Actions

Work Header

Tu cabello luce bien hoy

Summary:

"—Estás perdido, nunca conocí a nadie que estuviera tan mal —afirmó Mike, parado junto a su casillero en el atestado pasillo.
—Ya lo sé, Mike, estoy al borde de la locura —respondió John con un gruñido—. No puedo controlarlo; cada vez que lo veo se me aflojan las rodillas. Me muero de ganas de arrojarme sobre él y besarlo hasta que no pueda respirar.

[...]

—Es más sencillo de lo que crees, John —le respondió Mike—. Averigua si está interesado e invítalo a salir.
—¿Y cómo hago eso?
—Coquetea con él."

✨✨✨

John está perdidamente enamorado de su amigo de toda la vida, Sherlock.
Cansado de ocultar sus sentimientos, y con la esperanza de que éstos sean correspondidos, decide seguir el consejo de Mike y coquetear con él.
Sherlock aún lo está procesando.

Notes:

❤Fluff. Fluff. Mucho mucho Fluff❤

(See the end of the work for more notes.)

Work Text:

—Estás perdido, nunca conocí a nadie que estuviera tan mal —afirmó Mike, parado junto a su casillero en el atestado pasillo.

—Ya lo sé, Mike, estoy al borde de la locura —respondió John con un gruñido—. No puedo controlarlo; cada vez que lo veo se me aflojan las rodillas. Me muero de ganas de arrojarme sobre él y besarlo hasta que no pueda respirar.

La voz de John se elevaba ligera por sobre las cabezas de los estudiantes que iban y venían con prisa. Era una voz como cualquier otra, pero Sherlock podría distinguirla de entre un millón similares. Para sus oídos era la voz de John , su amigo de toda la vida, del que estaba locamente enamorado. Por supuesto que John no sabía nada sobre eso, lo que no impedía que la mente de Sherlock jugueteara con las posibilidades, y acabara pasándose el día soñando despierto con la sonrisa torcida de John, el brillo de sus ojos azules, el hoyuelo en su mejilla izquierda, el roce de sus manos en la piel, la caricia de sus labios contra los suyos. Qué no daría él por un beso de esos labios. La voz de John solía aletear junto a su alma y darle nueva vida a su espíritu; mas esta mañana logró romperle el corazón.

Sherlock se mantuvo escudado tras un grupo de adolescentes, temeroso de seguir escuchando las confidencias de John a su compañero de clases. John está enamorado, se dijo a sí mismo con amargura. Sintió cómo todas sus esperanzas se derrumbaban con estrépito mientras John seguía enumerando las maravillas del joven que le había robado el aliento.

—Es más sencillo de lo que crees, John —le respondió Mike—. Averigua si está interesado e invítalo a salir.

—¿Y cómo hago eso?

—Coquetea con él. Dile algo lindo.

John lo miró, suspicaz. Como respuesta, Mike desplegó sus plumas cual pavo real, acodándose en el casillero, le lanzó la más seductora de sus miradas y con voz grave le dijo:

—Hola, John; ¿cómo va tu día?

John estalló en carcajadas. Mike siguió, imperturbable:

—Tu cabello luce bien hoy.

John intentó reprimir el nuevo torrente de carcajadas que sentía burbujeandole en la garganta. Un asomo de lágrimas le picaba en los ojos.

—¿Estás libre este fin de semana? —continuó Mike—. Yo planeo ir al cine, ¿quieres ir conmigo? —le sonrió pícaro—. Algo así, ¿sabes? Casual pero directo —le explicó a John.

—Está bien, intentaré con eso —respondió John, todavía riendo—. Gracias por el consejo.

Mike acabó de guardar sus cosas y ambos se retiraron juntos a clase, sus voces y risas se perdieron por el pasillo. Nadie notó al muchacho alto y pálido que se alejó en dirección opuesta, arrastrando los pies con un sollozo escondido en el pecho.

✨✨✨

Verlo y acercarse a él fue todo obra de un instante. Una extraña fuerza lo arrastraba a Sherlock en todo momento, lo hacía buscar su contacto, apreciar su calor y su perfume. Era la misma fuerza que le retorcía la boca del estómago, le coloreaba las mejillas, le provocaba cosquilleo en las manos y temblor en la voz. Con el paso de los años el efecto de Sherlock en su mente y en su cuerpo había ido en aumento, y John ya no podía soportar la situación por mucho más tiempo. Cansado, estaba dispuesto a dar el paso que descubriera sus sentimientos a su mejor amigo.

—¡Sherlock! —lo saludó con amplia sonrisa.

—Hola, John —respondió éste con desgano.

—¿Estás bien? —preguntó John, la preocupación tiñó su voz.

—Cansado —replicó evasivamente Sherlock.

—Trabajas mucho, necesitas distraerte —siguió John con un extraño brillo en los ojos—. Este fin de semana, quizás, puedas salir… divertirte.

Sherlock reprimió una mueca de amargura. ¿Cómo podría ver esos ojos todos los días, sabiendo que nunca serían suyos? ¿Cómo soportar la perfección de esa sonrisa que ahora pertenecía a alguien más? La dulce voz de John ya no produciría embriagadores delirios en su mente adormecida de madrugadas; la esperanza había muerto en su corazón, esa boca suspiraba por los besos de otro, jamás se uniría a la suya.

—Puede ser —respondió con un resoplido impotente.

John lo observó con detenimiento, y consideró lo que diría a continuación. Dile ahora, por qué no decirle ahora . Los nervios lo traicionaron, y lo que tantas veces había repetido en su mente le sonó enredado y confuso:

—Tu… tu cabello luce bien hoy —farfulló con la voz quebrada.

Sherlock sintió como si una bofetada helada lo arrancara de este mundo. No podía creerle a sus oídos, los engranajes giraron a toda potencia en su cerebro. No podía ser casualidad, eran con exactitud las mismas palabras que había escuchado en el pasillo. Soy yo , pensó incrédulo, soy yo . Intentó hablar, mas lo único que salió de su boca fue un sonido leve e inarticulado.

—Lo… lo siento —se apresuró a agregar John—. Eso fue extraño, ¿verdad? Olvida lo que dije —lanzó una risilla nerviosa, esgrimió una falsa excusa para irse y desapareció antes de que su amigo pudiese reaccionar.

Sherlock no tuvo consciencia de lo que hizo y dijo durante el resto del día, caminaba como paseando entre las nubes con la mirada perdida y una sonrisa estúpida en el rostro. Los cielos se habían abierto a sus pies y le habían susurrado que era el más afortunado de los mortales. De pronto, se le entregaba en sus manos aquello que había anhelado durante largo tiempo, no atreviéndose a albergar esperanzas en un corazón temeroso de desengaños; y se prometió a sí mismo ser digno de la gracia otorgada, cuidar con esmero el preciado tesoro, protegerlo de todo mal. Soy yo , se repitió por centésima vez ese día, maravillado ante el milagro. John suspira por mí y no sabe cómo decírmelo, sonrió para sus adentros. Mi dulce John, si tan sólo supieras lo que siento por ti. Valeroso, te has atrevido a cruzar la línea invisible que separa la amistad y el deseo, aspiras a un cariño distinto y estás dispuesto a arriesgarte para encontrarlo. Y yo, tonto de mí, no supe qué hacer con la revelación de mi fantasía hecha realidad, no atiné a responder adecuadamente a tu intento de acercarte a un corazón tímido e inseguro. Puede que te haya lastimado, mas enmendaré mi error; tu determinación me ha inspirado a ser valiente. Me dejaré caer, porque sé que estarás allí para atraparme en tus brazos.

✨✨✨

Finalizó la clase de Historia y John recogió sus cosas, malhumorado. Había pasado una noche fatal, se sentía cansado y molesto. A su lado, Mike intentaba levantarle el ánimo.

—Te lo juro, parecía que le habían dado un golpe en la cabeza —le dijo John—. Quedó paralizado, simplemente dejó de funcionar. Lo arruiné todo —agregó con amargura—. Es la última vez que sigo uno de tus consejos.

Los ojos grises de Sherlock bailotearon por el rostro de John mientras se acercaba con paso ligero.

—Hola, John —lo saludó con voz suave.

—Hola —le respondió John con el corazón en la garganta.

—Estoy libre el sábado —siguió Sherlock, enrojeciendo hasta la raíz de los cabellos—, si quieres que veamos una película en mi casa o algo así —tartamudeó un poco al decirlo.

—Sí, suena bien —respondió John en un susurro.

Sherlock le sonrió, y antes de retirarse dejó escapar:

—Tu cabello también luce bien.

Asombroso , pensó John esperanzado; pero no pudo articular las palabras, se quedó mudo mientras Sherlock se alejaba satisfecho. Mike le golpeó suavemente el hombro para despertarlo de su trance, y le dedicó un sugerente bailoteo de cejas acompañado de una risilla.

—Cállate —le espetó John, sin poder ocultar la sonrisa que le ensanchó el rostro.

✨✨✨

Una cita. Porque es una cita, ¿verdad? John arrojó otra camisa sobre la cama, no decidía qué debía usar. Necesito algo más casual , consideró. Tomó una playera y se la probó; la desechó junto a las demás luego de una ojeada. Suspiró mientras sacaba más prendas de su armario. Sherlock le había enviado un mensaje esa mañana:

Te espero 4 pm

Nada más. ¿Cómo iba a saber lo que era apropiado vestir en una casi cita con su mejor amigo, donde esperaba tener el valor de admitirle su más profundo y sincero amor? Sherlock se había acercado a él luego del último embarazoso intento; no se había mostrado incómodo ni molesto en su presencia, incluso lo había invitado a su casa. Se aferró a la esperanza que había nacido en su alma, aquella que le decía que su amor era correspondido; y siguió arreglándose.

Una vez en la entrada, se secó las palmas sudadas en los jeans y llamó al timbre. Sherlock había estado esperando al otro lado del umbral, retorciéndose las manos con ansiedad; y había sonreído al escuchar los pasos de John. Cuando sonó el timbre, se forzó a esperar un minuto antes de abrir la puerta. La visión que lo recibió le sacudió las tripas, de pronto sintió una inesperada oleada de hambre. Delicioso , fue lo primero que llegó a su mente al verlo: la playera negra se apretaba a su torso como una segunda piel, y su cabello se veía perfecto en su imperfección, prolijamente desordenado. John se pasó los dedos por las hebras en un gesto nervioso, desordenádolo aún más; y Sherlock se mordió el labio para no suspirar. Él había elegido una camisa oscura y unos pantalones de vestir negros, pensó si su propio atuendo no resultaba demasiado formal para la ocasión. John no expresó objeciones sobre su aspecto, sino que sus ojos lo devoraron con un ansia que le produjo un estremecimiento de placer.

—Ven, pasa —le dijo, y John respondió con una sonrisa.

La rutina de relajarse en el sofá a mirar televisión había sido tan natural para ambos durante años que cayeron sin notarlo en su dinámica usual, lo que llevó a que sus músculos aflojaran la tensión que los había atenazado, que las lenguas se soltaran y los nervios se diluyeran. De pronto, eran nuevamente ellos mismos: dos amigos en un perezoso fin de semana, disfrutando de su mutua compañía. Hacía rato que la película había quedado olvidada en la pantalla, charlaban sobre nada en particular, alguna que otra risa se confundía entre sus palabras. Sherlock se acomodó mejor en el sofá, y John tuvo súbita conciencia del cuerpo junto al suyo, del calor que irradiaba, del fuerte olor a colonia que se desprendía del cuello de su camisa. Sus ojos recorrieron ese cuello largo y pálido; y deseó ardientemente posar sus labios en esa extensión de piel, sentir el pulso debajo de su superficie. Tan suave , pensó, estoy seguro que su piel debe ser terriblemente suave . Al levantar la mirada se encontró con unos ojos grises que lo estudiaban divertidos, y se sintió como un niño que ha sido atrapado intentando robar galletas de la despensa. Una sonrisa se insinuó en los labios de su amigo, y John se obligó a decir algo, lo que sea. Coquetea con él, idiota, que sepa que te gusta.

—Tu cabello luce b…

No pudo terminar la frase. Sherlock se había abalanzado sobre él, callándolo con un beso que lo dejó estupefacto. Sintió el contacto de esos labios contra los suyos, y le correspondió con todo el poder de la desesperación, del hambre que lo consumía desde hacía años. La boca que buscaba la suya demostraba el mismo entusiasmo torpe, las ansias de una sed que no hacía más que renovarse con cada beso y cada caricia. Las manos que recorrieron frenéticas su espalda, sus brazos, su nuca, no encontraron un punto de reposo, queriendo abarcar más allá de lo posible en su lucha contra un deseo abrasador. Había sido valiente, se había lanzado al vacío, y John lo había atrapado sin un asomo de duda.

—En serio te gusta mi cabello —susurró Sherlock en su oído cuando, resollando, separaron sus labios en busca de aire.

John aprovechó la oportunidad de cumplir su sueño largamente postergado, y besó con precisión y delicadeza cada centímetro desde la mandíbula de Sherlock hasta el comienzo de su clavícula, demorándose en la extensión de su cuello y arrancándole en el proceso un suspiro de placer a ese muchacho por lo general tal altivo, que ahora lo presionaba con todo su peso contra el sofá. John , Sherlock respiró la palabra, como si fuera el único modo existente de respirar.

—Adoro tu cabello —le respondió, sus labios aún apretados contra la piel cuya suavidad había adivinado incluso antes de tocarla—. Tan hermoso… tan brillante… gracioso… y compasivo y… extraordinario —terminó, su voz inundada de afecto.

Sherlock dejó escapar un gemido estrangulado, expresión de todo lo que había callado. Gota a gota había atesorado un amor que creía imposible hasta que sintió que se ahogaba dentro de sí mismo; ahora el dique se había roto y no podía ni quería controlar el aguacero, derramándolo sobre John en olas de ferviente apetito voraz. Le sonrió, una sonrisa que John no había visto que dirigiera a nadie más. Cómo era posible que un gesto tan simple despertara cada célula de su cuerpo con un fuego que le recorría las venas y se asentaba en su vientre en un pozo colmado de un anhelo inexpresado, insaciable, fatal.

—Bien —respondió Sherlock—, porque mi cabello también te adora —y apagó la contagiosa risa de John con una nueva catarata de besos desesperados, mientras trazaba sus flancos con la punta de sus dedos en un intento de convencerse de la realidad de ese sueño de enamorado.

—Le debo una disculpa a Mike —articuló John entre jadeos, sonriendo contra los labios de Sherlock—. Esa frase sí que funciona.

Sherlock rió a su vez ante el comentario, su aliento acarició los labios de John con leve cosquilleo. Éste se regocijó en la sensación, y capturó una vez más esa boca con la soltura de la pasión correspondida, hundiendo los dedos en los sedosos rizos que acariciaban su frente con cada vaivén de sus cabezas. De súbito, Sherlock dejó escapar un ligero gemido, y John lo sintió reverberar en el interior de su propio pecho. En ese sonido escuchó John toda la fuerza de un deseo que ya no quería reprimirse; y, cuando la humedad de una lengua feroz buscó la suya con ímpetu, se rindió ante el placer que dominó su cuerpo entero, se entregó a las manos que lo exploraron con curiosidad juguetona y profunda adoración. No volvió a acordarse de Mike en lo que restaba del fin de semana.

Notes:

¡Muchas gracias por leer!

Comentarios y Kudos son bienvenidos.

Historia disponible en español y en inglés.

✨✨Scarlett Macbeth✨✨

Series this work belongs to: