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Parker's place

Summary:

¿Qué pasa cuando las personas que prometieron que nunca volverías a estar solo son las mismas que terminan olvidándote?

En su primer cumpleaños junto a los Vengadores y su nuevo equipo, Peter Parker esperaba sentirse más acompañado que nunca. Pero cuando llega el día y nadie parece recordarlo, empieza a preguntarse si realmente ocupa un lugar en la vida de quienes ama.

Notes:

¡Hola!

Aquí otra idea que se suponía iba a ser un one shot y terminó como mini historia (porque mis ideas nunca terminan como one shots 😭)

Les prometo que la siguiente historia va a ser un one shot y va ser algo tranqui (eso espero).

Metí una referencia a una película de Spiderman (no les diré cuál), espero que la encuentren.

En fin, los dejo leer tranquilos.

(Este trabajo es completamente obra mía no estoy usando IA ni pagando a nadie)

(See the end of the work for more notes.)

Chapter 1

Notes:

(See the end of the chapter for notes.)

Chapter Text

Peter se despertó con la alarma a las 6:00 de la mañana.

Estaba muy contento. Ese día era su cumpleaños y, de hecho, era el primero que iba a pasar con los Vengadores y su equipo.

May tenía que trabajar hasta tarde, pero le había prometido que pasaría por la Torre más tarde.

Se levantó rápidamente de la cama, esperando encontrar varios mensajes de felicitación por parte de su equipo y de los Vengadores.

Abrí WhatsApp con ilusión, esperando encontrar una lluvia de mensajes.

Cuando la aplicación terminó de cargar, los hombros de Peter cayeron con desánimo. Su sonrisa titubeó al ver que no había ningún mensaje, aparte de uno de Ned preguntándole si quería construir un nuevo LEGO que había comprado y otro de Betty preguntando por una tarea.

—A ver, son las 6:00 de la mañana. Tal vez aún están dormidos. Seguro que más tarde me envían un mensaje —dijo, encogiéndose de hombros, aunque una pequeña parte de él pensaba otra cosa.

Se levantó de la cama sin dejar que eso arruinara su ánimo. Tal vez solo estaba exagerando.

Se dio un baño rápido y salió de su habitación rumbo a la cocina. Allí encontré a May intentando preparar hot cakes. Al parecer no le habían salido muy bien, pues olía a quemado y ella se veía claramente frustrada consigo misma.

—¡Hola, mayo! Buenos días —saludó Peter mientras se acercaba a su tía.

—Hola, cariño. ¡Feliz cumpleaños número dieciséis! —dijo mientras comenzaba a repartir besos por toda la cara—. Mi niño ya creció —añadió, limpiándose una lágrima inexistente.

—Ay, mayo… —murmuró Peter entre risitas.

—Pete, en serio intenté preparar hot cakes, pero ya sabes cómo soy para la cocina —dijo May con tristeza.

—Oye, no importa. Si quieres, yo cocinando.

—Pero es tu cumpleaños y quería hacer algo especial —continuó May con una pequeña mueca.

—Mi cumpleaños ya es especial contigo aquí —respondió Peter con una sonrisa sincera—. Ahora siéntate para que comas algo antes de ir a trabajar.

—A sus órdenes, chef.

Ambos terminaron de desayunar. May tomó sus cosas rápidamente y salió del departamento, no sin antes abrazar a Peter y recordarle que pasaría por la Torre más tarde.

Cuando la puerta se cerró, Peter caminó hasta su habitación, tomó su mochila y guardó su traje, solo por si acaso sucedió algo. No tenía planeado salir a patrullar; era su cumpleaños, por lo tanto, Spider-Man merecía un descanso.

Salió rápidamente del departamento y emprendió el camino hacia la escuela.

Estaba frente a la entrada de Midtown High. Peter sacó su teléfono una última vez para revisar si ya tenía algún mensaje.

Su ánimo decayó un poco más al ver la bandeja de notificaciones vacía.

Bueno, tal vez están desayunando. Apenas son las 7:30.

Intentando convencerse de que no lo habían olvidado, entró a la escuela. Caminó por los pasillos hasta su casillero. Como todas las mañanas, Ned y MJ ya estaban ahí.

—¡Hola chicos! —saludó emocionado.

—Hola, nerd —respondió MJ.

—¡Hola, Pete! —exclamó Ned.

Peter se acercó y abrió su casillero.

— ¿Qué tienen planeado hacer hoy? —preguntó con esperanza.

—Bueno, yo planeo ir a entrenar con Nat —respondió MJ.

—¡Yo voy al laboratorio con el doctor Banner! —dijo Ned emocionado.

—¿Nada más? —preguntó Peter de nuevo.

—Sí?... —MJ arqueó una ceja.

— ¿Qué más tendríamos que hacer? —preguntó Ned, confundido.

—No, nada… Olvídenlo —respondió Peter con desánimo.

Ned intercambió una mirada confundida con MJ y se encogió de hombros.

—Seguro que no es nada? —preguntó MJ.

Peter les dedicó una sonrisa claramente forzada. Cerró su casillero con más fuerza de la necesaria, soltó un suspiro y respondió:

—Sí, estoy seguro. Vamos a clase.

Peter comenzó a caminar. Tras intercambiar otra mirada de desconcierto, Ned y MJ terminaron siguiéndolo.

Era el final de la jornada escolar. Peter salió del salón exhausto.

Había sido un día muy pesado. Había tenido dos exámenes sorpresa y, además, su ánimo se había ido deteriorando conforme pasaban las horas.

Revisó su teléfono por décimoquinta vez en el día.

Todavía no tenía ningún mensaje. Ni de Tony, ni de Steve, ni de Harley… ni de nadie.

Comenzaba a creer que realmente todos se habían olvidado de su cumpleaños.

Aunque no importaba. Era solo una fecha, ¿no? No importaba si se acordaban o no; al fin y al cabo, un cumpleaños no tenía nada de especial.

Solo estaba exagerando.

O es que simplemente no les importas.

No, no podía ser. Tal vez solo estaban ocupados. MJ había dicho que tenían entrenamiento, así que seguramente todos estarían haciendo algo.

MJ y Ned llegaron hasta donde estaba.

—¿Happy los va a llevar a la Torre? —preguntó Peter con un poco más de desánimo.

-No. Tengo que pasar por mi casa antes de ir a la Torre —respondió MJ sin apartar la vista de su teléfono.

—Yo voy a comer con mis padres y luego iré a la Torre. Te veo allá —dijo Ned antes de correr hacia el auto de sus padres.

—Yo también te veo luego, perdedor —se despidió MJ mientras caminaba hacia su casa.

—Yo también los veo… luego —murmuró Peter, casi en un susurro.

Una vez que sus dos amigos se marcharon, soltó un profundo suspiro y se sentó en una banca para esperar a Happy.

—Hola, Parker. ¿Estás esperando a tu mamá? Ay, perdón. No tienes mamá, ni papá, ni tío… ni nadie que venga por ti —dijo Flash, provocando las risas de los alumnos que salían de la escuela.

Peter volvió a suspirar.

—Hoy no estoy de humor para tus bromas, Flash.

—Aww, ¿el bebé está sensato hoy?

—En serio, Flash. Déjame en paz.

—Pobrecito. Nadie viene a recogerlo. Es mejor así; de esa manera no le arruinas el día a nadie más.

Flash le arrebató la mochila a Peter y vació todo su contenido sobre el suelo.

Las risas de los demás alumnos se hicieron más fuertes.

Peter se agachó para recoger sus cosas, pero, de repente, sintió un fuerte golpe en las costillas que le robó el aire.

—Quédate ahí, Parker. Así no arruinarás nada más.

Flash tomó la botella de agua de Peter y vació su contenido sobre su cabeza. Después le dio un rodillazo en la cara antes de marcharse riendo junto a sus amigos.

Ya quedaba muy poca gente en la escuela. Los pocos profesores que seguían allí tenían demasiado miedo de perder su trabajo, pues los padres de Flash aportaban una gran cantidad de dinero a la institución y los directivos simplemente hacían la vista gorda.

Peter comenzó a recoger sus cosas, ahora completamente empapadas, y dirigió la mirada hacia la calle para comprobar si Happy ya había llegado.

Frunció el ceño al encontrarla completamente vacía. Era raro que Happy llegara tarde a recogerlo y, cuando ocurría, siempre le avisaba.

Sacó el teléfono del bolsillo para comprobar si tenía algún mensaje de Happy, pero, en su lugar, encontró uno de Tony.

Señor Stark: Hola, chico. Happy no va a pasar a recogerte hoy porque llevó a Pepper a una reunión. No sé si puedas caminar a casa.

Los hombros de Peter se encogieron. Estaba empapado y hacía el suficiente viento como para que comenzara a sentir frío.

Ni siquiera preguntó cómo estaba.

Peter: Claro, señor Stark. Sin problema. Lo veo luego.

Con un pequeño gemido, guardó el teléfono y comenzó a caminar hacia la estación del metro. Si regresaba caminando a la Torre, le tomaría por lo menos tres horas, así que era mejor tomar el metro.

Sentía cómo su ojo comenzaba a hincharse. Definitivamente le saldría un moretón bastante feo. También tenía las costillas adoloridas, pero nada que no se curara rápido… o eso esperaba.

Después de una hora en el metro, finalmente llegó a la Torre.

Una sonrisa se dibujó en su rostro al pensar que, tal vez, los Vengadores y su equipo le estaban organizando una sorpresa.

Tal vez solo habían querido que durante todo el día creyera que se habían olvidado de su cumpleaños para que la sorpresa fuera aún más grande al llegar.

Con el ánimo renovado, entró rápidamente a la Torre, saludó a la recepcionista y se dirigió al ascensor.

—Hola, Peter. Feliz cumpleaños —saludó F.R.I.D.A.Y.

—Hola, Fri. ¡Muchas gracias! —respondió Peter con una enorme sonrisa.

—¿Al ático? —preguntó la IA.

—Al ático —asintió Peter.

Sintió cómo el ascensor comenzaba a subir. Por un momento observó su reflejo en las puertas metálicas. Su ojo se veía realmente mal después de la pelea.

Se encogió de hombros.

Nada que no pudiera arreglarse con una bolsa de hielo y un poco de descanso.

El ascensor se detuvo y el corazón de Peter comenzó a latir con fuerza.

Tal vez, por fin, iba a recibir la sorpresa que había estado esperando.

Pero todas sus esperanzas se derrumbaron cuando las puertas se abrieron y lo único que encontró fue un ático completamente vacío.

—¿Hola? —preguntó mientras entraba al ático.

Se asomó a la sala, luego a la cocina y, después, revisó las habitaciones del piso superior.

No había nadie.

Ni una sola persona.

Peter bajó de nuevo a la sala y se dejó caer sobre el sillón.

Sintió que algo dentro de él se rompía.

Nada dramático.

Solo… roto.

Soltó un suspiro y recorrió la habitación con la mirada. Ni una sola persona le había enviado un mensaje para felicitarlo.

En realidad, no le importaba que nadie hubiera organizado una gran fiesta. Lo que realmente le dolía era que nadie se hubiera tomado el tiempo de recordar un día que, se suponía, debía ser especial.

No, Peter. Así no te crio May. Ellos deben estar ocupados; por eso no tuvieron tiempo. Tal vez durante la cena te feliciten.

Sí.

Por mientras, iría a dormir un rato a su habitación. Tal vez así dejaría de sentirse tan solo.

Se levantó del sillón una vez más, aunque esta vez sus movimientos eran más lentos, más pesados, desprovistos del optimismo que había tenido al llegar.

Se despertó cuando ya casi eran las siete de la noche. Su habitación estaba completamente en silencio.

Agudizó el oído, intentando escuchar algún ruido proveniente de la planta baja.

Entonces recordó que su habitación estaba insonorizada, así que tendría que salir para averiguar si había alguien.

Se levantó de la cama y caminó hacia la puerta.

Al abrirla, comenzó a escuchar varias voces provenientes de la sala.

Se emocionó.

Aunque ya no era lo mismo.

Al fin habían vuelto.

Tal vez ahora sí lo felicitarían.

Aunque fuera con un simple “feliz cumpleaños”.

O quizá con un abrazo.

Bajó las escaleras y, al llegar a la sala, los vio a todos sentados en los sofás mientras veían una película. Parecía que ni siquiera se habían percatado de su presencia.

Se acercó un poco más y habló con una voz apagada y vacilante.

—Hola… ¿Están viendo una película sin mí?

Su voz había sonado dolida, casi ofendida.

—Lo siento, Pete. Es que cuando llegamos, F.R.I.D.A.Y. nos dijo que estabas dormido y no quisimos despertarte.

—Ah… sí, está bien. No importa. Es solo una película.

—¿Qué tal estuvo la siesta? —preguntó Cooper desde el sofá, donde estaba cómodamente recostado.

—Estuvo bien.

—¿Te sientes bien? —preguntó Sam.

—Sí —respondió demasiado rápido. De inmediato intentó suavizar su respuesta—. Sí, estoy bien. Completamente. ¿Por qué no habría de estarlo?

—Te ves tenso —comentó MJ desde su lugar, junto a Wanda.

—¿Que te pasó en la cara? —preguntó Natasha, haciendo un gesto en su cara.

—Ah, esto... no es nada.

—¿Seguro? —preguntó Cassie.

—Estoy bien. Voy a hacer tarea y luego me iré a dormir.

—¿Hoy no hay patrulla? —preguntó Harley, extrañado.

—No. Estoy muy cansado. Nos vemos… hasta mañana.

Dicho eso, salió rápidamente de la habitación.

Todos los presentes en la sala intercambiaron miradas de desconcierto.

—Definitivamente algo le pasa —dijo Kamala.

—Sí, pero ya sabes cómo es. Por eso es nuestro líder: es terco —respondió Laila juguetonamente.

Todos soltaron pequeñas risas y volvieron a concentrarse en la película.

Peter entró rápidamente a su habitación justo cuando un sollozo escapó de sus labios.

¿Realmente lo habían olvidado?

¿En serio era tan fácil de olvidar?

Caminó hasta su cama y se dejó caer sobre ella.

Había tenido tantas esperanzas de que al menos una persona lo recordara, pero ni siquiera Ned, MJ o Tony lo habían hecho.

Ya no podía seguir fingiendo que no le dolía.

Simplemente lo hacía sentirse tan fácil de olvidar.

Tan poco importante.

Y tal vez esa era la razón.

Tal vez no se habían acordado porque realmente era alguien fácil de olvidar…

O porque, simplemente, no les importaba tanto como él pensaba.

Su mente comenzó a llenarse de pensamientos que no quería escuchar, pero no pudo detenerlos.

Al final, simplemente dejó que lo arrastraran.

Llevaba cerca de una hora recostado.

Ya había dejado de llorar.

Todas sus esperanzas se habían desvanecido.

A esas alturas, ya no creía que fueran a recordarlo.

De repente, la vibración de su teléfono lo sacó de sus pensamientos.

Levantó un poco la cobija con la que se cubría y miró el identificador de llamadas.

Era Harry.

Le pareció extraño. Harry no solía llamarlo tan tarde; normalmente lo hacía por la tarde.

Se limpió rápidamente las lágrimas de los ojos y contestó después de tomar una profunda respiración.

—¿Hola?

—Hola, Pete.

—Hola, Har.

—¿Estás ocupado?

Peter respiró hondo una vez más.

Realmente no estaba listo para esa conversación.

—No… la verdad, no.

—¿No? —preguntó Harry, extrañado.

—No, Harry.

—¿Stark no hizo una gala o una megafiesta?

Los ojos de Peter volvieron a humedecerse.

El silencio se prolongó durante unos segundos mientras intentaba secarse las lágrimas con desesperación.

—Oh… Peter, lo siento mucho.

—No importa. Estaban ocupados.

—Eso no les da derecho a dejarte solo.

—No importa. ¿Me llamabas para que te invitara a la fiesta?

—Te llamaba porque tengo un regalo para ti y quería saber dónde dejártelo. Pero se me ocurrió una idea cincuenta veces mejor.

—¿Ah, sí? ¿Cuál?

—Sí, pero es una sorpresa. Paso por ti en veinte minutos. Prepárate.

Peter soltó una pequeña risa.

La primera en todo el día.

—De acuerdo. Te veo luego.

—Te veo luego.

Se despidieron antes de colgar.

Peter se levantó rápidamente de la cama, entró al baño y se quitó la ropa para meterse a la ducha.

Cuando terminó, se puso unos jeans de mezclilla y una camiseta con un chiste científico.

Abrió lentamente la puerta de su habitación y asomó la cabeza para comprobar que no hubiera nadie más en el pasillo.

Al ver que estaba solo, caminó despacio hacia las escaleras.

Los vio a todos todavía en los sofás.

Ya no parecían estar viendo la película; ahora conversaban entre ellos, cada uno ocupado en sus propios asuntos.

Peter atravesó la sala en silencio, pasó por la cocina y, finalmente, se dirigió al ascensor.

Una vez dentro, le pidió a F.R.I.D.A.Y. que lo llevara a la recepción. Sintió cómo el ascensor comenzaba a descender cuando la IA habló.

—¿Puedo preguntar a dónde te diriges tan tarde y sin avisar a nadie?

—Voy a salir con un amigo, Fri.

—Pero Ned y MJ están arriba con los demás —dijo F.R.I.D.A.Y., confundida. O, por lo menos, tan confundida como podía sonar una inteligencia artificial.

Peter suspiró.

—Pero Ned y MJ no son mis únicos amigos.

—¿Ah, no?

—No —respondió Peter justo cuando las puertas del ascensor se abrieron en la recepción.

Peter se despidió de la recepcionista y salió de la Torre.

Afuera estaba estacionado un lujoso Ferrari rojo y, recargado sobre la puerta del copiloto, estaba Harry Osborn.

—¿Sabes? Me parece una exageración lo del Ferrari —dijo Peter con una sonrisa burlona.

Harry se llevó un dedo a la barbilla con gesto pensativo.

—Mmm… Tal vez. Pero hoy es el cumpleaños de una personita muy especial, de cabello castaño y unos ojos que podrían convencer al propio presidente de convertir todas las escuelas en parques temáticos de LEGO.

Peter soltó una carcajada y se acercó al pelinegro, quien abrió los brazos para recibirlo en un fuerte abrazo.

Peter apoyó la cabeza sobre el pecho de Harry.

Se sentía tranquilo.

Su mejor amigo siempre lograba transmitirle la sensación de que, mientras estuvieran juntos, nada más importaba.

—Feliz cumpleaños, Pete —murmuró Harry con la voz amortiguada al tener el rostro apoyado sobre la cabeza del menor.

Algunas lágrimas traicioneras escaparon de los ojos de Peter al escuchar, por fin, las palabras que había esperado durante todo el día.

Harry sintió cómo su camisa se humedecía mientras Peter temblaba entre sus brazos, incapaz de contener los sollozos.

—Hey, Pete. ¿Qué pasó? —preguntó preocupado, separándose lo suficiente para verle el rostro.

—Creí… creí que todos se habían olvidado de mi cumpleaños —dijo Peter con la voz apagada.

—¿Todos?

—Bueno, tú no, obviamente. Pero Ned, MJ… Tony… mi equipo… los Vengadores. Todos lo olvidaron.

Harry suspiró y se pasó una mano por el cabello con frustración.

Permaneció unos segundos en silencio antes de tomar las llaves del Ferrari y volver a abrazar a Peter con fuerza.

—Pues yo me voy a encargar de que este sea un cumpleaños que jamás olvides.

—Pero ya es tardísimo. No tienes que hacer esto. ¿Tu padre no te regañará?

—Mira, número uno: mi padre no está en casa. De todos modos, no me importaría terminar castigado por estar contigo. Número dos: sé que no tengo que hacerlo, pero quiero hacerlo —dijo, haciendo énfasis en la palabra "quiero".

Peter sonrió a pesar de sí mismo y sostuvo la mirada de Harry, aún con los ojos humedecidos.

—Bueno… ¿Qué tienes planeado?

Harry sonrió con ese aire travieso que Peter conocía tan bien y luego se apartó del abrazo para abrirle la puerta del copiloto.

—Tú confía en mí —dijo, guiñándole un ojo.

Peter sonrió todavía más y subió al auto, seguido por Harry, quien ocupó el asiento del conductor.

—Abróchate el cinturón. No quiero que termines en un hospital esta noche.

Peter soltó una carcajada y se abrochó el cinturón justo cuando Harry arrancó el Ferrari, alejándose poco a poco de la Torre.

El ascensor se abrió con un suave ding y May entró al ático con una gran sonrisa.

Llevaba una enorme caja de LEGO envuelta entre los brazos.

—¡Hola a todos! ¿Dónde está mi precioso cumpleañero? —preguntó levantando la caja por encima de su cabeza, aún sonriendo.

—¿Cumpleañero? —preguntó Tony, arqueando una ceja con confusión.

—Sí, Peter. Hoy cumple dieciséis años —respondió May, bajando la caja como si fuera lo más obvio del mundo.

—Eh… no. Su cumpleaños es dentro de una semana. Hoy estamos a… —Harley se interrumpió al mirar la fecha en su teléfono.

10 de agosto.

Todos se quedaron completamente rígidos.

MJ se llevó ambas manos a la boca, horrorizada.

Harley bajó la mirada avergonzado.

Los demás permanecieron inmóviles en sus lugares.

—¿Es una broma…? ¿Verdad? —preguntó May con una risa nerviosa.

La voz de Tony salió convertida en un susurro roto.

—Lo olvidamos…

La caja resbaló de las manos de May y cayó al suelo con un golpe seco.

Se llevó las manos al rostro y comenzó a caminar de un lado a otro por la habitación, murmurando para sí misma.

Finalmente, dejó caer las manos y los miró a todos con la decepción reflejada en el rostro.

—¿Entonces mi rayito de sol estuvo solo todo el día?

Su voz se quebró.

Los Vengadores miraban hacia cualquier lado, incapaces de sostenerle la mirada.

MJ fue la primera en romper el silencio.

—¿Cómo es posible que me haya olvidado? —dijo con frustración.

—¡Se supone que somos sus mejores amigos! ¡Se supone que le prometimos que nunca volvería a estar solo! —gritó Ned.

—Somos horribles… —murmuró Laila.

May suspiró.

Al ver lo mal que se sentían, comprendió que no tenía sentido hacerlos sentir peor con un sermón.

—Se equivocaron, sí. Estuvo mal… Horrible, en realidad. Pero no se trata de quedarse lamentándose. Lo importante es pensar qué van a hacer para arreglarlo. De eso se trata esto. No de decisiones… de responsabilidades.

Todos permanecieron en silencio.

Nadie sabía qué decir.

Finalmente, Steve habló.

—Tienes razón, May. Nos equivocamos, pero todavía podemos arreglarlo.

—Claro… como si quisiera vernos —dijo Natasha con seriedad.

—Estoy segura de que, si se disculpan de corazón, los perdonará —respondió May con una sonrisa comprensiva.

—May tiene razón. Tenemos que disculparnos. Aunque Peter no nos perdone, tenemos que demostrarle cuánto lo sentimos —dijo Tony mientras se ponía de pie.

Todos asintieron y se levantaron de los sofás.

May les dedicó una pequeña sonrisa antes de seguirlos mientras caminaban decididos hacia la habitación de Peter.

Al llegar frente a la puerta, Tony fue el primero en acercarse y llamó con los nudillos.

—Pete, ¿estás despierto?

Todos fruncieron el ceño al no recibir respuesta.

May volvió a tocar.

—Peter, los chicos quieren disculparse. De verdad se sienten muy mal.

Una vez más, nadie respondió.

Clint dio un paso al frente.

Esta vez giró el picaporte.

—Vamos a entrar, chico.

Abrieron la puerta y buscaron a Peter con la mirada.

La habitación estaba vacía…

Y completamente desordenada.

Había montones de ropa sobre la cama y el suelo. La cama estaba tendida, pero las almohadas estaban fuera de su lugar.

Parecía que hubiera salido con mucha prisa.

—F.R.I.D.A.Y., ¿Peter está en el baño? —preguntó Cooper.

—El señor Parker salió de la Torre hace una hora y media.

Varios soltaron un jadeo de sorpresa.

—¡¿Cómo que hace una hora y media?! ¡¿A dónde fue?! ¡¿Y por qué no avisó nada?! —exclamó May, alarmada.

—El señor Parker indicó que saldría con un amigo aproximadamente a las 8:20 p. M. Posteriormente, se reunió con él en la entrada de la Torre. Se abrazaron durante varios minutos y conversaron sobre un tema que no logré registrar. Ambos partieron en un Ferrari rojo pocos minutos después.

Un silencio tenso cayó sobre la habitación.

—¿Un qué, perdón? —preguntó Sam.

—Un Ferrari rojo, señor Wilson.

Silencio otra vez.

—… ¿Qué demonios hace Peter en un Ferrari… y con quién? —preguntó Cassie desde el fondo.

—¿El auto tenía placas? —preguntó Natasha.

—Sí. Sin embargo, tanto la placa delantera como la trasera tenían grabadas únicamente las iniciales “H” y “O”.

—¿Solo eso? —preguntó Tony, completamente desconcertado.

—Solo eso, jefe.

—¿Eso no es como… ilegal? —preguntó Ned con inseguridad.

—No, técnicamente —respondió Clint.

Todos permanecieron mirando al vacío durante unos segundos, intentando procesar lo que acababan de escuchar.

Peter.

Su Peter.

El chico que pedía permiso hasta para ver la televisión.

Aquel que era tan obediente que daba miedo.

Se había ido en un Ferrari.

Sin avisarle a nadie.

Ni siquiera a May.

—F.R.I.D.A.Y., ¿puedes mostrarnos las cámaras? —pidió Tony.

La IA no respondió, pero una pantalla holográfica apareció frente al equipo.

Todos se amontonaron detrás de Tony para observar la grabación.

En la imagen aparecía Peter… sonriendo.

Caminaba hacia la salida de la Torre.

Justo frente a la entrada había un Ferrari estacionado y alguien esperaba recargado sobre la puerta del copiloto.

Vieron cómo aquella persona le decía algo que hizo reír a Peter.

Después abrió los brazos y lo recibió en un abrazo.

Un abrazo que duró demasiado para tratarse de simples conocidos.

Cuando finalmente se separaron, todos agudizaron la vista para intentar reconocer a la otra persona.

No lograron distinguir bien su rostro.

Solo alcanzaron a notar que tenía el cabello negro azabache y era más alto que Peter.

Unos instantes después, ambos subieron al auto y el conductor arrancó, alejándose de la Torre.

—F.R.I.D.A.Y., llama a Peter —ordenó Tony.

—La llamada se desvía directamente al buzón de voz —respondió F.R.I.D.A.Y. con un tono de disculpa.

—Rastrea su traje.

—El traje del señor Parker se encuentra actualmente en el apartamento de los Parker. Ha permanecido allí desde anoche.

—No puede ser… —murmuró May, cubriéndose el rostro con las manos.

El Ferrari se detuvo frente a una pizzería y Harry bajó del auto.

—¿A dónde vas? —preguntó Peter.

—Por pizza. Voy rápido. Espérame aquí, por favor.

Peter vio cómo Harry bajaba del auto y corría hacia el Domino’s.

Una vez que se quedó solo, sonrió.

Una sonrisa de oreja a oreja iluminó su rostro.

Todo el día había creído que todos se habían olvidado de su cumpleaños…

Y resultó que su mejor amigo siempre había estado ahí.

Unos minutos después, Harry regresó con tres cajas de pizza.

Subió al auto, las dejó en los asientos traseros y volvió a arrancar.

—¡¿A dónde vamos?! —gritó Peter, intentando que el rugido del viento no ahogara su voz.

—¡Ya verás! —respondió Harry, acelerando todavía más.

Hicieron dos paradas más antes de salir de Manhattan.

Después de unos veinte minutos de viaje, Harry derrapó el Ferrari y lo detuvo frente a una enorme reja.

Peter no alcanzaba a ver qué había al otro lado.

Varias lonas cubrían la entrada y la reja era demasiado alta.

—Llegamos —anunció Harry mientras bajaba del auto.

Rodeó el vehículo, abrió la puerta del copiloto y le tendió una mano.

Peter lo miró con el ceño fruncido.

—¿Planeas matarme o por qué tanto misterio?

Harry soltó una carcajada.

—Si quisiera matarte, te habría llevado a un lugar mucho más lejos.

—Me preocupa que siquiera sepas eso.

—Ay, vamos, Pete.

Peter entrecerró los ojos con desconfianza antes de aceptar la mano que Harry le ofrecía.

—¿Sabes? Si fueras mi rehén, serías mi favorito… y el más lindo.

Peter se sonrojó de inmediato, provocando otra carcajada del pelinegro.

—Quédate aquí un momento. Voy por las cosas al auto.

Harry regresó al Ferrari y, unos minutos después, volvió cargando las cajas de pizza y una enorme caja de regalo de la que colgaban varios globos.

Se recargó en la gran puerta de madera y la abrió de par en par.

Peter se quedó completamente boquiabierto.

Del otro lado se extendía un enorme campo rodeado de árboles.

Había arbustos repletos de flores, un lago de aguas cristalinas y una hermosa cascada en el centro.

Junto al lago descansaba una manta extendida sobre el césped, mientras decenas de luciérnagas revoloteaban iluminando el lugar.

Parecía un sueño.

—¿Te gustó? —preguntó Harry mientras dejaba las cajas de pizza junto a la manta.

—Wow… Harry… yo… no sé qué decir.

—Esa era la idea.

Harry sonrió con sinceridad, tomó con suavidad las manos de Peter y lo condujo hasta la manta.

Peter se sentó todavía maravillado.

Instantes después, Harry volvió a salir y regresó con una pequeña caja blanca antes de cerrar nuevamente la gran puerta.

—Es bonito, ¿no? —preguntó con los ojos brillantes.

—Es… increíble…

—Lo sé. Resulta que iban a deshacerse de este lugar, así que decidí comprarlo y ponerle un nuevo nombre.

—¿Ah, sí? ¿Cómo se llama?

—Parker’s Place.

La sorpresa en el rostro de Peter hizo que Harry sonriera todavía más.

—Y antes de que digas nada… el lugar está a nombre de los dos, así que no acepto quejas.

—¡Harry, no puedes hacer eso!

—Claro que puedo. Soy un Osborn —respondió, irguiéndose exageradamente con expresión orgullosa—. Ahora come y disfruta de este lugar, porque también es tuyo. Puedes venir cuando quieras. Grábatelo bien en ese cerebrito científico.

—Dios mío… eres imposible.

Peter se cubrió el rostro con ambas manos.

—Pero así me quieres.

Harry le tendió una de las cajas de pizza con una sonrisa burlona.

Durante aproximadamente una hora hablaron, rieron y terminaron las tres pizzas.

Cuando ya no quedó ni una rebanada, Harry tomó la pequeña caja blanca que había traído.

Al abrirla, reveló un pequeño pastel decorado con una araña en el centro.

Peter soltó una risa cuando Harry sacó una vela del bolsillo de su sudadera.

La colocó sobre el pastel y la encendió con un encendedor.

Entonces comenzó a cantar “Feliz Cumpleaños”.

Completamente desafinado.

Y exagerando algunas partes a propósito.

Peter terminó riendo a carcajadas antes de soplar la vela.

Harry dejó el pastel a un lado, comenzó a aplaudir y, sin previo aviso, lo envolvió en un fuerte abrazo.

Un segundo después empezó a hacerle cosquillas.

—¡Oh… basta…! ¡Harry! —rió Peter, casi sin poder respirar.

Finalmente, Harry se apiadó de él y ambos terminaron tendidos sobre el césped, intentando recuperar el aliento.

—Creo que esta ha sido la mejor noche de mi vida —dijo Peter mientras observaba las estrellas.

—Bueno… yo estoy aquí. Era obvio que sería la mejor noche de tu vida.

Peter soltó una risa y le dio un pequeño golpe en el brazo.

—Pues… no estás tan equivocado.

Permanecieron un largo rato en silencio, contemplando el cielo.

En un momento, Harry se incorporó.

—Hay algo más que quiero darte.

Tomó la gran caja de regalo con los globos.

—Harry, ya me diste suficiente. ¡Literalmente me regalaste este lugar!

—Lo sé. Pero eso no basta. Tú te mereces el mundo entero.

Hizo un gesto para que Peter abriera el regalo.

Los ojos del menor volvieron a humedecerse.

Tal vez por séptima vez ese día.

Tomó la caja y comenzó a romper el papel con cuidado.

Al abrirla, encontró el set de LEGO del Halcón Milenario.

Y un pequeño sobre pegado a la caja.

—¡Harry! ¿Cómo sabías que quería este LEGO?

Harry rio con ternura.

—Hay algo más, Pete. Abre el sobre.

—¡¿Hay más?! Harry, no. Ya no puedo aceptar más.

—Por favor. Lo hago de todo corazón, porque te quiero y porque te mereces todo lo bonito.

—Ay, Har… esto ya es demasiado.

—Lo sé. Pero creo que Spider-Man merece, al menos esto.

Peter rodó los ojos y tomó el sobre de la caja.

Comenzó a abrirlo con cierto recelo.

Cuando por fin lo hizo, encontró dos boletos.

Al darles la vuelta, descubrió que eran entradas para la próxima conferencia de fans de LEGO.

—¡Harry…! Creí que estos boletos se habían agotado. ¡¿Cómo los conseguiste?! ¡Y encima son VIP! —exclamó Peter.

Un sollozo escapó de sus labios antes de abalanzarse sobre Harry y abrazarlo con fuerza, llorando de felicidad sobre su hombro.

Harry sonrió todavía más y le devolvió el abrazo.

—Que sepas que esto es lo mínimo que mereces.

Después de unos minutos, finalmente se separaron.

Harry sacó su teléfono del bolsillo para revisar la hora.

Levantó ligeramente las cejas al ver que eran las tres de la madrugada y le mostró la pantalla a Peter.

—Creo que es hora de volver.

—Sí… aunque no quiero que esto termine.

—Recuerda que este lugar también es tuyo. Podemos volver cuando quieras.

—¿Me acompañarás?

—Obviamente. Solo llámame. Sabes que siempre voy a contestarte.

Harry se puso de pie con una sonrisa y le tendió la mano para ayudarlo a levantarse.

Peter la aceptó.

Mientras Peter caminaba hacia la salida, Harry comenzó a recoger las cajas vacías.

—¿Necesitas ayuda? —preguntó Peter.

Harry negó con la cabeza.

—No hace falta. Mañana enviaré a alguien para que limpie todo.

Tomó la caja de LEGO y el pastel antes de seguir a Peter.

El castaño abrió la gran puerta de madera y ambos salieron.

Después la cerraron con un candado.

Harry dejó el regalo y el pastel en los asientos traseros del Ferrari y abrió la puerta del copiloto.

Peter rodó los ojos con una sonrisa divertida antes de subir.

Harry rodeó el auto, ocupó el asiento del conductor y esperó a que Peter se abrochara el cinturón antes de arrancar.

Esta vez condujo mucho más despacio mientras emprendían el camino de regreso a la Torre.

Mientras tanto, en la Torre, todos comenzaban a entrar en pánico.

Habían hecho de todo.

Cada uno había llamado a Peter por lo menos diez veces.

(Tony lo había llamado treinta y nueve, pero ese pequeño detalle podía ignorarse).

También habían intentado rastrear tanto el teléfono como el traje de Spider-Man.

Sin éxito.

Eran las 3:22 de la madrugada.

Y seguían sin saber absolutamente nada de Peter.

Incluso ya habían presentado un reporte de persona desaparecida.

—No puede ser. Simplemente desapareció… —murmuró Tony mientras se pasaba una mano por el cabello por, quizá, undécima vez.

—¿Y si lo hicimos sentir tan mal que ya no quiere volver a vernos? —preguntó Kamala con desesperación.

—Somos los peores… —dijo Ned, bajando la mirada.

May y Harley tenían los ojos sospechosamente húmedos.

—Démosle veinte minutos más. Si no aparece, salimos a buscarlo —ordenó Steve con voz firme.

—Yo estoy lista para salir desde hace horas —respondió Natasha mientras afilaba un cuchillo. Clint sabía que era uno de sus tics cuando estaba nerviosa.

—Hay que darle tiempo. Tal vez vuelva —comentó Yelena desde una esquina.

—No puedo creer que lo olvidáramos. Lo peor es que estuvo dándonos oportunidades todo el día y ninguno se dio cuenta… Yo no me di cuenta —dijo MJ con la culpa reflejada en la voz.

—Realmente la cagamos —murmuró Kate.

—¿Y si ya no vuelve a hablarnos? —preguntó Laila con la voz quebrada.

—No creo que haga eso. Lo conocemos… ¿no? —respondió Cooper mirando a su hermana.

—Espero que tengas razón —dijo Sam con seriedad.

—Esta ha sido la mejor noche de mi vida —dijo Peter mientras seguía comiendo el pastel que Harry le había comprado.

Harry sonrió sin dejar de conducir.

Volteó a verlo y soltó una risa al descubrir que tenía la cara completamente manchada de betún.

Peter entrecerró los ojos al notar que se estaba burlando de él.

Pocos minutos después, Harry detuvo el Ferrari frente a la Torre y apagó el motor.

—Creo que es momento de despedirnos.

Mientras hablaba, se quitó los lentes de sol.

(Aún no sabemos por qué los llevaba puestos si era de noche. Déjenlo ser).

Peter hizo un pequeño puchero, dejó el pastel a un lado y volvió a abrazar a Harry.

—Si quieres, podemos regresar a Parker’s Place el sábado. Puedes llevar a May… o a quien tú quieras.

—¿En serio?

—Sí, obvio.

Permanecieron abrazados unos segundos más.

Luego Harry se separó y habló otra vez.

—Por cierto… todavía me falta darte una cosa.

—¡Oh, no! ¡Ya basta!

Harry soltó una risa y metió la mano en el bolsillo de su sudadera.

Sacó una pequeña caja.

Al abrirla, dejó al descubierto una elegante pulsera.

Las cejas de Peter se alzaron por la sorpresa.

Harry tomó su mano con delicadeza y comenzó a colocarle la pulsera.

—Es muy bonita, Harry…

Peter la observó maravillado.

Era una pulsera de oro, adornada con pequeñas perlas y un diminuto corazón rojo colgando en el centro.

—Es de oro de dieciocho quilates. Esas son incrustaciones de diamante… y el corazón es un rubí —explicó Harry, señalando cada detalle.

—¡Harry! ¿Qué demonios?

Peter hizo el intento de quitársela para devolvérsela.

Harry sujetó suavemente su muñeca.

Luego levantó su propia mano.

Llevaba una pulsera exactamente igual.

La única diferencia era que el corazón era azul.

—Son pulseras de amistad. La tuya lleva un rubí porque representa la valentía, la fuerza y el corazón. La mía lleva un zafiro, que simboliza la lealtad, la confianza y la seguridad.

—Ya es suficiente…

Peter se pasó una mano por el rostro mientras sus mejillas adquirían un intenso color rojo.

Harry sonrió.

—Nunca es suficiente.

Durante unos instantes permanecieron en un cómodo silencio.

Finalmente, Peter tomó la caja de LEGO, abrió la puerta del Ferrari y bajó.

Cuando cerró la puerta, Harry volvió a ponerse los lentes de sol, arrancó el motor y, antes de marcharse, le lanzó un beso con la mano.

Peter se sonrojó al instante.

Peter comenzó a caminar hacia el interior de la Torre.

Solo cuando Harry estuvo completamente seguro de que había entrado, arrancó el Ferrari y se marchó.

—Muy bien, suficiente. Sé que han pasado solo diez minutos más, pero vamos a salir a buscarlo ya.

Tony se puso de pie y los demás lo imitaron de inmediato.

Justo cuando estaban a punto de salir, el característico sonido del ascensor rompió el silencio.

Las puertas comenzaron a abrirse.

Nadie dijo una sola palabra.

Peter apareció caminando por el pasillo con una enorme caja de LEGO entre los brazos, un sobre pegado a ella.

Su cara estaba llena de betún color rojo y tenía una sonrisa enorme en su rostro.

Todos soltaron un suspiro de alivio.

May fue la primera en reaccionar.

Corrió hasta él y lo abrazó con fuerza, con lágrimas acumulándose en los ojos.

Peter dejó sus cosas en el suelo para corresponder al abrazo.

Ned soltó un sollozo de alivio.

MJ permaneció completamente inmóvil.

Todos tenían las palabras atoradas en la garganta.

Tony sintió que se le formaba un nudo en el pecho.

—Peter, por Dios… ¿Dónde estuviste? —preguntó May, sin dejar de abrazarlo.

—Oh, May… siento mucho haberlos preocupado.

—¿Por qué no contestaste el teléfono? —preguntó Tony con la voz quebrada.

—Oh… es que…

Peter comenzó a buscar el teléfono en sus bolsillos.

Entonces suspiró.

—Mi teléfono se quedó con Harry.

—¿Estabas con Harry? —preguntó May, todavía temblando.

—¡Sí! ¡May, fue una noche fantástica! Resulta que Harry compró un parque entero y lo puso a nombre de los dos. ¡Hasta le puso mi apellido al lugar! Era precioso. Tenía muchísimas flores, árboles, un lago y una cascada increíble. Además, dijo que podíamos volver cuando quisiéramos.

Todos permanecieron completamente inmóviles.

May levantó ligeramente las cejas mientras Peter seguía hablando con una emoción imposible de ocultar.

—Después de comer pizza. Harry compró un pastel, le puso velitas y me cantó “Feliz Cumpleaños”. Bueno… desafinó un poquito, pero no importa. También me regaló el LEGO que tanto quería.

Peter levantó orgulloso la enorme caja.

—Y además obtuve boletos VIP para la conferencia de LEGO de la próxima semana. ¡Vamos a ir juntos!

La habitación quedó sumida en un incómodo silencio.

May sonrió con dificultad.

Entonces su mirada se detuvo en la muñeca de Peter.

Frunció ligeramente el ceño.

—¿Y esa pulsera?

Tomó con cuidado la muñeca del muchacho.

Pedro.

—Es bonita, ¿verdad? Harry tiene una igual. Solo que la suya lleva un zafiro en lugar de un rubí.

—Harry… ¿Osborn? —preguntó Harley con incredulidad.

-¡Si! Es mi otro mejor amigo.

Se hizo otro silencio.

Todos habían imaginado que Peter estaría solo, llorando en algún callejón.

En cambio…

Había pasado la mejor noche de su cumpleaños con el hijo de Norman Osborn.

—Peter… queríamos disculparnos —dijo Harley con cautela.

—Oh… no pasa nada. Seguro estaban muy ocupados.

Peter bajó la cabeza con una pequeña sonrisa avergonzada.

Los Vengadores sintieron aquellas palabras como un golpe directo al estómago.

Incluso después de todo…

Peter seguía buscándoles una excusa.

—Lamento haberlos preocupado y mantenerlos despiertos hasta tan tarde… Simplemente no creí que fuera a notar mi ausencia.

Nadie supo qué responder.

Tony sintió que el nudo en la garganta se hacía todavía más grande.

Aquellas palabras dolían mucho más que cualquier grito.

Mucho más que cualquier reproche.

Porque Peter no estaba enojado.

No les estaba reclamando nada.

Simplemente…

Estaba convencido de que olvidarse de él era algo normal.

May cerró los ojos por un instante, intentando contener las lágrimas.

—Cariño… —susurró con la voz rota.

Peter le dedicó una sonrisa tímida.

—En serio, estoy bien. Harry se aseguró de que no pasaría mi cumpleaños solo.

Eso último…

Dolio.

Y dolió muchísimo.

Tony sintió que los ojos comenzaban a llenarse de lágrimas.

Observó la caja de LEGO.

Luego el pequeño pastel.

Después el sobre.

Y, finalmente, la pulsera que Harry le había regalado.

Harley y los demás adolescentes bajaron la mirada, avergonzados.

Los adultos ni siquiera eran capaces de sostenerle la mirada a Peter.

Un había hecho adolescente todo lo que ellos, quienes se suponían eran su familia, no hicieron.

Mientras ellos olvidaban su cumpleaños…

Harry se había asegurado de que Peter no pasaría esa noche solo.

La sonrisa de Peter se transformó poco a poco en una mueca incómoda.

—Creo que será mejor que nos vayamos a dormir.

Recogió sus cosas del suelo y subió rápidamente a su habitación.

Los Vengadores permanecieron en la sala.

En completo silencio.

Con un enorme nudo en la garganta.

Tenían mucho que reparar.

Y no tenían la menor idea de por dónde empezar.

 

 

 

 

 

Notes:

¿Dónde consigo un Harry Osborn?

Esta es la historia en la que más me eh proyectado JAJAJJAJA

Les prometo que el siguiente ya no va a tener angustia 😭

Espero que les haya gustado, recuerden que lo hago con mucho cariño.

También ya me pueden seguir en tik tok con el mismo nombre que aquí en AO3 (friendlywriter)

Déjenme en los comentarios si encontraron la referencia.

Igual que siempre si encontraron algún error, háganmelo saber.

Sin más que decir los veo luego