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Bajo el despejado cielo de Grecia era posible contemplar una horda de hombres gritando eufóricos, mientras aguardaban la aparición del causante de todo el revuelo a las afueras del palacio.
— ¡Damas y caballeros de Grecia!- Exclamó el rey Vil, saliendo al balcón.- Les presento al hombre más bello del mundo. Mi hijo, el príncipe Jamil de Argos.
La breve aparición del príncipe, saludando a todos sus pretendientes con una sonrisa, fue suficiente para enloquecer a la multitud, causando gritos y empujones, todo con el afán de captar su atención y obtener su favor. No había un solo hombre que no deseara obtener su mano en matrimonio.
— He escuchado todas esas historias y canciones.- Suspiró uno de los pretendientes.- Pero nada se acerca a la verdad. Su belleza es más fuerte de lo que cualquiera podría definir... Oh, Jamil. Iría a la guerra por tí.
— ¿Leona?
— ¡Jack!- Exclamó al ver a su amigo de toda la vida entre el mar de pretendientes.- Gracias a los dioses que estás aquí. Tienes que ayudarme a conquistarlo.
— ¿A ti también te enviaron a tratar de conseguir la mano del príncipe Jamil?
— Vine por mi propia voluntad.- Confesó el segundo príncipe de Micenas.- Y ahora que lo he visto de nuevo, sé que si no es mío, jamás podré superarlo.
Jack esbozó una pequeña sonrisa al notar el genuino enamoramiento de su amigo, y decidió ayudarlo.
— Tranquilo, amigo mío. Tengo un plan, solo confía en mí.- Le animó con una sonrisa.- ¡Vamos por él!
La mente brillante y veloz del famoso Jack de Ítaca ya había maquinado un plan. Solo debían infiltrarse en el palacio, y el resto sería sencillo.
— Solo míralos. Debe ser bellísimo que cientos de hombres peleen por tí...- Comentó con sarcasmo un joven pelirrojo, mientras caminaba al lado de su primo por los pasillos del palacio, observando a la muchedumbre de pretendientes alborotados por las ventanas.
— Debo admitir que tiene algunas ventajas.- Respondió el causante de tal alboroto con una pequeña sonrisa.
— Jamil, son un montón de salvajes sin cerebro.- Bufó Riddle.- Solo mira como pelean y se golpean entre sí sin razón...
— ¿Celoso, Riddle?
— Por supuesto que no.
— Bien. Porque algún día estarás en mis zapatos.- Señaló sonriendo Jamil.- Tarde o temprano tendrás que elegir también.
— ¿Quién lo dice?- Cuestionó, cruzando los brazos.- No olvides que estos hombres solo buscan poder y colocarse en la cima.
— ¿Y qué?
— Eres un tonto, Jamil.- Suspiró Riddle.- ¿Por qué mejor no algo de inteligencia en vez de todos esos salvajes incivilizados?- Añadió.- Simplemente no es mi momento para el amor.
Jamil rodó los ojos, manteniendo su sonrisa, mientras continuaba su andar al lado de Riddle. Hasta que unas inesperadas presencias aparecieron frente a ellos, justo cuando estaban por llegar a la sala del trono, dónde el rey los esperaba.
— Disculpe, señorito...
— ¿Quién eres?- Interrumpió Riddle con brusquedad, mirando desafiante al desconocido.
Jack sintió su corazón acelerarse momentáneamente al observar a ese bello pelirrojo, mientras sus labios se curvaban en una suave sonrisa.
— Si nos dejas pasar a ver al rey, te prometo que será la mejor decisión de tu vida.- Respondió, haciendo una cordial reverencia ante Riddle.- Estamos aquí solo por amor y algo de suerte.
— La suerte no es nada más que saber el momento y el lugar correctos.- Replicó Riddle, mirándolo aún desconfiado, pero intrigado.
— Exacto, su excelencia.
Riddle meditó su respuesta por unos segundos, antes de apartarse de la puerta y permitirle el acceso. Jack le agradeció en silencio con una pequeña sonrisa, y se presentó ante el rey.
— Disculpe las molestias, su Majestad. Soy Jack de Ítaca, y vengo de tierras muy lejanas.- Comenzó, hincando una rodilla ante el monarca.- Vengo a proponerle una idea para solucionar este problema.
Vil lo miró escéptico, permitiéndole continuar hablando. Si su sobrino le había permitido el acceso, seguramente había una buena razón.
— Los hombres allá afuera están cada vez más frenéticos, y pronto causarán un gran caos. Igual que usted, no quisiera un derramamiento de sangre, así que creo que al menos deberíamos intentar evitarlo.
— Bien.- Aceptó Vil.- Puedes continuar. ¿Cuál es tu idea?
— Gracias, su majestad.- Agradeció.- Para solucionar todo este escándalo, propongo que todos los hombres hagan un juramento a los dioses: A quien sea que el príncipe Jamil elija como esposo, el resto lo protegerán.- Comenzó a explicar.- Así todos salen beneficiados, ya que todos desean una oportunidad con el príncipe Jamil, y solo quienes hagan el juramento podrán aspirar a ser su esposo.
Todos parecieron sorprendidos por el plan de Jack, pero era bastante ingenioso y podría funcionar. Vil asintió, antes de dar su veredicto.
— Vaya que eres un hombre astuto.- Concedió.- Supongo que también harás el juramento, ¿cierto?
— Por usted, por supuesto, Majestad.- Respondió, mirando de reojo a Riddle con una sonrisa.- Nadie sabe lo que el destino dirá...
Riddle desvió la vista, sintiendo sus mejillas enrojecer ligeramente. Jamil ni siquiera se molestó en disimular su fascinación por ese hombre que había conseguido llegar hasta su estricto padre.
— ¿De dónde salió este hombre?- Susurró a su primo.- ¿Viste la forma tan dulce en que habló con mi padre?
— Jamil...- Le reprochó Riddle por su impertinencia.
— Creo que he tomado una decisión.- Sonrió el príncipe de Esparta, ignorando el regaño de Riddle, para acercarse a Jack.- Eres el hombre correcto, el indicado para mí.
Riddle, a pesar de la ligera molestia, solo suspiró y fijó sus ojos en otro punto de la habitación. No tenía forma de competir contra Jamil. Todos los nobles, guerreros y plebeyos habían ido hasta ahí por él después de todo. Jack no sería la excepción.
— Se lo agradezco, su alteza. Pero créame, Leona es el indicado para usted.- Respondió el joven rey de Ítaca, presentando a su amigo con el príncipe de Esparta.- Además, no eres tú a quien elijo.
— ¿Qué?- Exclamó con sorpresa Jamil, antes de notar hacia dónde se dirigía la vista de Jack.
Riddle también lo notó, pero, a pesar de su interés, se limitó a fingir indiferencia y mantener el protocolo. No quería ni necesitaba causar un alboroto cuando estaban tan cerca de solucionar todos sus problemas.
Sin embargo, ¿realmente podría mantener a raya a su corazón por el bien de su tierra y su familia?
El anuncio de la condición para ser considerado un candidato elegible para casarse con Jamil fue comunicado a todos los pretendientes ese mismo día. Como esperaban, al comienzo hubo algunas quejas, pero el rey de Esparta se mantuvo firme en su decisión, y al final, no tuvieron más elección que hacer el juramento ante los dioses.
Había pasado una semana desde que todos los interesados se comprometieran a respetar la decisión del príncipe, y proteger al elegido por él. Una semana llena de incertidumbre y ansiedad, aguardando la respuesta de Jamil.
— Tranquilízate, Leona.- Intentó animarle Jack.- Estoy seguro de que tienes oportunidad.
— Comienzo a dudarlo, Jack.- Admitió.- Creo que iré a caminar un rato.
El joven rey de Ítaca asintió en silencio, permitiéndole alejarse. Sabía cuánto Leona deseaba ser el elegido, y el miedo que tenía de ser rechazado. Solo necesitaba tiempo a solas para calmarse y asimilar todo.
El segundo príncipe de Micenas caminó por los enormes jardines del palacio de Esparta, hasta alejarse del resto de pretendientes.
Cuando notó su paradero, había llegado al sitio donde se encontraban las estatuas de los dioses. Nunca había sido particularmente devoto, ni siquiera con todas las experiencias difíciles que había pasado en su corta vida de apenas diecisiete años. Pero, ¿qué perdía con intentar?
— Rook, ¿puedes ayudarme?- Suspiró, sentándose los pies de la estatua del dios del amor y la belleza.- ¿Puedes ser mi guía, decirme lo que él quiere escuchar?
Había pasado algunos años de su vida en Esparta, bajo la protección del rey Vil, cuando fue exiliado de Micenas por su tío, junto a su hermano mayor. Así había conocido a Jamil, cuando aún eran unos niños.
A pesar de todo, nunca logró llamar lo suficiente la atención del príncipe de Esparta. Luego fue momento de regresar a Micenas para ayudar a Falena a recuperar el trono, y no volvió a ver a Jamil, hasta ahora, que había cumplido la edad necesaria para casarse y su hermano mayor— ahora rey de Micenas— lo había enviado a pedir la mano del heredero de Esparta.
— ¿Podrías ayudarme lanzándome un hechizo o algo así?- Añadió, mirando la estatua de mármol.- Quiero demostrarle que mi amor por él es fuerte y leal... Pero no sé nada del amor, ni cómo llegar a su corazón.
Tan concentrado estaba en su plegaria, que no notó la presencia silenciosa que lo había observado oculto entre los arbustos desde que llegó a esa zona del palacio.
— Si puedes oírme, por favor ayúdame a demostrarle que mi amor es sincero.
"Leona es el indicado para usted." Quizás las palabras de Jack no habían sido tan descabelladas ni dichas en vano después de todo.
— Así que incluso decidiste acudir a pedir ayuda divina, ¿eh?- Sonrió el príncipe de Esparta, saliendo de su escondite para acercarse a dónde Leona se encontraba.- Debo reconocer que eres quien más se ha esforzado. Me sorprende que hayas vuelto por tu propia voluntad, Leona.
— ¿Me recuerdas acaso?- Cuestionó, intentando fingir tranquilidad, a pesar de la emoción y temor que hacían latir su corazón.
— ¿Cómo podría olvidar a uno de los huéspedes que vivieron en el palacio por casi cuatro años?- Rió suave Jamil.- Nunca pensé que volverías a pedirme matrimonio sin estar obligado por tu hermano a hacerlo.
— Admito que siempre fuiste algo odioso.- Bromeó.- Pero esa es una de las cosas que me hicieron enamorarme de ti.
Ambos intercambiaron una pequeña sonrisa, recordando pequeños momentos que pasaron juntos en ese palacio cuando eran más jóvenes. Ahora muchas cosas cobraban sentido. Todo el tiempo tuvieron el amor justo frente a ellos, y no lo notaron. Pero quizás aún no era demasiado tarde.
— Creo que ya he tomado mi decisión.- Afirmó Jamil, acariciándole la mejilla.- Parece que tú eres el indicado después de todo.
Un inesperado, pero suave beso selló esa confesión.
La decisión había sido tomada y fue comunicada al rey de Esparta de inmediato. Al fin Jamil había elegido un esposo.
Sin embargo, no fue la única historia de amor que comenzó en esas tierras.
— ¡Lilia!
Al escuchar la enérgica voz de su pupilo, el dios de la sabiduría soltó un pesado suspiro. Ya tenía una idea de qué se trataba todo ese asunto, y sabía que no le gustaría lidiar con ello.
— Acabo de conocer al chico de mis sueños. Su nombre es Riddle, es primo de Jamil, y necesito que sea mi esposo.- Continuó hablando con entusiasmo.- Tienes que ayudarme a conquistarlo.
— Tienes que estar bromeando...- Masculló la deidad.- ¿Qué esperas que haga yo?
— Eres el dios más listo, Lilia.- Insistió el joven.- Riddle es inteligente, fuerte, valiente y lindo. Necesito que sea mi esposo.
— Es uno de los tres príncipes de Esparta.- Le recordó Lilia.- Según las leyes espartanas, debes esperar a que tenga diecisiete años para pedir su mano. Debes esperar cuatro años.
— ¡Pero-!
— Sin peros.- Interrumpió Lilia, golpeándole la punta de la nariz con la parte plana de su lanza.- Si de verdad lo quieres como rey, tendrás que esperar y volver aquí para pedir el permiso de su familia para cortejarlo.
Sin más, Lilia se desvaneció, negándose a hablar más del tema por el resto de su estancia en Esparta. Pero nada le impidió a Jack mirar con ensoñación y amor al joven pelirrojo a la distancia, regalandole una sonrisa cada vez que sus miradas se encontraban.
Cuando el rey Vil anunció a Leona cómo el vencedor oficial y futuro esposo de Jamil, suspiró aliviado pero a la vez lleno de temor. Al fin podría dejar de fingir interés en el que todos consideraban el hombre más bello del mundo, pero también significaba que debía volver a Ítaca y aguardar cuatro años para volver a ver a Riddle.
Bueno. En su vida había soportado todo tipo de pruebas. Desde asumir el trono a sus escasos nueve años, poco antes de que su padre cayera en la locura, hasta enfrentar el jabalí mágico enviado por Lilia cuando tenía apenas diez años.
Esperar cuatro años no sería la gran cosa. Aguardaría paciente por Riddle hasta entonces.
Cuatro años se esfumaron en un abrir y cerrar de ojos. Gracias a su intervención para controlar a los pretendientes de Jamil en el pasado, logró conseguir el permiso del rey Vil para cortejar a su sobrino.
Entonces, Riddle fue enviado a Ítaca, reencontrándose justo bajo un olivo.
Claramente, había cambiado, igual que su edad, pero su amor por él seguía siendo el mismo que la primera vez que lo vió en Esparta.
— Hola de nuevo, su alteza.- Lo saludó, haciendo una reverencia.
— ¿Esperaste cuatro años para conocerme?- Lo cuestionó Riddle, como si le costara creerlo.
— Todos querían a Jamil, yo quería a alguien tan inteligente como bello, y te encontré a tí.- Respondió sin dudar.- Espero ser digno de tu corazón.
Riddle mostró una sonrisa tímida, asintiendo en silencio.
Jamás admitiría que había aguardado cuatro años, deseando que ese joven volviera por él cuando fuera su momento para elegir esposo.
— ¿Quieres conocer el reino?- Preguntó Jack.
— Por supuesto.- Aceptó, tomando la mano del rey.
Riddle siempre había permanecido a la sombra de Jamil, pero Jack no dudó en elegirlo. Para Jack, ese bello pelirrojo era el hombre más hermoso sobre la faz de la Tierra, además de inteligente y hábil.
Riddle era absolutamente todo lo que había deseado en un esposo. Y por suerte, fue correspondido.
Su amor por su esposo era tanto, que construyó su nuevo palacio alrededor del olivo donde al fin pudieron conocerse y darse cuenta de que su amor era real.
Cómo regalo de bodas para Riddle, talló su cama matrimonial en ese mismo árbol de olivo, como un símbolo de su amor infinito, vivo, fuerte y firme, igual que las raíces de ese árbol.
No importaba lo que ocurriera, ni cuánto tiempo pasara. Ellos siempre pertenecerían uno al otro, siempre se amarían, siempre aguardarían por el otro, y su amor perduraría eternamente.
Al poco tiempo de casarse, sus vidas fueron bendecidas, y nació Silver.
Sin embargo, al poco tiempo de que el pequeño fruto de su amor llegara al mundo, la noticia del rapto de Jamil a manos de un príncipe troyano y el reclutamiento a la guerra en base al juramento hecho años atrás, llegó a arruinar todos sus sueños y planes.
Jack no quería ir a esa lucha, e intentó todos los trucos posibles, hasta el punto de fingir estar perdiendo la razón igual que su padre. No quería separarse de su esposo y su pequeño hijo por tiempo indefinido. Y ni siquiera Lilia fue capaz de hacerlo cambiar de opinión.
Sin embargo, Riddle sí.
— Un juramento a los dioses debe cumplirse.- Sentenció su esposo, mientras acariciaba su mejilla.- Ve y ayuda a esos salvajes a recuperar a Jamil. Sin tí, no durarán ni dos días contra los troyanos.
— Riddle...- Murmuró, acariciando la mano de su esposo.
— No te preocupes. Puedo cuidarme sólo. Tuve al mejor maestro.- Afirmó con una sonrisa, rememorando las lecciones que Jack le dió sobre la lucha y el manejo de armas.- Yo estaré esperando por tí todo el tiempo necesario.
Por su esposo sería capaz de todo. Con suerte, podría ponerle fin a esa guerra en poco tiempo y volver a su lado.
Así fue como se embarcó directo a Troya en compañía de seiscientos hombres, sin saber todo lo que le aguardaba para conseguir volver a casa con su esposo e hijo.
— Maldita sea, le dije a Schoenheit que esto era una pésima idea.- Se quejaba Leona, mientras caminaban a esa rueda de prensa improvisada.- Apenas estábamos librandonos de esas urracas, y ese idiota decide revelar las grabaciones de las estúpidas prácticas que nos hizo hacer con Rosehearts y Jack.
— Tampoco estoy particularmente feliz con esto.- Suspiró Jamil.- Pero entre más rápido demos esta entrevista, más rápido podremos olvidarnos de este asunto.
— Lo único de lo que no me arrepiento es de haber sido tu Menelao durante las prácticas de actuación de método para esos dos.
Jamil sintió su rostro arder como una brasa con esa simple declaración. Leona solo sonrió, antes de detenerse y plantarle un inesperado y rápido beso. A Jamil aún le iba a tomar tiempo acostumbrarse a eso.
— Rosehearts y Howl no fueron los únicos que trajeron a la vida a sus personajes fuera del escenario después de todo.
— Sigo sin lograr creer que una simple obra de teatro causó todo esto.- Admitió Jamil, aceptando tomar su mano con timidez.
— Solo ví mi oportunidad y decidí usarla.- Se jactó el príncipe.- Llegué hasta aquí por amor y algo de suerte.
— La suerte no es nada más que saber el lugar y el momento.
— Exacto, y creo que todos supimos usarla.
Jamil solo puso los ojos en blanco por un momento, mostrando una sonrisa antes de besar a Leona.
— ¿Quieres ir al jardín botánico después de esta tortura?
— Supongo que es mejor idea que los camerinos y dejar a Ruggie vigilando la puerta.- Bromeó Jamil, recordando la noche del estreno.
Ambos compartieron una pequeña risa cómplice, y finalmente ingresaron a la sala, dónde ya aguardaban sus compañeros y todos los reporteros.
Luego de ver las grabaciones compartidas por Vil, las redes sociales y medios de comunicación explotaron de nuevo. Varios preguntándose si existía la posibilidad de un musical inspirado en la guerra de Troya, otros deseando ver actuar de nuevo a sus favoritos, algunos más incluso sugiriendo quienes serían ideales para cada papel en el hipotético proyecto...
Al final, quién sabe qué diría el destino.
