Chapter Text
Gaius supo que Merlin no estaba maquinando nada sensato cuando, al entrar en su consulta, el chico le recibió cerrando el libro que había estado leyendo con excesiva celeridad y expresión culpable.
—¡Nada! —exclamó Merlin antes incluso de que Gaius llegara a comentar nada.
El galeno se limitó a mirarle alzando una ceja. Merlin se encogió bajo el característico gesto de Gaius, que no presagiaba nada bueno.
—Vale, escucha. Estaba pensando, y sé que no te va a hacer demasiada gracia al principio, pero solo escucha, por favor, que debería practicar los hechizos que envejecen.
Gaius no contestó. La ceja lo hizo por él.
—¿Te acuerdas de cuando me convertí en el viejo Dragoon el Magnífico para librar a Gwen de las acusaciones de brujería? Sí, ¿verdad?
—¿Quieres decir cuando por poco acabas en la hoguera porque no fuiste capaz de revertir el hechizo sin mi ayuda? Sí, ahora que lo dices, sí que lo recuerdo —dijo Gaius con sequedad.
—Sí, verás, a eso precisamente me refiero —explicó Merlin con una alegre sonrisa y bailando por el cuarto hasta situarse frente a una mesa y adoptar su mejor expresión de vendedor de humo—. No salió muy bien, pero es un hechizo muy útil, ¿verdad?
Gaius no respondió. Solo se cruzó de brazos y le miró con desaprobación.
—Sí, porque me permitiría hacer magia en presencia de Arthur en caso de necesitarlo sin que él me reconozca. Estaría bien perfeccionarlo, ¿eh? Practicar. Para que salga mejor en el futuro.
—Ajá.
—Sí. Sí, y verás había pensado que hoy podría ser un día perfecto para hacerlo porque hoy, sí, agárrate, hoy, ¡Arthur me ha dado el día libre!
—¿Sí?
—Sí, y, además, mira, tienes razón, puede que envejecer no sea muy buena idea. Así que, como te aprecio y tengo muy en cuenta tus opiniones, he pensado que puedo probar con otro tipo de encantamiento. Parecido, pero a la vez totalmente diferente. Esta vez, había pensado probar a convertirme… —Hizo una pausa para darle emoción—. En un niño
Gaius dejó que las palabras de Merlin calaran en él hasta que se sintió capaz de dar una respuesta lo suficientemente serena.
—Para qué, exactamente, Merlin, ibas a necesitar convertirte en un niño —dijo por fin, con la paciencia de un santo.
—No en un niño muy pequeño. De doce años o así. A ver, he de decir que ser un anciano no fue muy agradable, lo siento de veras, Gaius, pero es cansado y duele todo y no me encuentro lo suficientemente fuerte como para usar magia con todo mi potencial. Pero, si soy un niño, tendré energía de sobra. Y puede que Arthur esté dispuesto a ejecutar a un anciano si las cosas salen mal, ¿pero a un niño? Vamos, conozco a Arthur mejor a mí mismo. Arthur nunca sentenciaría a muerte a un niño. Ni siquiera lo encarcelaría. Créeme. Así estaría a salvo.
Gaius suspiró de nuevo.
—¿En cuántos idiomas necesitas que te explique los mil motivos por los que esto es una muy mala idea, Merlin?
—¡Pero si es una idea genial! Escucha, ahora no tenemos la presión de necesitar que salga bien. Solo vamos a probar, aprovechando que hoy no tengo que trabajar y que tenemos tiempo para revertirlo si algo sale mal. Además, siendo niño podré volver a mi yo habitual sin problema, estoy seguro. Ser viejo me sentó fatal, Gaius, fatal, te lo digo. Pero cuando era niño… Uf, Gaius, deberías haber visto las cosas que hacía ya de niño, sin haber estudiado hechizos ni nada. A los doce años era una auténtica fuerza de la naturaleza. Pregúntale a mi madre.
Gaius resopló y se pasó una mano por el rostro.
—Nada de lo que diga va a hacerte cambiar de opinión, ¿verdad?
Merlin le miró y negó con la cabeza, intentando no sonreír demasiado descaradamente.
—Bien, bueno. Pongámonos a ello, pues.
—¡Genial! No hace falta que nos pongamos a nada, mira, ya lo tengo aquí todo preparado —dijo Merlin alegremente, señalando un bol que había estado ocultando estratégicamente tras su espalda—. ¿Listo?
—No.
—No seas gruñón. Vamos allá… No te preocupes —añadió, dirigiéndole una mirada que brillaba emocionada—. Todo saldrá bien… Miht dagan, beþecce me. Adeadaþ þisne gast min freondum ond min feondum…
Todo salió mal.
