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Tatuajes y perforaciones

Summary:

Yizhen meditó sus palabras, pero parecía haberse decidido por el lugar desde antes de ir allí.

—Quiero perforarme los pezones.

Las palabras petrificaron por un segundo a Yin Yu.

Notes:

(See the end of the work for notes.)

Work Text:

La tarde había transcurrido más lenta de lo acostumbrado en Paradise Manor. Hua Cheng había salido temprano con un cliente especial, dejándole el estudio encargado a Yin Yu. Había ocurrido en varias ocasiones ese mes, pero como en realidad no tenía algo mejor que hacer no podía hacer nada más que apoyar la inicial relación de su compañero de trabajo. Además Xie Lian le agradaba bastante.

Hojeaba algunos diseños de tatuajes cuando escuchó la campana de la puerta sonar. Su primer pensamiento era que se trataba de su compañero, pero era demasiado temprano para que volviera, razón por la que sólo podía tratarse de un cliente. Levantó la mirada con una sonrisa en su rostro y el ánimo levantado hasta que el cliente en cuestión se paró frente al mostrador.

Su cabello se conformaba de rizos alborotados que habían tratado de ser aplacados sin éxito por gel para cabello. El chico era sólo un poco más bajo que Yin Yu, pero en su rostro había rasgos todavía infantiles. Incluso estaba usando el uniforme de su escuela, cosa que sólo le hizo pensar por qué no se encontraba ahí en ese momento.

—¿Puedo hacer algo por ti? —preguntó tratando de no sonar grosero—. Soy Yin Yu.

El extraño lo miró unos segundos antes de asentir.

—Soy Quan Yizhen.

Tras decir su nombre bajó la mirada hacia los piercing que tenía expuestos en la vitrina bajo el mostrador. También hojeó en silencio algunas de las hojas con diseños para tatuarse con total tranquilidad. Yin Yu lo dejó en paz hasta que por fin el chico volvió a acercarse hasta él.

—¿Puedes hacerme un tatuaje?

—¿Cuántos años tienes?

En lugar de responder, Yizhen extrajo su credencial de estudiante y le mostró el reverso, su fecha de nacimiento y la fecha actual indicaban que era su cumpleaños. Justo ese día era legalmente considerado un adulto.

—Feliz cumpleaños —lo felicitó—. ¿Sabes qué quieres?

Yizhen meneó la cabeza.

No era la primera persona que entraba en la tienda sin tener idea de lo que quería. La mayoría de los estudiantes sólo entraban ahí por un deseo inspirado por una faceta rebelde temporal, muchas veces ni siquiera dejaban que la aguja se acercara a su piel cuando cambiaban de opinión. Después de todo uno tenía que pensarlo bien antes de hacerse un tatuaje.

—¿Por qué no buscas un diseño que llame tu atención y luego vienes? —ofreció.

—Quiero hacerlo hoy.

La respuesta fue firme.

—¿Tus padres lo saben? —No respondió. Yin Yu suspiró mientras le pasaba el libro que había estado hojeando para que viera los diseños—. ¿Quieres que escoja algo por ti? Hua Cheng es el que sabe más sobre tatuajes y diseños, si quieres puedo llamarlo.

Yizhen pensó unos minutos en su oferta antes de negar con su cabeza.

—Quisiera que lo hicieras tú.

Esa respuesta lo hizo arquear un poco las cejas. Sin dejarse sorprender decidió salir de su puesto y pararse junto al otro —aunque Yin Yu era mayor, Yizhen casi lo superaba en altura—, tomó el libro de diseños y pasó las hojas hasta detenerse en los más simplistas. Los mejores para el primer tatuaje.

—Lugares lejanos a los huesos son menos dolorosos. Los brazos suelen ser un buen lugar para primerizos —explicó—. ¿Al menos sabes dónde lo quieres?

—En la espalda —dijo, y luego preguntó—. ¿Tienes alguna modificación de cuerpo?

Yin Yu asintió.

—Algunas perforaciones, y un tatuaje en mi omoplato.

—¿Puedo verlo?

La pregunta lo tomó desprevenido.

Pensó en una excusa para evitar tener que mostrarlo, pero al razonar que no había nada realmente malo en ello decidió quitarse la camisa. El viento helado le erizó la piel. Cuando se volteó para que Yizhen lo viera se sintió extrañamente incómodo. No era la primera vez que alguien le pedía ver su tatuaje, muchos lo usaban como referencia por la posición y cómo se apreciaba.

El cuervo era del tamaño de una palma, sus alas se extendían como si estuviera por alzarse por los aires. Originalmente había querido poner una inscripción debajo, mas nunca se le ocurrió una buena frase y no confiaba en las habilidades en caligrafía de Hua Cheng.

—¿Fue doloroso?

—Bastante. La espalda superior suele ser un buen lugar si evitas los huesos del omóplato —no pudo evitar sonreír un poco ante el recuerdo—. Si quieres puedo hacer el mismo diseño, más alejado del hueso.

Su oferta hizo sonreír al otro.

No esperó indicaciones antes de quitarse la camisa. Siguió a Yin Yu por el estudio hasta que éste le indicó qué hacer. Era algo sorprendente ver la falta de miedo o nerviosismo en el otro, imaginó que el otro se echaría hacia atrás cuando lo viera ajustar la longitud de las agujas en la máquina, pero incluso cuando sostuvo la pistola de tatuajes a pocos centímetros del otro, éste parecía decidido.

El calor de su piel se sentía a través de los guantes de látex, antes de encenderla no pudo evitar admirar lo lisa y brillante que lucía la piel de Yizhen. Era sólo un poco más oscura que la suya, casi podría compararla con un lienzo a la espera de sus trazos; momentos antes había trazado con un rotulador el diseño base, para darse una idea de cómo quedaría.

—Si te sientes mareado o con náuseas, dime. Descansaremos en cuanto lo digas —advirtió antes de empezar.

Yizhen se estremeció al sentir el primer contacto, pero se mantuvo firme. Además de morder ligeramente su labio inferior no hizo muestra de sentir ninguna molestia excesiva. En algunos momentos Yin Yu tenía que recordarle de respirar. Fue mucho mejor de lo que hubiera esperado. Ninguno habló por lo que el zumbido de la máquina era lo único que podía escucharse. Cuando acabó los trazos acarició la piel debajo de su creación de un modo involuntario.

—Lo siento, originalmente yo quería poner una inscripción aquí en el mío –confesó.

—¿Podrías poner algo?

—Quizá cuando se cure —dijo sonriendo. Escuchar que aún estaba dispuesto a que siguiera trabajando en su espalda le pareció divertido. Por su apariencia nunca hubiera imaginado que tendría un alto umbral al dolor—. En ese tiempo puedes pensar en algo que te guste.

 

Cuando Yizhen volvió al lugar habían pasado seis semanas. Yin Yu casi se había olvidado de él y su promesa a decorar su tatuaje hasta que éste le mostró una hoja blanca con una inscripción en ella. Por el modo confiado en que se movía concluyó que el tatuaje se había curado bien y que no tuvo ningún problema con sus padres por éste.

—¿Quieres que escriba esto? —preguntó leyendo la inscripción.

«引玉之砖»

«YinYuZhiZhuan»

Algo ordinario para conseguir algo valioso. Trató de convencerse en que era una coincidencia que esa frase hubiera sido escogida por él. Después de todo era de ahí de donde provenía su nombre. Yin Yu. Siempre le pareció un modismo algo deprimente. Aunque él no fuera algo grande o valioso, sería un ladrillo que ayudaría pulir al jade.

—Puede que duela un poco —advirtió.

Yizhen ni siquiera se movió durante el proceso.

Conociendo ya los cuidados que debía tener sólo se marchó poco después de preguntarle a Yin Yu los motivos detrás del cuervo —su ave favorita—. Intercambiaron una conversación banal que le alegró un poco el día, consiguiendo con éxito hacerlo olvidar de la particular frase que había tatuado en la espalda del otro.

Pasaron sólo tres semanas antes de que el otro regresara al estudio.

—¿La curación va bien? ¿sientes algún malestar? —Las preguntas salieron antes de que el otro dijera por qué motivo había ido.

Se quitó la camisa con cuidado para mostrar el tatuaje. El cuervo se alzaba con majestuosidad, pero aún había un ligero enrojecimiento en las letras. Aunque la costra ya se había caído.

—Vine porque quería hacerme una perforación —explicó Yizhen mientras volvía a abrochar su camisa.

Al escucharlo Yin Yu se sintió ridículo por haberse preocupado antes. Sacó un folleto con el nombre de las distintas perforaciones en los oídos para que el otro pudiera verlas.

—Los chicos de tu edad suelen hacerlo en el lóbulo, ¿o prefieres el hélix? —preguntó, señalando cada una en la imagen.

Yizhen meditó sus palabras, pero parecía haberse decidido por el lugar desde antes de ir allí.

—Quiero perforarme los pezones.

Las palabras petrificaron por un segundo a Yin Yu.

Más jóvenes de los que uno imaginaría solían perforarse los pezones, incluso él mismo lo había hecho años atrás. Era una perforación algo dolorosa a comparación de otras. Las personas solían comenzar por los oídos antes de otras zonas, pero él no era el adecuado para juzgar. Además, Yizhen tampoco era como el resto de personas.

—Esos dolerán más que los oídos —se burló.

—¿Tus clientes te lo han dicho?

Yin Yu se hundió ligeramente de hombros ante la seriedad en la mirada del otro.

—Hablo por experiencia.

Ese comentario hizo que la mirada de Yizhen descendiera hasta su pecho, apenas consiguió con cubrirse ante la mirada del adolescente.

—No pareces muy sorprendido —señaló.

Como si hubiera sido atrapado en algo, Yizhen apartó la mirada y por un segundo casi le pareció que era vergüenza lo que estaba sintiendo.

—Dijiste que tenías perforaciones, en plural, pero en el oído sólo tienes una —explicó, luego agregó—. ¿Fue doloroso?

Sonrió.

Habían pasado casi dos meses desde que le dijo eso, por lo que era algo sorprendente que aún lo recordara. Nuevamente tuvo que esforzarse en no relacionar la decisión de Yizhen de perforar sus pezones con el conocimiento de que él tenía sus pezones perforados. Seguramente sólo había sido una decisión a base de la curiosidad. Nada extraño o de lo que debería preocuparse.

—Primero me hice el izquierdo —comenzó a explicar, cuestionándose qué tan extraño o prudente sería mostrar las perforaciones—. Pasó un mes antes de que quisiera hacerme el derecho. Aunque en general tengo una baja resistencia al dolor. —Tras decirlo se alejó detrás del mostrador para buscar los instrumentos que necesitaría—. Primero tengo que medir tus pezones antes de ir por el autoclave, ¿tienes idea de qué joyería quieres ponerle?

—Amatistas —respondió Yizhen.

Y luego señaló un par brillante que descansaba dentro de la vitrina. Eran curvos y el brillo en ellos había llamado la atención de Yin Yu desde que los vio en la revista de la que los encargó.

—La barra recta es menos dolorosa y facilita la curación… —comenzó a decir, pero el otro lo interrumpió.

—Quisiera regarlos.

La respuesta lo hizo arquear las cejas, abandonando por completo los instrumentos que sostenía.

—¿Ya no quieres hacerte la perforación?

Yizhen negó con la cabeza.

Era la primera vez que cambiaba de opinión. Yin Yu incluso podría decir que se sintió algo decepcionado. No dejó al sentimiento estar mucho tiempo cuando extrajo la joyería y se aseguró de estilizarla antes de meter el par en una bolsa transparente de plástico. Quería preguntar qué había hecho al otro cambiar de opinión, pero no se sentía prudente.

Recordó que le había mencionado el dolor que él sintió, mas no le parecía una causa razonable para el cambio de decisión en el otro.

—Entonces… ¿se los darás a tu novia? —cuestionó, tratando de no aparentar interés.

—No es una chica.

La respuesta de algún modo hizo que su corazón se moviera a un ritmo distinto.

Por algún motivo había dado por sentado que Quan Yizhen era heterosexual, hacía lo mismo con todos sus clientes, aunque no era una sorpresa descubrir que se equivocaba. Lo extraño ahora radicaba en la extraña emoción que le traía el saberlo.

—Oh, ¿entonces son para tu novio?

—No lo es todavía.

Intercambiaron una profunda mirada antes de que Yin Yu volviera a hablar.

—Bueno, supongo que es un regalo bastante peculiar entonces.

—Quisiera dárselo como una declaración —confesó Yizhen.

—Espero que acepte.

Yizhen asintió.

Algo en su mirada parecía decirle algo, pero Yin Yu no estaba seguro de cómo debería clasificarla.

—Yo también.

Fue lo último que dijo antes de salir del estudio.

 

Pasó una semana hasta que Hua Cheng le lanzó una pequeña caja morada envuelta con un listón amarillo. Había sido una mañana relajada y el motivo de que aún estuviera en el estudio era que las clases de su novio en la universidad en la que trabajaba se habían extendido. Yin Yu no sabía cómo debería reaccionar por el repentino regalo.

—¿Esto es…? —cuestionó.

—Un estudiante la dejó ayer aquí. Me pidió que te la diera.

Esa respuesta hizo que inmediatamente sus manos se dirigieran hacia el listón, más no retiró la tapa todavía.

—¿Un estudiante?

—Me parece que es un cliente tuyo —explicó.

Sintió que su corazón se paralizó por un instante al ver las dos gemas brillantes y la pequeña nota pegada en la parte interna de la tapa. No podría decir que se sentía sorprendido de eso, pero en algún lugar de su corazón una fuerte emoción hizo difícil que no sonriera en el momento.

«Las amatistas combinan con tus ojos».

 

Notes:

El fic nació porque quería hacer uso del idiom «引玉之砖» (YinYuZhiZhuan) en algo.
Pueden encontrarme en twitter como
@MeitoKodoku

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