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Between the Lines

Summary:

—Bueno, Nagi, creo que todos nuestros espectadores y gente aquí presente en plató quiere hacer la misma pregunta. Tu retirada. ¿Por qué ahora y tan de repente?

Nagi pareció pensarlo un poco antes de contestar.

—El fútbol ya no es excitante.

—¿A qué te refieres?

—Ya no me queda nada por ganar.

 

O donde Nagi anuncia su retirada de forma repentina y una joven periodista consigue entrevistarlo al respecto, descubriendo al final el mayor secreto del futbolista sin querer.

Reonagi week 2023 día 7, prompst(s) usados: Post-Canon

Notes:

El último :>

Muchísimas gracias @AlvialMilena en twitter por ser mi beta reader de este fic!

Tener que poner Soccer Player en las etiquetas me duele en el alma, pero qué remedio

Gracias por darle una oportunidad y disfruten!

(See the end of the work for more notes.)

Work Text:

Suzuki Akari llegó al estudio de grabación llena de emoción. Hacía una semana una de las estrellas del fútbol japonés, Nagi Seishiro, había anunciado su repentina retirada. El mundo futbolístico y sobre todo Japón habían quedado en shock. Nagi tenía 28 años y estaba aún en buena forma, siendo uno de los mayores goleadores de la temporada pasada en la Premier League y llevando a su equipo a ganar la Champions. Todo el mundo esperaba que siguiese en lo más alto del fútbol profesional durante varios años más antes de fichar por un equipo japonés y jugar allí sus últimos años antes de retirarse definitivamente. Pero el delantero parecía tener planes distintos y había dejado caer la bomba en un post de Instagram sin más explicación que una foto de unas viejas botas y un simple “ya he cumplido”.

Los periodistas deportivos alrededor del mundo habían corrido a buscar una entrevista con él para ser los primeros en dar la exclusiva de los detalles de la decisión, pero Nagi Seishiro era imposible de contactar y a lo largo de su carrera nunca había contestado preguntas de índole personal. Su vida privada era uno de los grandes misterios del deporte actual y lo poco que sabía era por detalles que se les habían escapado a compañeros de equipo o de selección.

Suzuki Akari había sido parte de los periodistas que habían enviado emails y contactado con amigos cercanos del delantero para conseguir una entrevista. Tras meses de silencio por parte de Nagi, ya casi todos se habían rendido y hecho a la idea de que no iban a recibir respuesta.

Por eso grande fue su sorpresa cuando recibió una llamada de un número desconocido y resultó ser el mánager de Nagi.

—¡¿Quiere hacer una entrevista conmigo?!— dijo emocionada.

—Sí— contestó el mánager—. No me preguntes por qué de repente le dio por ahí, pero dice que si tiene que hacer una entrevista con alguien sobre su retirada, quiere que sea contigo.

Suzuki Akari tapó el micrófono para gritar. No solo era esto un gran paso en su carrera que aumentaría su prestigio como periodista deportiva, sino que además había sido fan de Nagi desde que lo había visto en el proyecto Blue Lock cuando apenas era una estudiante de escuela primaria. Dicho proyecto y la gran selección japonesa que salió de él fueron lo que la llevaron a estudiar periodismo. Ahora poder entrevistar a uno de los nombres más conocidos del proyecto la llenaba de ilusión.

—Es un placer que Nagi me haya escogido— dijo aguantando las lágrimas de alegría.

—Cuando puedas envíame los detalles de la entrevista al email que te he mandado por mensaje.

—¡Sí, señor!

—Ah, y una cosa— recordó antes de colgar—. Nagi además tiene otra condición para hacer la entrevista.

Suzuki sintió que se le congelaba la sonrisa en la cara. ¿Otra condición? ¿La entrevista entonces no estaba asegurada?

—Nagi quiere que sea en directo.

Suzuki empezó a respirar de nuevo.

—¡Sin problema!

Así llegó hoy al estudio de grabación con los ánimos por los cielos. Era el día de la entrevista y sabía que nada podía arruinarle el buen humor. Había enviado las posibles preguntas al mánager de Nagi y habían dado el visto bueno a todas ellas, incluidas las referidas a su vida personal y retiro.

Nagi había llegado poco antes de empezar, sentándose en su asiento frente a las cámaras mientras jugaba a algo en su móvil. Suzuki sentía que se le iba a parar el corazón cada vez que lo veía. Aún no podía creer que Nagi Seishiro estaba sentado frente a ella.

—Entramos en directo en cinco minutos— avisó alguien de producción y Suzuki cogió aire para relajarse y repasó mentalmente la introducción.

—¡Y estamos en directo!

—Buenos días— saludó con una practicada sonrisa y juntó las manos en su regazo para que no se notase que estaban temblando—. Hoy tenemos con nosotros a Nagi Seishiro, delantero actual del Manshine City. Buenos días, Nagi.

—Hola…

Su voz era muy monótona y su cara, inexpresiva. Suzuki había escuchado en numerosas ocasiones sobre ello, pero era distinto vivirlo en persona. No sabía qué estaba pensando ni qué sentía y se mordió la lengua sabiendo que la entrevista podía acabar siendo más difícil de lo que había esperado en un principio.

Empezó con preguntas suaves. ¿Qué tal? ¿Cómo fue el viaje?

—¿Qué se siente al estar en Japón de nuevo? Con todas las exigencias que tiene un atleta profesional, supongo que no tendrás tiempo para venir a menudo.

Nagi se encogió de hombros.

—Suelo venir una vez cada tres meses.

Suzuki quiso abrir los ojos sorprendida, pero se contuvo. Si alguien tan famoso como Nagi cogía un avión se enteraría al menos alguien, ¿no? ¿Por qué nunca había habido noticias al respecto?

—Ah, ¿visitando a la familia?— sonrió cómplice.

—Familia— parpadeó—. Sí.

A Suzuki le dio un pequeño tic en el ojo. Era demasiado difícil sacarle información a Nagi. Tendría que ir al grano.

—Bueno, Nagi, creo que todos nuestros espectadores y gente aquí presente en plató quiere hacer la misma pregunta— hizo un guiño a cámara—. Tu retirada. ¿Por qué ahora y tan de repente?

Nagi pareció pensarlo un poco antes de contestar.

—El fútbol ya no es excitante.

—¿A qué te refieres?

—Ya no me queda nada por ganar.

Era cierto. Suzuki repasó su palmarés mentalmente. En términos de clubs, había fichado por un equipo de la Premier League con diecisiete, había ganado su primera liga inglesa con diecinueve y su primera Champions con veintiuno. Había jugado un par de años en un club español, consiguiendo una Liga y dos Copas del Rey. El año que estuvo cedido en Alemania ganó la Bundesliga y su primera Europa League; y cuando lo cedieron a Italia también se llevó una Serie A. Solo le faltaba la Ligue 1 para haber ganado todas las grandes ligas europeas. Y en términos de la selección japonesa, el equipo lleno de jugadores de Blue Lock se había llevado varias Copas Asiáticas y un mundial cuando Nagi tenía veintiuno. Hasta individualmente había tenido mucho éxito, ganando un Balón de Oro y recibiendo el premio Puskás al mejor gol en todos los años de su carrera.

—Lo sorprendente es la decisión de dejar el fútbol completamente de golpe— explicó ella para tratar de sacarle más información—. Lo normal es retirarse a una liga menor y luego dejarlo varios años más tarde.

—Qué dolor en el culo— se quejó en bajo y Suzuki celebró mentalmente sacarle alguna emoción, aunque esta sea desagrado.

—Muchos jugadores internacionales japoneses regresan a sus equipos locales para disfrutar de la afición en sus últimos años. ¿Alguna vez te lo has planteado?

—No.

La forma de decirlo casi le borró la sonrisa a Suzuki.

—¿Por qué no?— Nagi no contestó—. ¿No te haría ilusión jugar en tu país?

—Gané todo lo que había prometido ganar y el fútbol ya no es excitante, ¿para qué seguiría jugando?

—¿Habías prometido ganar?— repitió Suzuki. No iba a dejar eso escapar, no creía que solo la falta de excitación haría que un jugador lo dejase tan de golpe.

—Le había prometido a Reo ganar la Copa del Mundo juntos.

—¿Mikage Reo?— hizo como que no lo conocía, pero era imposible no saber quién era el heredero de la corporación Mikage y jugador de aquella selección japonesa que había traído la Copa del Mundo a casa—. Pero la Copa la ganasteis hace ya siete años…

—Seguí jugando porque el fútbol en Europa era excitante, pero tenía claro que lo dejaría en el momento que lo dejase de ser.

—Y ese momento es ahora.

Nagi asintió y Suzuki esperó a que dijese algo más, pero Nagi solo se la quedó mirando fijamente. Al final Suzuki acabó desistiendo y miró sus notas para ver qué pregunta hacerle a continuación.

Estuvieron hablando de forma amena de sus rutinas de entrenamiento, su adaptación a los distintos países en los que estuvo jugando y las diferencias entre ellos y Japón. Nagi acabó confesando que su dieta y hábitos no eran ejemplares y que recibía regañinas constantes de sus entrenadores y preparadores físicos por su dejadez.

—Cuando vienes a Japón a visitar a la familia debe ser complicado entonces. No tienes a ninguno de tus entrenadores cerca para mantenerte en forma.

Para sorpresa de Suzuki, Nagi hizo un puchero.

—Aquí es peor. Reo no me deja descansar— se quejó y Suzuki levantó las cejas al escuchar el nombre del exjugador otra vez.

—Reo y tú parecéis tener una relación muy cercana— rio.

—Sí.

—Los dos salisteis de Blue Lock junto con otros grandes jugadores como Isagi Yoichi o Itoshi Rin. ¿Aún mantenéis contacto entre todos vosotros?

—Intentamos hacer una reunión una vez al año— explicó—. Antes de que comiencen los entrenamientos de pretemporada.

Hablaron otro rato sobre los jugadores de Blue Lock y su relación con Nagi. Suzuki volvió al tema de la retirada y preguntó por la imagen que había subido a Instagram junto al anuncio.

—Esas botas debían ser muy importantes para ti. No hemos podido evitar fijarnos de que son las mismas que usabas en Blue Lock.

—Me las regaló Reo cuando me estaba enseñando a jugar al fútbol— dijo con una pequeña sonrisa.

—¿Reo te enseñó?— preguntó sorprendida, era la primera noticia que tenía al respecto—. ¿Y eso?

—Un día nos cruzamos en las escaleras y, tras controlar el móvil en el aire, me pidió que me uniese al club de fútbol. Era la primera vez que alguien me veía como me estaba viendo Reo en ese instante y acabé aceptando. Él fue el que también me convenció para quedarme en Blue Lock. En aquella época, el fútbol para mí era un dolor en el culo. No entendía por qué había gente como Reo que lo vivían tan pasionalmente, pero el esfuerzo valía la pena al ver cómo sonreía cada vez que ganábamos.

Suzuki sonrió suavemente.

—Le tienes mucho cariño.

—Sí, lo quiero mucho. No me imagino una vida sin él a mi lado— confesó y Suzuki sintió que se le calentaban las mejillas ante lo que le pareció una mirada enamorada del otro.

Suzuki miró disimuladamente hacia el mánager de Nagi. No habían pactado preguntas sobre la razón por la que había empezado a jugar al fútbol y quería asegurarse de no estar cruzando ninguna línea, pero la mirada fulminante que el mánager le estaba mandando a Nagi era respuesta suficiente. Era mejor cambiar de tema.

—¿Y qué pretendes hacer ahora que te retiras?— preguntó sonriendo ampliamente—. ¿Tienes pensado ser entrenador en un futuro?

Nagi pensó un momento.

—No— contestó honestamente—. Mi plan es dormir y jugar videojuegos, pero Reo seguro que insiste para que haga algo, no sé el qué.

_Reo otra vez_, pensó divertida.

—Estoy segura de que hablo en nombre de todos cuando digo que nos gustaría verte en el ámbito futbolístico en un futuro.

La entrevista acabó poco después a petición del mánager. Nagi parecía ya cansado y cada vez o contestaba con monosílabos o metía a Reo en la conversación siempre que podía. Suzuki tuvo que contener la risa cuando preguntó si Nagi había seguido sus estudios mientras jugaba profesionalmente y este contestó que Reo se había sacado dos carreras universitarias al mismo tiempo mientras jugaba en un equipo de primera división inglesa. El mánager parecía al borde de un ataque de corazón y Suzuki decidió terminar antes de que el pobre hombre no pudiese más.

—Te dije que la entrevista es sobre ti— escuchó que regañaba a Nagi mientras los dos se iban al camerino que le habían preparado—. No puedes nombrar a Mikage y dar su información personal sin antes haberlo hablado con él.

—¿Por qué le importaría a Reo si lo alabo en televisión?

—¡Él tiene su privacidad!

Suzuki rio, parecía que esa conversación era una que tenían a menudo. Acabó de recoger sus cosas y felicitó a todos los trabajadores detrás de cámaras, que la felicitaron de vuelta por haber llevado a cabo con éxito la primera entrevista larga a Nagi Seishiro.

Una vez acabó, se dirigió al camerino del futbolista, queriendo pedirle un autógrafo y una foto antes de que se marchase. Le informaron que estaba todavía dentro hablando con su mánager, así que se apoyó en la pared esperando su salida, no queriendo molestar. Se entretuvo viendo los comentarios de la gente sobre la entrevista en redes sociales. Había un sentimiento general de pena por su decisión de dejarlo y muchos insistían con que alguien lo intentase convencer de aguantar un poco más.

Estaba riendo en bajo por un meme que acababa de ver cuando escuchó a alguien acercarse por el pasillo. Levantó la vista y sintió que se le paraba el corazón. Era un hombre alto y guapo, de pelo morado y ojos del mismo color. Caminaba con seguridad y su ropa gritaba riqueza. No había persona en Japón que no lo conociese.

Suzuki se enderezó rápidamente e hizo una reverencia al verle acercarse.

—Mikage, buenos días— saludó con manos temblorosas.

—Buenos días— sonrió amablemente y Suzuki sintió que se estaba poniendo roja—. Suzuki Akari, ¿no? Vi la entrevista y estuvo muy bien. Enhorabuena.

—Ah, no, yo— no le salían las palabras de la vergüenza—. No fue para tanto, es mi trabajo.

—No tiene por qué ser tan modesta— rio—. Es muy difícil hacer que Nagi se abra tanto y esté tan cómodo con un entrevistador. Debería estar orgullosa.

—¡Muchas gracias!— volvió a hacer otra reverencia y sintió lágrimas en sus ojos ante los cumplidos de alguien a quien había admirado de joven—. Si me permite la insolencia, ¿qué le trae por aquí? ¿Tiene una reunión con el CEO?

—No, vengo a recoger a Nagi.

Tras la entrevista, Suzuki sospechaba que la relación entre ambos era demasiado cercana, pero descartó esos pensamientos. Los dos eran amigos desde el instituto y no era extraño que uno recogiese al otro, o el otro se deshiciese en halagos cada vez que hablaba del uno… O que lo sacase cada vez que podía en la conversación…

No, lo de Nagi le seguía pareciendo extraño.

—Aún está dentro del camerino— explicó y jugó con el móvil en sus manos—. Yo solo quería pedir un autógrafo y me marchaba ya.

Mikage volvió a reír.

—No pasa nada, es normal— la tranquilizó—. ¿Quién no querría un autógrafo de Nagi Seishiro?

Suzuki sonrió y los dos esperaron en silencio a que Nagi saliese.

El mánager fue el primero en abandonar la sala, quejándose en bajo de algo. Suspiró entre cansado y aliviado cuando vio a Mikage fuera y se acercó a pasó rápido.

—Por favor, enséñale a contestar a las preguntas como teníamos pactado— le rogó desesperado—. Los del departamento de imagen pública me van a matar a este paso.

—En este punto no crea que pueda hacer nada, señor Takahashi— sonrió sin remedio—. Llevo desde los diecisiete intentándolo.

—Si no te escucha a ti, entonces no escuchará a nadie— se lamentaba dramáticamente.

—Bueno, ahora que se retira ya no tendrá que cuidarse de que diga algo que no debe.

—Sí, claro— chascó la lengua—. Voy a seguir revisando sus redes hasta que tenga cuarenta. Miedo me da lo que pueda subir ahora que vais a vivir juntos todos los días.

Suzuki sintió a Mikage tensarse a su lado y el de pelo morado le hizo un gesto al mánager hacia ella con la mirada. Tanto el hombre como Suzuki entendieron el significado; cuida lo que dices que hay alguien ajeno presente.

El mánager se sonrojó avergonzado y se aclaró la garganta.

—Tengo una reunión a la que ir. Gracias por pasarte a recoger a Nagi— entonces se giró para ver a la periodista—. Enhorabuena por la entrevista. Ha sido un placer.

—Igualmente— sonrió ella mientras lo veía alejarse.

—Reo— llamó Nagi saliendo del camerino por fin—. Estoy cansado, ¿nos vamos ya?

El futbolista parecía que iba a colgarse del otro antes de ver a Suzuki y detenerse en seco. La miró confundido y ella corrió a sacar un bolígrafo y una hoja de papel.

—Perdón por molestar, quería…— se los ofreció y Nagi entendió el mensaje, firmando y devolviéndoselo rápidamente—. Muchas gracias.

—De nada— contestó secamente—. Reo, ¿vamos?

Mikage asintió y se despidió también.

Suzuki observó embelesada el autógrafo y lo guardó con cuidado. Cuando volvió a levantar la vista, vio a los dos alejarse hablando entre ellos con sonrisas cómplices. No pudo evitar fijarse en lo cerca que andaban y en sus dedos meñiques entrelazados. Sonrió para sí misma y se marchó contenta, prefiriendo hacer la vista gorda.

Casi un año más tarde Nagi Seishiro volvió a revolucionar internet con un anuncio inesperado. Tras meses de silencio, de repente subió un post a Instagram con dos fotos: la primera de Mikage Reo y él con diecisiete años tras ganar un partido con el instituto Hakuho, y la segunda, ellos dos con veintiuno y la Copa del Mundo en brazos. Pero el texto era lo impactante.

“Ey, Reo, te prometí la Copa del Mundo y te la di. Tú prometiste estar conmigo hasta el final, ¿te casarías conmigo entonces?”

Suzuki rio al verlo, recordando las interacciones que había visto el día de la entrevista. Estaba disfrutando del caos en redes sociales cuando Mikage Reo también subió una foto de dos anillos a Instagram.

“Sei, llevamos casados cuatro años, deja de intentar darle un infarto al señor Takahashi”.

Notes:

Pequeño fun fact que no pude meter en la historia: Nagi decidió hacer la entrevista con Akari porque Reo dijo en más de una ocasión que le gustan sus reportajes sobre Blue Lock y los futbolistas que salieron de ahí. Tampoco creo que en el manga le den a Nagi un palmarés tan grande, pero eso no me va a detener

Y bueno, aquí se acaba la reonagi week! Ha sido un placer poder participar y muchas gracias a todas las personas que se han decidido pasar por algún fic!

Muchas gracias por leer y espero que les haya gustado! Se aprecian kudos, comentarios y críticas

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