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Sanando heridas

Chapter 2: Una segunda oportunidad

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Cuando habían acudido a ayudar a Kipo y sus amigos no espero dejarles a su fiel Pierre. No quería perderlo también. No soportaría una segunda perdida. Estaba por negarse cuando vio su rostro. Sus ojos...le recordaban a su hija. Su pequeña que perdió hace años. Fingió estar de acuerdo con Molly. Con suerte nadie sabría la verdad. Quizás su sobrina. Es demasiada observadora. Dio un último adiós antes de encaminarse de regreso a la villa. El viaje fue casi silencioso. Agradeció que no le o insistiera en hablar. No por nada la crío como, de haber sido posible, si fuera su propia hija. Lirio, ¿crees que nuestra pequeña esté bien? ¿La has visto crecer? ¿Es feliz? ¿Está a salvo? Se pregunto mirando al cielo cada cierto tiempo. Suspiró con tristeza. Se preguntaba si...no sería imposible. Si, la chica les devolvió el árbol afilador. ¡Eso fue una gran proeza! Pero, ¿podría traerle a su pequeña de regreso? ¿Que edad tendría ahora? Debía ser mayor que Kipo, supuso. No se dio cuenta que habían llegado de no ser porque Ruffles le saludó con entusiasmo. Devolvió el saludo y fue asentarse en su trono. No tenía mucho que hacer. La villa sin Pierre no es lo mismo. Extraña ese revoltoso. Molly le asegura que estará bien. Esta con Kipo, alguien en quien se puede confiar. Quiso debatir aquello pero, la verdad, tenía razón. 

Yumyan frunce el ceño al ver el comportamiento atípico de Pierre. Algo malo le ha pasado. Si, se encariño con ese par de crías humanas. Intercambió una sutil mirada con su sobrina, al verla asentir dejó escapar un suspiro. Bueno, Kipo, técnicamente, es parte de su gente al ser su amiga. Nada tiene que ver el extraño parecido con su hija. Por supuesto que no. Tampoco sintió pena ni empatía por las crías humanas. Quizás un poco. Solo un poco. En fin, no se resistió a sumergirlos en un profundo abrazo. Hace tiempo que había olvidado como se sentía la piel de un cachorro humano. Pasaron a la cocina donde les prepararon algo de cenar. Debían tener hambre. Al verlos cenar a gusto decidió excusarse para prepararles un lugar donde dormirán. Si, tenía espacio en su casa. Pero no podía...aún tiene la esperanza de volver a ver a su hija. Su cachorra. Cómo estará, se pregunto con nostalgia. Era tan pequeña...Yumyan te extraña. Murmuró al entrar al cuarto. Todo estaba casi igual. Si, cambio los muebles. Una cama en lugar de la cuna. Viejos juguetes solían estar tirados en el piso. Ahora solo queda uno. Un último recuerdo. Yumyan salió cabizbajo. Mejor preparará un lugar para los chicos. Eso le ayudará a distraerse.

-Tío. ¿Me echas una mano?-le pregunto si sobrina. Asintió sin pensarlo. No hay duda. Ella será una grandiosa lider cuando no esté en este mundo. 

-Por supuesto. Yumyan te tiene-dijo alzando su hacha.

Entre los dos terminaron en menos de una hora. Dos casitas. Dos habitaciones. Camas, ventanas y un librero si quieren ir guardando cosas. Justo a tiempo. Los cachorros han llegado. Pierre se despidió de las gemelas antes de irse a dormir. Quizás no sea tan malo tener a los cachorros. Podría ser...no, no puede pensar en ello. Tienen padres. No puede tomar su ligar. Aunque, por un tiempo, puede volver a sentirse como un padre. Si, eso hará. Mientras ellos estén bajo su cuidado será el mejor padre del mundo. Puede hacer eso. Sonrió con nostalgia la verlos dormir. Las gemelas se acurrucaron en una cama, el niño se fue a la otra habitación. Querrán algo familiar la primera noche. Comprensible. Tras una última mirada se fue a descansar. Durmiéndose con la esperanza que podría volver a ver a su propia cachorra algún día. Los rayos del sol lo despertaron. Se removió incómodo. No quería despertarse. Soñó con su pequeña. Soñó que la recuperó y estaban juntos. Un suave golpeteo terminó frustrando su intento de volver a dormir. Oh, cierto. Los cachorros. Hoy es el primer día de su segunda oportunidad, y no piensa desaprovecharla. Les enseñará a ser los mejores gatos leñadores del mundo. Si, Yumyan lo hará. No volverá a fallar.

 

**********


Cuando entraron a la madriguera de sus padres...no esperaba esto. Por un momento creyó que su madre era un muto como los gatos leñadores. Quizás por eso se llevó tan bien con ellos. Pero esto cambia todo. Se dijo por segunda vez de leer el diario. Un experimento. Kipo está intrigada. Parte muto. Parte humana. Nunca imagino algo semejante. Si, es emocionante. No muchos descubren algo tan integrante como ser producto de un experimento de sus padres. Pero, ¿considerando las posibles consecuencias? ¿Estaban consientes que podría quedarse atrapada como un mega mute? Se preguntó aferrando el diario a su pecho. Un abrazo la regreso a la realidad. Wolf. Sonrió al devolverle el gesto. No hay duda. Es su mejor amiga. Benson las distrajo. Oh, no. Tampoco está Mandu. Murmuró asustada. ¿Como los perdieron de vista? Deben encontrarlos. Nunca espero que hacerlo fuera una pequeña odisea. Literal. Menos mal que tuvieron la ayuda de un viejo amigo. Al menos ya están afuera del alcance de ese curioso muto. Munguillo. Un abrazo de grupo basto para regresar sus fuerzas. Siempre y cuando estuvieran juntos todo estará bien. Rescatara a su padre. Lograra la coexistencia entre humanos y mutos. Pero, el ancla. Aun no la tiene. No puede hacer nada si..oh, esto ayudaría. Dijo mirando con lágrimas la foto. Su familia. Un comentario de sus amigos la tomó por sorpresa. Es cierto. Su madre...su pelaje es diferente. Nada puede empeorar, ¿cierto? Pensó con preocupación. Claro, hasta darse cuenta del mega mono controlado por Scarlemagne. Un gruñido salió de su boca. Frustración. Enojo. Tristeza. Luego, sintió el tirón.

-¡Kipo!-gritó la pelinegra tratando de alcanzar a su mejor amiga. No piensa perderla. 

Su mente era un caos. Como si estuviera siendo controlada por sus emociones. No, por su parte mega. Gruño frustrada al no poder alcanzar a su madre. Vio a sus amigos. Apretó sus garras con fuerza. No quiere lastimarlos. Pero la ira es demasiada. Nunca se sintió de esa manera. Y luego esos extraños. Lo único que consiguieron fue aumentar su furia. Y luego la foto. Como si las dos partes de ella discutieran por el poder. Cerró los ojos. Recordar. Ella es...ella es...murmuró antes de sentir otro jalón que la dejó inconsistente en el suelo. Estar junto a sus amigos la regreso a la realidad. Se mordió el labio al ver a Benson. Lo lastimo. ¡Pudo haberlos matado! Estaba por hiperventilar cuando le aseguró que estaba bien. Wolf frunció el ceño ante los desconocidos. Benson se quejó del dolor. Kipo solo se rasco el brazo. Sabe que Wolf tiene razón en desconfiar pero necesitan atención médica para su amigo. No tienen muchas opciones. Todo por su culpa. Debió mantener la calma. Debió ocultar sus emociones. Debió pensar antes de lanzarse a hacer una estupidez. Si se hubiera controlado mejor no lo habría lastimado. No estaría en medio de un nuevo problema. Wolf trato de hacerla sentir mejor. No, no debe hacerlo. La culpa es suya. Hirió a su amigo. Dejo inconsciente al padre de su otro amigo. Es un peligro en su forma mega.


**********


Kipo no sabía que creer. Nunca creyó que su padre abandonaría a Hugo. ¿¡Por qué nunca le dijo que tenía un hermano!? Por eso, aun si quería ir con su padre y decirle que lo ama. No lo hizo. Su hermano lo necesita. Lo abrazo. No lo pensó dos veces. Lo vio triste y abatido. Necesita un abrazo. Y, a decir verdad, ella también. Ninguno vio como el hombre que los crió los veía con lágrimas en el rostro. Así como él tampoco vio como el hijo que dejó atrás lo miraba con resentimiento. No se quejó cuando los mutos lo soltaron con brusquedad en su jaula. No importa. Lio ha metido la pata cientos de veces. Sabe que, de haber tomado otras medidas, otras opciones, no estarían aquí. Pero ver el rostro de su hija al enterarse de lo qué pasó con Scarlemagne fue otro nivel. Le falló. Fue su culpa que los humanos sufrieran más en la superficie. Le falló a ambos. Se sentó en el suelo de su prisión. Esto nunca debió haber pasado. Ahora su hija lo odia. Está seguro de eso. Nunca fue un buen padre. Un padre no abandonaría a ninguno de sus hijos. Él lo hizo. Aun recuerda el rostro herido de Hugo. Su furia cuando se reencontraron. Cuando le dijo que ese ya no es su nombre.