA.

   Si antes la incomodidad era intolerable, ahora el aire dentro del auto es insoportablemente sofocante. Cuenta los segundos, la espesura incrementa.

   Luego de un sólido minuto, Touya se arma de valor.

   Oh Jisus, tendrían LA charla.

   —¿Eso crees?

   —Eres su favorito, después de todo— la vocecita de Shoto se amortigua por la barrera de sus brazos y piernas. Touya hace un gran esfuerzo por atender.

   —¿El favorito? No me pasaron el memo— ríe amargamente, creyendo que un chascarrillo diluiría la tensión. No lo hace. Touya se remueve, aclarándose la garganta. —. No lo soy, enano. No tienen favorito.

   Shoto bufa sarcásticamente.

   —Cómo no.

   —Lo digo en serio. Son igual de pesados con los cuatro— Touya lo intenta. Shoto se está haciendo más chiquito. Touya resopla. —. Ains, ¿quién te convirtió en una perra dramática? ¡Okey! Te lo diré: dudo mucho que el favorito de nuestros padres sea quien ya pisó cinco comisarías distintas en América, y no hablo sólo de USA.

   Las orejas y cola de gato impalpables se ponen de puntas, erizadas. ¿Qué clase de argucia fue ésa? No, el perfecto Touya no podría haber estado en la cárcel, no debe de conocer ni siquiera una multa de tránsito. Lo decía por decir, para que no se sienta tan mal consigo mismo. Shoto se endereza como un resorte, eso le parece más insultante.

   —No es cierto.

   Touya tararea. Con la mano pintarrajeada de tinta tejida sobre la dermis sopla su desinterés. Shoto abre la boca grande. ¡Tiene que estar tomándole el pelo!

   —Fue durante la preparatoria. Delitos menores. ¿Por qué crees que me enviaron a una especie de reclusorio?, ¿por portarme como un querubín?

   ¡Eso no es posible!

   La mente de Shoto explota.

   —Pero... pero ellos siempre se pavonean...

   —Óyeme, soy un desastre, pero un desastre cotizado— y Touya no podía ser Touya si no saca a brillar la diva que trae por dentro.

   —No lo comprendo... papá siempre habla de lo increíble que eres...

   —¡Epa! Yo no he dicho lo contrario. SOY increíble.

   —Papá y mamá nos recalcan a diario lo correcto que eres...

   Entonces, los aires se desinflan de sus hombros altivos. Touya se hace uno con el asiento de piel, tallándose el prolijo cutis.

   —Sí, bueno, papá y mamá suelen exagerar muchas cosas— Touya estira los brazos adelante, en el manubrio, y por primera vez sus orbes lo miran. —. No soy ni la mitad de impecable de lo que te contaron.

   Shoto no pudo, no quiso, procesarlo.

   Entonces, todo esto, prácticamente inmolarse en carne viva, ¿fue por nada?, ¿nada?

   —Mientes.

   —Oye, yo sólo te estoy dando la versión de mi historia— Touya alza las manos en son de inocencia. —. Siempre fui la oveja negra. En la primera oportunidad que tuvo, papá me mandó al otro lado del mundo a darle lata a alguien más.

   Shoto, traicionado y extraviado, se tapa las orejas, negando las sofismas ingratas que esputa la pérfida boca del impostor de su hermano mayor.

   —Eso no es cierto... ¡Touya es perfecto!

   Porque, si no le es, ¿eso en qué lo convertía a él?, ¿qué sería de Shoto?

   —O sea, sí soy muy cool y eso, ¿pero perfecto? Tss, tampoco tanto. Ése no es un peso con el que quiera cargar.

   —¡Cállate!, ¡Touya no es—

   La vena del alegado pulsa en su sien. Shoto coacciona sobre su tolerancia.

   —Yo soy Touya, por si ya se te olvidó. Y yo no soy perfecto— la autoritaria voz de su hermano le hela la sangre. Touya pone los ojos en blanco una vez que se desinfla. —. Al menos, no como a ellos les gustaría.

   El pelinegro gruñón actúa sibilino en lo que, meditabundo, cambia los canales de la radio, para postergar un poco más su participación en la conversación. No se decide por ninguno y lo apaga.

   —Mira, yo me independice de ellos básicamente cuando me echaron del continente. Si me catapulte como héroe fue porque se me hincho un huevo— Touya ve por la ventana las chatarras parqueadas a su alrededor. Sus dedos juegan ansiosos, quería fumar.

   Shoto parece una vieja computadora Windows almacenando la nueva información.

   —Nuestros padres se atribuyeron el crédito de mis logros— el fuego danza en los perfilados zafiros de Touya, resentidos. —. ¿No se les ocurrió a ustedes tres que tal vez los manipulan con un "hermano perfecto" para que no les salgan como yo? Rei y Enji lo hacen seguido, te quebrantan y moldean.

   Las gemas heteróclitas de Shoto le miran de hito a hito, patidifuso de lo implicado en el enunciado final.

   —¿Eh?

   —Ya sabes, la obsesión de Enji por cotejarnos. Un buen padre me llamaría para preguntarme: cómo va la escuela; ¿el nuestro? Me marca para recordarme que el pequeño Shoto es la invención que siempre soñó.

   El mundo de Shoto se viene abajo.

   —¿Te.. te comparan..?, ¿conmigo?

   —Ding, ding, ding. Tenemos un ganador.

   Oficialmente, el alma de Shoto abandona su cuerpo.

   La memoria de Shoto ha sido la más grande incógnita de su dueño. Remembranzas de acogedores brazos maternales cargándole en el vergel, cabello albo cosquilleándole en la barbilla y aterciopelado aroma a petunias; se contraponen a las reminiscencias de una regla de metal disponible al alcance del juego de té, los brazos en equis sobre el voluptuoso pecho de quien le ha disciplinado, aguantándose el llanto que genera las palmas inflamadas o le pegará más fuerte. Memento de noches construyendo castillos de almohadas en los que su protector general y el párvulo Shoto se resguardaron para ver una película, el pelirrojo nombrándolo "campeón"; buenos tiempos eclipsados por la gruesa voz vociferando su debilidad, la tiránica sombra pisándole los talones a donde quiera que fuese, restringiéndole la diversión que añoraba a través de la perenne ventana cerrada.

   La transición de padres amorosos a cretinos de categoría está nublada, bloqueada de su inconsciente.

   No obstante, la singular constante a lo largo de su vida —lo que revoca tantos de sus traumas infantiles y complejos— persiste fresca, retentiva e indeleble en su zozobrada psique: Todoroki Touya. No su hermano como tal, no; no el jovencito que le regalaba los dulces que él no quería, que le dejaba dormir en su futón cuando las paronirias se colaban en su sueño, el que se burlaba fraternalmente con sus hermanitos. Ese Touya no.

   Más bien, aludía al otro Touya. Al perfecto. Al inalcanzable. Al gran y poderoso Dabi.

   Por el cual sus padres se desvivían. Del que se jactan cuando las visitas están de paso. El que posa su flamante traje heroico en la fotografía del tamaño de la Virgen y que cuelga del comedor. Por quien se quedó noches enteras memorizando los textos educativos de sus guías, o si no, "no serás exitoso, como tu hermano". Siguiendo la filosofía que Dabi le había legado, alimentado por los celos a ser exactamente igual que él...

   —Em, ¿icyhot?, ¿sigues con nosotros?— invoca Touya con la extremidad tatuada bamboleando en su carota amilanada.

   Dieciséis podridos años creciendo a la sombra de Dabi, ¿y sus tutores tienen el descaro de presumirle a sus espaldas?, ¿a sabiendas de cuánto desea su aprobación?

   ¿A los ojos de sus padres es importante?, ¿él?, ¿Shoto? Es justo lo que anhelaba. El premio sabe de la mierda.

   Shoto fulmina con la gema azul a su predecesor. Acaba de cagar todo lo que conoció. No sabe qué sentir en la disforia tormentosa de su interior. El instinto flota en el mar desembocado, tentándolo a aferrarse a eso único que parece ser lógico: la tirria.

   Sí, Touya es perfecto. Un perfecto idiota.

   Shoto estrella el puño sobre la guantera. La bilis corrosiva convulsiona en su ronco pecho. Tiene que ser una maldita broma.

   —¡No seas estólido, imbécil! ¡TÚ eres Touya: el primogénito ideal!— despotrica Shoto, encaramándose en el asiento de cuero, expulsando violentamente el aire por la nariz.

   —Es un apodo de mierda.

   —¡Eres la estrella de la jodida Comisión estadounidense!: ¡Dabi!

   Touya tiene recuerdos de Vietnam. Shoto le degolló la yugular.

   —Ah la Comisión, un encantador centro vacacional. ¿Quieres descuento? Tengo un cupón— usa la táctica de mofarse de sus percances como medio de autodefensa. Le dará a Shoto diez pollos para callarse o él...

   Un pollo. Dos pollos. Tres pollos.

   —¡¿Qué tienes en la cabeza?!, ¡¿acaso sólo piensas en sandeces?!— cuatro pollos. El arrebato de Shoto es respuesta inmediata a la crisis existencial de los vesánicos sentimientos atormentándolo. Desconoce al hermano aquí presente. — Despierta de una maldita vez, ¡Touya!, ¡eres el maldito emblema de los Todoroki!

   Touya estrangula a los seis pollos faltantes.

   —¡YA, carajo!— oprimiéndolo de los antebrazos, Touya le hace callar agitándolo hasta que el reticente Shoto le pide que se detenga. — ¡Pues adivina qué: soy la mierda más decepcionante de los Todoroki!

   Shoto hace puchero. Sus tímpanos descartan la inverosímil declaración.

   No importa si no es el puritano que le vendieron, seguía siendo Touya.

   —Incluso si ese fuera el caso, nuestros padres aún te aman. ¡Te idolatran! "Oh, Touya hizo tal cosa, como todo un Todoroki", o "Shoto, ¿por qué no eres más como Touya?"— Shoto interpreta una mala imitación de sus más profundos complejos. Sus pupilas se desorbitan.

   Las muelas de Touya crujen con la quijada tensa, apuntado por el acusador índice de Shoto.

   —Estás exagerando.

   —¡No importa si te equivocas! Si fuiste a la cárcel, o si te vistes como un chico malo, ¡ellos sólo verán las cosas buenas en ti! ¡CONMIGO NO LO HARÁN!— Shoto le desgañita a la cara. Touya resuella, inhibido por sus cagadas más icónicas que asaltan su cordura.

   —Shoto, no sigas... yo no—

   —¡CÁLLATE!— Shoto se encima a su regazo, profiriéndole desquiciado, roto. Es su turno de mangonear a Touya. Rogándole, imputándole. — Si yo voy y les digo que me detuvieron los federales, ¡ellos no me tendrán ni un ápice de piedad conmigo!, contigo sí. Porque ellos te escuchan. ¡Ellos te toman en cuenta! ¡Ellos te ama—

   —Embaracé a Kei'.

   . . .

   Shoto boquea atónito.

   —¿Qué?

   —Dije: embaracé a Kei'. Mi novia. Sí te acuerdas de ella, ¿no? La de alitas.

   El cerebro de Shoto sopla burbujas. Cargando información, espere un segundo. No apague el dispositivo.

   —Co-¿Cómo sucedió eso..?

   —Oh, bueno. Cuando un hombre quiere mucho a una mujer—

   —¡Eso no, cretino!— Shoto estira la carne de sus cachetes. — ¿Cómo dejaste que eso sucediera?

   —¿Qué quieres que te diga?, ¿qué se rompió el condón?— Touya escupe procaz, más grosero de lo que quisiera sonar. Shoto lo puso contra su límite. — Si vas a juzgarme, que sea en silencio.

   Entonces, tras una sarta de gritos, el carro encuentra su anhelada paz. Shoto respira como si hubiese corrido una maratón, aplacarse del exabrupto. Recaba en todo lo que ha escuchado hoy y... oh.

   Los tatuajes, los aretes, nunca aparecerse en las navidades... ¿eso no convertía en Touya en el rebelde?

   Haría mayor sentido que, si la teoría se confirma, su padre lo estuviese presionando para estar a la talla de los chismes que el mismo Enji esparció de Dabi. La respuesta automática de su hermano, con el temperamento que se carga, obviamente sería lo contrario a lo que apelara Endeavor.

   Y mas sin embargo, Touya había conseguido su lugar en Estados Unidos. Respetado como futuro héroe y estimado por el público, por su propia cuenta. A su manera.

   Oh no. Oh no, no, no, no, no...

   —Touya.

   —¿Hum?— se le nota exhausto, ergo, más apaciguado.

   —¿Por qué me lo dices?

   Touya lo medita un rato. Ambos se parecen tanto al resignarse.

   —... también traté de enorgullecerlos. Una total pérdida de tiempo— Touya otea a todos lados, cualquier lugar, siempre que no fuera Shoto. ¿Está apenado? —. Puede que me... toleren, por lo prometedora que podría ser mi carrera. Cumple con sus inalcanzables expectativas. Pero no me han aceptado.

   Touya había estado sentado acorde al asiento desde que aventó a Shoto al asiento contiguo, mirando al frente. Toma la dura decisión de adoptar la postura de Shoto, girándose, cara a cara.

   —No eres el único del que estarán decepcionados. Bienvenido al club de los renegados.

   Eso debió sonar como una burla ácida a su propia situación, mas, no hay la típica melodía risible en su hablar. Al contrario, es como un intento de convencerse a sí mismo de que la cosa no pinta tan mal. De que todo será igual que siempre. Echarse porras. Apesta.

   —¿Touya-nii?

   —Serás tío, felicidades— retoma aquello que le pone los vellos de punta. Touya se atraganta.

   —¿No es una de tus bromas?

   —Shotooo— Touya alarga innecesariamente la vocal. —, de nosotros dos, yo soy el que más quisiera que fuera una broma.

   Shoto balbucea pasmado. ¿Qué se supone que diga en esa conversación... delicada? Por un demonio, ni siquiera sabía que Touya tiene novia.

   La ardilla electrocutada por el cortocircuito cerebral reinicia sus labores, colaborando a que Shoto rebusque en el historial. Takami Keigo, ah, sí, la recuerda. Estatura media, ojos mieles delineados, una larga melena alborotada blonda, un acento muy marcado sureño en su melodiosa y coqueta voz, dotada de un cuerpo atractivo y flexible, muy simpática. Caracterizada por su más grande atributo: un par de poderosas y preciosas alas rubí, parte híbrida de su peculiaridad. Futuramente "Hawks": la prodigio de la Comisión Universitaria.

   Takami-san fue la encargada de prestar el discurso a su generación de graduados por sus excelsas notas e impecable comportamiento durante la preparatoria, rebasando por mucho a Dabi, su compañero y mejor amigo. Tuvo la gracia de conocerla directamente, ya que Touya se la presentó a los tres hermanos, en la clausura. Era más juguetona de lo aparentaba en la tarima. Ella le agradó mucho.

   Eso explica el porqué compaginaba con los comentarios fuera de lugar del —en ese entonces— albino, haciéndolo carcajear —cosa rara— con su mente perspicaz e hilarante. Oh, por eso estaban tan juntitos en las fotos grupales, ¿verdad?

   —¿Takami-san quiere tenerlo?— Shoto oscila en manifestar la incertidumbre. Touya casi se fractura el cuello al voltearle a ver, como si le hubiese crecido una tercera cabeza.

   —Sí, ella quiere tenerlo... y estoy apoyándola— Shoto se impresiona de que Touya suba los pies a sus amados asientos de cuero, cruzando las piernas. —. Hay una cosa que quiero que sepas: estamos muy jodidos.

   Shoto espera muchas cosas de su hermano. Que éste decaiga sobre su hombro para que lo consolase, no es una de ellas.

   —Kei'... ella, uhg, fue "adoptada", aunque parecía más un reclutamiento, por los administradores de la Comisión Estadounidense, cuando era una niña— las pupilas de Shoto se dilatan, aturdido. Sabe que la Comisión es una basura abusadora, pero, ¿levar infantes? Eso es demasiado incluso para una organización. —. No tiene familia, ni un solo pariente... yo y sus amigos somos su única familia.

   —¿Qu— 

   —La Comisión es estricta— implícitamente Touya le dice que se calle y escuche, y así lo hace. —. No toleran ninguna falta. Yo era una distracción para su entrenamiento. Aun así, ignoramos los riesgos y comenzamos a salir... hemos sido pareja por unos cinco años.

   Una a una, las neuronas de Shoto renuncian. No soportarían otra implosión.

   El Touya nihilista que conocía no tenía ni la remota pinta del tipo de novio que buscara una relación seria y estable.

   —Pero... la Comisión— el matiz de su timbre raspa a su oír, enervado. —, lo descubrieron antes que nosotros.

   La rabia impregnada en la voz de Touya no es buena señal.

   —¿Qué les dijeron?

   —Trataron de que Keigo abortara— el estómago de Shoto sufre un revoltijo. Touya se aferra a su camiseta, conteniendo la ira. Dabi emerge y sus dedos humean. —. Shoto, casi lo perdemos, y ni siquiera lo sabíamos.

   No quería imaginar la impotencia de Touya. Shoto atrae completamente el fornido cuerpo de Touya, abrazándolo con el corazón en la boca. Las ganas de llorar le invaden nuevamente. Touya se toma un segundo para respirar entre sus brazos. Cerraron los ojos. No hace falta avergonzarse por la cursilería.

   —... Keigo se reveló— Shoto lo estrecha aún más. —. A la Comisión no le agrado. La hicieron elegir: convertirse en la mejor heroína de nuestra generación... o nuestro hijo. Supongo que ya lo adivinaste.

   Shoto lo supo. Aunque no sabe si eso es precisamente una buena noticia.

   —Llegó a mi apartamento, con una maleta y una pansa de tres meses de embarazo— Touya sisea cuando su entorno se torna caliente. —. La echaron. No querían a una pajarita con polluelos, no les sirve... lloró en mis brazos. Ha sido la primera y única vez que la vi tan destrozada.

   Siente mucha pena por Takami-san. Ella había hablado sobre su pasión por el cielo, la luz del Sol y la brisa besando sus plumas al pegar vuelo; el brillo en sus dorados ojos animándolos a desplegar las alas y volar, invitándolos a la libertad. Incluso a él, que no fue reconstruido en ese calabozo de torturas, le inspiró fe. Keigo no merecía ese trato. Keigo merecía ser feliz.

   Entonces, piensa en el otro monomio de la ecuación.

   —... ¿y tú?

   —¿Ah?

   —Tú, ¿estás bien?, ¿cómo te lo tomaste?

   La extensión corpórea del azabache fluctúa en la región óntica.

   —Fue como una patada a la ingle— Shoto quiso asestarle un golpe en la cabeza. —, al principio. Sigue robándome el sueño, pero me ha ampliado la perspectiva. Sé que haría lo que sea por verla sonreír... y me he hecho a la idea de que sacará sus ojos.

   Ríen con la angustia atorada en el pescuezo.

   Shoto tiene cientos de dudas revoloteando en su cabeza, causando tormentas en su ser naturalmente quieto. Pero tampoco quiere atosigar a su hermano, así que sólo se decide por la más mortificante.

   —... Touya-nii, ¿qué vas a hacer?

   Shoto contempla la pensativa faz de su hermano mayor recostada en el pectoral no quemado. No sabía lo mucho que extrañaba los afectos de Touya hasta que los prueba una vez más.

   —¿Primero? Sacar las cosas del departamento que me paga el viejo. No me iré a la calle descalzo cuando me deshereden— ojalá pudiera reanimarlo con decir que eso no pasará, pero estábamos hablando del matrimonio Todoroki. —. Segundo: conseguir un empleo.

   —¿No ahorraste la remuneración de tu servicio social?

   —Tsk. ¿Crees que nos alcanzarán unos mugres cinco mil dólares? No son eternos, se acabaran tan sólo de pagar el nuevo apartamento y los pañales— Shoto concede que tiene un buen punto ahí. —. Tercero: abandonar la escuela de héroes.

   El dispositivo se ha reiniciado.

   —¡¿Qué?!— Touya salta en sus brazos por el sobresalto de Shoto. Los globos oculares pudieron habérsele caído de la cara. — PE-Pero... es tu sueño, ser un héroe...

   Touya tiene veinticuatro y cursa la universidad. Le queda menos de un año y seis meses de prácticas profesionales para conseguir la cédula y la licencia permanente. Touya básicamente está a un pie de la recta final.

   ¿Por qué abandonarlo todo justo ahora?

   —Lo seguirá siendo, enano— la mano con esmalte de uñas negro desordena sus lacios bicolores. —. Kei' antepuso a nuestro polluelo sobre los estudios, sabiendo que más adelante ya no será sencillo recuperar todo lo que le costó ganar al día de hoy. Por encima de un techo, comida, recursos. Sería tremendo hijo de puta darle la espalda ya que le hice la sorpresita.

   » Enji detesta a Kei', "no tiene categoría"— Touya se burla de paso del vejestorio que tienen por padre. —. Nunca estuvo de acuerdo en que perdiera el tiempo con noviecitas pasajeras... a menos que tenga un microsegundo de lucidez en su lecho de muerte, monetariamente, no cuento con él. ¿A quién más le voy a mendigar?

   —Puedes trabajar medio tiempo. El heroísmo paga bien, sólo tienes que subir de ranking.

   —Shoto, se supone que yo me afiliaría a la agencia de Endeavor— ah, sí es cierto.

   —Sigue existiendo la opción de probar suerte tú solo...

   —Si debutara, y alguna agencia me quisiera, ¿qué?, ¿dejo a Keigo para que se encargue sola del chamaco? Sabes que los operativos suelen extenderse por semanas... ¿y si un día no vuelvo?, ¿qué le habré dejado? Nada. Y yo quiero darles un futuro.

   Shoto añoraba tanto a Touya.

   Podía ser muchas cosas, o no serlas —ya no está seguro. Mas, le consta que este sujeto, estirado y grosero, es la persona más blanda que conoce.

   El cascarón que los apartó se desmorona en ese reducido espacio dentro del coche, hediendo a nicotina y comida para llevar. En un rincón desértico de la ciudad. Touya siendo tan sincero como su propio cinismo le permite. Lo aprecia como la última gota de agua en el desierto.

   Pese a que en una charla así de adulta no pueda aportarle más que apoyo moral.

   Ahora le parece superfluo haber sido encarcelado por imprudencia de dones, en parangón.

   —¿Volverán a estudiar?— Shoto no tiene la intención de meter el dedo a la herida, sólo sana curiosidad.

   Touya se discurre sobre los dos asientos, acostándose laxo boca arriba. Sus ojos se ven más claros, electrizantes. Quitados de una carga.

   —Antes de que aprenda a decir el "a be ce" ya nos verás atrapando a los maleantes, sí.

   —¿Seguiremos frecuentándonos?

   Touya ríe como un cerdo.

   —Papá y mamá nos borrarán de la lista de invitados, ja, ja... siempre que no se pongan sus moños, ustedes serán bienvenidos en nuestro cuchitril.

   La sonrisa de Shoto alcanza a sus ojos. Sabe que cuando dice "ustedes" se refiere a él y sus hermanos. Si se suelta un poco, hasta incluiría a la pareja de Natsuo y a Izuku.

   Lo estaría esperando con muchas ansias.

   Finalmente, las piezas encuentran su lugar.

   —Tou'-nii.

   —¿Ahora qué?

   —... ¿quieres esto?, ¿realmente lo haces de corazón?— es descortés hacer esa clase de preguntas a un adulto, empero, se tratan de ellos. Shoto quiere escucharlo de la boca de su hermano mayor para dormir tranquilo.

   Touya oculta inútilmente la gran sonrisa con sabor a limerencia.

   —Keigo se cansará de mí, pero qué más da. La amo, Shou'.

   El pequeño Shoto se regocija en el abrazo de su hermano mayor.

   —En hora buena, padre del año.