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Mi momento fue conocerte

Summary:

Si le preguntas a Nagi cuál fue el primer color que vio en su vida, la respuesta era morado.

Ojos morados, pelo del mismo color, una amplia sonrisa y un halo anaranjado que entraba desde la ventana y caía sobre ellos.

Un cosquilleo que empezaba a recorrerle de pies a cabeza.

Había escuchado hablar de él. El chico más famoso del instituto, el chico de pelo morado. ¿Cómo no reconocerle?

—Oh, eres el chico de la familia rica. Dame dinero.

Porque si iba a pasar el resto de su vida con un desconocido al que le sobraba dinero por compañero, como mínimo esperaba beneficio económico.

 

Reonagi week 2023 día 6, prompst(s) usados: Soulmate AU

Notes:

Penúltimo día ya, el tiempo vuela

Muchísimas gracias @AlvialMilena en twitter por ser mi beta reader de este fic!

Este es mi fic favorito de los que escribí para esta semana. No porque sea el mejor, sino que tengo muy buenos recuerdos de escribirlo y fue el primero que terminé jaja

Gracias por darle una oportunidad y disfruten!

(See the end of the work for more notes.)

Work Text:

Nagi veía el mundo en blanco y negro.

No, no metafóricamente.

Bueno, técnicamente lo veía en una gama de grises, pero decir que veía en blanco y negro era más sencillo.

Los colores de los que hablaba la gente no eran más que historias que no se podía imaginar y hablar de ello era un dolor en el culo. Alguna gente le miraba con pena y otros pocos le daban palabras de apoyo por estar o haber estado en una situación similar.

Monocromatismo, así le había dicho el médico que se llamaba.

—¡Qué suerte!— había exclamado su madre—. Es la marca más romántica.

E históricamente así se consideraba. De todas las marcas de almas gemelas, el monocromatismo siempre estuvo en el pódium de las más románticas. Vivir una vida de color gris y que una persona llene tu mundo de color era para muchos la definición perfecta del concepto de las almas gemelas.

Tu alma gemela era la persona más importante de tu vida, la que te la cambiaba para siempre, la que dejaba huella en ella, el antes y el después, el punto de inflexión, tu compañero de vida... Cada persona lo definía de una manera distinta.

Sin embargo, el monocromatismo no era una marca común y las probabilidades de tenerla eran muy bajas. Pero al parecer eran muchas cuando se trataba de Nagi Seishiro.

—¿Estás deseando conocer a tu alma gemela?— le había preguntado su madre hacía años.

—No te creas…

—¿No quieres ver el mundo a color?

La sorpresa en su voz le hizo parpadear confundido. ¿Debía desear ver el mundo a color? No sabía ni qué eran los colores. ¿Cómo iba a querer algo que no podía ni concebir? Su vida estaba bien tal y como estaba. ¿En qué le iba a cambiar pasar de una gama de grises a una gama de colores?

 

La marca no se activa en cuanto conoces a tu alma gemela, se activa cuando vives el momento. El momento era cuando tu alma gemela te cambiaba o te marcaba la vida, el instante más importante, el que nunca podrías olvidar.

Que el momento coincidiese con tu primer encuentro con tu alma gemela era raro. No era imposible, pero apenas a un uno por ciento de la población le pasaba. Era considerado el tipo de momento más romántico. Amor a primera vista, le llamaban. ¿Pero cuáles eran las probabilidades de tener la marca y el momento más románticos?

Al parecer eran muchas para Nagi Seishiro.

Un golpe en la espalda, un móvil volando y él detrás para cogerlo. Una voz disculpándose y pasos bajando rápido las escaleras con preocupación. Un control perfecto al vuelo, una pequeña exclamación de admiración y…

—Oh, aún tengo vida.

La partida seguía en juego.

Más pasos rápidos acercándose, esta vez con emoción y no con pánico. Una voz ilusionada a su lado.

—¡¿Quieres jugar al fútbol conmigo?!

Una partida perdida, un giro de cabeza desganado y un par de ojos mirándole.

Si le preguntas a Nagi cuál fue el primer color que vio en su vida, la respuesta era morado.

Ojos morados, pelo del mismo color, una amplia sonrisa y un halo anaranjado que entraba desde la ventana y caía sobre ellos.

Un cosquilleo que empezaba a recorrerle de pies a cabeza.

Había escuchado hablar de él. El chico más famoso del instituto, el chico de pelo morado. ¿Cómo no reconocerle?

—Oh, eres el chico de la familia rica. Dame dinero.

Porque si iba a pasar el resto de su vida con un desconocido al que le sobraba dinero por compañero, como mínimo esperaba beneficio económico.

El otro había reído con un brillo en sus ojos y le había pasado a Nagi un brazo por el cuello.

—¡Juguemos al fútbol!

Y Nagi solo podía pensar en el brillo de sus ojos morados. Porque nunca en su vida pensó que sería la razón por la que alguien estaría tan emocionado.

La probabilidad de que el momento en que tu marca se activase fuese el mismo que el de tu alma gemela era alta, pero al universo le gustaba ser irónico.

El momento en que Nagi descubrió que Reo era su alma gemela no coincidía con el momento en que Reo descubrió que Nagi era la suya.

 

Nagi al principio pensaba que el momento de Reo coincidía con el suyo. La forma en que lo miraba aquel día y cómo le seguía y buscaba desde entonces le hizo pensar que era el caso; pero Reo nunca había sacado el tema y tampoco estaba en la personalidad de Nagi hacerlo. Así que se mantuvo a su lado, jugando al fútbol y dando por hecho que los dos sabían que eran almas gemelas.

Así fue hasta cierto día en el vestuario.

Nagi estaba tirado en el banco jugando con el móvil mientras Reo se acababa de cambiar. El de pelo morado no paraba de rebuscar en su bolsa con los labios fruncidos y Nagi lo miró de reojo.

—¿Qué pasa?

—No encuentro algo— chascó la lengua y se giró a verle—. ¿Has visto…?

Pero Nagi ya no le estaba prestando atención.

No era la primera vez que veía a Reo sin camiseta, pero esta vez era diferente, algo había captado su atención. Había letras escritas encima de su clavícula derecha, letras ininteligibles, un tatuaje negro que parecía un borrón.

Mensaje incognoscible, el tipo de marca más común en el mundo.

El tatuaje eran las palabras más importantes que escucharías de tu alma gemela, las más importantes para ti, la que más te marcarían en tu vida; y una vez escuchadas, el borrón se volvía un tatuaje precioso y lleno de color con las palabras dichas.

Había infinidad de casos donde las palabras les habían influido positivamente, mientras otros muchos eran negativos, y Nagi se preguntaba de cuál de las dos categorías serían las suyas.

—¡Nagi!— llamó Reo con los brazos en jarra al darse cuenta de que el otro no le estaba haciendo caso.

Nagi miró su ceño fruncido y su enfado. No estaba enfadado de verdad, un par de palabras y Reo le sonreiría como siempre.

Pero Nagi no paraba de darle vueltas. ¿Qué podía decirle a una persona como Reo como para marcar su vida? Aún le costaba entender que fueran almas gemelas cuando no se veía a sí mismo cambiando la vida de nadie. ¿Existían las almas gemelas unilaterales? ¿Y si Reo era su alma gemela, pero él no la de Reo? Se sentía irreal.

Pero no se iba a quejar, no cuando Reo le hacía compañía y le sonreía de esa manera suya que le causaba mariposas en el estómago.

 

No, no había casos documentados de almas gemelas que no se correspondían, al parecer el sistema era infalible. Bueno, de aquella manera, pues había gran cantidad de casos de gente cuyas almas gemelas fallecieron antes de conocerse.

Entonces Nagi era el alma gemela de Reo. Solo tenía que esperar al momento en que la marca de Reo se activase.

—¿Qué piensas de las almas gemelas?— le había preguntado Reo un día.

Acababan de terminar de entrenar y estaban tirados en el suelo, uno al lado del otro.

Ese día una compañera de clase había tenido su momento y ella y su alma gemela habían empezado a salir. Las dos chicas no habían hecho mucho escándalo con el suceso, pero el morbo había hecho que la noticia se expandiese como la pólvora.

—Están bien, supongo— había contestado y, quizá porque Reo aún no sabía que estaban destinados y quería darle una buena impresión, añadió: —. Me gusta eso de ya tener un compañero de vida escogido nada más nacer. Buscar uno por mí mismo suena a dolor en el culo.

Reo había tardado en contestar. La luz del atardecer en su pelo recordó a Nagi al día en que se conocieron, a su momento.

—No me gusta que planeen mi vida por mí— se había tocado el tatuaje por encima de la camiseta, a Nagi no se le había escapado el movimiento —. Quiero ser yo quien escoja con quién pasar el resto de mi vida. Quiero enamorarme de alguien genuinamente, no porque me lo dice una marca en mi cuerpo.

Giró la cabeza y sus ojos se cruzaron. Había algo en ellos que Nagi no supo descifrar, pero pasó de dale vueltas al tema.

El color de los ojos de Reo siempre sería su favorito y podría pasarse horas mirándolo.

—Tengo miedo de planear una vida junto a alguien y que el universo me diga que me equivoqué.

Reo apartó la mirada.

Nagi hizo lo mismo.

No volvieron a hablar de almas gemelas.

 

Blue Lock era un hervidero de emociones.

Nagi había llamado a Reo un dolor en el culo en un momento impulsivo, cuando dejó la rabia nublarle el conocimiento.

¿Olvidaste nuestra promesa? No, ¿cómo podía? Eran almas gemelas, Reo era su compañero de vida.

Nagi estaba frustrado. Frustrado por no haber podido escoger a Reo, porque Reo no entendía sus intenciones, porque le había acusado de olvidarse de su promesa.

Frustrado por no haberse dado la vuelta a ver a Reo antes de abandonar el campo del 3 contra 3.

Porque con cada día que no veía a Reo crecía su miedo de que las palabras en su clavícula fuesen esas que se arrepentía de decirle. De que tuviese grabado en su piel “eres un color en el culo, Reo” por lo que le quedaba de vida, recordándole el momento en que Nagi lo abandonó, su momento.

Nagi odiaba al universo.

 

Reo nunca sacó el tema. Nagi tampoco. No se hablaban, pero había cordialidad entre ellos. Una distancia que Nagi no sabía cómo acortar.

Habían ganado contra la sub20 y Ego les había dado tiempo de descanso fuera de la cárcel que era Blue Lock, de ese ambiente agobiante y competitivo.

Reo no contactó con Nagi. Nagi tampoco con Reo.

Se encontraron en Shibuya. Reo con Yukimiya y compañía y Nagi con Isagi y compañía.

Jugaron en el arcade, fueron al karaoke, se toparon con los exjugadores de la sub20, jugaron a los bolos, fueron a cenar a una pizzería y sacaron el tema de las almas gemelas.

—Mensaje incognoscible— había dicho Reo con una sonrisa orgullosa cuando llegó su turno de hablar de su alma gemela—. Pero aún no he tenido mi momento. No sé quién será.

Nagi había sentido que podía respirar por primera vez desde el 3 contra 3. “Eres un dolor en el culo, Reo” no marcarían la vida de su destinado y eso era lo único que le importaba.

—¿Y tú, Nagi?— Chigiri hizo la pregunta, todos estaban atentos a la respuesta—. ¿Cuál es tu marca?

—Monocromatismo— y porque todos le miraban con pena y sorpresa, aclaró—. Pero ya no lo tengo. Encontré a mi alma gemela.

Estallaron en vítores y le bombardearon con preguntas.

A Nagi solo le importaba la reacción de una persona. Reo no se había inmutado, seguía comiendo, pero una sonrisa bailaba en sus labios y algo brillaba en sus ojos.

Reo no dijo nada al respecto. Nagi tampoco.

 

Nagi se preguntaba cuáles eran las palabras que le importarían tanto a Reo como para tenerlas grabadas en la piel.

Reo era una persona extravagante y todo lo que hacía, lo hacía a lo grande. ¿Su dinero en el banco? Grande. ¿Sus gastos en entrenamientos? Grande. ¿Su talento? Grande. ¿Su sueño? Grande. ¿Sus sentimientos? Grandes.

¿Su momento?

Nagi empezaba a creer que sería cuando ganasen la copa del mundo. ¿Porque qué podría marcar más la vida de Reo que cumplir su sueño con su alma gemela al lado?

Reo todo lo hacía a lo grande y su momento no podía ser menos.

 

Ganaron a Isagi, perdieron el partido y volvieron a como eran antes.

Reo estaba hablando de sueños y motivaciones con grandes aspavientos y discursos.

Nagi miraba fijamente el borrón en su clavícula. Había empezado a comunicarse más y mejor con su alma gemela. ¿Debería decirle que lo eran? Pero Reo quería enamorarse por su propia cuenta, no por estar destinados.

—Por cierto, Reo— no iba a confesar aún, pero había cosas que se tenía que sacar del pecho. A Reo le brillaban los ojos como antes de Blue Lock y Nagi no podía apartar la mirada de ese morado que le había encandilado a primera vista—. Hace tiempo que no estábamos así.

A Reo se le cayó la sonrisa, confusión adornando cada uno de sus rasgos faciales.

Un sonido de confusión y una confesión tardía, necesaria.

—Gracias, Reo— un cruce de miradas—. Por invitarme a jugar fútbol.

Una cara de shock, un par de chistes incrédulos, una sonrisa reservada solo para él, otro chiste y un cosquilleo que le recorría de pies a cabeza.

Un borrón en una clavícula donde ahora ponía “Gracias, Reo” en una mezcla de morado y plateado.

Reo no había hablado del tema. Nagi tampoco.

Si le preguntas a Nagi cuál es su color favorito, la respuesta era la mezcla de morado y plateado en el cuerpo de Reo.

Y quién le iba a decir a Nagi que para una persona tan grande como Reo, su momento, las palabras que lo marcarían de por vida, sería algo tan sencillo.

 

—¿Por qué no dijiste nada cuando se activó tu marca?— Nagi le preguntó años más tarde.

—Porque ya sabía que éramos almas gemelas, estaba esperando a que llegase el momento— Reo sonrió de lado, su sonrisa orgullosa que decía que era mejor que tú—. Ya me lo sospechaba de antes, pero lo confirmé en el descanso de Blue Lock tras el partido contra la sub20.

—¿En la pizzería?— Nagi le apretó la cintura, acercándolo más.

—Antes— le abrazó el cuello, le empezó a acariciar el pelo y Nagi cerró los ojos—. Sabía que no encontraría a ninguna persona en mi vida que me pudiese marcar más que tú. En cuanto investigué que no hay ninguna persona que no sea correspondida por su alma gemela, lo tuve claro— Nagi sonrió levemente. Él también había buscado lo mismo en un punto—. Pero no sabía que tú ya habías tenido tu momento, ni cuál era tu marca. Lo de la pizzería fue una grata sorpresa.

Nagi abrió los ojos y miró los del contrario. Ese morado con ese brillo reservado para él, esa sonrisa que solo iba en su dirección, no se cansaba de verlos.

—Mi momento fue conocerte— susurró contra sus labios.

Notes:

Muchas gracias por leer y espero que les haya gustado! Se aprecian kudos, comentarios y críticas

Si el capítulo 207 no llega a haber salido, este fic sería completamente distinto, así que gracias Kaneshiro y Nomura por vuestro servicio

Hasta mañana, con el último fic ya!

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